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“La ficción es ese punto de fuga de la realidad que nos redime de los sinsabores de la vida”

Entrevista al escritor Juan Manuel de Prada

17 JUL 2019 - 13:41 CET

Rafael Olalla/ Foto: Nacho Calonge

Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970), una de las grandes promesas literarias de finales de los noventa y poseedor de los premios de literatura más prestigiosos de España, visita los Cursos de Verano de la Universidad Complutense para hablar sobre la poesía en el cine, y además, se presta a hablar con nosotros sobre música; influencers; Lucía en la noche (Espasa), su última novela; y del cambio de intereses que se produce en el transcurso de la vida.

Educado y culto, se autodenomina “tradicional”, que no conservador. Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca, pero él siempre tuvo claro que quería ser escritor. De Prada cree que en todas las generaciones “puede encontrarse algo de talento”, solo hace falta saber cribar.

P: ¿Es necesario sacar la poesía de su contexto para hacer que llegue a un público más amplio?

R: La poesía al final se ha convertido en una especie de literatura de cámara y a veces de camarilla; y la literatura tiene que volver a las plazas, a los campos… y en este sentido yo creo que todo esfuerzo por devolver la poesía a su auténtico dueño, que es el pueblo, me parece estupendo… En este curso lo que se analiza sobre todo es que la poesía está presente en todas las expresiones artísticas, cómo el periodismo no puede vivir sin la poesía, el cine… cómo la poesía al final es el alma de la vida y la creación artística, por eso creo que recuperar la poesía para las mayorías es una misión fundamental.

P: En ese contexto ha hablado usted de cine, ha mencionado a Aute… ¿Qué medio cree que acoge mejor la poesía: cine o música?

R: Bueno, es que la buena música es poesía. Yo me atrevería a decir que dentro de la división de las artes, Platón sitúa a la música como la expresión artística más sublime, la expresión más espiritual, pero luego dentro de las expresiones literarias, indudablemente la poesía es la superior. Así, la música y la poesía son primas hermanas. Aunque la poesía está presente en todas las expresiones artísticas.

 P: Y volviendo al cine, es verdad que ahora se consume mucho cine comercial, pero en la conferencia ha aludido a un cine puramente poético, ¿En qué sentido cree que el cine acabará siendo puramente poético?

R: Es difícil porque precisamente por ser una expresión artística que requiere de una financiación elevada, tiene unos costes muy fuertes. El cine necesita que esa inversión que se hace se recupere. Un buen cineasta siempre va a tener una ráfaga poética. El cine poético puro y duro, como lo entendían los vanguardistas en los años 20, hoy en día tiene una supervivencia muy difícil desde el momento en el que el cine es un negocio. Pero siempre habrá cineastas en los márgenes que van a hacer una obra sin propósito comercial, ya sea porque tengan una subvención, porque sean ricos o tengan la posibilidad de hacer un cine al margen de los cauces preestablecidos. Ahí, indudablemente, siempre va a haber más posibilidades de que fluya la poesía.

P: ¿Qué opinión le merece la corriente que está habiendo ahora de influencers que creen que hacen poesía, que hacen libros?

R: Los juicios no se pueden hacer sobre la generalidad. Seguramente que entre todos ellos habrá un atajo de botarates monstruoso, pero luego también habrá gente con talento e incluso es posible que haya algún genio. Pero esto siempre ha sido así. Yo creo que en todas las fases de la historia hubo auténticos genios y luego otra mucha gente que eran cretinos, gente pretenciosa. En nuestra época digamos que precisamente esta omnipresencia de la tecnología ha hecho que afloren este tipo de personajes, como en la Edad Media los juglares. Indudablemente entre esos influencers habrá personajes grotescos, personajes directamente imbéciles, habrá personas mediocres, pero luego habrá también personas con talento.

Yo creo que gracias a Dios el talento siempre aflora en todas las generaciones, lo que hay que tener es capacidad para cribar. A mí lo que de verdad me preocupa es que la sociedad de masas en la que vivimos tiene la habilidad para crear generaciones más homogeneizadas y gregarias que nunca. Además, hoy en día todo el mundo se cree original y lo que me resulta preocupante es la capacidad de crear gregarismo, como estos influencers con cientos de miles de seguidores que con frecuencia no son más que personas estereotipadas. En este sentido yo creo que la genialidad siempre tiene algo distintivo y los genios con frecuencia son incomprendidos en su tiempo. Igual el auténtico influencer del futuro es el que ahora apenas tiene seguidores y en cambio ese presunto influencer que hoy tiene cientos de miles de seguidores dentro de 20 años será un juguete roto y absurdo del que nadie se acuerde y cuyos seguidores incluso se avergonzarán de él.

P: En relación a su literatura, publicó a principios de año Lucía en la noche, en la que retomó a Alejandro Ballesteros, un personaje que ya ha usado en otras dos obras y suscita siempre la pregunta del presunto alter ego… ¿No se aburre  de contestar siempre si es usted Ballesteros o no?

R: (Risas)… Pues sí, me aburro un poco, pero como soy hombre paciente vuelvo a responder… Un escritor no puede pretender que le hagan siempre preguntas originales, entre otras razones porque llegaría un momento en el que serías incapaz de contestarlas. Siempre digo que soy una persona que incorpora aspectos de su vida a su literatura pero que las historias que cuento no son autobiográficas. Jamás he contado las cosas que a mí me han ocurrido en el estricto sentido de la palabra, pero sí que es verdad que en aquello que escribo proyecto mi experiencia de la vida: los desengaños, los arañazos, las alegrías que la vida me ha dejado, lo que pasa es que eso lo transmuto literariamente. No eres el protagonista de tu obra pero al mismo tiempo sí lo eres. Flaubert decía: “Madame Bovary soy yo”, ¿Quería decir que lo que él contaba en Madame Bovary era exactamente lo que a él le había sucedido?

No, en absoluto, él estaba contando la vida de una mujer adúltera, con lo que de entrada difícilmente podía ser él puesto que no es una mujer, pero sí lo era porque indudablemente en Bovary había proyectado sus inquietudes, sus fantasmas interiores, había volcado sus anhelos… así es cómo trabaja el escritor.

P: ¿Cómo ha afectado el desarrollo del s. XXI a su literatura desde su primera publicación en 1995?

R: Sobre todo afecta en tu vida. Vas madurando, vas envejeciendo e indudablemente, nuestra perspectiva no es la misma cuando tenemos 40 años que cuando tenemos 20, sobre todo porque la vida nos va golpeando, nos va hiriendo, a veces también nos brinda caricias, pero la vida indudablemente nos va cambiando y es bueno que así sea, es decir,  todo creador tiene que hacer una evolución natural. Probablemente hoy no escribiría Coños, bueno, probablemente no me lo publicarían, sería un libro impublicable. Pero no lo escribiría hoy, fundamentalmente, porque es un libro juvenil, lleno de ese ardor juvenil y de ese espíritu provocador que uno tiene en la juventud. En la madurez das importancia a otras cosas.

Yo, por ejemplo, cuando era joven daba muchísima importancia al despliegue verbal, a que mi literatura epatase al lector. En cada frase quería meter una imagen sublime que le dejase absolutamente golpeado por la belleza. Ahora doy mucha más importancia a la profundidad en el trazado de los personajes, es algo que me interesa mucho más, crear personajes potentes que queden en la memoria del lector. Al igual que en la vida, se va dando importancia a cosas distintas. ¿Cuántas veces nos habremos arrepentido de cuando éramos jóvenes no haber dedicado más tiempo a nuestros abuelos? Al escritor le pasa lo mismo: cosas que cuando eres joven consideras que no tienen importancia de repente adquieren un valor enorme a medida que maduras… es la vida, a fin de cuentas.

P: Para finalizar, ha hecho mención a los golpes, arañazos y también caricias que da la vida… ¿Prefiere usted esa realidad o ficción?

R: La ficción siempre se alimenta de la realidad. La ficción es la manera que tenemos los humanos de redimir esa realidad que a veces es un tanto ingrata con nosotros, monótona, a veces un tanto opresiva. Pero no se puede concebir la ficción desligada de la realidad hasta el punto en el que, hasta el escritor más fantasioso del mundo, Tolkien por ejemplo, en el fondo se está fundando en la realidad, en su propia experiencia de la vida. La ficción es eso, ese punto de fuga de la realidad que nos redime de los sinsabores de la vida.

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