EditorialEste nuevo número es significativo tanto por sus contenidos
como por el momento en que aparece. Estamos viendo cómo se desarrolla
la fotografía digital a tal ritmo que parece poner en peligro
la fotografía de base fotoquímica. La venta de cámaras
digitales está aumentando tanto en los últimos tiempos
como para alcanzar o superar las ventas de cámaras convencionales.
Como todo crecimiento, éste, también, lleva aparejado
una crisis; así, aunque el número total de cámaras
vendidas esté aumentando, disminuye la venta de cámaras
de tecnología tradicional. Y lo más importante que está
ocurriendo es que la mayor parte de ellas son adquiridas por el aficionado
medio que es, en definitiva, el principal comprador de películas.
Están surgiendo nuevos fabricantes de cámaras y se producirán
más imágenes porque a este mercado se incorporan nuevos
fotógrafos. Pero aquí está la clave de la crisis;
las nuevas cámaras no necesitan película para captar las
imágenes. Esto indica la decadencia de unas industrias; y, por
ende, el desarrollo de otras, pues son necesarias memorias de cámaras,
memorias auxiliares, discos compactos, ordenadores, etc. Hemos de dar las gracias a los grandes fabricantes de materiales fotosensibles
que han permitido, mediante sus controles de calidad, el uso de películas
y papeles de una gran consistencia de resultados, cada vez mejores en
cuanto a la resolución y la respuesta cromática. Pero
no nos engañemos, todo no son ventajas; junto a la calidad y
estandarización de los materiales hemos perdido la gran diversidad
de procedimientos que permitían el uso de otras formas de representación
y sobre soportes de papel de calidad como los destinados al uso en acuarelas
o en grabado. Con estos procedimientos también ha sido posible
utilizar elementos como formantes de la imagen que toleran el paso del
tiempo mejor que la tradicional plata, como son los pigmentos. Estos
procedimientos, a veces llamados nobles o de control y que, en algunos
casos se han podido recuperar gracias a pequeñísimos fabricantes
impulsados por un amor loco a la fotografía, son más lentos
en poner en práctica pero, sin embargo, ofrecen una amplia gama
de posibilidades para la creación, aparte de un acabado de apariencia
no industrial, como suele ser la norma. Este momento maravilloso que
vivimos, de esplendor de los materiales fotosensibles tradicionales,
parece, pues, condenado a extinguirse. Es posible que todo esto sean
exageraciones y no llegue a ocurrir, que podamos disfrutar de una gama
de equipos y materiales más amplia que nunca; pero la historia
de la fotografía nos ha mostrado que esto no es así. Dependemos
exclusivamente de la industria (y ésta de nuestra demanda) y
los materiales tradicionales irán, poco a poco, encareciéndose,
después de que pasemos la época de los descuentos y la
rebaja del precio de los materiales que los fabricantes proponen para
distanciar el momento, no por melancolía, sino para amortizar
las últimas inversiones en equipos y en investigación.
Un proceso que necesita material especial, como el carbón, desapareció;
es cierto que en los últimos años se ha intentado su recuperación
más bien testimonial. Así, el carbón, uno de los
procedimientos más estables y controlables de fotografía
en blanco y negro y color desapareció en pos de materiales de
producción masiva. El bromóleo siguió el mismo
camino, por la dificultad no sólo de su control, sino por la
escasez de papeles convencionales de blanco y negro fabricados sin la
capa protectora superior. El último de los grandes procedimientos
que tanto ha ayudado a alargar la vida de las copias y encarecerlas-,
el Dye Transfer, también ha seguido ese camino, recientemente,
por voluntad de su fabricante, la casa Kodak. Hace unos años
esta fábrica estuvo a punto de hacer lo mismo con los materiales
de blanco y negro: dejar de producirlos. Las protestas en Estados Unidos
fueron tan grandes que llegaron a parar el proceso, pero ¿por cuánto
tiempo? Curiosamente, fue el inicio de una época de esplendor
y desarrollo de nuevos materiales de blanco y negro de calidad en todo
el mundo. Vemos, pues, un panorama contradictorio. La incorporación de
nuevos fotógrafos y la venta masiva de cámaras digitales
frente al clamor de aquellos que consideran que la fotografía
digital está matando a la fotografía. Estas lamentaciones
proceden, sin embargo, no de las personas que tienen miedo de que nuestros
queridos materiales e instrumentos de siempre desaparezcan, sino de
aquellas otras que consideran que la fotografía digital no es
fotografía y se distancian de ella como si de una profanación
se tratase. Todo esto nos hace recordar ese pánico a que la aparición
de la fotografía acabase con la pintura, cuando verdaderamente
supuso su liberación, el desarrollo de sus posibilidades. Lo
mismo, curiosamente, ha significado la aparición de la fotografía
digital para la fotografía; al ponerse en duda su valor documental
ha quedado al desnudo ese otro aspecto que muchos se negaban a ver:
su carácter de imagen. Y de esta manera la fotografía
digital ha liberado a la fotografía de su condición de
esclava de la memoria (con todo lo maravilloso, importante y digno que
es esta capacidad de la fotografía). La distinción que
he hecho entre fotografía digital y fotografía sólo
ha sido para dejar claro el razonamiento; la fotografía digital
es fotografía, tiene su misma naturaleza, la que nace de enfrentar
un material fotosensible a la luz procedente de los elementos de una
escena. Nada de esto ha cambiado. Es cierto que pueden surgir múltiples
mixturas; pero seamos de mente ancha, porque lo básico no ha
cambiado y, en cambio, se han ampliado las posibilidades de una manera
generosa. En conclusión, la nueva fotografía es la misma
de siempre y esté seguro de ello- algunos materiales pueden
desaparecer. Es a la luz de esta evolución de las cosas y preocupados por
ello que hemos sentido el miedo de que un medio de comunicación
audiovisual y de creación artística como el diaporama
(la multivisión) desaparezca. Está sometido a los mismos
avatares que la fotografía y su soporte básico de imagen
es la diapositiva. Los cambios producidos son tan profundos que queremos
analizarlos para intentar averiguar cual será su futuro. En cualquier
caso, -entiéndase como homenaje o como despedida-, nos hemos
acercado también con cariño a su estudio. Un recorrido
por la imagen tecnológica (Rekalde) desde un punto de vista artístico,
sirve para enmarcar la situación del estado actual de la imagen.
Este estudio no considera, sin embargo, el diaporama, porque sus aplicaciones
expresivas han estado siempre reservada a círculos de iniciados
(léase fanáticos o enamorados). Se han encargado de ello
dos personas que conocen el diaporama porque han creado obras, uno desde
el punto de vista de la realización (Palazón) y el otro
desde el control de la imagen (Perea). Completan el número una
propuesta de estética de la fotografía (Soulages) especialmente
interesante y un trabajo acerca del sin sentido de fotografiar (Blanco)
de lectura obligada. El porfolio de este número es único y múltiple
a la vez: sólo ofrecemos uno pero de autoría colectiva.
Corresponde a la selección de fotografías de alumnos de
esta facultad realizada el curso pasado y que ha recorrido numerosos
espacios de exposición. Se encarga de su presentación
el que fue su comisario (Castelo). Hasta el siguiente número, gracias.
Fdo. Joaquín Perea Gónzalez. |
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