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La expresión del material génico tiene un lenguaje basado en cuatro letras, las cuatro bases nitrogenadas: guanina (G), adenina (A), timina (T) y citosina (C) Una determinada secuencia de ADN da título a la película Gattaca (*), una visión futurista de un mundo determinado genéticamente que lejos de cualquier código ético practica una eugenesia con fines perfectivos utilizando la biotecnología exclusivamente ateniéndose al código genético, de lo que se deriva una exclusión del código ético que articularía dicha sociedad.
Gattaca es también el nombre de una estación espacial en la que Jerome Morrow, navegante de primera clase, está a punto de embarcarse en una misión tripulada de un año a Titanic, la decimocuarta luna de Saturno. Pero Jerome Morrow (Jude Law) no es él, sino Vincent (Ethan Hawke) un humano que no ha sido diseñado genéticamente, a diferencia de su hermano Anton. Corren tiempos en que el diseño genético de los descendientes es posible y así Anton ha sido programado para no padecer enfermedad alguna( obesidad, propensión a la calvicie o alcoholismo), pero su hermano Vincent, posee un informe genético que le condenará de por vida: un 99% de posibilidades de padecer trastornos cardíacos y una esperanza de vida de 30 años. El sueño de Vincent es ir al espacio, sin embargo, esa posibilidad ya le estaba negada cuando nació, su verdadero informe estaba en sus células, porque vivía en el mundo de Gattaca, donde sólo los individuos perfectos podían alcanzar una vida digna.
Es así como Vincent suplanta
la identidad de Jerome, un deportista de élite cuyo diseño
anatómico era perfecto pero que, sin embargo, es víctima
de una depresión que lo conduce a una silla de ruedas. Sólo
un individuo tan bien dotado químicamente podría satisfacer
las demandas de un aspirante a astronauta, proporcionarle el cumplimiento
de su sueño Se produce un intercambio entre ambos por el que el
primero paga el alquiler al segundo y éste le proporciona todas
las pruebas necesarias para que consiga su objetivo en Gattaca. Las pruebas
son bolsas de orina, sangre, pelos y otros indicios que serán analizados
constantemente como prueba de la perfección de Vincent. Así
consigue pasar la entrevista para acceder a Gattaca y una vez allí
superar los innumerables controles diarios. Vincent se ha convertido en
un "escalón prestado" o un degenerado. Jerome es un "vitro", un
válido, un hombre fabricado, él sufría una carga diferente,
la carga de la perfección. Sin embargo, su invalidez le impide participar
en un mundo social dónde sólo los bien dotados genéticamente
y los favorecidos por la fortuna pueden adquirir buenas posiciones sociales.
Mundo que probablemente no difiera del mundo de siempre. La tecnología
genética no añade sino perfección científica
a un proyecto social basado en la ideología darwiniana de la supervivencia
del más apto.
Vincent conseguirá su objetivo de viajar al espacio burlando todos los sistemas de control genéticos y librándose de la sospecha de asesinato que recae sobre él, ya que ha sido asesinado el director de la misión y el análisis de una pestaña encontrada en el pasillo le delata como no válido, Vincent. El detective del caso, su hermano Anton, será el único capaz de saber cómo Vincent ha conseguido suplantar la identidad de Jerome, pero los aparatos técnicos responden al análisis de lo que se les presenta, las sustancias químicas procedentes del vitro Gerome.
La eugenesia que plantea el filme, es de tipo perfectivo o ingeniería genética de mejora, frente a otra de tipo terapéutico, la llamada terapia génica germinal.
El director, Andrew Niccol, nos propone un mundo futuro en el que la sociedad de control foucaltiana ha llegado a su máxima expresión. El control sobre los individuos y su reticulación subsiguiente en un diagrama de poder viene prefigurado por una escritura genética que puede diseñarse previamente, antes del nacimiento. El diseño genético está sujeto a su vez al nivel adquisitivo de los progenitores, con lo que en la base de esta sociedad eugenésica futura sigue habiendo una interpretación marxista de lo social entendiendo que el punto de vista económico rige el análisis. La nueva división de clases que se establece aplicando este principio de perfección genética sigue estando estructurada económicamente, sigue siendo una división de clases que funciona según el principio de la perfección genética pero cuyo trasfondo es económico. Sólo aquellos que posean riqueza material, monetaria, poseerán diseño genético de sus progenitores, lo que garantiza un buen status en la jerarquía social. Los imperfectos, los parias, los pobres económicamente, marginados del proceso tecnológico genético, tendrán garantizado un puesto en las castas más bajas de la sociedad, limpiadores concretamente, lo que garantiza el mantenimiento de una estructura social profundamente dividida en clases. Clases cuyo status o explicación viene además ratificado por la calidad de los genes y esta calidad, gracias a la tecnología genética queda garantizada por el nivel adquisitivo. La selección natural, que no sabe de clases sociales, hasta ahora había producido sujetos inmejorables en las clases bajas y altas de manera aleatoria obedeciendo a las leyes genéticas en su estado natural, es decir, sin intervensionismo técnico.
C. Darlington en su libro Hechos de la vida (1953) defendía la existencia de clases sociales y su necesidad ya que sostenía que se diferenciaban unas de otras genéticamente y no económicamente. Exactamente esto es lo que plantea el filme, de qué manera la ciencia estaría en la base de la discriminación social ejerciendo el poder y dictando las normas, en una alianza con el poder económico. Se trata de añadir a la división social según nivel adquisitivo un elemento fidedigno, anterior a la vida, predictivo y perfectivo, la propia constitución orgánica. Dos años antes de que Darlington expusiera su racista teoría génica, Watson y Crick presentaron su modelo tridimensional de doble hélice del ADN que explicaba a la vez la herencia y la expresión del material génico. Esta mala interpretación de los descubrimientos biológicos es algo que siempre ha acompañado a esta disciplina, pues cuando Darwin expuso su teoría de la selección natural ésta también fue reapropiada por la burguesía en el sentido de una lectura social que daba cuenta de las profundas divisiones de clase según una explicación natural. Fue así cómo la burguesía vio reforzado su status en base a explicaciones científicas que trascendían la mera especulación.
Siguiendo las indicaciones de Deleuze cuando afirma que una buena obra filosófica de be ser a la vez una novela de ciencia-ficción y otra policíaca, Gattaca, nos ofrece ambas tramas en su discurso. Tras el tema de la limpieza como pureza y perfección, se esconde la trama policial encargada de atrapar la identidad del excluido, de seguir la huella ineluctable de su escritura como cuerpo.
Así, una de las primeras frases de la película: La limpieza es signo de pureza.
A los parias de esta sociedad eugenésica les queda el sitio de limpiadores, la tarea más ingrata en cualquier reparto de trabajo, la ocupación más baja en un mundo que está obsesionado por la huella, la marca, el deshecho microscópico del cuerpo: células muertas de la piel, pestañas, como elementos analizables para identificar usados en las mejores investigaciones policiales. Es por eso que, paralelamente a una trama futurista que presenta un determinismo biológico de la sociedad, hay otra trama policial fundada en la sospecha de que un indicio corporal exhaustivo puede dar con la pista del asesino. El indicio corporal identifica, pues en él está inscrita una lectura genética de la culpabilidad. Las huellas dactilares es un instrumento demasiado arcaico que necesita de la tinta como elemento que pueda transcribir los surcos de una carne única, diferenciable del resto. El perfeccionamiento de la tecnología de la identificación personal (1) penetra hasta el mundo molecular y químico para actuar delatando al ser que define, que escribe, esa escritura idiosincrásica que cada cual alberga en sus genes y después en su pelo, sangre, orina o uñas. Todos estos elementos excrecencias, o basura corporal se constituyen en esta sociedad de la sospecha en material valiosísimo de identificación. Elementos que, por otra parte, no le sirven al individuo como para identificarse con ellos, pues son precisamente lo que su cuerpo expulsa, el sobrante de una organicidad que se reviste de pelos y uñas como materiales renovables. Y su eliminación constituye la limpieza, Así, Vincent dice:
Las escenas en que Ethan Hawke
se frota enérgicamente en la ducha son varias, así como en
las que aparece aspirando el teclado de su ordenador para eliminar de los
intersticios entre las teclas cualquier signo de su condición de
paria. En este mundo claustrofóbico-policial, pues está basado
en el indicio imperceptible como asunción de culpabilidad, la limpieza
es lo único que garantiza la desaparición de la huella incriminatoria,
el único método de disciplina y cuidado corporal que puede
garantizar la inmunidad ante los controles. Al mismo tiempo, esta férrea
disciplina de los indicios, control de las excrecencias corporales ( no
en vano Derrida hace alusión a que el hombre llega a ser consciente
de que lo es cuando comienza a darse cuenta de que los excrementos son
algo exterior a él) llevada a cabo por el protagonista, se constituye
en una eliminación de su yo, esa parte no válida que es la
que delata su código genético. Vincent es lo que el análisis
de sus pestañas, de su orina o del número de los latidos
de su corazón dicen de él, un ser imperfecto, indigno de
ocupar los puestos relevantes de esa sociedad futura. La limpieza lo purificará
en tanto que podrá eliminar de sí, de su cuerpo, aquello
que lo hace ser no válido, actuando como accesis a otro yo lavado,
cauterizado de excrecencias corporales delatoras.
El mundo de Gattaca se mueve a nivel microscópico, celular. Sus imágenes no superan el estadio de la célula o de la cadena helicoidal del ADN, simbolizada en la escalera de caracol de la casa donde ambos viven, Vincent y Jerome. Los espacios asépticos, tanto de la institución como de la casa, no hacen sino acentuar el valor de lo microscópico en un escenario minimalista del que se ha eliminado lo decorativo o superfluo. La preocupación por el viaje espacial contrasta por la preocupación por lo microscópico. Son dos espacios complementarios que abarcan la totalidad de lo real: el mundo celular que identifica a los individuos inmiscuyéndose en el interior último de sus cuerpos y el mundo del espacio exterior que los transporta a un espacio del que salir de la claustrofóbica realidad de lo microscópico. Así el espacio exterior es el símbolo de la libertad que Vincent desea, de la salida de la cárcel del cuerpo sujeto a control férreo. El cuerpo en Gattaca es una cárcel escrita, el código genético es una información que tiene el poder de decidir sobre el destino de los seres humanos. Algo contra lo que Vincent se rebela burlando los controles, engañando al sistema, demostrando que es más listo que él, que la genética. Pero la única posibilidad de librarse de ella se encuentra en la accesis de la purificación a través de la limpieza que es borrar la huella, borrarnos un poco a nosotros mismos, practicar el ejercicio de la purificación, sabiendo que es un proceso imperfecto ya que por mucho que nos limpiemos la limpieza absoluta no existe, lo que no implica que dejemos de hacerlo porque sea una tarea infinita. Pero la recompensa de Vincent es la apertura al mundo macroscópico del universo, el viaje de los elegidos, y sus méritos están en la constancia y la fe en el deseo. Es su coraje lo que le proporciona tal resistencia capaz de vencer en resistencia física a su hermano nadando. Esta escena ocurre en la infancia y vuelve a suceder cuando Vincent es descubierto por su hermano suplantando una identidad ajena. Entonces, después de vencer a su hermano en un mar lleno de algas, Vincent le dice:
Hay algo que los análisis
genéticos no dicen, se trata del coraje, del valor humano, del espíritu,
en definitiva, algo que en los genes no está escrito. ¿Habrá
que idear controles técnicos para medir esto?
Los habitantes de Gattaca se han convertido en información pura porque la biología en conjunción con la tecnología, se ha convertido en una ciencia de la información. El uso que una sociedad determinada haga de esa información que somos es el tema de debate de nuestras actuales sociedades y el surgimiento de otra disciplina como la bioética que pone en tela de juicio o debate los límites y condiciones en los que el mapa genético deba ser utilizado. Ya que tal hallazgo debería constituirse en avance para la humanidad y su posible mejora terapéutica, nunca la coartación de la libertad humana.
Para autores como Haraway, la determinación tecnológica, al contrario de producir sociedades como la de Gattaca, es un espacio ideológico abierto a los replanteamientos máquinas/organismos como textos codificados para leer y escribir el mundo (1995:258). Las tecnologías de las comunicaciones y las biotecnologías son las herramientas decisivas para reconstruir nuestros cuerpos, pues están construidas por un mismo movimiento: la traducción del mundo a un problema de códigos (1995:279).
Para autores como Foucault, Gattaca sería la consecuencia lógica de las sociedades occidentales guiadas a lo largo de su historia por el control biopolítico de los cuerpos.
La consideración del cuerpo en nuestras sociedades del presente ya no puede ser comprendida en términos foucaltianos para esta autora. Si para Foucault los cuerpos habían estado sujetos a la política y al poder era porque aun no se habían constituido en cuerpos legibles de los que podía extraerse una lectura que no estuviera en el plano de la representación. El descubrimiento del código genético nos revela como escritura, código y toda escritura está en un espacio constituyéndolo. Para Haraway el poder liberador se encuentra en esos espacios que somos y que pueden rescribirse. Reinventarse dijo Foucault. Él fue quien se dio cuenta de que el cuerpo había estado sometido a lo largo de la historia a numerosas estrategias de poder o tecnologías de control a través de la medicalización y la institucionalización de los cuerpos enfermos, como explica en El nacimiento de la clínica. Aquí los cuerpos de los locos son recluidos en espacios carcelarios de exclusión, estigmatizados como cuerpos no útiles y segregados o apartados del funcionamiento normal de la sociedad sana. Después con el estudio de las instituciones carcelarias en Vigilar y castigar pone de manifiesto el sistema de control ejercido sobre aquellos individuos que tampoco se atienen a la norma. Las instituciones serían aparatos al servicio del poder que fomentarían la obediencia política de los sujetos mediante el control de sus cuerpos regidos por el imperativo de la normalización. El mecanismo que subyace en esta biopolítica es lo que Lévy-Strauss definió como la antropoemia, oponiéndola a la antropofagia, dos formas distintas que tienen sociedades distintas de enfrentarse o tratar a los sujetos que no se atiene a la norma que es usual en esas sociedades. Así, el mecanismo de la antropofagia sería el de aquellas sociedades que asumen a los sujetos extraños en el cuerpo social, una fagocitosis de lo ajeno en lo propio. Mientras que en las sociedades regidas por el imperativo de la antropoemia, como la occidental, se produciría el proceso inverso de exclusión, rechazando a los seres diferentes, expulsándolos e introduciéndolos así en un orden social distinto dentro del mismo orden social. Es así como surgen las instituciones carcelarias o psiquiátricas, lugares de control para la salud de los cuerpos y su domesticación en aras de una normalización que rige como criterio en tales sociedades. Son las disciplinas anatomo políticas del cuerpo individual que sirven al cuerpo social. El cuerpo individual es considerado como una máquina, en función de su optimización, su docilidad y en último extremo su integración en sistemas de control económico. Los procesos biológicos del cuerpo al servicio de los intereses políticos. Esta biopolítica tiene en cuenta los datos poblacionales, mortandad, nacimiento, expectativas de vida y longevidad como datos de control individual. El mundo de Gattaca se integra perfectamente en la visión biopolítica del cuerpo foucaltiano. Un cuerpo cuyo control puede ejercerse a priori a través de la manipulación génica que prevé una estructuración social y un destino del individuo en esa estructura desde antes del nacimiento. La biotecnología pone a disposición del poder la información genética individual para una lectura y una función o destino de esa lectura. Pero es precisamente nuestra naturaleza textual lo que puede hacernos libres, según Haraway. La biopolítica de Foucault se revela insuficiente en la era cyborg. La medicalización y normalización ya no son dominaciones que funcionen, ahora se crean redes y comunicaciones.
Está reivindicando un
paso del cuerpo a la palabra o el cuerpo hecho verbo como forma de reinvención
social. Reconocer que la biopolítica ya no es efectiva en la era
del código genético es tanto una afirmación valiente
como esperanzadora en tanto aun se reconozca la capacidad de subversión
ante la normalización o el código impuesto o la imposición
de la cultura única. Vuelta a la palabra cuando el cuerpo habla
por sí mismo, de su presente y su futuro, de su longevidad y sus
defectos. Las enfermedades son lacras eliminables en la sociedad biotecnológica,
los cuerpos jamás fueron tan manipulables como ahora ni el destino
pudo ser interceptado de tal forma.
Los cuerpos están escritos por dentro y por fuera (tatuajes y piercings) en esta época postmoderna que ha llevado el invento de la escritura muy lejos. Desde el cuarto milenio a.c, cuando surgió como resultado de la revolución neolítica, hasta nuestros días en que nosotros mismos somos escritura, sería muy pesimista considerar con Lévy-Strauuss que la función que ha cumplido durante tantos siglos ha sido la de esclavizarnos.
Según el antropólogo,
en el neolítico la humanidad dio un paso de gigante al adoptar la
agricultura y la domesticación de animales como métodos para
el desarrollo humano, pero cuando aparece la escritura, parece favorecer
la explotación de los hombres antes que su iluminación".
Ya que simultáneamente se produce la formación de las ciudades
y los imperios, osea, la integración de un número considerable
de individuos en un sistema político y su jerarquía en castas
y clases (1988:324)
La tesis que defiende es que tras la desaparición de la organización tribal aparece un tipo de organización social fundamentada en el Estado y sus unidades operativas las ciudades. La arquitectura surge simultáneamente a la escritura y propicia la aparición de las ciudades. Sin embargo, para autores como Sahlins, la escritura no constituye una civilización, no puede ser considerada el paso por el cual podemos empezar a hablar de culturas civilizadas frente a culturas primitivas. Como tampoco ve en el urbanismo y la aparición de las ciudades marca probatoria de civilización humana. En este sentido ambos coincidirían en afirmar que la escritura, por tanto, no puede ser tomada como marca civilizatoria, lo que llevaría a pensar que la organización estatal apoyada en dos inventos técnicos decisivos como son la arquitectura y la escritura, se embarca en un proceso de estructuración social que conduce a la división de clases.
Dicha tesis puede seguir manteniéndose en un mundo que ha accedido al conocimiento de la escritura en que consisten los humanos. La pregunta que flota en el ambiente es a qué tipo de cambio nos conduce tal saber. Siguiendo la tesis de Lévy-Strauss, si nuestra esclavitud vino determinada por la posibilidad de representar y codificar el mundo que devino en una partimentalización y organización de lo social, la posibilidad de representar y codificar la vida en sí misma supondría una hiperesclavitud en tanto los seres humanos merman en libertad determinados biológicamente. El sistema por el que el individuo va siendo determinado en una escala ascendente que comienza por el cuerpo. Entendido como figura que se destaca del fondo, como unidad agrupable, es primero determinado por instancias estatales que le imponen un modo de vida organizado frente a la asociación libre y ajerárquica de la tribu. Aquí comienza la primera sujeción política del cuerpo sometido a organización social en tanto que ser productivo. La segunda sujeción vendría dada por el desarrollo de las formas de vida pública, dando lugar a la creación de instituciones que terminan de disciplinar y moldear los cuerpos desviados. Esto no ocurre hasta el s.XVII, como explica Foucault, en que el loco y el preso forman parte aún de la vida de la ciudad en una clara síntesis antropofágica de sociedades aun indiferenciadoras ante el cuerpo extraño. La finalidad de la arquitectura es la de espacializar la creciente organización social, la aparición de la ciudad cumple ese requisito. La actuación ante la problemática de lo excluido va de la creación de espacio en la antropoemia, que necesita generar nuevo espacio en función de la variedad de tipos humanos que genera la compleja sociedad tardocapitalista, hasta el predominio del cuerpo sobre el espacio en la antropofagia, que sería la inclusión del cuerpo considerado extraño en el cuerpo social, que no crea por el contrario espacios nuevos, su interés no radica en la diversificación taxonómica, sino que asume lo que es extraño de sí en sí mismo Una sociedad antropoémica buscará estrategias que le permitan desarrollar los mecanismos necesarios para que su función de expulsora de- e inclusora en- se lleve a cabo. La aspiración de las sociedades de la exclusión, ejercer el control sobre los individuos, podría utilizar los criterios de la escritura genética con fines perfectivos y no terapéuticos exclusivamente. Las profundas divisiones en la sociedad humana que supuso la técnica de la escritura podrían hiperbolizarse con la biotecnología que nos descubre esa otra escritura interna en que estamos consistiendo.
La era biotecnológica proporciona el acercamiento al panóptico total, a la materialización del ojo divino. Observa que la resistencia política se encuentra en "esas unidades ciborgánicas monstruosas e ilegítimas". El manifiesto en pro de los cyborgs es un posicionamiento político no exento de ironía que se posiciona desde la no-identidad, a favor de una identidad monstruosa que sirva como forma de subversión ante el uniformador poder instituido
Haraway, al igual que Foucault, habla de estructuras de dominación, distinguiendo las viejas dominaciones jerárquicas de las nuevas redes de dominación que asumen la forma de "informáticas de la dominación". El individuo no es visto como un organismo sujeto a la biopolítica a través de su cuerpo, sino como componente biótico que no ostenta privilegio alguno sobre otro componente del sistema de información: "los organismos biológicos se han convertido en sistemas bióticos, en máquinas de comunicación como las otras". Por tanto, la política de resistencia a la nueva red de dominación pasa por la asunción de que nosotros somos identidades plurimorfas y cambiantes cuya actitud frente a la tecnología debe ser caníbal, de apropiación de la ciencia y, además, por parte de las mujeres, como un proyecto de liberación, en este caso la mujer negra sería el paradigma de la opresión por excelencia.
Estos pensamientos de Foucault
tienen eco en los de Haraway:
Ambos ponen el acento en la idea
del sujeto como construido a través de la forma epocal en la que
se ubica, episteme concreta, pero al mismo tiempo vislumbran la posibilidad
de transformar esa sucesión de epistemes, la Historia, a través
de lo que Foucault llamó las tecnologías del yo como aquéllas
operaciones del sí mismo que permitirían alterar las condiciones
de poder existentes a través de operaciones efectuadas sobre el
propio cuerpo y alma con el fin de alcanzar cierto grado de felicidad,
de establecer las condiciones de posibilidad de lo que aún no somos;
situación que para Haraway es también fundamental para aceptar
las nuevas identidades; y así afirma:
Desde posiciones del arte contemporáneo,
autores como Orlan, Stelarc o Kac demuestran esta transgresión de
límites entre humano/máquina cuestionando los límites
de lo humano, lo orgánico y el concepto de identidad para el que
un modelo psicoanalítico o cualquier intento de explicación
antropocéntrica dejaría de tener sentido. En la instalación
titulada A-Positive (2), Eduardo Kac, su cuerpo, realiza
un intercambio intravenoso con un robot. Su cuerpo dona sangre al robot
y este extrae oxígeno de la sangre con el que mantiene encendida
una llamita en su mecanismo. Esta interfaz simbólica anticipa la
disolución de los límites entre naturaleza orgánica/inorgánica,
o entre organismos físicos y virtuales, y también abre a
formas inusitadas de vigilancia en un momento de desarrollo tecnológico
en que el ser humano puede fagocitar físicamente la técnica
a través del implante y difumina las viejas ilusiones antropocéntricas
centradas en la racionalidad de un sujeto con identidad orgánica,
la preeminencia del sujeto como ser biológico dotado de funciones
superiores y el dualismo instaurado por el imperio de la mirada vigilante
entre la carne y el ojo que la mira. El poder tiene que vérselas
con la vida, pero no la biográfica o social, ni siquiera la individual,
sino con la biológica, ya tecnobiológica, modificable, transformable,
injertable. La antropoemia de la era cyborg permite la canibalización
del sujeto tecnológico cuando, sin embargo, sigue excluyendo al
sujeto social, sigue practicando una política panóptica.
(1) Estados Unidos
está a la cabeza de la tecnología policial. Ha ideado el
mayor número de artefactos detectores para aduanas o para la captura
de delincuentes que incluyen máquinas capaces de oler, la versión
electrónica del hocico de un perro, absorbiendo el aire interpreta
el contenido molecular de drogas y explosivos, Cámaras de potentes
rayos x que cartografían el interior de grandes camiones o cámaras
de imagen térmica por control remoto que en plena noche permiten
detectar a contrabandistas e inmigrantes ilegales. En los coches patrulla
la tecnología informatizada conecta ordenadores portátiles
a los bancos de datos de ADN y así crean perfiles de ADN capaces
de realizar retratos robot de sus propietarios. Estos perfiles de ADN serán
las huellas digitales del futuro. También la tecnología armamentística
se vuelve inocua con los proyectiles de pimienta en polvo que ya fueron
usados por la policía en la concentración antiglobalización
de Seatle o los que provocan una descarga eléctrica de 50.000 voltios
paralizante de brazos y piernas.
(2) Sept.1997.ISEA
97.Art Gallery.Chicago.
(*) Gattaca
| Director: Andrew Niccol / Productores: Danny DeVito, Michael
Shamberg, Stacey Sher para Columbia/Jersey / Guión: Andrew
Niccol / Fotografía: Slavomir Idziak / Música:
Michael Nyman, Franz Schubert / Montaje: Lisa Zeno Churgin / Efectos
especiales: Brian Penikas (maquillajes), Gary D'Amico / Intérpretes:
Ethan Hawke (Vincent Freeman), Uma Thurman (Irene Cassini), Jude Law (Jerome
Eugene Morrow), Gore Vidal (director Josef), Xander Berkeley (Lamar), Jayne
Brook (Marie), Elias Koteas (Antonio), Ernest Borgnine (Caesar), Maya Rudolph,
Una Damon, Elizabeth Dennehy, Blair Underwood, Alan Arkin… / Nacionalidad
y año: USA 1997 / Duración y datos técnicos:
106 min. color scope.
HARAWAY, D: Ciencia, cyborgs y
mujeres. La reinvención de la Naturaleza. Cátedra. Madrid
1995.
LËVI-STRAUSS, C: Tristes
trópicos. Paidòs. Barcelona 1988.
- Vigilar y castigar. Madrid.
Siglo XXI. Madrid. 1984
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