María Luisa de Parma, Reina de España


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María Luisa de Parma, reina de España

Mariano Salvador Maella (Valencia, 1739-Madrid, 1819)

ca. 1790

Óleo sobre lienzo. 104,5 x 83,5 cm

Número de catálogo: CUC000846


Este retrato de María Luisa de Parma, reina de España es pareja del de Carlos IV, rey de España. El rostro claramente idealizado no refleja su edad natural, sino el de un retrato hecho hacia 1782. 

La reina María Luisa posa en primer plano sobre fondo dentro de una sala, con el cortinaje y parte de una silla a cada uno de los lados. Sobre la misma mesa que presenta el retrato de Carlos IV, reposa la almohada que asienta al cetro y la corona real. La reina lleva un vestido gris-azulado, con bolitas bordadas en hilo de plata y con el peto muy guarnecido. Debajo de la cintura se aprecia la falda, abultada a los lados. Sería una falda de seda blanca con pequeñas florecitas bordadas en oro entre rayas dispuestas en horizontal. Un pañuelo de cuello cubre el amplio escote redondeado del vestido. Sobre la puntilla que adorna el escote pintó Maella un lazo, también de puntilla, del que cuelga la medalla en oro y esmalte de la Orden de la Cruz Estrellada o de la emperatriz María Teresa de Austria, creada en 1757, y que se había concedido a las damas de las casas reales de España y de Nápoles. El manto de terciopelo rojo, con los bordes y el forro de armiño, y con los símbolos de Castilla y de León apenas perceptibles, cae sobre el sillón que se aprecia, en parte, a la derecha del cuadro. Con su mano derecha, en actitud coqueta, sostiene hacia abajo un abanico de madera e incrustaciones de nácar, que apoya sobre la almohada roja, y en ambas muñecas porta sendas pulseras iguales de cuatro vueltas de perlas.

El peinado de la reina es rizado y abultado, con dos tirabuzones sueltos sobre los hombros, lo que denota que el peinado empieza a cambiar con respecto al que lleva en los retratos de Goya de 1789. Lo mismo se puede decir del tocado, que remata su peinado con un ligero y delicado bonetillo hecho con gasas, un lazo, un ramito de florecillas, una plumita blanca y cintas azules que cuelgan por la parte posterior del pelo, lejos de la aparatosa cofia de grandes y anchas gasas, cintas y pluma de ave del cuadro de Goya.