Los que vivieron la revolución francesa o
la época industrial, no pidieron vivir en esos tiempos, simplemente, les
tocó vivir en esas épocas con sus consecuencias y sus vicisitudes. Los
que vivimos la revolución de las tecnologías de la información y la
comunicación, tampoco lo hemos pedido. Y aquí esta el quid de la
cuestión: o nos adaptamos y evolucionamos junto a la nueva era de la
información o nos quedamos al margen de esta revolución.
Una revolución que afecta a toda la
sociedad en su conjunto, pero que tiene mayor incidencia en el
periodismo y en los medios. La profesión periodística y su relación con
las tecnologías de la información, abanderadas por la creciente
expansión de Internet, es motivo de estudio, análisis y debates entre
investigadores y expertos profesionales del periodismo y la comunicación
a través de diferentes eventos cuyo fondo es el contexto de los nuevos
medios y formas de comunicación.
El periodismo, ante la omnipresencia de
las tecnologías de la información e Internet, arrastra su concepto y se
convierte en un nuevo periodismo: en un ciberperiodismo, que trastoca no
sólo los contenidos, sino también la forma de cómo se presentan esos
contenidos.
La nueva audiencia o los nuevos lectores,
inmersos en una cultura digital están cambiando el modelo periodístico
tradicional. Hasta hace poco, sólo el periodista y/o el medio decidían
qué era noticia y lo publicaba. Hoy, muchas noticias, independientemente
de su veracidad o no, son proporcionadas por personas que no tienen nada
que ver con el ejercicio del periodismo o del rol de informar, pero que,
sin embargo, emiten opiniones, informan, narran y publican hechos,
arrebatando así la función que identifica al periodista. Esa audiencia
que participa crece de manera exponencial en la Red ante la aparición de
ese nuevo fenómeno conocido como blog, weblog o bitácora.
Los blog se crean y expanden en la
Red a un ritmo vertiginoso. Son páginas digitales con direcciones web
propias, elaboradas por personas que apenas tienen unos mínimos
conocimientos informáticos, y que, en la mayoría de los casos, no tienen
nada que ver con el periodismo y la comunicación. El fenómeno blog, que
nació en EE UU, conforma la nueva audiencia de la Red que, al mismo
tiempo, intercambian opiniones, “hablan” y ejercen influencia. Millones
de internautas que crean un blog constituyen un nuevo segmento de la
población y audiencia apetecible de pertenecer o entrar en él, no sólo
por los medios sino por organizaciones de todo tipo: partidos políticos,
empresas, corporaciones, etc.
Este es uno de los motivos por los que,
en Estados Unidos, y en otros países como España, empiezan a darle
debida importancia. No dudan en contratar a expertos profesionales del
blogging (el acto de publicar y mantener un blog constantemente)
como nuevos estrategas en los procesos de comunicación e información.
Los medios de comunicación empiezan
también a adaptarse a este nuevo medio (recurso, canal o herramienta) y
no dejan pasar el momento para crear sus propias bitácoras haciendo que
sus periodistas ejerzan un tipo de periodismo alternativo dentro de
ellos.
Estamos asistiendo pues, a una nueva
concepción del periodismo que difiere del modo tradicional. Con los
blogs se produce un verdadero feed back de la comunicación,
transformando el periodismo en un concepto más interactivo. Se rompe el
modelo unidireccional (uno a muchos), atraviesa un modelo bidireccional
(uno a uno) para acabar en un modelo multidireccional (muchos a muchos).
El periodismo de blogs se ha
convertido en el tema central a analizar y debatir por investigadores y
expertos profesionales del llamado ciberperiodismo, en jornadas,
seminarios y congresos. El debate está cantado.