El plebiscito y su
espectáculo
El vaciamiento de democracia de las
instituciones europeas se completará sin duda con la aprobación del
"tratado constitucional". Pero lo que el Psoe (y el PP) proponen para
que lo voten los ciudadanos de este país no es ni siquiera un
referéndum: es un plebiscito.
Los partidos mayoritarios, el gobierno,
los "formadores de opinión" (no sólo la SER: todo el grupo Prisa, todo
el grupo Recoletos, etc.) se cuidan muy bien de debatir el
tratado. Debatir significaría analizar, escuchar opiniones a propósito
de sus diferentes aspectos, prestar oídos -o proporcionar espacio
mediático real- a quienes nos oponemos al tratado, y discutir también
nuestras razones.
Sólo la cuestión de las lenguas -del
reconocimiento europeo de las lenguas oficiales- parece destacar entre
las cuestiones vistas negativamente. Eso es así por el apoyo político al
gobierno de algún nacionalismo periférico. Y de este modo el
nacionalismo entra en la cancha. El movimiento alternativo está excluido
de ella.
La mayoría política (Psoe+PP en este caso)
sabe bien lo que quiere. Lo único que quiere. Que dentro de unos años se
pueda repetir el sonsonete de "la constitución europea que aprobaron los
españoles" cuando ya no importe cómo la aprobaron, esto es: sin que
importe el grado de abstención, o los votos en contra, o el
condicionamiento político. Como en el setenta y ocho pero de otra
manera. Y esa mayoría sabe que a través del oligopolio de intereses
combinados de los partidos mayoritarios y la oligarquía mediática (y de
los media públicos, claro está) lo puede conseguir.
Ya en el tobogán plebiscitario, las formas
muestran la calidad democrática de su mensaje: apoyan a bombo y platillo
la "constitución" europea ciudadanos tan conocidamente sensibles a las
cosas públicas como Miguel Ríos, Emilio Butragueño o Johann Cruyff. La
política-espectáculo convoca a los artistas del espectáculo. La magia
mediática, a los artistas de los media. Ahí están, de pontifical,
del Olmo y Gabilondo. También han tenido el mal gusto, estas autoridades
de ahora, de hacernos tragar el tratado "constitucional" en los sellos
de correos. No se molestan siquiera en guardar las formas democráticas
probablemente porque en su sentido real ni las conocen
siquiera.
El tratado constitucional plebiscitado no
se ha hecho a humo de pajas. Una vez aprobado, será el instrumento que
legitimará, tarde o temprano, la voladura de las instituciones de la
solidaridad social forzosa. Hay que felicitar por su agudeza a los
sindicatos mayoritarios que apoyan el "sí" en el plebiscito: ¡Santa
Lucía les conserve la vista!---[JRC,
enero de 2005]
---
Política y
corrupción
Hace pocos días se publicaron los últimos
datos sobre el "Barómetro general sobre la corrupción" en el que los
partidos políticos aparecían en todas partes como las instituciones más
corruptas. Esta evaluación parte de la persistente evidencia de los
múltiples casos de corrupción que ha salpicado la historia financiera de
muchos grandes partidos y el reconocimiento por parte de la ciudadanía
de la escasa defensa que se hace de los intereses generales en aras a
satisfacer las exigencias de los grupos de interés que ayudan a su
financiación.
Se trata por tanto de una crítica que
debería servir para replantear la actuación de los partidos,
especialmente los de izquierdas, su relación con el electorado. Pero que
entraña también una trampa bastante habitual en los tiempos presentes de
cuestionamiento de la democracia en beneficio del capital. Lo curioso de
la encuesta es lo bien paradas que salen las empresas, cuando es patente
que los políticos corruptos suelen trabajar a sueldo de las mismas, o
que en materia fiscal son las empresas las grandes evasoras que socavan
los presupuestos públicos. Y es que un signo de los tiempos lo
constituye el blindaje de la empresa privada a toda crítica sustancial.
Algo que se advierte no sólo en los medios de comunicación (financiados
en gran parte por la publicidad), sino también en la actuación de muchos
movimientos sociales que apelan a los políticos para solventar mil y un
problema, pero ignoran actuaciones que democraticen las grandes empresas
y reduzcan su poder (lo que suele estar en el origen de muchos de los
problemas que queremos que solvente el sector público: desigualdades,
paro, marginación, impactos territoriales...). Una cultura que a diario
se fomenta de mil y una formas.
Esta crítica asimétrica a unos y a otros
nace posiblemente de la doble forma de medir su actuación. A los
políticos se les evalúa desde una óptica democrática, de su actuación de
servicio (y por tanto todo el mundo se considera con derecho a
juzgarlos). A los empresarios en cambio se les acepta su motivación
egoísta en busca de beneficios, una actividad en la que todo el mundo
está de acuerdo que todo vale. Por esto es tan importante desarrollar un
discurso y una política que rompa con esta doble moral, que incluya
tanto la crítica a la corrupción política como al inmoderado poder y
corrupción empresariales, y que apueste por una ética del bienestar
colectivo como medida para enjuiciar comportamientos
individuales.
No va a ser tarea fácil. Y obliga a la
izquierda a tomar nota de dos cuestiones clave. La primera y más obvia
es que los grupos políticos que pretenden ser alternativos necesitan
hacer un notable esfuerzo de comportamiento honesto y creíble, no sólo
en términos lucrativos, también en la coherencia de sus intervenciones
(¡cómo se puede apalizar a los pacíficos campistas en exigencia del 0,7
en Barcelona, cuando hace pocos meses el mismo gobierno municipal
permitió acampadas contra la guerra de Iraq!). La segunda, quizás más
discutible, es que los partidos han dejado de ser el centro desde el que
impulsar transformaciones sociales. Y que si realmente se quieren
cambiar las cosas hay que empezar a pensar qué formas de organización
son más útiles, cómo encaja en este planteamiento la presencia de
partidos que actúan en las instituciones en lugar de pelearse por el
mero control de lo existente y limitarse a valorar resultados
electorales.---[ARA]
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El salario mínimo,
Solbes y la CEOE
Como ya era previsible, las mayores
tensiones de la política gubernamental se van a producir en los aspectos
socio-económicos. Y con la promesa de aplicar la cláusula de revisión a
los salarios mínimos ha saltado la primera llamarada. La CEOE lo ha
planteado como casus belli y el ministro Solbes ha corrido como
buen tecnócrata neoliberal a darles la razón con el argumento que dicha
actualización se convierte en sí misma en un peligro inflacionario. Una
reacción donde la caradura y la estulticia van de la mano.
Sabido es que el salario mínimo español
es, en términos de paridad de poder adquisitivo y de salario relativo
(tal como se mide la pobreza a escala internacional) el segundo más bajo
de la Unión Europea y que ha sido sometido a una pérdida de poder real
por sucesivos gobiernos del PSOE y del PP. No sólo como un medio de
abaratar costes salariales como, especialmente, para reducir
prestaciones sociales puesto que una gran parte de las mismas están
directa o indirectamente ligadas a su cuantía: como las pensiones no
contributivas, el subsidio asistencial o los requisitos para acceder a
muchas ayudas públicas (habitualmente limitadas a personas o familias
con unos ingresos dos o tres veces el salario mínimo). Y también es
sabido que como salario sólo cubre los ingresos de un reducido número de
empleos, no cubiertos por convenios colectivos.
Plantear que un mecanismo de mantenimiento
del salario mínimo puede ser una causa de inflación supone bastante
ignorancia. No sólo porque su incidencia directa en el mercado laboral
es limitada, sino porque hay bastantes estudios en sesudas revistas que
muestran que su aumento no genera efectos en otros sectores (también
está por demostrar que aumente el desempleo como predicen los manuales
de economía para adoctrinamiento de profesionales). Que el argumento lo
utilice la CEOE es entendible, porque de lo que se trata para ellos es
de marcar al Gobierno y cerrar todas las puertas a cualquier veleidad
reformista que reduzca su poder de control sobre el mercado laboral. Que
lo jalee Solbes es una muestra de incompetencia. Si le preocupa tanto la
inflación (un campo donde la frivolidad en el debate es también notoria)
debería preocuparse por ir a la raíz, a analizar y actuar en los
sectores que generan más problemas -el de la hostelería y la
restauración (a pesar de vivir de bajos salarios), el de la distribución
alimentaria, el del petróleo (donde no hay otra vía que cambiar el
modelo) o el de la vivienda. Aunque este último no le preocupa, porque
el precio de la vivienda de compra no se incluye en el IPC. Y contar con
asesores solventes que le informaran de lo que realmente se sabe del
salario mínimo. Quizás si el salario del ministro y sus asesores se
fijara en esta cuantía tendrían incentivos para aprender. Mientras ésta
no sea la situación y la formación de nuestros técnicos sea la que es,
la mayoría de la población seguirá como el obrero del chiste del Roto:
apaleada porque un economista le tiene agarrado en beneficio del
patrón
Por una vez los sindicatos respondieron
con presteza. Pero duró poco, les salió la vena negociadora a la que
están tan enganchados que son incapaces de intervenir de otra manera. Y
el tema del salario mínimo era una buena ocasión para abrir un intenso
debate social sobre la naturaleza de las desigualdades y los análisis
que las justifican. Algo en lo que nuestros sindicalistas se muestran
particularmente incompetentes. Quizás porque han sido agarrados tantas
veces por los economistas que han perdido la capacidad de pensar de otra
manera.---[ARA]
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La economía global
podría prescindir de Estados Unidos
Algunos datos recientes apuntan a una
tendencia que debería preocupar a las autoridades de Estados Unidos.
Compañías de vuelo, transacciones comerciales, estudiantes y gobiernos
de diferentes países empiezan a prescindir de los norteamericanos, ante
las dificultades que encuentran para el desarrollo libre de sus
actividades.
Según el Financial Times, el
tránsito aéreo internacional hacia Latinoamérica se desvía a Canadá a
fin de evitar los aeropuertos norteamericanos y sus arbitrarias medidas
policiales de seguridad. Durante el año 2004 se ha triplicado el tráfico
entre Japón y Brasil vía Canadá. ¿Por qué? Estados Unidos en agosto de
2003 interceptaba ese tránsito exigiendo visados de entrada y con otras
medidas burocráticas de control incluso a los pasajeros que no podían
salir del área internacional de los aeropuertos.
Por otra parte, el Business Week
lamentaba a principios de este año que en el 2004 las estancias de
extranjeros en la escuela de negocios Wharton han disminuido un 24 %.
Desde el 2002, la cantidad de extranjeros que se han inscrito en el
Management Admission Council's ha descendido un 27 %. En cifras
globales, se ha producido un descenso de participación de estudiantes
extranjeros del 74 % en este tipo de escuelas. Se apunta la tendencia a
prescindir de la formación americana para los negocios y a realizarla en
el propio país o en otros países.
Algo parecido ocurre en el campo del
comercio en Asia. Taiwan exporta ahora a China el doble de lo que
exporta a Estados Unidos. China, por su parte, ha suscrito un acuerdo
comercial con otros diez países de Asia del sur, sin participación
alguna de Estados Unidos.
Tampoco parece que vayan mejor las cosas
en América del sur, a juzgar por los resultados de la cumbre de Chile.
Hu Jintao ha visitado en doce días Brasil, Argentina, Chile y Cuba con
el resultado de acuerdos comerciales que alcanzan decenas de miles de
millones de dólares.
La prensa norteamericana presenta estos
datos como si fueran consecuencia de la negligencia americana, de sus
tendencias agresivas y de los excesos de regulaciones. Aunque también se
destacan los éxitos en la generalización de la globalización americana.
El propio ejemplo de la escuela de negocios Wharton tiene doble lectura,
pues las universidades europeas disponen hoy de sus propios programas de
Management Bussines Admission.
No se puede suponer simplemente que
Estados Unidos se ha vuelto estúpido en relación con la economía
mundial; pero sí que es posible señalar indicios de decisiones
estúpidas.
[Resumen de un artículo
de Daniel Gross publicado en la revista electrónica Slate el
15-XII-2004, a cargo de María Rosa Borrás]
---
El catolicismo del
miedo
Se asiste en los últimos tiempos a la
reacción conservadora de importantes sectores del catolicismo español.
Las medidas adoptadas y/o propuestas por el actual Gobierno en materias
como la enseñanza de la religión en la escuela pública, el matrimonio de
las parejas homosexuales o la revisión de la financiación estatal de la
Iglesia católica han soliviantando los ánimos en sectores políticos,
mediáticos, culturales y eclesiásticos católico-conservadores. Dicen que
se vive hoy una etapa de anticlericalismo y de persecución del
catolicismo. Esta interpretación de lo que sucede es simplista, aviesa y
auto-justificativa.
Hace tiempo conocí el caso siguiente. Un
camionero se sentía perseguido. Creía que la gente le observaba y que lo
perseguían. Cuando la enfermedad apretaba, cogía su camión y marchaba a
galope tendido. Llegaba la policía, el camionero sacaba su escopeta de
caza en fin, se organizaba un lío considerable. Al final el camionero
tenía razón: lo habían perseguido y ahora le llevaban a una clínica
mental. Algo de esto le sucede al sector más conservador y autoritario
del catolicismo español.
La reacción conservadora está motivada
principalmente por el miedo:
A. Miedo a la pérdida de
privilegios
El maridaje entre
instancias eclesiásticas y estructuras estatales es una realidad
histórica de la que han sacado tajada habitualmente tanto las
instituciones eclesiásticas como los grupos que han gestionado el
aparato estatal. El catolicismo conservador no está dispuesto a ceder en
la consecución de lo que han sido los intereses prioritarios de la
Iglesia católica en los últimos siglos: controlar la disidencia
religiosa, la educación y la moral pública.
B. Miedo a un laicismo
que cuestiona la mantenida oficialidad del catolicismo
Ha existido y existe en buena
medida un catolicismo oficial. ¿Cómo explicar si no los actos religiosos
protocolarios en los que obispos y cargos políticos electos escenifican
conjuntamente su papel institucional? La aconfesionalidad de un Estado
es una cuestión fáctica y no sólo teórica.
C. Miedo a perder
presencia socio-cultural
La
inserción de las órdenes y grupos religiosos en el sistema educativo es
un excelente medio de penetración socio-cultural, además de constituir
un buen sistema de financiación. La historia del sistema escolar
español, así como su presente, no se entiende sin este hecho. En el
curso escolar 2004-2005 el reparto de alumnos no universitarios es el
siguiente: enseñanza pública: 4.708.942 alumnos; enseñanza concertada y
privada: 2.259.226 alumnos. Es decir, alrededor del 32,4% de los alumnos
cursan sus estudios en centros concertados y privados (fuente:
Ministerio de Educación y Ciencia).
La enseñanza de la religión católica en
las escuelas públicas también ha sido un instrumento en la configuración
religiosa de la población. La reforma introducida hasta el momento
supone recuperar la libertad de las familias para elegir si sus hijos
han de estudiar religión católica en la escuela, otra religión acordada
o bien cursar una asignatura alternativa. La noción que muchos todavía
tienen de la religión católica como religión de Estado ha provocado
rechazo a esta apuesta por la libertad de las personas. También preside
el escenario el miedo a una nueva realidad: la creciente pluralidad
confesional.
D. Miedo a confiar en los apoyos económicos de los propios
fieles
y ver agravada su deficiente financiación
El sostenimiento económico del clero diocesano
por parte del Estado se inicia en 1851. La Iglesia católica no es
autosuficiente. Pese a los esfuerzos hechos, no ha conseguido
autofinanciarse a través de las aportaciones económicas de sus fieles.
Sin duda, de nuevo la percepción del catolicismo como religión del
Estado ha contribuido a mantener esta situación.
E. Miedo a no saber cómo
estar en un mundo incierto y cambiante
El cardenal Ratzinger, que es el encargado de supervisar la
ortodoxia de la doctrina católica, decía: "Si continuamos cuestionándolo
todo, sin dar las respuestas positivas de la fe, no podremos evitar una
gran huida". Había que dar seguridad y pensaron que esto se
conseguía a base de ley, orden y sanciones. Este camino ha favorecido el
autoritarismo, que niega las incertidumbres, pero no por ello las
resuelve. Se han creído en la obligación de erigirse en únicos
guardianes verdaderos de la moral social y de las conciencias de la
gente.
Ante el catolicismo autoritario y
reaccionario no se debe transigir ni política, ni social, ni
culturalmente. Es el miedo, y no la libertad ni la fe, lo que inspira su
reacción. Son de provecho hoy las consideraciones que hiciera el teólogo
Jürgen Moltmann acerca de los servidores del miedo: "La poca fe quiere
asegurarse y protegerse a sí misma, porque está poseída por el miedo.
Quiere proteger sus 'bienes más santos': Dios, Cristo, la doctrina de la
fe y la moral, porque a todas luces ya no cree que sean lo
suficientemente fuertes como para mantenerse a sí mismos. Cuando la
'religión del miedo' se introduce en la iglesia cristiana, tiene lugar
la violación y asfixia de la fe por parte de aquellos que se consideran
sus mejores defensores. En lugar de confianza y libertad se expanden
angustia y apatía".---[Antonio
Madrid]
---
Seguridad
Social: no está rota, que no la
arreglen
Mark
Weisbrot
Hace cuatro años Dean Baker y yo
escribimos un libro titulado Social Security: the Phony Crisis
(Seguridad Social: La crisis falsa; University of Chicago Press, 2000).
Demostramos que no hay ninguna razón financiera, económica, actuarial o
de cualquier otra clase para preocuparse por el futuro de Seguridad
Social. Toda la teoría de que la Seguridad Social tendría problemas
cuando se jubilara la generación del baby boom era una leyenda
urbana... Que todavía dura.
Entre otros, la conservadora revista
británica The Economist repasó el libro y estuvo de acuerdo. De
hecho, nadie se ha atrevido a criticar lo que nosotros escribimos. ¿Cómo
hubieran podido? Los datos que barajamos eran los mismos que utilizan
los demás, incluso George W. Bush en su campaña presidencial. Proceden
del informe anual de la administración de la Seguridad
Social.
Esperábamos que nuestro libro acabara con
todas las tonterías sobre cómo "arreglar" la Seguridad Social. Y ha
habido algún progreso durante los últimos cuatro años. El pasado marzo,
el consejo de redacción del New York Times declaró, por primera
vez, que "aquéllos a los que les preocupa que la Seguridad Social no
exista cuando se retiren están absolutamente equivocados".
Hace cuatro años, la idea de privatizar
parcialmente la Seguridad Social tenía apoyo mayoritario en algunas
encuestas. En parte como resultado de la actitud agresiva de los
asesores de la derecha y los políticos respaldados por empresas de Wall
Street, en pie de guerra para hacerse con los miles de millones de euros
de la privatización. Esta gente no sólo ha convencido a la mayoría del
público de que jamás recibiría prestaciones de la Seguridad Social, sino
que además, incluso, podrían ganar más dinero en la bolsa.
En nuestro libro demostramos que lo
segundo también es mentira. Demostramos aritméticamente, nadie se había
molestado en hacerlo, que los precios de las acciones de aquel momento,
artificialmente hinchados, eran incompatibles con todas las tasas
económicas de previsión de aumento de beneficios. Tal como predijimos,
reventó la burbuja bursátil y desaparecieron también muchos de los
apoyos para privatizar la Seguridad Social.
Pero el equipo de Bush todavía sigue
promoviendo la privatización. Su propuesta tiene varias riesgos:
aumentaría nuestro déficit presupuestario federal que ya está en un
nivel casi récord (en porcentaje sobre el total de la economía)
Aumentaría enormemente los costos administrativos de Seguridad Social,
que se substraerían de las posibles prestaciones. Expondría a los
futuros jubilados a los riesgos de una bolsa de valores volátil que
todavía sigue sobrevalorada, por la histórica fijación de precios en
función de las ganancias.
Y minaría el apoyo político al mayor
programa contra la pobreza de América al dividir a los futuros jubilados
en dos grupos: el de los más ricos, que recibiría una gran parte de sus
ingresos de la Seguridad Social privatizada, y el de la mayoría que
no.
Quizás sea ese el propósito principal de
los partidarios de la privatización: la Seguridad social no es un plan
de pensiones sino un sistema de seguro social. Es un compromiso de la
sociedad de una generación a otra. Todos pagamos y todos recibimos,
porque nunca se sabe cómo será nuestra vejez. El programa también ofrece
seguros de invalidez, viudedad y orfandad. La idea de que "vamos todos
juntos" en la que se basa la Seguridad Social, siempre ha sido mal vista
por aquellos que creen en que "cada palo debe aguantar su vela" y en la
ley de la selva.
Actualmente la Seguridad Social está más
sana financieramente de lo que lo ha estado a lo largo de casi toda su
historia. Para cubrir el déficit que pudiera aparecer durante los
próximos setenta y cinco años se requeriría menos de nosotros de lo
aportado en cada una de las décadas de los años cincuenta, sesenta,
setenta u ochenta. Todo lo que tenemos que hacer para salvar la
Seguridad Social es impedir que los que pretenden privatizarla le pongan
las manos encima.
¿Quién quiere recortar
las prestaciones sociales?
A veces hay noticias que me hacen reír a
carcajadas. Como ésta: "Con respecto a la Seguridad Social informó
el New York Times la semana pasada, el 45% afirma que no
aceptaba la propuesta para permitir que se invirtiera en cuentas
privadas los impuestos retenidos por la Seguridad Social; el 49% lo
aceptaba". ¿Lo han pillado? La encuesta del NYT/CBS que citamos le
preguntaba a la gente si les gustaría poder decidir sobre lo que se
hacía con sus impuestos. Naturalmente casi la mitad de los entrevistados
respondió que sí. Lo que los encuestadores omitieron inadvertidamente es
el otro aspecto de la cuestión: los enormes recortes en las prestaciones
de la Seguridad Social.
Así sería según el segundo Plan de Reforma
de la mal llamada "Comisión del Presidente para Fortalecer la Seguridad
Social". Esta privatización parcial significaría una pérdida
considerable de beneficios para la mayoría de los americanos. Con este
plan, una persona de 20 años que comienza a trabajar perdería el 34% de
sus beneficios esperados. Eso significaría casi cien mil euros de la
jubilación de toda una vida. Aunque tendrían la oportunidad de
recuperar, por término medio, aproximadamente treinta y seis mil euros
con una cuenta individual... con tal de que la bolsa no haga aguas justo
al jubilarse como en el 2000-2002.
Para la próxima encuesta, propongo una
pregunta más exacta: ¿le gustaría ver recortadas sus prestaciones de
jubilación de la Seguridad Social en un 34% y tener la posibilidad de
arriesgarse a recuperar una parte con una cuenta privada? Eso es para
los trabajadores jóvenes. Los recortes disminuyen al aumentar la edad,
pero el plan conduce a una pérdida neta a la inmensa mayoría de
americanos.
¿Cuántas personas piensa usted que dirían
sí a un trato como ese? Resulta que ése es el trato que el presidente
Bush parece estar ofreciendo. Su comisión, que a diferencia de otras,
está repleta de gente que favorece la privatización, propuso tres
planes. Explícitamente Bush no ha escogido ninguno, pero poco después de
las elecciones de noviembre, indicó que él está hablando sobre el
Segundo Plan de Reforma.
Note a periodistas que escriban sobre este
problema: pongamos las cartas boca arriba. Los grandes recortes son para
crear cuentas privadas. ¿Pero eso para qué? ¿Para que la gente pueda
invertir en acciones una parte de los impuestos de la Seguridad Social?
Nosotros ya tenemos varios medios por que las personas coloquen sus
ahorros libres de impuestos en la bolsa de valores, en planes de
pensiones o de jubilación. Y sin embargo, todavía menos del cinco por
ciento de empleados aprovecha plenamente esa posibilidad.
Sería una buena idea que el gobierno
Federal hiciera más universales y más baratos los planes de pensiones.
Pero para lograrlo no hay ninguna necesidad de hacer una incursión en la
Seguridad Social, y recortar sus prestaciones.
Tampoco hay ninguna razón para
"arreglarla" pronto. Según los datos utilizados por todos, incluso por
la Comisión del Presidente, la Seguridad Social puede pagar y hacer
frente a todos sus compromisos de los próximos 38 años sin necesidad de
ningún cambio. La no partidista Oficina del Presupuesto del Congreso ha
elevado esa estimación a 48 años. Desde cualquier punto de vista, la
Seguridad Social está en la mejor forma financiera de sus 69 años de
historia.
Cualquier déficit que pudiera presentarse
dentro de cuarenta o cincuenta años es fácilmente manejable, más que
situaciones del pasado en las que teníamos ingresos mucho
menores.
Los "reformadores" de la Seguridad Social
se han pasado los últimos quince años convenciendo a la mayoría del
público de que la Seguridad Social está en una situación desesperada.
Ahora nos ofrecen un plan que recortará las prestaciones, aumentará en
cientos de miles de millones nuestro ya enorme déficit presupuestario
federal y aumentará los costes administrativos de la Seguridad Social en
más de diez veces. ¿Para que?
Mark
Weisbrot es co-director del Center
for Economic and Policy Research, Washington, D.C. (http://www.cepr.net/), y co-autor con
Dean Baker, de Social Security: the Phony Crisis (2000,
University of Chicago Press).
[Fuente Znet,
http://www.zmag.org/ Traducción de Víctor Cassi. Artículo
aportado por Agustí Roig]
---
Cosas del mundo
nuevo
La Universidad de Barcelona difunde un
cuestionario para facilitar la colaboración entre el profesorado y los
medios de masas, o sea, las televisiones. En el cuestionario los
profesores han de dar sus datos y luego han de optar entre diversas
modalidades de colaboración. Entre otros renglones del cuestionario
(traduzco literalmente del catalán, que en este caso es mejor) figuran
los siguientes: "Sólo colaboraré con un medio de comunicación si es
cobrando", "Acepto colaborar y no tengo ningún inconveniente en que me
llamen directamente", etc. Luego esta universidad tan adaptada al mundo
globalizado solicita los datos bancarios para el pago: "Datos para el
pago (Datos de uso interno que nunca se harán públicos)". La universidad
misma se ofrece para actuar de intermediario entre unos y
otros.
La biblioteca de
Babel
|
Juan-Ramón Capella
La práctica de
Manuel Sacristán. Una biografía política Trotta, Madrid, 2005, 285
págs.
Este libro presenta a Manuel
Sacristán en su práctica y su pensamiento político. El texto puede
ser leído de diversas formas: resulta interesante para quien
quiere hallar una contextualización del pensamiento, de las
prácticas y de las discusiones de las izquierdas durante buena
parte del siglo XX; ofrece una visión panorámica para aquellos que
ya han leído a Manuel Sacristán o se plantean leerlo y sitúa una
parte importante de los temas y preocupaciones sobre los que
seguimos pensando. Destaca de su edición el cuidado con el que
está tratado, la utilización de fotografías como recurso narrativo
integrado en el texto y la riqueza de la escritura. Un libro para
disfrutar. [AM] |
Xavier Pedrol y
Gerardo Pisarello La 'Constitución y sus mitos'. Una crítica al Tratado
constitucional y argumentos para otra
Europa Icaria, Barcelona, 2005, 120 págs.
Este libro es continuación del texto
publicado hace unos meses por estos mismos autores con el título
La Constitución furtiva en la misma editorial Icaria. La
estructura del texto es la siguiente: se idenfican los argumentos
utilizados por los defensores del Tratado, se aportan otros
argumentos que contradicen o corrigen lo que "se dice" sobre el
Tratado, se concluye y se propone una alternativa. Es un texto
escrito para la discusión. Se opone por tanto al adoctrinamiento
en el que nos tienen sumergidos. Muy útil como manual de
argumentación y clarificación de posiciones. [AM]
|
Ante el próximo referéndum
están disponibles también las lecturas
siguientes |
Denunciar la distancia entre lo que «se dice» sobre la
Unión Europea y lo que ésta realmente «hace» es el objetivo que se
propone el libro de Carlos Taibo, No es lo que nos cuentan. Una
crítica a la Unión Europea realmente existente, Madrid,
Ediciones B, 2004. En la misma línea se sitúa la obra de Raoul
Marc Jennar, de título no menos elocuente: Europe, la trahison
des élites, París, Fayard, 2004. -Aunque
desde una perspectiva estrictamente |
jurídica, resulta también interesante el conjunto de
artículos del profesor Pedro Cruz Villalón, reunidos en La
Constitución inédita. Estudios ante la constitucionalización de
Europa (Madrid, Trotta, 2004). Especialmente, el titulado «La
Carta o el Convidado de piedra». Su lectura es de gran utilidad
para valorar de forma cabal, contra las publicitadas y frecuentes
posturas mitificadoras, esta parte del Tratado Constitucional.
---[XP] |
|
Bhagirath Lal Das
La OMC y el
sistema multilateral de comercio. Pasado, presente y futuro
Icaria-Intermón Oxfam, Barcelona, 2004, 247
págs.
Las siglas OMC se leen y se escuchan
continuamente. Este libro explica la evolución de esta
organización y sus relaciones con la ordenación del comercio
internacional. Contiene la reflexión de una persona cuya actividad
profesional le ha permitido conocer los entresijos del GATT/OMC y
los efectos de los acuerdos multilaterales de comercio sobre los
países en desarrollo, que son, como señala el autor, "los
principales perdedores del sistema". Plantea la necesidad de
mejorar y reformar la OMC, utilizando vías alternativas de acuerdo
entre los países en desarrollo. Es un texto repleto de información
detallada. ---[AM]
Gregory Elliott
Perry Anderson.
El laboratorio implacable de la historia Trad. de Gustau Muñoz,
Universidad de Valencia y Editorial Universidad de
Granada, 2004
Este libro examina la trayectoria de
uno de los más prestigiosos pensadores e historiadores
contemporáneos de la izquierda, director y colaborador durante
muchos años de The New Left Review. Contiene además una reflexión
rigurosa sobre la historia del marxismo occidental desde la
posguerra hasta su crisis de la hora presente.
Sofia
Kovalevskaia Una
nihilista Maldoror, ilocalizable, 2004
Este libro es una autobiografía
camuflada, convertido en novela y desdoblada. Sofia Kovalevskaia
fue una notable matemática (la primera mujer doctor en esa materia
en una universidad rusa) a la vez que una militante social del
siglo XIX. No tendría mayor relevancia que tanta prosa
decimonónica a no ser porque empieza por el relato del día de la
emancipación de los siervos en 1860 y sigue con el endeudamiento
de los propietarios rurales, bien descrito y de utilidad para la
escuela. El itinerario de Vera (la doble de la autora) es a la vez
típico y ejemplar, hecho de entrega y sacrificio (inusual),
ofrecido como pauta de conducta a las mujeres en vías de
emancipación. Siglo y cuarto más tarde, se lee con interés pero
con distancia por un tiempo en que la izquierda estaba imbuida de
optimismo. ---[Montserrat Sendra] |
John Kenneth
Galbraith La
economía del fraude inocente. La verdad de nuestro
tiempo Crítica, Barcelona, 2004
Galbraith no es un radical. Pero sus
análisis nos han ayudado a entender la naturaleza del capitalismo
americano. Y en su ancianidad nos regala una pequeña obra en la
que muestra cómo los conceptos con que se maneja la profesión
económica y los periodistas que reproducen sus análisis conducen a
la confusión y al enmascaramiento de la realidad. El pequeño
fraude cotidiano que nos impide entenderla.
Es por eso una buena obra para
recomendar a amigos escépticos, atrapados en el discurso dominante
y poco proclives a lecturas sesudas. En unas pocas páginas destaca
cuestiones relevantes sobre la naturaleza real del poder económico
(aunque sin duda su análisis de clase es lo más discutible al
contraponer burócratas corporativos y rentistas, los dos grandes
integrantes de la clase dominante) y sobre conceptos económicos
básicos como esto de "la economía de mercado" o el mismo concepto
de "trabajo". ---[ARA]
J. Glenn Gray,
Guerreros.
Reflexiones del hombre en la batalla Trad. de Mónica Garrido.
Inèdita Editores, Barcelona, 2004, 254 p.
Hannah Arendt al prologar este libro
dijo que era un texto importante que había pasado desapercibido.
No es mala carta de presentación para un libro escrito por una
persona que buscó claridad en su reflexión sobre la experiencia
humana de la guerra. Se nutre principalmente de las anotaciones
que durante la Segunda Guerra Mundial fue haciendo en sus diarios:
observación del comportamiento de las personas y del suyo propio
ante la destrucción, el miedo, la muerte, el lenguaje utilizado,
el sentimiento de culpa.
Está escrito con un estilo directo y
nada concesivo a moralinas de escaparate. Los más de cuarenta años
que lleva escrito no le restan actualidad, a ello contribuye sin
duda la hegemonía del belicismo. ---[AM]
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Cine
Va de pelis
Los críticos de cine resultan
desconcertantes en este país. Una pelí como Lobo, que hubiera
podido ser cine de entretenimiento solvente, causa vergüenza ajena por
su tratamiento del ambiente etarra. Y está obteniendo un éxito de
taquilla. De bobos para bobos.
Luego está Alejandro Magno. Un bodrio muy
bien publicitado, pero completamente engañoso. Ninguna explicación
histórica razonable de las empresas de Alejandro. Y, a pesar de lo que
cuenta la publicidad, las alusiones a su homoerotismo, nada infrecuente
en su cultura, resultan pacatas, timoratas: hay mucho más en los campos
de fútbol cuando se marca un gol. En la peli, tediosa, más sonora que
visual, no aparece el suceso que cuento en seguida, y que ayuda a
entender a esa personalidad histórica y la devoción que suscitaba, pero
que a Oliver Stone no le debió interesar. Todo el ejército de Alejandro
está muerto de sed al atravesar un desierto; los exploradores avanzados
regresan: han encontrado agua, y traen un poco, en un casco, para que
beba su rey, también muerto de sed. Alejandro la derrama en la arena.
Beberá cuando todos.
El
aviador,
de Scorsese, no ha sido bien recibida
por la crítica. Sin embargo es un lujazo de peli de entretenimiento: de
ésas que se van a ver para una distracción inteligente. Es muy larga,
pero no se nota: yo sentí que se acabara porque lo había pasado muy
bien. Volveré a verla.
Y está Solo un beso, de Ken Loach. Aunque en
cierto modo produce una sensación de dejà vu, atrapa al
espectador con gran fuerza, y le permite entender bien que donde menos
se espera salta un fundamentalismo. No hay que perdérsela.---[El Lobo Cinéfilo]
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Lo que ven los
rusos
Estrella,
señal de socorro
(Zvezda, 2002), de Nikolay Lebedev
Ha llegado a nuestras pantallas una
película rusa, lo que no es tan habitual. Desde que se hundió la
desaparecida Unión Soviética, las películas rusas han desaparecido de
las pantallas españolas. En el período post-soviético (1992-2005) se han
estrenado en España diez películas: Quemado por el sol (1994),
El chef enamorado (1996), El prisionero de las montañas
(1996), El ladrón (1997), El barbero de Siberia (1998),
Luna Papa (1999), 27 besos robados (2000), El beso del
oso (2002), El arca rusa (2002) y El regreso (2003).
Sumándolos, no llega a una película por año, y además cinco de ellas no
son propiamente rusas, sino mayoritariamente coproducciones de otros
países. Sin embargo, las antiguas repúblicas ex-soviéticas han seguido
produciendo películas. El cine ruso ha cambiado, los nombres
irremplazables son otros, pero nada de eso ha llegado a nuestros
ojos.
La verdad sea dicha es que ni Serguei
Bodrov (que ya está muerto), ni Pavel Chukrai, ni Bajtiar Judoynazarov,
ni el mismísimo Alexandr Sokurov son los más taquilleros en su país. Ni
lo fueron Tarkovski o Ioseliani (con toda su obra soviética prohibida),
ni Tenguiz Abulazde (ya muerto) o Kira Muratova (acumuladora de
dificultades para rodar), ni el matrimonio formado por Larissa Chetpiko
y Elem Klimov (ambos muertos), ni Alexei German (que tarda años en
empezar a rodar su próxima película) o Petr Lutsik, que murió
habiéndonos dejado únicamente su De los confines (Okraina, 1988),
que nos acompaña como un sueno, como un duermevela compartido. Ninguno
de ellos representa la corriente básica del cine ruso, aunque sin ellos
no existiría la tradición que enlaza con los maestros del cine mudo
soviético.
Junto al cine que los expertos alaban, hay
otro cine más comercial, que a veces alcanza cifras importantes en
taquilla. Siempre ha sido así. El cine ruso que antaño tiraba dos mil
copias por película, y que era bien recibido por el público ruso, era el
cine bélico, las películas de guerra, como lo es Estrella, señal de
socorro, que llega con tres años de retraso, característica por lo
demás común a todo el cine ruso. Un cine que pone en la pantalla las
peripecias de algunos soldados del ejército rojo durante la segunda
guerra mundial, experiencias de la lucha contra el invasor nazi. Al
principio, cuando la producción soviética consistía en "pocas películas"
-el período 1947-1953- no se podía elegir: o una soviética vieja (de los
primeros años del sonoro) o la de guerra. Para las zonas agrarias y las
repúblicas asiáticas había una tercera opción: las películas indias, que
rompieron el boicot a la Unión Soviética, y eran muy apreciadas. Pasó el
tiempo, algunas de aquellas películas se retiraron de circulación (por
ser lisa y llanamente propaganda stalinista: La caída de Berlín,
por ejemplo), pero el público siguió sintiéndose atraído por este tipo
de películas, que llegó a tener carta de naturaleza como genero. El
atractivo de un cine popular iba estrechamente vinculado al hecho de que
la segunda guerra mundial transcurrió en parte en suelo ruso y en la
memoria de todos quedaban amigos muertos y sucesos del frente o de la
retaguardia.
La película que llega ahora a nuestras
pantallas, Estrella, señal de socorro, de Nikolai Lebedev, es un
ejemplar típico de ese tipo de cine que les gusta ver a los rusos. Su
argumento está sacado de un texto literario previo -en este caso, un
relato de Emmanuil G. Kazakevich- que evoca su participación en la
guerra. Este relato ya había dado lugar a una película, Zvezda / La
estrella (1949) de Aleksandr Ivanov, por lo que se trata de una
nueva versión, cincuenta años más tarde. Iba directa al éxito de
taquilla y lo consiguió (y sigue consiguiéndolo a través del mercado del
vídeo y del Dvd). Como película bélica tenía un público potencial fuera
de Rusia, y lo ha aprovechado. La dirección, la fotografía o los actores
hacen que la película se vea bien como cine de género en Occidente.
Aunque sea un cine bélico distinto del que los norteamericanos
acostumbran a vendernos.
Por lo general, estas películas no tratan
de grandes gestas bélicas, sino de pequeñas misiones que pueden ser
decisivas (pero al principio no lo saben ni los soldados ni quienes les
envían). Nada que ver con el cine bélico norteamericano, cuyos
protagonistas asumen hazañas que sólo se ven en el cine. En la
literatura y en el cine soviético priman la sencillez y el
realismo.
El carácter de la misión -atractivo en el
cine norteamericano y, por lo tanto, rebuscado- suele ser uno de tantos:
un radiotransmisor soviético en las líneas enemigas, o un
radiotransmisor enemigo en la retaguardia del ejército rojo, sirve como
trama. En esto, recuerda poderosamente la novela El momento de la
verdad, de Vladímir Bogomolov, en el que -durante cuatrocientas
ochenta y seis páginas- tres soldados se dedican a perseguir un equipo
con radiotransmisor que opera en la retaguardia. Estrella, señal de
socorro es lo mismo, pero al revés: un comando ruso detrás de las
líneas enemigas descubre algo importante de los alemanes, pero su
radiotransmisor está averiado. El cerco se estrecha y ellos han de
transmitir el mensaje como sea.
Otro aspecto llamativo es el escaso papel
individual que tienen los héroes. En este caso, el autentico
protagonista no es otro que el comando en sí. El protagonista de la
película no tiene por qué ser el que dispara mejor o el más aguerrido.
Estas virtudes -por llamarlos de algún modo- están repartidas entre los
otros miembros del comando. Las películas contra el invasor nazi heredan
así una tradición que les llega desde el comienzo del sonoro y el cine
sobre la guerra civil: el protagonismo colectivo y la solidaridad
elemental contra el enemigo.
También el papel de la violencia es
ligeramente diferente al modelo norteamericano. Es revelador que la
película empiece por un bombardeo contra la población civil, mostrando
los destrozos y las matanzas, y que en esa secuencia se vean más muertos
que en todo el conjunto de la película. O que los dos infiltrados en un
camión de víveres pasen por la aldea de uno de ellos, donde los
campesinos han sido todos colgados. Es esta violencia la que cuesta de
olvidar a quienes la padecieron, una violencia que los yanquis no han
sufrido nunca.
Como no hay grandes hazañas bélicas,
tampoco hay grandes ensaladas de tiros y explosiones. Los soldados del
comando matarán para defenderse, pero su principal tarea es informar de
cuanto acontece tras las líneas enemigas. Para el comando, un muerto
enemigo equivale a dejar un rastro para que puedan llegar a
descubrirles. El asesinato de un alemán pone en alerta toda la región (y
oímos en alemán las órdenes de busca y captura inmediata). Un comando de
película norteamericana, con sus montones de cadáveres, sería
considerado algo propiamente inenarrable.
El final no tiene por qué ser un final
feliz. Lo es a medias: logran transmitir el mensaje, pero mueren todos
convertidos en una pavesa ardiente por un lanzallamas alemán. Aunque
como género suelen abundar los finales trágicos y atemperadamente
desgarradores. En realidad, la guerra dejó un saldo sangriento para los
rusos, que siguen calificando de "gran guerra patriótica" la lucha
contra los alemanes.
Estrella, señal de
socorro es una oportunidad de ver
lo que suelen ver los rusos cuando van al cine. También se puede ver
como una película que pretende ser comercial, pero cuyo sistema de
valores difiere notablemente del cine norteamericano. Aunque, es cosa
sabida, sólo durante quince días, lo que aguantan en cartel ciertas
películas europeas. Luego, pasará al cajón de las oportunidades
perdidas, de las oportunidades que no pertenecen al imperio.---[Josep Torrell]
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Foro de
Webs
- Especial desde el V
FSM en Porto Alegre
-
- Esta edición del Foro de webs se ha
confeccionado desde el V Foro Social Mundial que se está celebrando en
Porto Alegre. Aquí van algunas propuestas de páginas sobre el Foro y
de movimientos, colectivos y propuestas presentes en Porto
Alegre.
-
- Informaciones y
opiniones sobre el V FSM
-
- Portal oficial del
FSM http://www.forumsocialmundial.org.br/
- Con información actualizada del
programa completo de actividades que se están realizando.
- ADITAL http://www.adital.com.br/
- Portal de la Agencia de Información
Fray Tito para América Latina. En castellano y portugués. Con
cobertura especial del Foro Social Mundial y del Foro Social de las
Migraciones realizado del 23 al 25 de enero.
- Foro Social de
Madrid
http://www.forosocialmadrid.org/
- Con crónica diaria de Carlos Girbau
(Delegado de Paz Con Dignidad y del Foro Social Madrid en el FSM), y
artículos de opinión sobre el Foro.
- Terraviva http://www.ipsterraviva.net/
- Servicio informativo de la Agencia
Interpress. En castellano e inglés. Con seguimiento especial del Foro
y artículos y secciones generales de interés.
- Rebelión http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=1&id=145
- Enlace directo a la sección de Rebelión
"Resistencia global. FSM 2005 Porto Alegre". Interesante selección de
artículos de opinión y reflexiones sobre el FSM.