Para un periodismo humanizado
Por María Jesús Casals
ENRIQUE MIRET MAGDALENA (1999): Occidente mira a Oriente. Barcelona, Plaza & Janés. 318 páginas
"Coja el lector este libro con calma, sin prisas, y dedique
un rato diario a su lectura, porque ha de vencer su falta de pensar, viviendo
como vive en una sociedad que no favorece la reflexión personal,
porque está avasallada por los medios de comunicación audiovisual,
la propaganda y la publicidad. Y sólo el pensamiento sereno puede
librarnos de seguir siendo unos autómatas de la sugestión
social. Porque ciertamente el hombre es una débil caña, pero
su fuerza está en que es el único ser de la creación
que es una caña que puede pensar"
Con esta introducción, Enrique Miret Magdalena, teólogo seglar independiente, escritor y periodista, nos invita y nos anima a penetrar en un mundo ciertamente desconocido por el que lleva transitando durante mucho tiempo. En realidad, el libro es el resultado de numerosas conferencias, artículos y coloquios. Y esa naturaleza didáctica, asequible, directa y clara, impregna esta nueva obra de Enrique Miret quien se ha propuesto el afán de ser leído y comprendido, el fin de transmitir conocimiento y la intención siempre loable de enterrar el prejuicio.
Occidente mira a Oriente es un libro muy necesario para todo aquel que no se conforme con no saber y no esté dispuesto a aceptar el repetir los tópicos, las medias verdades y los argumentos reduccionistas que invaden los medios de comunicación social. Por eso creo que la obra de Miret es muy necesaria para un periodista. Informar sobre el mundo requiere una sólida formación en muchas áreas del conocimiento. Y se olvida casi por sistema ese universo creado por las ideas y las creencias que diferencian y nutren a los pueblos; olvido que a veces se transmuta en alejamiento y desprecio. Desprecio creado por la prepotente ignorancia de creer que nuestro mundo, Occidente, es el mejor de los mundos posibles, y, sobre todo, el mundo de la razón. Obras como las de Miret están pensadas para combatir esa ignorancia dañina y la soberbia destructiva que engendra. Para erradicar ese tremendo mal que ha contaminado históricamente a tantos pensadores occidentales: el prejuicio. Y de paso, Miret desnuda el tópico: ese Oriente visto desde Occidente como suministrador de bienestar psíquico, un mercado más, otro argumento utilitarista. El mensaje de sabiduría y desarrollo humano que podemos aprender de Oriente desde Occidente - explicado a través de la filosofía hinduista- es la intención última del libro de Miret Magdalena.
Otra cuestión fundamental para un informador es conocer un poco las enseñanzas doctrinales de las tres religiones más influyentes: cristianismo, judaismo e islamismo. ¿Cómo comprender la historia y el presente sin esos referentes tan determinantes? ¿Cómo no sonrojarse cuando se equipara por culpa de los titulares informativos al Islam con el terrorismo armado o el terrorismo institucionalizado? Uno de los primeros errores que Enrique Miret trata de subsanar con la elegancia intelectual que le caracteriza es la idea equivocada que desde Occidente se mantiene respecto al mundo islámico. La religión del Islam, razona Miret, "no es la que difunden los violentos grupos fundamentalistas e integristas, que constituyen sólo una minoría. Su fuerza verdadera es la espiritualidad sencilla, pero viva, que difunde" (p. 258) Sin embargo, ¿cuántos reportajes nos informan acerca del alcance y significado de esta espiritualidad? Lo habitual es la narración de la violencia integrista y eso es lo que queda. Supongo que no podemos permitirnos tanta desinformación sin preocuparnos por reclamar un intento, aunque sólo sea intento, de equilibrio.
Otra cuestión que propone Miret es la de aprender a evaluar nuestra cultura occidental -tan opulenta en medios- con ojos más sabios: "En nuestro mundo no se fomenta la relación entre los seres humanos, somos "una muchedumbre solitaria". No nos entendemos, no nos comunicamos de verdad; sólo somos carne de cañón de las influencias que se nos transmiten a través de los medios de comunicación" (p.58) Miret hace una distinción también muy interesante y es la que se refiere a la noción de soledad. La soledad creativa y necesaria, o el sentirse solo. La filosofía oriental nos señala el camino de la meditación reposada para esa necesaria soledad creativa; nuestra cultura occidental, sin embargo, nos envuelve con ruido para que no nos percatemos nunca de que estamos muy solos.
Buda, Mahoma, San Juan de la Cruz, Cristo, los Sutras de Kalama, Pascal, Rilke, Heidegger, Ben Árabi, Dante... y muchos más transitan por el libro poniendo de manifiesto sus semejanzas y las interacciones del pensamiento. La obra de Miret es la gran síntesis estudiosa sobre el legado cultural de las religiones y su responsabilidad social. Y, como aportación personal, Miret Magdalena propone una renovación del concepto de Dios, "necesidad que salta a la vista tras lo dicho sobre estas filosofías prácticas de la vida, convertidas con frecuencia en detentadoras de un Dios más sátrapa oriental que liberador de los oprimidos por el sufrimiento y la injusticia" (p.13)