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Evolución de la migración de las aves
Javier Pérez-Tris
Un comportamiento sumamente variable
Las aves
aprovechan su enorme capacidad de movimiento para explotar diferentes
ambientes a lo largo de su ciclo vital. La migración entre zonas de cría y
de invernada es un rasgo comportamental típico entre las aves, que éstas
probablemente heredaron de ancestros preaviares, y que posteriormente ha
aparecido y desaparecido en repetidas ocasiones independientes en casi todos
los linajes.
Como prueba evidente de la
plasticidad evolutiva del comportamiento migrador, es frecuente observar una
enorme diversidad de
estrategias migradoras dentro de la misma especie de ave. Por ejemplo, la
curruca
capirotada Sylvia atricapilla es una de las especies con mayor diversidad
de patrones de
migración, que van desde el sedentarismo de las poblaciones
meridionales a la migración intercontinental de las más norteñas (Figura 1).
Por ello, la capirotada es un modelo excelente para el estudio de la
evolución del comportamiento
migratorio [1].

Figura 1.
La curruca capirotada muestra una gran variación de comportamientos
migratorios, con poblaciones sedentarias (R), migradoras de corta distancia
(SD) y migradoras transaharianas (LD).
Un aspecto
interesante de este
modelo es que, cuando su comportamiento migrador cambia entre
poblaciones,
también lo hace una serie de rasgos del fenotipo de los
individuos. Así, las
currucas migradoras difieren de las
sedentarias en sus
estrategias vitales
[2], en su
morfología [3], o en la manera de utilizar los
mismos recursos
invernales [4].
La curruca capirotada muestra una variación en todos estos rasgos
sorprendentemente grande. Por ejemplo, los caracteres morfológicos
relacionados con distintas necesidades aerodinámicas (del tipo de la
longitud o la forma del ala), pueden llegar a diferir hasta en un
20% entre individuos extremos (Figura 2).

Figura 2.
Una curruca capirotada migradora (derecha) tiene, como
resultado de su
adaptación para volar largas distancias, alas proporcionalmente
más largas y apuntadas, y cola proporcionalmente más
corta, que una sedentaria (izquierda) ([3]).
No existe dimorfismo sexual apreciable en estos rasgos.
¿Cómo han
evolucionado
estas diferencias?
Podría pensarse que una diferencia tan grande a nivel
intraespecífico, tan grande como la que se
observa entre diferentes especies,
debería haber evolucionado a lo largo de un dilatado periodo de
tiempo. Sin
embargo,
el
análisis de la estructura genética de las poblaciones
europeas de currucas
capirotadas indica que los patrones migratorios de esta
especie, así
como sus rasgos morfológicos y comportamentales,
se han diversificado casi
repentinamente (en términos evolutivos) [5].
Durante
los periodos más
fríos del Pleistoceno, algunas poblaciones de currucas
capirotadas quedaron
acantonadas en el Mediterráneo (aún hoy quedan algunas de
estas poblaciones,
hoy consideradas relictas, por ejemplo en los bosques del Campo de
Gibraltar).
Con la retirada de
los glaciares, dichas poblaciones fueron extendiéndose hacia el norte,
ocupando áreas cada vez más estacionales y volviéndose cada vez más
migradoras, pasando de migradoras parciales -en
áreas de Europa
central- a migradoras de larga distancia en los sectores más
septentrionales.
Paralelamente al desarrollo de este proceso (que ocurrió a lo
largo de los últimos
10.000 años, aproximadamente), se produjo la
diversificación de los rasgos
fenotípicos relacionados con la migración.
Perspectivas de futuro
Como
curiosidad derivada de este estudio, descubrimos que las poblaciones de
currucas capirotadas que habitan las islas Canarias hoy en día
son
descendientes de poblaciones migradoras norteñas [5].
Probablemente llegaron allí
tras adentrarse accidentalmente en el Atlántico durante sus
migraciones hacia
el África occidental, quizás empujadas por el viento
Siroco procedente del
Sahara (Figura 3). Actualmente estamos investigando las consecuencias
morfológicas y
comportamentales que ha tenido la pérdida tan reciente del
comportamiento
migratorio por las aves del archipiélago canario.

Figura 3.
Los vientos predominantes
en el Atlántico occidental, los Alisios (izquierda) y el Siroco
(derecha) podrían haber facilitado la llegada accidental de
currucas migrantes hasta las islas Canarias.
El equipo
Las
implicaciones de la variación entre poblaciones
del comportamiento migratorio de los paseriformes forestales se han
venido investigando en nuestro Departamento desde 1995, con las Tesis
Doctorales de Roberto Carbonell, la mía, y la de
Álvaro Ramírez, un magnífico equipo, tanto
profesional como
humano, cuya formación fue posible gracias al entusiasmo de
José
Luis Tellería.

Bibliografía
1.
Piersma, T., Pérez-Tris, J., Mouritsen, H., Bauchinger, U. & Bairlein, F.
2005. Is there a ‘migratory syndrome’ common to all migrant birds? Annals
of the
New York Academy of Sciences
1046: 282-293. [PDF]
2.
Pérez-Tris, J. & Tellería, J.L. 2002. Regional variation in seasonality
affects migratory behaviour and life-history traits of two Mediterranean
passerines.
Acta Oecologica
23: 13-21. [PDF]
3.
Pérez-Tris, J. & Tellería, J. L. 2001. Age-related variation in wing
morphology of migratory and sedentary blackcaps, Sylvia atricapilla.
Journal of Avian Biology
32: 207-213. [PDF]
4.
Pérez-Tris, J. & Tellería, J.L. 2002. Migratory and sedentary blackcaps in
sympatric non-breeding grounds: implications for the evolution of avian
migration. Journal of Animal Ecology 71: 211-224. [PDF]
5.
Pérez-Tris, J., Bensch, S., Carbonell, R., Helbig, A. J. & Tellería, J. L.
2004.
Historical diversification of migration patterns in a passerine bird.
Evolution
58: 1819-1832. [PDF]

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