Retrato de María Isidra de Guzmán y de la Cerda


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Retrato de María Isidra de Guzmán y de la Cerda, la Doctora de Alcalá 

Joaquín Inza y Aísa (Ágreda, Soria, 1736-Madrid, 1811) 

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo, en el documento sobre la mesa: “Joaquín de Ynza lo pintó en el mismo año.”

1785

Óleo sobre lienzo. 106 x 85 cm


Este retrato de Joaquín Inza a María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda proviene de la galería de retratos de la Universidad de Alcalá. El cuadro se colocó allí cuando esta joven noble de sólida cultura ilustrada, con la autorización del rey Carlos III, fue investida doctora en Filosofía y Letras Humanas por dicha universidad, el 6 de junio de 1785, con tan solo 17 años. De ahí su sobrenombre, la Doctora de Alcalá.

Joaquin Inza representó a María Isidra de Guzmán sentada junto a una mesa-escritorio, una librería y un convencional cortinaje de terciopelo marrón como fondo, para así realzar su figura. Viste un vestido negro, a la moda en su factura y corte, pero adaptado al protocolo del acto académico, con realces de plisados azules para que hiciesen juego con la esclavina doctoral azul, abotonada por delante. Con su mano derecha sujeta un libro de Virgilio, y bajo él se aprecia otro, en cuyo lomo se lee “IVRIS, es decir, una obra de derecho. Con el libro y su mano sujeta el documento abierto con el texto arriba transcrito, que le identifica como doctora en Filosofía Moderna y Letras Humanas.

La ejecución de Inza está muy cuidada, dentro de su estilo academicista. El modelado del pálido rostro y de las manos es correcto pero seco, con sombreados demasiado acusados. María Isidra, joven de ojos grandes y serenos, tenía una nariz prominente, que el pintor disimuló algo, y supo plasmar su carácter apacible e intelectual. 

Inza gozaba, en 1785, de gran prestigio entre la nobleza cortesana como retratista, pero pronto sería superado en los encargos de retratos por su paisano Goya.