Al
llegar a la Universidad de Beijing, me sorprendió ver como el
campus universitario formaba
un cuadrado perfecto, orientado hacia los cuatro puntos cardinales y
disponía de cuatro puertas (Norte, Sur, Este y Oeste). Uno se acostumbra
pronto a este tipo de estructura y comienza a darse cuenta de que en
China no se necesita un GPS para orientarse, basta con una simple brújula.
Fascinado por este descubrimiento de la organización del espacio en China,
me acerqué una vez más a ver al viejo Lao Wang, que se gana la vida
reparando bicicletas en una pequeña tienda de la Universidad. Con las
manos llenas de aceite y algunas manchas negras en la cara, Lao Wang me
explicó esta particularidad china: “esta distribución de los espacios
responde al arte del fengshui
(“viento-agua”), que intenta colocar las cosas en armonía con el Universo.
Así, siempre se busca un lugar donde queden claros el Este y el Oeste,
como si esto fuera un augurio de que el
yin y el
yang estarán presentes en
partes iguales”.
Ya con
una brújula en el bolsillo, me fui a pasear por algunos de los barrios más
antiguos de la ciudad. Entre los intrincados laberintos y las numerosas
callejuelas, una misma norma parecía regir todo este caos: la puerta
principal de las casas da siempre hacia el Sur. Como un lugareño me
explicó, ésta es una forma de intentar que la energía llegue siempre por
este punto cardinal y de protegerse de los “malos vientos” del norte.
El arte
cotidiano del fengshui
ofrece algunas sensaciones difíciles de encontrar en Occidente. La
intención de buscar el equilibrio entre todos los elementos y las fases de
la vida, de construir los lugares de acuerdo a los puntos cardinales, dota
a muchos espacios de “un no sé qué” especial. Como si la naturaleza y el
hombre se hallaran por fin en un mismo punto. Como si te encontraras en el
lugar ideal en el momento adecuado.
Debido
a estos pequeños conocimientos, una vez me quise hacer el listillo y le
pregunté a un chino si para ir a la universidad debía ir hacia el Norte,
el Sur, el Este o el Oeste. El viandante me miró extrañado, como si algo
no cuadrara en mi pregunta. El hombre me lo explicó con mucho respeto: “En
China no se empieza por el Norte, se empieza por el Este, como el Sol.
Aquí los puntos cardinales se dicen “Este, Sur, Oeste y Norte”. Por
cierto, que para volver a la universidad tienes que ir en dirección Este”.