DOCUMENTACIÓN
DE LAS SECCIONES TEMÁTICAS
SEGÚN EL ORDEN DE PRESENTACIÓN
Tema: Poética del realismo
galdosiano
Subtema: Sobre el discurso
realista desde la Lingüística del texto
Fecha: mayo
del 2000
Autor: (en su momento)
Se agradece
la lectura de la versión anterior a Alan E. Smith y Peter A. Bly
TÍTULO: Oralidad frente a
representación en el discurso realista galdosiano
Texto:
Consideraciones
previas:
El tema estrella
de toda poética, también el de la poética galdosiana, está en responder a la
cuestión de cómo puede el lenguaje literario ocultar la naturaleza artificiosa,
arbitraria, abstracta y poco motivada de su soporte verbal hasta el punto de
hacer sentir como realidad vívida lo que sólo es un discurso simbólico.
Ya no se trata
de discutir aquí acerca del realismo o del relativismo del lenguaje respecto de
la realidad que representa, sobre si es exactamente así lo representado, o si
lo que dicen las palabras sólo tiene que ver con las palabras y nada con la
referencia señalada. Los mecanismos de la significación y de la comunicación
son mucho más complejos de lo que permiten tales reduccionismos. Sin duda la
relación del lenguaje con la realidad es ambas cosas a la vez y muchas más.
Deslindando los campos desde una perspectiva metodológica un tanto burda se
podría comenzar diciendo que lo importante de esta cuestión está en no perder
de vista que la literatura sólo es un modo y un dominio dentro del programa
universal de encontrarle sentido individual, colectivo y esencial a la vida y a
la realidad; que todo lo existente en cualquiera de sus tres reinos y a lo
largo de su ciclo existencial se encuentra inserto en el proyecto de darle
sentido a eso que se llama realidad, algo que, a su vez, es tanto y tan
complicado que sólo mediante una cooperación colectiva e integradora similar se
podría soñar con abarcarlo y definirlo algún día lejano. Entre este magma en
continua ebullición y los diversos códigos que la naturaleza ciega y los seres
vivos van construyendo para sobrevivir del caos, la vida se inclina sobre sus
ecosistemas trazando mapas, definiciones, sentidos aproximativos y
provisionales con los que salvar día a día su identidad. Entre la cruda e
inhóspita realidad y estos esquemas y códigos salvavidas la evolución ha ido
haciendo el tejido de la supervivencia con ramificaciones múltiples que van
desde el código genético hasta las obras maestras de la cultura. El resultado
final es colectivo, un colectivo de individualidades que se han visto obligadas
a cooperar para sobrevivir. Y es en este escenario existencial más o menos
visible y consciente donde se producen las concordancias vida palabras que
sustentan la confianza en el lenguaje y en su capacidad representativa y
comunicativa.
Pongamos para
comprobarlo el microscopio de la reflexión en esa zona del inmenso tejido que
está ocupada por la Literatura y más en concreto el espacio que hace algo más
de un siglo estaban laborando Galdós y su amigo Clarín. Sobre este fragmento de
magma manufacturado en principio se puede optar por una de estas tres
posiciones críticas: o bien hacemos un tratamiento escrupulosamente
arqueológico (filología histórica); se puede actualizar siguiendo el desarrollo
orgánico de sus fuentes culturales y artísticas originales (filología hermenéutica),
o simplemente se puede utilizar como referencia cultural para ilustrar o
contrastar posiciones críticas actuales (impresionismo subjetivo, semiótico o
discursivo).
En este caso y
atendiendo a que nos interesa reconstruir su Poética en un sentido de precisión
científica que entonces no existía, parece que el camino más adecuado es el de
la Filología hermenéutica, es decir, mantener el escrupuloso respeto de los
filólogos clásicos aplicando criterios y metodologías críticas nuevas y
procurando no sobrepasar las posibilidades del objeto artístico.
Lo que está
debajo del microscopio es media decena de palabras de cada uno de ellos. En
ambos casos son el principio de dos relatos que constituyen el canon del
realismo literario decimonónico. Son relatos más o menos apreciados en su
momento, pero que desde nuestra perspectiva actual comparten la cualidad de
haber suscitado el respeto y la atención de los lectores en general hasta el
punto de ser considerados constitutivos de ese canon por los expertos.
El investigador
de hoy sabe que no puede acercarse de cualquier modo a estas palabras. Existen
esquemas ya constituidos y de eficacia probada, como lo es el estructuralista
de Roman Jakobson definiendo los componentes y las funciones que son
imprescindibles en todo acto comunicativo. Está la Glosemática de Hjelsmlev, la
Estilística de la Lengua de Ch. Bally, la semiopragmática, las teorías del
texto y del discurso...
Hoy día se puede
investigar el aspecto que se prefiera de esas palabras con la condición de no
perder de vista su definición territorial dentro del esquema comunicativo, y
que su valor principal consiste en estar marcadas por la función estructurante,
integradora, del texto y del discurso de que forman parte. También hay que
mantener la conciencia de que la percepción del crítico siempre está lastrada
por su irrenunciable e inevitable posición de receptor. Una posición que
llevará arrastrando a cualquiera de los otros cinco puntos del esquema
jakobsoniano en que fije su atención.
Desde esta
posición de receptor volvemos ahora a la cuestión inicial. ¿Cómo es posible que
estos dibujos verbales puedan succionar al lector y llevarle a una situación
comunicativa en la que las apreciaciones sean del mismo tono que las que se
tienen cuando se viven situaciones parecidas? ¿Por qué Las noticias más
remotas que tengo de la persona que lleva este nombre, además de la
información de que me van a contar algo, me producen una sensación de situación
comunicativa que se podría definir como confortable, mientras que no puedo
dejar de sentir una cierta sorpresa inquietante cuando me encuentro con La
heroica ciudad dormía la siesta.?
Sin duda aquí
debiera presentarse la Psicología Cognitiva para explicar los motivos por los
que los esquemas cosmovisionarios y comunicacionales construidos por el
lenguaje literario concuerdan de ese modo tan ajustado como eficaz con los del
receptor hasta llegar a anular un siglo largo de distancia cosmovisionaria y la
presencia física implacable del papel y de la tinta. La misma pregunta implica
que ya se ha producido el fenómeno estético de la verosimilitud artística. Si
puedo preguntar por cómo ha ocurrido, es que ya se está aceptando que ha
ocurrido, ya se ha producido la emoción que es motivo del cuestionamiento
propuesto.
Hoy día sabemos
que en el extenso y complejo telar en que todo y todos estamos prendidos
tejiendo y destejiendo la trama de la cultura, colgados del lenguaje sobre el
insondable cauce de la realidad, se produce este efecto de realidad cuando
nuestros esquemas cosmovisionarios, afectivos y lingüísticos coinciden o se
acercan lo suficiente a lo propuesto por ese otro tejedor especializado que es
el autor. En lo fundamental el efecto de verosimilitud del realismo, de todo
tipo de realismo, incluido el más idealista, consiste en esa coincidencia. Es,
pues, el resultado de una sensación y, como tal, preconsciente y compleja. Pero
también esto no deja de ser una respuesta pobre y parcial que no hace más que
proponer un cierto sentido a la extraordinaria complejidad del problema. Porque
la significación y la comunicación no es un fenómeno simple aunque sí esté
siempre integrado de modo unitario. Y, por lo tanto, habría que preguntarse,
teniendo en el horizonte el recordado esquema de Jakobson, qué parte de esa
cooperación en la verosimilitud final nace de la estimulación que produce el
lenguaje a la cooperación por acuerdo y coincidencia entre los polos
semiopragmáticos de la comunicación, el emisor y el receptor; y qué parte se
corresponde a la eficacia de la capacidad representativa y recreativa del
lenguaje utilizado para conectar con nuestra capacidad emocional y
cosmovisionaria. Este aspecto representativo y recreativo se concretaría a su
vez en dos facetas o estratos, uno especializado en la fidelidad veritativa o
denotativa de la representación; el otro, más elaborado, retórico, connotativo,
expresivo, perfilaría lo denotativo en la dirección emotiva y artística que
pide el discurso narrativo que domina y organiza el conjunto depurado de la
creación.
En esta línea
pretendo orientar esta exposición teniendo como motivo las citadas palabras de
estos dos escritores. En esta entrega me voy a limitar a proponer unas unidades
de medida mínimas que, en mi opinión, construyen los cimientos de todo el
complejo edificio de la creación artística.
No conozco
ningún estudio que haya llegado a definir con tanta precisión estas unidades
mínimas, y de hecho el proponerlas supone una gran dosis de atrevimiento, sólo
justificable porque se proponen como modelos a verificar mediante un corpus de
análisis mucho más amplio y diversificado que éste, y porque, en última
instancia, sólo es un modo de manufacturar y hacer operativo lo que ya está
implícito en el plano teórico de la desentrañada complejidad de los funtivos
semióticos y de los estudios del discurso como rganización retórica de los
textos.
En las
relaciones imprescindibles que se establecen entre emisor y receptor, por
ejemplo, el componente comunicativo del enunciado, supongo que existen unos
elementos mínimos del lenguaje verbal que tienen la función de colaborar en
mantenerlas. Estos elementos mínimos, que trataré de reconocer en las palabras
citadas, los denomino pragmáticos, y se ocupan de todas las funciones de este
tipo desde la presencia de voces y puntos de vista en la narración (sobre todo
en los verbos en forma personal) hasta las implicaturas de todo tipo, pasando
por los diversos modos de deixis que tiene y crea el lenguaje verbal.
A lo que sería
la función significativa, dividida a su vez en veritativa y expresiva, le
corresponderían también sus componentes elementales mínimos similares. Y todo
ello con la precisión de que no se trata de que los elementos pragmáticos sean
sólo depósitos en los que se encuentran recogidos verbalmente las sucesivas
presencias del emisor y del receptor, siempre interactivas, que sustentan la
comunicación, ni que los elementos veritativos y connotativos sean sólo
depósitos de información objetivizada y subjetivizada. Esto, que existe y que
es el resultado del primer análisis, sólo es lo que se diría en matemáticas el
valor absoluto de estos elementos. Un valor imprescindible pero inútil si no se
encuentra gestionado artísticamente en su integración dentro del texto y su
discurso. Una integración que comienza siendo puramente gramatical y léxica, y
se va articulando progresivamente hasta proyectar sus valores en los esquemas
discursivos elementales del lenguaje verbal (informativo, argumentativo,
coloquial) y en el más amplio y definitivo que sería el género artístico.
Soy consciente
de la extraordinaria indefinición que hay en la lengua, en el uso de la lengua,
entre sus diversas categorías fonéticas, gramaticales, semánticas, discursivas
y artísticas, y, por ello, del atrevimiento que supone proponer la existencia
de estos tres escuetos componentes. Quiero creer, sin embargo, que la
indefinición del lenguaje verbal no responde a su naturaleza sino a su
extraordinaria complejidad y, también, al hecho de que estamos en un dominio de
la cultura humana en el que la realidad observada y el instrumento con que se
la observa comparten antihigiénicamente la misma sustancia verbal, y en
demasiadas ocasiones la misma configuración retórica.
Si el motivo de
la indefinición estuviera en el fenómeno de la complejidad, entonces estaría de
sobra justificado que se comenzara de una vez ese proceso de diferenciación de
las hebras significativas y comunicativas que van tejiendo y creando las articulaciones
semióticas. Esto sería un proceso de exploración y de identificación sin duda
laborioso y poco brillante pero con la virtud de ir esclareciendo esta Babel de
lo opinable que envuelve la crítica literaria, mayor aún que la achacada por el
Padre Feijoo a la Medicina de su tiempo en el primer tomo de su Teatro
Crítico Universal.
Los elementos
están ahí. Su naturaleza ya ha quedado bastante definida desde la Estilística,
la Generativa, la Glosemática, la Semiopragmática y las teorías del texto y del
discurso. Sólo falta encontrar la metodología y la tecnología más rentable para
su identificación concreta. Los resultados en las Humanidades podrían ser tan
espectaculares como lo están siendo las investigaciones sobre el átomo y la
genética en las ciencias empíricas.
En este
escenario de incertidumbres y expectativas presento estos tres cabos del tejido
artístico realista rastreándolos en esos conglomerados naturales y mostrencos
que son las palabras tratando de desliar el laberinto en que están escondidos
sus nudos y articulaciones. De los tres es, por ahora, el componente denotativo
o veritativo el que presenta mayor indefinición debido a la naturaleza compleja
de las dos vertientes, la de los valores absolutos y la de los relativos o
discursivos, del significado de las palabras. El criterio valorativo adoptado
nace de lo que he llamado valor relativo, es decir, el valor que impone el
objetivo narrativo del texto en que se encuentran las palabras estudiadas.
Otros tipos discursivos, como el argumentativo o el coloquial con seguridad que
impondrían criterios del todo contrarios. Dentro del discurso narrativo
artístico que define en última instancia la naturaleza y el sentido de estas
palabras, el objetivo de reconstruir al ser humano metido problemáticamente en
su circunstancia vital obliga a valorar sobre todo el grado de precisión y de
estímulo de la percepción viva de los elementos utilizados. Por este motivo
propongo un baremo de valoración para este aspecto representativo de las
palabras que iría desde el valor 1 para los elementos menos valiosos como los
enlaces y ciertos modificadores de los grados de la cuantificación. Un valor 2
tendrían las palabras que representaran una realidad poco definida
plásticamente. 3 recibirían las palabras más concretas y eficaces en ese
sentido, y hasta 4 podrían recibir, sin pasar al nivel de lo expresivo, ciertas
palabras con una eficacia especial en esta dirección, por ejemplo ciertas
metáforas lexicalizadas.
En cuanto a los
valores connotativos se puede señalar en relación con los resultados del
análisis que sigue, su peculiaridad de repartir su eficacia reforzando los
efectos de los otros dos, ya que las elaboraciones expresivas del lenguaje,
como manipulaciones que son, raramente sólo afectan al aspecto significativo, también
se nota en ellos y a su través la presencia de las maniobras del emisor.
También comparte con los elementos pragmáticos la función de diferenciar los
estilos. Ante una misma cantidad de realidad representada, lo artístico, el
modo de hacerla vivir, se definirá, como veremos, por el predominio en el
tejido lingüístico del componente oral, comunicativo, o por el predominio de lo
retórico, de la realidad esculpida con el cincel de la palabra trabajada con
precisión de orfebre.
Análisis
textual y discursivo
Este ejemplo de
análisis discursivo se propone delimitar porcentajes de componentes semióticos
en el tejido artístico con la intención de perseguir en los niveles
microscópicos de la expresión las combinaciones de elementos mínimos que
articulándose en segmentos cada vez más extensos y complejos acaban produciendo
la emoción estética y artística de la verosimilitud realista.
Voy a poner bajo
el microscopio semiótico dos frases. Las primeras palabras del relato de Fortunata y Jacinta. Dos historias de casadas
de Galdós, y las de La Regenta
de su amigo Clarín,
sin detenerme, por ahora, a realizar los estudios intertextuales pertinentes
para establecer el contexto creativo común de ambas.
Galdós comienza
su relato, después del título general y del primer capítulo de la primera
parte, con estas palabras: Las
noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre [...].
Clarín, por su lado,
La heroica ciudad dormía la
siesta.
En la primera
frase cuento solamente 7 palabras debido a que considero las 7 últimas palabras
como una sola, es decir, como una referencia metanarrativa al título del
capítulo o una perífrasis que sustituye el nombre de Juanito Santa Cruz. En la
segunda frase sólo hay 5. Hay que señalar también que el principio del proceso
comunicativo se produce antes de llegar a las palabras del texto, antes,
incluso, de llegar a los títulos y subtítulos que actúan como pórticos
introductorios y diseño general de todo el discurso que se desarrolla a partir
de ellos. Los componentes pragmáticos comienzan a funcionar cuando se produce
el primer estímulo, sea académico, cultural o personal, que lleva a participar
en la lectura. Este es un aspecto de la comunicación que precisa de una
investigación mucho más aquilatada, pero de momento me voy a quedar con un
elemento pragmático que señale y defina (aunque en la práctica no lo voy a
definir ahora) la situación del lector eligiendo leer y estos textos
precisamente (situacional). Otro elemento previo a los que ofrecen las
palabras estará en el contexto, es decir, los elementos peritextuales,
la parte concreta del libro, las expectativas que de ese lugar (principio,
medio o fin) se proyectan sobre la lectura. Otro, en fin, surgirá de la
maquetación, tipografía, ilustraciones... que acompañan a la presencia física
del texto.
Tampoco me voy a
detener por ahora en esos elementos tan importantes para la correcta
organización y recepción de la comunicación que son los títulos y subtítulos.
Por su función de señalizadores de la lectura conforman una especie de
representación condensada, anafórica (siempre los tenemos en mente averiguando
si es verdad lo que anunciaban) y catafórica (simplemente informativa de lo que
va a seguir) de lo que se desarrolla a partir de ellos, y, por lo tanto, tienen
un valor mucho más amplio y complejo de lo que sus propias palabras dicen
aparentemente. El título no es sólo la entrada al texto. Es también, si está
bien puesto, su esqueleto diegético y una especie de clave de lectura que se va
activando e iluminando a medida que el lector lo va actualizando y desplegando
con la energía que se encuentra al tocar en los sitios esenciales del relato.
Por eso la eficacia artística y comunicativa de los títulos sólo puede
verificarse bien al final de la lectura, como test de calidad de la misma y de
la creación.
Pasando ya a los
textos, lo primero que se encuentra en ellos es un elemento gramatical y
léxicamente vacío de semantismo. Es también un elemento pragmático o
comunicativo que le dice al receptor que es necesario que coincida con el emisor
en la idea y en la actitud de que la referencia que viene a continuación es
conocida de ambos. Aunque no sea así, el receptor tiene que hacerle esta
concesión al emisor y hacer como si también le fuera conocida. Si no lo es, con
mayor motivo todavía porque el artículo genera entonces la expectativa de que
el narrador se lo va a contar, como ocurre con el término "ciudad" de
Clarín que se va a convertir en el centro simbólico de toda la narración, y con
seguridad, después de la imagen de Ana Ozores, será la visión más definida y
persistente que el receptor tendrá al final de su lectura. A cada uno de estos
dos artículos, pues, le doy un 1P
de pragmático. En el artículo de Clarín, sin embargo, y por su cercanía
sintáctica con el epíteto que le sigue, se siente también un cierto énfasis
personificador que, sin duda, se levanta desde los orígenes de la palabra en el
elativo latino clásico. Por lo tanto, también contaré en él 1R (retórico
o expresivo).
Noticias. Contemplado en la
dirección representativa de la realidad que pretende el lenguaje literario,
este término, como abstracto que es, tiene poca fuerza podríamos decir
visualizadora. Dentro del baremo de la función representativa de las palabras
(valor 1 para los enlaces, valor 2 para los términos abstractos como estos,
valor 3 y 4 para palabras con mayor fuerza imaginística), esta palabra tendría
un valor denotativo 2D.
Lo que no quiere decir, sin embargo, que no existan otros valores en ella. En
este caso concreto existen 2P,
porque en el significado léxico o referencial de la palabra hay una indicación
explícita a la presencia del emisor y del receptor de una comunicación anterior
en la que el narrador galdosiano fue el receptor, y alguien, que enseguida se
sabe que es Jacinto Villalonga, el emisor, y el lector se ve obligado, aunque
no se dé cuenta consciente de ello, a observar el relato con el distanciamiento
(que después se verá que es irónico) de estos dos intermediarios, Villalonga y
el autor implícito galdosiano. El emisor y el receptor están implícitos en el
significado léxico del término que el DRAE define con estas tres acepciones:
"Divulgación de un suceso", "Novedad que se comunica en
cualquier arte o ciencia", "Conocimiento elemental, especialmente de
sucesos".
Más. Este elemento
ligüístico es un cuantificador, es un marcador argumentativo, expresa una
valoración que siempre es subjetiva, emocional. Tiene, por lo tanto, una
función representativa mínima 1D,
pero resulta muy valioso para proyectar en el relato la presencia un tanto
irónica del autor implícito galdosiano. Por lo tanto, y a la espera de una
investigación más completa en el valor semiopragmático de los cuantificadores,
voy a darle también un valor 1P
por este motivo.
Remotas. A primera vista resulta
un adjetivo bastante eficaz en el aspecto representativo. Incluye un fondo
metafórico de imagen de movimiento hacia atrás, aunque ya se encuentra muy
lexicalizado. Es decir que sería una metáfora muerta. Por esto habría que darle
un valor 4D.
Pero Galdós o el autor implícito galdosiano no está aplicando esta imagen a
nada material, sino a los límites de sus recuerdos, y esto hace que en el
término siga persistiendo ese valor pragmático de reforzar la apreciación que
el lector tiene del autor implícito que es el emisor. Un valor que se refuerza
a su vez debido al determinante "más" que le acompaña y precisa la
extensión de esos límites del recuerdo. Valor 2P.
Que. Este término endofórico
tiene un valor semiopragmático en cuanto que es vehículo de una determinación
gramatical bastante normativa, intelectualizada y nada sugestiva, que
inconscientemente orienta la lectura en una dirección poco elaborada ni
selectiva artísticamente. A este definición casi preconsciente de la dirección
discursiva del autor implícito en la sensibilidad del lector habría que darle
un valor 1P.
Además tendría el valor denotativo como anafórico sustituto de
"noticias" 1D y por el sentido determinativo que proyecta
sobre esas noticias desde la oración de relativo que sigue, 1D.
Tengo. Como verbo es un
término con escaso y poco concreto valor representativo a nivel narrativo (2D), pero, como todos lo
verbos en forma personal, es muy importante por la definición del autor
implícito que ya se presenta en la cercanía de la primera persona y en el tono
comentativo más que narrativo del uso del presente (2P). Téngase también en
cuenta que en esta explosiva primera persona se funden la responsabilidad del
autor implícito con la posición de la focalización (en este momento interior) y
con la voz que produce la comunicación. Con todo ello se refuerza la imagen de
esa presencia alocutiva como la figura de una persona sincera que está haciendo
un juicio, a tenor de los rasgos de distanciamiento señalados antes, por lo
menos poco comprometido del informante (Jacinto María Villalonga) y del
personaje de que tratan las noticias (Juanito Santa Cruz). A todo esto le daría
un valor de 4P.
...de la
persona que lleva este nombre. Como ya adelanté le doy a toda la frase, valorada
narrativamente como una perífrasis, 2P,
primero porque es como un gesto o deíctico con que el autor implícito obliga al
lector a mirar otra vez el título del capítulo que acaba de comenzar a leer.
Otro valor del mismo tipo porque, al mismo tiempo, este autor implícito está
recalcando su actitud fría, si no es despectiva, respecto del motivo de su
narración. Como identificación de Juanito Santa cruz, 1P
Resumiendo lo
valores adjudicados, en el texto galdosiano tendríamos 3P, 1P, 2P, 1P, 2P, 1P, 2P, 4P, 2P, 2D,
1D, 4D, 1D,1D, 2D. Totales: 18P y 13D.
Lo primero que
encontramos en Clarín después de valorar los 4P y 1R anteriores es el epíteto
"heroica". Como adjetivo (2D) pero su significado cultural y su
posición y valor de epíteto produce dos valores más que en este caso son
claramente retóricos. El sustantivo que sigue se carga de las resonancias
épicas del adjetivo (1R)
y también de la emoción que parece proyectar el narrador en el uso de este
adjetivo personificador en posición de epíteto, 1R. Por epíteto, pues,
además 1R=1P,
pero teniendo en cuenta que este valor retórico del epíteto emocional en este
caso además de reforzar la significación del sustantivo que sigue, descubre la
presencia emocionada (ya se verá después que la emoción no es precisamente
positiva aunque hasta este momento lo parezca) del narrador.
Ciudad. Es un sustantivo
colectivo y abstracto en su significado de colectividad que terminará
cargándose a lo largo de la lectura de sangrante concreción humana. Es un
proceso artístico y estético que comienza a producirse desde este momento. Por
sí mismo el término tiene un valor 2D,
además de 2R
procedente de la proyección cultural y la personificación del epíteto que le
precede. A continuación se verá cómo el contraste, la paradoja semántica, que
sigue terminará proyectando de vuelta, como reenvío de delante a atrás dos
valores retóricos de personificación contraria, degradante.
Dormía. Es el átomo semiótico
explosivo de la frase. Tiene sus 3D
que corresponden a su significado concreto y sugestivamente eficaz. También
tiene los valores pragmáticos de toda forma verbal personal de definir al
emisor en este caso como distanciado y que describe un espacio comentándolo,
con una presencia emotiva fuerte 2P.
Pero lo más importante es el efecto de personificación que proyecta como
predicado sobre su sujeto, la "ciudad". Es una personificación y,
además, una paradoja semántica contra el sentido engrandecedor que había creado
hasta ahora el epíteto, (2R),
y como resultado de la paradoja se descubre la fuerte ironía con que se está
manifestando el narrador 1P.
Un elemento pragmático nuclear que no se puede comparar con los otros porque es
el punto en el que confluye y se cierra la clave del triángulo irónico que el
escritor ha creado como definición global del espacio agobiante que se va a
abrir y expandir ante los ojos del receptor.
La. 1P
Siesta. Valor denotativo 3D. Por el refuerzo de la personificación de "dormía" 1R. Por el refuerzo de la paradoja señalada, 1R. por el refuerzo de los resultados del descubrimiento de talante irónico o sarcástico del narrador, 1P.
Habría que
contar también con el aislamiento discursivo que sigue (punto ortográfico y
enunciativo) subrayando la concisión explosiva de este panorama incongruente y
de esos guiños sarcásticos del narrador, y valorarlo como efecto inquietante
similar a los que a veces producen los encabalgamientos abruptos, por ejemplo
los que suele utilizar Blas de Otero en sus poemas existencialistas. Estos
efectos no són fáciles de precisar, pero sin duda son un refuerzo de los
efectos más fuertes producidos antes, como es la inquietante paradoja en cuanto
que problematiza la idea que tiene el receptor de esa ciudad (1R) y también los efectos
desagradables que ha producido esa inesperada presencia sarcástica del narrador
desestabilizando la información que había proporcionado al receptor, 1P.
Haciendo
recuento de los resultados tenemos ahora:
|
Pérez Galdós |
|
Las |
noticias |
más |
remotas |
que |
tengo |
de...nombre |
|
E. pragmáticos |
3P |
1P |
2P |
1P |
2P |
1P |
6P |
2P |
|
E. veritativos |
|
|
2D |
1D |
4D |
2D |
2D |
1D |
|
E. retóricos |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
E. retóricos |
|
1R |
2R |
2R |
2R |
|
2R |
1R |
|
E. veritativos |
|
|
2D |
2D |
3D |
|
3D |
|
|
E. pragmáticos |
3P |
1P |
1P |
|
3P |
1P |
1P |
1P |
|
Clarín |
|
La |
heroica |
ciudad |
dormía |
la |
siesta |
. |
RESULTADOS
TOTALES:
|
|
Galdós |
Clarín |
|
|
Pragmático |
18* |
11 |
Oralidad |
|
Veritativo |
12 |
10 |
Realidad |
|
Retórico |
0 |
10* |
Escultura |
Conclusiones
Resulta evidente
que el tejido semiótico del discurso clariniano es más tupido y concentrado que
el que ha tejido Galdós. En principio, si se aceptan las propuestas del
formalismo acerca de la densidad, consistencia y autonomía del discurso
artístico frente a la mayor contextualización y delgadez retórica del lenguaje
no artístico, se podría decir que el discurso de Clarín construye de modo más
denso su representación de la realidad humana. Se podría decir que la esculpe.
Ahora bien, ¿sólo de ese modo se puede construir la eficacia artística y
estética de los lenguajes?
Galdós, en
compensación de la flojedad de su tejido, tiene sin embargo una extraordinaria
agilidad enunciativa. Stephen Gilman, entre otros galdosistas, tiene palabras
reveladoras acerca de la oralidad en Fortunata
y en general en la obra literaria de este escritor. Aquí tenemos una muestra
mínima en la que se puede investigar con precisión en qué cosiste esa agilidad.
Lo cierto, lo que parece quedar demostrado en esta comparación de resultados es
que el discurso literario no se define por lo que dice, aspecto en el que ambos
escritores están al mismo nivel, sino por el modo de decirlo. Lo que uno tiene
de más de retórica, el otro lo compensa con camaradería enunciativa con el
receptor. En última instancia es éste el que tiene que sentir como revelación
de la realidad humana íntima y trascendente lo que se le dice. Los lectores de
Clarín lo sienten cuando las palabras manipuladas retóricamente estallan en sus
conciencias. Los lectores galdosianos se dejan arrullar o inquietar por la
melodía de la voz narrativa.