La Europa
potencia
Estamos ya en plena campaña por el
referéndum sobre el proyecto de "Tratado que instituye una Constitución
europea" que en España se celebrará en el mes de febrero. Uno de los
argumentos que se utilizan a favor del "sí" a la mal llamada
"Constitución" es que si se aprueba, el mundo dejará de ser unipolar y
Europa podrá ejercer de contrapeso a Estados Unidos. Este argumento sin
embargo, es rotundamente falaz.
Su credibilidad se basa en la postura que
adoptaron Alemania y Francia en el tema de la guerra de Irak. Parece que
si toda la Unión Europea les hubiera secundado y no se hubiera dado el
apoyo de Blair y Aznar a Bush, Estados Unidos se lo hubiera tenido que
pensar dos veces antes de decidir invadir Irak unilateralmente. Una
Europa unida, con más capacidad de decisión constituiría una "potencia"
capaz de hacer frente a los excesos belicistas de Estados
Unidos.
La primera falsedad de este argumento
estriba en que la llamada "Constitución" no refuerza el poder de
decisión de la Unión Europea en materia de política exterior ni de
defensa. Las decisiones en esos ámbitos deben seguir tomándose por
unanimidad por lo que, en la práctica, cualquier Estado puede vetarlas
si no está de acuerdo con ellas. Por lo tanto, seguirá siendo tan
difícil como hasta ahora que Europa tenga posiciones claras, firmes y
unitarias en política exterior.
La segunda falsedad es que ese argumento
oculta el hecho de que la política europea de defensa debe desarrollarse
sin perjuicio de los compromisos adquiridos en el seno de la OTAN. La
alianza militar con Estados Unidos no se pone en cuestión en la
"Constitución" sino que, al contrario, se menciona explícitamente. El
llamado "vínculo trasatlántico" (que subordina la Unión Europea a la
potencia estadounidense) no quedará, pues, en absoluto debilitado. En
esas condiciones, es difícil que Europa actúe de "contrapeso" de la
potencia hegemónica.
La tercera y más importante falsedad es
que ese argumento presupone que la política exterior y de defensa
europeas se basan en principios distintos y mejores que los de la
norteamericana. Y eso no es en absoluto así.
De hecho, cuando los países europeos
actúan en lo que fueron sus antiguas colonias, sus acciones no tienen
mucho que envidiar a las de Estados Unidos. Pensemos en las
intervenciones de Francia en África, en la Guerra de las Malvinas
librada por Inglaterra, o en el grotesco episodio de la reconquista
militar de un peñón perdido en medio del mar (llamado "Perejil") por
parte de España frente a Marruecos. Salvando las distancias y guardando
las debidas proporciones se trata de muestras de militarismo no muy
diferente en esencia del de Estados Unidos.
Un militarismo que se verá reforzado por
la llamada "Constitución". En ella se prevé la creación de una "Agencia
Europea del Armamento" que tendrá como misión coordinar las políticas
militares dentro de la UE. Así, dicha Agencia contribuirá a asignar
competencias militares a los Estados miembros que sean complementarias,
armonizará las compras de armamento de dichos Estados, fomentará la
creación de una sólida industria militar europea e incentivará la
investigación tecnológica en materia militar.
En definitiva, pues, el balance que la
lectura de la llamada "Constitución" permite hacer en materia de
política exterior es el del aumento del militarismo en el seno de la
Unión Europea y el mantenimiento de su incapacidad de adoptar decisiones
firmes, sólidas unitarias e independientes de Estados Unidos. Eso no
tiene nada que ver con la función de contrapeso de la potencia
hegemónica que nos prometen los propagandistas, sino que es una forma de
mantener la subordinación europea respecto de Estados Unidos y de seguir
haciendo bueno el principio de Clausewitz de que la guerra es la
continuación de la política por otros medios.
[J. A.
Estévez]
Aburrimiento de la
política
o política del aburrimiento
No es cierto que el Partido Popular esté
practicando una política de la tensión porque no ha sabido asimilar los
resultados electorales. La practica con un designio político muy
preciso, que es necesario comprender y calibrar.
El Partido Popular sabe que, a pesar de
todo -a pesar de las manifestaciones contra la guerra, a pesar de la
indignación que suscitaba en todo el país la política del gobierno
Aznar-, perdió por muy poco. Sabe que dispone de una base electoral
bastante estable. No por casualidad su política derechista reforzó una
versión modernizada de la España de charanga y pandereta: la de los
nuevos ricos de la especulación y del ladrillo; los reyezuelos locales,
con sus cortes mafiosas. El PP mantiene la tensión de sus bases porque
sabe bien que su oponente, el partido socialista en el gobierno, no es
un enemigo fuerte y puede ser derrotado.
El Partido Popular calcula que tarde o
temprano el gobierno en minoría del Psoe será herido en su tendón de
Aquiles: el apoyo del nacionalismo. Calcula que ese gobierno no podrá
pagar el precio exigido a cambio de apoyo parlamentario de Esquerra
Republicana, en el gobierno tripartito catalán, y habrá de convocar
elecciones anticipadas.
Por eso el PP refuerza su apuesta de
nacionalismo españolista.
La izquierda, o sea, la gente que está a
la izquierda del Psoe o en la izquierda de éste, hemos de estar
preparados para lo que se nos venga encima. Y no lo tenemos precisamente
fácil.
No lo tenemos fácil, en primer lugar, a
causa del propio Psoe: Zapatero, que hasta ahora aparece como un jefe de
gobierno ideal en democracia (por irse de Irak, por la paridad, por sus
modos personales), va a imponer un feo gesto poco democrático: el
plebiscito -no hay otra manera de llamarlo- sobre el tratado
"constitucional" europeo. Zapatero va a imponer una votación sin
discusión, pero -eso sí- con muchísima publicidad, con propaganda que
permitirá a las agencias publicitarias hacer su agosto en el mes de
enero. Y ése será el primer borrón del gobierno Zapatero.
No lo tenemos fácil, en segundo lugar, por
causa de los nacionalismos vasco y catalán. Este último, a la chita
callando, con medios poco menos que subliminales, trata de avanzar hacia
una "euroregión" de Països Catalans que arrastre tras de sí a media
España. Y tiene éxito. Ha conseguido que enmudezcan las voces no
nacionalistas de Cataluña, que son las de sus clases trabajadoras. Éstas
no cuentan ya políticamente. Sus sindicatos, incluso, apoyan al gobierno
en el asunto del plebiscito "constitucional", sin que les importe que lo
plebiscitado signifique la proscripción definitiva de lo que en 1978 se
llamaba todavía "economía social de mercado". Estos sindicatos ciegos
pagarán a la larga por esto (y no es una amenaza, sino una mera profecía
basada en la experiencia).
No lo tenemos fácil tampoco por la
situación de ese referente político de la izquierda real que es la
organización llamada Izquierda Unida. Que no ha sabido iniciar siquiera
un debate político en profundidad. Reducida a ser un partido de opinión
-queda muy lejos y muy utópico el proyecto de ser un partido de masas-,
Izquierda Unida sólo puede aspirar a ser un referente electoral si puede
presentar un programa político verdaderamente avanzado respecto del Psoe
y unos modos de hacer ejemplares. Pero ni siquiera eso parece estar al
alcance de lo que es esta formación: un conglomerado de grupos
heterogéneos, donde se dan cita desde auténticos impulsores de actividad
cívica y social hasta políticos profesionales de los que ojalá
pudiéramos olvidarnos. Hoy IU no suscita entusiasmos.
Y, a todas éstas, como suele ocurrir
después de un cambio a la izquierda en el gobierno, los movimientos
sociales reales experimentan un reflujo.
No es pues disparatado el cálculo del
Partido Popular. Hay que rehacer alianzas y señalar prioridades, y la
primera de todas es evitar la vuelta al gobierno de España de ese clan
de derechistas de toda la vida, tan antidemocráticos y reaccionarios
como no tuvieron reparo en descubrirse en la última
legislatura.
[JRC]
Maastricht
y la
constitución
Una de las cuestiones más inaceptables de
la presunta "constitución europea" es el capítulo económico. En gran
medida se limita a introducir en bloque una gran parte del antiguo
Tratado de Maastricht y con ello constitucionaliza una política
neoliberal. De hecho toda constitución es hija de su tiempo, refleja los
valores dominantes, la correlación de fuerzas sociales y políticas que
le han dado vida. Por ejemplo las constituciones elaboradas tras la
Segunda Guerra Mundial incorporaron el pleno empleo como un mandato
constitucional (aunque sólo sea como muestra de buenas intenciones) como
correspondía a un período de hegemonía de la economía keynesiana y de
una relativa fuerza de la clase obrera. La propuesta actual nace
lastrada por la amplia hegemonía del neoliberalismo (no sólo en los
partidos de derechas, primera fuerza parlamentaria europea y presente en
una mayoría de gobiernos, sino también en grandes sectores de la
socialdemocracia y de los verdes, sin contar su influencia cultural
sobre el movimiento sindical europeo o muchas ONG pretendidamente
alternativas). Y nace también condicionada por los intereses de los
países más poderosos para evitar ser los paganos de un proceso de
integración más generoso respecto al Sur y al Este de Europa.
Neoliberalismo y nacionalismo hegemónico van de la mano a la hora de
configurar una política económica europea con pocos recursos y graves
hipotecas.
Cuatro son a mi modo de ver los aspectos
más críticos de estas políticas:
En primer lugar, el predominio de las
políticas monetaristas sobre cualquier otra intervención estatal. Una
política encarnada en el Banco Central Europeo que adolece de graves
defectos. El más conocido es su estructura antidemocrática ya que sus
gobernadores tienen plena autonomía, no son revocables y no deben rendir
cuentas a ninguna institución democrática. Pero tan grave es que además
el cometido del BCE se oriente exclusivamente al mantenimiento de la
estabilidad de precios y no tenga ninguna responsabilidad (lo que sí
ocurre con la Reserva Federal de Estados Unidos) sobre el desempleo. Hay
bastantes pistas que sugieren que el desempleo se agravó en Europa a
causa de los altos tipos de interés impuestos por el proceso de
Maastricht a principios de los años noventa (y se sabe que una vez el
desempleo es masivo tiende a persistir en el futuro) y es bastante
posible que las dificultades económicas actuales estén agravadas por la
persistente resistencia de bajar los tipos de interés y mantener el euro
sobrevalorado.
En segundo lugar, la ausencia de una
verdadera política fiscal europea que permita mediar en casos de crisis
(como la que plantean los impactos territorialmente desiguales de la
sobreevaluación del euro) y, sobre todo, que ayuden a paliar los enormes
desequilibrios económicos y sociales existentes entre los diferentes
países que integran la Unión Europea. Hace pocos años James K.Galbraith
mostró que si se consideraba la Europa de los quince como una sola
nación, el nivel de desigualdades de renta era mayor que la insoportable
desigualdad de Estados Unidos. La entrada de diez nuevos miembros más
pobres agrava aún más está situación. Y en este sentido las previsiones
de la nueva norma empeoran la situación por cuanto a) plantean la
reducción del peso del presupuesto comunitario del ridículo 1,27% del
PIB al vergonzoso 1% (todo ya gastado en mantener funcionarios y
políticas estructurales ya existentes) y b) obligan a que sea un
presupuesto sin déficit (lo que supone la imposibilidad de usar la
política presupuestaria como un medio de lucha contra las
crisis).
En tercer lugar, mantiene una fe ciega en
la defensa del mercado mítico de los libros de texto, propiciando la
competencia como la panacea de la vida económica y forzando a nuevas
privatizaciones. Una política que no toma en consideración ni el
predominio de grandes estructuras oligopolistas (a pesar del "lavado de
cara" de algunas medidas anticompetencia), ni el insoportable poder
social de los grandes grupos (para muestra Berlusconi) ni especialmente
los efectos reales de los procesos de privatización sobre la competencia
real, la calidad de los servicios, etc Se trata además de una política
que impide a regiones y estados el desarrollo de políticas industriales
autónomas que impiden romper con algunas de las estructuras económicas
actuales y que concede a la empresa privada una enorme primacía sobre la
sociedad.
Por último, persiste una enorme asimetría
en lo que respecta a la toma de decisiones entre aquellas de política
económica que se podrán tomar por mayoría y aquellas que necesariamente
deben adoptarse por unanimidad, entre las que se incluyen las de tipo
social o fiscal. Un campo en el que se permite el permanente boicoteo de
aquellos estados que se aprovechan de una baja fiscalidad (ello permite,
por ejemplo, la presencia de un verdadero paraíso fiscal -Luxemburgo-
como miembro de la unión) o que propician un mercado laboral sin reglas
(como Reino Unido y varios de los nuevos miembros). Más que el embrión
de un nuevo estado lo que se construye es un "imperio medieval", con
enormes desigualdades territoriales en su seno y con un capital privado
que por su poder y movilidad puede erosionar aún más normas y derechos
sociales.
En definitiva, se eleva al carácter de
constitución un modelo económico neoliberal que de hecho centraliza
aspectos claves de la política económica (y ata la actuación de los
poderes estatales y regionales), al tiempo que les deja encargados de
hacer frente a todos los problemas que este mismo problema crea
(destrucción de empleo, pobreza, servicios sociales...). Sorprende el
apoyo entusiasta de los sindicatos europeos, y la mayoría de partidos
socialdemócratas y verdes a una norma que impide en la práctica el
desarrollo de políticas alternativas de tinte moderado (no les pidamos
que impugnen el capitalismo, porque de ello se olvidaron hace ya
demasiado tiempo).
Y no puede alegarse que no existen
propuestas y alternativas, simplemente que éstas no son tenidas en
cuenta por unos partidos e instituciones que hace años se nutren de la
elaboración de políticas neoliberales que emana de organismos como la
OCDE o los mismos servicios de estudio de los bancos centrales, mientras
que se ignoran sistemáticamente las elaboraciones de colectivos como los
"Economistas Europeos por una Política Económica Alternativa" (file:///C:/Documents%20and%20Settings/Román%20Reyes/Configuración%20local/Archivos%20temporales%20de%20Internet/Content.IE5/8DKPY7KX/www.memo-europe.uni-bremen.de),
que anualmente elaboran propuestas y críticas razonadas frente a la
actual situación. En la propuesta de este año, que incluye una detallada
crítica de la constitución, proponen entre otras cosas el aumento de las
políticas estructurales de la UE desde un 0,4 a un 1% del PIB
comunitario, un gasto público del 1% del PIB orientado a relanzar la
inversión, medidas democratizadoras de las instituciones comunitarias,
el fortalecimiento del sector público y que el pleno empleo, el
bienestar social, la igualdad de género y la sostenibilidad tengan igual
consideración que el crecimiento económico, ese ídolo que parece
justificar cualquier política. Unas propuestas y análisis que ayudan a
tapar la boca de aquellos que quieren presentar a los críticos de la
actual constitución como meros agentes de la no Europa.
[A. R.
A.]
Había que destruir
Faluya para salvarla
por Edward Herman
8 de noviembre de
2004
Semana a semana, se van
acentuando cada vez más los paralelismos entre la guerra de Irak y la de
Vietnam. Ahora nos anuncian que las fuerzas norteamericanas han cercado
Faluya y están a punto de desencadenar un ataque masivo para
recuperarla. Ya la están bombardeando con obuses y misiles, así que
podemos tener la práctica certeza de que quedará destruida y con
muchísimas bajas entre la población civil. Faluya debe ser destruida
para salvarla de ser controlada por una fuerza resistente que se opone a
la invasión/ocupación y al control estadounidense; también fue el caso
de Ben Tre en Vietnam, la ciudad que dio pie a la famosa frase "Tuvimos
que destruir la ciudad para salvarla", acuñada por un oficial
estadounidense que llevó a cabo la destrucción. Entonces, como ahora,
los medios de comunicación y los intelectuales de tertulia daban por
sentado que Estados Unidos tenía derecho a invadir y destruir un país
lejano para moldear su política.
En ambos casos se observa esta facilidad
con que se recurre a armas avanzadas contra una población relativamente
indefensa, la aceptabilidad absoluta de unas cifras elevadas de víctimas
civiles y, naturalmente, la máxima ocultación posible de estas cifras
gracias a la colaboración de los medios. En Vietnam no hubo recuentos de
víctimas civiles; líderes estadounidenses como Colin Powell y el general
Tommy Franks han afirmado explícitamente que los recuentos de víctimas
civiles iraquíes no son un asunto de interés y que, de hecho, "No
hacemos recuentos de víctimas" (Franks). En Vietnam, los juristas
llegaron incluso a acuñar la expresión "regla del mero amarillo", que
plasmaba su actitud respecto a la población autóctona a la que
supuestamente estábamos salvando. En Irak, los invasores denominan
"hayis" a los del país: término despectivo que encaja con las
incursiones en las casas, el trato a los prisioneros y también, una vez
más, en lugares con mucha población civil, con el uso abundante de
armamento de alta tecnología (bombas pesadas, bombas de racimo y
municiones de uranio empobrecido).
Los malos tratos a los prisioneros a gran
escala y las condiciones carcelarias deplorables son también un elemento
común. En Vietnam se emplearon extensamente métodos de tortura
electrónicos; en muchos casos, los aplicaban efectivos locales
asesorados por Estados Unidos y entrenados para el uso de esos métodos
tan modernos. Después de interrogar a los prisioneros, habitualmente se
los mataba, a veces dejándolos caer desde aviones en vuelo. También se
hicieron famosas en Vietnam las "jaulas de tigres", predecesoras de las
jaulas empleadas en Guantánamo.
En ambos casos, el poder ocupante impone
un gobierno títere con líderes dispuestos a cumplir órdenes y a dar
carta blanca a los bombardeos y ataques de Estados Unidos. En Vietnam se
celebraron "elecciones" en 1966 y 1967 bajo unas condiciones de falta de
libertad que hasta resultan cómicas; ganó por amplia mayoría una junta
militar que reconocía abiertamente que no podía competir con los
insurgentes en el terreno puramente político. Esas elecciones
reconfortaron mucho a los medios de comunicación estadounidenses. En
enero, es posible que Irak celebre unas elecciones no muy libres (véase
mi artículo "Cheney, el New York Times y las elecciones de
Afganistán, El Salvador e Irak" el próximo mes de diciembre en Z
Magazine). Entretanto, quien gobierna nominalmente el país es Ayad
Allawi, escogido directamente por los responsables estadounidenses pero
considerado por los medios de comunicación (y por Kofi Annan y Naciones
Unidas) como un auténtico líder de Irak. En los prolegómenos del
"rescate" de Faluya, los oficiales estadounidenses ¡afirman estar
esperando el visto bueno del señor Allawi, jefe del estado soberano de
Irak! Claro, y como que hubo que pedir permiso a los generales Ky y
Thieu para devastar su país con Agente Naranja y napalm!
En ninguno de estos casos ha adoptado la
ONU medida alguna para poner freno a una agresión directa que infringía
su carta fundacional. De hecho, esta vez ha habido una cierta regresión:
Kofi Annan y compañía se han dejado manipular hasta el punto de
prestarse a la agresión estadounidense. En primer lugar, dejaron que
Estados Unidos jugara con ellos convirtiendo la amenaza de las armas de
destrucción masiva en un asunto serio, aunque al final hubo que pasar
por encima de la ONU cuando las inspecciones dieron resultados que no
justificaban la conquista. En segundo lugar, tras la ocupación-invasión,
la ONU fue inducida a dar el imprimátur a la ocupación, acelerando el
declive de su papel como organismo de paz y convirtiéndose en
instrumento manifiesto de la agresión y el imperialismo.
En ambos casos, el agresor aprovecha el
gran desorden provocado por la ocupación-invasión para justificar
ulteriores intervenciones y más muertes: después de provocar una enorme
inestabilidad y de haber espoleado una tenaz resistencia ante sus
tácticas horripilantes, el responsable de la inestabilidad se ampara en
la necesidad de "estabilidad" para justificar su permanencia y matanzas
aún mayores. Naturalmente, la única estabilidad que persigue el agresor
es la que logra algunos de los objetivos de la agresión: a poder ser, la
transformación del país atacado en estado vasallo (objetivo todavía
vigente en Iraq); en caso contrario, como en Vietnam, una victoria
parcial sin control, pero tan devastadora para el país y tan mortífera
para muchos de sus ciudadanos más vigorosos y productivos que fue
incapaz de proyectar un modelo de desarrollo que pudiera competir con
los vasallos de Estados Unidos que se habían beneficiado del holocausto
vietnamita.
Tanto en Vietnam como en Irak, se complica
la salida del país atacado cuando resulta que la pacificación se cobra
un coste mucho mayor de lo previsto. Perder en Vietnam ante los
"comunistas" y encima, "enanos amarillos" (Lyndon Johnson)
resulta intolerable, y supone un gran coste político, como perder en
Irak ante un colectivo insurgente harapiento, heterogéneo pero cada vez
más movimiento de masas, y sin un solo helicóptero. Así pues, se retrasa
la retirada; en el caso de Vietnam, varios años. Estados Unidos es buen
perdedor y hoy en día la poderosísima extrema derecha clamaría al cielo
por el abandono de nuestros nobles objetivos de muerte por mandato
divino. En ambos casos, dado el enorme compromiso que supone la
ocupación-agresión, surge el problema de la pérdida de credibilidad y el
temor de que la amenaza proyectada por Estados Unidos ante otras razas
inferiores pierda efecto.
Además, frente a cualquier derrota, real o
aparente, el público estadounidense estaría menos dispuesto a apoyar
futuras agresiones. En parte, el problema se resuelve eligiendo sólo
objetivos débiles, demonizando a sus líderes y derrotándoles rápidamente
para marcharse luego con la misma rapidez. A la administración Bush le
ha dolido la imposibilidad de cumplir prontamente su "misión" en Irak,
pero ahora que ha ganado las elecciones y no hay valores morales que
entorpezcan su voluntad de matar (los valores principales de quienes
apoyan al presidente no incluyen, desde luego, el "No matarás"), es
previsible una escalada de violencia, empezando por Faluya.
En ambos países, republicanos y demócratas
han compartido papeles importantes en la matanza colectiva: Eisenhower y
Nixon, Kennedy y Johnson en Vietnam; Bush-1 con la guerra del Golfo
Pérsico de 1990 y su hijo, que retoma el testigo en 1993-1994; Clinton
con su gestión de las "sanciones de destrucción masiva" que mataron a
más de un millón de civiles iraquíes, y Blair, que a lo largo de su
mandato ha ido bombardeando Irak sistemática e ilegalmente; así como
John Kerry, que votó a favor de la guerra de Bush-2 y prometió llevarla
hasta el final, con más tropas y una permanencia mínima de cuatro
años.
En resumidas cuentas, eso de destruir
pueblos, ciudades y países para salvarlos impidiendo que caigan fuera de
la órbita de control del Gran Capo es una política bipartidista e
integral al imperialismo sumamente militarizado de Estados Unidos. Este
hecho no cambiará si no se transforma la economía estadounidense,
actualmente orientada a la dominación, la expansión y la guerra sin
fin.
[Fuente:
Znet, http://www.zmag.org/.
Traducción de Mary Fons. Texto
proporcionado por Agustí Roig]
La
política
cinematográfica
Algunas revistas de Comisiones Obreras o
el boletín informático de mientras tanto piden a veces que por
qué no se escribe en ellas. El plazo de dan es de un mes o todo lo más,
para los boletines, de quince días. Pero quienes lo piden, gente
absolutamente generosa, pasan por alto que quince días es demasiado
tiempo para las películas. Es demasiado tarde. Cuando sale el boletín,
las películas han salido de cartel o les quedan sólo tres días, lo que
sirve de muy poco a los lectores.
Estoy hablando de las películas que
merecen la pena verse. Las que no valen la pena aguantan meses en muchos
cines: son por lo general producciones norteamericanas. Las películas
españolas han de luchar por el poco margen que les dejan las
distribuidoras americanas (y también las salas de cine americanas: la
empresa CINESA es propiedad de UCI, la mayor compañía estadounidense
propietaria de salas en el extranjero). Se produce entonces un conflicto
que se resuelve casi siempre por una sustitución de
importaciones.
Una película europea o asiática, aunque
haya conseguido un distribuidor en España, está condenada a desaparecer
de la pantalla si no obtiene un resultado aceptable en taquilla en los
primeros días. El exhibidor no puede mantener al mismo tiempo una
española y una extranjera que tienen un ingreso inferior en taquilla (en
comparación con el cine norteamericano). Así las cosas, en francamente
difícil que una buena película europea -aunque Silver City era
una película norteamericana- dure en cartel dos semanas. Los tiempos en
que era posible esperar una semana para ver una película han pasado a la
historia.
Esto forma parte de un problema más grave.
Las películas extranjeras no llegan. No hace falta sacar la lista de
cualquier festival: no llegan. En Madrid, contadas veces, hay semanas de
cine de algún país extranjero. En Barcelona, estas semanas no se
celebran desde ya mucho tiempo. Los cine clubes, que antaño servían para
hacer circular las películas minoritarias, en la actualidad están fuera
de circulación ellos mismos, salvo raras excepciones.
Cataluña es el país de las miserias: la
Filmoteca en raras ocasiones hace lo que sería propio. Su horizonte es
el de no perder dinero, no el de ofrecer una programación rigurosa. Una
parte importante de las películas que programan son los
rescatados de siempre (poco importa si es el director, los
actores, el guionista o los directores: lo importante es que sean
norteamericanos). En diciembre, el mes en que las producciones
estadounidenses copan para sí todo el mercado (o casi), la Filmoteca de
Cataluña se suma a los festejos y ofrece exclusivamente películas
norteamericana. La cinematografía de otros países está completamente
desatendida.
Tampoco la sociedad civil tiene un gran
interés por el cine. Los museos e instituciones culturales no se ocupan
de cine (o se ocupan sólo del más minoritario) y el festival de cine "de
Cataluña" (Sitges es el único en el mundo en ostentar denominación de
origen) se dedica al cine de horror. Algunos miembros de la Asociación
Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos (ACCEC) elaboró una
propuesta de convertir Sitges en un gran festival de festivales. La
propuesta estaba pendiente de aprobación, cuando salió en la prensa el
nombramiento de un nuevo presidente para el festival (y, por supuesto,
de la propuesta nunca más se supo). Con el tiempo, ha habido dos
presidentes más, y la situación del festival va siendo cada vez más un
certamen de testosterona. La situación es desastrosa.
El problema está en que falta una política
cultural. Falta una política, cuando menos, para el cine. Una política
cultural no consiste sólo en dar dinero para hacer películas. Esto es
fundamental, pero no basta. En la actualidad, al fijar el retorno de una
parte del dinero a las películas que superan cierto límite en taquilla,
se está sufragando abiertamente lo peor de la producción española. Si el
estado ha de pagar el cine puesto que el cine de ningún país tiene
los medios con qué defenderse del dinero norteamericano-, hay que
exigirle que por lo menos pague buenas películas.
El cine europeo, asiático, africano o
latinoamericano tiene problemas para verse en sus países y es
prácticamente imposible hacerlo en el extranjero, con la salvedad de
Francia (que ha puesto los medios para una política del cine) y en parte
Latinoamérica (por la lengua, que reduce costos de doblaje). El problema
es que de estos países llega una película cada dos o tres años a las
pantallas -y aún así, no todos los países están representados-, lo que
equivale a muy poco, o casi nada.
Ese cine sólo se ve en festivales,
muestras, retrospectivas, etcétera. También aquí la situación es
lamentable: basta con mirar los festivales y muestras en Francia, Italia
o Alemania y compararlos con España, para darse cuenta de que es
necesario un cambio de rumbo inmediato. Por ejemplo, sin ir más lejos,
¿qué festival español se habría atrevido a presentar una programación
exclusivamente formada por películas no norteamericanas, como sí ha
osado hacer el 45º Festival Internacional de Cine de Tesálonica (en
Grecia) de 2004?
Es necesario plantear una política
cultural para el ámbito cinematográfico, a todos los niveles:
producción, distribución y exhibición. El futuro del cine español pasa
por las ayudas a la protección en un sentido radicalmente opuesto a la
desprotección sistemática del gobierno de la derecha. Pero la
llegada en un futuro no tan lejano del cine de terceros países -además
de las coproducciones, de las que Francia sigue una política
inteligente, y aquí también Wanda visión, todo hay que decirlo-, exige
cambios muy profundos en los sectores de la distribución y sobre todo en
la exhibición de películas.
En la distribución hace falta subvencionar
a empresas de distribución dedicadas exclusivamente a películas de
países no norteamericanos. Estas distribuidoras subvencionadas deben
tener su público fundamentalmente en las universidades. En las distintas
facultades hay que tener unas horas libres a la semana para que puedan
ir al cine dentro de la facultad. Una vez existente es más fácil que
pueda ampliar su red a lugares donde en un principio no hay demanda
(pienso en los ayuntamientos y otras iniciativas a nivel
local).
En el plano de la exhibición
cinematográfica, es preciso plantear la necesidad de cines
públicos que no se basen tan sólo en el beneficio en taquilla; es
preciso que la Filmoteca deje de ser un negocio de películas
estadounidenses usadas (y siempre rentables) para convertirse en un
centro difusor del cine mundial antiguo y contemporáneo, como hacen las
cinematecas consecuentes; es necesario dotar a los ayuntamientos para
que pueda verse el cine de arte y ensayo, que hoy les está vedado; es
necesario también poner los medios necesarios para que las muestras de
diferentes países puedan pasear por varias ciudades (la filmoteca sería
un perfecto organizador para ello); es necesario favorecer los cine
clubes tanto a nivel local como a nivel general, porque a todos los
niveles hay películas que puedan interesar; es preciso crear una muestra
(o una en Madrid y otra en Barcelona) que muestre aquellas películas que
no llegan normalmente a nuestras pantallas; y sobre todo, hay que
introducir el cine en las escuelas.
En las escuelas hay que darles a los
alumnos la posibilidad de ver películas y la posibilidad de discutirlas.
Que no vean el cine como algo que sirve -o servía- para matar el rato
cuando no había televisor, internet y teléfono portátil. Es fundamental
que la escuela deba darles a los alumnos tiempo para que puedan ver
películas, tiempo para explicar sus entresijos, tiempo para pensar, en
definitiva. Los espectadores de mañana pueden ser los alumnos de hoy de
los colegios de secundaria. Es necesario imponer unos planes de
introducción en la escuela y velar por su cumplimiento.
Esta política cinematográfica es un
problema político, y como tal ha de ser abordado, poniendo medios y
estableciendo directrices.
Nosotros, los que nos dedicamos de alguna
manera al cine, hemos de esforzarnos para inventar modos de poder ver el
cine que se hace fuera de nuestras fronteras (porque si no lo pensamos
nosotros, ¿quién lo hará?). Pero es también un problema de política
cultural, y como tal afecta a todos los partidos, tanto fuera como
dentro de las instituciones. Afecta a los que pueden reivindicarlo desde
el parlamento y afecta a quienes pueden hacerlo desde el gobierno. El
cine que veremos mañana será el que circule por los cauces que se abran
hoy.
Ahora, lo único que falta es saber si la
conformidad manifiesta de quienes tienen en sus manos los medios para
poner freno a esta situación es consecuencia de su ingenuidad o bien es
un indicador de que, ellos también, son cómplices de los norteamericanos
(a las buenas o a las malas).
[J.T., 21 de
enero de 2005, aniversario de la muerte
de Vladímir Ilich Ulianov,
apodado Lenin]
Theo Angelopoulos,
el refugio y la poesía
Premio FIPRESCI a la mejor película europea
a Theo
Angelopolous por Eleni o El prado que llora *
Michel
Ciment
Doce películas en treinta y cinco: pocos
directores han desarrollado una coherencia semejante en su trabajo y han
abarcado tanto con un nivel constante de logro como Theo Angelopoulos.
Eleni o El prado que llora, la primera parte de una trilogía, es
algo así como una recapitulación de lo que fue el último siglo y a la
vez un viaje a través de las películas del propio director, desde el
travelling con los artistas (que esta vez son músicos), hasta el
trabajo que hizo mundialmente famosa la secuencia de los matarifes de
ovejas en Alejandro el Grande, pasando por una mujer como figura
central de la primera película que rodó, La
reconstrucción.
Al igual que La reconstrucción,
Eleni o El prado que llora ofrece numerosos ecos de la tragedia
griega, en particular de Edipo rey y Antígona, con Eleni,
figura de la madre en duelo y asesina del padre, que escapa con el hijo
para ser su esposa. El viaje de los comediantes también estaba
inspirada en el ciclo de los Atridas, aunque las películas sucesivas de
Angelopoulos tenían mucho más que ver con La Odisea de
Homero.
La dimensión mitopoética de su nueva
obra -incluyendo al joven músico como Orfeo- es inusual, por estar
vinculada a la dificultad política y al contexto social. La película se
extiende por treinta años de la historia griega, desde el éxodo de la
colonia griega de Odessa ante la llegada del Ejército Rojo en 1919,
hasta el fin de la guerra civil en 1949, pasando por la dictadura de
Metaxas en los años treinta y la resistencia popular contra la ocupación
nazi durante la segunda guerra mundial. Como en El paso suspendido de
la cigüeña y La mirada de Ulises, el tema central de Eleni
o El prado que llora es el refugio. Con esto, parece simbolizar todo
un siglo de pueblos desplazados, siempre en tránsito, víctimas de las
guerras y combates de aniquilación masiva. Desde este punto de vista, el
agua se convierte en una clave visual, que refleja el paso del tiempo y
el viaje interminable, una metáfora ambigua que a veces es una instancia
salvadora (el río ayuda a los jóvenes amantes a escapar de sus
perseguidores), pero a veces es también una fuerza destructiva (la
inundación del pueblo).
Angelopoulos ha demostrado otra vez que es
un maestro de la composición visual, como la procesión con el cadáver
del padre, las balsas que la acompañan y las gentes que desde las barcas
se encuentran con que han matado los corderos. La fusión mágica de
colores, sonido, música e imágenes es capaz de expresar un profundo
sentimiento alrededor de la vida y la muerte, que define Eleni o El
prado que llora como cine de poesía, algo extremadamente raro en la
producción de hoy en día. Este es el tipo de logro que la FIPRESCI ha
querido singularizar entre todas las películas europeas de
2004.
* El 11 de diciembre se celebró en Barcelona la
concesión de los premios de la academia europea. La Federación
Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) otorgó su
reconocimiento al cineasta Theo Angelopoulos, que representa el mayor
homenaje internacional a un cineasta europeo. El título es nuestro.
(Nota del traductor)
[Traducción
del inglés, Josep Torrell]
Mercromina para
naufragios
Cuentan
siempre la historia que no es. |
La
familia es ambivalente: socializa, pero integra. |
Al
volver de la escuela conviene ducharse frotando especialmente las
ideas. |
No hay
que ver la televisión, aunque se puede observar de vez
en cuando. |
Siempre
viene bien reflexionar sobre el amueblamiento de la
propia casa. |
Nunca
llegarás a nada, pero date el gustazo de ir. |
No
hagas favores, que nunca te los perdonarán. |
Cada
máscara con el que la lleva. |
Hay
deudas traslaticias, por naturaleza no pagaderas a los
acreedores originarios. |
En la
cucaña no hay juego de equipo. |
No
tapar la propia voz a voces. |
En caso
de perplejidad moral vale la estética. |
| Los
espejos inhabituales funcionan mucho mejor que los de
siempre. |
La
mirada retrospectiva del mutante es de rechazo pero
también de compasión. |
[El Lobo
Feroz] |
Alocución
de
los Reyes Magos
En estos tiempos en los que la
solidaridad ha pasado a ser un aderezo navideño de los discursos
complacientes y de las mercancías más diversas, queremos hacer la
siguiente declaración:
La solidaridad no ha de ser confundida con
la beneficencia. No se ha de pervertir la solidaridad convirtiéndola en
un elemento al servicio del incremento y conservación del poder y de la
riqueza. Asistimos preocupados a la conversión de la solidaridad en un
adorno incluido en anuncios publicitarios, campañas varias, programas
televisivos, mercancías Entendemos que no hay que dejarse engañar por
este espectáculo, especialmente en este tiempo de celebración tan dado
al exceso consumista. Recelamos así mismo de la conversión de las
grandes multinacionales en agentes solidarios.
Creemos firmemente que la solidaridad
transformadora tiene que ver con el reparto del poder y de la riqueza
entre las personas. Apoyamos y animamos por ello a todas aquellas
personas y colectivos que trabajan sobre las causas de la explotación,
la pobreza, la miseria y la violencia ejercida sobre las personas.
Estamos al lado de los que luchan por la condonación de la deuda
externa, la limitación del gasto militar o exigen al Gobierno que cumpla
su compromiso de dedicar el 0,7% del PIB al desarrollo de los países más
pobres. Pensamos que lo ocurrido en Barcelona, el domingo 19 y el lunes
20, cuando la policía cargó contra los que trataban de plantar sus
tiendas de campaña en un parterre con el fin de recordar al Gobierno su
compromiso, da muestra de cómo se inquieta el poder ante la solidaridad
transformadora. El poder se suma a aquellos usos de la palabra
solidaridad que no plantean transformaciones. Ahora bien, cuando la
solidaridad plantea transformaciones en serio y aborda las raíces de los
problemas, entonces se vuelve política, social y económicamente
peligrosa y es reprimida.
Ante este orden de cosas, animamos a los
movimientos sociales y a las izquierdas políticas y sindicales a
recuperar la dignidad de la solidaridad.
[Trascripción
a cargo del Timbaler del Bruc,
estas fechas en funciones de paje
real]
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