| NÓMADAS - REVISTA CRÍTICA
DE CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS 13-2006/1 | Universidad Complutense de Madrid | ISSN 1578-6730 |
| Sociedad
post-disciplinaria y constitución de una nueva subjetividad
Un análisis de los discursos de "autoayuda" y del nuevo management desde la perspectiva de Michel Foucault |
| Erwin Luchtenberg | Daniela Bruno >>> CV | CV |
A partir
de los años ´70 asistimos a un proceso de cambio en lo que Michel Foucault denomina diagrama
de poder(1). En un contexto de crisis
energética, Occidente se ve obligado a buscar nuevas estrategias
de producción y reproducción del sistema capitalista que tendrá
consecuencias en el conjunto de la sociedad. Si bien este
autor no ha llegado a desarrollar en profundidad dicho fenómeno,
permitió su abordaje desde una nueva mirada que se centra en una
ontología histórica del sujeto, entendida
ésta como la forma en que la subjetividad se constituye históricamente
a través de las distintas relaciones de poder que se ponen en juego
en todos los estratos y órdenes de la sociedad.
Sin
duda esta nueva etapa histórica abre muchos interrogantes que no siempre
las teorías sociológicas clásicas pudieron resolver.
La perspectiva abierta por Foucault y continuada por otros autores puede
aportarnos muchos elementos para intentar una explicación un poco
más satisfactoria.
Pero
antes de abordar con detalle lo propio de este período es necesario
dar cuenta de algunas características específicas del anterior,
a fin de poder percibir con claridad la dimensión de los cambios
producidos.
El
diagrama de poder precedente es el llamado por Foucault “disciplinario”.
Éste se caracterizaba por una expansión de las técnicas
disciplinarias a lo largo de todo el tejido social. De esta manera se buscaba
garantizar un “bienestar general” basado en la integración
social y la re-adaptación de los que no lograban
adecuarse a los parámetros de normalidad. La normalización
de estos individuos tenía como objetivo prevenir los posibles desvíos
y los desequilibrios sociales que éstos provocarían. En dicho
diagrama, el poder es ejercido en forma simultánea sobre el conjunto
de la población –biopolítica- y sobre cada
individuo en particular: anátomo-política.
A esto último se refiere Foucault cuando afirma que la
disciplina es una anatomía política del detalle(2), es decir, que basa
su ejercicio en el gesto, la postura, las posiciones del cuerpo, etc..
El
tipo de diagrama de poder disciplinario se caracteriza por una distribución
del espacio y el tiempo perfectamente calculados, buscando extraer de los
sujetos el mayor provecho posible. La creación de cuerpos
dóciles constituye la condición necesaria para lograr este
objetivo. De esta manera, el tiempo es mensurable, ordenable y evolutivo:
se divide en segmentos definidos, distribuidos analíticamente, que
se suceden unos a otros. Se trata del tiempo concebido como lineal. Dicha
concepción permite a su vez tener previsibilidad sobre el futuro,
se puede proyectar a mediano y largo plazo. Es posible planificar…
Con
respecto al espacio, se observa una distribución meticulosa del mismo:
“a cada uno su sitio”; cada obrero en su puesto en la cinta de montaje,
cada alumno en su banco y cada preso en su celda…
Los
fenómenos conocidos como “taylorismo” y “fordismo” son la expresión
histórica de esta articulación entre tiempo y espacio en el
ámbito del trabajo.
Un
diagrama de poder con estas características brindaba al sujeto certeza
y estabilidad a través de un marco de referencia normativo que
guiaba sus acciones: se trata de un sujeto disciplinado.
La
crisis energética producida por el aumento en los precios del petróleo
a principios de los ’70 provocó en las sociedades más desarrolladas
la necesidad de un nuevo tipo de tecnología de producción.
Así surgen la electrónica y toda una serie de nuevos materiales.
El desarrollo del capital financiero, propio también de esta época,
tendrá su soporte en la informática abriéndose así
una nueva etapa en la historia del capitalismo.
En
este contexto también se ve cuestionado el papel del Estado. Es necesario
economizar el ejercicio del poder por lo que el Estado ya no intervendrá
en ámbitos de la vida social en los que antes tenía injerencia
directa. Se produce lo que Foucault llamó un “repliegue
aparente del poder”. En palabras de Foucault:
“(…) se trataría de una especie de desinversión.
(…) Actualmente el Estado se halla ante una situación tal que no
puede ya permitirse ni económica ni socialmente, el lujo de ejercer
un poder omnipresente, puntilloso y costoso. Está obligado a economizar
su propio ejercicio del poder. Y esta economización va a traducirse,
justamente, en ese cambio del estilo y de la forma del orden interior” (3).
De
esta forma, vemos que un nuevo diagrama de poder comienza a gestarse, que
Foucault denominará “sociedades de seguridad”(4).
Dichas
“sociedades de seguridad” presentan cuatro características que las
diferencian de las precedentes. En primera instancia, tiene lugar el “marcaje” que consiste en la localización de un cierto
número de zonas que podemos llamar “zonas vulnerables” en las que
el Estado no interviene. La segunda característica se refiere a una
relajación de los controles cotidianos y una especie de
tolerancia que adquiere un carácter regulador. El tercer aspecto
tiene que ver con un sistema de información general que, lejos de actuar sobre cada individuo en forma
permanente, se hace presente allí donde se produzca algo considerado
intolerable para el poder. Finalmente, la constitución
de un consenso que se traduce en una cierta regulación espontánea
que permitirá que el orden se autoengendre, perpetúe y autocontrole.
De esta manera, el Estado delega en agentes no estatales la función
de la autorregulación, tomando distancia de los conflictos sociales.
Dice De Marinis al respecto que “el Estado observará
todo el despliegue de fuerzas a la distancia y revelará incluso cierta
miopía para algunos fenómenos que no le interesarán
o se le pasarán por alto”. Según estas características
podemos dar cuenta entonces de un tipo de gubernamentalidad específica
conocida como neoliberalismo.
De
acuerdo con Foucault, un “nuevo orden interior” tendrá lugar, sobre
el cual será necesario cuestionarse acerca de las especificidades
que le son propias. No queremos con esto indicar que las dispositivos disciplinarios
del modelo anterior hayan desaparecido ni mucho menos, sino que éstos
han dejado de tener un papel central.
La
crisis energética mencionada más arriba, dio lugar a la innovación
constante que obligó a la emergencia de un sistema productivo cada
vez más flexible. Este “capitalismo flexible”(5)
precisa, a su vez, sujetos flexibles que se adapten constantemente a los
continuos cambios. Por consiguiente, tendrá lugar una concepción
diferente del tiempo y del espacio. El tiempo se verá modificado tomando
un carácter discontinuo. El tipo de producción de este nuevo
capitalismo ya no es rígido sino que se flexibiliza adaptándose
constantemente a la demanda. Ya no existe la planificación a largo
plazo. La relación espacio temporal tal cual existía en el
diagrama de poder anterior se desdibuja y esto impacta directamente en la
subjetividad. Siguiendo a Richard Sennett
en este aspecto, observamos una pérdida de lo que constituye el marco
de referencia de los sujetos que estaba dado por lo que Weber llamó
la “jaula de hierro”, refiriéndose a la estructura burocrática
que racionalizaba el uso del tiempo y del espacio. El creciente individualismo
y la pérdida de previsibilidad propias de esta época provocan
en el sujeto un sentimiento de angustia e inseguridad cada vez mayores. Teniendo
en cuenta la comparación realizada por De Marinis sobre ambos diagramas
de poder, vemos que el binomio “disciplinamiento-inclusión” es desplazado
por el trío “modulación-control-exclusión”. Este diagrama
de poder obliga a los sujetos a autorregularse con el fin de no convertirse
en excluidos. El ejercicio del poder no se sustenta ahora en dispositivos
de poder externos, tales como la fábrica o la cárcel, sino
que será el mismo individuo, en carácter de “sujeto activo”,
el que se autorregulará a sí mismo.
De
esta forma, y partiendo de la hipótesis que plantea Deleuze(6), no observamos ahora la existencia de un molde previo,
ya prefijado, al que el sujeto debe entrar para ser integrado socialmente,
como era el caso de la sociedad disciplinaria, sino que se trata de una
automodulación del mismo, es decir, de una transformación
hacia un tipo de sujeto no prefijado ni explícitamente determinado,
pero que buscará por todos los medios no caer en la zona de exclusión.
De este nuevo diagrama de
poder emergerán una serie de discursos que tienen
como finalidad la adaptación del sujeto a los cambios constantes y
la autorresolución de los conflictos.
Nos
llama la atención que al ingresar a librerías de dimensiones
tales como El Ateneo o Yenny, caracterizadas por sus elevadas ventas, nos
encontramos con varios estantes de libros agrupados bajo el nombre de “Autoayuda”.
Si nos acercamos a ellos y nos limitamos a observar simplemente sus títulos,
veremos ejemplos tales como:
ü
“Tu mente puede
curarte”. Edaf.
ü
“La inutilidad
del sufrimiento. Claves para aprender a vivir de manera positiva”. Ed. Ateneo.
ü
“Ten Coraje.
Una exhortación a ser dueños de nuestro destino”. Ed. Gedisa.
ü
“Relatos para
un crecimiento personal”. Ed. Desclée de Brouwer.
ü
“Somos lo mejor
que tenemos. Ed. Desclée de Brouwer.
ü
“Autoliberación”.
Ed. Altamira.
ü
“Qué
hacer mientras espera al psiquiatra”. Ed. Sirio.
ü
“La teoría
de las inteligencias liberadoras”. Ed. Gedisa
ü
“El desarrollo
de la personalidad y la inteligencia emocional”. Ed. Gedisa.
ü
“Me doy permiso
para...” Ed. Obelisco
ü
“Controlar
el destino”. Ed. Obelisco.
ü
“Jugando con
el corazón”. Edaf.
ü
“Tu poder intuitivo”.
Ed. MR
ü
“La inteligencia
del corazón”. Ed. Tikal.
ü
“Yo me he llevado
tu queso. El manual de autoayuda para los que no quieren ayudarse”. Ed. Vergara.
ü
“Energía
personal”. Ed. Índigo.
ü
“Paz interior
para gente ocupada”. Ed. Urano.
ü
“Cómo
mejorar su autoestima”. Ed. Paidós.
ü
“Sentirse bien”.
Ed. Paidós.
ü
“La autoestima
en el trabajo”. Ed. Paidós.
ü
“Pequeño
tratado de la felicidad”. Ed. de la Table Ronde
ü
“Tu mente en
forma. Principios eficaces para desarrollar la conexión cuerpo-mente”.
Ed. Urano.
ü
“Fuera de peligro”.
Grupo ed. Norma.
ü
“El libro del
bienestar. Armonía física, mental y emocional”. Ed. Jaguar.
ü
“Soy auténtica”.
Ed. Amat.
ü
“Cuida de ti
misma”. Ed. Urano.
ü
“Cuerpo y alma”.
Ed. Atlántida.
ü
“Terapia del
alma”. Agama.
ü
“Tú
puedes tenerlo todo”. Ed. Pluma y Papel.
ü
“Puedo ser
feliz”. Bonum.
ü
“Sí,
tu puedes”. Ed. Sirio.
ü
“La sanación
como camino”. Ed. Obelisco.
ü
“La fuerza
del espíritu”. Sudamericana.
ü
“La nueva consciencia”.
Ed. Paidós Tribo
ü
“101 habilidades
emocionales para vivir y trabajar mejor”. Ed. Apóstrofe.
ü
“Las 40 reglas
para reciclar tu vida”. Ed. Atlántida.
ü
“Autoestima
para la mujer”. Kairós.
ü
“Cómo
triunfar mediante el autocontrol”. Ed. De Vecchi.
ü
“La exploración
del Yo Soy”. Ed. Humanitas.
ü
“Pequeña
filosofía para tiempos variables”. Ed. de la Table Ronde.
ü
“Usted puede
sanar su vida”. Ed. Urano.
ü
“Amar es liberarse
del miedo”. Celestial.
ü
“Aunque tenga
miedo, ¡siga adelante!” Ed. Atlántida.
ü
“Acaba con
el complejo de víctima”. Edaf.
ü
“La mente plena”.
Ed. Serendipidad.
ü
“Atrévete
a ser libre”. Kier.
ü
“Sigue los
dictados de tu corazón”. Oniro.
ü
“Fórmulas
de la felicidad”. Ed. Abraxas.
ü
“Ayúdate
a ti mismo”. Ed. Obelisco.
ü
“Autopsicoterapia”.
Ed. Obelisco.
ü
“Poder personal
a través de la conciencia”. Índigo.
ü
“Más Platón
y menos Prozac”. Ed. B.
ü
“El cuidado del alma”. Urano.
ü
“Cierro los ojos y veo”.
Ed. Errepar.
ü
“Adictos a la infelicidad”.
Ed. Edaf.
ü
“Siempre estuvo en mí.
De la autosuperación al éxtasis”. Ed. Time/Money.
Como los títulos nos
permiten observar, todos estos libros hacen referencia a la “difícil
tarea” de alcanzar la “felicidad”, “armonía”, “bienestar” o “equilibrio”
del “alma”. Todos ellos dan cuenta de una formación discursiva
al referirse a un objeto común que puede sintetizarse en la idea
de “interioridad” del sujeto. Esta “interioridad” a la que remiten puede
ser también reemplazada por los conceptos de “alma”, “espíritu”,
“conciencia”, “corazón”, etc., dependiendo de la perspectiva con
que sea trabajado el problema –psicológica, religiosa, literaria-.
Sobre estos conceptos se desarrollará toda una serie de saberes que
derivan de fundamentos teóricos con sus propias lógicas. Si
además, ampliamos nuestra mirada sobre los libros de lo conocido
como nuevo management y las novelas de “aprendizaje”, es porque percibimos
que entre ellos existen similitudes en torno al objeto sobre el cual desarrollan
sus saberes, y sobre los valores que buscan transmitir.
Al respecto, afirma Michel
Foucault:
“Esta alma real e incorpórea no es en absoluto sustancia;
es el elemento en el que se articulan los efectos de determinado tipo de
poder y la referencia de un saber, el engranaje por el cual las relaciones
de saber dan lugar a un saber posible y el saber prolonga y refuerza los
efectos del poder. (…) El hombre de que se nos habla y se nos invita a liberar
es ya en sí el efecto de un sometimiento mucho más profundo
que el mismo. Un alma lo habita y lo conduce a la existencia, que es una
pieza en el dominio que el poder ejerce sobre el cuerpo. El alma, efecto
e instrumento de una anatomía política; el alma, prisión
del cuerpo” (7).
Si bien Foucault estaba refiriéndose
aquí al “alma” como al objeto hacia el cual se dirigía el
saber, a través de técnicas disciplinarias, para reeducarla,
encauzarla y, en última instancia, para “normalizar” al sujeto, en
el modelo actual (pos-disciplinario) el concepto de “alma” sigue presente
pero será el mismo sujeto quien deberá hacerse cargo de ella.
De esta manera, el cuerpo no cumplirá aquí un papel central,
entendido como la superficie material sobre la que se imprimen las huellas
del poder, tal cual sucedía en el modelo disciplinario(8). En las “sociedades de seguridad”, el poder se ejercerá
a través de otros mecanismos, quizás menos perceptibles.
Entonces nos preguntamos,
¿por qué tienen lugar estos discursos? ¿Qué
relación guardan éstos con el contexto histórico en
el que emergen?
Nuestro trabajo se propone,
entonces, explorar este tipo de discursos para encontrar en ellos sus puntos
de contacto, la lógica que subyace a los mismos y, fundamentalmente,
el modo en que dichos discursos tienden a constituir un nuevo tipo de subjetividad.
El
objetivo que se proponen estos discursos es responder a los interrogantes
que surgen en un contexto de fragmentación de las estructuras de
orden y de sentido. El surgimiento de estos enunciados da cuenta de una
nueva relación entre las racionalidades políticas y las tecnologías
de gobierno, es decir, de una nueva forma de gubernamentalidad.
Conforme
a De Marinis, entendemos por “racionalidades políticas” a los campos
discursivos de configuración cambiante, en cuyo marco se produce una
conceptualización del ejercicio del poder: (…) “son mucho más
que meras ideologías, más bien ellas constituyen una parte
de la trama de nuestros modos de pensar, de actuar sobre otros y sobre nosotros
mismos”(9).
Por
“tecnologías de gobierno” nos referimos a los procedimientos prácticos
por los cuales el saber se inscribe en el ejercicio práctico del
poder, la autoridad y el dominio. Plantea la relación entre formas
de saber y ciertas actividades prácticas y técnicas. En este
punto, cabe decir, que las tecnologías de gobierno son precisamente
“de gobierno” debido a que están animadas por intenciones de dirigir,
moldear, modelar y modular la conducta de otros.
La
relación entre ambas instancias analíticas no es de determinación
de una hacia otra, sino de interdependencia.
La
vinculación entre racionalidades y tecnologías habla de la
relación entre saber y poder que tienen particular
relevancia en la constitución del sujeto. Estos discursos,
que pasaremos a explorar, no sólo brindan respuestas a las incertidumbres
propias del sujeto en un contexto de constante cambio, sino que modulan
una nueva subjetividad. Las afirmaciones y “recetas” que proponen dichos
discursos constituyen un sujeto que deberá adaptarse a nuevas condiciones
en el ejercicio del poder.
En
este sentido, cabría preguntarse: ¿qué tipo de sujeto
intentan constituir estos discursos?
Consideramos
entonces tres aspectos de esta nueva etapa –postdisciplinaria–, a saber:
el cambio constante, la incertidumbre sobre
el futuro y la responsabilidad que recae en el sujeto, es decir, su autonomía.
Sobre
estos aspectos intentaremos indagar tomando como ejemplos un conjunto de
libros que podemos clasificar de la siguiente manera: a) “autoayuda” (tanto
los de inspiración religiosa como laica), b) del nuevo management,
y c) las novelas que podemos llamar de “aprendizaje”, cuyas temáticas
y argumentos giran en torno a los problemas existenciales del ser humano
y sus “soluciones”. Entre los de esta última categoría, hemos
seleccionado los de Paulo Coelho, por ser uno de los autores más
leídos actualmente
1er
Eje: El Cambio constante:
Teniendo
en cuenta el primero de los ejes arriba mencionados -el cambio constante-
podemos observar que éste es un tema recurrente en los discursos llamados
del “nuevo management”. Así, el libro titulado “¿Quién
se ha llevado mi queso? Cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio”,
puede ilustrar en forma precisa lo bueno y necesario del “cambio” a través
de varias frases que dicho libro presenta en la forma de mandatos morales.
Ellos son:
·
“El cambio ocurre. El queso
no cesa de moverse”
·
“Anticípate al cambio.
Prepárate para cuando se mueva el queso”
·
“Controla el cambio. Olfatea
el queso con frecuencia para saber cuándo se vuelve rancio”
·
Adáptate al cambio
con rapidez. Cuanto más rápidamente te olvides del queso viejo,
antes podrás disfrutar del queso nuevo”
·
“Cambia. Muévete con
el queso”
·
“¡Disfruta del cambio!
Saborea la aventura y disfruta del sabor del queso nuevo”
·
“Prepárate para cambiar
con rapidez y para disfrutarlo una y otra vez. El queso no cesa de moverse”
(10)
Este
libro, editado por primera vez en el año 1998 y que lleva por subtítulo
“Una manera sorprendente de afrontar el cambio en el trabajo
y en la vida privada”, narra la historia de dos ratones y dos pequeños
hombrecitos que pierden aquello que les hacía felices, representado
en la figura del queso, y deben adaptarse rápidamente para poder
afrontar la nueva situación que se les presenta. El autor, Spencer
Johnson, compara el comportamiento de estos personajes ponderando positivamente
el pragmatismo de los ratones y considerando inútiles las pasiones
y sentimientos de los liliputienses frente a la situación de cambio:
“Al igual que los ratones, Hem y Haw, los dos liliputienses
también utilizaban su capacidad para pensar y aprender de experiencias
del pasado. No obstante, se fiaban de su complejo cerebro para desarrollar
métodos más sofisticados de encontrar el queso… A veces les
salía bien, pero en otras ocasiones se dejaban dominar por sus poderosas
convicciones y emociones humanas, que nublaban su forma de ver las cosas.
Eso hacía que la vida en el laberinto fuese mucho más complicada
y desafiante” (11).
Entendiendo
al “sujeto” como el resultado final de un largo proceso de relaciones de
poder que lo van constituyendo como tal, vemos de qué manera en este
caso, se trata de constituir un sujeto que acepte el cambio como “natural”
y “bueno”, y sea pragmático frente a las opciones que se le plantean
al tomar una decisión. En otras palabras, que no intervengan en ellas
sus pasiones, convicciones, ideologías…
“Hem analizó la situación y finalmente su complicado
cerebro, con su enorme sistema de creencias, se afianzó en su lógica.
(…) ¿Por qué me han hecho esto? (…) ¿Dónde están
Fisgón y Escurridizo? ¿Crees que ellos saben algo que nosotros
no sepamos?, preguntó Haw. ¿Qué demonios podrían
saber ellos? -replicó Hem- No son más que simples ratones”
(12).
Otro
de los libros que hemos explorado nos conduce hacia la misma idea pero desde
el género de la “autoayuda”. Éste lleva por nombre “Tus zonas erróneas” y su primera edición data
del año 1976 en la ciudad de Nueva York. En su capítulo “La
trampa de ‘Siempre hay que tener un plan’” nos cuenta uno de los casos vividos
por el autor como psicólogo respecto
a su paciente:
“(…) La idea del cambio le aterrorizó. ¿Podría
arreglárselas en Georgia? El miedo a lo desconocido lo inmovilizó,
y rechazó lo que podría haber sido una buena oportunidad de
progresar haciendo un trabajo nuevo y estimulante y de vivir en un sitio
nuevo, para quedarse donde estaba” (13).
En el mismo sentido, el libro
se refiere a los beneficios del cambio de esta manera:
“Pero demasiada gente identifica lo desconocido con el peligro.
Piensan que el propósito de la vida es ir siempre a lo seguro y saber
siempre a dónde van (…) Si todavía sigues aferrado a estos
incentivos de seguridad, piensa que ha llegado el momento de liberarte de
ellos. Deshecha la idea de que no puedes intentar nuevas y dudosas maneras
de comportarte. Puedes, si eliges, hacerlo” (14).
·
“El cambio está en
ti” (15)
·
“Debes enfrentarte a las
cosas sin combatirlas, porque cuánto más las combates, más
las fortaleces” (16)
·
“Todo el mundo piensa en
cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo”
(17)
·
“¡No estás aquí
para cambiar el mundo. Estás aquí para cambiarte!” (18)
Todos estos
ejemplos dan cuenta del carácter funcional de estos discursos en
el marco de capitalismo “flexible”. Como afirma Richard Sennett, esta flexibilidad ha cambiado la concepción del trabajo y con ello las palabras que usamos para hablar del mismo.
Ahora el cambio es valorado de manera positiva requiriendo a los trabajadores
un comportamiento ágil, que estén abiertos a la innovación
constante anunciada con muy poca antelación, que asuman un riesgo
tras otro, que dependan cada vez menos de los reglamentos y de los procedimientos
formales.
Así vemos que el término flexibilidad es utilizado
para encubrir las nuevas formas que adquiere la opresión que ejerce
el capitalismo. Al hacer hincapié en el riesgo, se afirma que la
flexibilidad da al sujeto más libertad para moldear su vida. Sin
embargo, lejos de disminuir, y mucho menos de desaparecer, el ejercicio del
poder sigue presente pero de una manera ilegible, con controles que son difíciles
de comprender (19).
Finalizando
el libro “Quién se ha llevado mi queso”, los personajes que escuchan
el relato comparten sus experiencias referidas al cambio. Uno de los testimonios
trata explícitamente del problema del trabajo:
“Porque resulta que cuando empezamos a hacer frente a los
cambios, el negocio iba ya tan mal que tuvimos que despedir a parte del
personal. (…) Los que tuvieron que marcharse y buscar un nuevo puesto de
trabajo dijeron que les resultó duro al principio, pero que al recordar
la narración que les habíamos contado les había ayudado.
Una vez que dejaron atrás sus temores, lo mejor de todo fue el haberse
dado cuenta de que ahí fuera había Queso nuevo, simplemente,
estaba esperando a que alguien lo encontrara” (20).
Pero también, como mencionamos anteriormente, vemos
que la ideas del cambio y del riesgo, como valores, permean otros campos,
tales como el religioso, el emocional y el de la vida en general. Son evidencia de esto las ideas que se presentan en
las novelas del tipo “aprendizaje”.
Paulo Coelho, en su libro “A orillas del río Piedra me
senté y lloré”, afirma:
“Es necesario correr riesgos, decía.
Sólo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que
suceda lo inesperado” (21).
2do.
Eje: La Incertidumbre sobre el futuro:
Los
manuales de autoayuda y de management, así como las novelas de “aprendizaje”,
también se pronuncian respecto a la incertidumbre.
El
libro “Tus zonas erróneas” en su capítulo “Explorando lo desconocido”,
dice:
“El aburrimiento es debilitante y malsano psicológicamente.
Una vez que pierdes interés en la vida no será difícil
quebrantarte. No sufrirás ese mitológico colapso nervioso
si le agregas a tu vida el condimento de la incertidumbre” (22).
“Aunque Henry no es, ni mucho menos, una persona espontánea,
ha logrado hacerle frente positivamente a una parte al menos de su pensamiento
neurótico que fomentaba su antigua forma de existencia completamente
planificada. Sigue trabajando en ese sentido, aprendiendo a gozar de la
vida en vez de vivirla en forma ritualizada” (23).
Estos dos ejemplos extraídos
de un manual de autoayuda, nos permiten visualizar el carácter negativo
que atribuyen a lo considerado rutinario, predecible, fruto de una planificación.
Es “mejor” para este tipo de manuales “lanzarse a la aventura de lo desconocido”.
Frente
a lo impredecible del futuro, la idea de seguridad adquiere otro significado.
Si en la época del Estado benefactor propio de la
sociedad disciplinaria, la seguridad estaba vinculada a
la salud, la educación, la jubilación, etc., es decir, como
un servicio provisto al individuo y que, por lo tanto, venía del
exterior, ahora, en las sociedades de seguridad, ésta
adquiere una forma “interior”. A la inseguridad que irrumpe al individuo,
éste debe responderle con una seguridad que provenga de él
mismo. Si antes se trataba de una “seguridad social”, ahora consiste en
una “seguridad individual”.
El
mencionado capítulo de este manual concluye de la siguiente forma:
“Todo depende de ti. Tu zona errónea de miedo a lo
desconocido está esperando ser reemplazada por nuevas actividades estimulantes
y llenas de interés que aportarán placer a tu vida. No tienes
que saber hacia dónde vas. Lo importante
es estar en camino” (24).
Observamos
con dichos ejemplos el profundo vínculo que existe entre seguridad
interior y “autonomía del sujeto” (el tercero de los ejes mencionados
más arriba y que desarrollaremos mejor con posterioridad). Dicha
relación se ve claramente ilustrada en el trabajo de Michael Hammer,
“El alma de la nueva organización”, cuando afirma
de forma contundente que:
“Esto no es teoría sino la realidad. Las características
de la organización del siglo XXI son la responsabilidad, la autonomía,
el riesgo y la incertidumbre. Si no es un medio sereno al menos es muy humano.
Adiós a las rigideces artificiales y la disciplina de la empresa
convencional. Las han reemplazado la desprolijidad, los riesgos y las desilusiones
propios del mundo de los seres humanos reales” (25).
El
problema de la imposibilidad de planificar también está presente
en el libro “¿Quién se ha llevado mi queso?”, cuando los dos
pequeños hombrecitos, Hem y Haw, se cuestionan sobre la pérdida
del gran Queso:
“Despotricaban y desvariaban ante la injusticia de la situación.
Haw empezó a sentirse deprimido. ¿Qué ocurriría
si el Queso seguía sin estar allí a la mañana siguiente?
Precisamente había hecho planes para el futuro, basándose
en la presencia de ese Queso” (26).
“A orillas del río
Piedra…”, de Paulo Coelho, también nos habla del problema de la incertidumbre
y la necesidad de correr riesgos cuando la mujer protagonista de la novela
se reprocha a sí misma su incapacidad de innovar:
“De repente entendí aquel silencio. ¿De qué
podía conversar (él) con una mujer que nunca se había
aventurado por el mundo? ¿Qué interés podía
tener estar al lado de alguien que temía lo desconocido, que prefería
un empleo seguro y un matrimonio convencional? Yo - pobre de mí - hablaba de los mismos amigos de la infancia, de los
mismos recuerdos polvorientos de un pueblo insignificante. Era mi único
tema” (27).
En otro momento de la historia
vuelve a lo mismo cuando afirma:
“Me espera una vida sosegada, con hijos y nietos, con un presupuesto
equilibrado y vacaciones anuales. No conozco los terrores de él,
pero conozco los míos. No necesito miedos nuevos, basta con los que
ya tengo” (28).
El acompañante de
la protagonista comienza a contarle historias referidas a lo bueno y positivo
del cambio, explicándole que en toda persona hay dos seres que pugnan
por dominarla. Es así que se refiere al “Otro” que también
habita en uno mismo y afirma:
“El Otro cree que la obligación del hombre es pasar
la vida entera pensando en cómo reunir dinero para no morir de hambre
al llegar a viejo. Tanto piensa, y tanto planifica, que solo descubre que
está vivo cuando sus días en la tierra están a punto
de terminar. Pero entonces ya es demasiado tarde. (…) Sí, cuando
descubrí eso, decidí ser lo que realmente siempre deseé.
El Otro se quedó allí, en mi habitación, mirándome,
pero no lo dejé entrar nunca más, aunque algunas veces intentó
asustarme, alertándome de los riesgos de no pensar en el futuro. Desde
el momento en que expulsé al Otro de mi vida, la energía divina
obró en mí sus milagros” (29).
Podemos
entonces ir visualizando, antes de pasar a desarrollar el último de
los ejes, cuál es el tipo de sujeto que intenta constituirse desde
estos discursos. Si bien el eje de la autonomía es el que mejor puede
responder a esto, ya es posible afirmar que se trata de un sujeto que debe
estar acostumbrado al constante cambio, que debe considerar la adaptación
y la flexibilidad como valores positivos de una sociedad que se transforma
continuamente.
El
ideal de sujeto planteado por todos estos discursos gira en torno a las ideas
de “sujeto flexible” y “fácilmente adaptable” a los cambios, sobre
la base de una ausencia de planificación a largo plazo. Ya no es la
disciplina del modelo anterior, sino la “la autorregulación”.
Estos conceptos podrán verse mejor explicados cuando nos refiramos
a la autonomía del sujeto.
"Las grandes transformaciones
en juego podrían resumirse diciendo (...), que la flexible figura
del mercado transnacional reemplaza a la rígida planificación
estatal de la economía nacional; las viejas responsabilidades sociales
welfaristas se trastocan y se recodifican en formas mercantilizadas, crecientemente
de-socializadas, de previsión individual y familiar; simultáneamente,
se inyecta en los sujetos una conducta empresarial que debe reemplazar la
"pasividad" y la "dependencia" propias de una época pasada" (30).
Sin embargo aquí encontramos
una diferencia con respecto al diagrama de poder anterior. En el modelo
actual la libertad se encuentra asociada al concepto de “autonomía
individual”.
Cuando Nikolas
Rose caracteriza al neoliberalismo considera como una de las particularidades
del sujeto de gobierno, la idea de autonomía. En otras palabras,
concibe un “yo activamente responsable”. Los individuos tienen que cumplir
sus obligaciones ciudadanas tratando de realizarse a sí mismos.
Siguiendo a dicho autor,
“las racionalidades políticas actuales se basan en y utilizan una
gama de tecnologías que instalan y apoyan el proyecto civilizador
modelando y gobernando las capacidades, competencias y voluntades de los
sujetos que están ya fuera del control formal de los poderes públicos”
(32).
Esto permite hablar de una
nueva forma de gubernamentalidad política que tendrá como
principal protagonista al mismo sujeto, que carga con la responsabilidad
de gobernarse a sí mismo. La realización de la felicidad será
el objetivo primordial y el sujeto la verá como obra propia. Es así
que toda esta serie de enunciados que estamos analizando
bajo el nombre de “autoayuda” apelan a la idea de “sujeto activo”
y “responsable de su propia vida”.
En este sentido ya no estamos
frente a “órdenes” de superiores, sino frente a los “consejos” de
los expertos. Consejos que apuntan a la “autorregulación”, a una
relación de “autocuidado”. Todo esto conduce a la idea de que los
individuos tienen que convertirse en “expertos en sí
mismos”.
Volviendo a los textos que
estamos trabajando, encontramos el siguiente ejemplo:
“No te dejes engañar
por la ilusión: no necesitas de nadie como bastón emocional.
En el momento en que tomes conciencia de eso, nadie más tendrá
poder sobre ti. Tus altibajos emocionales se acabarán. Pasarás
a ser dueño de ti en tus relaciones con los demás. No estarás
a merced de nadie. Ahora eres libre. Puede amar. Restauraste tu espiritualidad
y tu humanidad” (33).
La autonomía del sujeto
lleva implícito un sentimiento de confianza en sí
mismo para poder resolver los problemas sin ayuda externa. Por tal motivo,
dichos textos apuntan a la autoestima como uno de los valores primordiales.
Observamos que la búsqueda
de la autoestima en los libros de inspiración religiosa, tienen la
particularidad de basarse en la identificación del individuo con Dios.
En el caso de la obra del teólogo cristiano Anselm Grün, “Cómo estar en armonía consigo mismo. Caminos espirituales
hacia el espacio interior”, encontramos el siguiente ejemplo:
“En el sentimiento del propio
valor no se trata sólo de confiar en sí mismo, en el mundo
y en Dios, sino de descubrir la propia singularidad única. Cada persona
representa una imagen que Dios se ha formado singularmente de sí
mismo” (34).
También los textos
considerados de carácter sagrado son interpretados y utilizados por
estos autores con el fin de dar cuenta del problema de la falta de autonomía
al identificar, por ejemplo, la parálisis de un personaje del evangelio,
que es curado por Jesús, con el “deficiente sentimiento del propio
valor”:
“Jesús se da cuenta
de que la parálisis no solo es externa sino que está determinada
por una actitud interior. Por eso, lo primero que Jesús hace es perdonar
a esa persona sus pecados. El paralítico debe cambiar primero su
actitud interior, antes de poder ponerse en pie físicamente. Las
personas que padecen de deficiente sentimiento del propio valor, se sienten
a menudo paralizadas. No son capaces de nada por sí mismas” (35).
“El ejemplo de Jesús
es, entonces, clave, porque en el cumplimiento obediente de la misión
que Dios le encomendó, Jesús retuvo su autonomía y
libertad como adulto maduro. (...) Siguiendo las huellas de Cristo, podemos
integrar autonomía y obediencia, iniciativa y disposición,
creatividad y disponibilidad” (36).
Sobre la autonomía
y el control interno podemos también encontrar ejemplos en libros
que no tienen una base explícitamente religiosa como es el caso del
ya mencionado “Tus Zonas erróneas”, cuando afirma:
“Si crees totalmente en ti
mismo, no habrá nada que esté fuera de tus posibilidades”
(37).
“Puedes hacer cualquier cosa
que quieras hacer porque lo deseas y por ningún otro motivo. Esta
manera de pensar te abrirá nuevas perspectivas de experiencia y te
ayudará a eliminar el miedo a lo desconocido que puede ser la actitud
que hayas adoptado hasta ahora como estilo de vida” (38).
Autonomía y libertad
se encuentran, como se puede observar, íntimamente relacionadas.
Tanto una como la otra remiten a la idea de “control interno”. Es el sujeto
el que debe encontrar el pleno control de sí mismo sin dejar que fuerzas
externas decidan por él, para ser verdaderamente libre. Por tratarse
este de un libro de inspiración laica, el control interno implica
la negación de cualquier fuerza exterior, incluido Dios, y la realización
plena del sujeto está ligada a su capacidad de “autogobernarse”:
“Ella sabe que no es feliz
por su marido, ni por sus hijos, ni por su madre, ni por las influencias
astrales, sabe que se lo debe a sí misma pues ahora es ella quien controla
su propia mente” (39).
“El progreso depende de seres
que son innovadores, que rechazan los convencionalismos y modelan sus propios
mundos” (40).
En el caso de los libros
del “nuevo management”, encontramos varios ejemplos interesantes:
“Hem tendría que encontrar
su propio camino, ir más allá de sus propias comodidades y
temores. Eso era algo que nadie podría hacer por él, de lo
que nadie podría convencerlo. De algún modo tendría
que comprender la ventaja de cambiar por sí mismo” (41).
“Para ser eficiente, usted
debe gozar de libertad y autonomía a la vez que actúa profesionalmente.
Si logramos concentrarnos en la creación de valores para nuestros
clientes, no necesitaremos jefes en el sentido tradicional de la palabra.
Sabremos qué hacer. Sólo debemos estar capacitados e informados
para ser más eficientes que nunca en nuestras tareas” (42).
Mientras que el modelo disciplinario
perseguía la integración y la inclusión social a través
de complejos y rígidos dispositivos de poder, el modelo pos-disciplinario,
propio del capitalismo avanzado, deja esta tarea librada a los mismos sujetos,
quienes deben hacerse cargo de su propia supervivencia, en un marco de fragmentación
de las estructuras de sentido.
Esta será la “superficie
de emergencia” de los discursos y enunciados analizados anteriormente. Vemos
que el problema consiste en la necesidad de construir una nueva gubernamentalidad,
basada en una nueva relación entre racionalidades políticas
y tecnologías de gobierno. Ejemplos de estas racionalidades políticas
son los discursos que se derivan de toda la literatura conocida como “autoyuda”,
de la del nuevo management y de las novelas de “aprendizaje”. Dichos discursos
dan cuenta de todo un saber específico acerca de lo que denominan
“alma” o “conciencia”, dependiendo dichas denominaciones del enfoque de cada
género discursivo, no obstante estando todas ellas referidas a la
interioridad del sujeto, lo que nos permitiría afirmar que nos encontramos
ante un “acontecimiento discursivo” (43).
Siguiendo a Foucault cuando
afirma que “las tecnologías del yo permiten a los individuos efectuar
por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones
sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta o cualquier forma de ser,
obteniendo así una transformación de sí mismos con
el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría
o inmortalidad” (44), podríamos afirmar que los
discursos analizados en este trabajo constituyen una modalidad de tecnologías
del yo.
Como pudimos observar a lo
largo del presente estudio, el sujeto está llamado a la búsqueda
y realización de su propia felicidad. Para esto debe tener en cuenta
la importancia y el valor del cambio, estar despreocupado acerca del futuro,
“sabiendo encontrar esta felicidad en el goce cotidiano” y no como resultado
de una planificación. Este sujeto debe además ser flexible pero pragmático para tomar sus decisiones
dejándose guiar por lo que le “dicta su corazón” pero renunciando
a “las ideologías infecundas motivadas por la pasión”.
Sin embargo, todavía
queda por definir a quiénes se dirige este tipo de discursos y por
qué. Tanto el tipo de encuadernación como los precios de los
libros nos pueden aportar una idea. Si bien podemos encontrar algunas excepciones,
los precios de estos libros varían de los 20 a los 50 pesos (10 a
20 dólares), sus tapas son por lo general llamativas y no son libros
muy extensos (de 100 a 250 páginas).
Todo esto nos lleva a pensar
que si bien no son libros de fácil acceso para las personas de menores
recursos, sí pueden ser consumidos por las de los sectores medios.
No estamos negando la posibilidad
de que dichos libros sean leídos por el resto de la sociedad, pero
si observamos los ensayos de cartografía pos-social desarrollados
por De Marinis respecto al diagrama de poder pos-disciplinario, notaremos
que aquéllos que más sufren los efectos de estas transformaciones
sociales, económicas y políticas son los sectores medios.
Éstos son los que deben cotidianamente realizar un tremendo esfuerzo
de automodulación para mantenerse dentro del sistema y no caer por
los agujeros de la malla hacia esa zona nebulosa de la exclusión
(45). Son los miembros
de los sectores medios que, encontrándose en la “zona de vulnerabilidad”,
descrita por De Marinis, buscan a través de diversas estrategias
de diferenciación social, mantener un estilo de vida considerado
“legítimo”. Ya no es primordialmente el Estado, a través de
sus dispositivos disciplinarios, el que busca encauzarlos, sino una pretensión
puramente personal y subjetiva la que motiva a los individuos a autorregularse.
La angustia que surge en el sujeto como consecuencia de encontrarse “solo”
frente a tan ardua misión busca su consuelo de muy diferentes formas.
Hemos visto de qué manera los discursos de los géneros que
hemos analizado cumplen aquí un papel fundamental.
(1) Entedemos
por “diagrama de poder” al mapa de todas las relaciones de fuerza dadas
en un momento histórico determinado, con sus modalidades propias.
Clase teórica de la profesora Susana Murillo, 2 de Septiembre de
2004.
(2) Michel
Foucault, Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión,
Siglo XXI, Bs. As., 1991, p. 142.
(3) M. Foucault, citado por De Marinis, Pablo; Gobierno, gubernamentalidad,
Foucault y los anglofoucaultianos (o un ensayo sobre la racionalidad política
del neoliberalismo), en Ramón Ramos Torre y Fernando García
Selgas (ed.) Globalización, riesgo, reflexividad. Tres
temas de la teoría social contemporánea, Centro de Investigaciones
Sociológicas, Madrid, 1999.
(4) “En tanto,
a comienzos de los años ´70, Foucault todavía advertía
una generalización y expansión de las disciplinas, ya a finales
de los años ´70 y en los ´80, Foucault va a hablar cada
vez más (y casi exclusivamente) de sociedades de seguridad”. De Marinis,
op.cit. p. 80.
(5) Richard Sennett, La corrosión del carácter, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000.
(6) Gilles Deleuze, Post-scriptum
sobre las sociedades de control, en Gilles Deleuze, Conversaciones,
1972-1990, Valencia, 1990.
(15) Antonhy
de Mello, S.J., El corazón humano, Ed. Lumen, Buenos
Aires, 1997, p. 48.
(1990) M. Foucault, Tecnologías del Yo y otros textos
afines, ed. Paidós, Barcelona.
(1996) M. Foucault, Genealogía del racismo, ed.
Altamira, Buenos Aires.
(1990) Gilles Deleuze, Post-scriptum
sobre las sociedades de control, en Gilles Deleuze, Conversaciones,
1972-1990, Valencia,.
(2000) Spencer Johnson, ¿Quién se ha llevado mi Queso?, Ed. Urano.
(1998) Anselm Grün, Cómo
estar en armonía consigo mismo. Caminos espirituales hacia el espacio
interior, ed. Verbo Divino.
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