Garantizar la sostenibilidad ambiental es
uno de los Objetivos del Milenio que 189 países se han comprometido
a conseguir antes del 2015. Hasta entonces, el acuerdo de estos países
consiste en promover medidas de concienciación social y política que
mejoren la situación medioambiental.
El problema actual radica en el agotamiento
de los recursos naturales. Además, procesos como la creación de suelo o el
secuestro de CO2 por parte de los bosques se están debilitando. La Tierra
tampoco es capaz de asimilar todos nuestros residuos ni de responder a la
destrucción de su biodiversidad.
Según el Índice del
Planeta Vivo, elaborado por la Asociación Ecologista World Wide Found,
desde 1970 hasta hoy hemos perdido un tercio de la riqueza natural de la
que disponíamos. Las principales responsables de esta pérdida son las
acciones humanas. Sobre todo las llevadas a cabo en los países
industrializados: menos de un 20% de la población consume más del 80% de
los recursos.
Los países menos
desarrollados son los más vulnerables ante las consecuencias de la crisis
medioambiental. Ésta se manifiesta en forma de cambios en los procesos
ecológicos, disminución de la productividad agrícola, el desplazamiento de
millones de personas que viven en zonas con alto riesgo de catástrofes y
el aumento de transmisión de enfermedades como la malaria.
Los cambios que ha
introducido el hombre en el medio ambiente están determinados por el
crecimiento demográfico y por la utilización de compuestos artificiales.
Los procesos de urbanización e industrialización aumentan la presión
ejercida sobre las aguas marinas y las zonas costeras. La emisión de gases
a la atmósfera destruye la capa de ozono. Como consecuencia, la vida
vegetal y animal empeoran y se produce un calentamiento global porque
llega más energía a la tierra.
La destrucción de la
biodiversidad también conlleva la desaparición de los recursos naturales
como son los alimentos, los medicamentos o la energía. Las comunidades que
dependen de estos recursos pierden su medio de vida y sus ingresos. Esta
consecuencia la sufren unos 1.600 millones de personas en todo el mundo.
Existe una relación
recíproca entre la pobreza y la degradación del medio ambiente. De los
1.200 millones de personas que viven con menos de 1 dólar al día, cerca
del 70% vive en zonas rurales y depende de los recursos naturales para
sobrevivir. La desaparición de los recursos naturales es una de las causas
de la pobreza. Lograr una sostenibilidad medioambiental es una de las vías
para luchar contra la pobreza, dado que la población más pobre es la que
más depende de los bienes que le proporcionan los ecosistemas.
Para evitar que se
produzcan todas estas consecuencias y que las sigan sufriendo millones de
personas en todo el mundo, el compromiso de estos países tiene tres
objetivos: el desarrollo de políticas medioambientales específicas, la
integración de esas medidas en los sectores productivos que más dañan el
ambiente y, finalmente, la comunidad internacional se compromete a crear
marcos de medidas nacionales. Son las llamadas Estrategias Nacionales de
Desarrollo Sostenible.
Con ellas se puede
alcanzar una meta que se hace esperar: 1.200 millones de personas carecen
de agua potable en el mundo. Disponer de agua es una condición
imprescindible para la salud y el bienestar de las personas, sin embargo,
este problema sólo parece empeorar. En 2025, cuando deben estar cumplidos
todos los Objetivos del Milenio, serán más de 3.500 millones las personas
que no tengan acceso al agua potable.
Este reto no sólo
exige la reducción de las acciones que contribuyen a la destrucción de
recursos ambientales o la creación de medidas que impongan el respeto a la
naturaleza. Al mismo tiempo, el compromiso debe mejorar las condiciones de
vida de millones de personas. Condiciones que han empeorado por el
comportamiento de otros seres humanos.