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Dr. Enrique de Aguinaga
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Resumen La base del sistema periodístico es, por definición, cuestión fundamental. La base actual del sistema periodístico dominante es la alteración frente a la normalidad, base que tiene su expresión en las tres aberraciones inherentes: el Periodismo como estado de modificaciones de la realidad, el Periodismo como satisfacción de la demanda y el Periodismo como actitud apriorística. La pregunta, la ultima pregunta de este discurso sobre la dimensión científica del Periodismo, es la de si resulta imaginable y, siendo imaginable, cómo sería posible un sistema periodístico distinto, un sistema periodístico con otra base. Esta es la hipótesis provocadora de un auténticamente nuevo periodismo que no estuviera regido por la alteración. |
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Abstract
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Dr. Enrique de Aguinaga
LA PREGUNTA DE TODOS LOS DÍAS El 16 de octubre de 1869, en la onda revolucionaria del destronamiento de Isabel II, Stanley, corresponsal inglés, de veintiocho años, que se encontraba en Madrid, al servicio del New York Herald, recibe la orden de su director: - Si, caballero. - Doy gracias a Dios por haberme permitido encontraros. - Me considero dichoso por estar aquí para poder recibiros. HENRY M. STANLEY (1985:144): Viaje en busca del doctor
Livingstone al centro de África
A la pregunta ¿qué pasa por el mundo?, el Periodismo responde con noticias o informaciones, pero no de modo inorgánico, sino con noticias o informaciones sometidas a un sistema de clasificación. Los periódicos que, en las páginas de publicidad, utilizan frecuentemente el rótulo de anuncios clasificados, podrían poner, al frente de todas sus páginas y con toda propiedad, el rótulo de noticias o informaciones clasificadas, en cuanto que ( idea capital) el Periodismo es un sistema de clasificación de la realidad, que trata de proporcionarnos una imago mundi. ¿Que pasa por el mundo? La imposibilidad fáctica de responder a la pregunta en todos sus términos, determina una doble característica del Periodismo, doble característica que configura su sistema: el Periodismo actúa por sinécdoque (representando el todo por la parte) y se manifiesta por conjuntos (diferenciando entre acto informativo y acto periodístico) Por el acto periodístico -conviene repetirlo progresivamente- se responde a la pregunta ¿qué pasa por el mundo? con un conjunto de noticias o informaciones que realmente no refieren todo lo que pasa por el mundo, sino lo más importante de lo que pasa por el mundo, en la actualidad. En el continente periodístico se acomodan sistemáticamente los hechos conceptuados como más importantes mediante dos operaciones matrices del Periodismo, que son las operaciones de selección y de valoración. Selección y valoración periodísticas, dicho de modo coloquial, son las operaciones que determinan lo que se publica y lo que se deja de publicar y, sucesivamente, el modo en que se publica aquello que se ha considerado digno de publicación. Mundo, realidad, actualidad, clasificación, importancia, selección y valoración. En estos siete términos se puede resumir, de momento, el repertorio de ideas de arranque para una consideración científica del Periodismo. La dimensión científica del Periodismo, así suscitada, se sitúa no solo en el marco de las Ciencias Sociales, sino también en el marco de la Teoría del Conocimiento, en cuanto conceptuación de un saber especifico, el ya definido como saber periodístico (Beneyto, 1974). ¡Cómo se aleja la concepción artística del Periodismo, en cuanto suma de intrepidez, ingenio, gracia, talento, oportunidad o vocación! Y, al mismo tiempo, ¡cómo se aproxima la consideración de la esencia del Periodismo, que, en definitiva, es el objetivo de su consideración científica!. Hay una tradicional resistencia a aceptar la dimensión
científica del Periodismo. Es una inercia que tanto procede de la
ignorancia sobre la existencia y formalización de la teoría
o esencia periodísticas como de la abrumadora presencia de los efectos
o resultados prácticos del propio Periodismo. Se confunde la esencia
del Periodismo con los efectos del Periodismo, que son muy llamativos,
que son como la hiedra que oculta el árbol que le sirve de sostén.
Abrumados por los efectos, se llega a creer que la esencia del Periodismo
es su mercancía y su influencia en la sociedad, cuando esencialmente
el Periodismo es una taxonomía, una clasificación de la realidad.
Lo que ocurre es que aquella taxonomía genera poder o contrapoder
y, por lo tanto, conflicto para el dominio de ese poder.
ÁMBITO UNIVERSITARIO La dimensión científica del Periodismo tiene su residencia, claro está, en la Universidad y, por lo tanto, su hito histórico en la incorporación de los estudios de Periodismo al ámbito universitario, que, en España, se produce en 1970, no como un acto repentino o caprichoso sino como consecuencia de un largo y muchas veces incómodo proceso. A la anticipación del profesor Fernando Araujo que, en 1887, en la Universidad de Salamanca, organiza un primer curso de Periodismo, sucede la iniciativa de la Asociación de la Prensa de Madrid que, en 1899, intenta una Escuela de Periodistas y deja un jugoso debate público con una pregunta clarividente que se repite a lo largo del siglo XX: La Escuela de Periodistas ¿ha de ser científica y teórica o todavía habrá de marcarse más su carácter especialista y práctico? (Revista Política y parlamentaria, 1899) Subrayo el todavía. Todavía no había escrito Joseph Pulitzer su discurso fundacional de 1904, con el vaticinio de que, antes de que finalizara ese siglo XX, las Escuelas de Periodismo serían incorporadas a la Universidad, como lo están el Derecho o la Medicina (Pulitzer, 1904: 641-680). Todavía no se había fundado en Alemania, en 1916, bajo la dirección de Karl Bücher, el Leipziger Institut für Zeintungskunde, del cual y de la Zeitungswissenchaft o Ciencia del Periódico son cualificados representantes Otto Groth, Walter Hegeman y Emil Dovifat, hoy instalados en los repertorios universitarios. Todavía los periodistas españoles, asociados en la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa y reunidos en asamblea general, en Sevilla, en 1923, no habían manifestado su deseo de una Facultad de Periodismo. Todavía el catedrático Alfredo Mendizábal (1928) no había publicado, en 1928, en la Universidad de Zaragoza, su perspicaz y completo informe sobre la instalación de los estudios de Periodismo en la Enseñanza Superior, que la explica como la pretensión de ayudar, fomentar y cultivar por métodos científicos la vocación periodística Todavía Walter Lippmann (Debesa Castro, 1988),
uno de los periodistas egregios del siglo XX, patrocinador del asentamiento
universitario del Periodismo, no había formulado su alegato ante
la asamblea londinense del Instituto Internacional de la Prensa, en 1965,
reclamando para el periodista la existencia de un cuerpo de saber organizado
(Lippmann, 1965). Todavía los estudios de Periodismo no se habían
incorporado, en 1970, a la Universidad española, cuyas funciones
principales al servicio de la sociedad, según la vigente Ley, son
la creación, desarrollo, transmisión y crítica de
la ciencia, así como la preparación para el ejercicio de
actividades profesionales que exijan la aplicación de conocimientos
y métodos científicos. Todavía no se había
pronunciado el nombre de las Facultades de Ciencias de la Información,
que actualmente, sólo en el seno científico de los Departamentos
de la Sección de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid,
han propiciado la elaboración de 239 tesis doctorales.
ESENCIA DEL PERIODISMO ¿En qué consiste esencialmente el Periodismo? ¿Cuál es la razón última o la índole que permanece, cuando el Periodismo se despoja de todos sus accesorios? ¿Qué es lo que identifica al Periodismo de cualquier tiempo y lugar, con independencia de los estilos y de las técnicas? ¿Existe una esencia a la que se pueda reducir todo Periodismo y que al mismo tiempo sirva para definir cualquier Periodismo que lo sea esencialmente? ¿Cuál es, en definitiva, la dimensión científica del Periodismo? Puedo decir, sin hipérbole, que a la respuesta de aquellas preguntas he dedicado mi vida profesional y mi vida académica, procurando que no me sucediera como al herrero, que a fuerza de machacar se le olvidó el oficio, o como a la ruedecilla del reloj, que cumple con exactitud sus rotaciones pero nunca sabe la hora que es. Con tal espíritu crítico, en 1953, al impartir mi primer curso sobre Reporterismo, tengo un primer destello de la esencia del Periodismo, que es un destello excluyente y radical: frente a la tradición y contra lo que cabria esperar, la esencia del Periodismo no es la Redacción, entendida como forma de escritura. Así, atisbo la idea de que el Periodismo no es solo la persecución de la noticia (versión heroica y cinematográfica) o la escritura urgente (versión talentosa y artística) o la influencia en la mentalidad pública (versión magistral y redentora), sino que hay algo que ahí está, en el fondo, pero que todavía no llamamos por su nombre. Y así lo dejé escrito en las conclusiones de aquel curso: Para mí, la primera formalización de aquella idea esencial se produce en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, cuando, en octubre de 1957, en la apertura de curso, escucho la lección del doctor Beneyto (1957:5), que expone el concepto de periodificación, como fundamento de la dimensión científica del periodismo. En un párrafo de aquel discurso se concentra la proposición. Es un párrafo cargado de sugerencias: La implantación de la televisión y la extensión de la radio como medios populares de comunicación asientan la técnica de la información instantánea y continua, arrebatando a la Prensa, típicamente periódica, la primacía de la noticia. Vivimos inmersos en un sistema periodístico que es un continuo aristotélico. Así se entiende fácilmente la crisis de la periodicidad periodística. El Periodismo, desde su dimensión científica, ya no lo es tanto por la periodicidad, por su cadencia rítmica, como por la periodificación, por su sistema clasificatorio. Por otra parte, según el propio Beneyto, la periodificación
constituye un principio científico del Periodismo. ¿Cómo
enunciar este principio en un ambiente en el que todavía se discute
y ridiculiza la existencia de la Escuela de Periodismo? Tiene que pasar
la etapa vergonzante de la Ciencia del Periodismo y tienen que consolidarse,
con su aceptación, las Ciencias de la Información para que
la periodificación pueda presentarse como un hallazgo que modifica
la concepción tradicional del Periodismo.
INVESTIGACIÓN DOCENTE Sobre aquella base, a partir de la tesis doctoral, mi investigación docente sobre la dimensión científica del Periodismo queda replanteada como el reto de recuperar la idea de Beneyto y, desde ella, proyectar la trama lógica de su desarrollo (Aguinaga, 1988a). La clasificación es el leitmotiv de mi investigación que elaboro principalmente en el aula de Redacción Periodística con el contraste de los alumnos, de modo que, curso tras curso, en programas y lecciones, se perfila la idea de la vis clasificatoria del Periodismo. Por vez primera (me permito suponerlo), en una clase de Redacción Periodística se habla sucesivamente de Linneo, Mendeleyev y Heisenberg. La investigación se formaliza naturalmente en mi tesis doctoral, en mi proyecto docente de Cátedra y en la Cátedra misma, y también en la compilación presentada, primero, en el Centro Internacional para las Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Laguna (1987a) y, después, en la Universidad Central de Bogotá (1988b) y en la Universidad de Navarra (1990). La formalización de la investigación parte de las ideas tradicionales que se superan (antítesis) y de las nuevas ideas que se proponen (tesis) según los dos enunciados siguientes (Aguinaga, 1987b): La tesis de la investigación se resume en los
siguientes términos: el Periodismo es esencialmente un sistema de
clasificación (periodificación) de la realidad, constituida
por los hechos y opiniones actuales, mediante operaciones metódicas
de selección y valoración, efectuadas por aplicación
de los factores de interés, propios de cada ámbito social,
y de los factores de importancia, propios de cada medio de comunicación
periodística.
Ahora, bien; la inercia del Periodismo, en cuanto realidad cotidiana al alcance de todos, se opone a que lo periodístico sobrepase la simple idea de la práctica o de la aplicación en el seno de los hábitos sociales. Hace falta un esfuerzo especulativo para depurar el concepto de Periodismo, liberándolo de sus aspectos formales o de sus encarnaciones. Hace falta tal esfuerzo para entender, por ejemplo, que, aunque el Periodismo se manifieste por medio de la Prensa, la Radio o la Televisión, no toda Prensa es Periodismo ni toda Radio es Periodismo ni toda Televisión es Periodismo. Hace falta tal esfuerzo para entender, por ejemplo, que, en tanto que se puede hablar de Prensa pornográfica, hablar de Periodismo pornográfico seria una incoherencia. Hace falta tal esfuerzo para llegar a la conclusión de que la periodicidad no es el valor esencial del Periodismo. La concepción del Periodismo como periodificación
(Aguinaga, 1984) no niega ninguna de las concepciones del Periodismo; pero
se reafirma como la concepción esencial entre todas las posibles,
como la concepción científica o Periodismo neotérico,
de modo semejante a la Filosofía neotérica o a la Medicina
neotérica, ya instaladas en el Diccionario
HACIA UNA TEORÍA DEL PERIODISMO Vladimir Hudec (1980: 9-10), decano de la Facultad de Periodismo de la Universidad Carolina de Praga, se pregunta: ¿qué es el Periodismo?, ¿cuáles son la esencia del Periodismo y su lógica interna?. Y él mismo se responde: Es esta lógica, estas leyes internas lo que
constituye la Teoría del Periodismo, ciencia en pleno desarrollo,
que forma parte de las Ciencias Sociales
Así, para la Teoría del Periodismo, como teoría propia, claramente diferenciada de la Teoría de la Información y de la Teoría de la Comunicación, se derivan tres cuestiones capitales: primera, en que consiste la importancia periodística; segunda, métodos para su determinación y selección en cada caso; y tercera, criterios de valoración de los elementos seleccionados para componer, con arreglo a esta valoración, el conjunto final. Los tradicionalmente llamados actos periodísticos son para la periodificación actos de publicismo, de reporterismo, de noticierismo o de comentarismo, elementos de la periodificación pero no la periodificación misma; actos que no se deben confundir con la periodificación, como no se confunde, por ejemplo, la albañilería con la arquitectura. Un reportaje -y aquí ya tenemos el escándalo dialéctico- no es un acto periodístico sino un acto de reporterismo, un acto aportado como elemento clasificable. El acto periodístico (clasificatorio) se produce cuando el reportaje se instala o deja de instalarse, de un modo u otro modo, en un conjunto ordenado valorativamente para dar una versión de la realidad, una respuesta a la pregunta de Livingstone. El reporterismo o captación; el noticierismo o información; el comentarismo u opinión; y el publicismo o colaboración -sigue el escándalo dialéctico- son operaciones instrumentales, auxiliares o coadyuvantes del Periodismo, operaciones todo lo importantes y brillantes que se quiera pero, en la Teoría propuesta, no son el propio Periodismo. Habrá que repetir por enésima vez que la función esencial del Periodismo concebido como periodificación es la clasificación de la realidad y por ende la determinación de contenidos del continente periodístico, para añadir que la finalidad del Periodismo, así concebido, no es la información -el escándalo alcanza su cumbre- sino la trasformación de la información en conocimiento. Es decir, la organización del caos acumulativo de los datos en una forma de saber que es el saber periodístico, de modo que la información sea materia prima del conocimiento (Vilar, 1987). El escándalo dialéctico de aquel aserto (la finalidad del Periodismo no es la información) puede curarse con otro escándalo mayor: el Periodismo no busca la verdad, afirmación bien elemental en el análisis, no por el cínico consejo (no dejes que la realidad arruine tu reportaje) sino porque efectivamente el Periodismo no busca la verdad, sino la noticia, que no es lo mismo, ni mucho menos, aunque la noticia deba ser verdadera. La transformación de la información en conocimiento
es la cúspide de la Teoría del Periodismo; pero esto que
ahora se presenta como desideratum científico ya ha pasado
por la intuición poética. T..S. Elliot (1888-1965), en su
poema La Roca (The Rock, 1934), se pregunta: ¿Dónde
está el conocimiento, perdido en la información?
CREACIÓN DE LA REALIDAD En esta perspectiva teórica, la transformación de la información en conocimiento, operación capital del Periodismo, es en definitiva un modo de ordenación del caos de la realidad para que resulte inteligible (Vivas, 1991). El Periodismo como orden (producto de una clasificación) y el periodista como ordenador (en la expresión de Beneyto) no son ocurrencias extravagantes. Cuatro referencias pueden apuntar los antecedentes de este pensamiento. La primera aparece hace casi setenta y cinco años en la Enciclopedia Espasa (1921, XLIII: 861) y por eso resulta notable su anticipado despegue de la dominación del estilo: No acaban aquí las consecuencias del análisis teórico. El Periodismo, al clasificar la realidad de modo interpretativo, crea nueva realidad. La actualidad es una "invención" de los periodistas, que recrean los hechos para facilitar su conocimiento general, escribe el profesor Benito (1995: 8). Así se puede decir que el hombre informado periodísticamente vive una realidad artificial, que no falsa, en cuanto es producto de la aplicación de una tabla de valores (concepción ideológica del mundo, decía directamente el profesor Hudec) que distribuye la importancia y el interés de los hechos con el criterio subjetivo del medio. La traducción vulgar del principio de Werner Heisenberg, (1901-1976), Premio Nobel de Física (1932), fundador de la Mecánica Cuántica y autor del principio de indeterminación, según la cual, para el observador, toda realidad por el hecho de ser medida queda modificada (Ibáñez, 1989), podría parafrasearse aplicándola a la función periodística, en cuanto observación y medida de la realidad, que así aparece como una sucesiva efemérides persuasiva y, por ello, generadora de nueva realidad. La naturaleza intrínsecamente interpretativa del Periodismo con su acompañamiento de opiniones contingentes no solo plasma los valores de la importancia y el interés (lo que importa y lo que no importa, lo que interesa y lo que no interesa, en cada momento) aprobando y desaprobando la realidad, sino que establece la frontera de lo deseable y lo rechazable, que inevitablemente se trasmite como mentalidad y, en definitiva, como conducta potencial, capaz de generar una nueva realidad. El sistema periodístico ha elevado a categoría cotidiana el axioma de que sólo existe aquello de que se informa y con este axioma la posibilidad de la aniquilación de la realidad por las censuras, desde las más toscas, gubernamentales y transitorias, a las más sutiles, ocultas y permanentes. Así se ha acuñado la expresión dictadura de los medios y el neologismo (Mermet, 1987) democratura (fusión de democracia y dictadura) ¿Puede decirse, así, que la realidad de
mañana, sobre la que habrá de operar el Periodismo, es una
realidad impensada?
CONCLUSIÓN La concepción del Periodismo como periodificación, en el seno de la Teoría del Periodismo, abre naturalmente un amplio repertorio de nuevas cuestiones, que aquí solo se han apuntado, o acentúa el planteamiento de las que ya son tradicionales en orden a la naturaleza de la función periodística. A esta luz, con el fondo de los permanentes debates sobre la libertad del Periodismo, la formación del periodista y la profesionalización de su ejercicio, se renuevan las ideas teóricas sobre la importancia y el interés, sobre la actualidad, sobre el contenido y el continente, sobre la estructura del conjunto, sobre los actos propios y, en definitiva, sobre la base del sistema de clasificación de la realidad, que es el Periodismo, como periodificación. La base del sistema periodístico es, por definición, cuestión fundamental. La base actual del sistema periodístico dominante es la alteración frente a la normalidad, base que tiene su expresión en las tres aberraciones inherentes: el Periodismo como estado de modificaciones de la realidad, el Periodismo como satisfacción de la demanda y el Periodismo como actitud apriorística (Aguinaga, 1982) La pregunta, la ultima pregunta de este discurso sobre la dimensión científica del Periodismo, es la de si resulta imaginable y, siendo imaginable, si fuese posible un sistema periodístico distinto, un sistema periodístico con otra base. Esta es la hipótesis provocadora de un auténticamente nuevo periodismo que no estuviera regido por la alteración. Un hipotético Periodismo de aquella nueva traza
requiere evidentemente un ámbito social igualmente nuevo. Desde
su dimensión científica, quede aquí el reto intelectual
del diseño teórico de un nuevo Periodismo para una nueva
Sociedad o de una nueva Sociedad para un nuevo Periodismo.
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Madrid
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Dr. Enrique de Aguinaga
De la Real Academia de Doctores
Catedrático Emérito
UCM