Se acaba de celebrar
en Buenos Aires la X Cumbre del Cambio Climático. Delegaciones de 189
países comenzaron las reuniones con el optimismo de que Rusia ratificara
el Protocolo de Kyoto y permitiera así su aplicación. Sin embargo, el
entusiasmo ha dado paso a las dudas sobre si Kyoto es o no la mejor arma
contra el cambio climático.
La comunidad
internacional persigue la aplicación del protocolo de Kyoto, que tiene
como fecha límite de aplicación el año 2012. Mientras tanto, países como
Inglaterra, Australia o Estados Unidos anuncian que no van a cumplir las
exigencias del protocolo. No van a adoptar medidas para reducir sus
emisiones de dióxido de carbono ni van a invertir en investigaciones para
lograrlo.
Expertos en cambio
climático reunidos en Buenos Aires han asegurado que la lucha contra los
efectos del calentamiento global no tiene por qué comenzar por aplicar un
conjunto de medidas que reduzcan la emisión de gases a la atmósfera.
Consideran que esta lucha debe empezar por combatir la pobreza.
La falta de recursos
convierte a los países en vías de desarrollo en los más indefensos ante
las inclemencias del clima. En 1998 el huracán Mitch se llevó a casi
10.000 personas a su paso por Centroamérica. En 2004, otro huracán de
igual magnitud azotó una zona residencial de Florida y no hubo más de 20
fallecidos. La riqueza de los países desarrollados reduce los daños de
cualquier fenómeno climático.
Los altos costes que
supone aplicar las medidas aprobadas en Kyoto hacen que muchos quieran
replantearse su aplicación. Las estimaciones más optimistas sitúan los
gastos entre 150.000 y 300.000 millones de dólares al año. Los países
menos desarrollados han propuesto una alternativa al Protocolo quieren que
se invierta en ayudas a los países que son más vulnerables al cambio
climático.
Joke Waller,
secretaria ejecutiva de la conferencia, señaló que no ha habido avances en
materia de adaptación de los países más pobres al cambio climático. Su
propuesta consiste en que los países menos desarrollados presenten sus
proyectos de adaptación y los industrializados su voluntad de
financiarlos. El delegado de Tanzania, en nombre de los 48 países más
pobres del mundo, aportó su argumento a favor de estas medidas: “para
nosotros el cambio climático es más catastrófico que el terrorismo”.
Los cambios en el
clima provocan inundaciones masivas en zonas costeras y en las riberas de
los ríos, donde viven muchas personas. Las inundaciones hacen que se
reduzcan las áreas de cultivo y se extienda el hambre. Los expertos
aseguran también que estos cambios aumentarán el número de personas sin
acceso a agua potable, lo que incrementaría el riesgo de enfermedades y
reduciría la disponibilidad de alimentos.
Cambio climático,
desastres naturales, pobreza y agresiones al
medioambiente se unen en una cadena difícil de romper. Las inversiones en
países más vulnerables pueden lograr que se reduzcan los efectos de las
catástrofes. La ayuda para que estos países se protejan de los daños que
provocan muchos países industrializados puede conseguir que, aunque
lleguen más inundaciones, no traigan más pobreza. Ni se lleven más vidas.