¿Hacia dónde va la Izquierda?
Una teoría politológica y un análisis del post-antifranquismo
en España
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[Carlos Sánchez Hernández]
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Posición de un doctorando en Ciencias
Políticas sobre el futuro de la ideología del izquierda en
el mundo
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1989-2003: la "travesía
por el desierto"
El Siglo XXI: ¿hacia
donde va la izquierda?
Antiglobalización
y crítica al Sistema: la esperanza de la izquierda
El Modelo y el Foro de Porto
Alegre
¿Democracia e izquierda?
La izquierda en 2003: Irak
y Cuba
Una teoría
politológica sobre el futuro de la izquierda
La herencia del antifranquismo
en España
¿Tiene la izquierda un rumbo fijo y bien trazado para el futuro?
¿Está desorientada la izquierda? ¿Tiene verdaderamente
la izquierda un sistema alternativo al vigente para "arreglar" el mundo, o
siente que el mundo está en manos de otros y ella no puede sino denunciarlo
pero sin poder presentar alternativas viables?
Estas son cuestiones que este doctorando de Ciencias Políticas que
suscribe tratará de abordar emitiendo una modesta teoría politológica,
lo más científica posible, sobre lo que cree que será
el futuro de la ideología de izquierda. También trataré
de analizar brevemente al post-franquismo en España y su herencia,
la positiva y la negativa.
1989-2003: la
"travesía por el desierto"
El bienio 1989-1990 fue a mi juicio clave para determinar el futuro de
la izquierda. En esos dos años fundamentales se debatió profundamente
sobre la viabilidad de los sistemas de izquierda y sobre la conveniencia
de "regenerarse o morir" de esta ideología.
El 9 de noviembre de 1989 caía en una noche histórica y ante
la mirada estupefacta del mundo entero el Muro de Berlín. Esta "pared"
era el símbolo de la división de Alemania, de la de Europa
y de la del mundo, pero su derribo simbolizaba también el comienzo
del fin de un sistema, de un intento de "cambiar el mundo" que había
durado sólo 70 años, un sistema basado en el materialismo histórico,
la filosofía y las ideas políticas de Karl Marx. Fue su final,
al menos como Lenin y sus seguidores lo interpretaron (aunque otras interpretaciones
posteriores tampoco han sido dignas sustitutas), su final pero también
como muchos piensan, entre ellos yo, su fracaso. ¿Cómo si
no llamar al desmoronamiento de un intento por "cambiar el mundo" que en
los países donde se experimentó lejos de arreglarlo lo "deterioró"
aún más hasta su final?
Las revisiones que se hicieron por todo el mundo, aunque fundamentalmente
en Europa, sobre el futuro del marxismo en los meses posteriores a esa fecha
fueron numerosas y sin duda encontraron eco. El denominado "eurocomunismo",
nacido en los 1970´s y caracterizado por su posición crítica
y su distanciamiento de la Unión Soviética, hubo de revisarse,
aunque no lo hizo por igual en todas partes. En Italia, el partido comunista
más importante de toda Europa Occidental, el único que estuvo
a punto en 1949 de llegar al poder en solitario, el PCI, cambió de
nombre y "mutó" su ideología. Actualmente se llama Partido
Democratico de la Siniestra, e ideológicamente está más
cerca de la socialdemocracia que del marxismo. En Gran Bretaña, en
ausencia casi total de un verdadero partido comunista, el Partido Laborista
llevó a cabo un paso histórico al anunciar en la década
de los 1990´s que renunciaba a toda referencia al marxismo en sus estatutos.
Pero en Francia y en España apenas hubo cambios. En 1991 el entonces
líder de Izquierda Unida, Julio Anguita, declaró en el congreso
del partido que el marxismo seguía siendo válido y continuaría
como base ideológica del partido.
En estos últimos 14 años la izquierda europea ha recorrido
un largo camino, una "travesía por el desierto", hasta poder redefinirse,
aunque en muchos casos desde luego no lo haya hecho.
El Siglo XXI: ¿hacia
donde va la izquierda?
¿Es casualidad que en la última década la izquierda
haya hecho acopio y se haya apoyado aún con más fuerza que
antes en movimientos y corrientes considerados como "anti-sistema" y "nuevos
progresistas"?
Desde luego no es casualidad. Si en la década de los 1960´s
la izquierda se apoyó, sobre todo en América Latina, en la
Teología de la Liberación y otras corrientes, en los últimos
10 ó 12 años ha ido aglutinando a movimientos como el ecologismo,
el feminismo, el Antiglobalización o el pacifismo. De entre todos
destaca el Antiglobalización, el más novedoso sin duda y que
abordaré en otro epígrafe. ¿No estará desorientada
y aturdida la izquierda e intentando buscar "soluciones imposibles" de última
hora? ¿Porqué todos estos movimientos son considerados "contestatarios",
es decir, críticos con el sistema?
El feminismo ha ido encontrando eco en la izquierda sobre todo desde la
Segunda Guerra Mundial. El pacifismo fue "abordado" por la izquierda europea
desde la década de los 1970´s en una Europa Occidental plagada
de misiles nucleares desde luego, pero con el objetivo supremo y final de
sacudir la presencia militar norteamericana de suelo europeo. El ecologismo
también comenzó a emerger en los 1970´s, y actualmente
la izquierda europea hace bandera de él. Pero es la Antiglobalización
el movimiento más "prometedor" para la izquierda internacional desde
la década de los 1990´s, y el que más predicamento encuentra
entre los jóvenes de izquierda.
Antiglobalización
y crítica al Sistema: la esperanza de la izquierda
El movimiento Antiglobalización, nacido a mediados de los 1990´s,
se está convirtiendo poco a poco en toda una esperanza para la izquierda
en todo el mundo. Se trata del líder indiscutible de los movimientos
"contestatarios" y autodenominados como "anti-sistema", críticos
con el sistema.
El Movimiento Antiglobalización tiene una base legítima en
el momento en que los líderes mundiales que han impulsado la Globalización,
fundamentalmente los líderes del G-8 encaminados por Estados Unidos,
predican la total libertad de mercados y eliminación de barreras
para los negocios y las mercancías mientras niegan esa misma libertad
de movimientos para las personas, osea, para la inmigración. Sin
embargo la izquierda no se apoya fundamentalmente en este punto para combatir
la Globalización; se trata más bien de insistir en el "mercado
justo" y en que "un mundo mejor es posible", tal como los líderes
Antiglobalización repiten, pero sin dar las recetas exactas de cómo
llevar a la realidad ese "mundo mejor", quizás sabedores de que si
esas recetas se llevaran realmente a la práctica los resultados no
serían ni mucho menos los esperados.
El Modelo y el Foro
de Porto Alegre
El denominado Foro de Porto Alegre, con su correspondiente "Modelo de Porto
Alegre" se ha convertido en los últimos años en el basamento
ideológico de la Antiglobalización. La idea en sí de
este modelo alternativo es desde luego atractiva: eliminar lo más
posible la burocracia estatal, fomentar la participación ciudadana
en la gestión y extender la democracia hasta el punto en que una medida
municipal no se lleve a la práctica si un grupo de ciudadanos no lo
aprueban.
El problema es que este modelo acabaría siendo, en caso de generalizarse,
inviable. ¿Qué ocurriría si se toman una serie de iniciativas
que interesan a un grupo de ciudadanos y no interesan a otro, aunque se
trate de ciudadanos de igual condición socioeconómica? ¿No
renacerían algunos de los defectos de que adolecía la democracia
ateniense, sobre todo en lo relativo a la cuestión de la representatividad?
El caso es que sus defensores argumentan que el Modelo de Porto Alegre,
de momento funciona y con éxito, si bien no pueden garantizar que de
extenderse por todo Brasil seguiría funcionando y no acabaría
como otros experimentos inviables del socialismo utópico tales como
los falansterios, también puestos a prueba y fracasados curiosamente
en Brasil.
Precisamente Brasil se está convirtiendo, como el gran gigante latinoamericano
que es, en la punta de lanza del movimiento Antiglobalización en
todo el mundo, y no sólo por Porto Alegre, si no también por
el triunfo electoral de Luis Inazio Lula Dasilva, un declarado antiglobalizador.
Si el propósito de Lula es, como él mismo declaró, lograr
"que todos los brasileños coman tres veces al día" es indudable
que habrá logrado algo digno de admiración y respeto, pero
arreglar de repente la situación de un país como Brasil a base
de recetas mágicas no es desde luego algo creíble, y en el
poco tiempo que Lula lleva en el poder de momento sólo ha logrado
ahuyentar a los inversores de todo el mundo de Brasil y sus promesas están
aún por ver.
¿Democracia e izquierda?
De verdad la izquierda cree en la democracia? ¿Porqué antes
de la Guerra Civil Española los partidos comunistas y anarquistas
acusaban a la República Española de ser una "democracia burguesa"?
Cuando la izquierda se ha hecho con el poder y ha establecido su sistema,
la democracia sólo figuraba en los nombres oficiales de los países
comunistas (República Democrática Polaca, Rumana, etc …) La
realidad es que esa democracia brillaba por su ausencia.
El único verdadero episodio de una "vía democrática
hacia el socialismo" fue el Chile de Salvador Allende, y aún así
los historiadores hablan de ese período en Chile (1970-73) como de
un "experimento" que pudo salir bien o no; y además cabe destacar
que los últimos meses del gobierno de Allende se caracterizaron por
un cada vez más marcado autoritarismo en sus actuaciones, plagadas
de expropiaciones y allanamientos de empresas y propiedades privadas.
Pero qué decir de esas supuestas "repúblicas populares":
la URSS, China, Cuba, Vietnam, Camboya… Todos son casos de revoluciones
comunistas que al poco de iniciarse se convirtieron en férreas dictaduras.
La democracia actual, que ha demostrado funcionar, es la democracia occidental,
fomentada, aunque indudablemente por intereses, pero fomentada al fin y
al cabo por EEUU, el demonio de la izquierda.
Recientemente en España, el episodio de los actores en el congreso
invitados por el grupo parlamentario de Izquierda Unida e interrumpiendo
una sesión parlamentaria mientras eran aplaudidos por IU, y de los
propios parlamentarios de IU mostrando pancartas cada vez que no están
de acuerdo con algo no es muy democrático, porque el Parlamento está
para parlamentar, para hablar, mostrar pancartas conlleva un desprecio hacia
ese ejercicio. Tampoco los ataques contra sedes del PP en abril de 2003
por la Guerra de Irak, ataques en los que participaron físicamente
miembros de IU, no son ejercicios demasiado democráticos, y menos
aún pactar con el brazo político de ETA.
Por último recordar que la izquierda ha apoyado tradicionalmente
a determinados pueblos sin estado (palestinos, kurdos) y "movimientos de liberacion
nacional" (Ejército Zapatista) y otros movimientos guerrilleros (FARC,
Sendero Luminoso). Sin embargo los estados bálticos hoy independientes
y un buen número de repúblicas caucásicas fueron engullidos
por la URSS en los años 1930´s y 1940´s, sin contar con
otros episodios como la invasión china del Tíbet, la vietnamita
de Camboya u otros.
La izquierda en 2003:
Irak y Cuba
2003 está siendo un año clave para la izquierda en España
y en el resto de Europa, y no sólo por ser año de elecciones
municipales y autonómicas y de precampaña para las elecciones
generales que previsiblemente se celebrarán en 2004. Ha sido el año
en el que Estados Unidos atacó a Irak, con el apoyo de otros países
entre ellos España, "con la oposición de la mayoría
de los españoles" según la izquierda, y en contra de las leyes
internacionales y "con argumentos puramente económicos y estratégicos".
Es indudable que la II Guerra del Golfo (o la III si consideramos como
tal a la Guerra de Irán-Irak de 1980-88) ha tenido un marcado cariz
economicista y estratégico, pero también es indudable que,
de paso, se ha librado al mundo de un tirano y un genocida, muy parecido
a esos tiranos y genocidas que la izquierda ha venido denunciando desde hace
décadas.
Pero resulta que también es indudable que si el apoyo a la guerra
se ha hecho con la oposición de la mayoría de los españoles
(aunque no tan "mayoría" como se dijo en un principio), en abril
de 2003, hacia el final de la guerra, ocurrió un imponderable que
descubrió las verdaderas intenciones de la oposición de la
izquierda a la guerra: en Cuba fueron ejecutados tres presos, y no lo fueron
por ser destacados disidentes o por organizar levantamientos contra el régiman
cubano, si no por cometer el delito de robar una balsa para huír de
la isla.
El silencio de la izquierda española fue tan atronador que huelga
cualquier comentario. Sucede que también una gran mayoría
de los españoles detestan al régimen de Fidel Castro, pero
aquí la izquierda española no sólo no parece tenerlo
en cuenta, si no que además, la izquierda que denuncia la pena de
muerte por todo el mundo y defiende la vida, rehusó referirse al asunto
de los fusilamientos de Cuba.
Una teoría
politológica sobre el futuro de la izquierda
Mi teoría politológica sobre el futuro de la izquierda se
resume pronto: "la esencia, el sentido de ser y el papel de la izquierda consisten
en la crítica al Sistema, la denuncia, pero la izquierda no tiene
una verdadera alternativa viable, y es consciente de ello; la izquierda más
pura se encuentra cómoda en la oposición porque cree que su
labor es más eficaz allí que en el ejercicio del poder".
No es una coincidencia que en Europa la única izquierda que ha logrado
gobernar es la socialdemocracia o los partidos comunistas en coalición
con esta, una izquierda totalmente "centrada", y con un esquema económico
ampliamente conservador, basado al cien por cien en el capitalismo, el libre
mercado y la economía de mercado, enemigos declarados de la izquierda
más ortodoxa.
La izquierda es consciente de que el modelo económico que Marx propuso
y predicó es inviable, y por ello "toma prestado" el modelo económico
de otros, en concreto de la derecha, mientras ataca los defectos de esta,
que los tiene, pero pecando así de una grave incoherencia. Ese modelo
económico es el que ha dado prosperidad a más de 300 millones
de europeos, los que lo han practicado, mientras se lo ha negado a otros
300 millones (si incluímos a la Rusia europea), los que no tuvieron
más remedio que confiar en el modelo económico marxista. Desde
luego el capitalismo adolece de una prosperidad universal y para todos y
además lleva incorporado un componente de injusticia social y mal
reparto de la riqueza, pero el modelo económico de izquierda no ha
demostrado poder superarlo y encima ha eliminado esa prosperidad de la ecuación,
que aunque no universal sí garantiza el sistema capitalista.
Cuestión aparte son los asuntos de política internacional.
La izquierda europea ha estado décadas denunciando la pasividad occidental
ante genocidios, el último de ellos el de Ruanda, pero cuando las
Grandes Potencias se decidieron por fin en los 1990´s a no consentir
genocidios en su periferia, la respuesta de la izquierda fue rechazar las
intervenciones en el Kurdistán, Bosnia, Somalia y otras latitudes.
Mención especial merece el caso de Kosovo. Las Potencias se conjuraron
para no permitir una segunda Bosnia allí, para detener un genocidio
antes de que empezase y movidas por las imágenes de una matanza (Racak),
pero la izquierda europea se opuso a aquella campaña militar argumentando
que no se debía evitar un genocidio arrojando bombas sobre Belgrado,
y mostrándose solidario con el pueblo serbio, presentándolo
como víctima de las bombas aliadas.
Tampoco fue del gusto de la izquierda europea la declaración de
las Zonas de Exclusión al norte y al sur de Irak a comienzos de los
1990´s, que si bien respondía al intento de estrangular al
régimen iraquí por motivos políticos, también
se buscaba proteger a las minorías kurda y chiíta. Por eso
la izquierda denuncia el genocidio kurdo, el de Ruanda, el bosnio y otros,
pero cuando las Potencias Occidentales intervienen para parar uno de esos
genocidios la izquierda dice "no a la guerra" (si bien en Irak median indudablemente
cuantiosos intereses norteamericanos, como vemos actualmente).
En cuanto a la economía, la izquierda cree en un comercio más
justo, un mundo económicamente más justo, pero no es capaz
de dar las recetas exactas para lograr ese propósito sin renunciar
a la prosperidad que todos deseamos.
La herencia del
antifranquismo en España
Es indudable la aportación de los distintos movimientos antifranquistas
dentro y fuera de España para terminar con el régimen franquista
y traer la democracia. Sin embargo conviene recordar que no fueron estos
movimientos quienes en último momento trajeron la democracia a España,
ni con sus presiones ni con sus actuaciones. La democracia llegó a
España por la voluntad del Rey (a quien por cierto la izquierda identificó
hasta bien entrada la Transición con el franquismo) y de la mano
de la figura política más importante que ha habido en España
en los últimos 30 años: Adolfo Suárez.
En efecto, la democracia vino desde el propio franquismo, una vez que muerto
Franco el sector reformista se impuso sobre el inmovilista, con personajes
como Alfonso Osorio, Martín Villa, Gutiérrez Mellado, Marcelino
Oreja, y otros, capitaneados todos por Suárez y tutelados por el
Rey.
Y en este proceso el papel de la izquierda no fue precisamente glorioso.
En los años 1976 y 1977, los dos años decisivos de la Transición,
la izquierda se dedicó fundamentalmente, de la mano de Santiago Carrillo,
más que a reividicar, a organizar todo tipo de actuaciones que en
muchas ocasiones llegaron a entorpecer y casi torpedear el proceso hacia
la democracia, aunque fuese de forma inintencionada, un proceso repleto de
dificultades que el equipo de Suárez logró sacar adelante y
que benefició enormemente a la propia izquierda.
La herencia histórica que ha dejado el antifranquismo en España
se deja notar hoy, 30 años después. Se manifiesta en hechos
como que Batasuna, de quien ya se habló en los años 1980´s
sobre su hipotética ilegalización, no haya sufrido un proceso
de ilegalización hasta 2002 y a la sombra de la lucha antiterrorista,
por más que desde que se constituyó como partido político
en 1978 ha dado sobradas e indisimuladas muestras de su actividad ilegal
como brazo político de ETA. Y sin embargo, hasta hace unos años
una importante parte de los españoles consideraban que no había
razones para ilegalizar a este partido, mientras que si se les pregunta
sobre la ilegalización de un partido de extrema derecha o de corte
fascista la opinión pública se muestra mayoritariamente a
favor de su ilegalización, por más que un partido de esa ideología
no ponga bombas, mientras Batasuna sí las pone por medio de ETA.
La gente en España percibe como un peligro más inminente a
un partido neofascista que a uno de extrema izquierda, independentista y
ligado al terrorismo como Batasuna. Esa es una de las herencias del antifranquismo.
Una última creencia generalizada en España es la de que los
genocidas siempre son de derechas, y ciertamente los ha habido (Hitler,
Pinochet, Ríos Montt, la junta Militar Argentina), pero los "genocidas
de izquierda" han igualado e incluso superado a los anteriores (Stalin,
Mao, Pol Pot). Un genocida es un genocida, sea de derechas o de izquierda,
pero eso es algo que el antifranquismo ha borrado de la memoria colectiva
en España.
En definitiva, en este comienzo de siglo, la izquierda debe replantearse,
si no su doctrina, sí su papel como ideología, y sobre todo
si realmente supone una alternativa viable para el mundo. Las opiniones
podrán ser encontradas o coincidentes con la mía, aunque aparte
de la opción ideológica, la objetividad es clave en este asunto,
y por el momento creo modestamente que toda o al menos parte de la teoría
sobre la izquierda que aquí expongo se cumple, fundamentalmente cada
vez que un partido de izquierda se muestra crítico con el sistema
pero sin ofrecer alternativas y sin acceder al poder.
A la espera de otros acontecimientos, el debate está abierto.