Construyamos con
nuestros pueblos una verdadera comunidad sudamericana de naciones para
“vivir bien”
La Paz, 2 de octubre de
2006
Hermanos Presidentes y Pueblos de
Sudamérica
En diciembre del 2.004,
en Cuzco, los presidentes de Sudamérica asumieron el compromiso de
“desarrollar un espacio sudamericano integrado en lo político,
social, económico, ambiental y de infraestructura” y afirmaron que
“la integración sudamericana es y debe ser una integración de los
pueblos”. En la Declaración de Ayacucho destacaron que los
principios de libertad, igualdad, solidaridad, justicia social,
tolerancia, respeto al medio ambiente son los pilares fundamentales
para que esta Comunidad logre un desarrollo sostenible económico y
social “que tome en cuenta las urgentes necesidades de los más
pobres, así como los especiales requerimientos de las economías pequeñas
y vulnerables de América del Sur.”
En Septiembre del 2.005, durante
la Primera Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de
Naciones realizada en Brasil, se aprobó una Agenda Prioritaria que
incluye, entre otros, los temas del diálogo político, las
asimetrías, la integración física, el medio ambiente, la integración
energética, los mecanismos financieros, la convergencia económico
comercial y la promoción de la integración social y la justicia social.
En diciembre de ese mismo año, en
una Reunión Extraordinaria realizada en Montevideo, se conformó la
Comisión Estratégica de Reflexión sobre el Proceso de Integración
Sudamericano para que elabore “propuestas destinadas a impulsar el
proceso de integración sudamericano, en todos sus aspectos (político,
económico, comercial social, cultural, energía e infraestructura, entre
otros).”
Ahora en la II Cumbre de Jefes de
Estado debemos profundizar este proceso de integración desde arriba y
desde abajo. Con nuestros pueblos, con nuestros movimientos sociales,
con nuestros empresarios productivos, con nuestros ministros, técnicos y
representantes. Por eso, en la próxima Cumbre de Presidentes a
realizarse en diciembre en Bolivia estamos también impulsando una Cumbre
Social para dialogar y construir de manera mancomunada una verdadera
integración con participación social de nuestros pueblos. Después de
años de haber sido víctimas de las políticas del mal llamado
“desarrollo” hoy nuestros pueblos deben ser los actores de las
soluciones a los graves problemas de salud, educación, empleo,
distribución inequitativa de los recursos, discriminación, migración,
ejercicio de la democracia, preservación del medio ambiente y respeto a
la diversidad cultural.
Estoy convencido que en nuestra
próxima cita en Bolivia hay que pasar de las declaraciones a los hechos.
Creo que debemos avanzar hacia un tratado que haga de la
Comunidad Sudamericana de Naciones un verdadero bloque sudamericano a
nivel político, económico, social y cultural. Estoy seguro que
nuestros pueblos están más próximos que nuestras diplomacias. Creo, con
todo respeto, que nosotros los presidentes debemos dar un sacudón a
nuestras Cancillerías para que se desempolven de la rutina y enfrentemos
este gran desafío.
Soy consciente de que las naciones
en Sudamérica tienen diferentes procesos y ritmos. Por eso propongo
un proceso de integración de diferentes velocidades.
Que nos tracemos una hoja de ruta ambiciosa pero flexible. Que permita a
todos ser parte, posibilitando que cada país vaya asumiendo los
compromisos que puede asumir y permitiendo que aquellos que desean
acelerar el paso lo hagan hacia la conformación de un verdadero bloque
político, económico, social y cultural. Así se han desarrollado otros
procesos de integración en el mundo y el camino más adecuado es avanzar
en la adopción de instrumentos de supranacionalidad respetando los
tiempos y la soberanía de cada país.
Nuestra integración es y debe ser
una integración de y para los pueblos. El comercio, la integración
energética, la infraestructura, y el financiamiento deben estar en
función de resolver los más grandes problemas de la pobreza y la
destrucción de la naturaleza en nuestra región. No podemos reducir la
Comunidad Sudamericana a una asociación para hacer proyectos de
autopistas o créditos que acaban favoreciendo esencialmente a los
sectores vinculados al mercado mundial. Nuestra meta debe ser
forjar una verdadera integración para “vivir bien”.
Decimos “vivir bien” porque no aspiramos a vivir mejor que los otros.
Nosotros no creemos en la línea del progreso y el desarrollo ilimitado a
costa del otro y la naturaleza. Tenemos que complementarnos y no
competir. Debemos compartir y no aprovecharnos del vecino. “Vivir bien”
es pensar no sólo en términos de ingreso per-cápita sino de identidad
cultural, de comunidad, de armonía entre nosotros y con nuestra madre
tierra.
Para avanzar por este camino
propongo:
A nivel social y cultural
1) Liberemos Sudamérica del analfabetismo, la
desnutrición, el paludismo y otros flagelos de la extrema
pobreza. Establezcamos metas claras y un mecanismo de
seguimiento, apoyo y cumplimiento de estos objetivos que son el piso
mínimo para empezar a construir una integración al servicio del ser
humano.
2) Construyamos un sistema público y social
sudamericano para garantizar el acceso de toda la población a los
servicios de educación, salud y agua potable. Uniendo nuestros
recursos, capacidades y experiencias estaremos en mejores condiciones de
garantizar estos derechos humanos fundamentales.
3) Más empleo en Sudamérica y menos migración.
Lo más valioso que tenemos es nuestra gente y la estamos perdiendo por
falta de empleo en nuestros países. La flexibilización laboral y el
achicamiento del estado no han traído más empleo como prometieron hace
dos décadas. Los gobiernos tenemos que intervenir coordinadamente con
políticas públicas para generar empleos sostenibles y productivos.
4) Mecanismos para disminuir la desigualdad y la
inequidad social. Respetando la soberanía de todos los países
tenemos que comprometernos a adoptar medidas y proyectos que reduzcan la
brecha entre ricos y pobres. La riqueza tiene y debe ser distribuida de
manera más equitativa en la región. Para ello debemos aplicar diversos
mecanismos de tipo fiscal, regulatorio y redistributivo.
5) Lucha continental contra la corrupción y las
mafias. Uno de los más grandes males que enfrentan nuestras
sociedades es la corrupción y el establecimiento de mafias que van
perforando el Estado y destruyendo el tejido social de nuestras
comunidades. Creemos un mecanismo de transparencia a nivel sudamericano
y una Comisión de lucha contra la corrupción y la impunidad que, sin
vulnerar la soberanía jurisdiccional de las naciones, haga un
seguimiento a casos graves de corrupción y enriquecimiento
ilícito.
6) Coordinación sudamericana con participación social
para derrotar al narcotráfico. Desarrollemos un sistema
sudamericano con participación de nuestros Estados y nuestras sociedades
civiles para apoyarnos, articular y desterrar al narcotráfico de nuestra
región. La única forma de vencer a este cáncer es con la participación
de nuestros pueblos y con la adopción de medidas transparentes y
coordinadas entre nuestros países para enfrentar la distribución de
drogas, el lavado de dinero, el tráfico de precursores, la fabricación y
la producción de cultivos que se desvían para estos fines. Este sistema
debe certificar el avance en nuestra lucha con narcotráfico superando
los exámenes y “recomendaciones” de quienes han fracasado hasta ahora en
la lucha contra las drogas.
7) Defensa e impulso a la diversidad cultural.
La más grande riqueza de la humanidad es su diversidad cultural. La
uniformización y mercantilización con fines de lucro o de dominación es
un atentado a la humanidad. A nivel de la educación, la comunicación, la
administración de justicia, el ejercicio de la democracia, el
ordenamiento territorial y la gestión de los recursos naturales debemos
preservar y promocionar esa diversidad cultural de nuestros pueblos
indígenas, mestizos y todas las poblaciones que migraron a nuestro
continente. Así mismo debemos respetar y promover la diversidad
económica que comprende formas de propiedad privada, pública y
social-colectiva.
8) Despenalización de la hoja de coca y su
industrialización en Sudamérica. Así como el combate al
alcoholismo no nos puede llevar a penalizar la cebada, ni la lucha
contra los estupefacientes nos debe conducir a destruir el Amazonas en
busca de plantas psicotrópicas, tenemos que acabar con la persecución a
la hoja de coca que es un componente esencial de la cultura de los
pueblos indígenas andinos, y promover su industrialización con fines
benéficos.
9) Avancemos hacia una ciudadanía sudamericana.
Aceleremos las medidas que facilitan la migración entre nuestros países,
garantizando la plena vigencia de los derechos humanos y laborales y
enfrentando a los traficantes de todo tipo, hasta lograr el
establecimiento de una ciudadanía sudamericana.
A nivel económico
10) Complementariedad y no competencia desleal entre
nuestras economías. Lejos de seguir por el camino de la
privatización debemos apoyarnos y complementarnos para desarrollar y
potenciar nuestras empresas estatales. Juntos podemos forjar una
aerolínea estatal sudamericana, un servicio público de
telecomunicaciones, una red estatal de electricidad, una industria
sudamericana de medicamentos genéricos, un complejo minero-metalúrgico,
en síntesis: un aparato productivo que sea capaz de satisfacer las
necesidades fundamentales de nuestra población y fortalecer nuestra
posición en la economía mundial.
11) Comercio justo al servicio de los pueblos de
Sudamérica. Al interior de la Comunidad Sudamericana debe
primar el comercio justo en beneficio de todos los sectores y en
particular de las pequeñas empresas, las comunidades, los artesanos, las
organizaciones económicas campesinas y las asociaciones de productores.
Tenemos que ir hacia una convergencia de la CAN y el MERCOSUR bajo
nuevos principios de solidaridad y complementariedad que superen los
preceptos de liberalismo comercial que han beneficiado fundamentalmente
a las transnacionales y a algunos sectores exportadores.
12) Medidas efectivas para superar las asimetrías entre
países. En Sudamérica tenemos en un extremo países con un
Producto Interno Bruto por habitante de 4.000 a 7.000 dólares por año y
en el otro extremo países que apenas alcanzan los 1.000 dólares por
habitante. Para encarar este grave problema tenemos que cumplir
efectivamente todas las disposiciones ya aprobadas en la CAN y el
MERCOSUR a favor de los países de menor desarrollo y, asumir un conjunto
de nuevas medidas que promuevan procesos de industrialización en estos
países, incentiven la exportación con valor agregado y mejoren los
términos de intercambio y precios a favor de las economías más
pequeñas.
13) Un Banco del Sur para el cambio. Si en la
Comunidad Sudamericana creamos un Banco de Desarrollo en base al 10% de
las reservas internacionales de los países de Sudamérica, estaríamos
partiendo de un fondo de 16.000 millones de dólares que nos permitiría
efectivamente atender proyectos de desarrollo productivo e integración
bajo criterios de recuperación financiera y con contenido social. Así
mismo este Banco del Sur se podría fortalecer con un mecanismo de
garantía basado en el valor actualizado de las materias primas que
tenemos en nuestros países. Nuestro “Banco del Sur” tiene que superar
los problemas de otros Bancos de “fomento” que cobran tasas de intereses
comerciales, que financian proyectos esencialmente “rentables”, que
condicionan el acceso a los créditos a una serie de indicadores
macroeconómicos o a la contratación de determinadas empresas proveedoras
y ejecutoras.
14) Un fondo de compensación para la deuda social y las
asimetrías. Debemos asumir mecanismos innovadores de
financiamiento como la creación de impuestos sobre los pasajes de avión,
las ventas de tabaco, el comercio de armas, las transacciones
financieras de las grandes transnacionales que operan en Sudamérica para
crear un fondo de compensación que nos permita resolver los graves
problemas de la región.
15) Integración Física para nuestros pueblos y no sólo
para exportar. Tenemos que desarrollar la infraestructura vial,
las hidrovías, y corredores, no solo ni tanto, para exportar más al
mundo, sino sobre todo para comunicarnos entre los pueblos de Sudamérica
respetando el medioambiente y reduciendo las asimetrías. En este marco
debemos revisar la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana
(IIRSA), para tomar en cuenta las preocupaciones de la gente que quiere
ver carreteras en el marco de polos de desarrollo y no autopistas por
las que pasan contenedores para la exportación en medio de corredores de
miseria y un incremento del endeudamiento externo.
16) Integración Energética entre consumidores y
productores de la región. Conformemos una Comisión Energética
de Sudamérica para:
• garantizar el abastecimiento a cada uno de los
países privilegiando el consumo de los recursos existentes en la región,
• asegurar, a través del financiamiento común, el desarrollo de las
infraestructuras necesarias para que los recursos energéticos de los
países productores lleguen a toda Sudamérica.
• definir precios
justos que combinen los parámetros de precios internacionales con
criterios solidarios hacia la región de Sudamérica y de redistribución a
favor de las economías menos desarrolladas.
• certificar nuestras
reservas y dejar de depender de las manipulaciones de las
transnacionales.
• fortalecer la integración y complementariedad
entre nuestras empresas estatales de gas e hidrocarburos.
A nivel del medio ambiente y la
naturaleza
17) Políticas públicas con participación social para
preservar el medio ambiente. Somos una de las regiones más
privilegiadas en el mundo a nivel del medio ambiente, el agua y la
biodiversidad. Esto nos obliga a ser extremadamente responsables con
estos recursos naturales que no pueden ser tratados como una mercancía
más olvidándonos que de ella depende la vida y la propia existencia del
planeta. Estamos en la obligación de concebir un manejo alternativo y
sostenible de los recursos naturales recuperando las prácticas armónicas
de convivencia con la naturaleza de nuestros pueblos indígenas y
garantizando la participación social de las comunidades.
18) Junta Sudamericana del Medioambiente para elaborar
normas estrictas e imponer sanciones a las grandes empresas que no
respetan dichas reglas. Los intereses políticos, locales y
coyunturales no pueden anteponerse a la necesidad de garantizar el
respeto a la naturaleza, por eso propongo la creación de una instancia
supranacional que tenga la capacidad de dictar y hacer cumplir la
normativa ambiental.
19) Convención Sudamericana por el derecho humano y el
acceso de todos los seres vivientes al Agua. Como región
favorecida con un 27 % del agua dulce en el mundo tenemos que discutir y
aprobar una Convención Sudamericana del Agua que garantice el acceso de
todo ser viviente a este recurso vital. Debemos preservar al agua, en
sus diferentes usos, de los procesos de privatización y de la lógica
mercantil que imponen los acuerdos comerciales. Estoy convencido que
este tratado sudamericano del Agua será un paso decisivo hacia una
Convención Mundial del Agua.
20) Protección de nuestra biodiversidad. No
podemos permitir el patentamiento de las plantas, animales y la materia
viva. En la Comunidad Sudamericana tenemos que aplicar un sistema de
protección que por un lado evite la piratería de nuestra biodiversidad y
por otro lado garantice el dominio de nuestros países sobre estos
recursos genéticos y los conocimientos colectivos
tradicionales.
A nivel político
institucional
21) Profundicemos nuestras democracias con mayor
participación social. Sólo una mayor apertura, transparencia y
participación de nuestros pueblos en la toma de decisiones puede
garantizar que nuestra Comunidad Sudamericana de Naciones avance y
progrese por el buen camino.
22) Fortalezcamos nuestra soberanía y nuestra voz
común. La Comunidad Sudamericana de Naciones puede ser una gran
palanca para defender y afirmar nuestra soberanía en un mundo
globalizado y unipolar. Individualmente como países aislados algunos
pueden ser más fácilmente susceptibles de presiones y condicionamientos
externos. Juntos tenemos más posibilidades de desarrollar nuestras
propias opciones en diferentes escenarios internacionales.
23) Una Comisión de Convergencia Permanente para
elaborar el tratado de la CSN y garantizar la implementación de los
acuerdos. Necesitamos una institucionalidad ágil, transparente,
no burocrática, con participación social y que tome en cuenta las
asimetrías existentes. Para avanzar efectivamente debemos crear una
Comisión de Convergencia Permanente compuesta por representantes de los
12 países para que, hasta la III Cumbre de Jefes de Estado, elaboren el
proyecto de tratado de la Comunidad Sudamericana de Naciones tomando en
cuenta las particularidades y ritmos de las distintas naciones. Así
mismo, esta Comisión de Convergencia Permanente, a través de grupos y
comisiones, debería coordinar y trabajar conjuntamente con la CAN, el
MERCOSUR, la ALADI, OTCA y diferentes iniciativas subregionales para
evitar duplicar esfuerzos, y garantizar la aplicación de los compromisos
que asumamos.
Esperando que esta carta
fortalezca la reflexión y la construcción de propuestas para una
efectiva y positiva II Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad
Sudamericana de Naciones, me despido reiterándoles mi invitación para
nuestra cita el 8 y 9 de Diciembre en Cochabamba, Bolivia.
Atentamente.
Evo Morales
Ayma
Presidente de la República de
Bolivia
¿Guerra civil en
Irak?
El 22 de octubre apareció una
noticia en el New York Times. Según informaciones en poder de
este periódico norteamericano, Estados Unidos está elaborando un
borrador sobre los deberes que tiene que cumplir el gobierno de Irak
(entre ellos el desarme de las milicias sectarias). El gobierno
norteamericano está empezando a insinuar también que si el gobierno
iraquí no logra alcanzar esos objetivos, las fuerzas estadounidenses
podrían retirarse de Irak. Por su parte, el día 26 del mismo mes, el
diario británico The Guardian informó que el gobierno de Blair
iba a presionar a Bagdad para que el gobierno iraquí asumiera el mando
de las dos provincias bajo control británico.
El discurso que las fuerzas
invasoras nos quieren transmitir filtrando estas informaciones a los
medios de comunicación vendría a ser del siguiente tenor: “Nosotros
hemos hecho todo lo que hemos podido. Pero aquí se están matando unos a
otros cada vez con mayor furia (y causándonos también cada vez más bajas
a nosotros). O el nuevo gobierno iraquí consigue controlar rápidamente
la situación, o nosotros empezaremos a pensar en retirarnos. No podemos
permanecer aquí de forma indefinida, y menos en estas
circunstancias”.
Esa situación de enfrentamiento
armado entre grupos religiosos y étnicos (sobre todo entre chiítas y
suníes), se presenta como si fuera resultado de una enemistad larvada
que ha estallado tras el derrocamiento de Saddam. El vacío de poder
resultante habría hecho aflorar esta tensión a la superficie, como en el
caso, por ejemplo, de Yugoslavia tras la muerte de Tito.
Y, sin embargo, nada parece estar
más lejos de la realidad que esta imagen de la situación. Suníes y
chiíes no son enemigos. En la historia de Irak nunca ha habido una
guerra civil. Ni los chiítas ni los sunitas plantearon nunca la
necesidad de un enfrentamiento entre las dos comunidades. En realidad,
fueron las fuerzas ocupantes quienes hablaron en primer lugar del
peligro de una “guerra civil” en Irak.
Robert Fisk, el periodista
británico más riguroso y mejor informado sobre el tema de la guerra de
Irak, se hace, a su vez, una serie de preguntas que oscurecen aún más el
panorama. “¿Quién quiere en realidad la guerra civil en Irak? ¿Quién
estuvo tras los atentados contra los santuarios chiíes? ¿Por qué iban a
querer los suníes enfrentarse a los chiíes, al mismo tiempo que a las
fuerzas ocupantes? ¿Quién está detrás de los escuadrones de la muerte?”
Se trata, desde luego, de una batería impresionante de cuestiones que no
tienen una respuesta clara y que arrojan muchas sombras sobre el
pretendidamente claro panorama.
La tesis de Fisk es que alguien
quiere provocar una guerra civil en Irak. Y que esa situación de
enfrentamiento generalizado, o la amenaza de que suceda de forma
inminente, crearían tal situación de pánico, que los iraquíes aceptarían
cualquier plan que el gobierno norteamericano propusiera para
Mesopotamia. Los Estados Unidos serían, pues, los principales
beneficiarios de ese enfrentamiento fratricida entre iraquíes.
No se sabe si los estadounidenses
son quienes están realmente provocando los enfrentamientos. Pero corre
una historia por Irak, con diferentes versiones y que se ha convertido
en una especie de leyenda urbana: “Un hombre iraquí joven cuenta que fue
entrenado por los estadounidenses como policía en Bagdad. Cuando acabó
el entrenamiento, le dieron un teléfono móvil y le dijeron que condujera
hasta una zona llena de gente cerca de una mezquita y les telefoneara.
El esperó en el automóvil pero no tenía cobertura dentro. Así que salió
del coche y fue hasta donde captó una señal mejor. Llamó y... su
automóvil saltó por los aires."
[J-A. E.]
La Rusia
salvaje
El vergonzoso asesinato de la
periodista Anna Politkóvskaya en Moscú no hace sino recordar la
profundidad de la crisis en la que continúa instalada Rusia. El país no
ha resuelto ninguna de las tres cuestiones fundamentales que la reforma
política se planteó hace 20 años; la estrategia de desarrollo, el
establecimiento de un sistema político homologable ("democrático"), y su
lugar y papel en el mundo. Contemplando esos 20 años de crisis y
antimodernización, aun no podemos ni siquiera responder a la pregunta de
si lo peor ha pasado ya, o está por venir.
Gracias a los favorables precios
del petróleo, parece que las cosas no vayan tan mal. Rusia registra un
crecimiento superior al 6% anual desde 1999, pero los parámetros
esenciales son inequívocos; dos terceras partes de los rusos viven en la
pobreza o al borde de ella, la esperanza media de vida para los hombres
es de 59 años, y el país pierde anualmente unos 700.000 habitantes.
Con Putin, la sociedad rusa ha
recibido la posibilidad de descansar del enorme estrés que sufrió en los
noventa, cuando todo (ahorros, precios, valores y fronteras) se
desmoronó. La popularidad de Putin tiene que ver con la posibilidad de
reposo que ha ofrecido su frágil y engañosa estabilización, pero los
problemas no se han resuelto. La riqueza no se reparte, no hay política
social y la inversión económica y en infraestructuras básicas aun está
un 30% por debajo del nivel de 1990.
Las enormes cantidades de armas
nucleares, químicas y biológicas, submarinos e instalaciones peligrosas
heredadas de la URSS, mantienen los riesgos de grandes accidentes
tecnológicos a un nivel no inferior al de la guerra fría. Habiendo
abandonado el sistema de partido único, Rusia mantiene el sistema de
"samovlastie", fundamentalmente hostil al pluralismo. A diferencia de
otros países ex soviéticos de su entorno, como Bielorrusia, Ucrania o
Mongolia, Rusia aun desconoce la rotación en el poder (cuando la
oposición vence) como resultado de unas elecciones. Sus instituciones
son débiles, el poder ejecutivo nombra a sus sucesores y la población
ratifica ese nombramiento. Lo peor es que, en este fracaso ruso,
Occidente tiene grandes responsabilidades.
En los últimos 20 años, Occidente
ha hecho todo lo posible por aprovecharse de la debilidad de Rusia.
Oficialmente la guerra fría se acabó, pero en realidad, todas sus
relaciones siguen ahí: aunque se disimule, Rusia sigue siendo el
principal adversario estratégico de Estados Unidos.
Tras la fachada de la distensión,
Estados Unidos se ha comportado de la forma más irresponsable, haciendo
todo lo posible por desestabilizar ese país, ocupando, militar y
geopolíticamente, todos los espacios que la debilidad rusa ha ido
dejando; desde los Balcanes, hasta el Báltico, pasando por Transcaucasia
y Asia Central. Hasta Ucrania es hoy definida como parte de la "zona de
seguridad" americana. El actual cerco militar de Rusia, es más estrecho
que en la época soviética. La mitad de las catorce repúblicas ex
soviéticas mantienen hoy presencia militar de Estados Unidos o de la
OTAN, con aviadores de Albacete patrullando la frontera rusa en
Lituania. El marco de acuerdos estratégicos en materia de no
proliferación y desarme se ha destruido.
El resultado es una Rusia tanto o más
antioccidental que la soviética, fuertemente nacionalista y xenófoba,
autoritaria en el orden interno, profundamente convencida de que el
mundo sólo respeta a los matones y dispuesta a ejercer como tal, en la
medida de sus limitadas posibilidades.
Una política europea
preocupada por la paz y la europeización de Rusia, debería contribuir al
sosiego de Moscú, no a su cerco geopolítico. Debería contribuir a la
desmilitarización, no a la remilitarización. La única terapia contra
esta Rusia salvaje es desmarcarse del irresponsable hostigamiento de los
últimos veinte años que agrava el salvajismo. Optar por el principio
hipocrático de no agravar la afección del enfermo. No estoy seguro de
que las instituciones europeas extraigan esta lección del vil asesinato
de una periodista valiente y honesta en Moscú.
[Rafael Poch de Feliu,
publicado
originalmente en La Vanguardia
y posteriormente en La
Insignia]
De desórdenes
públicos, supuestas guerrillas urbanas y otras
cosas
En la ciudad de Barcelona, al
igual que en otras poblaciones, tiene lugar una viva discusión acerca de
lo que en el lenguaje al uso se está llamando: inseguridad, incivismo,
alarma social... incluso se habla del surgimiento de ‘guerrillas
urbanas’. Una persona que no conociera la situación de la ciudad e
hiciera caso de la imagen que crea una buena parte de los medios de
comunicación, pensaría que la ciudad -las ciudades- está dominada por
grupos de incontrolados subversivos que ejercen gran violencia de forma
organizada sobre las instituciones y sobre el conjunto de la ciudadanía.
Esta imagen sobredimensiona
determinados hechos: la rotura de un escaparate, el lanzamiento de
pinturas..., al tiempo que esconde otras circunstancias tremendas en las
que vive la gente. Se exaltan y criminalizan determinadas
manifestaciones de violencia, mientras que se toleran otras violencias
terribles que se ejercen sobre la población: la dificultad de poder
vivir dignamente, el mobbing inmobiliario, la precariedad laboral, la
explotación de distinto tipo... la miseria.
La sobredimensión de unas
violencias supone que éstas pasan a ocupar el centro de la percepción
pública, mientras que el silenciamiento de las otras, supone que se las
intenta situar en los arrabales de la percepción pública. Esta
manipulación de lo que ocurre y de lo que le ocurre a las personas,
conduce a generar una hipersensibilidad acerca de determinados hechos,
al tiempo que promociona el desinterés y la baja sensibilidad acerca de
otros hechos. Y en esto estamos. Llama la atención y hay rasgadura
mediática de las vestiduras ante las pinturas lanzadas contra las
fachadas o la rotura de mobiliario urbano; pero no se responde de igual
forma, ni con tanto ardor publicitario, ante los abusos cometidos sobre
las personas y los colectivos más vulnerables, las violencias ejercidas
sobre los inquilinos a los que interesa echar de sus casas por motivos
económicos o la desatención que experimentan muchas personas en la
materialización de sus derechos.
Ante este situación, conviene
recordar lo que dice Italo Mereu, en Historia de la intolerancia en
Europa (Paidós, Barcelona, 2003, pág. 344). Comenta que la
insistencia sobre la gravedad del problema del orden público no es más
que el estribillo, repetido desde los tiempos de Sixto V (fue papa entre
1585 y 1590) hasta hoy, para justificar disposiciones atroces que no
resuelven nada y que sólo sirven para amedrentar y someter cada vez más
a la mayoría ‘silenciosa’. Tal vez, la aportación de un historiador
sirva, no para aprender del pasado, sino para entender que las
estrategias que el poder utiliza en la actualidad no son tan diferentes
de las seguidas en el pasado.
[A. M.]
La biblioteca de
Babel
Dubravka Ugresic El
ministerio del dolor Anagrama, Barcelona, 2006, 301
págs. |
|
La autora ha elegido
explicar su experiencia de lo ocurrido en la ex-Yugoslavia
mediante la narración de la vida de personas que quedaron dañadas
por lo que allí ocurrió. Dañadas en su dignidad, en su identidad,
en su capacidad de relación, en su confianza en el futuro. Mezcla
el estilo directo, descarnado, con la evocación indirecta de
hechos y sentimientos. Incluso, en ocasiones, realiza pequeños
ensayos sobre distintos temas, por ejemplo, sobre la condición del
inmigrante. |
La utilización de diferentes
registros y distintos puntos de vista, hace de esta novela una
lectura interesante, en ocasiones sorprendente, que plantea
interrogantes no sólo acerca de la tragedia balcánica, sino
también sobre la condición contemporánea de todos nosotros. El
título del libro: El ministerio del dolor contiene una ironía que
la lectora o el lector podrá descubrir.
[A.M.]
|
X. Montagut y E. Vivas
(coords.) ¿A dónde va el comercio justo? Modelos y
experiencias Icaria, Barcelona, 2006. |
|
Contra el mito neoliberal
tradicional, la percepción de que el comercio Norte-Sur, pero
también dentro del Norte y del Sur, está preñado de prácticas
opacas, injustas e insostenibles, se ha instalado con peso entre
diversas asociaciones y movimientos sociales. Esas prácticas
afectan nuestras formas de vida y de consumo cotidianas y tienen
una importante repercusión en nuestra manera de hacer política.
La certificación de
productos, la venta en grandes superficies o la responsabilidad
social corporativa son algunos de los temas que han ocupado a las
iniciativas críticas con el actual estado de cosas y partidarias
de un modelo alternativo de comercio justo. El problema es que la
propia globalización neoliberal se las ha ingeniado para
incorporar muchas de estas cuestiones, al menos de forma parcial y
superficial, a su lógica mercantilizadora y excluyente.
¿Qué es, por lo tanto, el
comercio justo? ¿Cuáles son las diferentes almas que conviven
dentro de las redes y movimientos que lo impulsan? X. Montagut y
E. Vivas, miembros de la Xarxa de Consum Solidari,
presentan de manera pedagógica las pistas básicas para abordar el
tema.
|
Entre otras cuestiones, el
libro analiza la situación del comercio justo en el conjunto del
Estado y presenta un mapa de los actores sociales involucrados en
su defensa, así como de sus principales demandas. En segundo
lugar, se presentan algunas líneas que permitirían avanzar hacia
una transformación equitativa de los intercambios económicos y se
aborda uno de los debates más sensibles que tiene lugar dentro de
los movimientos: la certificación de los productos de comercio
justo. En tercer término, se comentan cuatro experiencias
concretas en el ámbito español, francés, mexicano y ecuatoriano:
las de Espanica, Andines, UNORCA y la Corporación Talleres del
Gran Valle. Finalmente, el libro se cierra con los retos y
perspectivas de futuro que afronta el movimiento del comercio
justo. Las cuestiones que allí se suscitan van desde la oposición
a la liberalización del comercio y a las políticas de la
Organización Mundial del Comercio a la apuesta por modos
cooperativos y sostenibles de consumir y producir y a la defensa
de la soberanía alimentaria y del fortalecimiento del mundo rural.
De su lectura, en todo caso, resulta claro que lo que está en
juego es algo más que una manera más justa de comerciar. Lo que se
discute es una auténtica alternativa de civilización.
[G.P.]
|
Franz J. Broswimmer Revista
sinpermiso. República y socialismo también para el siglo
XXI Editorial Laetoli, Pamplona, 2005; trad. cast. F. Páez de
la Cadena. |
|
La revista que ya hace algún
tiempo comenzó a distribuirse en formato electrónico, está ahora
disponible en papel. El formato impreso de esta revista será
semestral. En su número 1 se puede encontrar, |
además de la
carta de presentación de la redacción, artículos, entrevistas,
aportaciones y comentarios de libros y cine. Bienvenida sea esta
iniciativa.
[A.M.]
|
Foro de
webs
1. Millón de Europeos contra la energía
nuclear
www.million-against-nuclear.net
Campaña de sensibilización y
recogida de firmas organizada por Atomstopp [www.atomstopp.at], Friends of the Earth Europe
[www.foeeurope.org], Global 2000
[www.global2000.at], Sortir du Nucléare
[www.sortirdunucleaire.org], WISE [www10.antenna.nl/wise] y
Women for Peace, con el apoyo de más de 500 ONGs.
En la Web citada puedes adherirte
a esta campaña cuya finalidad es urgir a la Comisión y Parlamento de
Europa y a todos los estados miembros de la UE a que paren o impidan la
construcción de nuevas centrales e instalaciones nucleares en la UE,
emprendan un plan para abandonar la energía nuclear, inviertan de forma
masiva en ahorro de energía y en desarrollo de las energías renovables y
pongan fin al Tratado EURATOM firmemente decantado hacia la financiación
pública de la energía nuclear en Europa. Las firmas recogidas hasta el
pasado verano rondan la cifra de 500.000.
2. La Unidad Cívica por la
República
www.nodo50.org/unidadcivicaporlarepublica
Continúa la labor de recuperación
de la memoria histórica y de impulso democratizador a cargo de esta
plataforma ciudadana, constituida por aquellos ciudadanos que reconocen
en la República la forma de estado más democrático. En la Web hallarás
abundante información republicana, anuncios sobre próximas convocatorias
de la plataforma y la forma de adherirte a ella.