No te comas el mundo
Cristina Fernández Pereda *
Resulta
fácil encontrar salmón en cualquier supermercado. Llega
hasta nosotros desde Chile, donde lo producen de forma masiva. Allí
se produce, en el Sur, y lo consumimos en el Norte. Lo mismo ocurre
con la soja de Argentina, las flores colombianas o el azúcar
de los países de Latinoamérica.
Estos
cuatro productos serán controlados al detalle por los creadores
del proyecto “No te comas el Mundo”. Se trata de una propuesta de las
ONG´s Veterinarios Sin Fronteras, la Red de Consumo solidario,
Acción Ecologista y el Observatorio de la Deuda. Su finalidad
es dar a conocer las consecuencias que el consumo de los países
del Norte tiene sobre las sociedades y el medio ambiente de los países
del Sur.
Para
concienciar a los consumidores, esta campaña hará un seguimiento
de cuatro casos reales, desde su producción a gran escala en
el Sur hasta que llegan a los países del Norte. El seguimiento
incluye los lugares de producción, las condiciones de los trabajadores,
la influencia de las multinacionales en estos países y las consecuencias
de este comercio. Tanto para las personas como para el Medio ambiente.
La
producción para grandes mercados implica, en el Sur, la explotación
laboral de muchas personas que se ven obligadas a ceder ante las multinacionales.
Y no sólo en cuestión de trabajo. Muchos han visto cómo
estas empresas se han apropiado de las tierras más fértiles.
La primera consecuencia es la migración forzosa: sin tierra que
cultivar, pierden su medio de vida. Después viene el empobrecimiento
de las poblaciones y la destrucción de los ecosistemas.
La
campaña “No te comas el mundo” pretende asociar “las consecuencias
sociales y ambientales de estos productos en el Sur con nuestra vida
diaria y hábitos de consumo” en el Norte. Así lo afirma
Ferrán García, coordinador de este proyecto, quien añade
que “estamos adquiriendo una deuda ecológica con estos países”.
El
concepto de deuda ecológica hace referencia al intercambio desigual
entre Norte y Sur. La deuda consiste en que el modelo de producción
que los países del Norte imponen a los del Sur, tiene en éstos
últimos consecuencias nefastas para el medio ambiente.
Éste
es el caso de Chile. La producción masiva de salmón está
provocando la degradación de lagos o áreas costeras y
las comunidades de pescadores tradicionales han tenido que desplazarse.
Sin embargo, los beneficios por la venta o exportación del salmón
no se quedan en Chile. Los trabajadores, los chilenos, apenas llegan
a beneficiarse de este negocio.
Una
de las propuestas de la campaña “No te comas el Mundo” es que
el consumidor sea más crítico con lo que compra. Si los
consumidores, en el Norte, exigimos información sobre el origen
de los productos y cómo han llegado hasta el mercado, estaremos
dando el primer paso hacia la igualdad.
En
la actualidad puede que los sistemas de producción o las leyes
del mercado sean iguales en el Norte y en el Sur. El crecimiento de
los países más avanzados así lo impuesto. Pero
los consumidores no somos iguales. Los trabajadores, tampoco. La igualdad
también debe comenzar por condiciones de trabajo dignas, seguras,
y que no perjudiquen al entorno ambiental.
En
condiciones de igualdad ante el mercado, los países del Sur tendrían
la oportunidad de comercializar los productos de sus propias empresas.
De esta forma no verían cómo las multinacionales se llevan
sus recursos hasta el Norte. Dispondrían también de todos
esos recursos para su beneficio, tanto si exportan su producción
como si no. Pero el destino de esa producción se elegiría
en el Sur.
La
campaña “No te comas el Mundo” quiere demostrar que el primer
paso en esta lucha también es responsabilidad de los consumidores.
Quizás cuando termine, dentro de dos años, estemos más
cerca del momento en el que las tiendas del Norte no ofrezcan productos
que el Sur puede comercializar pero no comprar.
* Periodista