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“La guerra que se libra sobre el cuerpo de la mujer”

Caddy Adzuba denuncia el feminicidio en el Congo

15 JUL 2015 - 14:44 CET

Desde un tímido “hola” en español a un alegato por la movilización contra las atrocidades a las mujeres congoleñas transcurren 49 minutos. Su lenguaje directo, con trazas de horror, y su mirada penetrante convierten a Caddy Adzuba, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014, en una agitadora de conciencias. Nadie olvidará la tercera conferencia extraordinaria de los Cursos de Verano.

Abogada, periodista de Radio Okapi y miembro de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este de Congo, Adzuba denuncia los “oídos sordos” del mundo frente al “feminicidio” en al antiguo Zaire. El conflicto armado, enquistado en el este del país se transformó, según la activista africana, de una guerra de liberación de la dictadura de Mobutu Sesé Seko a “una guerra de opresión, una guerra que se libra todavía sobre el cuerpo de la mujer”. Al inicio de esa contienda, en 1986, Adzuba tenía 15 años y estaba feliz porque se iba a derrotar al dictador. El rebelde Kabila buscó entonces aliados en Ruada y Burundi.

Las mujeres de la República Democrática del Congo, desde ese momento, son las primeras víctimas del conflicto: “Violadas, humilladas y desprovistas de nuestra personalidad y dignidad nos convertimos en refugiadas en nuestro país”. Los grupos armados atacan a  las mujeres porque son el “pulmón” del Congo, quienes trabajan los campos, comercian y alimentan la economía familiar. “Si se neutraliza a la mujer, se neutraliza a la sociedad, y los niños no van a la escuela”, explica. En ese escenario, los rebeldes dominan las aldeas y las comunidades. Las mujeres violadas, según la tradición congoleña, quedan “mancilladas, proscritas” y abandonadas por sus propios maridos.

Tenemos derecho a la vida”

Con el apoyo de imágenes crudas, Adzuba criminaliza las agresiones a las mujeres porque van incluso más allá de forzarlas a mantener relaciones sexuales; “se les llega a introducir objetos  cortantes, botellas calentadas y granadas en la vagina”.

Ella misma ha perdido a compañeras periodistas que trataban de salvar a sus compatriotas de la garra de los salvajes. Relatando cómo intentan, sobre el terreno, recuperar a las supervivientes de estas matanzas, la Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014 llama la atención de este horror que trasciende lo local: “Esto es demasiado. Estamos en el planeta Tierra y tenemos derecho a la vida. No reclamamos más que la vida”.

La historia que cuenta de Jeanette, una mujer congoleña a la que conoció hace tres años, es dantesca, pero cree necesario compartirla con todos. Las siguientes líneas son extremadamente duras. Los rebeldes, una noche, atacaron su aldea, asesinaron a su marido y se la llevaron a ella y a sus cuatro hijos a la selva. A ella le ataron a un árbol y durante dos días apagaban sus cigarrillos en su cuerpo. Luego la soltaron y en un rincón le dieron carne para comer. Tras varias jornadas, ella pidió ver a sus hijos. Sus captores le dijeron: “Durante este tiempo te hemos alimentado, has comido carne…”. Ella no quiso creer la realidad y finalmente le entregaron un saco con las cuatro cabezas de sus hijos y le conminaron a regresar a su aldea. Cuando Adzuba contactó con Jeanette, se encontró a una mujer enloquecida que no quería desprenderse de ese saco. “Algunos meses después murió. Ésta es solo una historia de tantas otras”, reflexiona.

Cuando finaliza el relato, una persona que estaba en la sala se desploma. Aunque todo apunta a la ola de calor que está azotando nuestro país, Adzuba, ante el revuelo que se genera, decide, por si acaso, no compartir más historias como la de Jeanette.

Los móviles cómplices

No obstante, su mensaje no pierde un ápice de denuncia. Pide a las personas que llenan el aula de la conferencia extraordinaria que enseñen sus móviles inteligentes y les espeta: “¿Molan, no? El mundo se ha convertido en un pueblecito, pero ¿saben ustedes que nosotros morimos para que ustedes tengan sus smartphones?”. La periodista africana apunta al coltán, el mineral que se utiliza para fabricar los componentes de los móviles, y que se encuentra en grandes cantidades en la República Democrática del Congo. “Las empresas multinacionales son las que financian las guerras. Los africanos no se matan entre sí; son los europeos y los americanos los que matan a los africanos; luego, cruzamos el mar y nos llaman inmigrantes clandestinos”, critica.

En esta línea, Adzuba pide a la comunidad internacional, y, en concreto, a la sociedad española que se implique y evite que “las mujeres congoleñas mueran por culpa del progreso tecnológico”. Aplaudiendo públicamente a una española “valiente” que ha viajado a las zonas de conflicto en el Congo y que está presente en la sala, Adzuba reclama una movilización que a gran escala acabe con las agresiones a las mujeres. “Si estamos informados y no actuamos, nos convertimos en cómplices”, resume.

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