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Cuaderno de crisis/ 6
Por
Albert
Recio
Al margen
Por
Juan-Ramón Capella
Reseña por encargo
Sobre el libro Apunts
sobre la clandestinitat de Octavi Pellissa
¡Para no perdérselo, vamos!
Sobre la película
Volviendo a casa de Vincenzo Marra |
La biblioteca
de Babel
·
Juan
Kalvellido. PAZlestina
·
Sándor
Kopácsi, En nombre de la clase obrera
·
Immanuel
Wallerstein,
Universalismo europeo. El
discurso del poder / L'universalisme europeu. La retòrica del poder
Foro de webs
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Revista
Economía Critica
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Jurídicas
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Sin permiso
Revista mientras
tanto
· Contenido del nº 107
· Contenido del nº 108-109
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Cuaderno
de crisis/ 6
Albert
Recio
Es
la estructura, no el mercado laboral
I
Seguimos
en las mismas. La dramática destrucción de empleo existente en nuestro
país conduce una y otra vez al mercado laboral como centro y final de
las políticas económicas. Ahora es el nuevo manifiesto
http://www.crisis09.es al que El
País ha dedicado una insistente publicidad: primero en las páginas
salmón del domingo 26 de abril, al día siguiente en la columna de
Joaquín Estefanía y el martes en el artículo de opinión de Ramón Marimón.
La razón central de tanta noticia es que se trata de un manifiesto
firmado por “los más prestigiosos economistas académicos del país”. Y
por tanto hay que darles crédito pues han llegado a esta conclusión tras
una profunda reflexión intelectual.
Leído
el manifiesto se observa un total paralelismo con los argumentos que en
su día ya lanzó el Gobernador del Banco de España. No hay casualidades,
los verdaderos autores de la propuesta son los mismos que desde hace
años controlan la línea de análisis del mercado laboral que se elabora
en el Servicio de Estudios del Banco de España y en la Fedea (la
Fundación de las Cajas de Ahorro) y que sin duda son los responsables
del presente documento. Se trata de personas que hace muchos años están
haciendo el mismo discurso sobre la necesidad de flexibilizar el mercado
laboral español, y que suelen ser especialistas en retorcer su análisis
cuando la realidad les da la espalda. En la década de los ochenta
sostenían que la rigidez del mercado laboral y la excesiva protección al
desempleo (en un período en el que menos del 25% de los parados recibían
alguna prestación) era la causante del elevado desempleo español. En la
década siguiente, cuando la tasa de temporalidad ya estaba en el 30%
adujeron que la rigidez provenía de la propia temporalidad, pues este
colchón de temporales permitía a los empleados fijos estar a salvo de
los ajustes de plantilla. Un argumento que eludía la evidencia que en la
crisis de 1991-1994 se destruyera básicamente empleo estable. Después
han seguido con variaciones del tema con independencia de las numerosas
reformas habidas desde 1994 y que han afectado a las normas de despido,
a la negociación colectiva y con una larga experiencia de negociación
colectiva dominada por la moderación salarial. Da igual, el problema
del desempleo sigue residiendo en su opinión en la dualidad del mercado
laboral (fijos hiperprotegidos, temporales precarios), el carácter
inflacionista de la negociación colectiva, la falta de incentivos a la
búsqueda de empleo debida a un exceso de duración de la protección y
cosas por estilo.
II
Su
argumento llega en un momento aparentemente adecuado. Cuando se puede
constatar que en este momento sí que la destrucción de empleo se ha
cebado más en los temporales que en los fijos y cuando se acaba de
anunciar que los salarios en el último trimestre subieron casi un 5%. Lo
segundo es mero engaño para inexpertos. Lo primero requiere una
explicación más compleja.
La
encuesta trimestral de salarios recoge el salario medio que reciben los
asalariados empleados en el trimestre en cuestión. Entre dos trimestres
puede que hayan variado los salarios o el volumen de empleo, y ambas
variaciones afectarán al dato final. En situaciones como la actual donde
se reduce el empleo, el salario medio del trimestre anterior se obtenía
de un número mayor de asalariados que el siguiente. Si los empleos
destruidos se han producido entre los personas con salarios más bajos,
la media del trimestre siguiente dará un resultado superior simplemente
porque los que han mantenido el empleo cobran más. Un pequeño ejemplo
numérico puede servir. Supongamos un país con asalariados de dos tipos,
unos ganan 2000 euros al mes y otros 1000. Supongamos que en este país
trabajan 3 millones de personas, 1 millón del primer grupo y el resto
del segundo. El salario medio será por tanto de 1333,33 euros al mes
(sumamos 2000 x 1 millón y 1000 x 2 millones y lo dividimos por 3
millones). Al trimestre siguiente se han perdido medio millón de
empleos, 100 mil del grupo uno y 400 mil del grupo dos. Los salarios no
han cambiado. Cuando repetimos la operación anterior obtenemos un
salario medio de 1360 euros mensuales, el salario medio de los ocupados
ha aumentado sin que nadie haya experimentado ninguna mejora salarial,
simplemente es que ahora hay una proporción menor de ocupados con bajos
salarios. Esto es lo que explica el ultimo dato de salarios, nada que
ver con negociación colectiva sino simplemente una muestra más de lo que
llamamos “efecto composición”. De hecho, este ha sido un importante
elemento de moderación salarial en años anteriores, pues
sistemáticamente se han estado creando empleos en sectores u ocupaciones
de salarios bajos (por ejemplo vía sustitución de trabajadores con
antigüedad por jóvenes que entraban en la empresa en condiciones a
menudo contractualmente distintas). Ahora que se destruye empleo, y esta
destrucción se ceba más en los trabajadores con menores salarios, el
efecto es el inverso. Un cálculo rápido a partir de los datos de la
contabilidad nacional (http://www.ine.es)
muestra que entre 2001 y 2007 las remuneraciones de los asalariados
pasaron de representar un 49,5% de la Renta Nacional Bruta a un 41,5%,
en un período donde creció el porcentaje de población asalariada. Un
cambio en la distribución de la renta que difícilmente se sostendría de
tener una negociación colectiva inflacionista.
Más
complejo es el tema de los cambios en el empleo, pero cuando se analizan
de forma detallada las cosas aparecen bastante más complejas de lo que
sugieren los firmantes del manifiesto. Comparando la evolución del
empleo asalariado entre el cuarto trimestre del 2007 y el primero del
2009 lo que puede resultar sorprendente es que mientras en conjunto se
destruyen 1,03 millones de empleos este valor es el resultado de una
destrucción de casi 1,19 millones de empleo temporales y la creación de
0,16 empleos fijos. Una evolución tan sorprendente obliga a pensar que
debajo subyacen cambios en la estructura ocupacional. La primera pista
es que mientras que en el caso de los hombres se destruyen tanto empleos
fijos como temporales (en la proporción aproximada de 1 a 10), en el
caso de las mujeres se pierden muchos menos puestos de trabajo y se
generan más de un cuarto de millón de empleos fijos. Conocida la enorme
segregación ocupacional por género no hay duda que explicar lo que
ocurre requiere analizar las cosas con más detalle. En primer lugar
constatar que de nuevo el sector público se comporta de forma diferente
que el privado y es el causante neto de 2/3 de la creación de nuevos
empleos estables, el resto son básicamente empleos femeninos en el
sector privado. Cuando analizamos lo que ha ocurrido por sectores
volvemos a comprobar, otra vez, la importancia del efecto composición.
La enorme destrucción de empleo temporal es en gran parte debido al
enorme peso del empleo temporal en los sectores en los que se ha
concentrado en mayor medida la crisis, especialmente en el caso de la
construcción, el comercio, la hostelería. En el sector industrial, donde
la destrucción de empleo ha sido intensa, efectivamente los empleados
temporales están más afectados, pero en una proporción menor, por cada
dos empleos temporales destruidos desaparece uno de estable (contando
que muchas empresas dilatan el ajuste de plantilla mediante el recurso a
expedientes temporales). En resumen los procesos de creación y
destrucción de empleo obedecen a lógicas bastante más complejas que los
simples modelos duales con los que se manejan este sector de
economistas. En la estructura del mercado laboral español hay enormes
desigualdades pero estas no pueden limitarse al sencillo esquema
fijo-temporal sino que afectan a un conjunto mucho más diverso de
variables. Por ejemplo, en el seno de una investigación sobre el sector
auxiliar del automóvil hemos podido detectar empresas de un mismo grupo
con diferencias salariales de un 30-40% entre sí. Diferencias que el
grupo empresarial consigue mediante la aplicación de convenios
colectivos diferentes en cada planta. Precisamente el fraccionamiento de
la negociación colectiva (lo que pide el manifiesto comentado),
combinado con los complejos procesos de subcontratación, ha generado una
enorme variedad de situaciones laborales y una grandísima precariedad
social de los actores.
De
la misma forma que un análisis de largo plazo de la evolución del
desempleo permite observar que la evolución del paro de larga duración
(parados que llevan más de un año sin empleo) tiene un comportamiento
claramente cíclico: crece espectacularmente en los períodos de crisis
aguda y se reduce también drásticamente cuando el empleo se recupera. Lo
que explica esta evolución no es la existencia de un sistema
excesivamente paternalista de protección al desempleo sino el proceso de
creación y destrucción de empleo sobre el que las personas desempleadas
tienen poca o ninguna incidencia.
Si
la
economía española se ha caracterizado por algo en el período neoliberal
es por la exageración de los procesos del mercado laboral. Con fases de
aguda destrucción de empleo (fijo o temporal) y otras de creación
rápida, pero a menudo poco consolidada. Cuando se entra al detalle de
estos procesos se advierte la importancia de los aspectos estructurales.
Del tipo de sectores en los que se concentra la actividad productiva,
del tipo de empresas, de los modelos de gestión de la fuerza de trabajo.
La ausencia, por ejemplo, de una formación profesional de calidad es en
gran medida producto de la reluctancia empresarial a generar procesos
que no sólo “formen” sino que generen “reconocimiento profesional” que
deberá traducirse en salarios y condiciones laborales. De la misma forma
que el modelo migratorio de los últimos años ha sido promocionado con
profusión como un medio para obtener una fuerza de trabajo dócil, barata
y “flexible”. Sin cambios en la estructura productiva, en los modelos de
gestión social, sin un reforzamiento del sector público va a ser difícil
salir de la pesadilla social que significa una economía que oscila
recurrentemente entre el paro masivo y el empleo de mala calidad.
No
deja
de ser una muestra de cinismo o de supina ignorancia encabezar un
manifiesto (o un artículo) aduciendo que la crisis no la ha causado el
mercado laboral para a continuación hacer recaer todo el cambio del
modelo en reformas en este campo. Sin apuntar propuestas en otras
direcciones. Uno siempre había supuesto que buscar las causas era una
buena vía para encontrar soluciones. Aquí se nos propone que puesto que
el suministro eléctrico ha fallado lo que tenemos que hacer es cambiar
las bombillas.
III
Quienes
firman el manifiesto no son además expertos en el mercado laboral.
Tocan
de oídas o con la confianza inveterada en la calidad analítica de un
reducido grupo de economistas del Banco de España o de Fedea (Bentolila,
Dolado, Andrés...). Repasando el listado de firmantes se advierte la
enorme presencia de personas adscritas a unos pocos departamentos y a
una precisa corriente académica. Lo que en la profesión se conoce desde
hace años como el grupo de los “minessotos”. Economistas teóricos, la
mayoría especializados en teoría de juegos con poco o ningún interés por
el análisis de la realidad concreta de cada país. O al menos es lo que
siempre les hemos oído comentar, que la alta ciencia debe concentrarse
en los modelos abstractos. Un grupo que ha alcanzado un enorme poder en
la esfera académica y política. Personas que manteniendo una evidente
comunidad de intereses y proyectos han conseguido colocarse en
importantes puestos gubernamentales con el Partido Popular, el Partido
Socialista, Convergencia y Unió. Personas por tanto influyentes a los
que quizás habría que preguntar qué opiniones expresaron para evitar que
acabáramos en el desastre actual. Por qué no advirtieron sobre “las
causas” que han generado el problema. Y por qué siguen sin decir ni “mu”
sobre qué reforma requiere el sistema financiero —un causante obvio del
problema—, cómo se podría cambiar la estructura productiva del país —sin
caer en la sobada generalidad del capital humano y el i+d que ya se
enseña en bachillerato— y cómo se puede reconducir el cáncer
inmobiliario. Hay incluso entre los firmantes quien hace años pronosticó
el hundimiento inmediato de la Seguridad Social y cuando la realidad le
dio un revolcón a sus previsiones, lejos de disculparse y dedicarse a
otra cosa, ha seguido dando lecciones sobre el tema.
Hay
otras muchas personas en España que llevan muchos años estudiando el
mercado laboral desde una óptica económica. Con mucho trabajo
estadístico y analítico. Prácticamente ninguna de ellas firma el
manifiesto. Si en lugar de una mera operación propagandística
estuviéramos ante un verdadero debate social seguramente la opinión de
estas personas sería considerada. Pero con la reforma laboral ocurre lo
mismo que con el debate de la energía nuclear: los que hablan de “abrir
el debate sin apriorismos” en verdad lo que proponen es que les den
carta libre para propagar su unilateral punto de vista. Un punto de
vista que en casi todo coincide con lo que están pidiendo los líderes
empresariales. Como alguien me comentó, “menos mal que íbamos a reformar
el capitalismo”
IV
Que
este
y otros grupos de interés conspiren no es nada nuevo. Que se intenten
colar intereses como ciencia verdadera tampoco. Lo que es increíble es
la nula capacidad de la izquierda política y sindical para articular una
mínima respuesta social.
Y
no
es la primera vez que ocurre. Cuando la reforma laboral de 1994, tuve
ocasión de participar en una reunión de especialistas en el mercado
laboral con la cúpula sindical de CCOO y UGT. La propuesta que salió de
la misma fue la de organizar una jornada de análisis del mercado
laboral, con ponentes de enfoques diversos que ayudaran a contestar el
discurso dominante y generar ideas en otra dirección. Era un momento
propicio a una iniciativa de este tipo. En una época en la que sólo nos
comunicábamos por fax, un modesto manifiesto elaborado en Barcelona
consiguió reunir en pocos días más de 300 firmas de profesores (no
consiguió en cambio aparecer citado en casi ningún medio de
comunicación). Pero los sindicatos fueron incapaces de generar tal
iniciativa y al final aparecieron como los únicos que se oponían a una
reforma que contaba con la bendición de los “expertos”.
Ahora
las cosas son aún más graves. Porque no estamos sólo ante una reforma
laboral, sino ante una crisis general que puede dar lugar a dinámicas
sociales muy peligrosas. Una crisis que exige respuesta no sólo en el
campo del empleo. Donde todos nos movemos en grados de incertidumbre e
indefinición que a la postre pueden acabar en una situación realmente
grave. Y donde en el plano de la escena política se vislumbra una
recomposición de la derecha, a la que no le temblará el pulso a la hora
de aplicar nuevas políticas antisociales con la excusa de salir de la
crisis. Por ello parece ya directamente suicida que los sindicatos o lo
que queda de Izquierda Unida-Iniciativa sean incapaces de generar
procesos en los que, como mínimo, salgan propuestas alternativas al
machacón discurso que repiten como “mantras” la CEOE, el Banco de
España, la OCDE y el FMI. Y al que el manifiesto comentado trata de dar
patina científica. Parafraseando la conocida escena del film de Nanni
Moretti, “Por favor, hagan algo, promuevan la participación, promuevan
un debate de verdad, ayuden a organizar una respuesta social,
organicen”. Aunque sea sólo por mero instinto de supervivencia. ¿O es
que aún no han entendido que lo que propone en la práctica esta reforma
es la desaparición efectiva de los sindicatos y el reforzamiento de los
derechos del capital?
La peste porcina o
de qué va la flexibilidad
Pensaba
escribir sobre la cumbre del G20. Pero han pasado tantos días y tiene
tan poca “chicha” que al final me gana la inmediatez. Escribir de nuevo
sobre el teatro política, la incapacidad real de poner en vereda al
sistema financiero, la incapacidad de romper con el modelo de
capitalismo neoliberal, resulta a la postre aburrido. Los lectores de
este cuaderno verían que me repito. Aunque no puedo pasar por alto
subrayar que al final la única medida efectiva a corto plazo es la de
dotar de fondos al caduco Fondo Monetario Internacional, que ya ha
empezado a hacer de las suyas con los planes de ajuste impuestos a los
países del Este de Europa.
La
peste
porcina en cambio es un tema más nuevo y que da para alguna
consideración. No voy a entrar en el análisis de las causas. De ello se
encarga, creo que con bastante acierto, el artículo de Mike Davis
reproducido por los amigos de Sin Permiso. Creo que lo más
sensato es pensar que el problema ha surgido de forma relativamente
simple, como un subproducto de las muchas “guarrerías” endémicas del
sector cárnico. Un sector que en el pasado ya ha dado historias tan
escalofriantes como la de las vacas locas, la peste aviar o el mismo
tráfico de cerdos que se produjo en Catalunya y que amplificó la
magnitud de la peste porcina. Una industria que también en el plano
laboral se encuentra entre las que ofrece peores salarios y condiciones
de trabajo. No por casualidad suele ser un “nicho” de mercado para los
inmigrantes más desfavorecidos, un modelo que se repite por igual en
Omaha o en Vic. Parecen en cambio rocambolescas y poco relevantes
algunas de las historias conspirativas que han comenzado a circular,
como la de la contaminación de los narcos o la de un experimento
genético fallido. A menudo lo más simple es lo más verdadero. La misma
generalización mediática del nombre “gripe nueva” parece diseñada para
tapar la responsabilidad del sector cárnico . La historia en general, y
la historia del capitalismo en particular, está llena de catástrofes no
intencionadas, subproductos involuntarios (pero inevitables) de las
ansias de acumulación privada. Eso que los economistas convencionales
serios llaman “externalidades negativas” o que con mayor generalidad
podemos llamar “costes sociales de la acumulación de capital”.
Sobre
lo
que quería llamar la atención es sobre un aspecto particular de la
cuestión, también subrayada por Davis —hoy no soy ni gota de original— y
que constituye uno de los núcleos sobre los que gira el debate económico
de los últimos años. La cuestión de la flexibilidad. Flexibilidad
entendida como capacidad de respuesta inmediata a una situación
inesperada, de adaptación continua al cambio. Ese es el paradigma que se
propugna para la organización de la vida laboral (flexibilidad de
contratación, de cambio profesional continuado. etc.). Pero que también
se plantea en otros muchos cambios de la vida social, especialmente en
el diseño de servicios públicos de respuesta inmediata a catástrofes e
imprevistos. De hecho, todo el discurso al que estamos asistiendo estos
días es de ese tipo: buscar respuestas inmediatas a la expansión de la
enfermedad, contar con los medios farmacéuticos para hacerle frente. Las
autoridades de la mayoría de países están basando todo su discurso
tranquilizador en el hecho de que cuentan con una respuesta flexible
adecuada (aunque uno piensa que, de serlo, es más por casualidad que por
previsión, que cuentan con grandes dosis de Tamiflu porque fallaron las
previsiones de propagación de la peste aviar) y que saben cómo responder
a la amenaza (aunque escuchando al presidente mexicano decir que no hay
sitio tan seguro como la propia casa, en un país con elevados niveles de
violencia doméstica, uno se atrevía a pensar que el nivel de seguridad
quizás no fuera realmente muy alto, especialmente para las mujeres). Lo
importante es la respuesta, no la causa ni el proceso.
Esta
forma de pensar cierra el espacio a otro planteamiento. No sólo el
preguntarse por las causas y sus responsables. La amenaza es tan grande
que lo prioritario es conjurarla. También el impedir pensar en otro tipo
de políticas. Las de priorizar la reducción de catástrofes mediante la
organización adecuada de los procesos productivos, la organización
preventiva, la anticipación. Lo que supone además realizar una adecuada
evaluación social tanto de los riesgos que significan el fracaso de las
respuestas inmediatas a catástrofes imprevistas, como la comparación de
los costes relativos de las políticas preventivas (de organización
previa) o de respuesta. Esto que es evidente en todos los ámbitos de
salud — evitar la enfermedad o curarla una vez aparece— vale para muchos
otros campos de la vida social. Como el de la economía, donde el debate
se plantea entre promocionar modelos económicos que generan una enorme
inestabilidad (como el actual sistema financiero, o el modelo de
exacerbada especialización territorial) y exigen respuestas laborales y
económicas flexibles, con elevados costes sociales, o por el contrario
desarrollar sistemas productivos más regulados donde la respuesta rápida
se requiere sólo para situaciones realmente impredecibles. Lo que
también es evidente en campos como la planificación territorial (el uso
masivo del automóvil es en parte una solución flexible a un modelo
espacial totalmente desajustado) o las políticas de seguridad
(sociedades más tolerantes e integradoras, frente a modelos donde prima
el garrote contra el delito inevitable). La política de la respuesta
flexible es la del predominio de la solución de fin de conducto, tan
bien conocida en el ámbito del análisis de los problemas ambientales.
Por
ello la actual peste es una nueva muestra de promoción de una
flexibilidad irreflexiva que demasiadas veces se muestra ineficaz.
Planteando abiertamente el dilema prevención-respuesta, en este caso
obligando al debate sobre la ordenación del sistema alimenticio, quizás
podamos también abrir brecha en el debate más general sobre el tipo de
organización social que mejor garantiza el bienestar de las personas.
Incluyendo en ello la minimización de los episodios terroríficos.
Al
margen
Juan-Ramón Capella
¿Grietas?
La
filmación que muestra a los mossos d’esquadra saliendo como
posesos de las “lecheras” con la porra en alto para cargar contra los
estudiantes que protestaban en Barcelona por el llamado “proceso de
Bolonia”, o sea, por las normas de subordinación a los mercados de las
universidades, merece ser comentada. La furia de los mossos más
parecía fruto de la excitación química que del celo por el orden. Y
cargaban sobre unos jóvenes que en su vida han recibido un capón porque
eso está prohibido. Hasta a una madre le han quitado la patria potestad
y encarcelado por soltarle uno a su hijo, y no hace falta hablar de lo
mucho que se tienen que contener los enseñantes, educados de otro modo.
¿Qué
ocurre con el proceso de Bolonia? Está cuestionado por universitarios de
toda Europa, que consideran disparatados o inoportunos uno u otro de sus
aspectos. En España se ha suscitado un debate intelectual al respecto en
que se ha pronunciado analítica y políticamente en contra de las normas
consensuadas en Bolonia un sector importante de las personas que en
nuestro país se ganan la vida con la reflexión, el análisis o la
enseñanza universitaria. La presidencia del gobierno no ha ignorado el
problema, pero ha recurrido al cambio ministerial, colocando al frente
de Educación a un rector destacado, sin la menor intención de aplazar y
reconsiderar la cuestión. Eso significa que el poder tiene por
fundamentales los cambios auspiciados por Bolonia, pero significa
también que no se ha percatado todavía de que el proceso de Bolonia está
ligado a una perspectiva de políticas neoliberales que han hecho aguas
por todas partes. Todo el mundo sabe que con Bolonia se irá a peor en la
enseñanza superior; se conseguirá colocarla al nivel de las enseñanzas
medias. Y eso ocurre cuando una reforma educativa seria y profunda es
más necesaria que nunca para adaptarse al mundo que emanará de la crisis
económica.
Los
jóvenes
que hoy luchan por introducir racionalidad en la reforma universitaria
—abordada por gentes que vive en un mundo de pseudoconceptos generados
por ellas mismas—, y los que el curso próximo empezarán a sufrir el
nuevo sistema, pueden ser una primera grieta social para el
sistema político de democracia limitada que preside nuestras
instituciones. Democracia que no va más allá de prestar aquiescencia a
tal o cual lista electoral cocinada al margen de la democracia, y
aquiescencia que no conlleva responsabilidad alguna para los premiados
por la mansedumbre popular. Pero esa primera grieta potencial —los
jóvenes posiblemente comprenderán que no es eso, y que su voz es
respondida por el sistema a golpes de porra— no es la única posible.
Pues si a los estudiantes se les trata a porrazos, imaginen lo que el
sistema
les reserva a las protestas de las clases trabajadoras. Sobre ellas se
descarga una crisis que fulmina sus aspiraciones cuando ya vivían en la
inseguridad laboral, en el desarreglo de las jornadas laborales, en el
autoritarismo patronal tolerado y hasta se diría que fomentado por las
autoridades políticas. Los más débiles serán los más afectados. No se
puede esperar que la profundización de la crisis deje de crear un
ambiente en el que el conformismo social de los años de euforia
económica tenga su fin. La profundización de la crisis traerá protestas
localizadas y quién sabe si generalizadas. Pero es seguro que
justamente cuando empiece a aliviarse se hará patente la grieta
abierta entre las personas que trabajan y el sistema empresarial y
político. El cuento de hadas de la transición y la supuesta democracia
empezará a desvanecerse. Un par de grietas no son mucho, pero tarde o
temprano un sistema socio-político tan falso e injusto como el nuestro
tenía que empezar a mostrar a todos su desnudez.
Gripe y droga
La
epidemia
de gripe aviar surgida en China hizo ver al gobierno las limitaciones de
sus éxitos económicos. Y los gobernantes chinos actuaron con la máxima
celeridad. Lo que la OMS temía que llegara a ser una terrible pandemia
mundial no llegó a serlo. Ahora, en cambio, la gripe porcina surgida en
México puede ser otra cosa. En un Estado semidestruido y corrupto por
las mafias de la droga, la epidemia ha corrido como la pólvora y el país
casi se ha tenido que paralizar. Las cartas de los amigos mexicanos al
respecto son mucho más terribles que las noticias de la prensa. Y es de
temer que al haberse dado tarde las alarmas sanitarias la gripe llegue a
ser una peligrosa pandemia que golpee no sólo a los mexicanos, sobre
todo a los pobres malnutridos, sino que llegue también hasta nosotros.
La
droga.
¿Saben los lectores cómo se blanquean los dineros de la droga?
Sencillamente, montando empresas legales. Tiendas de ropa, en Sicilia;
restaurantes, cadenas hoteleras y centros de ocio en varios países del
mundo, etc. La inmixtión de lo legal y lo ilegal es característica de
las mafias. Por eso es tan difícil establecer cuál es el volumen de la
economía de las drogas, cuál es el papel de los “paraísos fiscales” por
donde pasa el dinero de la droga, y también como se relacionan con ese
mundo de “negocios” los diversos servicios secretos al servicio (valga
la redundancia) “del bien”. El excelente libro de R. Saviano, Gomorra
—no vale la pena ver la película “basada” en el libro, en la que
desaparecen los aspectos políticos del asunto que sí están en el libro—,
retrata cómo involucra ese mercado de la droga la actividad de
muchísimas gentes en una zona económicamente deprimida, y el poder
social que detentan esos “empresarios” siniestros. La connivencia de
mafia, mercado y política es un auténtico cáncer para la vida social. El
cáncer menos detectable.
Nombres y moda
Resultan
reveladores los nombres de las empresas implicadas en la trama de
corrupción valenciana. La empresa principal del “empresario” Correa se
llama Orange Market. En inglés, claro es, pero no se rompió la
cabeza: Mercado Naranja, algo que va muy bien para Valencia.
Encargaba los trajes regalados a Forever young, o sea,
Joven para siempre, la eterna juventud que viste Francisco Camps. Y
facturaba la cosa otra empresa llamada Easy concept, que puede
traducirse de diversas maneras, como Idea fácil, por ejemplo. Y
es que todo era muy fácil. Se comprende que el presidente de la
Generalitat valenciana devolviera en cambio los trajes de Milano,
sin anglicismo alguno, que le regalaron: el nombre de la empresa es
anticuado, y la moda italiana, los Armani, la sigue hasta Arnaldo
Otegi. La ropa de Camps revela que la ética y la estética van a veces en
direcciones distintas. ¡Quién lo iba a decir!
Peligro pensiones
El
gobernador
del Banco de España ha seguido con su ofensiva para la modificación del
sistema de la seguridad social. Esta vez propone que, como hay deflación
—esto es, descenso del nivel de los precios—, hay que aplicarla al
cómputo de las pensiones. Una idea brillante: mantener supuestamente
intacta en términos reales la capacidad de consumo de los pensionistas,
que como todo el mundo sabe, perciben en España pensiones astronómicas,
se compran coches de lujo y juegan al golf en Puerta de Hierro.
Aparte
de que no sé si a los comerciantes, en época de crisis, les va a gustar
esa propuesta de que sus potenciales clientes tengan menos dinero en
efectivo, conviene retener la idea.
Porque
la indexación a precios de las pensiones va a ser una de las cosas más
amenazadas en cuanto empiece a desatarse la inflación galopante que,
como resultado del endeudamiento público para reflotar los negocios
(principalmente el negocio bancario), va a azotar implacablemente a los
más pobres. Por supuesto, no creemos que en esa fase inevitable el
gobernador del Banco de España siga defendiendo lo que defiende ahora.
La
ruptura
de la indexación a precios de salarios y pensiones sería motivo de
huelga general en este país. Y esta ruptura sería muy probable en el
caso de que el PP recupere el gobierno.
Hay
que
tenerlo claro.
Reseña
por encargo
Octavi Pellissa: Apunts sobre la clandestinitat. Diario 1975-1992,
El Viejo Topo, Mataró, 2008
Hay
libros que se editan para venderlos; y hay otros que se publican por
piedad hacía el autor, que no es mala persona (pero un poquito pesado).
Los que se esperan vender son objeto de una campaña de publicidad que te
hace pensar si no deberías comprártelo (leértelo ya es otra cuestión).
Los otros, los que se sabe ya que no serán preciosamente un éxito de
ventas, pasan por algunas selectas librerías —no todas: no interesa—
como llevados por el fuerte viento, que hoy los deja para mañana
llevárselos. Cuando cesa el viento, los libros descansan eternamente en
una estantería, acumulando polvo (o peor: la guillotina acecha detrás de
cada montón de invendidos).
Si
esto ocurre, el autor empieza a perder los nervios y fatiga a los amigos
para le echen una reseña. Claro, que el autor de este libro, Octavi
Pellissa, lleva anualidades criando malvas; aunque siempre hay algún
neuras que le suplanta, en este caso, el orondo crítico que firma la
cronología del volumen. Pero, como nadie ha leído el libro, lo tiene una
miaja difícil (y a destiempo). En fin, le he dicho que, si no le hace
nada que sea un perro (un tanto callejero, la verdad), le hago yo la
reseña... siempre y cuando se acuerde de mí cuando llegue el calor (y
los helados). [De todas formas, la Puri me ha advertido que no me confíe
demasiado, que hay crisis, y no es tiempo de invitar a perros reseñeros.
Bueno, veremos.]
O
sea
que voy a hablar de un libro condenado. Condenado a no ser. Y condenado
por todos vosotros, que ni lo habéis ojeado. Un libro del que no se
habla, no se vende y, por consiguiente, no se lee es un libro que no
existe. La verdad sea dicha, no sé qué os ha hecho este libro. Por
cierto, ¿qué os ha hecho? A mí podéis decírmelo: soy un perro. A un
homínido, no, claro: se acordaría.
¿No
se la tendréis jurada a Octavi Pellissa, verdad? Plausible, pero
improbable. Más que nada, porque no tenéis edad para haberle conocido.
Y, además, mientras tanto está emparentada por todas partes con
el quehacer de Pellissa. Por lo tanto, no veo por qué tendríais que
mirar mal su recuerdo. Todos los miembros fundadores de esta revista —o
sea, mientras tanto— eran compañeros suyos en el Centre de
Treball i Documentació y, de hecho, mientras tanto nació y creció
en el centro durante una buena pila de años. Más aún, mientras
tanto tenía algunas cajas de resonancia: una era el CTD. Dicen que
el CTD era un trabajo colectivo, pero no hagas caso: el CTD era Octavi
Pellissa (y Ramón Garrabou, y toda la pesca: también Josep Mª Fradera,
autor del prólogo). De lo que hacían y decían se puede aprender. Mucho.
Pero aprender oralmente, porque no se ha escrito ningún libro. Bueno,
sí. Éste, claro.
Así,
pues, deduzco que no os gusta el libro (por ciencia infusa, pues ni lo
habéis visto). El libro son memorias, pero no son exactamente memorias.
Habla de la clandestinidad, pero no va de ello (o, para entendernos, no
va solamente de ello). Son pecios, pero tampoco lo son en demasía. Con
lo que llevo dicho sobre lo que es pero que no es, uno más diligente que
vosotros habría corrido a la librería a reservar un ejemplar. Seguro.
Pero vosotros, no.
No te
creas:
no es tan fácil sacarle punta a la cosa, porque se las trae. Los apuntes
de Pellissa empiezan cuando todo ha acabado. La clandestinidad, por
supuesto; pero también el día de mañana, que se fiaba glorioso. (Escribo
Pellissa, pero podéis poner Sacristán: se enfrentaron a lo mismo.) Eso
sí, en el caso de Pellissa, con bastante mofa y mucho sarcasmo. Pero,
claro, en el libro esto no está dicho así, claro y rotundo. Son unos
diarios póstumos, no dispuestos para su publicación. Es como la
extracción de oro: sale con ganga. Pero, ¿acaso no sois mineros de los
libros?
Pues
hacéis mal. Porque el librito es también los recuerdos de un hombre que
renunció a los relumbrones y, con otros de su mismo pelaje, intentó
poner en pie un curioso centro para el trabajo cultural de izquierdas
(cuando empezaban a llover chuzos de punta). En fin, haced lo que
queráis: a mí, la historia me absolverá (pues no sé de ningún perro
condenado). A vosotros, está por ver.
[El perro Gógol
(de la Oficina Soviética para el Cine)]
¡Para
no perdérselo, vamos!
Estáis
de suerte, qué duda cabe. ¿Os acordáis de Viento de tierra de
Vincenzo Marra? La que iba de un pobre soldado napolitano contaminado en
Serbia por las bombas de los norteamericanos, ¿os acordáis? Era muy
buena, pero que muy buena. Era la segunda. La primera era Volviendo a
casa (2001), que seguía tocando lo mismo: el Mediterráneo como
fuente de conflictos. Pescadores, lucha de clases, inmigración ilegal, y
un final para interrogarse: cómo se vive al otro lado. Por la forma, no
os preocupéis: ha estudiado en Cuba, y sabe lo que se trae entre manos.
De verdad.
Almas
áridas, lo siento: tenéis que ir. Guardad el Bel Ami de Guy de
Maupassant para otro día: me lo agradeceréis (o quizás no, pero es
igual). Esto sí: sólo la hacen dos días. Así que tomad nota:
Tornando a casa / Volviendo a casa
Filmoteca
(Avenida de Sarrià núm. 33)
Sábado,
9 de mayo, a las 22 horas
Domingo,
10 de mayo, a las 19:30 horas
[El
perro Gógol
perro, peliculero, y prosoviético]
La
biblioteca de Babel
Juan Kalvellido
PAZlestina
El Viejo
Topo, Mataró, 2009, 133 pp.
Una
de las
características que tendría que distinguir la izquierda de la derecha es
la capacidad de mantener intacto el sentido de la indignación.
Indignarse es un verbo necesario e imprescindible para quienes creemos
que no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Este sentido, el
libro Pazlestina es un ejemplo puro de indignación ante los
recientes y criminales ataques del Estado de Israel contra la Franja de
Gaza que han causado la muerte de más de mil inocentes.
El
libro reúne los
dibujos que sobre el tema realizó el gaditano Juan Kalvellido. Como todo
dibujante inteligente, Kalvellido no se limita a representar
gráficamente la rabia que le produce el ver lo que ve, sino a comentar
los hechos y a proponer nuevas maneras de verlos, depurándolos de la
sistemática deformación a la que nos sometieron
—y
nos someten—
un nutrido grupo de “opinionistas”.
En
la primera parte, titulada “Akuse de recibo”, se publican varios dibujos
sobre el conflicto de Oriente Medio, comentados por escritores y
activistas por los derechos humanos (entre otros, señalamos a Carlos
Taibo, Francisco Fernández Buey, Alfonso Sastre, Juan Goytisolo y
Alfonso Serrano). En la segunda parte, se recopilan los dibujos del
autor publicados en Internet en los días del ataque israelí, del 30 de
diciembre de 2008 al 19 de enero de 2009. Como indica el mismo título de
la sección, se trata de un verdadero “parte de guerra”, de la crónica
cotidiana de una masacre inaceptable que clama paz y justicia. El
resultado final del libro es un logrado mosaico de contrainformación
dolorida y reivindicativa. Pues eso, indignada.
[G.P.]
Sándor Kopácsi
En nombre de la
clase obrera
El Viejo
Topo, Mataró, 2009
Treinta
años después de ser publicada la edición original en francés, El Viejo
Topo ha tenido el acierto de traducir al castellano En nombre de la
clase obrera, un libro de memorias sobre la revolución húngara de
1956 trufado a partes iguales de pasajes divertidos y espeluznantes. El
autor, Sándor Kopácsi, fue uno de los encausados por haber dirigido,
junto con personajes más célebres como Imre Nagy o Pál Maléter, el
levantamiento “contrarrevolucionario” contra la “democracia popular”
presidida por Ernő Gerő, que fue como los soviéticos acabaron
considerando la revuelta.
Sin
embargo, pocas personas de las que participaron en los hechos debían de
ajustarse menos al perfil de conspirador contrarrevolucionario y
prooccidental que los rusos les adjudicaron: Kopácsi, que en su juventud
había combatido como partisano contra las tropas nazis y luego había
trabajado como tornero fresador, era ni más ni menos que el jefe de la
policía metropolitana de Budapest
—no
confundir con la ÁVH, la implacable y odiada policía política del
régimen—
cuando se produjo la insurrección. (Es más, había empezado a ejercer ese
cargo en tiempos del conspicuo estalinista Mátyás Rákosi, época en que,
según confiesa el propio Kopácsi, ni se le pasaba por la cabeza dudar de
las virtudes del sistema.) A los pocos días de iniciado el
levantamiento, y al comprobar que la mayoría de los supuestos
“fascistas” a los que tenía que combatir eran, como él mismo, obreros y
estudiantes de extracción humilde, decidió tomar partido por la
revolución.
En
resumen, aunque En nombre de la clase obrera no es un estudio
académico riguroso
—el
traductor de la obra al castellano, Domingo Talens, ha subsanado las
lagunas de contextualización histórica con una documentada introducción
y una extensa cronología—,
constituye un impagable relato de primera mano sobre la Hungría de los
años cincuenta en general y sobre la revolución de 1956 en particular.
[Carles Mercadal]
Immanuel
Wallerstein
Universalismo europeo. El discurso del poder
Trad. de
Josefina Anaya, Siglo XXI, Madrid, 2007, 123 pp.
L'universalisme
europeu. La retòrica del poder
Trad. de
Maite Insa, Publicacions de la Universitat de València, València, 2008,
128 pp.
Immanuel
Wallerstein (1930-) es actualmente, junto con Giovanni Arrighi, David
Harvey y el ya fallecido André Gunder Frank, uno de los principales
investigadores sobre la dinámica del sistema capitalista mundial. En
esta obra, reflexiona sobre el significado del universalismo, donde se
oponen dos concepciones: el universalismo europeo y el
universalismo universal. Y ello es de suma importancia pues, según
el autor, el desenlace del enfrentamiento entre ambas concepciones
determinará la forma en que se estructure el futuro del sistema-mundo en
las próximas décadas.
El
universalismo europeo consiste en el discurso que se ha
desarrollado al servicio del poder, una retórica parcial y
distorsionada, un discurso de superioridad, intimidatorio y arrogante
cuando se refiere al “otro” a dominar. Esta retórica, que identifica
Wallerstein, ha tenido su génesis histórica y ha pasado por tres grandes
momentos: el derecho de injerencia, el orientalismo y el
universalismo científico.
Frente
a este universalismo europeo, Wallerstein nos propone una nueva
concepción del universalismo, el universalismo universal, que
consistiría, en un tipo de universalismo “que rechace las
caracterizaciones esencialistas de la realidad social, deje atrás tanto
los universales como los particulares, reunifique lo supuestamente
científico y humanístico en una epistemología única y nos permita mirar
con ojos altamente clínicos y del todo escépticos cualquier
justificación de ‘injerencia’ a manos de los poderosos contra los
débiles.”
Wallerstein
advierte que nos hallamos ante la crisis estructural del sistema mundo
moderno, al final de la era del universalismo europeo que ha tenido una
duración de quinientos años. Ante esta situación se abren básicamente
dos alternativas: una de ellas consistiría en la convivencia de una
multiplicidad de universalismos, algo parecido a una red de
universalismos universales. La otra alternativa sería, un mundo en el
que se radicalizase la jerarquía y la desigualdad, el cual estuviese
fundado en valores pretendidamente universales, donde el racismo y el
sexismo y otras formas de exclusión ordenasen nuestras prácticas y vida
cotidiana.
[Joan Lara Amat y León]
Foro
de webs
Revista Economía Critica
http://www.revistaeconomiacritica.org
La
Revista de Economía Crítica, nacida de las Jornadas de Economía
Crítica, abre una nueva etapa. Ahora en un formato completamente
digital. Se trata de una revista de pensamiento crítico en economía,
pero con una orientación académica. Trata de cubrir un espacio distinto
de las revistas de pensamiento social y promocionar una orientación
científica rigurosa al pensamiento económico crítico. En la web de la
revista están disponibles todos los números de la revista.
PÁGINAS-AMIGAS
Centre de Treball
i Documentació (CTD)
http://www.cetede.org
Nómadas. Revista Crítica de
Ciencias Sociales y Jurídicas
http://www.ucm.es/info/nomadas
El Viejo Topo
http://www.elviejotopo.com
La Insignia-
http://www.lainsignia.org
Sin permiso
http://www.sinpermiso.info/
Revista
mientras tanto
Número 107
| mientras
tanto
BCCBBHBCCBBBCBBBCBBBBCCB |
2008107
María Rosa Borràs, in memoriam.
NOTAS EDITORIALES
¿EL FINAL DEL NEOLIBERALISMO?
Albert Recio
EUROPA SÍ, EUROPA NO
José Antonio Estévez
UNA BRISA FRESCA JUNTO AL CASPIO
Josep
Torrel
ARTÍCULOS
Aproximaciones anómicas al campo del género
HOMOSEXUALIDAD, MASCULINIDADES, E IDENTIDAD GAY EN LA
TARDOMODERNIDAD: EL CASO ESPAÑOL
Oscar Guasch
¿DE
LA DESCONSTRUCCIÓN A LA (RE)ESENCIALIZACIÓN? GÉNERO,
HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA Y MINORÍAS SEXUALES
Laurentino Vélez-Pellegrini
RECONSTRUIR LA IDENTIDAD MASCULINA: UNA OBLIGACIÓN POLÍTICA
Daniel Gabarró
LA IDENTIDAD DE GÉNERO: DOS REFLEXIONES DESDE UNA PERSPECTIVA
TRANS
Andrea Planelles
OTROS ARTÍCULOS
MARXISMO Y DESARROLLO
Bob Sutcliffe
PANE LUCRANDO. OCTAVI PELLISA Y EL QUEHACER REMUNERADO
Josep Torrell
SE HA APAGADO UNA VOZ IMPRESCINDIBLE: RECORDANDO A DAVID ANISI
RESEÑAS
LA IDENTIDAD SEXUAL EN EL EMBUDO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO
Antonio Giménez Merino
GHANDI. UNA ANTOLOGÍA
Pere Ortega
CITA
LYNNE SEGAL
|
|
mientras
tanto bitartean mientras tanto mentrestant
BCCBBHBCCBBBCBBBCBBBBCCB
|
Número 108-109
|
mientras
tanto
BCCBBHBCCBBBCBBBCBBBBCCB |
2009108-109
NOTAS EDITORIALES
TRES MILLONES
Albert Recio
¿QUÉ PERSIGUE ISRAEL EN GAZA?
J-L. Gordillo
ISRAEL Y EL ALMA
J-R- Capella
CARTA A LOS MAGOS DE IZQUIERDA UNIDA
J-R. Capella
¿QUÉ REGULACIÓN DEL ABORTO
Antonio Giménez Merino
LA
MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD (SEGÚN LA UE).
J-A. Estévez Araujo
ARTÍCULOS
QUE NO TE DEN DEMOCRACIA POR GOBERNANZA
J-A. Estévez
LA
ESTRATEGIA DE LA GOBERNANZA EN EL DEBATE SOBRE LA DEMOCRACIA EN
EUROPA
Giovanni Messina
¿QUÉ CRISIS? ¿QUÉ REGULACIÓN?
Antonio Antón
CRISIS FINANCIERA, ECONOMÍA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Nuria Almirón
LA
GUERRA DE AFGANISTÁN: UNA GUERRA TAMBIÉN CONTRA EL DERECHO
Eduardo Melero
EL
11-S Y LA ‘INQUISICIÓN ESTADOUNIDENSE’
Michel Chossudovsjy
ENTONCES, ¿CÓMO FUE?
Juan Gelman
LA
‘GUERRA CONTRA EL TERRORISMO’, NUEVA MISIÓN DE LA OTAN
Cedric Housez
IN
CRESCENDO, PARA CINCO VOCES. ENTREVISTAS SOBRE EL
DECRECIMIENTO
Oriol Leira y Stefano Puddu
DOCUMENTO
JUDÍOS CONTRA EL COLONIALISMO SIONISTA. CARTA DE LA RED JUDÍA
ANTISIONISTA INTERNACIONAL
por Internacional Jewish Anti-Zionist
CITA
PETER HANDKE
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