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RESUMEN
En este estudio se exploran las dificultades de una teoría materialista-marxista de la acción. Teoría presente en los escritos marxianos que, sin embargo, sigue necesitada de muchas aclaraciones epistemológicas y ontológicas. Se toman como hilos conductores las reflexiones de G. Lukàcs que, en su obra clásica, Historia y Conciencia de Clase aporta interesantes materiales para la interpretación de la acción. La acción en la historia es la irrupción de lo concreto, tanto en el ámbito de la comprensión como a nivel de ordenación ontológica de la realidad.
NOCIONES GENERALES SOBRE LA ACCION
Un sujeto en acción, es un cuerpo dado en un tejido de relaciones sociales. La acción debe entenderse por apelación a las posibilidades que, de manera limitada, se le abren a ese sujeto corpóreo, esto es, tanto las alternativas determinadas (negadas) como por las condiciones previas posibilitantes.
En principio, la acción de individuos y de grupos puede oponerse a las fuerzas o tendencias de la historia. Tradicionalmente, las ciencias sociales señaladas como "burguesas" por los marxistas (economía marginalista y neoclásica, psicología social, sociología) se han ocupado de la acción --especialmente la conducta intencional individual-- mientras que el materialismo histórico ha centrado su labor en conocer las fuerzas "por encima de las voluntades" humanas. En las últimas décadas, un nuevo revisionismo, el "marxismo analítico" presenta esquemas conciliadores entre el individualismo metodológico de las ciencias sociales burguesas, por un lado, y el estudio de las macrofuerzas de la historia, por el otro. La armonía entre dos tradiciones tan distantes nos parece poco novedosa. Para empezar, no es cierto que autores marxistas clásicos, como Gramsci o Lukàcs hayan desatendido todo género de consideración en torno al papel de las acciones en la historia. Al contrario, en la medida en que precisamente la revolución suponía toda una serie de acciones "conscientes" y "libres" para que ésta se posibilitara y se realizara, ya se debía presuponer la importancia del concepto de acción. Un concepto que no se presenta del modo abstracto en que otras filosofías no marxistas acostumbran, sino ligado a cuestiones concretas dadas en contextos históricos también concretos y con una clara naturaleza "anticipatoria" para que sea la historia misma la que cambie tras un sistema de acciones. Escribe Lukàcs (1):
"Toda acción es, en sí y por sí, una madeja de actos singulares de hombres individuales y de grupos concretos, y puede entenderse con la misma falsedad como acontecimiento "necesario", totalmente motivado por causas histórico-sociales, y como consecuencia de "errores" o decisiones "acertadas" de individuos. Aquella confusa madeja no cobra sentido y realidad más que cuando se la capta en su totalidad histórica, en su función en el proceso histórico, en su oficio mediador entre el pasado y el futuro."
Es el contexto histórico el que dota de sentido a unas acciones que deben ser, valga la redundancia más que nunca, "históricamente relevantes". Las acciones de los animales, que estudia la etología, no poseen ese contexto histórico, no pueden remitirse a una totalidad diferente de la constituida por la evolución biológica. Más aún, muchas "acciones" que estudia la psicología humana pueden excusarse de esta atribución histórica y se incluirán, por ende, y sin especiales problemas, en el contexto más general de la evolución filogenética. En el terreno de la explicación histórica, la acción de personas singulares, ya fuera correcta o errónea con respecto de algún fin, puede entenderse como una con-causa de la situación histórica producida (2). Esa situación histórica concreta constituye un todo, que constará de momentos que se condicionan dialécticamente, entre los cuales Lukàcs señala el fin, la acción y un tercer elemento "mediador": los medios organizativos. Frente al espontaneismo, (atribuido a Rosa Luxemburgo y sagazmente comparado por Gramsci con el elán vital bergsoniano) se han de incrustar las acciones no simplemente como dadas o en floración en el decurso mismo de la vida, espontaneidad que ni siquiera ocurre en muchos comportamientos sociales de los animales, sino incrustadas en un sistema de operaciones, vale decir, en una organización. En una organización (el partido comunista, por ejemplo) no es lo mismo una acción "espontánea" de un miembro cualquiera (por ejemplo, un acto incontrolado) que otra acción (cualquiera) por parte de sus dirigentes. No nos estamos refiriendo meramente a la idea de jerarquía, esto es, al contexto objetivo de unas acciones que "valen más que otras", p. e. en cuanto a sus efectos sociales, en cuanto a su contenido histórico. Nos estamos refiriendo a que las acciones coordinadas en un sistema, en una organización, dependen causal y lógicamente unas de otras. Sin una cabeza, el cuerpo organizado se deshace en una barahúnda de acciones sin sentido. Cada individuo puede emitir "espontáneamente" miles de acciones por unidad de tiempo, acciones como, por ejemplo, rascarse la nariz. Sin embargo no son injertables en los todos históricos que, en cuanto históricos, son precisamente relevantes. Importan las acciones organizativamente encuadrables en un sistema.
La idea absurda de que todo acto tiene una "significación", esto es, que puede ser referida a un todo histórico de atribución, ha sido explotada especialmente por el freudismo, y por todo género de planteamientos psicológicos existenciales al referirse a un todo biográfico, personal. El ciudadano Kane, en la célebre película de Orson Wells dice la palabra "Rosebud" antes de morir y, a partir de ahí, se inicia un proceso de indagación para dotar de significado a esa palabra en el contexto de la trayectoria biográfica de un hombre. La conexión con el trineo de su infancia, o incluso el "motivo" psicológico que le lleva a Kane a acordarse de su juguete en el trance infantil no valen nada si no podemos coordinar el acto (emitir una palabra) con todo un sistema de actos. Y no ya porque la acción remita a un fin, sino porque el fin es el que se explica precisamente en virtud de actos antecedentes, concurrentes, así como por el sistema entero dentro del cual la acción se da y el fin se presenta. El freudismo, al igual que cierto existencialismo y el famoso carpe diem son doctrinas hoy muy populares, quizá por ese afán de encontrar arcanos en cada instante, o quizá por la exaltación de la trivialidad, de la frivolidad. Es como si el tiempo, desmenuzado en unidades nimias, de igual manera que los actos que se despliegan en él, triviales en grado sumo, tuvieran el mismo valor histórico que la decisión de un rey absoluto, de un gobierno, de un partido revolucionario. Es algo así como la "democracia" del tiempo, muy parecida al relativismo (3). En estrecho contacto con esta relevancia metafísica del tiempo tenemos otro problema: la oposición entre leyes inexorables de la economía, y voluntad consciente de emprender la revolución. Oposición que se revela a todo creyente en una "ciencia social" como una tremenda falsedad del pensamiento contemporáneo. La acción espontánea en sí misma considerada también obedece a causas naturales, se puede explicar por medio de una apelación a leyes. Pero si las leyes "naturales" o necesarias de la economía causan determinados movimientos de masas, determinadas crisis, etc., lo que no está plenamente comprendido en tales leyes (y no puede estar enteramente determinado) es el alcance, la dirección y el desenlace de esas crisis y de esos movimientos. Y crisis ha habido muchas en la historia desde los tiempos de Marx.
"Es el proletariado, la acción del proletariado, lo que ha de cerrar al capitalismo la escapatoria desde la crisis. Por supuesto que el hecho de que el proletariado tenga en tal momento la fuerza necesaria para conseguirlo es consecuencia del desarrollo de la economía por "leyes naturales". Pero esas "leyes naturales" no determinan más que la crisis misma, dándole una dimensión y un alcance que imposibilitan el ulterior desarrollo "tranquilo" del capitalismo. Pero la acción no obstaculizada de esas leyes (en el sentido del capitalismo) no llevaría a la desaparición simple del capitalismo, la transición al socialismo, sino que, pasando por un largo periodo de crisis, guerras civiles y guerras mundiales imperialistas a niveles cada vez más generales, conduciría "a la catástrofe simultánea de las clases en lucha", a una nueva barbarie". (4)
Se trata de una interacción "capilar", de una real infiltración de las acciones. Series de sucesos intencionales que, cuanto más conscientes y organizados, más eficaces. Secuencias de actos de las masas condicionadas en el proceso de desarrollo del capitalismo según sus "leyes naturales". Es en ese sentido que la economía política para los marxistas siempre es ciencia histórica, toda vez que debe ir incluyendo en medio de la necesidad "ciega", las anticipaciones de los sujetos, sin que pueda hablarse con propiedad de una separación frente a frente entre estos dos elementos. Están imbricados en cada instante de la historia, en cada acontecimiento "históricamente relevante".
La espontaneidad y el determinismo evolucionista son las dos caras de la misma moneda: el determinismo económico. Este marxismo vulgar, expresado en política unas veces como izquierdismo radicalizado y otras veces como socialdemocracia, es el que da pie a expresiones tan fáciles y sin sentido como: "la economía lo es todo, ella es la que manda"; o también: "las condiciones no están maduras".
En realidad el todo (a comprender, analizar, combatir) es una formación social concreta, irrepetible en el espacio y en el tiempo. La historia es la productora de variedad. La variedad cualitativamente engendrada es la serie de formaciones sociales conocida hasta hoy. Cuando las distintas capas sociales carecen de clara conciencia de su situación ellas se mueven como mero efecto de los desplazamientos del todo (5). Las clases sometidas a lo largo de la historia se han movido por los vaivenes del barco que navega en el proceloso mar del tiempo. Siguiendo con la metáfora, han ensayado en ruta distintos motines. El marxismo revolucionario exige de la parte mayoritaria de una sociedad, clara percepción del momento, para capitanear definitivamente la nave, esto es, gobernar la historia, controlar su decurso. El motor de la historia es un concepto abstracto, es el modo de producción. Pero éste concepto -debido a Marx- pide internamente ser "engranado" con otras estructuras y superestructuras. Para que la revolución, como novedad histórica, represente el cambio radical en el modo de producción ha de darse un "control consciente". Esta conciencia colectiva del cambio, este control, es la novedad más importante en la serie histórica de los modos de producción.
Pero las distintas capas sociales no sólo experimentan movimientos y vaivenes en la historia, sino también en las coyunturas del presente. Lukács era muy claro respecto al papel de lo que, en terminología marxista clásica eran los "pequeño-burgueses", hoy la clase media. Esta clase era la que –de vez en cuando-- se veía condenada a una "muerte social", por obra de la incesante acumulación de capital en unos pocos centros, y la creciente proletarización de casi todo el mundo. En este sentido, la "muerte social" del pequeño-burgués no ha sucedido por el curso del capitalismo. La salvación momentánea de este sistema, desde 1917, ha consistido, efectivamente en el "primer mundo", en la extensión de esa capa media, contrarrestando el poder de los obreros, ampliando el consumo, haciendo de una muchedumbre un enjambre, podríamos decir, de pequeños capitalistas. Pero se suceden las crisis, y según alguna de éstas muestra rasgos más alarmantes, las capas medias --acostumbradas a las mieles agradables que les ofrece el sistema—se conmueven y mutan al verse amenazadas de una recaída en el proletariado. Quienes son los más proclives a erigirse en actores de una revolución, pueden apuntarse al carro de ésta, o bien girar en un sentido claramente contrario, militando en las filas de la reacción. Ante una crisis, se despiden obreros de las fábricas, pero igual que se expulsan trabajadores hacia fuera de la producción, es previsible que el estado idee cataplasmas para que el orden social no se vea conmovido (subsidios, recolocaciones parciales, jubilaciones anticipadas). Pero una clase media amplísima que, sobre todo a escala generacional, se perciba en trance de muerte social, es algo a tener en muy en cuenta de cara a futuras revoluciones. Hay que bucear en el por qué, el cómo y el qué de la acción. La muerte del proletariado clásico incluye la proletarización de un mosaico muy variado de elementos sociales. La teoría del acción de los marxistas, muy ligada a su estrategia de partido único en vanguardia, exige revisión. Pero ¿qué nos dice la ciencia sobre este extraño concepto, la acción?
LA EXPLICACION CIENTIFICA DE LA ACCION
La acción puede ser explicada por causas antecedentes y causas concurrentes, ambas de tipo ambiental tanto como (neuro)fisiológico. El término normalmente empleado es, en estos casos, conducta. Pero también la acción demanda una comprensión lógica. Esto es, aún desconociendo las causas exactas que anteceden y/o concurren a la acción, interesa comprender qué tipo de nexos lógicos, en términos de coherencia, racionalidad, etc. se dan entre esa acción y las otras. Entre las acciones pueden establecerse nexos en virtud de una comparación o contraste de una acción determinada --tomada como referente--- y otras acciones que, o bien se erigen en forma de posibilidades alternativas, o bien se alzan como enfrentadas, contradictorias, des-contextualizadas, por relación a la primera. Es decir, en esta comprensión lógica --que no causal-- nada o muy poco sabemos acerca de por qué fulano obró de tal y tal manera, pero podemos esclarecer algo de su conducta en virtud de esos contrastes con acciones dadas o posibles.
El modelo neopositivista estándar para la explicación de las acciones, adopta la forma silogística, forma denominada por Hempel (6) modelo nomológico-deductivo. Se basa en la conjunción de leyes ya establecidas por la ciencia, en cualquiera de sus ramas (L), de ahí viene la nomologicidad, y hechos particulares observados (C). La apelación a las causas se hace sólo con respecto de hechos particulares, no a los hechos universales y ni siquiera es necesario aportar causas para una rigurosa explicación científica. El énfasis en el cariz deductivo de la explicación se expresa por medio del formato silogístico del modelo hempeliano. Las leyes de la ciencia son las premisas universales, y las conductas (o hechos, en general) particularmente observadas constituyen las premisas menores a conjuntar. Estas premisas, universales y particulares, forman el explanans, esto es, el conjunto de hechos y leyes que sirven al científico para la explicación de algo, p.e. un hecho histórico. Este hecho, hambriento de explicación, es el explanandum.
L1, L2, L3.............................Ln
C1,C2,C3.............................Cn
____________________________
E (explanandum).
Lo explicado, de esta guisa, tiene la forma de una conclusión. El explanandum se sigue necesariamente a partir de las leyes generales establecidas, así como de condiciones particulares observadas. Tanto las premisas universales como las premisas acerca de hechos o condiciones particulares deben ser formuladas como oraciones. Nuestra conclusión, el explanandum, es una oración extraída necesariamente a partir de oraciones puestas antecedemente, y que debían llevarnos a esta conclusión, si nada ha ido mal en nuestras descripciones. Lo que explicamos no es simplemente un acontecimiento, sino un acontecimiento con arreglo a una descripción determinada. Así pues, podemos decir que el modelo hempeliano es silogístico no sólo en cuanto a su estructura lógica (premisasà conclusión), sino --a fortiori-- es oracional, fundado en descripciones lingüísticas, tal y como eran formulados clásicamente los silogismos.
Pero, se aduce con frecuencia, conocer la estructura lógica de una explicación científica sirve de muy poco si esta es relativa o dependiente del modo en que hagamos las descripciones, ya que éstas pueden verse muy viciadas por prejuicios, distorsiones, ideologías, etc. y esto es así especialmente en las ciencias sociales. Una palabra muy querida por los sociólogos y psicólogos sociales es la de "interacción" para referirse tanto al proceso de levantar acta de los hechos particulares Cx, como a la hora de apelar a las redes de observaciones y conceptos asociados con cada hecho que recíprocamente actúan sobre el establecimiento de los hechos concretos. No sólo hay leyes universales (L) y hechos particulares (C), sino que cada Cx se extrae a partir de unos procesos en sí complejos, que remiten a la toma en consideración de los contextos en que se levanta acta de un acontecimiento. En la explicación científica habrá que tener en cuenta esas "inferencias contextualizadas", es decir, aquellos elementos ambiguos, mal definidos, incompletamente delineados pero que son valiosos en su inter-acción. Pero si hay inter-acción, si entran en juego elementos que se van apoyando y reforzando unos sobre los otros, procesualmente, el esquema lineal y descendente de estilo hempeliano ya apenas tiene utilidad para la explicación en la historia así como en las ciencias sociales y de la conducta. Cada una de las Cx de su silogismo remite a una maraña de conceptos, juicios y observaciones que permanecen en la penumbra del silogismo, pretendidamente lineal. Por así decir, las Cs esconden círculos de relaciones y transformaciones recurrentes. Y con respecto a las leyes (L), estas constituyen un auténtico engorro, puesto que las explicaciones más anheladas (y posibles, de facto) en ciencias sociales son aquellas que se ven fuertemente restringidas por los contextos particulares de acción social, contextos difícilmente transportables y muy delimitados por las claúsulas ceteris paribus.
Debe advertirse que la objeción al modelo hempeliano, según se ha expuesto arriba, no consiste en plantearse cuestiones relativas a la certeza o incertidumbre de los hechos conocidos históricamente, cuestión a la que Hempel, atendió desde un punto de vista probabilístico. La certeza de nuestros conocimientos, en cualquier rama de la ciencia --y no sólo en la historia-- podría ser expresada mediante una probabilidad subjetiva o grado de credibilidad racional que alberga un sujeto acerca de la conexión o referencia del explanans por respecto al explanandum. De tal manera que en el conocimiento que un sujeto posee de los hechos históricos no tiene por qué verse alterado el esquema lineal, silogístico, con la sola introducción del término creencia (de un sujeto), o probabilidad subjetiva, para referirse al hecho de que el sujeto gnoseológico, en realidad, establece correlaciones entre acontecimientos y que, según la frecuencia, asigne mayor o menor probabilidad a una oración explicativa. Se trata del mismo silogismo nomológico-deductivo, con la diferencia de que las leyes son probabilísticas, y la consecución deductiva-lineal está generada por un mecanismo empírico de extracción de regularidades.
La crítica expuesta anteriormente, no tiene que ver con la asignación de probabilidades o grados de certeza, sino con la misma estructura lineal de este modelo de explicación. Se trataría de destruir esta linealidad descendente que iría desde las leyes hasta los hechos concretos, destrucción por medio de las "inferencias abductivas" u otros mecanismos de trámite operatorio recurrente, o si quiere, de circularidad entre hechos concretos y esquemas teóricos legaliformes. Esta mayor complejidad en la reconstrucción de explicaciones históricas, es la que parece venir implicada, por ejemplo, en algunas de las filosofías "narrativistas" de la historia. El propio Hempel apeló al concepto de "bosquejos explicativos", y a otras rectificaciones que introdujo en su filosofía de la historia, y no a una rigidez de modelo nomológico-deductivo homologable con las ciencias físicas.
Según la exposición de Carnap (7), habrá que distinguir también entre hechos y leyes. Los hechos son singulares, mientras que las leyes serán enunciados universales. Las leyes pueden ser empíricas y teóricas. Carnap, Hempel y otros neopositivistas entendían que la ciencia busca explicaciones por medio de leyes. Según Carnap, cuando a menudo se ofrecen explicaciones por medio de hechos, en realidad, si son científicas, constituyen modos "elípticos" de ofrecer unas explicaciones por leyes. A menudo éstas parecen tan obvias que se suprimen, aunque lógicamente forman parte de las premisas de una explicación.
He aquí el esquema de toda explicación, según Carnap:
1. (x) (Px-->Qx).
2. Pa.
3 Qa.
Si decimos que el objeto a tiene la propiedad Q, ello se debe a que '1' es el enunciado de una ley universal que se aplica a cualquier objeto x. Existen algunas leyes universales que no son empíricas y nada nos dicen sobre el mundo, pues tan sólo versan acerca de las relaciones que rigen entre los conceptos. Estas son las leyes de la matemática y de la lógica.
En cambio, las leyes empíricas, si bien no poseen tanta certeza como las leyes lógicas o matemáticas (enunciados analíticos), sí pueden brindar información acerca del mundo. Por contra, las leyes matemáticas y lógicas no precisan estar refrendadas por la experiencia. Ellas serán verdad en cualquier mundo "concebible", o más rigurosamente, en cualquier mundo posible. Estos mundos posibles son aquellos que se pueden describir sin contradicción lógica. Se echa de ver que esta noción es de gran utilidad para nuestra inicial definición de las acciones, en el sentido propuesto. Las acciones, además de darse en un tejido causal en el que puedan certificarse determinadas relaciones de antecedencia y copresencia, se han de dar en un tejido de posibilidades (o mundos posibles), toda vez que un sujeto S tomó una opción en lugar de otras tomadas de entre las alternativas posibles. El conjunto {a, b, c...} puede ser considerado el abanico de opciones que a un sujeto se le presentan, y ellas coexisten como posibilidades lógicas a tener en cuenta sin dañar una explicación determinista.
Las explicaciones, según Carnap, por muy respetables o convincentes que sean, no son explicaciones científicas mientras no incluyan o proporcionen leyes empíricas o nos puedan conducir a nuevos enunciados (predicción). Básicamente, la estructura lógica de una explicación científica y la de una predicción científica, es la misma:
1. (x) (Px-->Qx)
2. Pa
3. Qa.
Ahora bien, todo depende de que Qa, que se sigue lógicamente de '1' y de '2', sea un hecho ya conocido o por conocer.
3. Qa 1 (Conocido): explicación.
3. Qa 2 (aún no conocido):
predicción.
Los términos directamente observables son los que forman parte de las leyes empíricas (a veces, denominadas "generalizaciones empíricas"), términos que se captan de forma directa por los sentidos, o bien, por medio de operaciones relativamente sencillas. Las leyes teóricas contienen términos teóricos y no proceden de una generalización de hechos, sino como hipótesis a contrastar. Una teoría, según la exposición carnapiana, además de no haber sido refutada, puede ser más o menos potente en virtud de su capacidad para predecir nuevas leyes empíricas. Los hechos, ya sean de interés histórico o de incumbencia de la ciencia física, son inseparables de descripciones (lingüísticas) así como de percepciones y demás operaciones del sujeto que los maneja. Muchos neopositivistas postulaban un "diccionario", unas "reglas operacionales", o unas "reglas de correspondencia" para vincular las leyes teóricas con las empíricas. Un sistema teórico como el de la Física queda abierto necesariamente a nuevas reglas de correspondencia. Siempre se pueden agregar nuevas reglas de correspondencia. Frente a estas leyes empíricas, situamos otra clase de leyes distintas: las teóricas (a veces, se las llama "leyes abstractas o hipotéticas"). Se van a diferenciar de las empíricas en virtud del tipo de términos que contienen: términos teóricos.
Se comprende que en este modelo de explicación neopositivista, la Historia sale muy mal parada, puesto que, si bien es una ciencia que no se ve exenta de términos observables directamente por parte de algún sujeto (documentos, restos arqueológicos) estos ensamblan muy mal entre sí para dar lugar a leyes empíricas, de modo que difícilmente se podrán hacer correspondencias con el marco teórico. Más bien parece como si los marcos teóricos precedieran a la propia búsqueda y hallazgo de términos observacionales, y que sin ellos, tal ensamblaje carecería de sentido. Cuando se emprende una excavación arqueológica, por ejemplo, esa empresa siempre se respalda con una "teoría" que avala su pertinencia, su emplazamiento, sus dimensiones, las fases cronológicas en las que se inscribe, etc. Un hallazgo guiado por la teoría se asemeja, ciertamente, a una "predicción", pero la teoría que nos facilita emprender nuevas operaciones no está sino forjada y contrastada por medio de excavaciones previas, relaciones documentales, estudios geográficos, etc. La circularidad entre empiria (observación) y teoría se hace mucho más evidente en este ejemplo, invalidando el modelo de las reglas de correspondencia, cuando en la historia y en las otras ciencias sociales, el "material humano" de la historia no puede quedar completamente saturado por los restos materiales, y lo que queda por reconstruir es esa sustancia tan "etérea" (para algunos) como pueda ser aquella que se compone de acciones. ¿Cuáles son los términos observacionales de unas acciones que, o bien se han dado en el pasado --y por tanto ya no quedan sujetos que las perciban, o que aun siendo presentes y hasta recurrentes, no pueden quedar suficientemente reflejadas por la percepción cotidiana en orden a la extracción de leyes?. Por ejemplo le rogamos que piense Vd. en un acto de compra-venta. Todo el mundo ha visto un mercado, una tienda, todos hemos participado en algún género de relación comercial. Pero esa experiencia "cotidiana", esa conducta emitida por cada uno, no le faculta en la intelección de las leyes de la Economía Política, por más que exista "experiencia inmediata" de la misma. Los intercambios comerciales sólo se "explican" en marcos abstractos, mediante conceptos necesariamente teóricos en orden a explicar conductas particulares que pueden ser trivialmente únicas, irrepetibles, hechos "idiográficos". Pero sus rasgos irrepetibles e idiosincrásicos, en cuanto que actos económico-políticos en los que se forman, constituyen una clase, y por ende, una abstracción situada por encima de las múltiples peculiaridades que millones de intercambios exhiben cada día, y así, constituyen esos actos la clase de los conceptos de la Economía Política. Aquí no hay más que "leyes teóricas" (conceptos, categorías) interactuando y moldeando desde el principio sobre un material que los seres humanos conocían de sobra desde antiguo, pero un material que se va concibiendo con perfección creciente precisamente a resultas del propio devenir histórico del material.
La frecuente objeción a la historia, basada en el argumento de la irrepetibilidad de los acontecimientos históricos, por contraste con los hechos físicos y químicos, debe manejarse con mucho cuidado, pues suele entenderse como premisa ontológica, como un artículo de fe metafísica en el que –sin embargo- no es obligatorio creer. Desde luego, actos humanos, hechos históricos, bien sean individuales o colectivos (Bruto asesinando a César, o la Batalla de Lepanto), son materiales indiscutiblemente idiográficos. Se han dado una vez, y eso basta. Sin embargo, no se ve la forma en que racionalmente puedan encajarse los hechos idiográficos en explicaciones científicas que, necesariamente, para ser homologables a las explicaciones de la física y de la química, no puedan conectar sino clases de hechos o términos. Cualquier explicación debe componer o relacionar clases (abstractas, por tanto). Es absurdo fundamentar, por ejemplo, la mecánica en el choque de bolas, digamos, rojas y amarillas como las que tengo aquí y ahora, perceptibles en mi mesa de billar. Esa mesa, esas bolas con sus características gnoseológicamente triviales, pueden constituir uno de los contextos determinantes y concretos de una explicación científica. Pero la explicación científica debe superar, remontar, las condiciones hic et nunc. Una explicación propia de la ciencia mecánica (clásica) debe conectar propiedades como el movimiento, la velocidad, el momento, etc. de esas masas materiales, y (sólo) con tales propiedades y no con otras componer el concepto de fuerza (concepto abstracto, sino es por su relación con las propiedades mencionadas). En toda conexión explicativa debe tomarse en cuenta que también se incluyen segregaciones (por simplificación, digamos que el color de las bolas es irrelevante --y por ende, neutralizable) en la mecánica.
Un modelo de explicación común a la física y a las ciencias humanas supone alcanzar el ideal de una ciencia única, que difiere tan sólo en sus objetos --cuestión ontológica o metafísica de la cual uno podría desinteresarse. La psicología sería, en realidad, una descripción fisicalista del funcionamiento del cerebro y de la conducta, centros etiológicos de la acción, y la historia humana sería toda ella un fragmento de la historia cósmica. Para llegar a esto, hay que inventar un lenguaje nuevo. Otto Neurath (8), hablaba de la necesidad de construcción de una "jerga universal", la cual salía al paso del modo "absoluto" u ontológico ("material", dirá Carnap) de hablar, propugnando, en cambio, un modo "fisicista":
"...cuando lo que acentuamos es su total caracter espacio-temporal y agregacional, y que también puede llamarse 'terminológico', cuando lo que acentuamos es el hecho de que no iniciamos discusión y meditación alguna con aserciones ontológicas, sino con la comparación de enunciados con enunciados y con el análisis terminológico de los mismos" (9)
La historia, la sociedad, la economía, etc. se entenderán como un inventario de hechos conductuales, que a su vez, en cuanto son registrables en el tiempo y en el espacio, no poseen ninguna particularidad --a efectos de descripción en la nueva jerga-- frente a los hechos de otras ciencias rigurosas cualesquiera. Neurath hace uso de expresiones como las siguientes: "conglomerados", "agregaciones" Estos términos parecen implicar una "suma mecánica". La Ciencia Unificada, por "agregación", se instaura bajo la forma de una "Historia Cósmica" (10) ,de la cual las ciencias particulares constituyen o recorren unos fragmentos (compilan o enuncian ciertas oraciones fácticas contrastables: "enunciados", statements), parcialmente consistentes.
La ciencia unificada era una utopía irrealizable, un desideratum. Ahora bien, muchas veces importan más las transformaciones y críticas que una filosofía determinada emprende en su camino, que el propio destino al que se pretende llegar. La tesis importantísima de Neurath consistió en poner la sociología del lado de un conductismo social, con la implícita negación de la sociología como "ciencia del espíritu". En su evolución, estas disciplinas humanísticas habrían conocido el lastre descriptivo. El fallo estriba en la falta de un lenguaje adecuado para las mismas. La sociología fisicalista no consistirá en una mera traslación de las leyes de la física a los grupos y agentes sociales, sino que se trataría de buscar las leyes propias de una ciencia de la conducta social, descrita la conducta como conjuntos de fenómenos que acaecen en el espacio y en el tiempo, por tanto, fenómenos que son físicos como cualesquiera otros. En este sentido, creía Neurath que el materialismo histórico sería reconciliable con ese lenguaje fisicalista, sobre cuya traducción podrían caber las predicciones precisas que aproximarían la ciencia social e histórica a la ciencia física. Dado el modo de producción X, se podrá predecir el desarrollo de las fases 1,2,3..., y , a su vez, la conducta religiosa, política, ideológica, etc. a partir de aquella configuración o base X. Hay que hacer notar que esta misma noción neopositivista de la ciencia, que concibe la predicción como (¿único?) Criterio de "ciencia", opuesto a la metafísica o a cualquier saber no-científico, es la que ha servido a los adversarios del marxismo --muy especialmente Karl Popper-- para denunciar las profecías fallidas de Marx y de sus continuadores. Si el modo de producción capitalista no se ha derrumbado en la forma predicha por el marxismo, éste no es ciencia. El marxismo queda "refutado". Ahora bien queremos subrayar que la predicción no es el proceso más relevante en las ciencias, y no sirve como criterio discriminativo entre lo que es científico y lo que no lo es. De otra parte, el materialismo histórico es algo más que un corpus de enunciados, disponibles de tal modo que se verifiquen ciertas predicciones acertadas. Con toda la ideología y toda la "visión del mundo" que contiene, lo importante de sus teorías es la potencia gnoseológica, digamos, la superioridad explicativa frente a otras teorías de rango más limitado y menos aglutinador.
No se trata, pues, de abatirnos ante el hecho de que nuestras teorías sociales estén contaminadas ideológicamente, ya que acaso sea consustancial de dichas teorías tener que incorporar configuraciones ideológicas. De lo que se trata es de saber qué configuraciones tienen mayor capacidad de absorber o incorporar a las restantes. Si en un determinado momento, la ideología del proletariado es capaz de imponerse políticamente a la de la burguesía, además debe ser capaz de absorber esas configuraciones adversarias suyas, de comprenderlas. La filosofía del proletariado, asimétricamente, abarca ya la de la burguesía, y la supera partiendo de ella. El marxismo no sólo condena los crímenes y absurdos del modo de producción capitalista, sino que los toma como imprescindible requisito para llegar al socialismo, y de éste al comunismo. La potencia de la ciencia y técnica burguesa queda abarcada y superada en el nuevo marco del materialismo histórico, no simplemente negada.
Un enfoque dialéctico de la ciencia histórica no puede utilizar herramientas epistemológicas ajenas a la dialéctica, criterios confirmacionistas, falsacionistas, etc. relativos a la comparación y evaluación meta-teóricas. Antes bien, requiere de una lógica de la comprensión, en la que unas visiones son más capaces que otras a la hora de asumir respuestas válidas y problemas diversos. El marxismo es más bien una hermeneútica que un corpus de leyes explicativas y predictivas, al estilo positivista, aunque también contiene tramos de valor explicativo-causal y predictivo. Las teorías no se desechan o se confirman bajo decreto, como suelen hacer los filósofos analíticos y popperianos. Se trata de hacer un análisis de las contradicciones (11). Las contradicciones de la sociedad sólo pueden resolverse por medio de su inclusión en "paisajes intelectuales" más amplios. La comprensión se entiende así como herramienta de toda acción política, que nunca es revolucionaria a su vez dentro de horizontes estrechos.
UNA CIENCIA SOCIAL DE LA ACCION
Como se podrá apreciar fácilmente de las líneas anteriores la unidad de la ciencia se barruntaba incluso antes de que se hubiera podido construir un lenguaje aglutinante. Esta unidad utópica, intencional, venía asegurada por el imperialismo del concepto de "hecho", tomado como elemento básico de todo conocimiento, a lo largo de la tradición empirista-positivista. Un hecho es la aceleración de una partícula física, un hecho es el estornudo que acabo de dar, un hecho es la Gran Depresión de 1929, etc., etc. Una epistemología general trataría de los procedimientos científicos comunes de recolección o agregación de hechos en general, en orden a explicarse el conocimiento de "algo". Una epistemología particular, la de la historia, pasaría por aplicar aquellos esquemas comunes o genéricos al caso (generalmente rebelde) de los hechos históricos. Con lo cual, el empirismo y el positivismo incurrirían en contradicción, dado que por un lado, un hecho historiable como la batalla de Lepanto estaría dado al lado de otros en la naturaleza, pero, de otra parte, con el esquema genérico del que nos valíamos para conectar los hechos en forma de leyes, no se consigue quizás particularidad alguna.
El positivismo y el historicismo, escuelas ambas que insistían en los "hechos" y en operaciones bastante simples de recolección, no pudieron explicar nada, y tan sólo alcanzaron a repetir trivialidades. Estamos hablando de una ciencia cuyas verdades (o hechos) incontestables carecen de interés gnoseológico o explicativo. El problema con los "hechos" es que ellos nos remiten a lo dado, a algo acabado y que se suelen presenta al historiador sin más discusión. Es falso que los hechos simplemente se sumen, se encadenen. Los hechos ya reunidos, y según un cierto esquema, ya están siendo "interpretados" precisamente por referencia a esas estructuras más amplias. No pre-existen los esquemas, las estructuras amplias, envolventes con respecto a unos hechos que las van rellenando. Las propias estructuras se van transformando según qué unidades factuales las compongan, y según qué modo de composición se emplee, y a su vez el contenido empírico de cada "unidad" depende enteramente del contexto o estructura en la que se injerta. Esto lo ha visto muy bien, entre otros, Lukàcs al criticar el empirismo histórico:
"Ese empirismo cree que cualquier dato, cualquier número estadístico, cualquier factumbrutum de la vida económica es un hecho importante. Con eso pasa por alto que ya la enumeración más simple, la acumulación de "hechos" sin el menor comentario, es una "interpretación": que ya en esos casos los hechos han sido captados desde una teoría, con un método, tomándolos de la conexión vital en la que originariamente se encontraban, arrancándolos de ella e insertándolos en la conexión de una teoría". (12)
La irrepetibilidad de los hechos históricos, o su individualidad irreductible, ha alimentado con energía a una escuela "historicista" (Dilthey, Rickert) no tan ajena a unas mismas premisas compartidas con los positivistas y neoempiristas: la ciencia versa sobre lo general, mientras que la historia y el arte tratan sólo de lo particular. El argumento de la repetibilidad ha venido asociado a la idea positivista (compartida por la escuela historicista) de que la ciencia faculta la realización de predicciones, mientras que otros saberes se ven privados de tal capacidad. En el esquema hempeliano, los eventos se vinculan por medio de partículas causales (Tal cosa ocurrió porque tal otra se dio). Estos porqués involucran la idea de necesidad. Es precisamente por medio de esta idea de necesidad por lo que en las ciencias se puede (operatoriamente) realizar predicciones. En el antecedente, figuran una serie de condiciones. Sólo algunas de esas condiciones se llamarían con entera propiedad "causas", mientras que en el consecuente figurará el hecho histórico hambriento de explicación. Presumiblemente, a veces bastará con una mera enumeración de "condiciones" --sin resaltar causas entre ellas-- para que una explicación histórica reúna los requisitos del modelo nomológico-deductivo. Incluso, rebajando la "carga" o los compromisos ontológicos (contraídos con las ideas de necesidad, determinismo, etc.), no sólo habría explicación histórica con la enumeración de condiciones, sino por medio de las "explicaciones teleológicas", explicaciones éstas que, por encima de sus diversas diferencias internas, no requieren del necesitarismo. La necesidad se opone a la libertad, pero la libertad (las más de las veces) viene equiparada a la idea de intencionalidad. La noción de acción (la conducta intencional) no requiere de un aporte de causas para su comprensión, para su inteligibilidad. En este sentido, la ciencia intencional se aproxima a las tesis de la hermenéutica. Es mucho más importante en la ciencia histórica y social entender las acciones en su contexto, en su vinculación lógica y psíquica con las otras acciones y sus resultados. Una acción consta de aspectos internos (voluntad, intención), manifestaciones externas (conducta corporal, movimientos) y de sus resultados (obras externalizadas, objetivadas a resultas de los otros dos aspectos mencionados). En realidad, la acción es la unión de estas tres fases o aspectos. Es un agente el que proporciona unidad entre tres aspectos tan diferenciados. El agente despliega sus voliciones, las acciones y sus obras, con las que está lógicamente conectado como sujeto y como centro etiológico. El aparato explicativo-teleológico es básicamente el aristotélico. Se resucita ahora la noción de "inferencia práctica", según la cual la acción resulta de un entralazamiento de medios y fines. La provisión de medios (en el pasado) no explica causalmente los fines (en el futuro). La provisión de medios, que tales cosas a, b, c... ocurrieran, está conectada teleológicamente con el fin, pero no hay una conexión necesaria del tipo de la requerida por la causalidad determinista. En realidad, el agente apunta o se dirige (intencionalmente) al objeto o fin.
El "giro lingüístico", y las críticas de Gadamer al metodologismo de las ciencias sociales (que él insiste en denominar "ciencias del espíritu", aunque no necesariamente espiritualistas) han marcado las tendencias de la filosofía de la historia, dominantes por la crisis del neopositivismo y de los ideales de la "ciencia unificada". El auge de la hermeneútica y del narrativismo entroncan ahora con la propia evolución de la rama antipositivista de los filósofos analíticos, quienes apelan repetidamente al intencionalismo, la teleología y se oponen, dicen ellos, al imperialismo metodológico de las ciencias físicas y exactas ejercido sobre todas las demás disciplinas, especialmente las ciencias sociales e históricas
Recolectar hechos, en sí puros, para hacer un simple inventario o retahíla, como remedo de construcción o discurso histórico, abre las puertas a la arbitrariedad. Claramente, si el hecho ya aparece como un término purificado, la construcción (oraciones, teorías, explicaciones, discursos) realizada por el historiador, en cierto modo, dependería de él, como sujeto. En otras ciencias sociales, algo parecido ocurre con el uso de la estadística y la "operativización" de variables. Conceptos o fenómenos sociales que no están nada claros, se recortan o se definen estipulativamente de un cierto modo con el fin de que su manejo numérico pueda darse, y así la búsqueda de relaciones entre agregados sea accesible al tratamiento matemático. La cuantificación en ciencias sociales aparece como un camuflaje mediante el cual el investigador podía, prácticamente, demostrar aquello que le viniera en gana mediante unas cuantas tretas y argucias en el uso de la información estadística. Operativizar variables de forma estipulativa o convencional, y albergar la ilusión de los "hechos puros", han sido estrategias que depositaban una pretendida objetividad indiscutida en los mismos ladrillos del edificio científico, actitud típica del positivismo, para luego hacer del mismo edificio lo que más interese a determinados motivos ideológicos, o incluso aquello que pueda satisfacer la arbitrariedad más absoluta.
No obstante, hay un punto todavía que interesa señalar. La aplicación de enfoques (neo) positivistas y de modelos de explicación nomológico-deductivos, difiere sustancialmente según se trata de la acción humana en general, o de hechos histórico-sociales en particular. En el primer caso, parece como si tuviéramos más presente la realidad corpórea de un sujeto, o grupos de sujetos, de cuyas operaciones resultarán los "hechos" a investigar o explicar. En el segundo caso, parece como si los sujetos corpóreos ya estuvieran incluidos en los propios hechos históricos o sociales, demandados como partes materiales de esas unidades fácticas de estudio, aunque formalmente no aparecieran sino como entidades difuminadas. Un ejemplo: La acción de Bruto asesinando a César. Esta acción tiene la estructura descriptiva de un "juego" entre personajes, entre actores que son humanos, quienes poseen (presuntamente) intenciones, nombres propios, motivos particulares, son sujetos portadores de responsabilidad, etc. Ahora bien, el "hecho" del imperialismo romano, aunque incorpora actores protagonistas --y multitud de actores anónimos--- desborda por completo las atribuciones de responsabilidad, intención, etc., de cada uno de ellos, de ahí la necesidad, más bien, de apelar a "leyes históricas", o por lo menos, "fases" o "tendencias" del hecho complejo tomado en sí, como hecho con una forma impersonal, y no como acontecimiento cortado a la escala de un sujeto o grupo de acción que participa desde dentro. Esta reaparición de los sujetos "con personalidad" en la historia, frente la impersonalización de las ciencias sociales, es una tónica constante y, en la práctica, no hay una disciplina en el ámbito de la ciencia humana que se libre completamente de tal dualidad. Las dos estrategias, (i) con sujetos resaltando sobre el fondo, o (ii) con un marco, fondo o ambiente difuminando sus actores, pueden concebirse como "momentos" en el curso de desarrollo de la categoría científica en cuestión. Los dos momentos pugnan a lo largo de la evolución de cada disciplina, si bien ha prevalecido el enfoque "impersonalista" propio del positivismo y, en general, del metodologismo. Este enfoque afirma que no puede haber ciencia sobre lo "particular", puesto que la ciencia es búsqueda de leyes, y las leyes remiten a causas. Sería en extremo difícil hacer de la historia una ciencia puesto que en la historia se relatan hechos particulares. Tal parece haber sido la objeción aristotélica a la cientificidad de la historia. Rickert y otros historicistas también hicieron suya esa línea de objeción y así fue que emprendieron una auténtica revolución antinaturalista. Para Rickert, el método histórico era individualizador, mientras que el método científico-natural trabajaba con conceptos de tipo universal. Esta distinción abrupta, como se echa de ver, estaba basada en supuestos ontológicos indiscutidos, propios de un realismo "fundamentalista", al que había de obedecer toda la gnoseología. Nos parece que es en este preciso asunto en el que algunos neokantianos regresaron con respecto a su maestro al escolasticismo, al ontologismo realista y dogmático. La Historia tratará de procesos únicos, procesos intransferibles, irrepetibles por causa de una individualidad de los mismos, individualidad ontológica y radical. La batalla de Lepanto puede compararse con docenas de batallas navales a lo largo de la historia, pero aquella se ha dado como una individualidad absoluta. Esta individualidad se parafrasea con la idea de la concreción. Marx decía que lo concreto es la concentración de muchas determinaciones, o sea, una unidad de lo múltiple, Los hechos históricos son "concretos" en el sentido de que esa unidad, aunque contenga elementos universales reunidos, supera la mera asociación de los mismos. En nuestro ejemplo: en la batalla de Lepanto se reproducen las leyes mecánicas y físico-químicas que rigen la navegación de los buques, el estallido de los cañones, el desplome de hombres convertidos en cadáveres, trocados en "pesos muertos", etc. Pero esa reunión de millones de eventos físico-químicos no puede dar lugar a una concreción que, si se nos permite hablar así, "desborda" lo universal. Aquí, el realismo aristotélico, el énfasis en lo concreto, se ha rebelado contra las ideas y los universales, que ahora parecen esquemas huecos, carentes de relleno material. Lo concreto, único e irrepetible, es lo "rico", lo preñado de materialidad diversamente determinada. Una batalla u otro hecho histórico cualquiera es un todo concreto, una unidad, que desborda la mera congregación de las formas.
CONCLUSIONES, QUE SON PUNTOS DE ARRANQUE PARA LA ACCION
Parece que una relectura de las tradiciones, al margen de dogmatismos de escuela, posibilita una revisión del concepto de acción, que es un eje fundamental en la filosofía de la historia y de las ciencias sociales, y desde luego para el Materialismo Histórico, por cuanto que sólo el hombre hace su propia historia. De la mano de Lukàcs, podemos ir viendo como la comprensión incluye la incorporación dialéctica de teorías (analíticas, neopositivistas, historicista) y visiones sobre la acción social. La totalidad social constituye el horizonte último en el que se van insertando visiones asimétricas, incompatibles, que de su destrucción recíproca (no sólo intelectual, sino también práctica-política) y de la expansión y cruce de horizontes, brota una teoría crítica de la acción que a su vez constituye una guía para la misma.
El marxismo ha perdido su hegemonía en la mayor parte de las disciplinas humanísticas y sociales. Quizás en ello tenga que ver la superficial adhesión a su doctrina por parte de una intelectualidad universitaria preocupada a su vez de catecismos de no-adhesión a las consignas franquistas de los últimos años de dictadura, y en la transición. A partir de dos o tres figuras señeras en cada campo, hoy imparten docencia muchos epígonos de los epígonos, así como nuevos reclutas que de forma masiva se incorporan a departamentos inflados donde se han perdido las propias referencias, y desde luego se ignora vergonzosamente la historia y la necesidad de compromiso militante. Naturalmente, hay que hacer excepción de no pocas (mas minoritarias) figuras intelectuales excepcionales, y hay que decir igualmente que el lector de estas líneas puede sentirse más feliz si él se cree poseedor del derecho a figurar en esa lista de excepciones. Pero el panorama de la ciencia social, humanística, filosófica e histórica en este estado demuestra en las últimas décadas una gradual y selectiva eliminación de los planteamientos marxistas críticos y, desde luego revolucionarios. Por supuesto, no hay que descartar nunca el papel directamente causal que ejercen las agencias mundiales de control de la "calidad" de los trabajos científico-académicos, la orientación que ofrecen los grandes centros de financiación de proyectos –incluído el Estado mismo. La abusiva penetración de modas intelectuales anglosajonas ha sido un dato demasiado evidente en los últimos 25 años, frente a la bibliografía escrita en otros idiomas europeos, que se torna cada vez más local y periférica. La labor misionera y expansiva que ciertas cátedras de Filosofía Analítica, por ejemplo, han realizado por todo el territorio hispano, se ha ejercido de un modo arrogante comparable al que Imperio Británico ejerciera sobre exóticas colonias de salvajes. El auge del análisis factorial, del operacionalismo estadístico y de los enfoques computacionales ha servido en las últimas décadas para convertir, por fin, en "científicos" a unos académicos (sociólogos, psicólogos, pedagogos, etc.) que, de lo contrario, nada sabrían hacer con sus viejos enfoques "comprensivos", "fenomenológicos", "dialécticos" o "subjetivos". Pensar, o lo que viene a ser parecido, hacer investigaciones librescas, no sirve para nada según El Pentágono, pues estos datos no numéricos resultan intraducibles en su camino desde la Periferia hasta llegar al Centro. Sufren distorsiones hermeneúticas al traspasar ciertos horizontes y llegar hasta las agencias de control político-academico-militar. Ya no nos podemos engañar. No era un exagerado André Gunder Frank cuando venía a decir que casi toda la investigación estadística y científico-social generada en las periferias estaba al servicio de ser procesada a nivel central: el Pentágono, la CIA, etc. Los tentáculos de millones de dólares financiando y orientando la investigación de países satélites, que lejos de hacer ciencia nacional, hacen ciencia subalterna y "competitiva", es algo que en este estado hemos ido conociendo muy recientemente. El sesgo fuertemente positivista, metodologista, y estadístico-factorizador no es resultado de una imposición "darwiniana" de nuestros propios académicos que libremente optaron y prefirieron la estrategia científica más viable, y con mayor fecundidad de cara la futuro. Nada de eso. Los recursos, los oropeles del prestigio, la mayoritaria devoción de candidatos a becas, plazas y cátedras, la luz y los taquígrafos. Todo eso lo lograron gracias a la "causalidad externa" que, de forma muy resumida, llamaremos El Pentágono.
Pero también la hegemonía del Pentágono se logra con el consensus interior, que es una más relevante causalidad interior, aquella que logra eliminar poco a poco las posibilidades de toda resistencia intelectual, inasequible al soborno. Ya se ha hablado de la adhesión, ora superficial ora oportunista de los marxistas de los años 70, que ya no brilla, que ya no existe, ni quiera en la incómoda esfera una marginalidad resistente. Aquellos eran años en los que, todavía en ciertos círculos, no lucir ese toque estaba mal visto. Hoy, tras de hitos como la caída del Muro de Berlín o el 11 de septiembre, y en el sentido de retorcer con una nueva vuelta de tuerca la dominación imperialista más con cada crisis del capitalismo, los viejos perros de collar recién adquirido, no dejan de observar con aire inquisitorial a los "señalados" en su día con filiación roja y con mentalidad crítica en sus enseñanzas e investigaciones. Al viejo, ya se le jubila antes de tiempo con toda suerte de honores, mas se le jubila después de todo. Al que ya ganó su silla, no se le puede hacer correr alrededor de la mesa, como en el célebre juego, pues se aferra a ella y las dos partes se habrán de digerir mutuamente. A la población estudiantil y a la intelectualidad fresca, no se le da ya ni la hora, ni los buenos días, por cuanto que ni formarse pueden ya (repito. con honrosas excepciones), y en su carrera académica sólo se encuentran ya con los proyectos "salami", consistentes en procesar y obtener datos, cosa que es como cortar y embutir, y para eso sirve cualquiera.
Por tanto, unas reflexiones epistemológicas
y metodológicas sobre una ciencia social que es ideológica,
en un sentido que nunca se subrayará y se explicará de manera
suficiente, parecen conformar un proyecto de interés y relevancia
extraordinarias. Precisamente, para no seguir adheridos a los preámbulos
y las doctrinas epistemológicas de tantos científicos
sociales académicos, misioneros o pontificales. Precisamente para
crear espacios de resistencia en el seno de la misma Academia. Se nos ha
arrancado el hilo de unión entre la teoría y la práctica,
y es por ello que el movimiento obrero y los demás movimientos sociales
casi carecen de teóricos, defensores, pedagogos y activistas en
la propia Universidad, situación que se acerca a lo más terrible
del mundo orwelliano. La falta de compromiso con la propia sociedad, no
con sus agencias empresariales y burocráticas, la falta de atención
a los problemas de las clases populares, que tienen derecho a supropia
ciencia y derecho a usarla incluso para una transformación
del orden social, es una situación que ya Wright Mills
denunciara (La Imaginación Sociológica) para
su propio mundo hace muchos años. Hoy nos toca a nosotros. Hemos
pasado por el aro de hacer una ciencia anglosajonizada que en nada sirve
para nuestra mejora y nuestra emancipación. Hemos recortado los
canales de comunicación con la ciencia nacional de otros países
europeos y americanos, principalmente, que acaso hubiera sido fuente de
contrastes y de ideas estimulantes. Hemos ido entrando por la vereda del
aislamiento dorado del profesor burbuja, como los que esos campus de película
se ven, auténticos monasterios y auténticos retiros donde
se acumula erudición inútil en medio de masas cada vez más
masas, por debajo y alrededor de los Olimpos académicos. Nos han
metido en el redil de esa llamada "gran ciencia" y de sus estándares
"internacionales", pero todavía hoy el marxismo es una estimulante
invitación a hacer de nuevo una ciencia ideológica artesanal,
donde filosofía, ciencia, compromiso ideológico y militancia
revolucionaria se aúnan de una forma que, tras de mil modas, no
ha sido superada. Ciencia Ideológica. Filosofía Práctica.
(1) Lukàcs,
G. Historia y conciencia de clase, Barcelona, 1984, Orbis., p. 312.
(2) Lukàcs,
p. 313
(3) La etnometodología
y otras corrientes microsociológicas a veces parecen perspectivas
ofuscadas en este sentido, vistas desde el enfoque del materialismo histórico.
(4) Lukács,
p. 319.
(5) Lukács,
p. 321
(6) Hempel,
C.G. La explicación científica, Buenos Aires, Paidós
1979. También Hempel, C.G. Filosofía de la ciencianatural,
Madrid, Alianza, 1973.
(7) Carnap,
R. Fundamentación Lógica de la Física, Buenos
Aires, 1969.,
(8) Neurath,
O. Fundamentos de las ciencias sociales, Madrid, Taller Ediciones,
1973
(9) Neurath,
p. 43.
(10) Neurath,
p. 30 y ss.
(11) "Las teorías
que parecen contradecirse tienen que encontrar sus límites precisamente
en esas contradicciones, y, por tanto, tienen que modificarse, subsumirse
bajo teorías más generales en las que desaparezcan las contradicciones"
(Lukács, p. 10).
(12) Lukàcs,
p. 6
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