Ellos proceden de todos los ámbitos económicos y culturales. Su mirada no revela el dolor que arrastra quien padece su agresión. Precen triunfadores o fracasados, introvertidos o extrovertidos, atractivos o no. No muestran ningún signo de identificación y en la mayoría de los casos nadie sospecha lo que ella, esa mujer a la que dice amar, siente cuando se queda a solas con él.