|
|
|
¿Peligro nuclear o derrocar a Sadam Hussein? |
|
|
El 14 de septiembre de 2001 el Secretario de Defensa de EE.UU, Donald Rumsfeld, dijo lo siguiente en una de las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional: "podemos organizar una campaña militar en Afganistán y otra simultánea en Irak para acabar con Sadam Hussein, matando así dos pájaros de un tiro".
Esa frase se pronunció pues tres días después de los salvajes atentados del 11-S, y en plena planificación militar norteamericana, cuando Rumsfeld consultaba a sus asesores qué hacer tras los atentados y el Presidente Bush Jr. se debatía en donde, cuando y sobre todo a quién atacar, iniciándose así la planificación de lo que luego sería la Operación Enduring Freedom.
En efecto, tras los atentados de Nueva York y Washington todos los norteamericanos estaban de acuerdo en atacar, pero la cuestión era: ¿a quién? Estaba claro desde un principio que Bin Laden estaba detrás de los atentados, pero se sospechaba que alguien le daba cobijo, le protegía. Los asesores militares y de inteligencia del gabinete presidencial, del Pentágono, así como la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional declararon desde el primer momento que el régimen de los Talibanes de Afganistán (hasta el 11-S aliado de Estados Unidos) daba refugio y financiación a Al Qaeda, el grupo armado de Bin Laden, y que debía atacarse a Afganistán. Sin embargo, el sentir de Donald Rumsfeld estaba muy extendido: ¿porqué no aprovechar para deponer a Sadam Hussein, el incómodo líder iraquí?
En un principio se optó por dejar al márgen a Sadam Hussein, ya que este no condenó pero tampoco aplaudió abiertamente los atentados del 11-S, y porque se consideró finalmente improcedente una operación militar contra Irak en aquellas circunstancias. Así, cuando el 7 de octubre de 2001 se inició la Operación Enduring Freedom contra Afganistán, Irak no fue el blanco de las bombas de los B-52 y B-2 de la USAF.
Pero desde el verano de 2002, y tras el extraño resultado de aquella campaña, aún inconclusa y con el único resultado palpable de la sustitución de los Talibanes por el actual régimen afgano, completamente supeditado a EE.UU, Irak volvió a centrar todo el interés norteamericano. Dos son los motivos:
Así pues, estos argumentos contra el líder iraquí, junto a necesidades vitales de EE.UU en forma de gigantescos presupuestos militares han puesto a Irak al borde de un nuevo ataque militar estadounidense, que sería el quinto desde el fin de la Guerra del Golfo, y con toda seguridad el definitivo, ya que de producirse el objetivo sería acabar con el líder iraquí y su régimen.
En efecto, los enormes presupuestos militares de 2002 y sobre todo 2003, superiores incluso a los grandes presupuestos en defensa del final de la Guerra Fría de los 1980´s, obligan de alguna forma a alargar una campaña militar que en el caso de la Operación Enduring Freedom ha sido digamos que extraña. Terminó sin ganadores ni derrotados claros, con EE.UU dueño de todo Afganistán sin apenas bajas, con la sensación de un enemigo casi inexistente pero sobre todo con la sensación de no haber podido vengar el 11-S porque el enemigo no era tal. El gobierno títere de Kabul y la fuerza multinacional que ocupa el país parecen haber cerrado el capítulo afgano.
Por lo tanto los gastos militares del denominado Pentagon System, el entramado militar-industrial estadounidense, no pueden prolongarse sin una perspectiva de guerra en el extranjero de larga duración, y no debe olvidarse que antes del 11-S, en el verano de 2001, la Administración Bush Jr. ya lanzó el proyecto de Escudo Antimisiles con un coste estimado de unos 60.000 millones de $, proyecto ahora en segundo plano aunque aún encima de la mesa.
La presidencia de Bush Jr. se edificó desde un principio en los gastos militares, ya que fueron las grandes corporaciones y multinacionales de fabricación de armamento las que financiaron en gran parte su campaña electoral, y tras esta esperaban "recoger su inversión", por decirlo de forma vulgar. Si además, a esto se le añade la amenaza de recesión que se advirtió a finales de 2000 en EE.UU si no se hacían grandes gastos estatales a base de políticas keynesianas, recesión acentuada tras el 11-S, se explica porqué nada más empezar su mandato Bush Jr. lanzó el Escudo Antimisiles. La explicación de todo esto está pues, en parte, contenida en el tradicional Keynesianismo militar estadounidense, las grandes inversiones estatales en forma de enormes gastos militares para "tirar" de la economía estadounidense.
En resumen, la Administración Bush Jr. "necesita" otra gran guerra para proseguir con sus grandes presupuestos militares, los mayores desde los 1980´s, y el enemigo tradicional de la última década, Irak, es el escenario ideal. Baste decir que EE.UU tiene para 2003 los mayores presupuestos militares de su historia: uno de cada dos dólares que se gasten en el mundo en armamento serán estadounidenses, osea que la mitad del presupuesto de defensa mundial será de EE.UU, y la otra mitad del resto del mundo, lo que da una idea del enorme potencial bélico que reunirá Washington el próximo año, redoblando el que ya tenía.
Hasta aquí la explicación "macroeconómica" de la necesidad de atacar Irak, pero hay una segunda parte de la explicación, la política: aparte de los gastos en defensa está Sadam Hussein y la necesidad de derrocarlo tras 12 años de "jugar" con él.
Pero atacar a Irak sin una justificación no sería del todo correcto, incluso a la sombra del 11-S. La ONU ya ha advertido que actitudes unilateralistas pueden dar cohartada a hechos como los atentados del 11-S, y algunos miembros del Gabinete estadounidense como Colin Powell se han mostrado partidarios de contar con la ONU para atacar a Irak, aunque en este sentido la Administración Bush Jr. se encuentra claramente dividida entre los "halcones" liderados por Rumsfeld que desean atacar a Irak aún en solitario, y los "palomas" liderados por el citado Powell. El gabinete presidencial está pues claramente polarizado en el asunto de Irak: los "halcones" de Rumsfeld (la cabeza visible de la administración respecto a Irak y el hombre más poderoso del gabinete tras el 11-S) son el Vicepresidente Cheney (Secretario de Defensa en la Guerra del Golfo), la Consejera de seguridad Nacional Condoleezza Rice (que perdió poder tras el 11-S), el vicesecretario de Defensa Paul Wolfowitz, y el asesor del Departamento de Defensa Richard Perle. Los "palomas" encabezados por Powell (cada vez más aislado por ser un centrista en una administración muy volcada a la derecha y que muchos le creen próximo a la dimisión) son personajes que hoy no habitan en la política activa y, curiosamente, altos mandos de la jerarquía militar: destacan tres hombres antaño todopoderosos, Henry kissinger, James Baker y Norman Schwarzkopt, que no creen factible derrocar a Sadam sin asumir grandes bajas y abogan por una solución "a la cubana" para Irak, osea, esperar a que Sadam desaperezca. Además entre los "palomas" hay también miembros secundarios del gabinete aunque muy influyentes para el Presidente, como el Vicesecretario de Estado Richard Armitage
Mientras, el 1 de enero de 2003 el Secretario General de la ONU, Koffi Annan, ya ha advertido que no aprecia motivo alguno para atacar Irak, teniendo en cuenta que desde diciembre de 2002 Bagdad colabora abiertamente con el equipo de inspectores e incluso redactó un informe sobre sus instalaciones supuestamente bioquímicas o nucleares.
Para atacar a Irak EE.UU ha esgrimido el peligro de las armas nucleares, e incluso se ha apuntado la posibilidad de que Bagdad tuviera algo que ver con el 11-S, implicando para ello a un campo de entrenamiento donde la CIA ha declarado que se entrenaron miembros de Al Qaeda. Sin embargo el "disidente" Scott Ritter ha declarado en ese mismo campo que se trata de un montaje, montaje similar al que según él se organizó en diciembre de 1998 para incriminar a Irak acusándole de poseer armas nucleares y biológicas y de no aceptar las inspecciones de la ONU, organizando entonces la Operación Zorro del Desierto, el penúltimo ataque militar anglo-americano a Irak.
Ese ataque de diciembre de 1998 fue el último en el que EE.UU y Gran Bretaña esgrimieron la negativa a las inspecciones de la ONU, lo cúal había sido durante 1997 y 1998 un auténtico juego del ratón y el gato entre Irak y la ONU, y la supuesta posesión de armas de destrucción masiva como motivos para el ataque. Ahora se retomarían los mismos argumentos, exactamente los mismos, aunque el objetivo hoy es simplemente derrocar de una vez a Sadam Hussein.
Conviene recordar que la actual Administración Bush Jr. ya atacó a Irak en febrero de 2001 sin motivo aparente, "estrenándose" así en política internacional.
EE.UU está utilizando pues esos argumentos para lograr el ataque, a poder ser respaldado por la ONU, aunque desde luego y a pesar de las críticas a EE.UU, el peligro de que Irak posea esas armas no es ni mucho menos algo a tomar a broma. La cuestión es que EE.UU usará eso para lograr un objetivo político, derrocar a Sadam Hussein.
La decisión de derrocarlo la analizaremos más profundamente más adelante, pero el atacar a Irak ya está decidido, tan sólo queda el "cuando" (con toda seguridad enero ó febrero de 2003) si bien EE.UU tiene el derecho a desarrollar la estrategia que considera apropiada mientras se la pueda permitir en virtud de la doctrina política del realismo político y la política de poder, y de momento sin duda se la puede permitir.
Cuestión importante en el pertinaz conflicto entre EE.UU e Irak que ya dura 12 años es el hecho (intrancesdente ahora pero significativo) de que EE.UU se apoyó en Irak durante la Admón. Reagan para combatir el fundamentalismo islámico del entonces considerado principal enemigo de EE.UU en Oriente Medio, Irán. Reagan sostuvo al Irak de Sadam Hussein en los 1980´s, en su guerra contra Irán, e incluso le vendió importantes cantidades de armas, ya que los intereses de ambos países entonces coincidían.
Las críticas a los planes
de EE.UU, que desde luego son lícitas teniendo en cuenta el doble
juego que Washington trae entre manos (y también su doble lenguaje
al acusar a Irak de no cumplir las resoluciones de la ONU mientras que
Israel las incumple desde hace décadas), esas críticas deben
sin embargo alternarse con el hecho objetivo del peligro más que
real del régimen iraquí, un régimen aislado y acorralado
internacionalmente pero que internamente sujeta con firmeza las riendas
del poder, practica la represión, a la vez que continúa desarrollando,
aunque de forma muy trabajosa, su pequeño pero potencialmente amenazador
peligro bélico.
Tras acabar con el régimen de los Talibanes a comienzos de 2002, varios meses después Irak volvió a ocupar la primera página de los periódicos internacionales. Para muchos se trataba del siguiente objetivo tras Afganistán de la Operación Enduring Freedom. Lo cierto es que varios sucesos hicieron que Irak volviera a estar en el punto de mira de la Casa Blanca y del "músculo militar americano", tal como Ronald Reagan lo bautizó en 1985.
El conflicto no declarado pero constante entre EE.UU e Irak se reactivó a mediados de 2002 tras el ataque por aviones estadounidenses a un centro militar de control iraquí en el sur de Irak que según la inteligencia norteamericana dirigía el fuego antiaéreo contra los aviones norteamericanos y británicos que patrullan el sur de Irak en la Operación Southern Watch, la vigilancia de la zona de exclusión aérea del sur de Irak decretada hace casi 10 años.
El 3 de julio de 2002 se filtraron a la prensa los planes del Pentágono para atacar Irak desde Turquía, Kuwait y Qatar. Este documento denominado "CENTCOM Curso de Acción" fue redactado en la base del Comando Central del Ejército Estadounidense en Tampa, Florida. Estos planes fueron secundados por los acontecimientos, ya que la ONU se veía incapaz en el verano de 2002 de persuadir a Irak para que aceptase el regreso de los inspectores que salieron del país en diciembre de 1998, en vísperas del ataque angloamericano a Irak, la Operación Zorro del Desierto.
El plan estipulaba, y sigue estipulando, desplazar al Golfo Pérsico 250.000 hombres. De llegarse a cumplir estos planes sería el segundo mayor despliegue norteamericano en su historia en Oriente Medio, sólo por detrás de la Operación Escudo del Desierto de 1990-91 que empleó 430.000 hombres. Se trataría además del tercer despliegue militar norteamericano desde 1945, tras Vietnam y la Guerra del Golfo. Además, acomienzos de enero de 2003 el New York Times aseguró que los planes del Pentágono para "el día después", osea, tras el derrocamiento de Sadam Hussein, incluían el estacionamiento y ocupación militar de Irak por el Ejército Estadounidense por un plazo no inferior a 18 meses, una situación similar a la que hoy se vive en Afganistán, algo parecido a una especie de protectorado militar estadounidense. Se trataría pues de someter a Irak al total control norteamericano hasta rediseñar el futuro del país bajo tutela de Washington y con un régimen afín, un calco del Afganistán de Karsai.
El plan de despliegue militar ya se está llevando a cabo en su primera fase. A día de hoy, comienzos de enero de 2003, EE.UU ya tiene 110.000 hombres en la zona. El plan incluye 5 divisiones del US Army, 2 de Marines, fuerzas especiales llegadas de Afganistán y Alemania, y 15 alas y escuadrones de la USAF (Fuerza Aérea de EE.UU). La Marina Estadounidense (US Navy), que mantiene al menos un portaaviones permanentemente en el Golfo Pérsico desde 1991, ya redobló su dispositivo desde el otoño de 2002, y a finales de año aumentó su presencia con más portaaviones y buques de guerra, actualmente tiene 3 portaaviones.
El operativo se completaría con las fuerzas británicas, ya que Gran Bretaña es por ahora el único aliado que se ha mostrado dispuesto a contribuír en el esfuerzo militar y a implicarse en una guerra. Según el Ministerio de Defensa Británico, Londres, que ya ha desplazado fuerzas al Golfo, enviará un total de 20.000 hombres, incluyendo 7.000 reservistas y fuerzas especiales llegadas de Afganistán. La Royal Navy (Armada Británica) desplazará el portaaviones HMS Ark Royal con su agrupación naval.
Se ha especulado con la posibilidad de que Jordania sea usada como base logística teniendo en cuenta la nutrida presencia de consejeros civiles y militares aliados en ese país, aunque sólo como una medida defensiva.
El operativo angloamericano se intensifica en enero de 2003, y junto a las advertencias de Bush Jr. parece claro que el ataque se producirá a finales de enero o comienzos de febrero. El ataque no se ha producido a finales de 2002, como era lo más lógico, por varias razones. Las principales son que el Pentágono prefiere tomarse su tiempo para hacer los preparativos militares, que EE.UU aún tiene una tímida esperanza de que el Consejo de Seguridad de la ONU finalmente le respalde, y que de haberse producido el ataque en diciembre, tendría que haber sido interrumpido a causa del Ramadán para no soliviantar al resto del mundo musulmán, tal como ocurriera en la Operación Zorro del Desierto de diciembre de 1998, circunstancia que le restó eficacia a aquella campaña militar.
Mientras, Irak se prepara de una forma casi pasiva a ese ataque en un país con un ejército practicamente inoperante tras 12 años de sanciones. Irak parece haber comprado armas y repuestos a Ucrania, mientras los combates en el Kurdistán se recrudecen. El propio Sadam Hussein ha advertido desde julio de 2002 que de producirse podría ser otra "madre de todas las batallas", y ha decretado el estado de emergencia nacional, sabedor de que el objetivo esta vez es aniquilar su régimen, al mismo tiempo que ha vuelto a acusar a comienzos de enero de 2003 de espionaje y sumisión a EE.UU a los inspectores de la ONU.
El ataque a Irak planeado tendría
pues muchas similitudes con la Operación Causa Justa de diciembre
de 1989, la invasión norteamericana de Panamá que la Admón.
Bush (padre) llevó a cabo solamente para acabar con el régimen
de Noriega. En aquella ocasión se trataba de invadir un país
para liquidar un régimen y sustituírlo por otro. De eso básicamente
se trataría ahora en Irak.
EE.UU ha llevado a cabo sus preparativos militares así como su estrategia política para Irak desde el verano de 2002 basándose en estas dos doctrinas, una política con matices estratégico-militares y la otra más puramente militar.
La Doctrina Militar "Joint Vision 2010" fue planificada por el Pentágono a finales de los 1990´s, justo al final de la Admón. Clinton, y estipula cuales serán las prioridades, pautas estratégicas y líneas de acción norteamericanas en el mundo para la década 2001-2010. Básicamente, esta doctrina militar se marca como objetivo el que las Fuerzas Armadas Norteamericanas sean capaces de gestionar dos crisis simultáneas en dos escenarios mundiales distintos. La referencia es clara: se trata de que EE.UU tenga la capacidad militar de hacer frente al mismo tiempo a una grave crisis en Oriente Medio y a otra en el Lejano Oriente, más en concreto frente a Irak (ó Irán) y frente al tándem Corea del Norte-China. Esto se debe a que los estrategas militares estadounidenses vienen vaticinando desde finales de los 1990´s que estas dos regiones serán los teatros principales donde EE.UU tendrá que desarrollar su supremacía mundial, demostrarla y proyectarla, los dos escenarios principales donde esta supremacía podría ser cuestionana o puesta en apuros y donde las fuerzas estadounidenses deberán afianzarla.
Quedan fuera otras áreas como los Balcanes o el Cuerno de África- África Oriental, donde EE.UU ha tenido que actuar en la pasada década, pero que son consideradas periféricas en cuanto a la supremacía estadounidense. Otras zonas como Latinoamérica no son consideradas como un peligro para la posición estadounidense mundial.
Es por todo esto que el Presidente Bush Jr. pronunció su discurso sobre el que él denominó como "Eje del Mal", el formado por Irán e Irak en Oriente Medio y Corea del Norte en el Lejano Oriente. Se trata de países que ya Bush Jr. bautizó en 2001 como "Estados gamberros/delincuentes", dando a entender que son Estados proscritos por el Sistema Internacional al estar de algún modo fuera del control de éste (si bien este discurso lo pronunció Bush Jr. antes del 11-S y con el propósito de justificar su Escudo Antimisiles).
Sea como fuere, se trata de tres Estados que desafían y rechazan abiertamente la supremacía estadounidense y escapan al control de EE.UU (Cuba y Libia también están en esta situación, si bien no fueron incluídos por Bush Jr. en este discurso de una forma tan clara). Y si nos fijamos en la situación actual, enero de 2003, son Irak y Corea del Norte quienes están hoy llevando a cabo supuestos programas nucleares clandestinos, si bien Irak puede ser atacado por este motivo mientras el régimen norcoreano es visto con algo más de permisividad por Bush Jr., quizás porque de lo contrario EE.UU debería llevar a efecto con todas las consecuencias el espíritu de esta doctrina militar, actuando simultáneamente contra Irak y Corea del Norte. Además está Irán, que a comienzos de 2003 ha sido acusado de implementar un programa nuclear secreto con ayuda rusa.
La Doctrina Bush es y será el soporte ideológico de EE.UU no sólo durante la Admón. Bush Jr. sino previsiblemente para toda la presente primera década del Siglo XXI. Lanzada por el Presidente Bush Jr. y sus Secretarios de Estado y Defensa (Powell y Rumsfeld) en octubre de 2002, esta doctrina anuncia la nueva línea de actuación y directriz estratégica estadounidense que entierra el concepto de disuasión propio de la Guerra Fría, y lo sustituye por el de ataque preventivo como base estratégico-militar. Esto significa que EE.UU no esperará a tener una amenaza enfrente para disuadir al amenazante de llevarla a término, si no que se adelantará yugulando esa amenaza antes de que se constituya como tal, en su fase embrionaria o inicial, antes de que sea una amenaza real. Esta doctrina justificaría pues una eventual guerra en Irak como la que se está planeando, aunque de un modo unilateral y sin necesidad de apoyo explícito de la ONU.
La segunda parte de la Doctrina Bush declara que EE.UU nunca volverá a permitir que ninguna otra nación iguale y ni siquiera se acerque al potencial militar estadounidense, algo congruente con los gigantescos presupuestos militares que la Admón. Bush Jr. consiguió del Congreso para 2003.
La Doctrina Militar "Joint Vision
2010" es anterior a los acontecimientos del 11-S, pero la Doctrina Bush
es una reacción a estos, y es interpretada además como un
deseo de Washington de confirmar a EE.UU como la única e incontestable
Superpotencia de la tierra tras el final de la Guerra Fría.
Por debajo del proyectado ataque norteamericano a Irak subyace una idea: "terminar un trabajo inacabado".
En 1995 el exPresidente George Buhs (padre) declaró que en la Guerra del Golfo se dejó un asunto "sin acabar", refiriéndose al régimen de Sadam Hussein que no fue derrocado en 1991. Bush (padre) añadió además que aquello constituyó un error estratégico de grandes dimensiones (que él mismo cometió) y que ese error debía ser corregido. Su hijo, Bush Jr., ha recogido el testigo y desea terminar el "trabajo inacabado" de su padre.
Se trata de acabar con el régimen de Sadam Hussein, una piedra en el zapato de EE.UU hoy día, un asunto que Bush (padre) no quiso resolver cuando tuvo la ocasión (marzo de 1991, ofensiva terrestre de la Guerra del Golfo).
Los motivos por los que el primero de los Bush no acabó con Hussein son varios, y muy polémicos, pero podrían resumirse gráficamente en tres:
Satanizar a Sadam fue una obsesión de la Admón Bush (padre), lo cual se logró, pero tras la guerra se prosiguió con su satanización como argumento principal que justificara la nutrida presencia militar estadounidense en suelo de Arabia Saudí (motivo del nacimiento de Al Qaeda), Omán, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, ... osea, de la intervención de EE.UU en Oriente Medio desde 1991. El mensaje de EE.UU durante estos 12 años a estos gobiernos ha sido claro: necesitáis nuestra protección contra "el loco de Sadam", y por eso tenemos fuerzas en vuestro territorio.
Y por último, las ventas y los contratos de armamento proliferaron en Oriente Medio tras la Guerra del Golfo, temerosos los Estados aliados de EE.UU de no estar preparados para hacer frente a Irak, empezando por el propio Kuwait, a quien EE.UU proporcionó aviones de combate F-18 inmediatamente después de la guerra (si bien Kuwait ya había firmado un contrato para la compra de estos aviones justo antes de la Guerra del Golfo).
Es por todo esto por lo que Bush (padre) desoyó los consejos del General Schwarkofk y sus asesores militares que insistían a finales de febrero de 1991 que, aunque el objetivo de la Operación Tormenta del Desierto no era acabar con Sadam, ya que estaban allí debían avanzar hasta Bagdad, prolongando la ofensiva terrestre y terminar con su régimen. Esta sin embargo se detuvo a medio camino y no continuó más, dejando a Sadam en el poder debido a las decisiones políticas y estratégicas anteriormente citadas, elaboradas por los estrategas de la Casa Blanca.
Este es el "trabajo inacabado" que Bush Jr. se dispone a terminar. Ahora bien: ¿porqué no en 1991 y sí en 2003? La respuesta es sencilla y doble: la posición de EE.UU en Oriente Medio ya no es la misma hoy que en 1991, y las "ventajas" que EE.UU consideró que tenía de la continuidad de Sadam al final de la Guerra del Golfo ya no se perciben hoy como tales.
La integridad territorial de Irak hoy no está tan en peligro como en 1991 (hoy sería complicado un levantamiento kurdo o chiíta) aunque Sadam desparezca; otro ocuparía su lugar. Además la presencia militar estadounidense en Oriente Medio está hoy muy consolidada, no como en 1991, y las ventas de armamento norteamericano a la región continuarán con o sin Sadam.
Por último está la Operación Enduring Freedom, los resultados del 11-S. EE.UU ha penetrado geoestratégicamente en Asia Central de un modo impensable hace sólo un par de años, desplazando tropas al antiguo espacio exsoviético (Uzbekistán, Tayikistán), mantiene su influencia sobre Pakistán, y ha reforzado la que ya tenía en el Golfo Pérsico. En estas condiciones ¿porqué no atacar Irak y librarse de Sadam, que lleva más de una década jugando al ratón y al gato con EE.UU?
EE.UU ya "no necesita" a Sadam, y su presencia se percibe además como un desafío. Su programa nuclear y bacteriológico es un problema, y aunque secundario, es la coartada perfecta para atacar Irak (si bien no conviene menospreciar el potencial agresor iraquí, muy mermado pero sobreviviente tras 12 años de embargo). EE.UU puede deshacerse de Sadam en un operativo similar al desplegado en Afganistán a finales de 2001, estableciendo un gobierno dócil como el de Karsai en Kabul, ahora en Bagdad. Se trataría de una solución "a la afgana" para Irak: sustituír un régimen indeseado por otro afín. Un paseo militar en Irak para acabar con un régimen odiado desde hace años en los pasillos del poder de Washington.
Y finalmente no puede faltar el componente que da su sentido a Oriente Medio: el petróleo. No es ningún secreto que EE.UU desea dar salida a la producción de crudo iraquí, paralizada desde 1991. Las multinacionales petroleras estadounidenses ya han tomado posiciones para explotarlo en un futuro Irak dócil, y Bush Jr. ya anunció a finales de 2002 que EE.UU "compartiría" la explotación del crudo iraquí con los aliados que estuvieran a su lado en una hipotética guerra en Irak.
EE.UU parece seguir, con las decisiones de la Admón. Bush Jr., la máxima bastante conocida según la cual este país tiene una doble trayectoria histórica: por un lado el respeto a la ley, y por otro la desconfianza en los acuerdos internacionales.
EE.UU y Gran Bretaña se están
esforzando por presentar al régimen de Sadam Hussein como potencialmente
peligroso, sin duda sobredimensionando su peligro. El último ejemplo
tuvo lugar en diciembre de 2002 cuando el Gobierno Británico difundió
unos informes según los cuales en Irak se violan sistemáticamente
los Derechos Humanos de todas las formas posibles. Inmediatamente Amnistía
Internacional denunció lo que consideraba una campaña propagandística
aliada, ya que si bien los informes son ciertos, esta organización
declaró haber emitido informes parecidos en los 1980´s sin
que británicos ni norteamericanos les prestaran ninguna atención.
Sea como fuere, el peligro del régimen de Sadam Hussein era entonces,
y hoy sigue siéndolo, enorme. Baste recordar que Irak rechazó
en 1999 otra misión de inspectores que habría levantado las
sanciones de la ONU, rechazo que seguramente indicaba que el régimen
iraquí tenía, y tiene, mucho que ocultar.
La unilateralidad de Bush Jr. en sus decisiones respecto a Irak es evidente, si bien la doctrina del realismo político estadounidense se lo permite. La táctica de la Admón. Bush Jr. desde el 11-S ha sido acercarse a la ONU (en lugar del rechazo claro que antes suscitaba esta organización en las decisiones norteamericanas desde finales de los 1990´s y hasta el 11-S), pero sin llegar a comprometerse con esta. En el asunto de Irak, Bush Jr. ha alternado declaraciones ambiguas en el marco de la ONU con decisiones unilaterales. Ha dejado claro que prefiere el respaldo de la ONU, pero que si no lo obtiene, EE.UU actuará. Llegó incluso a apelar a la Asamblea General de la ONU para que emitiera un informe recomendando un ataque a Irak, "dejando hacer" a la ONU, pero no es un secreto que si este respaldo no es obtenido, EE.UU atacará a Irak por su cuenta.
Los apoyos que Bush Jr. tiene se resumen pronto: sólo el "aliado especial", Gran Bretaña, se ha comprometido a participar militarmente y Londres planea junto a Washington un hipotético ataque a Irak. Y sólo otros dos aliados, España e Italia, han mostrado su apoyo a los planes de Bush Jr. aunque sin comprometerse militarmente y por el momento sin enviar fuerzas al Golfo Pérsico. Finalmente, Israel no se ha pronunciado sobre el hipotético ataque, aunque este hecho no es necesario. Se da por sentado que el silencio de Tel Aviv (que está ocupado con sus propios problemas combatiendo al terrorismo fundamentalista palestino) apoya tácitamente el ataque estadounidense, y no es ningún secreto que a Israel le beneficiaría este ataque; ya en junio de 1981 cazabombarderos F-16 israelíes bombardearon y destruyeron la central nuclear iraquí de Osirak, cercana a Bagdad.
Las críticas a Bush Jr. han llegado desde varios lugares. En Europa, Francia y Alemania se oponen a un ataque a Irak. Rusia y China no se han decantado claramente, aunque se da por hecho que ambas Potencias no apoyan la idea de atacar a Irak. Canadá negó su apoyo a EE.UU en un hipotético ataque en una visita de Bush Jr. a ese país, y la Liga Árabe ya ha anunciado su total rechazo declarando que el ataque "abriría las puertas del infierno en Oriente Medio".
Sin embargo son muchos analistas los que creen que de producirse el ataque este reordenaría (una vez más) el mapa geopolítico y geoeconómico de Oriente Medio al liquidar al régimen de Sadam, abriendo de nuevo al mercado al crudo iraquí, por lo que los intereses geopolíticos y sobre todo económicos serían tan grandes que finalmente los aliados europeos más recalcitrantes tendrían que modificar su postura apoyando más ó menos tácitamente a EE.UU (empezando por Francia), para poder participar en el "reparto del pastel".
La ONU mientras se muestra contraria
a un ataque mientras Bagdad no de muestras claras de no querer colaborar
con los inspectores, algo que de momento no ha ocurrido. La ONU se enfrenta
a una disyuntiva: evitar el rearme de Irak al mismo tiempo que agotar todas
las posibilidades diplomáticas.
Este antiguo inspector estadounidense de la ONU en Irak, que trabajó en la Comisión Especial de la ONU en Irak (Unscom), y fue el último en abandonar Bagdad en diciembre de 1998 (justo antes de la Operación Zorro del Desierto), se ha convertido en un disidente de su país, EE.UU, con respecto a su política para Irak.
Ya entonces Ritter apoyó aquella operación militar contra Irak, pero acto seguido declaró que EE.UU se había servido para guiar los blancos de las bombas de los informes que él y los demás inspectores de Unscom emitieron, ratificando así las acusaciones de espionaje que se vertieron sobre los inspectores de la ONU a favor de EE.UU, y considerándose Ritter utilizado por su gobierno. El jefe de Unscom, el australiano Richard Butler, fue acusado de estar al servicio de los Estados Unidos.
Ritter ha declarado en septiembre de 2002 que "mi país (EE.UU) puede cometer un error histórico que podría cambiar la dinámica política que ha gobernado el mundo desde el fin de la II Guerra Mundial, si ataca a Irak".
Ritter, exoficial de inteligencia de los Marines de EE.UU, afirmó a finales de 2002 que en el verano de 1995 los inspectores estimaron que Irak había desmantelado el 98% de sus armas de destrucción masiva. A pesar de estar entre los inspectores que Bagdad acusó de espías, dada su disidencia, Ritter fue invitado por Irak en 2000 para regresar y comprobar que Bagdad no había reemplazado su arsenal, y en el verano de 2002 llegó a denunciar en territorio iraquí al Gobierno Estadounidense por tratar de incriminar a Irak en el entrenamiento de Al Qaeda en un aeródromo iraquí repleto de aviones viejos, para justificar un ataque militar.
Antes de que se fuesen los funcionarios de la ONU en diciembre de 1998, la AIEA desmanteló 40 instalaciones nucleares iraquíes (volando incluso algunas de ellas), tres de ellas dedicadas al enriquecimiento de uranio. Destruyó también 38.500 armas químicas, 10.000 toneladas de precursores químicos y más de 400 piezas de equipos industriales dedicados a la fabricación de armas químicas.
A la vista de estos datos, si bien la Admón. Bush Jr. tiene sus propios intereses para atacar Irak, objetivamente es un hecho que el Irak de Sadam Hussein es un peligro para el mundo (aunque no es el único régimen peligroso), y que la sustitución de su régimen, que debiera haberse llevado a cabo en 1991, es algo necesario con ó sin ataque angloamericano.
Es posible que cuando este artículo
sea publicado, en enero de 2003, e incluso mientras usted esté leyendo
estas líneas, las bombas ya estén cayendo sobre Bagdad. Aunque
no fuese así, aunque no se produjese el ataque militar, la desparición
de Sadam Hussein nos beneficia a todos.
|
|
|
| NÓMADAS.7 |
Lorsque l'operateur sont bien informes forex choisir les paires de devises plus exotiques grande variete de plates-formes de negociation