El Chester Amarillo - Emprender desde las humanidades
Hugo José Fernández del Campo (Quanta Fuit), “Emprender desde las humanidades implica traducir valores intangibles —memoria, identidad, cultura— en proyectos sostenibles.”
Conversamos con Hugo José Fernández del Campo, historiador especializado en gestión del patrimonio cultural y cofundador de Quanta Fuit: “el patrimonio cultural no es solo aquello que heredamos, sino aquello que somos capaces de activar en el presente”.
P- Dirige la consultoría Quanta Fuit, dedicada a gestionar y proteger el patrimonio cultural. ¿Podría contarnos en qué consiste este proyecto y a qué se dedica?
R- Quanta Fuit nace de una intuición surgida en mis años de carrera; sencilla, pero profunda: que el patrimonio cultural no es solo aquello que heredamos, sino aquello que somos capaces de activar en el presente. Surge a partir del desarrollo del proyecto Puente Vieju —TFM en El Patrimonio Cultural en el Siglo XXI (UCM-UPM)— como una forma de trasladar la investigación académica al territorio y convertirla en acción.
La consultoría trabaja en la gestión, activación y socialización del patrimonio cultural, especialmente en contextos rurales. Esto implica investigar, pero también mediar, escuchar, diseñar procesos participativos y acompañar a las comunidades en la construcción de su propio relato patrimonial. No se trata únicamente de conservar, sino de generar vínculos entre las personas y su patrimonio, de hacerlo útil, vivido y compartido.
«El principal reto es romper con una idea muy arraigada: que las humanidades son bellas, pero poco útiles.»
P- ¿Qué retos particulares destacaría al desarrollar un proyecto emprendedor dentro del ámbito de las humanidades?
R- El principal reto es romper con una idea muy arraigada: que las humanidades son bellas, pero poco útiles. Frente a eso, me gusta recordar a Nuccio Ordine y su defensa de la utilidad de lo inútil. Precisamente en aquello que no parece inmediatamente productivo es donde encontramos las claves para entendernos como sociedad.
Emprender desde las humanidades implica traducir valores intangibles —memoria, identidad, cultura— en proyectos sostenibles. Y eso no siempre es fácil, porque exige moverse entre dos mundos: el académico y el práctico, el simbólico y el económico. Entre los vaivenes de estos mundos se encuentra un sector económico poco conocido, reconocido y muy estigmatizado. No obstante, lleva décadas de tradición y despega progresivamente a medida que la cultura cobra mayor peso y trascendencia en la sociedad.
«Programas como Piensa o Explorer me han ayudado a ordenar el pensamiento, a aterrizar las ideas, a entender modelos de negocio y, sobre todo, a comprender el emprendimiento como un proceso natural, muy humano, realizable y satisfactorio.»
P- La consultoría Quanta Fuit está formada por un equipo multidisciplinar. ¿Cómo se complementan las diferentes áreas en este proyecto emprendedor?
R- Por naturaleza, el patrimonio cultural funciona como un espacio de encuentro entre disciplinas. En Quanta Fuit nos juntamos un historiador, una veterinaria y una artista… cada cual aporta una mirada distinta sobre el patrimonio: sentimiento de pertenencia, sostenibilidad ambiental, dinamización comunitaria, transferencia de resultados, etc. Esa diversidad es clave porque el patrimonio no puede abordarse solo desde la investigación, ni solo desde la gestión. Necesita de la intersección entre saberes.
En nuestros proyectos, esto se traduce en una combinación constante entre análisis histórico, trabajo de campo, mediación comunitaria y producción cultural. Es en ese cruce donde el patrimonio deja de ser un objeto estático y pasa a ser un proceso vivo. En nuestros proyectos, esto se traduce en una combinación constante entre análisis histórico, trabajo de campo, mediación comunitaria y producción cultural. Es en ese cruce donde el patrimonio deja de ser un objeto estático y pasa a ser un proceso vivo.
P- Ha participado en programas de formación de Compluemprende, como Piensa y Explorer UCM-Santander. ¿Qué han aportado estas formaciones a su proyecto?
R- Han sido fundamentales, sobre todo en las primeras fases. En mi caso, no recibí formación sobre emprendimiento en la carrera y apenas en el máster. Tenía la idea, la base conceptual y la motivación, pero no las herramientas para estructurar un proyecto.
Programas como Piensa o Explorer me han ayudado a ordenar el pensamiento, a aterrizar las ideas, a entender modelos de negocio y, sobre todo, a comprender el emprendimiento como un proceso natural, muy humano, realizable y satisfactorio. Pero más allá de lo técnico, aportan algo muy valioso: una red de personas que están en procesos similares. Y eso, cuando estás empezando, es clave.
«La universidad no puede limitarse a transmitir conocimiento, también debe facilitar espacios donde ese conocimiento se transforme en acción. Un centro de emprendimiento permite precisamente eso: que las ideas no se queden en el aula.»
P- ¿Qué impacto tiene para usted que los estudiantes / la comunidad universitaria de la UCM dispongan de un Centro de Emprendimiento?
R- Es una herramienta imprescindible. La universidad no puede limitarse a transmitir conocimiento, también debe facilitar espacios donde ese conocimiento se transforme en acción. Un centro de emprendimiento permite precisamente eso: que las ideas no se queden en el aula.
En el caso de las humanidades, además, es especialmente importante porque abre caminos que tradicionalmente no han estado tan visibles. Significa decirle a un estudiante: lo que estudias tiene recorrido, tiene impacto y puede convertirse en un proyecto de vida.
P- Últimamente, su proyecto ha obtenido varios premios y reconocimientos, como el de la XIII Edición de los Premios de Emprendimiento Universitario UCM. ¿Cómo le han ayudado estos premios a avanzar y consolidar Quanta Fuit?
R- Los premios tienen un doble valor. Por un lado, el apoyo económico, que siempre es importante en fases iniciales. Pero, sobre todo, el reconocimiento. En Quanta Fuit nos ha servido para validar que el camino que estamos recorriendo tiene sentido, que hay un interés real por este tipo de proyectos. Y además nos ha ayudado a ganar visibilidad, a abrir puertas y a generar confianza en instituciones y comunidades con las que trabajamos y queremos trabajar.
«Muchas veces esperamos a tener la idea perfecta, el plan cerrado, los recursos… y eso no ocurre nunca. Emprender es un proceso de aprendizaje continuo.»
P- ¿Qué consejo le daría a un estudiante de la UCM que tiene una idea innovadora, pero que no sabe cómo desarrollarla?
Que empiece. Aunque no tenga todo claro. Que cuide la idea como una planta: regándola sin ahogarla, vigilando su crecimiento poco a poco. Muchas veces esperamos a tener la idea perfecta, el plan cerrado, los recursos… y eso no ocurre nunca. Emprender es un proceso de aprendizaje continuo. Apoyarse en familia y amigos para sacar la idea de la mente a la realidad: verbalizar es la primera manera de darle vida. También le diría que confíe en su formación, incluso —o especialmente— si viene de las humanidades. Porque ahí hay una capacidad crítica, una sensibilidad y una manera de entender el mundo que son profundamente necesarias hoy. Y, por último, que busque apoyo: programas como los de Compluemprende, otras personas, otros proyectos. Emprender no es un camino solitario. Al final, se trata de entender que las ideas, como el patrimonio, solo cobran sentido cuando se ponen en relación con la realidad. Y es ahí donde empieza todo.