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Crónica
desde Belém sobre el Foro Social Mundial
J-A.
Estévez
El
Foro Social Mundial de este año se celebra en Belém, capital del estado
brasileño de Parà, una ciudad que se auto-proclama capital de la
Amazonía. La Amazonía no es sólo una selva riquísima en biodiversidad,
la mayor “fábrica” de agua dulce del mundo, o el principal “pulmón” del
planeta. La Amazonía se extiende a través de las fronteras de nueve
países y en ella viven más de veinticinco millones de habitantes. Se
contabilizan entre éstos más de ochocientos pueblos con doscientas
lenguas diferentes.
Aquí
se plantea con enorme intensidad y urgencia el problema de la
conciliación entre ecología y economía, es decir, la cuestión de cómo
conjugar la efectiva satisfacción de las necesidades sociales con la
sustentabilidad de las formas de satisfacerlas. Eso ha dado un sesgo
peculiar y específico a esta edición del Foro. Se ha dedicado uno de los
días exclusivamente a actividades relacionadas con la Amazonía (el día
de la Pan-Amazonía). Y entre los participantes en el Foro se constata
una nutrida presencia de representantes de los numerosos pueblos
indígenas que la pueblan.
Con
ocasión de la celebración del Foro, la ciudad ha sido tomada por la
policía. Pero en este caso, no ha sido para reprimir o controlar a los
asistentes, sino para protegerlos de robos y atracos. Pues la
criminalidad violenta ha aumentado mucho en ésta hasta hace poco
relativamente tranquila (para los parámetros de Brasil) población. Este
fenómeno tiene su raíz última en la enorme desigualdad de este país,
pero ha tenido su causa más próxima en la intensificación de la lucha
contra el tráfico de drogas desde que el PT se hizo con el control del
Estado de Parà. Es una realidad que uno vive como una terrible
contradicción: tener que ser protegido por una policía que mantiene a
los pobres locales alejados del lugar donde se discuten las propuestas
para que otro mundo sea posible.
Las
actividades del Foro se están desarrollando en los campus de dos
universidades de Belém: la Universidad Federal de Parà (UFPA) y la
Universidad Federal Rural de la Amazonía (UFRA). Se trata de áreas
enormes (sobre todo en el caso de la UFRA), al lado del río, con mucha
vegetación. Algo completamente distinto del campus de una universidad
española.
En
este foro, a diferencia de otros anteriores, aparentemente todas las
actividades son autogestionadas. La organización se ha limitado a
distribuir los espacios y los turnos. La diferencia que existe entre las
actividades que se realizan es que unas (las que tienen formato de panel
o mesa redonda) están agrupadas en espacios (grandes tiendas de campaña)
temáticos. Los talleres o grupos de trabajo se desarrollan en las aulas
de las dos Universidades. En las tiendas temáticas tienen lugar los
actos más multitudinarios y políticos y en los talleres se intercambian
experiencias, se discute y se elaboran propuestas. Estas propuestas
siguen un proceso de síntesis a través de un proceso piramidal: cada
grupo elige un relator, luego hay una puesta en común, los resultados se
elevan a la asamblea del tema y finalmente tiene lugar la “Asamblea de
las Asambleas” el último día del Foro.
El
contexto
en el que se sitúan todos los análisis que se hacen aquí está marcado
por la crisis del neoliberalismo. Es un contexto que contrasta
radicalmente con el de enero de 2001, cuando tuvo lugar el primer Foro
Social Mundial.
Se ha dicho aquí que el neoliberalismo ha fracasado en sus propios
términos y se ha hablado incluso de “desmoronamiento del
neoliberalismo”. Sin embargo, eso resulta demasiado triunfalista. Pues
el neoliberalismo no es sólo privatización y desregulación. Esa es sólo
su primera trinchera. El neoliberalismo ha puesto en marcha también
nuevas formas de mercantilización de los órganos e instituciones
públicas y nuevas formas de regulación que privatizan el proceso de
producción de normas y decisiones político-jurídicas. Se trata de todo
ese conjunto de elementos que se pueden englobar en la constelación de
la llamada ‘gobernanza’. Y la gobernanza no está en absoluto
deslegitimada. Lo pone de manifiesto que en plena crisis neoliberal en
el ámbito de los mercados financieros, las autoridades universitarias
hayan seguido adelante con el proceso de Bolonia sin inmutarse en
absoluto.
Todo
el mundo
coincide aquí en que la crisis es muy profunda. Nos encontramos ante una
crisis económica, ecológica e, incluso, civilizatoria. Frente a la
crisis es necesario desarrollar una doble estrategia de resistencia y
avance para superarla. Es preciso oponerse a que sean los trabajadores y
las personas más desfavorecidas quienes la paguen, luchando contra las
propuestas de flexibilización, los despidos, la deslocalización de
empresas, el recorte de programas sociales e inversiones públicas...
Pero es necesario también superar este modelo de crecimiento y el modo
de vida que lleva aparejado para pasar a un escenario de sustentabilidad
en el que las personas atrapadas por el consumismo desarrollen la
capacidad de vivir más con menos.
A
diferencia
de lo que piensa el columnista de El País, en el Foro se manejan
ya muchas propuestas suficientemente delineadas que, articulándose,
pueden configurar ese nuevo modelo de vida sustentable. El problema no
es en absoluto, que no haya alternativas suficientemente concretas en
materia de energía, producción, transporte, consumo, distribución, etc.
El problema es más bien que, en muchos aspectos, la reflexión que genera
el foro tiene una dimensión más ética que política. Está muy claro qué
injusticias hay que combatir y qué es lo que hay que conseguir. Está muy
claro que otro mundo es posible y qué características debería tener. Lo
que no está tan claro es cuál es el camino para hacerlo realidad.
La
crisis universitaria y Bolonia
Juan-Ramón Capella
[Se
publica aquí la segunda parte de este artículo; la primera figura en el
número anterior de mientrastanto.e]
2.
Bolonia
2.1. ¿Homogeneización?
Se
dice que la homogeneización de las titulaciones superiores en el
territorio de la Unión Europea resulta conveniente dado el supuesto de
movilidad de las personas en su territorio. Los sistemas educativos de
cada Estado miembro son diferentes, distintos en muchos casos las
titulaciones, y distintas lo que se supone que reflejan los títulos: las
capacitaciones.
La
homogeneización
no es sin embargo una necesidad absoluta y que haya de ser satisfecha de
un modo brusco. Es obvio que los licenciados en medicina, por mucho que
estén homogeneizados sus saberes en el “espacio europeo”, no podrán
ejercer en cualquier país si no saben cosas elementales: por ejemplo,
cómo se dice ‘hígado’ en inglés, en alemán o en flamenco o polaco. El
ejercicio de la medicina, por seguir con el ejemplo, ha sido abierto en
España a muchos —y buenos— médicos árabes sin necesidad de homogeneizar
los sistemas de formación de los médicos en España y Marruecos. Abogados
españoles, por otra parte, intervienen en acuerdos jurídicos privados
internacionales sin tener que homogeneizarse con nadie (por ejemplo, no
con sus equivalentes brasileños o chinos). Y empresas españolas emplean
a ingenieros indios, con sueldos mucho más bajos que los de aquí.
En el
proyecto
de “espacio europeo de educación superior” hay muchas cosas que se
pueden poner en cuestión. No está nada claro que la “contabilidad” de
los créditos haya de ser la misma en todo el espacio europeo. Ni
que se adopte el pésimo y plutocrático modelo universitario
norteamericano (college + especialización). Lo que la
homogeneización haría posible, en cambio, sería un sistema de
concurrencia entre las universidades europeas, de modo que las más
“competitivas” acaparen todos los recursos y las que lo sean menos
emitan títulos devaluados de antemano. Como en Norteamérica, no sería lo
mismo un licenciado por Harvard, Yale o el MIT que por Maine u Nuevo
México.
Y
tampoco
está claro quiénes han hecho realmente el planeamiento del rimbombante
“espacio europeo de educación superior”. ¿De dónde han salido los
papeles de Bolonia?
2.1.1. La governance
El
modo en que se acordaron las políticas de “Bolonia” es
característico
del
déficit democrático de los gobiernos europeos. Se recurrió a expertos,
esto es, a autoridades académicas de los distintos países, sin abrir
debate alguno ni socialmente, en los medios de comunicación, ni
políticamente, en los parlamentos de los Estados. Se utilizaron
sencillamente las técnicas políticas de la gobernancia (governance).
La governance pretende que en la elaboración de las decisiones
participa la “sociedad civil”, pero la verdad es que la “sociedad civil”
de la gobernancia neoliberal está formada sólo por “expertos” y
demás gentes distinguidas, y en la toma de decisiones no se admite en
modo alguno la participación externa o crítica. Eso da de sí la
elaboración de las medidas por supuestos expertos afines a los grandes
poderes sociales y su imposición sin debate a los afectados; con mucha
publicidad institucional, claro es. Publicidad prevista de antemano:
Bolonia alberga justamente a la más antigua de las universidades
europeas.
2.2. El mercado mundial de servicios educativos
La
urgencia
de las transformaciones diseñadas por “Bolonia” viene impuesta por una
razón completamente distinta: la política económica neoliberal
transmitida por una directiva del Banco Mundial que exige la integración
de la educación superior en el mercado mundial de servicios.
Eso
les
viene muy bien a los gobernantes, que prefieren dedicar las
recaudaciones fiscales a cosas más rentables políticamente que la mejora
de la educación.
Dicho de
otro modo: el principal objetivo de “Bolonia” es que la educación
superior pase de ser una actividad promovida por el Estado a ser una
actividad mercantil como otras. Hasta ahora el Estado atiende a
necesidades culturales generales aunque algunas de ellas, como la
filología, la historia, la filosofía o la musicología, sean vistas como
antieconómicas desde puntos de vista estrechos. La ecología lo fue en su
día, y así vamos.
Hoy
las
titulaciones están siendo analizadas en términos de “rentabilidad”: de
la relación entre los gastos realizados y los ingresos que generan.
(Parece que una empresa privada, KPMG Asesores s.l., ha realizado un
estudio de este tipo para la Generalitat de Catalunya).
De ahí
la
principal aportación de “Bolonia”, que es sólo un primer paso:
iniciar una diferenciación en la educación superior empezando por una
reestructuración general de los grados académicos.
De una
parte habrá unas licenciaturas o diplomaturas disminuidas,
con menor contenido que las actuales, en las que aún se dejará sentir el
carácter público de la educación. Y quienes puedan completarán su
formación mediante masters mercantiles, necesarios para una
formación más completa, en la que intervendrá el mercado, esto
es, en el que será la demanda resultante de la canalización de
los recursos la que establezca qué enseñanzas de máster ofertadas
por las universidades subsisten y cuáles no.
2.2.1. El coste futuro de estudiar
Ello
va
a traducirse en lo siguiente: ante todo en el precio de los
servicios educativos. El objetivo es trasladar a los estudiantes una
parte mayor de los costes de la educación superior. Se pretende que ésta
deje de tener un precio político para aligerar el sistema fiscal
público. Para eso las matrículas de máster pasarán a costar
normalmente bastante más que los cursos actuales de licenciatura o
doctorado, y el precio de las matrículas de los cursos de licenciatura o
diplomatura se elevará.
El
montante
de esa elevación, puesto que se trata de futuro, no es fácilmente
determinable hoy, pero se puede barruntar que el precio del crédito de
un máster oficial (público) multiplicará entre 1,5 y 2,8 el
precio del crédito de la licenciatura.
Para
publicitar el cambio se insiste en que serán creadas líneas de crédito
bancario para que los estudiantes puedan pagar la elevación de las
tasas. O sea, que además de hipotecarse de por vida en el futuro para
acceder a una vivienda propia, los estudiantes tendrán que endeudarse de
inmediato, además y previamente, para completar sus estudios. Eso con la
perspectiva de los empleos mileuristas que el mercado de trabajo
les ofrece.
Este
cambio,
si se llega a implantar, agigantará el clasismo y las jerarquías
sociales basadas en el dinero. Las minorías pudientes irán a estudiar al
extranjero o a universidades privadas y comprarán los masters más
caros. El resto tendrá que conformarse con las licenciaturas y
diplomaturas devaluadas que establece el sistema de Bolonia.
2.2.2. Algunas pequeñas miserias
Hay
que
hablar también de pequeñas miserias.
Una
de
ellas es la existencia de masters privados, una variante
autorizada hoy en las universidades. Estos masters privados
son una forma de obtener sobresueldos. Para los alumnos valen unos 240
euros por clase recibida. Por coordinar un master de este tipo se
puede llegar a cobrar hasta 6000 euros, y hay profesores que han
coordinado hasta treinta; alguno de los especialistas en
este tipo de tenderetes ha llegado a rector. Casi ningún titular de
estos másters quiere convertirlo en un máster público:
prefieren mantener su corralito particular.
Hay
también
centros superiores privados que acogen a profesores universitarios de
dedicación a tiempo completo para dictar sistemáticamente cursos, series
de conferencias o colaborar en tutorías. Como el tiempo empleado en la
universidad no es controlado, ni tampoco el cumplimiento del estatuto de
dedicación a tiempo completo, también aquí hay espacio para los
sobresueldos.
2.3. ¿Calidad de la enseñanza?
No
hay
nada en “Bolonia” que garantice un incremento de la calidad de las
enseñanzas universitarias.
En
realidad,
lo que interesa en este momento no es la calidad de la enseñanza,
sino el incremento de la recaudación.
Para la
homogeneización
de los grados se están poniendo en práctica medidas “pedagógicas”
consistentes en recortar la autonomía de los docentes mediante
programaciones de sus enseñanzas que ponen énfasis en las
competencias (un término que procede de la llamada “economía de la
educación”) o consecuencias prácticas obtenidas de ellas. Eso deja de
lado que determinadas investigaciones avanzadas, características de la
educación superior —como pudieron ser en su día las geometrías no
euclídeas, la ecología, los estudios de género u hoy ciertos modelos
económicos matemáticos—, pueden carecer momentáneamente de consecuencia
práctica alguna. También hay que decir que estas nuevas y modernas
“programaciones” no son en muchos casos más que un mero cambio de
fachada, uniformista y burocrático, de los programas reales de
docencia.
Por
otra
parte reaparece en las universidades la vieja enseñanza por libre
del franquismo en forma de “cursos no presenciales”: cursos que no son
impartidos, sino meramente vendidos y examinados,
naturalmente con criterios muy laxos, en vez de atender en serio las
necesidades de los estudiantes que compaginan el estudio con el trabajo,
que son cada día más.
La mayor
parte
de estas “innovaciones” proceden de las Facultades de Pedagogía, con su
énfasis en las metodologías docentes y no en los contenidos
transmitidos, que tan notables resultados han cosechado ya en la
calidad de la enseñanza media.
2.3.1. Recorte de plantillas
Para
reducir
los costes de las universidades se estimula las prejubilaciones del
profesorado, al objeto de disminuir el volumen de los gastos docentes.
Parte del coste de los salarios de los prejubilados como eméritos
son trasladados al sistema de clases pasivas del Estado. El emeritaje
deja de ser un modo de conservar en las universidades el saber acumulado
por ciertos profesores particularmente competentes para convertirse en
una pieza del sistema de recorte real de las plantillas de
profesores.
2.4. La imposición de “Bolonia”
Las
autoridades
políticas y académicas van a tratar de contraponerse a las justificadas
protestas de los estudiantes contra el “proceso de Bolonia” con las dos
armas que tienen a su disposición: la publicidad y la policía.
La
publicidad,
para conseguir que “Bolonia” sea “bien entendida”. Quienes se
contraponen a “Bolonia” son presentados como gente torpe que no ha
comprendido bien las bondades del cambio. Pero la publicidad no
interrumpe la aplicación de las medidas boloñesas ni estimula un debate
en el que participen los universitarios y también la sociedad. Los
instrumentos de mediación sociales existentes hoy —fundamentalmente los
partidos políticos— distan mucho de progresar adecuadamente hacia
la comprensión de los verdaderos problemas de las gentes. Probablemente
un debate sobre el proceso de “Bolonia” exija la constitución de
comisiones y reuniones que lo animen: un movimiento para empezar de los
universitarios, pero abierto a sectores sociales externos a las
universidades.
La
policía
será usada si se consigue presentar las protestas como “violentas” o
“minoritarias”. Una parte del actual profesorado de las universidades
apoyará su intervención, pues para muchos profesores nadar con la
corriente es lo que hay que hacer para preservar su status
actual.
Es
necesario
que el debate y la crítica se mantengan dentro de los límites del
pacifismo y el respeto democrático hacia los demás. La violencia sólo
puede servir como provocación contra el movimiento universitario, para
justificar la represión. Lo que ocurre en Grecia en el momento de
redactar estas notas no es precisamente un ejemplo.
2.4.1. Adquirir perspectiva; proyectar el futuro
Los
universitarios
de toda Europa ven con ojos críticos el “proceso de
Bolonia”. Los estudiantes y profesores que exigen la revisión de los
acuerdos boloñeses no se pueden aislar, sino explicarse y relacionarse
con otras experiencias y con otros movimientos sociales. La
mercantilización de las universidades se debe detener. El objetivo de
los poderes no es privatizar las universidades, sino gestionarlas con
criterios procedentes de las empresas privadas. Por eso las
autoridades juran que las universidades no se privatizarán. Callan que
les basta el objetivo de que funcionen como empresas en un mercado de
servicios educativos.
Las
universidades
han de ser la sede principal de la crítica intelectual, cultural y
política de su actual conformación. Y han de promoverla las gentes más
disponibles para ello: los universitarios. En mi opinión los estudiantes
deben ingeniar e instrumentar actividades culturales no competitivas,
otras también auto-reflexivas, y la crítica del profesorado material o
culturalmente absentista.
La
renovación
de las universidades ha de tener en perspectiva los grandes problemas
del mundo contemporáneo: el manojo de los problemas ecológicos y
demográficos, las enormes desigualdades sociales del mundo globalizado,
el fracaso de la actual configuración de empresas y mercados, la
militarización del mundo, las migraciones y la efectiva pluralidad
cultural de las sociedades opulentas, la insuficiencia de las actuales
instituciones políticas. La crisis de la civilización que conocemos
habrá de ser afrontada por personas de formación más sólida que las que
predispone el espacio europeo de educación superior.
NOTA: Publicamos aquí la segunda parte de este
trabajo, que ha aparecido impreso completo en el número de enero de la
revista El Viejo Topo.
Cuaderno
de crisis 3
Albert
Recio
PARO MASIVO
1
La
publicación de la Encuesta de Población Activa (E.P.A.) del cuarto
trimestre de 2008 da una cuenta bastante detallada de la magnitud del
descalabro. En un año el paro ha aumentado en un millón doscientas
ochenta mil personas. Mientras hace un año los analistas económicos
consideraban a los casi dos millones de parados una cuestión menor, paro
estacional (por ejemplo de los fijos discontinuos) o friccional (de la
gente que esta a la espera de nuevo empleo), una cifra que se había ido
reduciendo con el tiempo, el aumento tan colosal en un año no puede
esconder la tragedia.
De
acuerdo con la misma encuesta este crecimiento tan brutal del paro se ha
producido por una doble vía: la destrucción de 620.000 puestos de
trabajo y la imposibilidad de colocar a otras 640.000 personas que han
iniciado la búsqueda de empleo. La destrucción de empleo ha tenido lugar
fundamentalmente en la construcción (490.000), la industria (300.000) y
la agricultura (aunque en este sector la caída del empleo refleja
simplemente la jubilación de pequeños agricultores). En bastantes
subsectores de servicios también se han producido pérdidas netas de
empleo (en el comercio, las inmobiliarias, los servicios técnicos y el
sector financiero), otros han dejado de crearlos (hostelería, servicios
auxiliares a las empresas) y sólo unos pocos (administración pública,
educación y sanidad y servicios sociales) han generado puestos de
trabajo (unos 250000) que palian un poco la cifra global. Una vez más se
pone de manifiesto que si bien la crisis es global, golpea de forma
diferente a personas situadas en segmentos distintos del mercado
laboral, lo que obliga a pensar que “no todos somos víctimas de la
crisis” en igual medida. La caída del empleo es aún más acusada si se
toman los datos de afiliación a la Seguridad Social (caída de 800.000
cotizantes en un año), pero hay que tomar las cifras con cautela puesto
que no son estrictamente comparables.
Si
analizamos
quienes, de los nuevos entrantes no han conseguido encontrar empleo,
observamos que los nuevos activos son más mujeres (507.000) que hombres
(153.000). Un dato significativo es el de la edad. Los jóvenes han
reducido su entrada en el mercado laboral. Los nuevos buscadores de
empleo son activos. Aproximadamente un 40% son de nacionalidad española
y el 60% extranjera (un tercio de europeos, un tercio de
latinoamericanos y un tercio del resto del mundo). Entre los distintos
orígenes nacionales se advierten diferencias. En el caso de la población
nativa todo el crecimiento se debe a las mujeres (de hecho 81.000
hombres se han retirado del mercado). También entre la inmigración
comunitaria hay más mujeres que hombres entre los nuevos entrantes,
mientras que la relación se reinvierte en el resto.
Todas
estas
cifras pueden parecer tediosas pero nos sirven para entender la
complejidad del fenómeno. Como siempre ha ocurrido, un fenómeno global
―la crisis de acumulación― golpea de forma muy diversa en la estructura
social. Desde el punto de vista de la destrucción de empleo parece
evidente que la clase obrera manual masculina está siendo más golpeada
que la femenina. Y que las clases medias asalariadas y, especialmente
los empleados públicos están más protegidos del vendaval. Desde el punto
de vista de los que nunca han encontrado empleo, la llegada de más
mujeres al mercado de trabajo puede deberse a razones diversas ―búsqueda
de independencia económica, realización profesional, etc.― pero bien
pudiera ser que estuviera inducida por las mayores dificultades
económicas del núcleo familiar o la mera pérdida de empleo del cónyuge.
En el caso de los extranjeros es en parte reflejo de la historia
anterior, la inercia de pensar que en el estado español se siguen
creando empleos, el impacto de los procesos de reagrupamiento familiar,
etc.
Hay
por
tanto mujeres que retienen el empleo mejor que los hombres, pero hay
también mujeres que encuentran enormes dificultades para encontrarlo.
Hay parados españoles y extranjeros. Hay historias muy diferentes dentro
de una misma tragedia global.
Conocer
las
diferencias no explica el principal. El paro masivo no es el producto de
características individuales como demasiadas veces intenta hacernos
creer el enfoque económico dominante (tantos estudios econométricos que
analizan las características personales de los parados, tan pocos que
analicen las empresas, ninguno que estudie los comportamientos
empresariales). Este es el resultado del funcionamiento normal y anormal
del capitalismo. Pero conocer las diferencias es útil para entender los
procesos sociales, la diversidad de experiencias personales sobre los
que una izquierda de verdad debería tejer solidaridades, demandas
sociales y propuestas de acción. Desterrando análisis groseros que
sirven para el panfleto pero que paralizan una acción política que debe
realizarse en un contexto complejo, en el que los condicionantes de
clase, educación, género, nacionalidad, experiencia laboral
interaccionan para generar oportunidades, percepciones, respuestas
diferentes. Construir una alternativa global exige reconstruir una
historia común a partir de esta diversidad de experiencias.
2
El
paro
masivo ha obligado, por fin a reconocer la crisis. Los que hace pocos
meses cantaban del éxito de las políticas neoliberales, del dinamismo de
la economía de mercado hoy aparecen como agoreros del desastre, como
pilotos desnortados. Y esto vale tanto para el gobierno Zapatero, como
para toda su leal o desleal oposición, como para los jerarcas de las
grandes instituciones mundiales que se limitan a anunciar la catástrofe
sin ofrecer más medidas que las mismas de siempre, o sea más
desregulaciones del mercado laboral, más recortes de derechos sociales.
Los
únicos
que de momento aparecen con las ideas claras son los grupos de interés
sectoriales que simplemente reclaman políticas de estímulo para seguir
con las mismas. Cuando se habla de la rigidez laboral y se acusa a los
sindicatos de negarse a flexibilizar el mercado de trabajo, debemos
recordarles la rigidez del capital: de estas promotoras de pisos
invendibles que piden más ayudas para seguir depredando el espacio, de
estos constructores de automóviles contaminantes que piden ayudas para
seguir en las mismas, de estas empresas energéticas que promueven el
alargamiento de centrales nucleares obsoletas. Si rigidez es negarse al
cambio, la verdadera rigidez del sistema se encuentra en la incapacidad
de transformar un aparato productivo inadecuado en uno que se adapte en
características y tamaño a las necesidades sociales básicas. Pero cuando
la crisis del empleo es tan intensa, y los dramas sociales proliferan,
es cuando estos nodos de rigidez social tienen mayor poder de
convicción, de presentar sus intereses privados como objetivos deseables
para la colectividad.
Si la
izquierda
se limita a regocijarse de los males del capitalismo, la risa puede
transformarse pronto en llanto. Y esto vale tanto para la izquierda
tradicional, autosatisfecha con el fracaso del neoliberalismo pero sin
propuestas alternativas claras, como para una izquierda verde que
confunde el cierre coyuntural de las plantas automovilísticas con una
posible mejora ambiental y es incapaz de ofrecer propuestas de salida a
las víctimas de la crisis. Ante una crisis social hacen falta ideas
alternativas. Como las que tenía la izquierda radical europea en la
Primera Guerra Mundial, o como la que significó el keynesianismo frente
a la crisis del 1929. Ideas por las que luchar, por las que abrir
espacios de reflexión y movilización.
Tenemos
la oportunidad de reconvertir un enorme drama social en un avance. Pero
hay que empezar ya a pensar en alternativas y no sólo en denuncias,
porque la crisis del empleo es un drama a corto plazo y no podemos dejar
pudrir una situación. De la podredumbre nace el populismo.
Sugiero
que hay un terreno en el que plantear las propuestas. El de construir
una propuesta en base a integrar la salida a las diferentes crisis ―la
del empleo, la ecológica, la del cuidado― promoviendo una política
económica orientada a la reorganización productiva hacia la
sostenibilidad. Una política que tiene potencialidades de generación de
empleo, que permite la reorientación de procesos productivos y
trayectorias laborales diversas, que puede ilusionar a la mejor
producción técnico-intelectual y que da satisfacción a necesidades
básicas como las generadas en el campo del cuidado. Y que permite
reinvertir la hegemonía del capital en beneficio de lo público y lo
colectivo. Pero una propuesta que requiere elaboración y que conduce a
una confrontación directa con los intereses dominantes. Pero que puede
generar, al menos, un espacio cultural, político y técnico que abra una
posibilidad de salir del marasmo neoliberal.
ZP
y la venta de armas a Israel
Eduardo
Melero Alonso
El
ciudadano
Rafael le preguntó al Presidente del Gobierno que cuántos civiles
palestinos habían muerto por armas españolas. El Presidente del
Gobierno, al que no se le deben dar muy bien las cuentas, contestó que
estaba convencido de que el armamento español no se había utilizado para
eso. Y lo dijo con un tono que daba a entender lo profundo de su
convicción.
Los
ciudadanos
de este país estamos en deuda con el ciudadano Rafael. Gracias a su
pregunta, los medios de comunicación mayoritarios se han ocupado de las
exportaciones de armas a Israel. El ciudadano Rafael ha conseguido poner
en el debate mediático una cuestión que no había salido a la luz de los
grandes medios tras tres semanas de bombardeos, más de mil muertos y más
de cinco mil heridos. Lo cual dice mucho sobre nuestros medios de
comunicación.
La
guerra
de Gaza es un ejemplo más, aunque especialmente doloroso, de la
irresponsable política gubernamental en materia de exportaciones de
armas. Según la legislación española, para que una empresa pueda
exportar armamento se requiere una autorización administrativa previa.
Entre los requisitos a tener en cuenta a la hora de otorgar o denegar
las autorizaciones de exportación se encuentran: el respeto a los
derechos humanos en el país de destino final; la existencia de tensiones
o conflictos armados en el país de destino final; y el mantenimiento de
la paz, la seguridad y la estabilidad regionales (Criterios 2, 3 y 4 del
Código de Conducta de la Unión Europea en materia de exportación de
armas).
Parece
difícil justificar la compatibilidad de las exportaciones de armas a
Israel con los criterios señalados. Es evidente la existencia de
tensiones o conflictos armados entre Israel y la población palestina,
conflicto que es un foco constante de inestabilidad en la región. Por
último, tampoco parece muy respetuosa la política de Israel en relación
con los derechos humanos de la población palestina, una población a la
que somete a un bloqueo económico, contra la que se ejerce la tortura, y
que se encuentra bajo la amenaza constante de ser objeto de un asesinato
selectivo.
Hubiera
sido muy interesante que el Presidente del Gobierno hubiera mencionado
por qué razones se exportan armas a Israel, es decir, cómo justifica la
legalidad de tales exportaciones. Ello no sólo para poder ponderar la
profundidad de las convicciones del Presidente del Gobierno, sino
también porque es imposible conocer esas razones ya que el contenido de
las actas del órgano que decide si se autorizan las exportaciones de
armas son un secreto de Estado.
El
hecho
es que durante el período 1998-2008 se ha exportado a Israel material de
defensa por un valor de más de veinticinco millones de euros (más de
cuatro mil millones de las antiguas pesetas). Una cantidad que no
mencionó el Presidente del Gobierno, quien consideró calderilla las
ventas de armas por un millón de euros, una insignificancia desde el
punto de vista de sus fuertes convicciones.
El
Presidente
tampoco mencionó que el armamento exportado ha consistido en: equipos de
formación de imagen, armas de fuego de calibre inferior a 12 milímetros,
combustibles y explosivos militares, y bombas, cohetes, torpedos y
misiles. Armamento que se utiliza directamente para matar o como medio
indirecto para poder matar (o para matar mejor).
El
Presidente del Gobierno debe tener unas fuertes convicciones, ya que
está convencido de que dicho armamento no se ha utilizado para “eso”, es
decir, para asesinar a más de mil personas y para herir a más de cinco
mil. El hecho es que una vez que se exportan las armas, la legislación
española no establece ningún mecanismo para impedir que el comprador las
use para matar a quien quiera y de la forma que considere más
conveniente. ¿De qué forma podría hacerlo?
Si
me
permite hacerle una pregunta, señor José Luis Rodríguez Zapatero:
¿cuántos palestinos tienen que morir para que el Gobierno español
prohíba la venta de armamento a Israel? Estoy convencido de que sabrá
encontrar una buena manera de eludir la respuesta.
Gaza
en los medios de comunicación
Joaquin
Dodero Curtan
-“Voy
a decir una burrada, que igual levanta a la audiencia. Lo mejor para los
palestinos es que el ejército israelí entrara en Gaza y exterminase a
todos los milicianos de Hamás”
(comentario
de un conocido periodista)
-“Estados
Unidos no puede hacer nada”
(comentario
de un notario de Barcelona, ensayista y articulista ‘reputado’)
-
“Solo nos enseñan las fotos de los muertos de Gaza, las de los
civiles, de niños, de mujeres, pero ninguna de milicianos y tampoco de
los muertos israelíes. Deberíamos preguntarnos: ¿por qué?”
(comentario
de un Profesor de Historia Contemporánea de la UAB, articulista,
tertuliano y director de documentales de historia contemporánea de TV3)
-“Desde la
redacción de mi periódico, pude comprobar que en la
manifestación de Barcelona, sólo había gente árabe”
(comentario
acerca de la “mani” del sábado 10.12.2009 del Director del
periódico “El Mundo” de Barcelona)
*****
Esta
es una breve muestra de comentarios vertidos en tres “tertulias” de
medios de comunicación social catalanes de titularidad pública,
expresión elocuente de “cómo” entienden y aplican quienes dirigen estos
medios los principios de pluralismo político, cultural, social, el
derecho libertad de expresión y el de participación ciudadana en el
funcionamiento de los mismos, establecidos por la Constitución, Estatuto
de Autonomía de Cataluña y la Ley 22/2005, de 29 de desembre, “de la
comunicación audiovisual de Catalunya”.
Una
de las “tertulias”, es la de un conocido programa matinal de televisión
,“Els Matins” de TV3, integrada en la“ Corporació Catalana de
Mitjans Audiovisuals”, que tiene encomendada la prestación “ del
servicio público de comunicación audiovisual de la Generalitat”, el
“objeto” del cual se establece en un “Contrato programa” suscrito con el
Gobierno de la Generalitat, cuyos “Consejo de Gobierno” y “Consejo
asesor de contenidos y programación” son elegidos por el Parlamento de
Catalunya (por mayoría de 2/3) que aprueba , a su vez, su “Plan anual de
actividades” y Presupuesto anual de funcionamiento, por el que este año
recibirá una aportación de 315.38 millones de € de la Hacienda de la
Generalitat
Las
otras dos tertulias, una del programa “El dia a la Com” y la otra
el de “La nit”, ambos emitidos por “Com Ràdio”, una red de
emisoras locales (aglutina 120 emisoras) que pertenece al Consorcio
Local de Comunicación, una entidad de derecho público integrada por el
Ayuntamiento de Barcelona , la Mancomunidad de Municipios del área
Metropolitana de Barcelona y la Diputación de Barcelona, que dicho sea
de paso, financia el 91,24 % de los 11,31 millones de € de su
presupuesto para el ejercicio 2009.
Los
comentarios de los “tertulianos” acerca de los acontecimientos de Gaza,
suponen modulaciones/variaciones sobre los ejes básicos del discurso
“políticamente correcto” sobre Gaza que han ido difundiendo los medios
de comunicación social, públicos y privados:
“Hamas
es una organización declarada terrorista por la UE que inició los
ataques; Israel tiene derecho a defenderse, aunque debe admitirse que
hay una cierta desproporción entre el ataque y su respuesta”.
Los
paladines del “discurso políticamente correcto” instalados en los medios
de comunicación social, nos presentan al “ terrorismo” como “un
postulado” en manos de la “Curia dirigente” de la UE y no como un
concepto legal del derecho internacional, incluido en la Resolución 1556
del Consejo de Seguridad de la ONU de octubre de 2004, que lo define
como “actos criminales, inclusive contra civiles, con intención de
causar la muerte o lesiones corporales o tomar rehenes con el propósito
de causar el terror en la población en general, en un grupo de personas
o a determinada persona, intimidar a una población u obligar a un
Gobierno o una organización internacional, a realizar un acto, o
abstenerse de realizarlo”, y por tanto alcanza no solo a
personas o organizaciones políticas, sino también a los actos de los
Estados (incluido el israelí).
En
cuando tratamiento informativo del asunto de la “desproporción de la
respuesta del estado de Israel al ataque de Hamás”, ha consistido en
una aséptica reproducción del balance de víctimas de los bandos
contendientes, omitiendo las claves que permitirían comprender a los
ciudadanos televidentes y radio escuchantes los motivos de la misma, es
decir “quienes” y “cómo” financian al Estado de Israel y su ejército,
así como la relación de sus principales suministradores de armas (con
ello se ha conseguido evitar la identificación de los cómplices
necesarios de lo ocurrido y los posibles “inconvenientes” que ello
acarrearía).
En
cuanto a la valoración del “resultado final” de la “desproporción”: la
amnesia más absoluta. Ni en los “Informativos”, “ni en las tertulias”,
“ni en los debates” de los medios de comunicación públicos ha habido una
sola mención a la “Convención para la Prevención y la Sanción del
Delito de Genocidio de la Organización de Naciones Unidas”, firmada
por el Estado de Israel el 17 de agosto del 1949, que define el
genocidio como:
“Artículo
II: En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de
los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de
destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o
religioso, como tal:
a)
Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del
grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que
hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”
Si
se analiza el tratamiento informativo dispensado al conflicto de Bosnia-
Herzegovina y se compara con el concedido al de Gaza, se puede constatar
que para nuestro medios de comunicación social públicos el delito de
genocidio es un delito de “geografía variable” de cuya aplicación
resulta excluida “la Franja de Gaza”.
El
relato informativo de lo acontecido en Gaza pone de manifiesto que los
corifeos de “lo políticamente correcto” siguen controlando los medios de
comunicación sociales públicos, evidenciando el fracaso de las
recientes reformas de legislación sobre los medios de comunicación
social catalanes (Ley22/2005, de la comunicación audiovisual de Cataluña
Ley11/2007,de la” Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals”).
Con
tales reformas los Consejos de Gobierno, los Consejos Asesores de
programación, los Comités Profesionales de cada medio, sus Consejos de
redacción, sus Estatutos Profesionales y los Códigos Deontológicos
previstos en las leyes que regulan su funcionamiento, seguirán siendo
instituciones destinadas a auspiciar “los consensos” necesarios entre la
élite de profesionales y los responsables políticos de la dirección de
los “medios” para preservar su función difusora de mensajes “al
servicio de lo políticamente correcto”.
Y
como
suele suceder con “los consensos entre élites”, suelen llevar aparejada
la pérdida o merma de los derechos de los de “abajo” y reflejan la
pretensión de seguir moldeando nuestra consciencia política. Lo que en
el caso que nos ocupa no es poca cosa: el derecho constitucional que
tenemos los ciudadanos a obtener una información veraz y objetiva.
La
biblioteca de Babel
John Berger
Un hombre afortunado
1967, trad. de Pilar
Vázquez, Alfaguara, Madrid, 2008
A
pesar
del tiempo transcurrido desde la publicación en inglés de esta obra de
Berger, su lectura es del todo recomendable por varios motivos. El
primero de ellos, de contenido: se trata de un importante ensayo de
inspiración gramsciana que confronta el conjunto de valores de la clase
trabajadora del campo inglés con el pensamiento científico encarnado en
un médico rural, en el contexto anterior a la tercera revolución
industrial. Leída hoy, esa confrontación –y contaminación, en tanto el
protagonista resulta ser un médico verdaderamente preocupado por las
condiciones de vida de sus vecinos– ofrece numerosos elementos para
tomar distancia crítica del actual estadio de la cultura. El segundo de
ellos, de actitud: la empatía de Berger tanto con el espíritu estoico y
humanista de John Sassall como con las gentes del medio rural
desprovistas de medios de cultura anticipa la posterior trayectoria
intelectual y vital del autor. El tercero, de estilo: Un hombre
afortunado se mueve inteligentemente entre el ensayo y la narración,
apoyado en la aportación estética del fotógrafo Jean Mohr.
[AGM]
Devedeando,
que es gerundio
Integral Alexander Kluge
Sherlock Films, 2008
¿Una
película sobre El capital? ¿La obra magna de Karl Marx
transmutada en un filme de casi diez horas? Pues sí, eso, el proyecto
que Serguei Eisenstein concibió allá por los años veinte y dejó en
estado embrionario por falta de presupuesto es lo que el director alemán
Alexander Kluge ha retomado en fechas más recientes y acaba de ser
editado en dvd por la editorial Suhrkamp, bajo el título Nachrichten
aus der ideologische Antiken. Marx, Eisenstein, Das Kapital (Noticias
de antigüedades ideológicas. Marx, Eisenstein, El capital). Pero no
os dejéis embargar todavía por la emoción porque, para vuestro
infortunio, no es ésta la película que voy a reseñar aquí: por el
momento sólo está disponible la versión en alemán, y un humilde servidor
no sólo no la ha visto sino que difícilmente la entendería. Sólo os diré
que, desde su lanzamiento el pasado mes de noviembre, está siendo todo
un éxito de ventas en Alemania, en consonancia con el aumento registrado
últimamente por doquier de las obras del renano barbudo.
¿Que
qué voy a reseñar si no aquí? Pues ni más ni menos que la integral,
aparecida por estos pagos hace poco más de un mes, del autor de las
antedichas Noticias de antigüedades ideológicas. ¿Y que quién es
ese tal señor Kluge? Pues ni más ni menos que la figura clave del Nuevo
Cine Alemán, el principal inspirador del “manifiesto de Oberhausen” que
a principios de los años sesenta se propuso hacer borrón y cuenta nueva
con el cine realizado hasta entonces en Alemania y sentar las bases de
la modernidad cinematográfica en ese país, entre cuyos exponentes
destacan también Volker Schlöndorff, Rainer W. Fassbinder o Werner
Herzog. Pero Alexander Kluge fue, sigue siendo, mucho más que eso:
estudió música e historia y se doctoró en derecho, trabajó como asesor
jurídico de la Escuela de Frankfurt, se formó y colaboró con Theodor
Adorno y, a través de este último, entró en contacto con el cineasta
Fritz Lang y acabó trabajando para él como asistente. Ahí es nada, a lo
que cabe sumar, por si algo faltara, que en Alemania también es un
reconocido escritor, de cuya actividad contamos aquí con El hueco que
deja el diablo, obra publicada por Anagrama hace un par de años.
Advirtamos
de antemano que la integral de Alexander Kluge es un voluminoso mazacote
en el que se han incluido absolutamente todas sus realizaciones.
Resultado: más de dos mil minutos, indicados médicamente para
sobrellevar estas largas y frías noches de invierno, entre los que
podemos encontrar desde los largometrajes que le valieron un
reconocimiento inicial —Una muchacha sin historia. Anita G.
(1966), Artistas en el circo: perplejos (1968) y Trabajo
ocasional de una esclava (1973), todas ellas obras dedicadas a
diseccionar las contradicciones del “milagro alemán” a través de los
padecimientos y desventuras de diversas antiheroínas— hasta aquellos,
los reseñados a continuación, que nos proporcionan una incisiva
panorámica de Alemania entre mediados de los años setenta y mediados de
los ochenta.
Ferdinand el radical
(1976): O,
con
mayor propiedad, Ferdinand el duro. El protagonista
de
la obra —la más convencional de Kluge desde el punto de vista narrativo—
es Ferdinand Rieche, un ex comisario que, tras ser expulsado de la
policía a raíz de su escaso entusiasmo por las limitaciones impuestas
por el estado de derecho, encuentra trabajo como responsable de la
seguridad de una planta química. Después de haber demostrado con creces
su disparatado celo profesional y su mezquindad personal, Rieche vuelve
a ser despedido y se propone poner al descubierto por cuenta propia las
lagunas existentes en la protección que reciben los cargos políticos del
país. En Ferdinand el radical tenemos, pues, una divertida sátira
sobre uno de los personajes prototípicos de la Alemania de la época —y
del mundo occidental de la nuestra, digo yo—, el del pequeño-burgués
fanáticamente obsesionado con la seguridad.
Alemania en otoño
(1978): Sin
duda
la obra más conocida de Kluge y del nutrido grupo
de
directores que colaboraron con él en su realización, Alemania en
otoño es una película coral, mitad documental mitad ficción, en la
que cada uno aporta su visión personal sobre la crisis en la que
Alemania se debatía por entonces a causa de las actividades terroristas
del la RAF (o “grupo Baader-Meinhof”). El filme da comienzo con el
entierro de Hans-Martin Schleyer —líder de la patronal alemana al que la
RAF había secuestrado con el propósito de canjearlo por algunos de sus
dirigentes encarcelados— y se cierra con el de tres de los miembros de
la propia RAF, tras haberse “suicidado” en la cárcel de máxima seguridad
donde permanecían recluidos. Entre uno y otro funerales, una sugerente
reflexión sobre el trasfondo histórico y sociocultural que había dado
pie al surgimiento del sangriento fenómeno de la RAF —cabe destacar la
argumentación ofrecida desde su celda por Horst Mahler, uno de los
fundadores del grupo— y en torno a los sombríos “efectos colaterales”
que tuvo la política antiterrorista del Estado: psicosis colectiva, un
brusco recorte de las libertades —aceptado por el grueso de la
población—, censura en los medios de comunicación , etc. ¿La aportación
de Kluge? Recordarnos que el asesinato no es patrimonio exclusivo de las
organizaciones terroristas y citar la disyuntiva entre “socialismo o
barbarie” que Rosa Luxemburgo auguró para Alemania.
El candidato
(1980):
Realizada
también en colaboración con otros exponentes
destacados
del Nuevo Cine Alemán, con Volker Schlöndorff en este caso, El
candidato versa sobre la figura de Franz-Josef Strauss, que en 1980
se postuló al cargo de canciller de la República Federal Alemana en
representación de la CDU-CSU, elecciones que acabaría perdiendo frente
al socialdemócrata Helmut Schmidt. Poco a poco, y tras mostrarnos el
arraigo popular del político bávaro entre los sectores más conservadores
del país, El candidato va poniendo al descubierto los numerosos
puntos oscuros de Strauss, desde sus corruptelas cuando ostentaba el
cargo de ministro de Defensa hasta su relación de amistad y afinidad
ideológica con personajes como Augusto Pinochet. Atención al contrapunto
que constituyen las imágenes sobre el congreso fundacional de Die Grünen,
celebrado ese mismo año en Karlsruhe.
La
guerra y la paz
(1982):
Destaquemos
por último este largometraje, de nuevo un original collage
cinematográfico en el que se mezclan realidad y ficción —el guión de los
episodios
ficticios es obra del escritor Heinrich Böll— y de nuevo fruto de la
colaboración de Kluge con Schlöndorff y con el periodista Stefan Aust.
La parte más documental de La guerra y la paz plantea las
sombrías perspectivas que se le estaban abriendo a la Alemania de
entonces con la decisión por parte de Estados Unidos de desplegar los
misiles balísticos Pershing II, capaces de alcanzar Moscú. Tras dejar
claro que dicha decisión conculca la soberanía alemana, el filme acomete
un espeluznante análisis sobre la capacidad destructiva a la que se ha
llegado con los arsenales nucleares —“a cada habitante de la Tierra le
corresponden cinco toneladas de TNT”—, traza un paralelismo con la
crisis de los misiles de 1962 y aborda las manifestaciones pacifistas
celebradas por entonces en Alemania, todo ello aderezado con citas de
Adorno y con reflexiones sobre diversos aspectos de la guerra, como la
proximidad y lejanía en las diferentes formas de matar. En el collage
que es La guerra y la paz no faltan tampoco episodios
aterradores, como una entrevista con Sam Cohen, el “padre de la bomba de
neutrones” —un auténtico demente convencido de la inevitabilidad de la
guerra atómica y de la excelencia de su invento por su capacidad para
respetar la propiedad al tiempo que permite aniquilar a la población
civil, a la que considera “soldados enemigos”—, o la reproducción de un
documental de la CBS norteamericana, en que la voz en off nos
describe alegremente el escenario donde estaba previsto que diera
comienzo la confrontación nuclear en Europa, el pueblo de Hattenbach,
que “sobrevivió a dos guerras mundiales pero no lo hará a la próxima”.
Un título clave, en definitiva, para entender el ambiente que rodeó a la
escalada armamentista registrada en Europa a principios de la década de
los ochenta.
¿Y
entre esta última y la de El capital tumbado a la bartola?, os
preguntaréis muy razonablemente. Pues no: concluyó tres largometrajes
más —El poder de los sentimientos (1983), El ataque del
presente al resto de los tiempos (1985) y Miscelánea de noticias
(1986)—, y a partir de 1988 se refugió en su estudio de Munich, desde
donde se ha dedicado a producir y rodar subversivos programas culturales
de índole experimental para la televisión alemana, entre los que la
integral incluye Hay que dirigir los grandes imperios como quien fríe
pescaditos o Yo fui guardaespaldas de Hitler. No negaréis que
original con los títulos el hombre también lo es.
* * *
Aviso
para navegantes: Para haceros con la Integral de Alexander Kluge os
libráis esta vez de deambular por alguna de las grandes
encefaloplanicies dedicadas a la venta de dvd, porque sólo la vais a
encontrar en los cines Verdi o en el apartado “Shop Verdi” de www.cines-verdi.com.
[Carles
Mercadal]
La crítica opina (sobre
la Integral Alexander Kluge)
«««««:
“Epítome sin resumen”
Lo
dice Kluge en una de sus majaradas televisivas: “la substancia humana no
se destruye, sólo se hace más espesa”. La estupidez o la ignominia, sin
ir más lejos. Aunque –el que ladra no es traidor– si hay algo que
estimule, incite y provoque la espesura de la inteligencia, es ver esta
delicia de películas de Kluge haciendo de las suyas.
El
perro Gógol (Oficina Soviética para el Cine)
«««««:
“Sin
posible escurribanda”
¡Que
te lo compres, joder!
Fray Metralla (secretario de la Oficina Soviética para el Cine)
«««««:
“Interesante, ¿no?”
Es
muy sencillo. Verás. La versión musical de Aladdin de Disney vale
30’43 euros por una duración total de 90 minutos, lo que da un coste de
33 céntimos minuto. En cambio, la integral de Alexander Kluge vale 69
euros por una duración de 2.032 minutos, lo que da un coste de 3
céntimos minuto. Está claro: si fuese la factura del teléfono no te lo
pensabas ni un cuarto de segundo.
Vladímir Kalashnikov (Oficina Soviética para el Cine)
«««««:
“¡Voto a bríos! ¡La obra completa!”
¡Oh,
qué cofre más hermoso! Que mal rayo me parta, si en concluyendo esta
carta no voy corriendo a adquirirlo!
Hernán Cortés, bibliotecario (Oficina Soviética para el Cine)
«««««:
“¡Da buten!”
¿Qué
queréis que os diga? Empezó haciendo Brutalidad en piedra y ha
acabado provocando taquicardias a los telespectadores no prevenidos
denunciando otras brutalidades más actuales. Eso sí, ¡qué no se diga!:
con humor, sagacidad e ingenio, para que hagan más daño.
La
Puri (Oficina Soviética para el Cine)
Foro
de webs
Manifestaciones y concentraciones por Gaza
http://www.palestina.cat
http://www.aturemlaguerra.org
En
estas webs se puede
encontrar información sobre la situación en Palestina.
PÁGINAS-AMIGAS
Centre de Treball
i Documentació (CTD)
http://www.cetede.org
Nómadas. Revista Crítica de
Ciencias Sociales y Jurídicas
http://www.ucm.es/info/nomadas
El Viejo Topo
http://www.elviejotopo.com
La Insignia-
http://www.lainsignia.org
Sin permiso
http://www.sinpermiso.info/
Revista
mientras tanto
Contenido del número 107
| mientras
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BCCBBHBCCBBBCBBBCBBBBCCB |
2008107
María Rosa Borràs, in memoriam.
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Albert Recio
EUROPA SÍ, EUROPA NO
José Antonio Estévez
UNA BRISA FRESCA JUNTO AL CASPIO
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Aproximaciones anómicas al campo del género
HOMOSEXUALIDAD, MASCULINIDADES, E IDENTIDAD GAY EN LA
TARDOMODERNIDAD: EL CASO ESPAÑOL
Oscar Guasch
¿DE
LA DESCONSTRUCCIÓN A LA (RE)ESENCIALIZACIÓN? GÉNERO,
HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA Y MINORÍAS SEXUALES
Laurentino Vélez-Pellegrini
RECONSTRUIR LA IDENTIDAD MASCULINA: UNA OBLIGACIÓN POLÍTICA
Daniel Gabarró
LA IDENTIDAD DE GÉNERO: DOS REFLEXIONES DESDE UNA PERSPECTIVA
TRANS
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OTROS ARTÍCULOS
MARXISMO Y DESARROLLO
Bob Sutcliffe
PANE LUCRANDO. OCTAVI PELLISA Y EL QUEHACER REMUNERADO
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SE HA APAGADO UNA VOZ IMPRESCINDIBLE: RECORDANDO A DAVID ANISI
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LA IDENTIDAD SEXUAL EN EL EMBUDO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO
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