Retrato de Carlos II


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Retrato de Carlos II

Juan Carreño de Miranda (Avilés, Asturias, 1614-Madrid, 1685)

ca. 1682-1683

Óleo sobre lienzo. 82 x 61,5 cm

Inscripción en el ángulo superior derecho: “Carolus. II. Hispan.m Rex.”

Número de catálogo: CUC000103


Esta obra es un buen ejemplo de la actividad como retratista real del asturiano Juan Carreño de Miranda, si bien su carrera es muy reconocida por las grandes obras religiosas, algunas de ellas verdaderas obras maestras de nuestro Barroco. Este cuadro es una de las obras ejecutadas por Carreño como pintor oficial de la familia real, puesto que ocupó desde 1671. Se puede afirmar que Carreño de Miranda fue el creador de la imagen de Carlos II que nos ha llegado a nosotros. Es a partir de 1680, tras una actualización de los retratos existentes de Carlos II, cercano ya a la edad adulta, cuando Carreño toma como inspiración de esta obra el formato de retrato de busto recientemente introducido entonces, al modo y manera en que Velázquez representó a Felipe IV. 

A pesar de algunos viejos repintes y restauraciones, el rostro está ejecutado con la calidad suficiente para pensar que salió de la propia mano del pintor, construido a través de unas sutiles y armónicas veladuras que matizan y dan vivacidad a las carnaciones. Por el contrario, el cabello se resuelve con una pincelada más suelta que se agita en sucesivos tonos en el color castaño del pelo del modelo para darle cuerpo mediante el uso de un claroscuro de ecos naturalistas. Y frente al tratamiento de rostro y cabello opone una pincelada nerviosa, de toques breves que muestran casi en exclusiva la cadena del toisón a través de los brillos que refleja el oro del material con el que está hecho, con una técnica que recuerda asombrosamente al Rembrandt tardío, y que exige al espectador que contempla el retrato reconstruir la joya en nuestra propia percepción. Desgraciadamente, el vestido de seda negra no muestra lo que debió ser en origen: un conjunto de pinceladas en diversas variaciones del color negro, una auténtica proeza solo al alcance de los grandes pintores.