La paradoja opresora
Por María Jesús Casals
IGNACIO RAMONET (1998): La tiranía de la comunicación. Madrid, Temas de Debate. 222 páginas
Ignacio Ramonet se ha propuesto fustigar las conciencias adormecidas,
indigestas del festín tecnológico y complacidas por tanta
satisfacción visual. No podía imaginar Pangloss que no fue
él quien inventó el mejor de los mundos posibles. Del culto
a la razón de los ilustrados hemos llegado en este fin de siglo,
y como preludio del que viene, al culto evasivo del espectáculo.
"De
este modo, el nuevo sistema acredita la ecuación "ver es comprender".
Pero la racionalidad moderna, con la Ilustración, se hace contra
esa ecuación. Ver no es comprender. No se comprende más que
con la razón. No se comprende con los ojos o con los sentidos. Con
los sentidos uno se equivoca. Es la razón, el cerebro, es el razonamiento,
es la inteligencia, lo que nos permite comprender. El sistema actual conduce
inevitablemente o bien a la irracionalidad, o bien al error" (p.50). Ignacio
Ramonet no se conforma con esta situación un tanto desesperante
y desesperanzada y elabora un discurso admonitorio aunque poniendo un cuidado
especial en eliminar tintes moralistas. Porque no se trata de adoctrinar
ni de condenar sino de advertir, de azuzar el alma dormida, que avive el
seso y despierte... Cuando la democracia y la libertad triunfan aparentemente
en un mundo liberado de regímenes autoritarios, retornan paradójicamente,
las censuras y las manipulaciones. Nuevos y seductores opios del pueblo
distraen a los ciudadanos en nombre de "el mejor de los mundos" y los aparta
de la acción cívica y reivindicativa. Y esta alienación
es consecuencia de unas tecnologías comunicativas que juegan ahora
más que nunca un papel ideológico de primer orden. El imperialismo
de la comunicación empieza a ejercer una auténtica opresión
sobre los ciudadanos. Todas estas advertencias constituyen las diferentes
tesis del libro de Ignacio Ramonet y su lectura es una tarea necesaria
por su intento esforzado de que abramos los ojos a lo que está ocurriendo.
La verdad es que esta obra cumple lo que se propone. Porque es imposible, después de leerla, permanecer por más tiempo en el sueño de la promesa inútil de la falsa utopía comunicativa cuyo vórtice es Internet. No trata el autor de ser un agorero más. Simplemente quiere cumplir con la responsabilidad del intelectual de decir la verdad como ya hace tiempo exigió Noam Chomsky. Ramonet ofrece en su libro ejemplos auténticos de manipulaciones increíbles a través de la televisión. Incluso de ensayos planeados para constatar hasta dónde puede llegarse con semejante poder. No es el apocalipsis lo que aquí se expresa. Es el aviso del oteador.
Ignacio Ramonet tiene una trayectoria profesional que le sitúa en una atalaya privilegiada para ver antes que otros. Especialista en geopolítica y estrategia internacional, director del mensual Le Monde Diplomatique y del trimestral Manière de voir. Profesor de Teoría de la Comunicación Audiovisual en la Universidad de París. Autor de varios libros sobre sociología de la comunicación. Parece que su esfuerzo intelectual está dedicado a la mirada atenta de la razón frente a la colonización ideológica que se nos está viniendo encima. Hasta el punto de que su primer capítulo lo titula con una oposición de conceptos sorprendente: comunicación contra información. De ahí analiza el papel de la prensa, de los poderes y de la democracia y -algo muy importante por lo que nos toca como docentes y periodistas- trata de definir qué es ser periodista hoy. Y alerta sobre una cuestión sumamente engañosa y paradójica: al periodista se le utiliza y se le manipula apabullándolo de información, atascando su capacidad de procesar esa información: "La cuestión está planteada. Si continúo añadiendo información, ¿no disminuirá mi libertad?, ¿la información hasta el infinito va a provocar la libertad cero, como antes?. Es sólo una pregunta, por supuesto, pero hay que plantearla hoy porque el sistema en vigor nos demuestra constantemente que la acumulación de información amputa la información. La forma moderna de la censura consiste en superañadir y acumular información. (...) Es algo nuevo porque hace doscientos años, desde el siglo XVIII, habíamos asociado más información a más libertad. Si ahora hay que empezar a decir que más información da menos libertad habrá que desarrollar otro mecanismo intelectual". (p.54)
Es curioso y más que útil comprobar como muchos de los últimos libros publicados en este fin de milenio coinciden en reflexionar sobre cuestiones y conceptos que creíamos ya sabidos. El hombre videns de Giovanni Sartori y su advertencia sobre el peligro real de la no supervivencia de las democracias; el posible "ocaso del periodismo" de Martínez Albertos si el periodista no defiende su ética profesional; el reclamo de "una mirada informativa" más amplia y más inteligente de la profesora Amparo Moreno; las últimas noticias sobre periodismo de Furio Colombo que él mismo matizó que era un manual de ética para los periodistas y un manual de autodefensa para los lectores; y, en fin, otras muchas de parecido pensamiento alertador protagonizan la entrada en el siglo XXI. No es pesimismo lo que se percibe en estas y otras obras precisamente, sino un encendido reclamo para la reflexión acerca de una profesión, el periodismo, que no debemos dejar morir de perplejidad ni de impotencia.