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5 de marzo de 2004

Las plantaciones no generan empleo
Cristina Fernández Pereda*


A pesar del argumento de quienes defienden las plantaciones, la afirmación de que éstas generan empleo casi nunca se cumple.

 Las grandes plantaciones generan empleo en dos de sus fases: la plantación y la cosecha. Después de la siembra, el empleo desciende de forma sustancial. En el momento de la cosecha se requiere de nuevo la contratación de mano de obra, pero el número de puestos de trabajo desciende. La mecanización relega al hombre a otras funciones.

Los escasos empleos de las plantaciones suelen ser de baja calidad. En su mayoría, son de carácter temporal, con bajos salarios y en unas condiciones marcadas por la mala alimentación y el alojamiento inadecuado, que cumplen la legislación laboral.

En el Sur predomina el modelo de la subcontratación. Las empresas plantadoras contratan a otras para realizar las tareas de plantación y cosecha. Dado el escaso nivel de inversión requerido, la competencia entre las empresas subcontratadas se basa en bajar el coste de la mano de obra. Como consecuencia, el empleo pierde  valor y las condiciones salariales y laborales empeoran.

En muchos países, las plantaciones obligan a los ocupantes de esas tierras a prescindir de sus anteriores fuentes de trabajo. La mayoría son tierras destinadas a la agricultura de subsistencia por lo que la tendencia al empleo neto es en muchos casos negativa. Las tierras cambian su función y, con ellas, sus habitantes.

Cuando la plantación implica la previa destrucción del bosque, los pobladores locales pierden sus ocupaciones, fuentes de ingresos y recursos que provienen del bosque. La consecuencia suele ser la expulsión de la población local, casi siempre, a los cinturones de pobreza de las ciudades. 

Las plantaciones tampoco dan lugar a industrias locales. La producción se concentra casi siempre en la exportación directa. Los troncos no son procesados ni manipulados. Aquí tampoco hay posibilidad de contratar mano de obra. Incluso cuando se establecen industrias de pulpa y papel, su grado de mecanización impide la creación de muchos puestos de trabajo. 

Las plantaciones generan, en términos generales, menos empleo que la agricultura. El balance sólo resulta positivo en zonas poco pobladas dedicadas a la ganadería extensiva. La calidad del empleo en una plantación sólo mejora si utiliza maquinaria forestal moderna, en la que invierte la empresa plantadora, viéndose obligada a ofrecer mejores condiciones de trabajo.

La actividad plantadora es probablemente la peor opción para generar empleo a nivel local. El objetivo de este tipo de empresas no es la creación de empleo. Lo primero son los beneficios de sus accionistas. Este falso argumento sólo busca la justificación social de su emprendimiento.

* Periodista 

 

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