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“Conversación en La Catedral” seduce al lector con renuncias morales y tiempo dislocado

2 JUL 2019 - 20:32 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

El contenido, “la cartografía moral de la sociedad peruana”, pero también la técnica, “que disloca y comprime el tiempo” y que provoca que el presente sea “pequeñas burbujas en el pasado” configuran Conversación en La Catedral, la novela que hace cincuenta años publicó Mario Vargas Llosa. Esta radiografía, puesta a la luz por su colega y paisano, arequipeño también, Juan Eduardo Benavides, muestra una obra que refleja la “renuncia moral y ética de sus personajes y la imposibilidad de cambiar el mundo”. Como “una novela es cómo se cuentan las cosas”, Conversación en La Catedral, según Benavides, establece “cráteres” alrededor de los protagonistas y de los secundarios que hacen “que las cosas terribles nunca sean del todo explícitas”. Este efecto “provoca un agobio en el lector”.

Aunque Conversación en La Catedral podría enmarcarse en el subgénero del dictador en Sudamérica –de hecho transcurre en el régimen de Odría-, Benavides cree que es una novela política e incluso la historia de Perú traducida en una “compleja” reflexión sobre la sociedad. Esa “voluntad ambiciosa y desmedida” de contar la realidad relaciona esta obra de Vargas Llosa con Cien años de Soledad (Gabriel García Márquez), “una alegoría” de América Latina; El obsceno pájaro de la noche (José Donoso) “una pesadilla de la que no se puede salir”; y Rayuela (Julio Cortázar), “una novela entrampada con dosis de pesimismo”.

Asimismo, Benavides considera que cada novela de Vargas Llosa constituye un “campo de ensayo o un laboratorio” para la siguiente obra e integra una colección de personajes “descreídos que piensan que no se puede cambiar el país”. Zavalita, el protagonista junto a Ambrosio de Conversación en La Catedral, representa un claro ejemplo de personaje “arrinconado y encajonado” que, de alguna manera galvaniza la evolución personal del propio Vargas Llosa.

Benavides también tira de ironía cuando, con sarcasmo, opina que la pregunta “¿En qué momento se había jodido el Perú?”, una de las más célebres de la obra de Vargas Llosa, “había ahorrado mucho dinero en psicoanálisis a los peruanos”. Realmente, “los peruanos renunciamos al Perú cada media hora”.

En el curso que precisamente conmemora el medio siglo de la novela del Nobel peruano, Benavides, “uno de los lectores de Vargas Llosa más importantes del mundo”, así elogiado por su colega J.J. Armas Marcelo, director del seminario, aprovecha para recomendar otras lecturas “maravillosas” del Nobel como La guerra del fin del mundo, La Fiesta del Chivo o Lituma en los Andes, que, siendo “una recreación de la mitología griega, se ha leído generalmente por encima”.

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