REDES Y SOCIO-PRAXISTomás R. Villasante. Director del Magister "Investigación, Gestión y Desarrollo Local". Universidad Complutense. Madrid.
El análisis de redes frecuentemente se ha quedado en un debate sobre algunas técnicas cuantitativas o cualitativas, tratando de encontrar matrices más completas de datos de lo reticular de la vida cotidiana, o de descubrir sentidos profundos que se esconden en las conversaciones o los comportamientos observados. Pero las relaciones de cotidianeidad y proximidad están fluyendo de continuo y aparentan numerosas contradicciones. No se dejan aprehender ni en datos completos, ni en sentidos e identidades claras. Se ha avanzado hasta donde se podía , teniendo en cuenta las propias limitaciones de la recolección de datos ("cuentas") y de la interpretación de textos ("cuentos"). No queremos tanto solucionar estos problemas en su debate interno, sino pasar del campo del diagnóstico a los campos de la proposición y evaluación por la praxis. El análisis de redes se muestra mucho más fecundo en las estrategias constructivas y participativas de la realidad social. Se trata de dar un sesgo más dinámico y procesual a los grafos/redes que ilustran las relaciones entre los grupos e instituciones, y para ello necesitamos informaciones sucesivas tanto de informantes cualificados como de muestras representativas de la población en general. Hasta la fecha el análisis de redes ha tenido distintas tradiciones académicas donde se ha desarrollado. Como una técnica más se ha inscrito en las teorías del Status-Rol (sociología), o del Ego-Parentescos (antropología), pero apenas ha intentado constituirse con su propia lógica, y tratar de dar sus propios frutos. La gran baza de lo reticular está no tanto en su capacidad de fotografiar una realidad coyuntural, o de explicar las influencias internas entre familias y las amistades nuevas en sociedades complejas. Lo que nos permite graficar las relaciones es construir un "mapeo" de las tendencias de cada sujeto/actor en situación, y por lo mismo las alianzas que existen y que pueden existir de cara a las estrategias de futuro. Y ver así como las decisiones no son tanto cuestiones de Status-Rol (demasiado genéricas y abstractas) ni tampoco solo de Ego-intersubjetivas (demasiado culturalistas o psicologistas), sino en función de las propias relaciones y estrategias que están operando. No se trata de juegos donde podamos tener todos los elementos bajo control, ni de suma cero, sino abiertos a muchas potencialidades, algunas de las cuales incluso se crean por la propia investigación. Así pues nos hemos aventurado a realizar un constructivismo reticular y participativo aprovechando buena parte de los conocimientos existentes. A) En la tradición británica de Barnes, Mitchell, Mayer, etc. encontramos una primera orientación de interés. En Barnes la definición de "campo social", que luego aparecerá también en Bourdieu, por ejemplo. En Mitchell la distinción entre "relaciones estructurales", "relaciones categoriales" y "redes personales", que permite entender una primera matriz compleja entre estos tres elementos. Es interesante salir de las dicotomías simplificadoras y plantearse la inter-acción entre elementos básicos de la estructura, de los proyectos, y su concreción en redes cotidianas. En Mayer hay aplicaciones al campo electoral (Dewas, India) de las redes personales que inician e indican la forma de las comunicaciones reticulares para un campo específico. Así se entra en la formación de "cuasi-grupos" y sus dinámicas, y sobre todo el concepto de "conjunto de acción" que será central para nuestras propuestas estratégicas dentro de las redes en situación con las que trabajamos. Al plantearse en lo concreto estos conjuntos de acción aparecen distintos niveles de relaciones (primarias, secundarias, etc.) en la comunicación cotidiana, que vienen a coincidir con lo que nosotros distinguimos entre los tipos escalonados de códigos de expresión (imágenes, ideológicos, estereotipos, silencios) que hemos venido constatando entre sectores más informales y más formales de la sociedad. Es a partir de estas relaciones de comunicación cotidiana desde donde se pueden reinterpretar todos los datos y explicaciones posibles de las conductas. Por eso aún nos parecen estos antropólogos muy anclados en las teorías del Ego como centro de las relaciones y en el rol que depende del estatus, cosas que creemos que se pueden superar. B) Por otro lado encontramos en autores como Giddens, Bourdieu, etc. la preocupación por salir de la estructura de clases como único determinante del comportamiento social. En Giddens aparecen la categoría de "agencia" y se plantea un "doble vínculo" para poder explicar, entre estructura y agencia, los comportamientos. En Bourdieu, aunque cuando se habla de redes no se precisa su forma concreta, si se plantea la existencia de tres elementos interconectados: "...la relación entre las posiciones sociales (concepto relacional), las disposiciones (o los habitus), y las tomas de posición, las "elecciones" que los agentes sociales llevan a cabo..." Es decir que entre el espacio social/capital económico y el espacio simbólico/capital cultural, hay, en su cruce unas disposiciones que se han ido construyendo reticularmente en lo cotidiano y concreto. "Lo real es relacional" y en este sentido introduce la noción de "campo del poder" no en sentido político, sino como conjunción entre: a) el espacio social de las posiciones en la estructura, b) los habitus o disposiciones construidas, y c) los intereses o proyectos a realizar. Los estilos de vida son el resultado de un campo social de fuerzas donde lo relacional lo es por triplicado. El problema es que "a cada clase de posiciones corresponde una clase de habitus" según dice y esto parece una determinación o correspondencia muy poco flexible. Además en los dos ejes "capital económico/ capital cultural", donde sitúa los estilos de vida en relación con las posiciones, a los "estilos"/ "disposiciones"/ "habitus" no parece darles una capacidad propia de construir nuevas dinámicas. Es en este punto donde creemos que lo reticular puede avanzar dimensiones más operativas. C) Y las nuevas dinámicas que pueden surgir de unas relaciones reticulares concretas es precisamente lo que más nos interesa. En las tradiciones norteamericanas el impulso ha ido por este lado hasta hacerlo bastante autónomo de otros condicionantes. Todo se llegará a explicar por las combinaciones de relaciones densas o débiles, recíprocas o no recíprocas, etc. El desarrollo de las socio-matrices y de la teoría de grafos ha contribuido a hacer avanzar estas interpretaciones, demostrando que las cuestiones de forma (reticular) no son puramente formales. Pero las dinámicas de estas relaciones tampoco pueden pretender explicarlo todo. Lo que más nos interesa son las relaciones entre las relaciones fuertes y su encerramiento en si mismas por reciprocidad mutua y acumulativa, las relaciones no recíprocas (débiles) y su fuerza potencial (Granovetter). Esto, como se verá, da un enorme juego a la posible reversión de estrategias en las diversas situaciones de los conjuntos de acción. Pero lo primero es ser conscientes de las propias limitaciones en las que a veces caen análisis reticulares: a) Hay una capacidad propia del juego de redes y de los conjuntos de acción, que deriva de los habitus construidos desde la familia (y en las sucesivas instituciones), pero este sistema reticular ha de cruzarse con los eco-sistemas que lo condicionan previa y externamente, como son las estructuras socio-económicas por un lado, o por otro lado la diversidad de proyectos, ideologías, deseos sociales que están enfrentados en cada sociedad. b) Nos centramos más en las relaciones que en los individuos o soportes de estas, pero estas redes han de tomarse en su conjunto, no tanto contar exactamente cuantas veces se vio una persona con otra, sino la forma del conjunto de todas ellas, el predominio de unas sobre otras, las tendencias, conflictos, dependencias, etc. Una matemática más topológica, fractal u hologramática, que los números euclídeos. Los algoritmos acumulativos son interesantes pero cuantifican mucho y cualifican poco las redes y sus sentidos operativos. c) En la disputa sobre si cuantificar o cualificar los grafos que nos muestran las redes seguramente hay que hacer las dos cosas, pues dada la imperfección de cualquier estimación nada sobra, pero el problema de fondo no es tanto acumular más información sino que esta sirva para algo. En este sentido es previo el encuadre participativo y operativo de quién interviene en la valoración de objetivos y de mediciones, y para qué se interviene teniendo en cuenta los campos de confrontación habituales. d) En todo juego de comunicación cotidiano hay siempre mezcladas estrategias vitales (no siempre conscientes), "campos del poder", redes culturales, pretensiones de quedar bien, etc. Las hegemonías y contra-hegemonias de que hablaba Gramsci siempre están pugnando en lo cotidiano, como los situacionistas, las feministas, y los etnometodólogos nos recuerdan. Tomamos el concepto de "mapeo" que Paulo Freire aplicaba a la pedagogía y la socio-política, cuando distingue entre los "de confianza", los "diferentes" y los "antagónicos", y cómo establecer alianzas entre unos y otros. Las posibles transformaciones se producen cuando los "nuestros" tienen redes densas, se crean vínculos con los "diferentes" pero no antagónicos, y cuando los problemas surgen en las relaciones internas de los "antagónicos". Solo así hay probabilidades de que cualquier proyecto sea transformador de las realidades existentes, y por lo mismo sus contenidos deben definirse a partir de un análisis de redes de este tipo. Las relaciones "débiles" (Granovetter) van a aparecer entonces, mostrando su fuerza, para aglutinar por un tema circunstancial a los diferentes (e indiferentes para otros temas), frente a los antagónicos a los que se le crean problemas internos, al resquebrajarse algún aspecto de su dominación. En esta lectura/interpretación de los "campos del poder" lo que destaca es la dimensión dinámica de los diferentes "conjuntos de acción" en situación, y también su operatividad para resolver algunos bloqueos de los conflictos en presencia. La fuerza está en la complejidad/paradojas de las redes. Nos situamos en un caso práctico muy repetido en todo tipo de investigaciones. Cuando entrevistamos a un grupo, o una persona, en los primeros minutos suelen adoptar muchas precauciones como ante un examen escolar. Hay una tensión latente y contestaciones genéricas (que repiten los lugares comunes más habituales). Luego es posible que se vaya relajando la tensión y van saliendo algunas opiniones más personales, es decir, las tensiones de redes también están en todo este tipo de conversaciones. Pero lo más llamativo en no pocas de estas entrevistas, sobre todo si son muy largas, es que aparezcan opiniones contradictorias/paradójicas en las mismas personas o en los mismos grupos. Cuando al principio por ejemplo, se pedía más policía para el barrio, luego se critica que cuando esta policía vino al barrio pego indiscriminadamente a cualquier persona; o después de dar argumentos radicales en una conversación como alternativas para el país, se indica que en realidad vota moderado; o aquella otra persona que con argumentos y verbos autoritarios afirma que hay que ser tolerantes, etc... Todo esto nos indica que en una misma conversación no están opinando las identidades/coherencias de unos individuos, sino en cada caso las redes en que tienen sentido esas opiniones:
Para poder establecer un proceso de seguimiento de estas redes, con las que trabajar, lo primero es hacer un primer cuadro interpretativo o matriz donde nos entren las que suponemos que son las principales variables. Contar con un grupo inicial de colaboradores voluntarios que sean informantes con quienes intercambiar la marcha de la investigación puede demorarnos algo el trabajo, pero la investigación/programación va ganar sin duda en precisiones y contrastes (aparentemente anecdóticos pero muy determinantes en ocasiones). Es decir, podemos empezar por un taller donde reunamos a aquellas personas con quienes poder hacer un primer "mapeo" de la situación: identificar algunos intereses estructurales condicionantes, y los objetivos declarados de unos y otros, y dentro de esa matriz ver como se vienen moviendo las distintas redes de cotidianeidad y conjuntos de acción. En el inicio de una investigación o de una programación siempre hay un demandante de esta, con un presupuesto de tiempos (y de medios), un técnico o equipo, y unas redes de personas a investigar, o a programar para ellas. Se habla muy poco de estos momentos iniciales y de las tensiones y condicionantes que se crean para todo el trabajo, pero es donde está la mayor parte de la carga de lo que se puede conseguir según como se enfoque. Con quién demanda se debe formalizar una "comisión de seguimiento" para ir negociando el marco en que se mueve nuestro trabajo, pero no es conveniente que interfiera en el día a día del equipo grupo "investigador/programador". No porque no se quiera participación de la comunidad sino precisamente porque no se distorsione mucho nuestro contacto con las redes al acompañarnos personas significativas. Aplicar el análisis de redes a estos trabajos conlleva que las relaciones de seguimiento deben ser distanciadas y no distorsionadoras. Las redes preexisten a que nosotros lleguemos a estudiar el caso. Hay personas que viven en ellas y que conocen cómo y donde se anudan varias de las retículas existentes, por lo que nos resultarán muy útiles si las conseguimos como "colaboradores voluntarios". Formar un grupo de este tipo que acompañe el proceso siempre nos ha sido muy conveniente pues nos traduce códigos locales, nos informa de hechos complementarios, etc. Los "expertos-convivenciales" vienen a completar nuestra tarea de "expertos-metodológicos", y por otro lado también serán necesarios los "expertos-temáticos", es decir, aquellos técnicos que saben de los temas en cuestión que se requieran. La confrontación entre diferentes tipos de experiencias/expertos siempre es muy creativa, y cuando se trata de articular estrategias es aún más recomendable. Mas adelante pasaremos a revisar los "planes estratégicos", técnicas "DAFO", "Delphi", etc. de programación, pero baste adelantar aquí que todas ellas se basan en construir consensos a partir de diversos tipos de expertos, aunque no suelan usar el análisis de redes más que intuitivamente. El problema con los expertos-convivenciales o colaboradores voluntarios es que nos puedan también sesgar nuestro planteamiento por sus propios prejuicios. Por eso, para hacer un primer "mapeo" lo primero es triangular las informaciones con los puntos opuestos de los sistemas de opinión y conductas. Además de conocer la posición de el demandante y de los colaboradores, hay que buscar la opinión del grupo más opuesto a ellos (y normalmente rival), y además ir a completar estas visiones con las de grupos representativos de la gente de la calle (pandillas o amas de casa u opiniones de bar). Es decir triangular el campo de los comportamientos y las opiniones desde los presuntos extremos, ya que luego siempre habrá posibilidad de irlos rellenando. Demandantes/seguimiento Expertos-convivenciales Rivales-opositores Pandilla de jóvenes Amas de casa Varones adultos Este ejemplo podría ser valido para una comunidad local pero no para un centro de estudio o de trabajo, en que habría que buscar también cómo triangular unas primeras posiciones que inicien el proceso de programación. Sin duda en cualquier caso estudiado van a aparecer muchos más grupos, entidades, sectores informales, etc. Lo que nos interesa no es ningún grupo o cuasi-grupo en concreto sino el tipo de relaciones que se han producido, o que se están produciendo, y para eso lo mejor es observar o preguntar por un acontecimiento concreto, suficientemente conocido por la mayoría (un "analizador"). Hay hechos en cualquier colectividad que influyen decisivamente en el posicionamiento de las redes: este "analizador" sería como el "ego" ordenador para los antropólogos de redes. Este suceso/analizador al ser algo que rompió los hábitos cotidianos, y obligó a posicionarse en la red de distintas formas a cada posición, viene a contrastar con los habituales comportamientos, por lo que también nos muestra tendencias pasadas y contrastes. Nosotros mismos como expertos-metodológicos nos podemos constituir (queriendo o sin querer) en analizadores en situación. Una forma rápida y operativa es montar un taller en un fin de semana o de unas cuantas tardes en donde se juegue a reconstruir estos "analizadores históricos", con unos "mapeos" de las redes y conjuntos de acción actuales, de cara a los objetivos propuestos. En relativamente poco tiempo se pueden grabar algunas entrevistas (incluso con vídeo para captar distintos sentidos de lo dicho) y devolverlas en un taller/seminario de trabajo con los primeros expertos-convivenciales que se presten a colaborar. En una pizarra o similar se puede construir un borrador de mapeo de redes y las diferentes estrategias en juego. Objetivos (¿para qué?) Proyectos/ Estrategias/ Ideologías --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- / ¿Tradicionales--------Intermedios---------- Progresistas? Espacio / Social / Socie- (¿para / dad G I I quién?) / de G G G Estratos / los S G socio- / 2/3 S económicos,/ S G B G S hábitat, / ---- clases y / Tercio B S S B G bloques / infe- sociales / rior. B S S B Las letras (I, G, S, B) indican distintos tipos de códigos de comunicación/lenguajes que se nos muestran en nuestras investigaciones empíricas ( (I) Imágenes del poder, (G) Grupos que actúan por ideologías, (S) Sectores en torno a estereotipos, y (B) Bases más o menos silenciosas). Lo que no hay todavía construido en esta matriz son las relaciones entre los elementos, y tampoco los conjuntos de acción en que se agrupan estas redes, que es lo principal. Según los objetivos que han sido propuestos las relaciones se muestran densas y recíprocas en torno a dos o tres instituciones o grupos, y en conflicto entre algunos sectores o grupos, habiendo además muchos grupos, sectores o bases desvinculados o débilmente conectados con los principales conjuntos de acción. Todo esto es lo que hay que construir precisamente en esos talleres participativos, a partir de aquellos datos de entrevistas y acontecimientos más referenciados documentalmente. Se trata de un primer esbozo, donde se fija sobre todo el campo de los objetivos propuestos. Esto se hace no aisladamente, sino en función del abanico de objetivos existente, de los intereses de la sociedad de los 2/3, y de la presencia de un tercio inferior en la estructura socio-económica, que por su desorganización no suele contar en estos análisis. Las dos preguntas clave de toda investigación/programación son: ¿para qué? y ¿para quién?. Luego vendrá el ¿cómo? que ha de resolver la situación. Pero lo inicial es no dejar los objetivos en su pura abstracción al margen de los intereses, los posicionamientos ideológicos, o los grupos en presencia. Aquí se obliga a una primera valoración de lo propuesto teniendo en cuenta la estructura socio-económica y los bloques sociales de un lado; y del otro, la formación histórica de grupos y poderes estratégicos e ideológicos. No nos parece que en un primer momento haya que tratar de agotar la precisión de este "mapeo", pues para hacerlo aún debemos hacer un trabajo de campo donde aparezcan otras informaciones más rigurosas y trabajadas sobre las distintas relaciones y sobre las distintas propuestas. Solemos comenzar por un cierto matiz autocrítico de nuestros propios objetivos, los de nuestros demandantes, y los de los colaboradores en estos propios talleres. Cuanto mayor clima de transparencia y profundidad consigamos mejor irá el estilo de la investigación y la programación. Por eso estos primeros pasos son tan importantes. Pero la clave para poder proponer cambios no está en las estructuras marco en que nos movemos o en cómo se construyeron históricamente, según los analizadores históricos, sino en la dinámica de las relaciones entre los elementos considerados. No se pretende que cambien los grupos o las personas, sino las relaciones, los conjuntos de acción. Si conseguimos que se reorganicen las redes de vínculos para estos objetivos, de tal manera que los conjuntos de estos elementos se muevan a la acción, entonces hay grandes probabilidades de que funcionen las propuestas. Aunque las propuestas sean muy interesantes "científicamente" si no hay quien las respalde, o solamente lo hace algún grupo o sector aislado, no sirven de nada operativamente. Por eso el método de fijar unos primeros objetivos, pero siempre en función del abanico de posiciones que hay realmente en presencia. Lo cual tiende a propiciar una primera tarea de cierta autocrítica entre los participantes (demandantes, colaboradores, nosotros mismos). Es bueno empezar por un estilo de trabajo no pretencioso, y que dé cierta confianza entre los que se pueden sincerar más entre sí. El espacio social nos muestra por estratificación socio-económica, por hábitat, y por clases, muchas contradicciones de la "sociedad de los 2/3", no solo con el tercio marginado y dependiente, sino también entre los productores y los capitales financieros, por ejemplo. Sin embargo estas contradicciones apenas aparecen en superficie, mientras los enfrentamientos entre equipos de fútbol, entre regiones, entre religiones o formas culturales continuamente dominan las conversaciones y los comportamientos. Y esto es así porque los "conjuntos de acción" agrupan intereses interclasistas, y en un equipo de fútbol pueden emocionarse juntos un gran financiero y especulador con un obrero radical frente a los del "conjunto de acción" rival. De esta forma se reproduce la sociedad neutralizando los conflictos de fondo con otros conflictos de la cotidianeidad que agrupan a las redes en sentido inverso al de sus intereses estructurales. Las culturas patriarcales aprendidas afectivamente en las familias inician estas filiaciones que luego se van ampliando con otras afiliaciones, rivalidades, miedos, confrontaciones, etc. Lo importante es entender que tal complejidad de contradicciones/paradojas entre unas redes y otras lejos de ser una dificultad insalvable, es precisamente el mejor caldo de cultivo donde también pueden aparecer nuevos conjuntos de acción que agrupen de otra manera los intereses de una sociedad dada para un tema concreto. Además de las grandes afiliaciones cada persona y grupos está en otras redes también, y en alguna de ellas puede surgir una propuesta que movilice las voluntades para un cambio. La tendencia general es a la reproducción de los patrones aprendidos, pero algún "analizador construido" puede intervenir precisamente desde algunas relaciones "débiles" para reordenar las confianzas y la percepción de los intereses, de tal manera que surjan aquellos que están más escondidos o latentes. Todo el mundo sabe que el paro es una lacra para la sociedad, pero si no se hace nada no es por no saberlo, sino porque no hay confianza en que lo queramos hacer todos a la vez. No vamos a cambiar con ninguna investigación o programación la estructura socio-económica, ni las tradiciones culturales, pero si se pueden proponer algunas programaciones para que se dinamicen mejor estas estructuras, las ideologías y los conjuntos de acción en presencia. No es condición suficiente pero si necesaria para cualquier cambio social. Hasta dónde y en qué dirección operen esas dinamizaciones ya no es cuestión que podamos predecir, sino características de las conductas de los propios sujetos implicados y sus circunstancias condicionantes (si reforman algo lo existente, o si se desbordan en "efectos mariposa" transformadores, etc.). Programaciones integrales desde las redes construidas y en reconstrucción. En la formulación de planes estratégicos, de planes de urbanismo, de planes integrales, etc. se suelen usar una serie de técnicas que explícitamente buscan crear consensos entre sectores muy diversos, a fin de que la empresa, la ciudad, el sector de política social correspondientes,etc. puedan contar con estrategias depuradas y participadas con la propia población. Se suele utilizar las conocidas técnicas DAFO o FADO (un cuadrado con cuatro posiciones: Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades) y unos talleres con diversos tipos de expertos que rellenan, en debates sucesivos, estas características para cada caso. A veces también se utiliza la técnica Delphi, sobre todo cuando los técnicos no pueden acudir a reuniones presenciales, y entonces por correo se plantea tanto cuales son los términos del debate como cuales son las puntuaciones que merecen cada elemento del diagnóstico o de la planificación, comprometiéndose un equipo central a reenviar a todos los participantes todas las posturas detectadas. Lo más común es que se den mezcladas diversas técnicas según los casos, incluyendo también los "diagramas Ishikawa" (o "espina de pescado", porque a un proceso central se le van añadiendo aportaciones afluentes laterales), u otras como los "grupos nominales" (donde se trata de partir de las reflexiones individuales para gradualmente ir llegando a debates más amplios y constructivos). Cualquiera de estas técnicas se puede combinar para programar una vez que se han aclarado los ¿para qué? y ¿para quién? que desde las redes en presencia nos planteábamos. Pero también las podemos reconstruir desde nuestros intereses en trabajar con redes y conjuntos de acción concretos tal como venimos enunciando. ¿Es posible en nuestro mundo hablar de valores abstractos como si estos estuviesen al margen de sujetos y de redes concretas de intereses y de culturas? No solo los objetivos vienen de construcciones reticulares, sino también los planes y programas han de ser llevados a la práctica en redes con unas conflictividades determinadas. Programar la concreción de objetivos sin tener en cuenta de manera central y previa, estas redes ya constituidas, es muchas veces hacer puros actos académicos sin valor operativo. El problema no está en los valores, ni en los objetivos, ni en los sujetos sociales, sino en dejar pasar el análisis de las relaciones entre ellos, sus conflictos previos, sus afinidades, etc. (el autodiagnóstico) En la matriz que hemos presentado esto se provoca explícitamente, mientras que en un cuadro DAFO tiende a quedar oculto en un ambiente general de intereses colectivos y de neutralidad de los técnicos. Además la mayoría de estas técnicas tienden a una simplificación y jerarquización de los consensos, tratando de encontrar una ecuación básica, una explicación sencilla que desparadojice las contradicciones que se nos han presentado. En nuestra interpretación no se trata de encontrar las identidades centrales de cada grupo, sino precisamente sus paradojas y contradicciones, que vienen dadas por su red de relaciones. Y desde el puzzle de todas esas paradojas complejas en juego poder ver algunas vías de articulación viables para algunos de sus conjuntos. Estudiar cómo relaciones débiles se convierten en fuertes, es decir, cómo la actividad de unos técnicos de la universidad recién llegados pueden introducir un elemento nuevo en estrategias bloqueadas desde hace muchos años, por ejemplo; o cómo una actividad folklórica realizada por colectivos de mujeres o de jóvenes puede iniciar procesos innovadores, que desde algunos conjuntos más bloqueados de las redes son incapaces de abrir. Por otro lado lo que suele ser más habitual es practicar una serie de tácticas muy concretas, yuxtapuestas entre sí, para realizar por distintos equipos de expertos, pero donde las conexiones entre ellas no son el elemento central del plan. La jerarquización que se plantea, en el mejor de los casos, es de una lógica de causa-efecto sobre cada medida adoptada con unos fines específicos pretendidos. Pero, en general, poco se estudian las sinérgias que se desencadenan al anunciar unos objetivos determinados, en unas redes de relaciones muy entrelazadas y conflictivas, y cómo el anuncio de estos planes incide sobre las propias causas diagnosticadas modificándolas. Por ejemplo, aún siendo los mismos los objetivos y las técnicas a desarrollar, el proceso no se producirá igual dependiendo de quienes sean los encargados/responsables que lo protagonicen, y del contexto de relaciones en donde tengan que actuar. Un último cuestionamiento a estas formas de planeamiento más habitual tiene que ver con la misma lógica de querer tener todo muy planificado. Parece como que el proceso fuese más científico si nada quedase fuera de las previsiones de los técnicos y de lo programado. En nuestras prácticas, más basadas en las relaciones que en valores abstractos, lo que pretendemos es aumentar las probabilidades de que se generen procesos abiertos, creativos y participativos, en torno a los objetivos que se han negociado previamente. Nunca se puede saber a ciencia cierta cual va a ser el desarrollo en toda su dimensión, pero sí quienes con mayores posibilidades pueden impulsarlo, y alguna articulación de temas centrales que más conjuntos de acción aglutina en potencia. Por eso hablamos más de objetivos y de procesos abiertos que de fines o metas determinados, y nos preocupan más las redes y los conjuntos de acción que han de dinamizar tales procesos que los valores o fines genéricos que suelen ser proclamados. Actuaciones locales pueden no salir de sus ámbitos, pero también pueden pasar a articularse con otros procesos, que a su vez influyan en lo regional o más general. Postulamos unos procesos de programación que incluyen: a) la reflexividad de lo que se propone, frente a la linealidad causa-efecto determinista; b) la praxis desde las redes construidas y en reconstrucción, frente a la proclamación de valores abstractos; c) los procesos abiertos a las sinérgias de otros procesos, frente a planificaciones encerradas en si mismas (solo sectoriales o solo localistas); y d) la complejidad como virtud que recupera las paradojas en que nos relacionamos y vivimos, frente a la simplicidad de fórmulas únicas que pretenden reducir el comportamiento a algoritmos y medidas de identitarias más que relacionales. Nos parece esta posición más científica porque, para empezar, es autocrítica con los propios instrumentos y sujetos de la medición y con sus propias posibilidades. En segundo lugar es más científica porque se centra en las relaciones, sus mediaciones, y sus procesos más que en la aparente identidad de los elementos. Por último porque prevé un sistema de verificación continuo, desde el principio hasta el final (participativo), de posible corrección de los procesos sobre la marcha. Sobre la base de unos primeros objetivos y de un primer diagnóstico de redes, se pasa a ampliar esta información mediante trabajo de campo en las redes objeto de la investigación. Es decir, conversaciones, observaciones, participaciones, desde muy diversas relaciones. No sólo desde diferentes informantes, sino también desde variadas formas de presentarse del equipo de trabajo (grabadora, informalmente, cámara vídeo, reunión en un salón, etc.). Esta muy rica complejidad de relaciones es la que se trata de devolver/verificar en un segundo paso, por ejemplo, en unos talleres/seminarios que podemos convocar para hacer una primera programación de lo que debemos realizar después. Lo importante de esta devolución es que sea a) de debate, b) representativa, c) no paralizante. Y las prácticas de programación deberían responder a estos requisitos. a) A estas alturas de una investigación el equipo de trabajo y sus colaboradores ya no son elementos enteramente externos, y han pasado a ser un elemento más de las redes de relaciones que juegan entre los conjuntos de acción. Pero su papel no tiene porque haberse identificado con uno de los bloques o conjuntos, sino que ha de buscar colocarse en un papel mediador, desde las relaciones débiles que se le deben suponer. Es decir, que el debate de devolución de los análisis realizados debe poder convocar a la mayoría de los elementos que interesan para una nueva red de relaciones. Los talleres o seminarios o actividades a realizar ya son en si mismos un cuasi-grupo o un proto-conjunto de acción de lo que se prevé que serán los núcleos animadores de las relaciones que se tratan de potenciar. Además el debate es necesario para no reducir la complejidad de los análisis y de las propuestas que se empiecen a realizar. Inevitablemente algunas reducciones hay que hacer para podernos entender, entre los distintos códigos en que nos expresamos unos y otros, pero esto no tiene porqué ser una tesis para un tribunal universitario, sino unas guías para la acción de las redes implicadas en cada caso concreto. El debate debe aportar matices y aperturas sobre cada una de las relaciones examinadas, y sobre todo de cara a las potencialidades de las propuestas que vayan surgiendo. No es un debate para ver cómo están las cosas, sino para ver cómo las podemos cambiar con una programación. Es decir, cómo cambiarían las relaciones, entre los conjuntos de acción, y los colectivos, y sectores no vinculados, según los diversos proyectos temáticos. b) La forma de buscar una cierta representatividad no puede ser única, pues buscamos combinar relaciones de muy diverso tipo. Nos interesan relaciones de los expertos-convivenciales que puedan ser motores de la acción social, tanto como relaciones de sectores de base (no muy implicados) para ver cómo puede ser recibido un proyecto, y también relaciones institucionales que pueden determinar apoyos o bloqueos a lo programado. En cada caso será una combinación diferente, no sólo según nuestras intenciones sino también según las disponibilidades de la propia gente a acudir. Como hemos dicho la investigación ya se ha podido convertir en un propio analizador construido dentro de las redes en situación. Los N.I.P. (Núcleos de intervención participativa o "células de planeamiento") obtienen una muestra representativa de unas 25 personas que sacan de los padrones locales, y a los que consiguen pagar la asistencia a estas sesiones de debate sobre temas de gran impacto en un municipio o comarca. Es una forma rápida y representativa para contar con las redes más de base de una localidad, cosa que habitualmente no se suele hacer. Si se dispone de más tiempo, o de menos dinero, también se puede hacer una tipología de estos grupos de personas y convocarlos, o irlos a entrevistar, si no acceden a acudir a las reuniones de debate. Lo importante no es que sean muchas las entrevistas, o las reuniones de grupo, sino que recojan las 5 o 6 posibles relaciones conflictivas que puedan darse en cada caso concreto. c) Otras formas representativas son los sistemas electorales que estén vigentes en cada caso, o hacer un referéndum, o una encuesta. Tener en cuenta estas formas es relativamente rápido pero implica reducir el debate a fórmulas muy simples o incluso anularlo. Puede ser más interesante una recogida de firmas (o "iniciativa legislativa popular") si lo que se quiere es un amplio debate desde las bases más informales, pero en este caso claramente se dilata durante mucho tiempo el poder contar con el apoyo social, por lo que de hacerse se debería dejar para etapas posteriores de la programación. Sobre todo importa no paralizar los procesos, y al tiempo dotarlos de retroalimentación desde las opiniones de las bases sociales y desde un amplio grupo de colectivos implicados. Por esto la devolución debe centrarse en crear espacios donde se den estos encuentros: la construcción de un conjunto de acción de aquellas relaciones más favorables a desbloquear la situación considerada. Apoyándose así en suficientes grupos que las animen, y apoyándose en las opiniones complejas y/o estereotipadas que surgen desde abajo, desde los sectores más informales y desarticulados. Los contenidos temáticos se cruzan con los conjuntos de acción. Hasta aquí poco hemos hablado de los contenidos de la programación, en parte por la crítica que hacemos a sus excesos con tantas declaraciones abstractas, y en parte por la necesidad que hemos argumentado de vincular tanto los objetivos como las propuestas concretas a las redes y conjuntos que han de viabilizarlos. Pero esto no quiere decir que no tenga importancia elegir los contenidos temáticos, priorizarlos y articularlos. Para esta tarea además no bastan las redes locales, ni los expertos-convivenciales, ni los expertos-metodológicos, pues además necesitaremos hacer una serie de entrevistas a expertos-temáticos. Es decir contar con otras experiencias que ven más allá de lo local y de lo inmediato. Muy a menudo estos expertos tienen un papel central en los planes estratégicos, urbanísticos, integrales, etc. pero aquí se les reserva un papel más circunscrito para plantear un abanico de posibilidades al servicio de unas relaciones auto-construidas. Los expertos en cada tema concreto son personas que se han de ir a buscar para hacer entrevistas particulares, o para que participen en seminarios específicos, en el contexto de procesos que tienen sus propias lógicas participativas. La participacipación de las redes implicadas es lo central del proceso, y la ayuda es la de estos expertos externos, y no al revés que es como suele plantearse y desarrollarse. Los expertos no tienen porque ser personas que entiendan cómo hacer procesos de participación o cómo funcionan las redes locales, para eso están los expertos metodológicos, y en consecuencia han de saber adaptarse a lo que se les requiera en cada momento. Que será en función del presupuesto, de su capacidad de colaborar voluntariamente en entrevistas, por ser funcionarios de un organismo público, de ONG´s, Universidad, etc. Su tarea central es informar sobre aquellos aspectos que lo local y lo coyuntural no deja ver: las repercusiones en otras localidades y sectores fuera de donde estemos, y la repercusión a medio y largo plazo, según otras experiencias y estudios comparados que ellos conocen y nos pueden ilustrar. A través de las entrevistas y de las relaciones que se han ido construyendo en cada proceso lo que aparecen son una serie de temas que le preocupan a la población. Cada tema lo podemos aislar en sí o poner en relación, dándole una u otra importancia. En este caso vamos a distinguir entre temas integrales o de fondo, y temas sensibles y generadores. Desde las redes en las que nos movemos vamos a ver cómo la propia población nos da pistas para clasificarlos. A unos les dará mucha importancia coyuntural al estar en boca de todos, al ser comentario cotidiano, al ser capaces de movilización de opiniones y compromisos (son los temas sensibles). Mientras que otros son temas que se les reconoce que sería necesario abordar de fondo, pero que se desconfía que se pueda hacer a corto plazo, pues serían temas más integrales que afectarían a un cambio en profundidad de las circunstancias. Por ejemplo, la violencia o las drogas son temas muy sensibles, mientras que la economía/desempleo, o el hábitat/servicios, o la cultura/medios de comunicación, son temas más de fondo que afectan a las causas más integrales. Hay algunos temas que nos remiten a las explotaciones básicas o de fondo que persisten en nuestra sociedad. Según algunos autores (J. Ibáñez, Guattari, M. Sacristán, etc.) desde distintas tradiciones emancipatorias, se viene a coincidir en 3 ó 4 temas de fondo: a) En los territorios y los servicios se vienen dando relaciones de explotación de la Naturaleza con tecnologías que aceleran los ciclos entrópicos, de despilfarro de energía y de la capacidad biótica de los sistemas, en relaciones de sociedades vivas entre sí muy desequilibradas, y en relaciones con la expansión de la materia-energía que no tienen en cuenta los problemas que nos pueden llevar a la autodestrucción rápida del ecosistema. b) en la economía y el trabajo se vienen dando redes de explotación del hombre por el hombre en cuanto a la producción de bienes y servicios, del intercambio desigual, y de la prioridad actual del sistema económico globalizado hacia la economía monetaria y financiera, que está provocando polarización social a escala mundial, en lo concreto de ciudades, comarcas y sectores productivos, con graves situaciones desempleo, precariedad, destrucción de valores, etc. c) en la comunicación y la cultura se vienen dando unas redes y relaciones de explotación como dominación cultural/simbólica que, desde el patriarcado, pasan por la escuela, las instituciones políticas y sociales dominantes, hasta los sistemas de comunicación globalizados (TV, etc.). Someten a amplios sectores de mujeres, niños, viejos, culturas étnicas, etc. a una incapacidad de expresión e identificaciones diferenciales, bajo la uniformización de un pensamiento único, unos valores abstractos, etc. que legitiman a unas pocas élites. Cabe también hablar de una explotación del hombre sobre sí mismo, que es un tema tan de fondo como los otros, pero que nos paraliza a cada uno en un tipo de redes constituidas por el miedo a cambiar lo que siempre se nos dice que ha sido (los ancestros, los libros sagrados, las academias paralizantes) . Estas redes son las que nos impiden ver y actuar en los temas de fondo, en las explotaciones en su integridad. Pero cuando se consiguen desbloquear los miedos, las confianzas son las que se movilizan, y aquí los temas sensibles y generadores, más que por sí mismos, tienen sentido por los procesos que abren entre las redes más emancipadoras. Para resolver los problemas de fondo los expertos temáticos nos dirán que debemos ir a los temas estructurales e integrales y hacer una programación que los aborde coordinadamente, y su jerarquización dependerá de la especialidad de cada uno de los expertos. Pero los expertos con-vivenciales que colaboran con nosotros nos indicarán que empecemos por los temas sensibles, ya que estos contarán con el respaldo de colectivos y población. La cuestión para la metodología es cómo articular unos con otros teniendo en cuenta las redes y conjuntos de acción de donde ha salido toda esa información. Cómo encontrar un tema "generador" que partiendo de los temas sensibles vaya a conectarlos con los integrales en un proceso de implicación auto-pedagógica de la mayoría de las redes en presencia. Todos los temas son importantes, por unas u otras causas, pero lo que debe ser prioritario para la mayoría es que se puedan crear sinérgias entre ellos, a partir de lo que se ha manifestado por la propia gente, de las relaciones que se dan. Un tema puede ser muy sensible para una parte de la población pero al tiempo puede suponer un enfrentamiento interno entre dos conjuntos rivales de redes densas, y por lo tanto no conduce sino a enfrentamientos que distraen de llegar a los problemas de fondo. Otro tema puede ser muy integral o de fondo pero no encuentra respaldo suficiente de grupos o colectivos que estén dispuestos a trabajar por él, así que se puede perder en esfuerzos solo burocráticos de algunos técnicos o voluntaristas de algún colectivo aislado. Los temas han de estar dispuestos según la articulación de las redes y conjuntos de acción y no al revés. Esta es la propuesta con la que venimos trabajando y que nos está dando resultados satisfactorios. La hipótesis además incluye que, si conseguimos que los temas sigan las prioridades de la re-articulación de los conjuntos desde los procesos de la vida cotidiana, en el fondo todos los temas acaban por estar conectados entre sí, y así lo descubren/construyen las poblaciones implicadas. Podemos llegar a formular una nueva matriz donde consigamos relacionar los temas a programar por un lado y los conjuntos de acción que los han de dinamizar por otro, y en el cruce de ambos la forma concreta en que un tema generador nos puede conducir a unos temas integrales. Es decir, pongamos en un lado nuestro trabajo resumen de los temas detectados, desde los sensibles a los integrales, en algún orden que tenga que ver con los objetivos que declaramos en un primer momento, y teniendo en cuenta también no solo las opiniones de los expertos convivenciales sino también las de los expertos temáticos. Coloquemos al otro lado un resumen provisional de los dos o tres principales conjuntos de acción de nuestro análisis de redes, y también las otras relaciones más débiles que protagonizan otros grupos o sectores intermedios o mediadores potencialmente. Lo que nos queda por rellenar de este cruce son las expresiones literales de lo que cada cual mantiene sobre unos u otros temas, con sus contradicciones y potencialidades. Temas para programar los objetivos (¿para qué?) Opinión de expertos temáticos. --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- Integrales: Economía/ Territorio/ Comunicación/ Sensibles Trabajo; Servicios; Cultura... Conjuntos / de / acción. /Desde (¿para /qué quién?) /red Frases o titulares que resumen posiciones complejas. Opinión /se de /dice Valoración de lo que se dice y de las conductas transversales expertos /cada locales /cosa. Grafos/flechas que llevan desde los temas generadores y las y con- / relaciones débiles a los temas integrales y las redes densas. vivenciales / Algunas frases pueden servir para recordarnos las posiciones controvertidas en que se sitúan unos u otros conjuntos de acción (normalmente suele haber dos conjuntos principales que polarizan las rivalidades) y otros colectivos menos definidos. Además de valorar la complejidad de cada posición según sus relaciones específicas, cabe valorar también las conductas potenciales para poder encarar cada problema. Una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace, que no siempre coincide. Hablamos de conductas transversales entendiendo que se suele pasar de unas a otras conductas en función de las relaciones de confianza que se van tejiendo en los procesos y no solo de los contenidos de los temas propuestos, aún cuando estos ayuden. Es muy importante desde donde se plantean las propuestas y cómo se hace esto. La cuestión de los estilos reversivos y transversales es algo que debe estudiarse detenidamente, y hacerlo colectivamente resulta muy pedagógico. Hacer esto en seminarios o talleres debe servir para definir, en suma, cual es el tema generador, que debe centrar la reconstrucción de las redes y conjuntos de acción de cada "mapeo", según los objetivos propuestos. Es decir, podemos trazar unas flechas o grafos que nos relacionen este tema generador con otros temas más integrales, para ir de lo más sensible a los temas más profundos, pero al tiempo estamos señalando una recomposición de las relaciones entre unas y otras redes. En este sentido, cómo unas relaciones débiles se muestran fuertes al atraer a su campo elementos de unos y otros conjuntos, o sueltos, generando otro conjunto de acción que desborde situaciones anteriores paralizantes. El arte está en dar con los conjuntos de temas más transversales y generadores entre los propuestos y debatidos por unos y otros en estos seminarios o talleres convocados con tal propósito. Cabe decir que, desde nuestra experiencia, detrás de los temas generadores suelen estar siempre otra serie de temas de fondo, y que algunos de los cuales se pueden abordar más localmente pero otros necesitan ser contemplados en ámbitos más generales. Hay temas de identidad cultural más inmediatos, pero los grandes medios de comunicación y su influencia suelen ser metropolitanos o incluso globales. Hay temas territoriales y de servicios que se pueden abordar en programaciones inmediatas, pero otros necesitan de un cambio de políticas de Estado. Y en economía y mercado de trabajo las cosas no se pueden arreglar solo con micro-emprendimientos o con reformas muy superficiales. Por eso las programaciones no deben auto-limitarse a algunos temas generadores muy inmediatos, sino articular estos con algunas soluciones de fondo más duraderas a distintas escalas. Esto debe dar una nueva perspectiva a las redes que se ponen en marcha, sabiendo que cabe distinguir entre algunos objetivos de más corto ámbito y plazo, y aquellos otros que deben ser un referente más ambicioso pero fundamentales a medio plazo. No se trata de no hacer nada hasta que no cambie la situación mundial, lo que no deja de ser una disculpa paralizante, sino de hacer a pequeña escala lo que sea congruente con lo que cabe mantener a media escala y plazo, dentro de los intentos de superación de las explotaciones de fondo que sufrimos en nuestras sociedades. Cómo definir sus características en lo concreto es precisamente la tarea de cada proceso, que más allá de repetir las grandes palabras (tales como desarrollo sostenible, endógeno, integral, justo, etc.) hagan por reconstruir redes de intereses y temas muy concretos capaces de implicar a verdaderos conjuntos de acción ciudadanistas, instituyentes y creativos. La socio-praxis como articulación de grupos y sectores en proceso. Llegados a este punto hay que pasar a la realización de las propuestas. Los ritmos y tiempos de las realizaciones es algo muy concreto de cada proceso, pero lo normal es que duren más tiempo de lo deseado, sobre todo si media la acción administrativa. Por eso pasa a ser algo de cierta importancia el dejar hecho y acordado un cronograma con las tareas y las responsabilidades de cada cual. Estos presupuestos de tiempos dependen mucho de que exista un presupuesto económico, y con ello ya entraríamos en el papel de lo público-privado en los sistemas de programación participada. El papel de unos compromisos presupuestarios públicos, claros y transparentes, no tiene porque suponer una gestión burocrática estatal, sino que esta gestión puede ser asociativa o social, o bien compartida por asociaciones con lo institucional y lo privado. En cualquier caso, si se quiere que haya implicación de la ciudadanía, usuarios o afectados, trabajadores, etc. en las tareas de la programación, habrá que articular algún sistema que les implique. No todo el mundo puede ni quiere estar en todo al mismo tiempo. No solo hay que pensar en el cronograma a lo largo de los meses y de los años, sino en qué cruces hay que cuidar entre las tareas, para que los procesos se retroalimenten por si mismos. En un proceso participativo de cierta duración hay que prever la formación de aquellos más interesados tanto como la difusión a toda la población potencialmente influida. Hay que cuidar de que haya mecanismos permanentes de recogida de nuevas informaciones, y que haya sistemas de toma de decisiones que sean ágiles y participativos. Si se consigue que estos cuatro elementos funcionen al mismo tiempo es que los cuatro pilares de una buena programación están funcionando. Cronograma: Lanzar...Revisar...Profundizar... Rectificar...Evaluar
Tareas:
Fundamentar las validaciones y evaluaciones de las relaciones complejas. Los indicadores para evaluar los planes y programas habituales suelen cuantificar los presupuestos económicos que se han generado, el número de personas que han asistido a actos o que han encontrado puestos de trabajo, los metros cuadrados edificados, etc. Pero en nuestro punto de arranque lo real es lo relacional y por lo mismo es desde aquí desde donde vamos a enfocar las evaluaciones posibles. Los indicadores absolutos presuponen teorías absolutas, es decir, modelos claros de a donde se quiere llegar, medidas incuestionables sobre identidades de sujetos y de datos, y una concepción sustancial de lo real, no una concepción relacional. Con nuestro planteamiento no queremos caer en el relativismo, pero tampoco en el objetivismo absolutista que dan a los datos algunas teorizaciones. Usamos indicadores para validar y evaluar los resultados de los procesos, pero les damos un valor provisional y local, pues con esas convenciones construimos los objetivos iniciales propuestos, las prácticas desarrolladas, y los posibles logros alcanzados. Podremos comparar tales eficiencias solo con situaciones muy parecidas, y sobre todo con la propia situación de partida. De la misma forma que el resto de la metodología se centra en validar/evaluar las relaciones producidas más que los datos aislados, esto se hace también desde los distintos sujetos con valoraciones, participadamente. Por un lado como lo ven las propias gentes que han intervenido o se han visto afectadas. Hay barrios o centros de trabajo que diseñan sus propias reuniones de evaluación, pero también hay ciudades que están haciendo sus Foros Cívicos de indicadores de calidad de vida. La valoración de la administración puede decidirse por hacer un contrato para seguir o ampliar el proceso o aparcarlo hasta nueva señal. Los propios técnicos podemos evaluar donde hubo bloqueos, donde innovaciones, donde se cumplió con lo programado, donde se desbordó, etc. Lo que validamos o evaluamos no es tanto si cambiaron los sujetos, sino si se cambiaron las sujeciones, y cual es el nuevo sentido que tienen. Siempre estamos metidos en redes, entre las sujeciones, pero unas nos paralizan las dinámicas creativas y otras nos las estimulan. Los sujetos somos los mismos más o menos, pero si soltamos algunas sujeciones y dinamizamos conjuntos de acción ciudadanistas, transversales, sinérgicos, etc., los procesos se convierten en instituyentes, yendo más allá de lo instituido, siendo creativos y no sólo repetitivos, es decir eficientes con las nuevas programaciones. Lo importante no es llegar a unas metas muy definidas, sino que existan unas relaciones internas en la colectividad que hagan a esta capaz de funcionar por si misma, ser capaz de aprovechar todo tipo de relaciones externas, ser responsable de funcionar más democráticamente, irse proponiendo sus indicadores de calidad e irse evaluando en el proceso. Esto podrían ser índices sólo relativos para algunos, aunque si aplicamos técnicas participativas con los propios participantes no lo serán tanto. Superamos lo realizado con lo relacional. Para concretar más algunas mediciones de relaciones, que tengan que ver con los objetivos de construcción de la realidad, daremos algunos ejemplos de en qué se pueden sintetizar.
Se habrá observado que los conceptos de ciencia y de validación no sólo son los más tradicionales de la modernidad sino que tampoco se comparten los de la llamada postmodernidad. O mejor dicho que se aceptan los unos y los otros con muchas reservas y circunscritos a aquellas condiciones particulares para los que pueden servir. Nuestros fundamentos de validez científica critican tanto los determinismos como los relativismos. El espacio-tiempo no se expande en una sola dirección, en donde la ciencia solo tendría que descubrir cual es su sentido predeterminado; pero el espacio-tiempo tampoco es una ilusión que se crea entre el observador y lo observado, con lo que toda la ciencia es pura relatividad, y nosotros somos quienes estamos construyendo todo lo que percibimos. Las críticas de Ilya Prigogine a Newton y a Einstein no los desautorizan sino que limitan sus postulados al campo en que son válidas, y abren unas nuevas perspectivas y paradigmas. Lo que nosotros construimos es el sentido de las cosas, no tanto o sólo, las cosas mismas, pues estas se vienen desarrollando irreversiblemente con o sin nuestra presencia. Hay muchas posibilidades de construcción del espacio-tiempo dentro de las leyes de la termodinámica, no es posible la certidumbre. Pero si queremos incidir en crear sentido habrá que ser muy riguroso con las relaciones planteadas, cómo se establecen por si mismas, y cómo nos obligan a nosotros a decidir en función de sus dinámicas complejas. Ser científico entonces no es situarnos fuera de los campos observados, como si esto fuera posible. Desde dentro hemos de tomar algunas distancias y examinar las relaciones que nos empujan, pues estamos obligados a ser estrategas más que jueces, a crear sentidos aún cuando no queramos. Y así, al menos que los sentidos que estemos construyendo sean los más interesantes para la supervivencia del planeta, y de nosotros mismos, con las mejores calidades de vida posibles. Esto devuelve la ciencia a un contexto de valoraciones de conciencia y de sistemas democráticos a los que debe servir. Pues la construcción de sentidos posibles para la humanidad es cosa de todos los implicados y no sólo de unas élites. Situarnos en estas complejidades supone algunos cambios sustanciales en los paradigmas habituales. Para no alargar esto excesivamente sólo vamos a señalar algunos, pero la tarea hay que continuarla, pues no ha hecho más que empezar.
Bibliografia
|
|||||||||||||||||||||||||||||