ÓMNIBUS GALDOSIANO, VII, nº. 8, 10 de mayo de
1997
Julián Ávila Arellano, Disculpas sin enmienda.
Julián Ávila Arellano y Ana María Constán Soriano, Ante la presencia del 6º Congreso Internacional
Galdosiano.
Julián Ávila Arellano
(ed.) Gregorio Marañón, "Historia de un aniversario. (Notas de un
testigo), Hoy, Méjico, 5 de enero de 1939, pp. 505-508.
Julián Ávila Arellano, Luces
y sombras de una enciclopédica Vida de Benito Pérez Galdós.
Julián Ávila Arellano,
Una de las primeras cartas que Galdós escribió un mes después de su estreno
como paseante de la corte madrileña, el 4 de noviembre de 1862.
Ana María Constán, Bibliografía.
Cuando abres esta nueva revista sobre la
anterior y compruebas incrédulo que ya se está cumpliendo exactamente un año de
algo que más bien te seguía pareciendo un ayer reciente, a pesar de los buenos
propósitos no queda más remedio que resignarse ante la evidencia y la
impotencia o ante la evidencia de la impotencia. El tiempo, incluso el
avasallador de esta revista, sólo se puede vivir en una única y singular
dirección longitudinal, pero vivir la delgada y abstracta linealidad
cronológica del reloj no es igual que bracear en el espesor temporal resultante
de la superposición de muchas temporalidades no siempre tan coincidentes como sería
de desear. Por mucho que tratemos de colgar éstas en el engranaje de aquél, no
parece que vaya a ser posible por ahora siquiera un avance o aproximación.
Estamos condenados a conformarnos con estas espaciadas y puntuales salidas
testimoniales desde los fondos casi intrahistóricos de la actualidad galdosiana
en que nos solemos arrastrar. Al menos trataremos de aguantar, que no es poco,
sin perder la línea orientadora del horizonte. Por ahí vamos, como ya habrán
tenido tiempo de apreciar Uds. antes de que nosotros nos encontráramos con la
sorpresa, concluyendo un año galdosiano más. En unos días, la pintoresca
Ofrenda Floral del Retiro en el domingo más cercano al cumpleaños galdosiano
del día 10 de mayo, esta vez el 11 de mayo a las 12 del mediodía. A propuesta
de don Mariano Funes, el nuevo Vocal de Cultura de nuestra Asociación, allí se
repartirá un texto de don Gregorio Marañón, que se puede leer también, más
adelante, en las páginas del interior. Un texto en el que nuestro intelectual
recupera desde la lejanía de su exilio mejicano de 1939 la presencia
misteriosamente inalterable de un flujo galdosiano latente aureolando ya
entonces estos homenajes florales que él había vivido cuando éstos se hacían el
día 5 de enero para conmemorar su muerte, no el nacimiento primaveral que
celebramos ahora.
El martes 20 de mayo, a las 19,30 horas y en
el Hogar Canario de Madrid (c/ Fuen-carral, 77, 1º), D. Pedro Ortiz Armengol
comentará la novela El abuelo de Galdós, que cumple por estos días su
centenario, y el grupo de teatro de Daniel Fortea realizará la siempre
estimulante lectura dramatizada de algunos fragmentos de la obra según ya se va
haciendo también tradicional en estos fastos.
Después vendrá, a mediados de junio, el VI
Congreso Internacional de Estudios Galdosianos en Las Palmas de Gran Canaria,
y... el tiempo seguirá su curso inexorable enterrándonos de nuevo en otro
cúmulo de logros galdosianos que nos llevará, nuevamente también, su tiempo
asimilar. Mientras tanto, aprovecharemos esta humilde y disculposa entradilla,
que no pórtico, para adelantar algunas noticias y asuntos que no podremos
insertar en otro momento. Una de ellas es el importante trasiego de cargos que
se ha producido en nuestra Asociación en la última reunión del jueves día 24 de
abril. El cargo de Secretario dejado por D. Antonio García Saura ha pasado a
Dª. Ángeles Rodríguez Sánchez en colaboración con Dª. Ana María Constán
Soriano. El cargo de Tesorero, que abandona D. Benito Verde y Pérez Galdós, ha
pasado a D. Ángel Hernández Rodríguez en colaboración con Dª. Ángeles Rodríguez
Sánchez. Ha aceptado el cargo de Vocal de Cultura nuestro emprendedor D.
Mariano Funes. Nuestro agradecimiento a todos, y mucho más teniendo en cuenta
lo poco dotados y considerados que son estas preocupaciones y trabajos en una
Asociación tan heterogénea como la nuestra.
No quiero dejar tampoco de la mano la
oportunidad de incluir algunas rectificaciones de errores antiguos, tan sin
mala fe producidos como retrasados en su enmienda, todo ello debido al paso un
tanto atocinado que llevamos con esta revista. Comienzo pidiendo disculpas a
los colaboradores que tan amablemente nos hacen llegar asuntos y crónicas de
actualidad, y que no podemos publicar en el estado lacio y exangüe en el que ya
se encuentran. Los libros a reseñar, en cambio, tienen más durabilidad y ahí
están comenzando a bostezar, pero pacientes en la espera de su turno, aunque a
alguno de sus autores les pueda pesar el retraso.
Del entorno de nuestros sufridos amigos
canarios nos han llegado a veces algunas indicaciones de las que queremos
responder públicamente ya que nuestros yerros fueron también públicos. Sentimos
la dureza de la reseña que hice en el número 6 de nuestro Boletín (1 de junio
de 1992, pp. 4-5) sobre
Volvemos a pedir disculpas a nuestros amigos
canarios, ahora en concreto a Dª. Yolanda Arencibia y a D. Sebastián de
En fin, creemos que no merece la pena
insistir demasiado en las despedidas, porque en este mundo contingente en el
que nos encontramos todo puede ocurrir, incluso que nos volvamos a encontrar en
cualquier momento. Mientras tanto, salud y optimismo.
ANTE
Estimado Galdosiano, nos gustaría que cuando
tuvieras estas páginas en las manos, su contenido aún retemblara de interés
"febriscitante" (Galdós, La incógnita), pero no podemos
asegurar que tal haya. Dicen que el camino del Infierno está empedrado de
buenas intenciones. Nosotros nos vamos a dar prisa por si pudiéramos
ahorrarnos, al menos, ésta. Como bien sabes, hace ya meses que
En la página siguiente tienes un resumen
esquemático de los resultados, podríamos decir, contables. Es un resumen
aproximativo porque, sin el tiempo y la información completa, no hemos podido
confirmar algunos datos, y otros, como los temas y obras estudiadas, proceden
de una estimación un tanto imprecisa, pues nacen de los títulos de las
ponencias y de una revisión quizás demasiado rápida de sus textos.
Consideramos, sin embargo, que para las pretensiones de esta revista y con el
criterio de que nada es definitivo y que todo es mejorable, a pesar de todo,
son resultados aceptablemente esclarecedores y orientadores. De todos modos,
como siempre, estaremos total y humildemente dispuestos a admitir y corregir
los errores que puedan surgir. Sólo esperamos que éstos no sean tantos que nos
entierren definitivamente.
Los hemos puesto de ese modo esquemático de
tabla porque nos parece que así, dentro de su provisionalidad, son más
asequibles y diáfanos. La forma es el mensaje, que decía el tan citado McLuhan.
Hay datos en esa tabla que son evidentes como la consolidación en aportaciones
y resultados que se produce a partir del 3º Congreso. Nos estamos refiriendo en
especial a los temas tratados, que no tienen por qué coincidir con el número de
comunicaciones. En este sentido resulta curioso, como podrás comprobar, el
avance que se produce entre el 1º y el 2º. Casi el mismo número de ponencias y,
sin embargo, el total de los temas se adelantan significativamente, aunque aún
no se dispersan tanto como en el 3º y 4º. Revisamos el fenómeno que nos parecía
a simple vista incongruente, y vemos que la diferencia está en que en el 1º
Congreso predominaron los tratamientos externos y puntuales. Las creaciones en
sí no fueron el centro de atención principal, sino la biografía, la
documentación, las generalidades (19/32 ponencias). En el 2º, lo temático
centrado en las obras galdosianas ya comienza a ser relevante, y de ahí el
cómputo doble, por la obra y por el aspecto de literatura comparada,
intertextualidad, componentes genéricos, que hemos realizado.
Otros aspectos, creemos, también quedan
bastante visibles. Cómo se va ajustando y concretando la propuesta de temas a
medida que el Comité organizador va adquiriendo experiencia; cómo se va
inclinando la balanza de las preocupaciones desde lo extraliterario hacia la
literariedad y literalidad de los textos galdosianos, aunque persiste también y
aumenta sobre la crítica genética y sobre las relaciones de Galdós y su obra
con
En fin, ahí está. No perdemos la esperanza de
que en algún momento podamos encontrar la manera de presentar el estudio mucho
más preciso acerca del reparto motivacional de los 420 temas localizados.
Aunque para entonces ya no serán esos sino muchos más. Da miedo pensarlo.
Concluiremos con dos notas más. Una, que no
aparece en el cuadro anterior, es la estadística de los investigadores que han
venido concurriendo a estos congresos. Por razón de espacio y de no aburrir
hemos seleccionado los asistentes a la mitad más uno de los congresos, es
decir, a tres. Salvo error u omisión y teniendo en cuenta que contamos sobre
comunicaciones publicadas en las Actas correspondientes, serían los siguientes:
D. Alfonso Armas Ayala, D. Sebastián de
Rodríguez Acosta, Robert W. Dash, Oswaldo
Izquierdo Dorta, C. N. Rubin Kerek, J. Rodríguez Puértolas, Stephen Miller,
Benito Madariaga de
Parece que es claro cómo se dispara el número
de participantes a partir del tercer congreso. Podemos decir que el número de
participantes sin repeticiones es de 236. Frente a las 361 ponencias censadas
en los 5 congresos, se puede calcular que existe bastante distancia entre las
decenas de los que repiten y las casi dos centenas de los que podríamos llamar
transeúntes.
Podemos añadir en el último momento la
coronación (quisiera ser una metáfora neutra, pero no sabemos si podrá pasar)
de esta parte informativa gracias de nuevo a la amabilidad de Rosa María
Quintana que nos ha pasado una copia con los nombres y títulos de lo que será
el contenido del 6º Congreso. Con los mismos criterios seguidos en los cómputos
de los anteriores, aquí van, calentitos, los resultados prospectivos en una
apreciación de conjunto que nadie podremos abarcar en su realización de
Vemos que hay unos 110 participantes. Ahora
hemos podido contabilizar a los componentes de seminarios y mesas redondas que
no hemos podido tener en cuenta en los congresos anteriores. Las comunicaciones
admitidas son 81. El conjunto de temas que se van a tratar, según se pude
inducir de los títulos, unos 161, que son significativamente más que en ninguno
de los congresos anteriores. Esto significa que predominan los estudios sobre
títulos concretos de la obra galdosiana, y que dentro de cada uno de ellos se
suelen explorar diversos aspectos, por ejemplo, temática e historia
decimonónica, comparativo y técnicas literarias o mentalidad... Este es el
motivo que hace que en nuestro cómputo este apartado haya ido aumentando de
este modo.
Si miramos la distribución según la temática
oficial del programa, encontramos que el primer tema propuesto, Galdós y la
literatura finisecular, será el más atendido con 49/81 comunicaciones.
Después, el 3º con 18/81, y, el último, el Teatro con 14/81, que no es mala
cantidad si tenemos en cuenta lo abandonado que se ha venido encontrando de
unos años a esta parte.
Pero si jugamos a fantasear a partir de los
títulos cuáles pueden ser los contenidos más específicos de las comunicaciones,
encontramos esta otra distribución: Como era de esperar en un momento tan
cercano al Centenario y por el reclamo del rótulo general del Congreso, los
valores de frecuencia más altos están en los estudios sobre las relaciones del
escritor con
En fin, como se puede comprobar haciendo el
recuento de las cifras señaladas (1332), hasta las 161 contabilizadas, ha
disminuido drásticamente la dispersión temática de congresos anteriores. Por
ejemplo, los estudios de biografía en todos sus múltiples aspectos, los
estudios genéticos, incluso lo que hasta ahora había venido siendo
contabilizado como componentes narrativos de obras concretas (personajes,
escenarios, trama o voz narrativa).
J. ÁVILA y A. CONSTÁN
Gregorio Marañón, "Historia de un aniversario. (Notas de un
testigo)", Hoy, México, 5 de enero de 1939, tomo IV, pp. 505-508.
Todos los años, el día 5 de enero, no
reunimos un grupo de mujeres y de hombres --y de niños, personajes siempre
importantísimos, y en la actual ocasión, más que nunca-- en el Retiro, de
Madrid, allí, a la derecha del paseo de coches, bajo unos pinos de ancha copa,
que servían de protección perenne a la estatua de un anciano ciego. Un literato,
o un poeta, casi siempre de la más alta calidad, se adelantaba frente al
pedestal cubierto de flores, que las manos infantiles acababan de renovar; y,
en prosa o en verso, pronunciaba el elogio del muerto, vivo en la piedra y en
el recuerdo de todos.
¡Extraña catadura de los que allí se reunían!
No eran, ciertamente, aristócratas encopetados; tampoco gente decididamente
plebeya. Eran todos personajes que respiraban santa medianía, bondad radical,
inmunidad a la lucha odiosa de clases; anticuados casi todos, con esa
antigüedad reciente que todavía no ha dejado de ser un poco ridícula porque no
ha alcanzado aún el prestigio de la suficiente lejanía.
Terminado el acto, los concurrentes se
dispersaban despidiéndose con un ritual «hasta el año que viene». Cada cual
ignoraba el nombre y la representación social de la mayoría de los otros. Y, en
efecto,
hasta el otro 5 de enero no se los volvía a
ver más. Tal vez, sí, un día, al entrar en una covachuela humilde en un Juzgado
de barrio veíamos escribiendo pliegos de papel timbrado a uno de nuestros
amigos de la periódica ceremonia. O bien hallábamos a otro, despachando las
telas recias de Béjar, en una tiendecita en los portales de la plaza Mayor.
Quizá al pasar frente a la ventana abierta de una escuela, oíamos a una de
aquellas mujeres inelegantes y grises explicando la geografía o la historia
hispánicas a los niños. Pero la mayor parte parecía que se ausentaba de la
humana comunidad e incluso del planeta, hasta el cónclave fugaz del año
venidero.
Todas estas criaturas, unidas sin apenas
conocerse, por un parentesco estrechísimo, formaban como un islote humano que
resistía imperturbable el continuo cambiar de la sociedad española. Fueron, sin
duda, iguales a los demás hombres y mujeres treinta, cuarenta, cincuenta años
antes, cuando Madrid se alumbraba con gas y los tranvías con mulas eran una
novedad sorprendente.
Las generaciones se fueron sucediendo,
inexorablemente distintas. La mayoría de los supervivientes de entonces habían
cambiado también, de tal suerte, que casi no se reconocerían a sí mismos si,
por milagro, se encontrasen frente a frente con su pergeño y su alma remotas.
Madrid era ya otra ciudad edificada sobre los restos de la vieja Corte de los
Milagros; su humanidad era una humanidad renacida. Y, en el centro de la rápida
corriente, este grupo de hombres y de mujeres seguían como entonces, iguales a
sí mismos, sin cambios en la indumentaria apenas --lo indispensable para pasar
inadvertidos--; y con el mismo espíritu rancio y bonachón de ciudadanos de una
gran villa, mitad castellana y mitad manchega, pintoresca y alegre, un poco
desolada, que recordaba aún el victorioso ataque de los milicianos por el arco
del Siete de Julio contra la reacción.
El anciano rememorado en la estatua era, lo
habéis adivinado, Galdós. Su genio había creado docenas y docenas de libros.
Estos libros habían alcanzado las cimas de la popularidad. No había hogar donde
se hablase el español, a uno y otro lado del océano, en el que no se vieran en
las librería, lujosa o humilde, los volúmenes amarillos y rojos de los Episodios
nacionales o las cubiertas grises de las Novelas contemporáneas. Los
críticos habían ensalzado a unos y a otras como obras maestras. Luego, los
escritores jóvenes las habían discutido. Ciertos de ellos emplearon para
hacerse famosos, el fácil recurso de escupir su irreverencia sobre la
formidable pirámide de aquellas páginas en las que está presa toda la vida de
una época, personificada en un pueblo, pero llena de ecos universales.
Mas lo que hace imperecedera una obra
literaria no es su retórica, sino la calidad humana de su creación. Y los que
han discutido a Galdós, no han encontrado brecha por donde penetrar en el valor
magnífico de su humanidad. Las obras cimeras de la literatura universal lo son
por sus seres arquetípicos, síntesis de hombres y mujeres de carne y hueso, que
gracias a la creación literaria, cobran eterna vida en la memoria de las gentes
y un lugar en el recuerdo y en la experiencia de todos, igual al de las gentes
que vivieron; y a veces con realidad más eficaz todavía.
En este repertorio de creaciones con
categoría de humanidad auténtica, hay muchos ejemplares debidos al genio de
Galdós: Doña Perfecta o la virtud insoportable; Toquemada o la
mezquindad eficaz; Fortunata y Jacinta, polos inmortales de agridulce
femenino; el amigo Manso o la bondad varonil; Albrit o la casta; Monsalud
o la inocencia liberal. Todos ellos y otros muchos más tienen el rango
inmodificable de los moldes humanos definitivos. Y, en torno suyo, se agita
muchedumbre de seres episódicos, que pasan como sombras por el vasto escenario
de la vida; que quizá se limitan a hacer en silencio un gesto antes de
desaparecer; o que forman un simple número de coro que rodea a los grandes
protagonistas. Y todos, construidos con riguroso material humano y animados de
inconfundible soplo vital.
La capacidad creadora de Galdós tuvo, además,
una expresión sorprendente de la influencia que alcanzó, no sólo sobre el alma
contemporánea, sino sobre su realidad morfológica y física. Puede asegurarse
que en el vasto mundo de la creación galdosiana son excepcionales los
personajes de pura inventiva. La inmensa mayoría están amasados con elementos
de incuestionable realidad. El gran novelista no estudiaba el ambiente directo
de sus obras, que fue la clase media española y sobre todo la de Madrid; sino
que vivía ese ambiente con plenitud absoluta y con meticulosa fruición,
buscando hasta en la vulgaridad el sentido eterno: que la vulgaridad lo tiene
también. Sus hombres y mujeres no eran, pues, estos o los otros contemporáneos
suyos, sino entes con vida original, pero tan auténtica, que todos los
reconocían como si hubieran existido. Y todavía más: el contemporáneo de Galdós
en el Madrid de la burguesía modesta, acabó contagiándose de los personajes
galdosianos y adquiriendo un aire de inconfundible parentesco con sus
criaturas, no sólo, como decíamos, en el lenguaje y en el espíritu, sino hasta
en el pergeño.
Aun los que discuten la obra literaria de
Galdós no pueden negar esta su influencia recreadora sobre la humanidad viva de
la época. Un gran español, nada entusiasta de nuestro novelista, me dijo un
día, refiriéndose a cierta persona que le había visitado por primera vez:
«parecía un personaje de Galdós». Claro que sí. Era --yo le conocía bien-- un
personaje de Galdós. Un hombre de negocios, vulgar, que durante toda su
juventud no había tenido apenas otra lectura que la obra galdosiana, y que
podría repetirla de memoria. Conocía este hombre al Madrid, ya desaparecido,
que pintó el maestro y que él, habitante de una provincia, no vio nunca, con
detalles de una realidad superior a la de su propia ciudad natal. Y, desde
luego, sin saberlo, sin quererlo, por puro contagio, hablaba, discutía y se
vestía --desde el sombrero hasta los guantes-- como cualesquiera de los
comerciantes honrados y cándidamente idealistas que vemos pasar por las páginas
de las Novelas contemporáneas.
Lo maravilloso es que esa humanidad
galdosiana viva perduró durante los largos años de la decadencia de su creador;
y aun después de su muerte persistía inatacable a la disolución corrosiva de la
vida moderna
Les bastaba a estos supervivientes reunirse
unos minutos --el 5 de enero-- bajo la sombra del maestro, para conservar la
pura sangre; y lo que es aún más milagroso: para transmitirla a sus hijos.
Porque los hijos de estos restos del gran pueblo que creara Galdós, eran, desde
niños, como sus padres; como los niños que pululan por los libros de él,
descritos con el amor y la seriedad de quien murió de viejo sin haber, del
todo, dejado de ser niño.
Estas eran las gentes extrañas que se reunían
todos los años en torno de la estatua de Galdós. A los que íbamos a ver a
Galdós y a su mundo, con tanta ternura, nos parecía que cumplíamos un rito, no
sólo de amistad y de respeto al muerto, sino de amor a España. Porque de él
aprendimos mucho de ese amor; y a él debemos parte de ese impulso renovador de
España, que ahora describe una trayectoria rápida, casi una pirueta,
infinitamente fecunda, en el vacío del porvenir. No sabemos, entre todo lo que
ha barrido el vendaval revolucionario, lo que será barrido para siempre y lo
que de nuevo retoñará. Pero es difícil que el islote de la humanidad
galdosiana, ya débil, casi espíritu puro, en los últimos años, pueda resistir a
la tremenda prueba. Mientras se hable español en el mundo, algunos, muchos
hombres, recordarán con respeto este aniversario. Pero aquel rito, de patética
simplicidad, con su público extraño y su candor invisible, no lo volveremos a
ver. Por eso le dedico hoy estas líneas de doloroso amor.
(Si don Gregorio Marañón nos está hoy
contemplando, la nostalgia habrá desaparecido de su rostro.
LUCES Y SOMBRAS EN
Pedro Ortiz Armengol, Vida de Galdós,
Crítica, Barcelona 1996
Julián Ávila Arellano
Como miembro de
Hace un año que apareció, despertando de
improviso del largo sueño de dos que había pasado en las galeras de
A esto hay que añadir los problemas de
composición original, que proceden de su organización tan rígidamente lineal y
cronológica. Para un antropólogo entusiasmado por la arqueología del documento
como es él, el criterio de cronología rectilínea de la exposición parecía el
más natural, y seguro que lo es, pero también que en las biografías la
distancia más corta entre dos puntos no tienen por qué ser siempre líneas
rectas.
No cabe duda de que a la redacción de este
trabajo le han faltado un par de vueltas más, como en las labores de sementera,
antes de haberlo entregado a esto que ha terminado siendo las cárceles de la
editorial. La responsable de la edición no se ha lucido demasiado en este
trabajo, y hay que darle la razón, y hasta las gracias, a Matilde Moreno
Martínez cuando habla y señala en su reseña de Revista de Literatura (LVIII,
115, 1996, 528-530) algunos de la "infinidad de errores" de que
adolece la edición.
Creo que hay que aceptar, pues, todo tipo de
críticas respecto de la organización, redacción y edición de los contenidos de
esta vida galdosiana, aunque repartiendo las responsabilidades entre el autor y
la editorial. La corrección de erratas, sin embargo, no habría cambiado la
disposición enciclopédica y cronológica de su diseño, como tampoco habría
podido atenuar el curso de la reflexión ética que, como a modo de cauce, va
acunando los diversos incidentes de esta vida, si bien a la espera de que se
profundice.
Difícilmente podría prescindir de este
componente ético cosmovisionario una conciencia que nació y maduró en el
ambiente ético y pragmático del Instituto-Escuela madrileño, de raigambre
institucionista, allá por los años anteriores de nuestra Guerra Civil. Más
bien, al contrario, cuanto menos mecánica resulte la investigación realizada,
cuanto más prolongada y entrañable, tanto más se verá impregnada y contagiada
por la extraordinaria humanidad de este "grandullón" galdosiano.
Un componente, en fin, que es connatural con
su personalidad, como tiene ocasión de comprobar todo el que le conozca y
conozca sus escritos. Se puede encontrar en todos sus estudios también
decimonónicamente extensos y perseverantes. Recordemos su monumental El año que
vivió Moratín en Inglaterra 1792-1793 (Madrid, Castalia, 1985), o los que se
dedican a los emigrados liberales del Romanticismo español, Espronceda y sus
compañeros, los estudios históricos sobre Pío Baroja o sus profundos y directos
conocimientos sobre los problemas coloniales hispanos y norteamericanos en
Filipinas que han culminado en una serie de tres novelas históricas,
"Historias viejas de Manila", de las que lleva ya publicada alguna
como Décadas isabelinas (Madrid, Otero Ediciones, 1995) .
Hechas estas consideraciones previas, pasemos
ahora a ver lo que tenemos en este estudio. Un filólogo, interesado en el valor
literario de la obra galdosiana, tiene en esta Vida de Galdós una recopilación
documental y bibliográfica exhaustiva de casi todo lo que los estudios y la
tradición oral han ido amontonando sobre la vida de este escritor, su familia,
sus desplazamientos, sus amistades, las circunstancias de creación y
publicación o representación de sus obras, y sobre la huella que fue dejando en
el ámbito de lo sociocultural, lo económico, lo político y lo familiar. Todo
ello organizado y puesto al día con un hilván interpretativo irregular, quizás
demasiado presente.
En esta recopilación, que se podría llamar
"de los millares" --un millar de páginas, un millar de anotaciones,
un millar de referencias onomásticas-- se puede encontrar información directa y
de fuentes documentales (esta última información quizás aceptada con excesiva
confianza), de todo lo que se ha llegado a saber y de todo lo que se cuestiona
hoy día sobre la biografía galdosiana. Aquí están todos los materiales que se
precisan para realizar la biografía galdosiana, dispuesta para estudios
sucesivos que proporcionen la explicación externa de la creación atendiendo a
la personalidad y a la peripecia existencial del creador, o su fundamentación
histórico-biográfica.
Si el filólogo es capaz de superar los
defectos tipográficos y de composición, enseguida se percatará de que tiene
ante sí un manual enciclopédico imprescindible para cualquier estudio en el que
lo extraliterario tenga algún valor para la crítica o alguna participación
exegética en la comprensión de los textos galdosianos. Casi todo el camino,
costoso y nada gratificante, de la compleja documentación ha quedado recorrido
en esta recopilación. Está ahora a la disposición de quien emprenda el trabajo
filológico de encontrar la proyección objetiva y literariamente ilustrativa de
una biografía en la que de modo tan íntimo y compenetrado han ido trenzándose
lo personal con lo histórico y con lo creativo. Un reto que se tardará aún
muchos años en superar si es que alguna vez se logra, pero que hace posible
ahora nuestro entusiasta arqueólogo.
Para los no filólogos o para los que se
acercan a la vida galdosiana con unos intereses no especialistas, este libro,
como sus amenas charlas, tiene todo el valor de su entusiasmo en revivir una
existencia y unos ambientes en los que todos estamos interesados. Al contrario
que al filólogo, al aficionado le sobra y le disgusta todo aquello que pretende
ser demasiado científico, y le atrae, como es natural, la anécdota, el
comentario y la novedad. Aunque la lectura, como veremos, también tiene sus
dificultades. El lector que quiera disfrutar con esta biografía, debe programar
su lectura de un modo temáticamente selectivo y fragmentado, aprovechando las
oportunidades que le proporciona la organización cronológica anual de sus
contenidos y los minuciosos índices y rotulaciones de las secciones y
capítulos.
Este lector excursionista debería organizar
sus preferencias temáticas y hacerse un plano que le permitiera orientarse en
un terreno como este que es extenso hasta casi la angustia. A primera vista
parece que podrían servir las extensas rotulaciones informativas de los 86
capítulos y de las 15 partes del libro, pero la irregularidad del territorio
cronológico de cada anualidad (temas personales, familiares, de amistades,
amores, actividades periodísticas, políticas, literarias, modos de pensar...),
las hacen poco útiles, bien porque son demasiado abstractas y neutras respecto
del contenido, bien porque su relación con él es demasiado aleatoria e
inconsistente. La disposición de los encabezados hace pensar que se han puesto
a posteriori, con el objeto de establecer separaciones tipográficas en un
continuo cronológico ya redactado y establecido de antemano.
Tampoco ayuda mucho en este sentido el hilván
interpretativo que va pespunteando el autor entre uno y otro fragmento
biográfico y entre cada uno de los temas que se van sucediendo dentro de cada
capítulo o año. Hay que pensar que no es posible dar sentido de unidad a los
componentes mínimos de un panorama, si al ir mes a mes y año por año ya se ha
renunciado previamente a construir tal panorámica orientadora. Y tampoco se
trata ahora de completar o corregir estas deficiencias. Poco se podría añadir
teniendo en cuenta que la mayor parte de la documentación es recopilación de
información elaborada desde y con sus fuentes bibliográficas u orales, y
cualquier solución por este lado habría de pasar por el análisis crítico de
tales fuentes.
Me voy, en fin, a reducir a reseñar lo más
interesante de la publicación trazando sendas de lectura que puedan ser
orientadoras.
El recorrido documental se extiende a lo
largo de 86 capítulos, de una media de 10 páginas cada uno de ellos, en lo que
se sigue año a año los de la vida del escritor (1843-1920) con un pequeño
epílogo, "Después", y unos excesivos antecedentes genealógicos que
retrotraen la historia hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Aunque cada
capítulo suele circunscribirse al periodo cronológico de un año, hay algunos
como 1857, 1860, 1864, 1871, 1876, 1889, 1895, 1897, 1901, 1907 y 1915, que
precisan de 2 capítulos, y unos pocos de 3 (1863, 1865, 1868, 1879). No se
puede saber por ahora si este relieve corresponde a la importancia que tuvieron
dichos años en la vida del escritor. Lo que sí parece seguro es que sobre cada
uno de esos años existe más información que sobre los demás. Importantes en
cuanto a cantidad y diversidad de información, aunque sólo ocupen la extensión
de un capítulo, son también estos otros años: 1882, 1883, 1884, 1885, 1886,
1888, 1890, 1892, 1894, 1898, 1904, 1905, 1908, 1910, 1912, 1913, 1914, 1916,
1918 y 1919. Es decir, casi la mitad de los años investigados poseen suficiente
información como para entretenerse en ellos con una lectura demorada, cultural
y científicamente (como aportación documental) muy productiva. Solo unos pocos
años carecen de un incentivo tan importante o al menos aún no han disfrutado de
la investigación que descubra la importancia que pudieran tener en el curso
existencial del escritor. Estos años, que ocupan una extensión menor de un
capítulo, son 1867, 1872, 1878, 1895, 1899 y 1900. Todos los demás se ajustan a
las 10 páginas de extensión y a una media de
Siguiendo criterios cronológicos, biográficos
y a veces de historia literaria, estos 86 capítulos están dispuestos en 15
partes o secciones sin numeración y cuya extensión varía de acuerdo con el
número de capítulos y tramos cronológicos que integran. Aquí se nota
especialmente el peso de los primeros 6 capítulos dedicados a la genealogía
pura y dura con que comienza el libro, los cuales, salvando el esfuerzo
documentalista de comprobar en el terreno la información aportada, bien se
podrían haber trasladado a un apéndice en beneficio de los temas más
pertinentemente biográficos.
En menor medida pero también en cierto grado
se hacen excesivamente extensas las 90 páginas siguientes dedicadas a la
complicada y a veces fabulosa trama de la infancia del escritor en la segunda
parte o sección. En resumidas cuentas, que el desprevenido lector se encuentra
al principio con unas 150 páginas que muy probablemente le disuaden de
continuar o le dejen tan agotado que cualquiera de las calmas chichas
posteriores puedan acabar de expulsarle definitiva o temporalmente de la
lectura.
Las trece partes siguientes tienen el interés
de la recopilación, de la reconstrucción y divulgación de una biografía en la
que muchos temas aún son poco conocidos, aunque tiene el ingrediente negativo
ya anunciado de dar la sensación de un inmenso rompecabezas artificiosamente
reconstruido según el criterio neutro de la cronología que ya he señalado.
En cuanto a los temas y desde una apreciación
exterior, encuentro que su diversidad se puede estructurar en dos partes
principales. Dos tercios de la información se refiere a diversos aspectos de la
vida del escritor. Destacan entre ellos los que se refieren a la familia y a
los movimientos topográficos (domiciliarios, desplazamientos turísticos y
profesionales por razón de sus actividades políticas o relacionados con su obra
narrativa y teatral). Es muy importante e interesante, seguramente lo más
interesante de la recopilación, la abundante información que se refiere a sus
amistades y, entre ellas, en primer lugar las amorosas y, después, sus
relaciones con intelectuales de las tres generaciones culturales que cruzó en
su larga existencia, la de los realistas-naturalistas de 1868, la de los
modernistas de 1898 y la de los jóvenes más activos y comprometidos de 1914.
Para mí, este recorrido tan extenso, humano y desconocido hasta hoy es lo más
valioso y atractivo de trabajo.
Un tercio de la información se refiere a la
creación literaria que será de indudable interés para el lector no
especialista. La mayor cantidad de referencias se concentra sobre los Episodios
Nacionales. Le siguen en importancia y cantidad las noticias sobre el resto de
su narrativa y sobre su producción teatral, también poco conocida, y en menor
medida, como corresponde también a su menor volumen, se ocupa también de sus
colaboraciones periodísticas, siendo sus aportaciones en este terreno, tan poco
investigado también, por ello mismo mucho más interesantes e ilustrativas.
Finalmente, se puede también señalar otro apartado en el que se ocupa de
problemas puntuales de sus creaciones, apartado breve pero muy valioso, como es
la atención a las obras que tienen dos finales, las pequeñas e incipientes
creaciones en su adolescencia canaria, las dos decenas de narraciones breves y
fantásticas, y otros temas como la afición del escritor a las artes plásticas, sus
actividades colaterales al periodismo y a la literatura: su participación en
revistas e instituciones culturales, como cuando fue director artístico del
Teatro Español y los problemas que en su desempeño se le plantearon, problemas
relacionados con el arte (El embrujado de Valle-Inclán), pero también con la
política al ser él entonces, en 1913, militante del partido republicano. Sus
actividades en el Ateneo, sus problemas con
La ordenación, sin embargo, de todos estos
asuntos, tratados a lo largo de la prolija sucesión cronológica de los años,
hace que su recuperación resulte dificultosa, por lo que es preciso confeccionar
previamente las guías de lectura que antes indiqué. Para ello, lo mejor es
utilizar el valioso índice onomástico.
Algo que no es visible a primer intento en el
libro, pero que se da en este escrupuloso arqueólogo casi como un imperativo
ético, es su labor de comprobación sobre el terreno de todo aquello que se
puede fundamentar de esta manera. Ahí está para confirmarlo su minuciosa obra
de anotación de la extensa novela galdosiana, canon de nuestro
Realismo-Naturalismo, Fortunata y Jacinta (Apuntaciones para «Fortunata y
Jacinta», Madrid, Editorial Universidad Complutense, 1987). Sobre el terreno ha
seguido la topografía vasca señalada en la documentación genealógica utilizada,
también la canaria. La topografía colonial cubana ya la investigó el hispanista
Walter T. Pattison. Ha investigado todo lo que se refiere a la abundante
topografía urbana madrileña de la vida y de la obra de este escritor, sus
diferentes domicilios, los domicilios en que se encontraba con sus amantes, los
domicilios de sus amistades y personalidades históricas relacionadas con él,
los itinerarios de sus frecuentes viajes canarios, peninsulares, europeos y
norteafricanos, las incontables referencias socioculturales de su vida y de su
obra (personajes históricos, locales culturales, locales públicos, edificios de
viviendas, periódicos, topografía urbana y rural...), los documentos oficiales
que se conservan como son el expediente académico del escritor, las relaciones
contractuales con sus casas editoriales, la de Noguera,
El valor del libro, basado en un enorme
trabajo de varias décadas, está en lo exhaustivo. De ahí nace también su
problema fundamental, la falta de depuración crítica de las fuentes y de sus
contenidos que acompaña a la exhaustividad y que condiciona la complejidad
compositiva; la dificultad de encontrar una estructuración biográfica adecuada
a una vida como la de Galdós que parecía tan pasiva con el sentido literario o
histórico pertinente.
En una obra de tal envergadura es inevitable
la aparición de errores. Exceptuando aquellos que proceden del ritmo siempre
progresivo de la redacción, de las prisas en la entrega a la editorial y del
inconcebible silencio de esta durante el proceso de la edición, hay otros que
nacen de interpretaciones apresuradas, pero los más visibles vienen acompañando
a las fuentes de donde tales datos han sido tomados. Luego son errores que solo
indirectamente se le pueden achacar a un autor que se ha propuesto recoger toda
la información existente que de algún modo se relacione con la vida de este
escritor.
Es necesario corregir algo que atañe a
personas que viven aún hoy y porque en él colaboran el error de la fuente con
la interpretación del documentalista, es el que concierne a la persona de
Rafaela González, Rafaelita, la hija natural del torero Rafael González
"Machaquito" y de una aristocrática dama cordobesa, que pasó su
infancia y adolescencia como ahijada de don Pepino, el sobrino de Galdós, y con
el escritor. En varias ocasiones vuelve don Pedro sobre esta figura y sobre las
enternecedoras relaciones que estableció con los dos ancianos que la cuidaron
durante la segunda década de este siglo. En todo ello hay una información
fehaciente que es la que procede de las cartas que suscitó su cariño en el
novelista. Pero hay otra parte, sobre sus orígenes gitanos (falso) y sobre
aspectos turbios en una situación familiar extraña como fue la de los últimos
años del escritor entre la familia legítima de los Hurtado de Mendoza y Pérez
Galdós frente a la natural, pero también legítima, de María Pérez Cobián, que
hubieran precisado un estudio mucho más riguroso y una exposición mucho más
precavida.
Las palabras de Alonso Zamora Vicente, en su
reseña de Leer de febrero de 1997, subrayan el acertado y meritorio
valor enciclopédico de la obra: "Uno de los valores más nítidos de este
volumen es el de poner, debidamente armonizadas, las aportaciones dispersas a
través de la ya agobiante bibliografía, socorro valiosísimo para el no
especialista".
1. NUEVAS EDICIONES DE OBRAS GALDOSIANAS.
- "Cuarenta leguas por Cantabria y
otras páginas" Benito Pérez Galdós. Edición, prólogo y notas de BENITO
MADARIAGA DE
- "Cuentos fantásticos"
Benito Pérez Galdós. Edición de ALAN E.SMITH. Madrid, Cátedra, 1996.
- Los cuentos de Galdós: obra completa.
Benito Pérez Galdós. Recopilación y estudio de Oswaldo Izquierdo Dorta.
- The theatre of Galdos, Realidad (1892).
Benito Pérez Galdós. edited with an introduction by Lisa Pauline Condé.
Lewiston: E.Mellen Press, cop. 1993. (Texto en español, introducción y notas en
inglés.)
- Episodios Nacionales. Benito Pérez
Galdós. Comentarios y pies de ilustraciones adicionales realizadas por Javier
Tusell. Edición de Bibliófilo, limitada y numerada a 2.990 colecciones.
Ilustraciones a todo color de Goya. Madrid: Club Internacional del Libro.
(Edición realizada para conmemorar el 150 Aniversario de D. Benito Pérez
Galdós.)
2.- PUBLICACIONES DE CRÍTICA GALDOSIANA.-
LIBROS.
- "Angel Guerra, de Benito Pérez
Galdós. Une etude psychanalytique de SADI LAKHARI, París, Ed. L’Harmattan,
1996.
- Sexo y política: lecturas galdosianas.
JOHN SINNIGEN. Madrid, Ediciones de
- El donjuanismo en las novelas de Galdós
y otros estudios. PACIENCIA ONTAÑÓN DE LOPE. México, Universidad Nacional
Autónoma de México. Cuadernos del Instituto de Investigaciones Filolólgicas,
1993.
- Galdós y la novela dialógica: la
tetralogía de "Torquemada". LUISA-ELENA DELGADO. Ann Arbor,
Michigan: U.M.I., Dissertatio Information Service, 1991. (Tesis doctoral)
- Galdós y Aragón. JESÚS RUBIO JIMÉNEZ
Y BRIAN J.DENDLE. Zaragoza, IberCaja, 1993.
- La literatura española en las obras de
Galdós: (función y sentido de la intertextualidad). RUBEN BENÍTEZ. Murcia.
Universidad, Secretariado de Publicaciones, 1992.
- "Lo prohibido" de B. Pérez
Galdós: naturalismo y regencia. LUIS LÓPEZ JIMÉNEZ. Madrid, Artes Gráficas
Municipales, 1995.
- Love, marriage and desire in the novelas
contemporáneas of Benito Pérez Galdós. STELLA MORENO. Ann Arbor, Michigan:
U.M.I., Dissertation Services, 1994. (Tesis doctoral)
- La gestación de Fortunata y Jacinta:
Galdós y la novela como reescritura. MERCEDES LÓPEZ-BARALT. Río Piedras,
Puerto Rico: Huracán, 1992.
- Marianela: visión plástico-escenográfica
y conversión del lenguaje literario al espacio tridimensional. Adaptación
teatral en XXI estudios, Eduardo Camacho Cabrera. Artículos de Juan Antonio
Hormigón y Rafael Fernández. Madrid: Asociación de Directores de Escena de
España, D.L., 1991.
- Materiales para escribir Madrid:
literatura y espacio urbano de Moratín a Galdós. EDWUARD BAKER. España:
Siglo XXI, 1991.
- El mundo novelístico de Pérez Galdós.
FRANCISCO CAUDET. Madrid: Anaya, 1992.
- Pérez Galdós y Clarín FRANCISCO
CAUDET Y J.Mª MARTÍNEZ CACHERO. Madrid: Júcar, 1993.
- El personaje femenino del teatro de
Galdós: (una aproximación al simbolismo histórico del escritor). JULIÁN
ÁVILA ARELLANO. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. 1992
- El problema religioso y el sentimiento
católico en Galdós. ANTONIO CABRERA PERERA. Las Palmas: Casa Museo Pérez
Galdós.1994.
- Pérez Galdós: Nazarín. PETER BLY.
London: Grant an Cutler, 1991. (Valencia: Artes Gráficas Soler).
- Pérez Galdós, Doña Perfecta.
J.E.VAREY. London: Grant & Cutler, 1993 (Valencia: Artes Gráficas Soler)
- La "verdad novelesca" en
Galdós. CARMEN MERCHÁN CANTOS. Barcelona: Publicaciones Universitat de
Barcelona, 1991 (Microforma. Tesis doctoral)
- Tradición, historia y literatura: de
Viera y Clavijo a Pérez Galdós. Conferencia inaugural del curso académico
1995-96. YOLANDA ARENCIBIA. Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria, Servicio de Publicaciones, 1996.
- Women in the theatre of Galdós: from
Realidad (1892) to Voluntad (1895). LISA PAULINE CONDE. Lewiston, New York:
The Edwin Mellen Press, cop. 1990.
BIOGRAFÍAS DE GALDÓS:
- "Galdós, lectura de una vida"
de ALFONSO ARMAS AYALA. Tenerife, Caja de Canarias, 1996?
- "Vida de Galdós" de
PEDRO ORTIZ ARMENGOL. Barcelona, Crítica, Grijalbo Mondadori, 1996.
ARTÍCULOS
- Acaba de aparecer el volumen XXIX-XXX de Anales
Galdosianos, correspondiente a los años 1994-1995. Madrid, Castalia.
- En el volumen De varia lección,
publicado por el Departamento de Filología
Española III, Facultad de Ciencias de
- "La palabra-vivencia en el
realismo/naturalismo de Benito Pérez Galdós.", de JULIÁN ÁVILA ARELLANO.
- "La oralidad como modernidad expresiva
en el discurso narrativo de Galdós.", de ANA MARÍA CONSTÁN SORIANO.
TESIS. PILAR GARCÍA PINACHO, La prensa
como fuente y subtema de los EE.NN., Facultad de Ciencias de
TESIS. RICARDO MARTÍNEZ CAÑAS, El Trienio
Constitucional en la obra de B.P.G. Facultad de Geografía e Historia,
U.C.M., 1994. A. M. CONSTÁN
UNA DE LAS PRIMERAS CARTAS QUE GALDÓS ESCRIBIÓ
UN MES DESPUÉS DE SU ESTRENO COMO PASEANTE EN
CORTE
EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1862
Hace un par de años tuve la ocasión de
conocer este texto, ya localizado, aunque no publicado, por Ricardo Doménech,
según reseña en la "Introducción" a su edición del primer ensayo
dramático en un acto y en verso, Quien mal hace bien no espere, de
Benito Pérez Galdós (Estudios Escénicos. Cuardernos de Investigación Teatral,
Barcelona, 18 de septiembre de 1974, pp. 253-292). No puedo entrar, ni hay para
qué, en la localización bibliográfica, pues ya está perfectamente documentada
por el profesor Doménech en su espléndida introducción (pp. 253-254) del drama.
Tengo que agradecer, eso sí, todos hemos de agradecer, el acceso de este texto
a la gestión realizada por la galdosista Carmen Menéndez Onrubia y a la
amabilidad de dos excelentes bibliotecarias, Dª. Pilar Martínez del Instituto
de Filología del C.S.I.C., y a Dª. Ana Vázquez del Institut del Teatre de
Barcelona (C/Almogávares, 177, 08018 Barcelona, tf. (93) 3099158, Fax (93)
3002153.)
Como se mal verá en la reproducción
facsimilar del original que transcribo a continuación, el joven Galdós de 19
años y medio utiliza ahora, no la escritura cuneiforme que le achacará su amigo
Clarín veinte años después, a mediados de los 80, sino una letra clara y
regular que combina bien con el tono respetuosamente amigable de su actitud de corresponsal
atento. En cuanto al contenido, se podría señalar algún rasgo ya peculiar
galdosiano como es esa sensibilidad e interés por el rostro moral de
Aquí tenemos ya a un Galdós que conoce la
actualidad de su momento por la prensa, pero también por su propia observación
como se infiere de los comentarios tan de primera mano que incluye en la carta.
TEXTO DE
Sr. D. Antonio Sendras,
Muy respetable amigo, con el mayor placer
recibi su carta en que vi que era V. victima del patriotismo gaditano. Grande
sensacion ha producido en el animo de los andaluces la visita de los regios
viageros y grande tambien la de SS.MM. al verse objeto de tan espontanea
ovacion, sin embargo de que semejante satisfaccion se ha desvanecido al llegar
a las puertas de Madrid.
Segun he visto el dia en que llegaron, aqui
no se les mira. La reina entro en la capital despues de viage tan largo y
apenas recibe una servil ovacion del cuerpo militar.
Ya el señor de Sall ha llegado a Canaria
segun tengo entendido despues de una ligera cuarentena. La fiebre que se ha
desarrollado en Sta. Cruz nos tiene llenos de la mayor consternacion.
Sin mas por hoy disponga de la amistad de su
affmo. y servidor Benito Perez Galdos.
P.D. El libro advenedizo de que hablo a V. es
una colección de artículos críticos de Mesonero Romanos.
Madrid 4 de Nov. 1862