Noticias - Cursos de Verano San Lorenzo de El Escorial

“Todo lo que no he aprendido en los libros me lo han enseñado las mujeres”

Entrevista a J.J. Armas Marcelo

7 JUL 2019 - 19:00 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Escritor y periodista citados en el Hotel Miranda Suizo, fotógrafo mediante. Nada nuevo bajo los Cursos de Verano. El tema: los cincuenta años de la novela Conversación en La Catedral. En la charla, Mario Vargas Llosa, su autor, asoma la cabeza, al igual que los personajes Zavalita y Ambrosio, pero el “discurso disparatado”, así reconocido por el literato que responde al “plumilla” que intenta intercalar alguna pregunta, lleva la entrevista hacia unos derroteros que versan sobre la educación y la observación. J.J. Armas Marcelo jugó con Puskas y Gento cuando estaba en la cantera del Real Madrid y se salió con la suya cuando pidió a sus padres que acabaran con una tradición familiar de tres generaciones para romper con los jesuitas. Estrategia pura. En la primera semana del verano complutense, ejerce como director de curso pero sigue asombrándose ante unos alumnos que “te miran con un respeto durante todo el rollo que estás diciendo”.  Ha dejado el puro a medias, una reunión de amigos y parece integrar el sofá en su cuerpo. Estamos ante una tertulia en la que  el mono salvaje que llevamos dentro va a campar a sus anchas. Ya lo leerán a continuación, no miento.

J.J. Armas Marcelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1946), ha  ingresado recientemente en las academias de la lengua de Honduras y Nicaragua, un nuevo reconocimiento para un estudioso de la literatura hispanoamericana, pero también es valorada su labor como novelista y ensayista con obras como Vargas Llosa. El vicio de escribir, Casi todas las mujeres o Réquiem habanero por Fidel.

El intento de encauzar la entrevista hacia Conversación en La Catedral es infructuoso, pero, como diría Ambrosio en la novela de Vargas Llosa, “lo que pasa es que la vida no le da tiempo a uno ni para pensar en su madre”…

P: Hay una pregunta en la novela de Vargas Llosa -“¿en qué momento se jodió el Perú?”-, que sobrevuela la vida de los personajes… ¿alguna parecida para definir la realidad?

R: Yo tengo una respuesta para eso: la vida está muy bien y el mundo está muy mal. Hay gente que cree que el mundo está mejor que antes y es cierto, pero no está todo lo mejor que podríamos haberlo hecho. Nuestro error ha sido creer que la historia básicamente va en línea recta y ahora empezamos a reconocer que va en línea quebrada y además tiene temporadas muy largas de retroceso, de regreso. Estamos en una etapa de retroceso en el mundo entero, en un tiempo en el que las nuevas tecnologías, los descubrimientos y la revolución de las telecomunicaciones hacen avanzar la humanidad, sin embargo en la educación y el respeto a la ciudadanía y a la comunidad, y en el concepto casi desaparecido de solidaridad por mucho que digan, con todo lo que podíamos ser, no somos nada. Llevamos un mono salvaje dentro y la única manera de evitar que ese mono se escape de la cueva en la que está metido en nuestro cuerpo es a través de tres cosas fundamentales: educación, educación y educación. En los últimos años, que no ha habido felizmente guerras mundiales, hemos retrocedido y estamos a punto de que salga el mono. Por ejemplo, la Manada es el mono que se va de fiesta a San Fermín y la ley no se respeta; sale el mono que llevamos dentro. Venimos de un mono asesino, criminal y estamos llenos de psicopatías. Si no reprimimos las psicopatías, sale el delincuente  que llevamos dentro. Al noventa por ciento esto se quita con educación, educación y educación. Los que pensamos así somos un puñado de gente nada más. El noventa por ciento está dedicado a sacar al mono a flote.

P: ¿También puede desaparecer esto leyendo a Vargas Llosa, leyendo a Vargas Llosa y leyendo a Vargas Llosa…?

R: Eso es educación y no sólo leer a Vargas Llosa. Si realmente leyéramos más, tendríamos más seguridad en la libertad que tenemos, seríamos más libres. Hay un conformismo con la libertad que tenemos mientras nos damos cuenta de que en la inmensa mayoría de los casos vamos perdiendo la libertad. La lectura es un episodio que debe ser fundamental en la vida del ser humano, como el conocimiento de la aritmética, de la música, del silencio y de la conversación múltiple. Todo eso es educación. Si uno va al Japón ahora, sobre todo a Tokio, se queda uno asombrado. Les preguntas a los japoneses: “¿Cómo es que ustedes son tan educados?” La respuesta es simple: “Somos muchos”. Y “¿por qué se saludan ustedes pidiéndose perdón cuando se tropiezan en una acera?”. La misma respuesta: “Porque somos muchos, Juancho, somos demasiados”. Si convertimos el mundo en una selva sin leyes ni respeto que se conviertan en tu costumbre, se originará lo peor. Ahora hay una guerra comercial y económica que provoca miles de pobres y un mínimo número de ricos. Nosotros mismos, clase media, nos hemos empobrecido y, por lo tanto somos menos libres. Dejémonos de bromas, quien menos dinero tiene, quien menos posibilidades tiene de llegar a lo que pretende es siempre más pobre. El hombre y la mujer que no lee son más analfabetos para enfrentarse a la sociedad en la que estamos. Claro que hay que leer a Vargas Llosa, a Vargas Llosa, a Vargas Llosa, y a García Márquez, a García Márquez, a García Márquez, y El Quijote, El Quijote, El Quijote, ensayos, periódicos… hay que leer. El mono no lee y el hombre en la mayoría de los casos hace lo mismo que el mono, no leer. ¿Usted ha visto cómo se hacen fotografías los seres humanos? Con las manos aquí [Armas Marcelo se coge una mano con otra a la altura del pubis]. Los monos están cubriendo de manera insegura lo que se supone que es el centro de la vida, lo que origina la vida y el propio salvajismo. Nunca se hagan una fotografía con las manos así. Eso hay que explicarlo en una asignatura de Ciudadanía cuando uno tiene ocho años. No hay que decirlo cuando uno tiene 73. Quiero insistir: educación, educación y educación para todas las clases sociales para que la movilidad y el salto de clase se provoque con la educación. Claro que hay momentos de retroceso, en la Alemania de Hitler, donde un mono seduce a la inmensa mayoría y todo lo que dice es dogma y hay que hacerlo… eso es el fascismo. Hay peligro de fascismo constantemente porque el mono es el fascismo, la banalidad del mal. Si uno lee El origen de los totalitarismos, de Hannah Arendt, uno comprende… pero leer comprendiendo, porque hay gente que lee y no comprende… educación, educación y educación.

P: ¿Puede ser también un aliado de la educación y de la comprensión de la realidad la lectura de las llamadas “novelas de dictadura”, que tanto han cosechado los autores latinoamericanos?

R: ¿En Conversación en La Catedral, quién esel personaje central? Alguien que lee de vez en cuando diría: “Hombre, es Zavalita; hombre, es Ambrosio; Amalia está ahí…”. No, hombre no, el personaje es la dictadura, el dictador Odría apenas aparece. Es el mono que ha impuesto la selva, el amo del zoológico. Pueden ocurrir cosas en la medida en la que el mono jefe pueda decir que se pueda hacer, pero si les dice que no se puede hacer, el mismo mono se vuelve el asesino, el secuestrador, el sinvergüenza, y además cultiva en la sociedad la inmoralidad, la corrupción y todos los elementos que proceden del mono que llevamos dentro. Perdón por la obsesión por el mono, pero yo me siento un privilegiado, por ejemplo, en este curso de El Escorial. Oiga, sábanas limpias, tres comidas al día, conversación con los amigos, palabra libre y encima pagan, poco, pero pagan. ¿Usted cree que yo no me doy cuenta de que soy un privilegiado? Me cambio de ropa todos los días… hablo con usted, con la gente, gente muy respetable, cada uno en su profesión… yo vivo en mi propia burbuja, que es la burbuja del respeto, mientras no me faltan a mí el respeto y en la burbuja de la lealtad, mientras no me sean desleal, porque el desleal forma parte de la Manada. Yo tengo 73 años. Yo nunca he tenido problemas para hablar con las señoras. He cogido cinco o seis frases para acercarme a lo largo de mi vida a las señoras…

P: ¿Cuáles?

R: Es que si se las digo….  Pero no se las digo por aquí porque me han costado muchos años… Se las digo en privado. Esas frases funcionan perfectamente. Hay que decirlas con delicadeza, con educación y la mujer, que tiene mucho más talento y paciencia que el hombre, es más intuitiva que el hombre, sabe que lo que le estás diciendo, lo estás diciendo con respeto, como agradecimiento a tu propia existencia al ver a esa señora. Este viejito que está aquí tiene frases que si se las dice a una niña de veinticinco o treinta años, y ella siempre te da las gracias. Voy a decir una sola… los hombres imbéciles, que son la mayoría, van a un bar donde hay chicas… diversión y alcohol… y lo primero que le dicen a una mujer con los ojos bonitos es siempre lo mismo: “¡Qué ojos más bonitos tienes!” ¡Cuántas veces un idiota le habrá dicho a una mujer a lo largo de toda su vida esta exclamación! Eso no se puede decir.

P: ¿Pero a lo mejor esas palabras sirven si el que las dice sostiene un libro en la mano?

R: Con un libro en una mano ya tienes una ganancia hecha, porque dicen este tipo lee. Por ejemplo, hay tres chicas, pero sin distinción de sexo, también puede haber gays… y alguien ante “¡Qué ojos más bonitos tienes!”, contesta “Ya lo sé imbécil”. Y tiene razón. Eso es el principio de un bolero. Sin embargo, si le preguntas: “Perdón, ¿te puedo hacer una pregunta irreverente?” se altera irremisiblemente… Hay que preguntar: “¿Quién te cuida los ojos”? [Silencio] ¿Has visto la diferencia? Esto me lo ha dado a mí la literatura y la vida, la experiencia y la literatura porque he cargado durante mi vida con miles y miles de libros en mi vida y puedo tener este episodio en mi vejez con un ser de veinticinco años. ¿Saben qué te dicen, después de quedarse sorprendidas, rojas y halagadas? “Nadie, me los cuido, me los cuido yo sola o solo” Respuesta: “No puede ser, esos ojos no los puede cuidar una sola persona, aunque sean tuyos”. Ella piensa: “¿Cómo paro a este tío, es brillante?”. Algunas responden: “Me los cuida mi novio”. Yo digo: “Lo sabía… por favor cuando lo veas, dale mi enhorabuena, hasta luego”. Después, va a ver al novio y le va a decir: “Mira, un viejito gordo, esta tarde, muy educado, eso sí conjuntado en su vestimenta… parece fino… yo creo que es universitario, esa cara la he visto yo en un sitio. Me dijo que te diera la enhorabuena por estar conmigo”. Eso se consigue leyendo, con cultura, viajando…. Se consigue con la vida.

P: Al fin y al cabo la vida es un reflejo de la literatura, ¿es importante no sólo contar algo, sino cómo contarlo? ¿Incluso es más importante este segundo aspecto?

R: Efectivie Wonder. Yo voy por la calle ahora y vienen dos muchachas guapas y bien vestidas y tú les dices: “Ten cuidado, ten cuidado. Que se te está cayendo la clase, la clase te sobra”. Ella siempre dice: “Mucha gracias”. Esto es un aprendizaje, que se mira en los libros primo, en la vida. Esto no se aprende en los hoteles de cinco estrellas, con los nuevos ricos que en paz descansen; se aprende con la cultura, adentrándose en la interpretación de la vida, en el conocimiento del mundo. Si todos tuviéramos esa visión, cuando tropezamos en la calle o tenemos un choque con el coche, no pasaría nada. Educación, educación, educación. Para mí es más importante un buen camarero que un banquero. Si todos los trabajadores del sector servicios fueran profesionales de respeto, este país funcionaría veinte veces mejor. Los banqueros nos robarían menos… después dicen que soy de derechas, yo me quedo asombrado.  Los banqueros serían menos importantes. No se puede ir por la calle tratando de tú a un camarero. La gente que trata mal a los camareros es la peor educada. Yo soy un viejo feliz, un abuelo feliz porque tengo dos nietos espléndidos, he escrito todo lo que me ha dado la gana, sigo escribiendo lo que me ha dado la gana y me felicito de todos los días que paso. Estoy aquí en El Escorial, estos días están siendo felices, he dormido poco, eso es malo, pero yo tengo muchas más posibilidades de morirme durmiendo que despierto porque duermo diez horas. Tengo 73 años y solo me tomo dos pastillas. Con mi edad hay gente que se toma doce pastillas y se quedan igual de jodidos. Un prozac por la mañana y una pastilla para dormir un caballo por las noches. No tengo problemas de tensión. ¡Cómo no le voy a agradecer a la vida!

P: Toda una declaración de intenciones a la vida…

R: ¿Usted sabe lo que es sentarse en esa terraza maravillosa del Miranda a las nueve y media de la noche y fumarte un purito y ver pasar a la gente? Esto no te cuesta dinero. ¡Eso es un privilegio!

P: ¿Qué le aporta escrutar a la gente?

R: Soy un observador. Veo desde la terraza muchos coches. Cada vez que pasa un joven con la ventanilla abierta y oyes el reguetón a toda marcha… España, la mala educación. Cada vez que pasa un tipo respetable, dices menos mal. La gente que escoge la barbarie tiene el mono posicionado en su alma. El que me diga que no tenemos un mono dentro es muy ignorante. Todavía a la inmensa mayoría de los seres humanos nos duele la espalda porque venimos del mono y el mono tuvo que hacer un esfuerzo tremendo para poder ver de lejos. La deforestación convirtió a la selva en una sabana y convirtió al mono en inseguro. El mono ante este territorio enorme despejado tiene que erguirse para ver por dónde viene el enemigo... Yo soy un efecto y un resultado de los libros. Saber leer y tener la costumbre de leer desarrolla la memoria, la identidad, el sentido común, el respeto, la vida… te convierte en una persona excepcional. Yo he tenido la suerte de conocer a una persona excepcional como es Vargas Llosa. Si empezamos una discusión literaria puedes estar hasta las cinco de la mañana discutiendo hasta que se le da la razón. ¿Sabe lo que aprende el contrario, que ha perdido? Yo conocí a Don Paco Ayala. Cada comida con Don Paco o Torrente Ballester era una lección de vida. ¿Cómo no voy a pagar yo la comida si me están dando clase? Eso es un reconocimiento del respeto.

P: Respetándolo, le tengo que comunicar que se nos ha echado el tiempo encima…

R: La urgencia y la urgencia por el dinero han eliminado toda reflexión. Hasta los escritores están escribiendo por dinero. Entiendo la profesionalidad y hay que pagarles a los escritores su trabajo pero no obligar por comercio a que los escritores tengan que escribir un libro cada año. Algunos, incluso importantes, se presentan a este juego del comercio del libro. Eso no tiene nada que ver con la literatura. Yo percibo la estética, la belleza y ver todos los días la belleza en una conversación, en una comida, en un trago… La belleza está en todos los lados. Dirá que este tipo es un estúpido optimista. Saramago me decía que yo era un pesimista mal informado. Yo le decía que era un pesimista irrevocable y de ahí no salíamos. Yo no soy comunista y no tenía sus ideas comunistas, pero yo recibí lecciones de él comiéndome unas lentejas. Eso no tiene precio. Yo soy un privilegiado.

P: ¿Dónde se ha sentido más privilegiado en la vida o en la literatura?

R: Lo que no me han enseñado los libros, en la vida me lo han enseñado las mujeres. Todo lo que no he aprendido en los libros me lo han enseñado las mujeres. La última con la que llevo 32 años, me costó mucho trabajo encontrarla. La busqué como un loco en todos los lados, así tengo veinte años de noche más. Cuando me preguntan qué edad tengo, yo digo 93 años, de ellos, 20 de noche. Ya soy un viejito. No tengo fiebre ni catarros. Soy un agradecido y el agradecimiento te da una autoestima de primera división y yo soy de los convencidos de que la autoestima aleja de las enfermedades.

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