IndiceEstudios sobre el mensaje periodístico - Número 5 - 1999

Acerca de los cimientos del periodismo
Por Octavio Aguilera
 
 

OFA BEZUNARTEA, MERCEDES DEL HOYO y FLORENCIO MARTíNEZ (1998): 21 lecciones de reporterismo. Universidad del País Vasco, Bilbao. 550 páginas.


Por fortuna, la bibliografía sobre temas referentes a las Ciencias de la Información va enriqueciéndose por cuenta de autores españoles, por lo que ya podemos considerar que se están quedando atrás los tiempos en que forzosamente había que acudir a los "clásicos" extranjeros que todos hemos manejado (mejor o peor, que esto es harina de otro costal). Uno de los últimos títulos –21 lecciones de reporterismo-- acaba de salir de la Universidad del País Vasco y lo han elaborado Ofa Bezunartea, Mercedes del Hoyo y Florencio Martínez. El volumen, extenso, parte de una premisa: más relevante que enseñar a redactar, a escribir, es informar, seleccionar, jerarquizar, explicar, contextualizar, interpretar. Del todo cierto. ¡Cuántas frustraciones se evitarían muchos de los que acuden a las flamantes Facultades de Ciencias de la Información con la creencia --romántica y tópica-- de que el periodismo es, simplemente, literatura! (He insistido mucho en esta lamentable confusión, que incluso fomentan profesores que no han pisado un periódico en su vida, aunque ahora enseñen en las mencionadas facultades, y hasta lleguen a ser decanos de las mismas. Véase mi libro La literatura en el Periodismo, Paraninfo, Madrid, 1992, así como otros trabajos publicados en revistas científicas). Por ello, este manual pone el acento en la formación del periodismo informativo, lo que yo califico ante mis alumnos, acaso con un deje castizo, de la "madre del cordero"; es decir, aprender a distinguir lo noticioso, buscar los datos, jerarquizar la información, presentarla de acuerdo con las condiciones de los receptores, incluso tener un respeto reverencial a la difusión de textos que lo mismo encumbran que destruyen. Lo puntualiza la presentación previa, pero lo suscribo ad pédem litterae. Es decir: el libro aborda los cimientos por lo que se empieza a construir el edificio periodístico.

La profesora Ofa Bezunartea firma la primera parte del libro, que lleva el título genérico de "Redactar para informar". A lo largo de casi ciento cincuenta páginas, analiza los fundamentos de la profesión, destacando en primer término la responsabilidad de quien la ejerce, en la línea de lo que dijera Max Weber en El político y el científico (Alianza, Madrid, 1972): "Pocas fuentes saben apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y, por término medio, el sentido de responsabilidad del periodista honrado en nada le cede al de cualquier otro intelectual ".

Aceptado este valor social de la información, Ofa Bezunartea subraya el hecho de que el público es ya un sujeto universal de la misma, y que los periodistas son especialistas cualificados y los medios de comunicación instituciones organizadas que actúan como delegados. Insiste, pues, en la moderna doctrina defendida por casi todos los comunicólogos de que la facultad informativa reside en el pueblo, el cual delega su ejercicio en las empresas y en los profesionales del periodismo.

Particularmente interesante me ha parecido el capitulo 3, dedicado a la producción informativa, que, como sabemos, está mediatizada por las limitaciones de las empresas periodísticas, muchas veces sometidas a criterios capitalistas en detrimento de la función social a la que acabamos de referirnos. Me atrevería a apuntar que aquí podría también haberse tenido en cuenta el tremendo peso de la ideología empresarial, que yo he comentado en Las ideologías en el Periodismo (Paraninfo, Madrid, 1991), y perdón por autocitarme por segunda vez, pero ¿quién dijo que todo lo que no es autobiografía es mentira?

También objeto de muchas consideraciones podría ser el capítulo dedicado a analizar lo que es noticia, "algo no siempre nuevo", sino algo que suscite comentarios, que tenga repercusiones, que "dé que hablar". La profesora Bezunartea se apoya en una línea de autores tan prestigiosos como --para mí-- discutibles. En todo caso, discutibles dichas teorías, pero indiscutible la completísima síntesis que supone el meritorio trabajo de la autora, cuyo rigor es bien conocido --y reconocido-- por todos.

La segunda parte, "Lecciones de reporterismo", se abre asimismo con un trabajo de la profesora Bezunartea, que viene a ser una continuación lógica del discurso anterior, exponiendo, entre otras cosas, cuáles son los valores noticiosos, las peculiaridades del lead y sus variaciones, todo ello enriquecido con ejemplos prácticos. Detalle curioso, detalle rara avis: finaliza hablando de las notas necrológicas, una variedad informativa que prácticamente se pasa por alto en casi todos los manuales de periodismo.

En la página 369, toma el relevo el profesor Florencio Martínez Aguinagalde, para desarrollar un tema muy querido por él: la creación e interpretación. Y lo centra en la entrevista, este género subyugante, la crónica y la reseña. La agudeza y las dotes de observación del autor se ponen de manifiesto, bien que a veces se intuyan por mor de una palabra, de una observación, y, desde luego, del tono general (lo que los cursis de la gramática llamarían el contexto). También se apoya en abundantes ejemplos prácticos.

El último capítulo corre a cargo de la profesora Mercedes del Hoyo, quien se ocupa del uso de la lengua en el periodismo. La lengua es, por decirlo así, la herramienta de trabajo del periodista. De ahí, su capital importancia, que, por desgracia, no suele valorarse en su justa medida por parte del estudiante. Este capítulo ayuda a recordar desde las reglas de la ortografía y la prosodia hasta los aspectos de la sintaxis o de los barbarismos, siempre con la vista puesta en un objetivo deseable para un profesional: no ser pedante, pero -tampoco ser excesivamente coloquial. Otro -uno mas-- de los difíciles equilibrios de esta querida y odiada, alabada y denostada, alegre y pesarosa profesión que hemos elegido, pese y por encima de todo, porque, como dijo Vargas Llosa, es un vicio que odias pero del cual no puedes librarte. La contrapartida radica en que el periodismo es la existencia espiritual de nuestra época. Ya lo vio con toda lucidez el filósofo José Ortega y Gasset (el que reconocía que "puede que en el fondo no sea más que un periodista") cuando afirmaba que hoy no existe más poder espiritual que la Prensa.

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