Todos los fines de semana, Ana María
González, alumna de tercero medio de un liceo capitalino, deja su
jumper y blusa para asistir a clases a la universidad. A sus 16
años, se levanta sin falta todos los sábados a las siete de la
mañana para participar en los cursos que imparte el Programa Educacional para Niños con Talentos Académicos de
la Pontificia Universidad Católica de Chile (PENTA UC).
Ana María pertenece al 5% de los niños chilenos que son
calificados como talentosos. Los muchas veces denominados “mateos”
del curso, no distinguen nivel social ni económico y son más de cien
mil en todo el país.
Por definición, un talento es una habilidad superior en
comparación a sus pares en algún ámbito, que puede ser académico,
social, o artístico. Además, los niños talentosos tienen mucha
curiosidad e interés por aprender nuevas materias. No siempre son
los con mejores notas. Hay de todo, algunos tienen un excelente
rendimiento y otros están a punto de repetir. Unos son extrovertidos
y otros ni siquiera se atreven a hablar en público.
La relación entre los niños talentosos y sus pares es difícil, ya
que el ritmo de aprendizaje es mayor y son muy inquietos. “Al
principio mis compañeros cuando comentaba me decían cállate mejor.
Me sentía incómoda porque creía que me estaban agrediendo, sólo
porque hablaba más que el resto. Por eso a veces prefería quedarme
callada”, relata Ana María respecto a su experiencia escolar.
Algunos profesores prefieren que no interrumpan la clase.
“Siempre preguntaba, pero no para reafirmar lo que sabía, sino
porque tenía dudas. Cuando levantaba la mano (los profesores) no me
pescaban, querían que otros preguntaran”, cuenta Gustavo, quien fue
alumno del PENTA UC durante tres años.
Potenciar el talento
El PENTA UC es el único programa en Chile que se encarga de los
niños talentosos. Dirigido a estudiantes que cursan entre 6º año
básico y 4º año medio, nació en 2001 debido a un llamado de la
Fundación Andes a crear una estrategia educacional para tratar a
estos niños.
Pero no es el único caso en el mundo. Existen muchos centros que
se preocupan del tema. Los más destacados se encuentran en Israel y
EEUU. En Latinoamérica sólo existen proyectos y el caso chileno es
el único que se ha llevado a cabo exitosamente.
Este proyecto se plantea como complementario a las experiencias
de aprendizaje que brinda una escolaridad regular. Lo importante es
que “representan al otro extremo de la población, ya que el sistema
regular no responde a lo que ellos necesitan”, explica Catalina
García, asistente de dirección del PENTA UC.
Los cursos son de carácter académico o relacionados con algún
área específica del conocimiento. “Aprendiendo geometría con
origami”, “Viaje animado al interior de la célula” y “Reflexionando
sobre los mitos”, son algunos de ellos.
El talento no significa sólo una diferencia en el ritmo a la hora
de aprender, “a veces empiezan a tener dificultades en el colegio,
no es sólo que vayan más rápido. Se aburren, entonces se desmotivan,
o son tratados de manera negativa por ser inteligentes. Es el nerd,
el aburrido, el que siempre sabe”, explica Catalina García.
Debido a la discriminación que sufren por parte de sus pares, un
programa dirigido a ellos también pretende enriquecer en el alumno
su proceso de maduración personal y social, facilitando el
desarrollo de su autoestima, la confianza en sí mismo y en sus
capacidades.
Después de cuatro años, el PENTA UC ha sido llevado a tres
universidades regionales; Universidad de Concepción, de La Frontera
y Del Norte.
Catalina García evalúa positivamente estos años de trabajo. “Se
ha logrado ampliar el proyecto y la idea es que sean atendidos en
todas partes para que no se pierda su potencial”, cuenta
orgullosa.
Una Mente brillante: derribando mitos
“Yo nunca me he sentido superdotado”, responde inmediatamente
Gustavo al preguntarle qué significa para él ser talentoso. Este
joven estudiante de segundo año de ingeniería (19) participó durante
tres años en el PENTA UC y define su talento como “ganas de
aprender”. Un mito común es creer que los niños talentosos son
superdotados. Lo cierto es que sólo tienen mayores habilidades en
determinadas áreas. “Cuando estaba en el colegio me sentía
diferente, me iba bien y me decían mateo. No sé si era envidia, pero
como que no era amigo de todos y me tenían rezagado de todas las
cosas”, relata Gustavo.
Sin duda, para que exista el talento se requiere de un potencial
innato, pero también de motivación y esfuerzo, así como de
oportunidades educacionales especiales que permitan que éste se
actualice. En general no se detecta con facilidad, son niños
normales con mayores inquietudes y que muchas veces ocultan su
talento para que no los molesten.
Se piensa que deben ser tratados de manera distinta. Esto también
es un mito, ya que al atenderlos como superdotados se interfiere el
ritmo normal de desarrollo dado por la edad. Por lo tanto, sin dejar
de estimularlos hay que tratarlos igual que a sus compañeros. Es
necesario también que sus habilidades sean reconocidas y
estimuladas. Como tienen un mayor conocimiento, suelen aburrirse en
clases, por lo cual requieren de desafíos que les permitan un mayor
desarrollo de su potencial.
Pensar que los niños talentosos se destacan por igual en todas
las áreas es el tercer mito respecto al tema. Esto puede darse así,
pero en general se interesan por un área específica. Incluso pueden
ser talentosos en un área y presentar dificultades de aprendizaje en
otra.
Los alumnos talentosos no siempre obtienen buenas notas. Hay
distintos factores que pueden influir en el rendimiento de un
estudiante. Por ejemplo, el sentirse poco desafiado y
estimulado.
Lo cierto es que tienen la capacidad de generalizar lo aprendido,
poseen un conocimiento más amplio y profundo y se aburren frente a
tareas simples y repetitivas.
Talento puertas adentro
Los padres suelen sentirse ansiosos y confundidos al percibir que
su hijo es “diferente a los demás”. La clave está en potenciar sus
habilidades para que no se sientan distintos a sus compañeros. “Era
súper inquieta, todo lo quería investigar, nunca se quedaba sólo con
lo que le enseñaban”, recuerda Ana Valdebenito, madre de Ana María.
Aunque Ana estuvo consciente de que su hija era diferente, nunca lo
tomó como un don especial. “No era una superdotada, pero sí
sobresalía por sobre sus compañeros”, cuenta.
Gustavo se sintió siempre apoyado por su familia. Su mamá es
asistente de párvulos por lo cual lo estimuló mucho durante su
infancia. “Desde chico mi mamá practicó conmigo todo lo que había
aprendido y como era educadora de párvulos me hacía juegos
didácticos”, cuenta entre risas.
El requisito principal para participar en un programa como el
PENTA UC, es que el niño tenga muchas ganas de aprender. Por esta
razón Gustavo no está de acuerdo con que se obligue a los niños a
estudiar. “Si tuviera un hijo talentoso no lo obligaría a entrar en
un programa así, porque tiene que ser su motivación. Cuando los
papás buscan poner a los hijos en otros lados no resulta”, cuenta
Gustavo convencido.
Él reafirma que no se siente con un don especial. “Creo que el 1%
es talento y el 99% es esfuerzo”. Hoy ya no tiene miedo al ridículo,
y tampoco a levantar la mano “las veces que sean necesarias, aunque
no me pesquen”.
Ana María por su parte está contenta de poder compartir con niños
con el mismo interés por aprender. “Yo antes miraba en menos a los
demás”, cuenta. Y agrega: “He aprendido a valorar más a las
personas, saber que cada uno tiene un talento, valorarlas por lo que
son y no porque saben más o menos”.