EL DESARROLLO DEL ARTE INFANTIL EN LA ESCUELA,
Aportaciones de Viktor Lowenfeld
Carmen Alcaide
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Como se expresa en la Introducción a esta Sección, (EXPRESIÓN PLÁSTICA para
EDUCADORES) uno de sus fines principales es el de ayudar a la comprensión y
aprendizaje de esta materia, de una
forma práctica y clara. Se pretende
más que nada, ofrecer las bases para que posteriormente los estudiantes
amplíen sus conocimientos a partir de otras publicaciones originales del propio
MUPAI o de la bibliografía facilitada.
Por lo tanto, este es un trabajo que se presenta con el objetivo de
introducir a los estudiantes de Profesorado en el estudio de la expresión
plástica infantil, con una especial
aproximación a las investigaciones que publicaran Viktor Lowenfeld y W.
Brittain a mediados del siglo XX.
El Desarrollo de la capacidad creadora
(1973), ha sido desde entonces un texto fundamental para la didáctica de la
educación artística, que la gran
mayoría de los maestros y profesores conoce, pero que puede ser útil acercar a estas
páginas. Este artículo debe tomarse a
la manera de unos Apuntes del profesor ya que, además del mencionado estudio, se intertextualizan
también, algunos aspectos de las obras: El dibujo de los
niños(1992) de P.
Wallon, A. Cambier y D. Engelhart; Objetivos y
didáctica de la educación plástica, (1974) de D. Acerete;
y Los
dibujos de los niños(1988) de D.Widlöcher, que consideramos especialmente interesantes para el
conocimiento del arte infantil.
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Introducción
En la
infancia, el arte es fundamentalmente un medio de expresión. Los niños y niñas
son seres en constante cambio y la representación gráfica que realizan no es
más que el lenguaje de su pensamiento. A medida que van creciendo van
percibiendo el mundo de forma diferente, por lo que la manera de expresar su
realidad va cambiando. Se expresan de forma directamente
proporcional a su desarrollo.
Cuando el gusto estético de los
adultos no concuerda con el modo en que se expresan plásticamente los niños,
surgen dificultades ya que la crítica o exigencias de sus mayores impiden al
niño utilizar el arte como una verdadera forma de comunicación. Si no hubiera ningún tipo de interferencia,
el niño se expresaría libremente y sin inhibiciones, sin que fuera
necesario ninguna clase de estímulo.
Evidentemente el desarrollo infantil, no puede
medirse por los cánones de belleza de los adultos. En la educación artística, el
producto final - si bien es
importante- debe estar subordinado a
los logros que produzca el proceso creador. La obra producida es un
reflejo del niño en su totalidad ya que en ella expresa sus sentimientos e intereses y demuestra el conocimiento
que posee del ambiente que le rodea. (D. Acerete)
La
educación en general, debería tratar de
estimular a los alumnos y alumnas para que se identifiquen con sus propias
experiencias, y para que desarrollen los conceptos que expresen sus sentimientos,
sus emociones y su propia sensibilidad estética. El educador de
plástica debería comprender que lo realmente importante, no es lograr que el
niño aprenda las respuestas que satisfagan a
los adultos, sino que logre su propia respuesta. El proceso de creación involucra la incorporación
del yo a la actividad que se
realiza. La expresión del sí
mismo, llamada autoexpresión, no significa que haya que expresar un conjunto de emociones
descontroladas a la hora de construir formas, sino que da una salida a los
sentimientos y pensamientos del individuo, según el determinado nivel de su
desarrollo o momento de su vida.
En las
experiencias artísticas, el mismo contenido puede ser representado por un niño
pequeño y por un artista adulto. Lo que varía es la relación subjetiva entre el
creador y las cosas, las personas o los sentimientos que provocan el mundo que
nos rodea. Comprendiendo la forma en que un niño dibuja y los métodos que usa
para representar su ambiente, podemos penetrar en su comportamiento y apreciar
la complejidad y las variaciones que tienen lugar, en el proceso mediante el
cual el niño crece.
El conocimiento
de las variaciones que aparecen en los dibujos para los distintos niveles del
desarrollo, y las relaciones subjetivas entre el niño y su medio, son elementos
necesarios para interpretar el desarrollo de las actividades artísticas y
creativas. Es más, para trabajar con los niños en el ámbito de la expresión plástica, es
imprescindible comprender las diversas etapas del desarrollo y poseer un
conocimiento completo de los alcances del arte en cada una de ellas.
Algunos
antecedentes
A
finales del siglo XIX se publicaron los primeros estudios sobre la expresión
gráfica de los niños. Esta actividad
infantil había comenzado a ser objeto de análisis sistemáticos, en aquella
época en la que también comenzó a desarrollarse la psicología científica. Hacia
1857, Ruskin se interesa por lo que
se ha considerado como las posibilidades
educativas del dibujo. Si bien lo que pretendía era especialmente descubrir
artistas entre sus discípulos, desde aquellos años, hablaba de lo conveniente que resultaba que la práctica artística, en niños menores de
12 o 14 años, fuera absolutamente voluntaria.
Hacia
fines de 1885, un maestro inglés de apellido Cooke, -en relación con Sully, el principal psicólogo inglés
de la época- publica dos artículos
sobre el tema, que son los primeros documentos de un largo y cada vez más
complejo proceso de investigación. Estos escritos científicos tienen la
importancia de ser los antecedentes de teorías posteriores, ya que proclaman la
necesidad de desarrollar el espíritu, fomentando la expresión, la imaginación
y estimulando la actividad mental
voluntaria.
Sully publica, diez años más tarde, una obra de psicología infantil, en la
que trata de explicar de forma teórica, la creciente cantidad de testimonios
aislados que venían apareciendo. En sus
"Estudios sobre la infancia"
elabora una teoría que - coherentemente con su época- resulta de corte evolucionista. Relaciona los dibujos infantiles, con los
fenómenos de la cultura racial primitiva
y además, desarrolla una teoría sobre la relación
entre juego y arte, que luego retomaría Herbert
Read. Afirma que el impulso lúdico se convierte en impulso artístico, cuando el individuo
participa cada vez más en la conciencia social y advierte que su capacidad de
"dar forma" –de crear algo
artístico- puede llegar a ser valorada
por los otros y proporcionarle el reconocimiento general.
Al
analizar la evolución de los dibujos infantiles, Sully se limita al cuerpo humano y los animales, realizados por
los niños más pequeños - entre los 2 y
6 años de edad-. Su clasificación de
las distintas etapas del desarrollo, comenzando por el garabato sin objeto, seguido del diseño "lunar" del rostro humano, hasta llegar al tratamiento más complejo de la figura, ha sido la
base de todas las clasificaciones posteriores.
Siguiendo
con la aproximación histórica, encontramos
entre otros, a Levinstein, Stern, Burt y Luquet. Hacia
1913, Luquet
define la evolución en términos de estadios
y las etapas sucesivas que tienen,
como denominador común, el concepto de realismo: realismo fortuito, realismo fallido,
realismo intelectual y realismo visual. Sin embargo, se equivoca al considerar que
la realidad del niño, tiene como
modelo la realidad del adulto ya que, posteriormente, Piaget ha demostrado que el realismo
infantil tiene que ver con una percepción
egocéntrica de la vida. Al no tener conciencia de la existencia del yo, el
niño/a considera que su propia visión de la realidad es la única realidad absoluta y objetiva.
Es fácil
comprender que, en aquellos años en los que el dibujo y la pintura debían ser
necesariamente académicos, realistas y
de técnica depurada, la representación gráfica infantil se describiera
en términos de “imperfecciones”, de “errores”.
Sin embargo, son precisamente esas imperfecciones
gráficas de las que habla Luquet, las que constituyen la aportación más interesante de su teoría. Esas imperfecciones gráficas, que nosotros
llamaríamos simplemente "características", son particularmente evidentes en el
transcurso del período de 4 a 10 años. Tres conceptos, el de ejemplaridad, el de transparencia
y el de abatimiento, ilustran más
específicamente este período, y serán retomados posteriormente por otros
autores. (A.Cambier)
En cuanto a Cyril Burt, se puede decir que ya en 1927, establece su teoría de
la evolución de los dibujos infantiles, en etapas muy detalladas. Como
posteriormente harán Lowenfeld y
otros, describe los comienzos de la expresión gráfica con el período del garabato
entre los 2 y los 5 años. Pero enumera
mayores diferencias de las que se consideran posteriormente: el garabato
sin finalidad, garabato con sentido, garabato
imitativo y finalmente el garabato
localizado, como transición hacia
la línea, a los 4 años.
Entre los 5 y 6 años, establece el
simbolismo descriptivo, como la representación de la figura
humana con tolerable exactitud, siendo distinto para distintos niños, pero al
que cada uno se aferra con bastante fuerza.
Posteriormente, de 7 a 9 años el realismo descriptivo, es cuando el
niño trata de catalogar y comunicar todo lo que le interesa y aunque el esquema
se hace más fiel a los detalles, la representación es más bien genérica. Hacia los 9 y 10 años, el realismo visual dividido en dos
clases, bidimensional y tridimensional. El niño pasa de un dibujo
de
memoria a un dibujo donde la observación
de la naturaleza, empieza a cobrar sentido. Hacia
los 11 años, y hasta los 14, habla de una inevitable represión que considera como parte del desarrollo
natural del individuo, para llegar a los 15 años con el verdadero despertar artístico...
si es uno de los pocos afortunados, que ha logrado superar la etapa anterior.
Todas
estas teorías, nítidamente evolucionistas, han sido criticadas en este punto
por Herbert Read (1959). Este autor
plantea que no todos los primeros dibujos representacionales,
surgen al azar del garabato, que desde las primeras expresiones infantiles se
encuentran diferenciadas las intenciones que tuvieran en cada caso, como
veremos seguidamente.
Así como
la aportación de Luquet es basarse
en la idea de realismo, la de Lowenfeld
gira en torno a la idea de esquema,
palabra que utilizaría por primera vez, en forma casual, el ya citado Sully.
El esquema, propio de cada
niño en particular, es el signo con que cada uno representa el concepto que
tiene de las cosas. Los niños, salvo raras excepciones, no están interesados en
la representación del mundo, siguiendo los cánones del realismo visual. La actividad gráfica es un medio especializado de
comunicación, dotado de sus propias características y leyes y el
impulso espontáneo de los niños es una representación, partiendo del aspecto
sentimental o la sensación subjetiva interior. Como decíamos anteriormente,
sólo cambian porque se impone
gradualmente al niño una actitud naturalista, sin embargo, si esos mismos
niños se entregan a una actividad gráfica espontánea, es siempre de índole esquemática. Luquet, había remarcado esta duplicidad de estilos desde el
comienzo mismo de la actividad gráfica de niños muy pequeños. Puede explicarse
considerando que el niño dibuja con dos intenciones claramente diferenciadas:
una para satisfacer sus propias necesidades internas y otra como actividad socializante, como muestra de simpatía hacia otra persona.
Los Trabajos de
Lowenfeld
Este
autor presenta una descripción detallada de las modificaciones que va sufriendo
el lenguaje gráfico de los niños y niñas, a medida que van madurado en sus
aspectos físico, intelectual y afectivo. Con posterioridad a esta investigación
se han realizado otros estudios que podríamos analizar en sucesivos artículos
pero, a pesar de los cambios que puedan
haberse producido en el desarrollo de la expresión plástica infantil -a partir de la llamada “cultura de la
imagen”- es posible considerar que las aportaciones de esta obra, permanecen vigentes. Si bien se ha observado
que los límites de edades, pueden haber descendido
un poco con respecto a los estadios que se mencionan en el estudio, (lo que
antes era común entre los niños de 6 años, ahora lo es entre los de 5, por
ejemplo) de todas formas, el orden de sucesión de las diversas etapas
del desarrollo, continua siendo el
mismo.
Lowenfeld propuso una análisis de la evolución de la expresión plástica
infantil en términos de estadios,
enfoque que considera la evolución gráfica hasta la adolescencia. Es el primero
en considerar el estudio del dibujo dentro del contexto general de toda la actividad creadora del niño, al igual
que el modelado y las construcciones, por ejemplo. Sus reflexiones se ven
completadas por el estudio del dibujo de
niños con dificultades de visión y del modelado en niños ciegos. Como
consecuencia, se comprende mejor su perspectiva, que va mucho más allá del
modelo visual.
Para
este autor, al igual que para los
anteriores, los dibujos infantiles son la expresión
del niño en su integridad, en el momento que está dibujando. El
niño se describe a sí mismo, sin encubrimientos. La huella de su individualidad, queda registrada
indefectiblemente. Cada dibujo representa los diferentes ámbitos de su persona,
podría considerarse en un plano horizontal: su capacidad
intelectual, su desarrollo físico, su aptitud perceptiva, el factor creador, el
gusto estético y también el desarrollo social del individuo. Pero también sus
creaciones nos muestran lo que puede considerarse un plano vertical: todas las
transformaciones que se van sucediendo a medida que crece y se desarrolla. (A.
Cambier)
Al
estudiar este desarrollo, Lowenfeld articula
un sistema de estadios o etapas. Los estadios están definidos
por la manera en que el sujeto aprehende la realidad.
Las etapas evolutivas han sido clasificadas de acuerdo con aquellas características
del dibujo infantil que surgen espontáneamente en niños de la misma edad
mental. Para esta clasificación,
considera mayor número de asuntos de los que estimaban estudios anteriores,
centrados especialmente en la figura humana. Además de esto, toma en cuenta: el desarrollo
del grafismo,
la manera de distribuir en el espacio las formas, el diseño
y el uso del color.
A medida
que los niños cambian, también varía su expresión creativa. Los
niños dibujan en una forma predecible, atravesando etapas bastante definidas
que parten de los primeros trazos en un papel y van progresando hasta los
trabajos de la adolescencia. Aunque consideramos estas etapas como
diferentes pasos en la evolución del arte, resulta a veces difícil decir dónde
termina una etapa y comienza la otra. Es decir, el desarrollo en el arte es
continuo y las etapas son puntos intermedios en el curso del desarrollo. No
todos los niños pasan de una etapa a otra en la misma época. Sin embargo,
excepto para el caso de los niños discapacitados mentales o el de los
superdotados, estas etapas se suceden ordenadamente, una después de otra, y la
descripción de cada una es un elemento valioso para comprender las
características del niño y su capacidad artística en un momento determinado.
Describir los cambios que se
producen en la expresión plástica infantil, resulta más fácil que explicar las
causas de que dichos cambios tengan lugar. Según Lowenfeld, no hay una línea recta de
progresión desde un garabato muy pobre que traza un niño pequeño para
representar un objeto, hasta la gran precisión que puede lograr un adolescente
dibujando el mismo objeto.
Las
afirmaciones de que los niños dibujan lo que saben y no lo que ven,
no tienen fundamentos lógicos, cualquier niño pequeño puede describir los
rasgos de las personas y las cosas, con mucho más detalle de lo que le interesa
representar. No se debe pues, a falta
de capacidad sino a que, aparentemente, se sienten satisfechos con la imagen
que han elegido para "significar" dicho objeto. Parecería que lo que
el niño está dibujando, es lo que tiene importancia para él en dicho momento.
"Si se considera el dibujo como un
proceso que el niño utiliza para transmitir un significado y reconstruir su
ambiente, el proceso del dibujo es algo mucho más complejo que el simple
intento de una representación visual. (...) Resulta evidente que hasta el mismo niño está incluido en
cada dibujo, es espectador y actor al mismo tiempo." (Lowenfeld, 1972 p.46)
Los
dibujos de los niños y niñas nos permiten apreciar que comienzan desde un punto
de vista egocéntrico, para ir
adquiriendo progresivamente una mayor conciencia de sí mismo como parte
integrante de una sociedad organizada. Se puede suponer que, lo que interpretamos como el dibujo de un hombre,
tal vez no sea más que la representación del propio yo, que va tomando forma en
la mente de cualquier individuo.
Para este autor, todas las líneas empleadas por el niño para representar
la realidad no tienen relación
estrecha con esta realidad y menos aún con
la realidad visual, la mayoría de las veces el niño emplea formas y
líneas que pierden su significado cuando están separadas del conjunto. Habla de
"líneas geométricas" (puntos para los ojos, líneas para los
dedos, rectángulos para el torso, etc.) que son las que constituyen una representación
esquemática, que indica las características esenciales de la figura
representada.
Pero,
antes aún de llegar al esquema, Lowenfeld se interesa por las primeras representaciones gráficas
infantiles que se producen en torno a los 2 años. Es la etapa del garabato.
El niño de esta edad, hace trazos desordenados en el papel, que de a poco se
van organizando y controlando. Pero no es hasta los 4 años, cuando las figuras
dibujadas comienzan a ser reconocibles.
El estadio siguiente, es el llamado preesquemático,
en el cual el niño hace sus primeros intentos de representación, dura
hasta los 6 años aproximadamente. La característica esencial de esta etapa, es
el
dibujo del ser humano, con lo que ha dado en llamarse el monigote,
representación que por lo general, se limita a cabeza y pies. Cualquier otro
objeto del ambiente, puede ser representado sin relación de tamaño ni
espacio. El siguiente estadio es el esquemático. Entre los 7 y 9 años. El niño
desarrolla ahora, un concepto definido de la forma, sus
dibujos simbolizan partes de su entorno de forma descriptiva. Aparece una
interesante disposición espacial, que veremos luego, con más detalle: la línea
de base. Al alcanzar los 9 años, inicia una etapa de creciente realismo, que llega hasta los
12. El niño tiene más conciencia de sí mismo, se interesa
más por los detalles y por su entorno social.
Después
de los 12 - para nuestro sistema
educativo, en los comienzos de la enseñanza secundaria- los niños quieren representar
el ambiente
que los rodea, de forma más realista, con profundidad y perspectiva.
Lowenfeld la llama: pseudonaturalista. Es la edad del
razonamiento y está caracterizada por grandes conflictos. Alrededor de los 14 o 15 años, como ya lo
analizara Burt, es el verdadero despertar
artístico de los adolescentes o el abandono de este tipo de expresión. Lowenfeld
denomina esta etapa como de decisión.
Veremos ahora
más detalladamente, las características específicas de cada una de estas
etapas que acabamos de presentar. Como hemos dicho, consideraremos las edades
entre los 4 y los 12 años, por ser las que se hallan comprendidas,
aproximadamente, en la educación primaria.
Etapas del
Desarrollo
Como
afirma Lowenfeld, el aprendizaje de
un niño, tiene lugar en su interacción con el ambiente que lo rodea. Mucho
antes de empezar a trazar las primeras líneas en una superficie, sus sentidos
tienen los primeros contactos con el medio y reacciona ante experiencias
sensoriales como tocar, ver, gustar o escuchar. Es en esta primera infancia,
cuando el niño comienza a establecer pautas de aprendizaje y actitudes a
seguir. Desde tan temprano, el
arte tiene gran importancia, ya que contribuye a desarrollar la sensorialidad
y a relacionar el niño con el medio. Cualquier forma de percibir y de
reaccionar frente al medio, es la base para la producción de formas artísticas.
El garabato
Señalaremos
brevemente la primera expresión gráfica que desarrollará el niño/a fundamentalmente
en la casa, en guarderías y en el preescolar.
La
primera representación es el Garabato sin
control. Es el movimiento
por el movimiento mismo. El niño traza líneas moviendo todo el brazo
hacia adelante y hacia atrás, sin importarle la dirección visual. Produce trazos
impulsivos, estos pueden ser rectos o ligeramente curvos y a menudo
sobrepasan los bordes del papel. El niño puede estar mirando hacia otro lado
mientras garabatea. Sólo le interesa el placer del movimiento, que será siempre
lo más amplio posible para facilitarle el control muscular del gesto.
El Garabato controlado se caracteriza por el intento de dirigir
la mano en la misma dirección de un trazo ya realizado para poder repetirlo,
y por el entrenamiento en la realización de figuras cerradas. En
este movimiento, el niño toma conciencia de la posibilidad de controlar el
grafismo que está realizando.
El Garabato con nombre es cuando el trazo
adquiere valor de signo y de símbolo. El niño ya no dibuja por simple
placer motor, sino con una intención; aunque el garabato no sufra en sí demasiadas
modificaciones, el niño espontáneamente le pondrá un nombre. El mismo trazo
o signo puede servirle para representar distintas cosas y también es posible
que cambie en el transcurso de su tarea el nombre de lo que ha dibujado. Es
una etapa de mucha trascendencia en su desarrollo, es un indicio de que
el pensamiento del niño ha cambiado. Pasa del pensamiento meramente kinestésico
al pensamiento imaginativo. Es ahora, alrededor de los tres años y
medio, cuando se percibe una intención previa a la acción. Sin embargo, muchas veces un trazo que, al
comenzar el dibujo significaba una cosa, puede cambiar de denominación antes de
terminarlo.
Una
característica importante que destaca Lowenfeld,
es que los niños no están interesados en la realidad visual. Una línea
ondulante, puede ser un perro corriendo, pues también tienen un significado
real para el dibujante las sensaciones de movimiento, de suavidad o de
velocidad. Padres y maestros no deben forzar al niño a que dé nombre a
sus garabatos, ni darles su propia
versión adulta sobre el tema. Solamente se deberá mostrar entusiasmo y
dar confianza por este nuevo modo de pensar.
De los
últimos períodos del garabateo cuando, por lo general, los niños ingresan al
preescolar, surge naturalmente un método diferente de dibujo: la
creación consciente de la forma. A estos primeros intentos de
representación Lowenfeld los
denomina:
Etapa
Preesquemática

Al pasar a la educación Infantil,
hacia los 4
años el niño/a comienza los
primeros intentos conscientes para
crear símbolos que tengan un significado y, aunque son la progresión lógica de
la etapa anterior tienen su fundamento
en la relación significante vivida por el niño. En esta etapa está
buscando lo que posteriormente va a ser su esquema
personal por eso se perciben cambios constantes de formas simbólicas,
ya que cada individuo tiene su particular forma de expresar los elementos
cotidianos como la figura humana, animales o construcciones. Es el comienzo real
de una comunicación gráfica. Los trazos van perdiendo su
relación directa con los movimientos corporales característicos de la etapa
anterior, son ahora controlados y se refieren a objetos visuales (que
se perciben a través de la vista). El
conjunto indefinido de líneas, que era un garabato, va evolucionando hacia una configuración representativa definida. A menudo un adulto es
capaz de entender el dibujo, sólo si el
niño/a está muy familiarizado con la
técnica elegida. Es ahora cuando aparecen las
primeras representaciones de objetos y figuras reconocibles para un adulto,
ya que anteriormente, los niños daban nombres a formas totalmente
incomprensibles para los mayores.
Generalmente, la primera figura lograda es la humana. Esta se constituye por yuxtaposición, inclusión y combinación de
trazos ya dominados con anterioridad. Se le suele denominar "monigote", "cabezudo", "cabeza-pies"
o "renacuajo". La importancia de la representación humana
es fundamental durante toda la infancia. Está comprobado que el niño no trata
de copiar el objeto visual que pueda tener delante. La causa de que sólo dibuje la cabeza y los miembros, ha
suscitado varias teorías: es probable
que se esté representando a sí mismo desde una perspectiva egocéntrica del
mundo y que trate de dibujar lo que ve de sí mismo sin mirarse en un
espejo. Otro punto de vista,
probablemente al hilo de ciertos análisis de Piaget - que descubrió que
los niños de seis años, creen que el pensamiento tiene lugar en la boca- afirma que el monigote es la
representación de lo que el niño sabe de sí mismo en ese momento. La
cabeza es el lugar donde se come, se habla y donde está realmente el centro de
la actividad sensorial. La adición de los miembros la hace móvil y funcional.
Esta teoría sin embargo no explica porqué los niños no representan todas las otras
partes del cuerpo que saben enumerar verbalmente.
Un dibujo es siempre, una abstracción o esquema que resulta de una amplia gama
de estímulos complejos. En esta construcción del esquema, también juega un
papel de considerable importancia la imitación
de los modelos que lo rodean, como pueden ser los cómics, los personajes
televisivos, las películas de animación
o la influencia de las críticas
del adulto. Progresivamente, a
través de numerosas repeticiones expresivas y vivencias de experiencias
emotivas, los dibujos se irán completando con detalles. Al mismo tiempo se organizarán de manera
más rígida y convencional. Hacia los 6 años, dejará de variar y modificar los
símbolos representativos, para establecer un cierto esquema de cada cosa, que
repetirá continuamente.
En cuanto a la
elección del color, Lowenfeld
dice que los niños de esta etapa están menos interesados
en el cromatismo, que en la forma.
Al haber descubierto su habilidad para trazar estructuras que él elige, se
deja dominar por esta circunstancia.
Hay poca relación entre los objetos que pinta y su color real. La
relación es más sentimental que de otro estilo. Probablemente elija su color
favorito para representar a su madre, y un color amarillo para pintar un cuento
gracioso, o marrón para una tema triste. Muchas veces la elección es sólo por
asuntos mecánicos, emplean simplemente el color que tienen más cerca, o el más
espeso, o el que tiene el pincel más limpio.
Aunque el niño no está interesado en establecer una determinada
relación con el color, disfruta con su utilización. La
función del adulto es dar todas las posibilidades para que la criatura
experimente, no debe nunca decir que el cielo es azul y no verde. Debe
permitir que el niño descubra por sí
mismo, sus propias relaciones afectivas con el color y su utilización armónica
en los trabajos que realice.
Entre
los artistas adultos, la organización del espacio pictórico, difiere
ampliamente de unos a otros. No sólo dentro de los mismos individuos en
distintas etapas de su producción sino también, teniendo en cuenta aspectos
culturales. No se concibe el espacio en Occidente de la misma forma que en
Oriente, ni lo concebían los egipcios como los griegos. No es más "correcta" la perspectiva geométrica del
Renacimiento, que el espacio
jerárquico del Gótico. Muchos artistas contemporáneos prefieren
utilizar el soporte como plano bidimensional (en ancho y alto) y otros
continúan representando una profundidad que atraviesa el plano el de la imagen.
Con esto, tenemos que admitir que no hay un criterio determinado para decidir
sobre la corrección de la representación espacial. Es un tema subjetivo
y cultural.
Entre niños de esta edad, el espacio es entendido como todo lo que rodea a la figura principal. No
es una organización tan caprichosa como pueden creer a simple vista los
adultos. Los objetos secundarios representados, "flotan" alrededor de esa figura central porque el niño los enumera
y se sitúa él como centro de la organización espacial.
La incapacidad del niño para relacionar
las cosas entre sí, en el espacio, es
una clara indicación de que no está aún maduro para cooperar socialmente y que
tampoco podrá relacionar las letras entre sí, para aprender a leer. Puesto
que está en una etapa de egocentrismo, las experiencias
que están relacionadas con él mismo, son las que resultan más significativas.
Por lo tanto, Lowenfeld afirma que el niño en esta etapa está emocionalmente
consustanciado con sus relaciones espaciales.
Enseñar
a un niño de esta etapa, la idea que tienen actualmente los adultos del
espacio, no sólo sería inútil, sino perjudicial para la confianza en sus
propios trabajos creadores. El niño no
tiene en esta etapa un plan consciente de trabajo antes de comenzar.
Para Lowenfeld el papel del esquema sólo
puede comprenderse si se considera que ese esquema es fruto de una larga búsqueda individual, íntimamente
ligada con la personalidad del niño.
Etapa esquemática

Lowenfeld aclara que, aunque cualquier dibujo pueda ser considerado como un
símbolo o esquema de un objeto real, él lo utiliza con una significación
específica: "es el concepto al cual ha llegado un niño,
respecto de un objeto, y que repite continuamente mientras no haya
alguna experiencia intencional que influya sobre él para que lo cambie" (1972, p. 171)
Las formas
en esta etapa son más definidas ya que su pensamiento se ha hecho más operatorio
(según Piaget); es la etapa en que
su pensamiento da los primeros pasos hacia el desarrollo del pensamiento
abstracto. La figura humana responderá al esquema o concepto que el
niño se haya formado a través de su experiencia. Advierte que la diferencia entre esquema
repetido y estereotipo,
es que el primero es flexible y presenta desviaciones y
variaciones, mientras que el segundo es siempre exactamente igual.
Las
diferencias entre los esquemas de distintos niños pueden depender de muchas
causas. En primer lugar, nunca podrían ser iguales los esquemas de dos niños
que son distintos. En gran medida, la causa de que algunos esquemas sean muy
ricos y otros lo sean menos, se debe a las diferencias de personalidad, pero también es importante la
actividad del maestro. El
grado hasta el cual el maestro ha podido activar el conocimiento pasivo del niño, mientras éste estaba dando forma a sus
conceptos.
El esquema tiene su desarrollo máximo
alrededor de los 7 años y se refiere tanto a las
personas,
como al espacio y los objetos. Es de esperar que a esta edad, logren representar un esquema
humano con sus detalles característicos y que para el adulto resulten
fácilmente reconocibles. Como dijéramos anteriormente, las partes componentes, no
tienen valor por sí mismas, los
niños utilizan líneas y formas geométricas
-círculos o triángulos- como así
también formas irregulares para el esquema de piernas, ojos o ropa. Sólo tienen
significado cuando se ven integrados en el
todo, y dependen en gran medida del mayor o menor conocimiento que el niño
tenga del cuerpo. Por lo tanto, el esquema humano es algo muy personal y
puede considerarse como un reflejo del desarrollo del individuo.
El
principal descubrimiento de esta etapa es que
el niño descubre que existe cierto orden en las relaciones
espaciales, ya no piensa en objetos aislados sino que establece relaciones
entre los elementos y se considera a sí
mismo como una parte del entorno. Esta evolución se expresa, al
menos en nuestra cultura, por la aparición de lo que el autor llama la "línea de base”, al principio el niño colocará todo en el
borde inferior de la hoja de papel; posteriormente dibujará una raya
para simbolizar la base sobre la que se encuentran los objetos. (A.
Cambier) Esta referencia de ordenación
luego se extenderá a la aparición de una línea de cielo y
el espacio entre ambas representa el aire o atmósfera. Aunque a los
adultos les parezca extraño, la línea
de tierra y de cielo es una ilusión óptica convencional tan
válida, como la
representación del encuentro de ambas líneas, en la línea del horizonte.
El
esquema espacial que utiliza el niño es absolutamente bidimensional y la línea
de base está considerada universal. "La … línea de
base es el indicio de que el niño se ha dado cuenta de la relación entre él y
el ambiente"
(Lowenfeld, 1972 p.177). Algunos niños,
duplican
la línea de base. Sitúan la segunda más arriba, representando otra
parte más alejada del mismo paisaje. Estos casos denotan un desarrollo mayor y,
aunque la representación sigue siendo bidimensional, es un paso hacia la perspectiva.
Si bien
esta representación espacial es la más común, en ocasiones, a raíz de alguna
experiencia afectiva, pueden desviarse de este tipo de esquema y usar representaciones
espaciales subjetivas. Resulta muy interesante analizar lo que ha dado
en llamarse el proceso de "doblado", que significa representar los
objetos perpendiculares a la línea de base, aún cuando resulte que
aparecen en forma invertida al observador. Para representar por ejemplo, ambos
lados de una acera, o de un muelle, algunos niños necesitan girar el papel, o
cambiar ellos de sitio y dibujar las
figuras opuestas. Se comprende mejor la intención doblando el papel por la
mitad para reconstruir la escena.
Otras
formas de representación espacial en esta etapa pueden ser, la desaparición completa de la línea,
representando la escena desde arriba. El abatimiento
de un plano de apoyo, - poner en vertical el plano horizontal- para
mostrar perfectamente lo que está ocurriendo en él, puede dar lugar a la
representación de planta y elevación en el mismo trabajo. También según la
necesidad, pueden aparecer líneas de base en
cada lado del papel, para representar por ejemplo, la
circunvalación de un espacio.
Hay una
representación del espacio muy particular de esta etapa a la que Lowenfeld llama la representación de espacio-tiempo. Es la manera que tienen los
niños de señalar acontecimientos que tuvieron lugar en distintos momentos.
Puede surgir de la necesidad de comunicación. Por ejemplo, quieren "narrar
un cuento y a la vez escucharlo." Esta es la razón por la que
encontramos diferentes episodios representados por una secuencia de dibujos. De
alguna manera, es el sistema de los "cómics",
aunque no los separen en cuadros delimitados. También puede surgir de la idea
misma de movimiento, sin un especial intento de comunicación, como el niño que
se dibuja en su dormitorio y luego la escalera que ha debido bajar y, finalmente
él mismo abajo, en la mesa del desayuno.
Otra de
las representaciones espaciales es la de radiografía
o "rayos x". Es un sistema
por el cual los niños, representan al mismo tiempo, el exterior y el interior
de algún ambiente cerrado, sin que para ellos tenga ninguna importancia, la
real posibilidad visual.
Como es
lógico, el niño descubre que hay relación entre el color y el objeto. Y
como también es comprensible para esta etapa, elige un color para cada objeto
y siempre repite el mismo. El color ha dejado de ser absolutamente afectivo
como lo era en etapas anteriores. Esta circunstancia es reflejo directo de
desarrollo progresivo del niño. Lowenfeld
afirma que "El niño a comenzado a
desarrollar la capacidad de categorizar, de agrupar cosas en clases y de hacer
generalizaciones." (LOWENFELD,
1972, p. 194) Aunque ciertos objetos
son pintados con colores comunes para todos los niños, como el cielo azul o la
hierba verde, cada niño desarrolla sus propias relaciones de color.
Aparentemente la primera relación significativa que un niño tiene con el color
determinará la formación del esquema, que no cambiará a menos que otra
experiencia significativa así lo requiera.
Al igual que en las desviaciones de espacio y forma, estas
modificaciones del esquema nos permitirán ahondar en el significado de las
experiencias del niño. El esquema de color
es un indicio del proceso que conduce al pensamiento abstracto y
muestra que el niño puede generalizarlo a otras situaciones, a partir de su
propia experiencia.
Puesto
que en esta etapa un niño puede ver relaciones lógicas entre los objetos, y entre él mismo y su medio, es el momento
oportuno para proponerle juegos en los que necesite de la cooperación y relación.
También se lo considera preparado para el aprendizaje de la lectura,
pues podrá relacionar las letras entre sí para descubrir palabras. Su mente en
esta época se halla menos ligada al yo, por lo que está listo para interesarse
por palabras y otros estímulos del
mundo exterior. El niño está buscando
un modelo o una estructura dentro de su medio. El concepto de sí mismo que se
desarrolle en este momento, puede ser un factor importante en sus relaciones con
la capacidad de aprendizaje y con la gente. Los propósitos básicos de
un programa de plástica para ellos, deben tender a "desarrollar
una imagen positiva de sí mismos, alentar la confianza en los propios medios de
expresión y proveer la oportunidad para
que se origine el pensamiento divergente constructivo." (D. Acerete)
Los comienzos
del Realismo:
Hacia
los 9 años la representación esquemática y las líneas geométricas no bastarán
para permitir que el niño se exprese; intenta ahora enriquecer su dibujo y adaptarlo
a la "realidad". Por
esto tendrá que abandonar el uso de líneas geométricas, convertidas en un medio
de expresión inadecuado, para seguir un medio de representación más realista,
en la que los detalles conserven su significación cuando estén separados del
conjunto.
Para Lowenfeld el concepto de realismo no
significa "reproducción fotográfica
de la naturaleza", sino la tentativa del
sujeto por representar un objeto como un concepto visual, pero incluyendo sin embargo, cierta cantidad de experiencias
y de informaciones que no tienen que ver necesariamente con el ámbito visual.
El autor advierte que muchos confunden el término "realismo", con el
de "naturalismo". Pero
literalmente, éste último se refiere a naturaleza y el primero a lo que es real.
Tan real puede ser un árbol o una montaña, como el egoísmo de un compañero o la
alegría por ganar un partido de fútbol. Lo
natural está y permanece aunque no
lo miremos. Lo real arraiga en
nosotros, por la experiencia que tenemos de ello.
Es una
época en que sus pares –sus iguales- adquieren una gran importancia. Descubren
su independencia social. Los chicos disfrutan con sus reuniones y códigos
propios, en ese mundo lleno de emociones que los mayores no comprenden. Tratan de independizarse de los adultos,
que generalmente no están dispuestos a abandonar la supervisión sobre ellos,
por lo que propician actividades
secretas. Es un momento ideal para fomentar la cooperación grupal y los hábitos
de respeto y consideración. Las chicas,
también se reúnen entre ellas, tienen sus secretos, se interesan por la
estética personal y aunque agredan a los chicos, suspiran por los de
secundaria. La gran importancia que adquiere el grupo,
hace que esta etapa sea conocida como "de la pandilla".
El
esquema, como apuntáramos antes, queda inadecuado pues es demasiado
generalizador. Ahora, cada vez más
consciente de su entorno, el jovencito necesita representar las diferencias que
los caracterizan. Ya no necesita recursos expresivos que antes
utilizaba como exageraciones y omisiones, y debido a su creciente
conciencia visual, lo que es emocionalmente
más afectivo, lo representa con mayor cantidad de detalles. Los cambios
observados resultan de la significación del plano y de la idea de
recubrimiento, lo cual entraña el retroceso y luego la desaparición
de los trabajos de transparencia y doblado. En esta etapa, el niño adquiere un
cierto sentido para los detalles, pero a menudo pierde el sentido de la
acción y la figura suele ser más estática
que en la etapa anterior. Va tomando conciencia de la superposición
y busca representar la tercera dimensión.
En
cuanto a la utilización del color, en poco tiempo pasa de una rígida relación
color-objeto, a una caracterización detallada del
verde-árbol, distinto del verde-hierba. Sin embargo no hay lugar todavía, para la
enseñanza de teorías del color, que haría que el niño despreciara su propia
representación cromática.
La línea de base, aunque permanece para algunos, va
desapareciendo para la mayoría. Comienzan a percibir el suelo como un plano y los
objetos ya no se alinean en procesión. Gradualmente, lo que era línea
de cielo, va descendiendo hasta encontrarse con la línea de tierra y ser
percibida ahora como horizonte. A partir de esto, poco le
cuesta comprender que un árbol puede superponerse al cielo marcando así una
organización espacial más “realista”. Sin embargo, este creciente
interés por la profundidad y el espacio no es consciente ni hace que conciban
las sombras o que haya intentos de
claroscuros.
A medida
que los niños acrecientan sus relaciones con el ambiente, se hace más
necesario, inculcarles el sentido de lo que es verdadero y de lo que no lo es.
Se les deben proporcionar oportunidades para que descubran la belleza natural que se encuentra en los objetos -que por lo general coleccionan- desde
piedras o caracoles, hasta mariposas o sapos.
Esta característica puede dar lugar a enriquecer
su capacidad perceptiva, observando, eligiendo y clasificando
sus objetos preciados. Es un buen momento para ponerlos en contacto con todo
tipo de materiales y texturas que podrán servir de base a diseños armoniosos,
siempre en función de las cualidades
específicas de cada uno de ellos.
Se
comienza a notar un conocimiento consciente de la decoración y
el diseño, lo que no significa que se les deba enseñar
formalmente el diseño. "Identificarse
con las cualidades de los materiales, aprender a conocer su comportamiento, es
importante no sólo desde el punto de vista educativo, sino también ético, pues
servirá para crear un sentimiento de sinceridad y autenticidad en el
diseño" (LOWENFELD 1972, p. 235)
Durante
esta etapa, hay una fuerte presión sobre el niño para que se adapte a los
adultos, a la sociedad y al grupo. Pero debería también inculcársele, la forma
creativa de hacerlo, tratando de evitar que asuma una actitud
conformista y masificada en la utilización de moldes impuestos. En este
sentido, es de vital importancia, favorecer los intentos individuales del niño
para hallar las propias respuestas y resolver problemas. El niño es más
creador, cuanto más desee experimentar y explorar nuevas soluciones.
Deben ser estimulados a utilizar los materiales de distintas maneras, para que
sean más flexibles y seguros.
Brevemente, citaremos
las sucesivas etapas que analiza Lowenfeld
en su estudio sobre la expresión artística en la escuela secundaria.
Pseudonaturalismo
Entre los 12 y
los 13 años el producto final de la creación
artística adquirirá cada vez más importancia; se verá aparecer una
distinción clara en las reacciones sensoriales de los niños ante su producción
gráfica. Unos reaccionan más a estímulos de orden visual, tales como los colores
o la luz; se inclinan a introducir la perspectiva en la representación del
espacio. Otros se interesan sobre todo en la interpretación de experiencias
subjetivas y ponen el acento en las relaciones emocionales existentes entre
ellos mismos y el objeto.
Para Lowenfeld sólo los niños de tipo
visual desean llegar a una concepción "realista", es decir
determinada por los cambios visuales ocurridos en el modelo, como por ejemplo
la modificación del tamaño del objeto con el alejamiento. Para esos niños el espacio,
con su cualidad tridimensional, se
convierte cada vez más en el centro de sus intereses: su dibujo muestra un
espectáculo. Pero estos
jóvenes están en pleno proceso de
transformación. Este período de la vida está
signado por la inhibición y la conciencia crítica
de sí mismo más que por la libertad expresiva. Sufren cuando perciben en sus
dibujos características infantiles, que ellos llaman deformaciones, porque se
empiezan a sentir adultos. Necesitan más
tiempo para la contemplación y la meditación y se han vuelto más sensibles a la
belleza de la naturaleza. Están en constante enfrentamiento con la
autoridad del mundo adulto, pero se sienten inseguros sobre lo que les tocará
vivir después de abandonar la infancia.
El cuerpo
adquiere un enorme significado y lo dibujan y caricaturizan constantemente. Las características
sexuales de los personajes son muy exageradas. Su creciente sentido del humor y la crítica
constante a todo lo que los rodea, los inclina a representar
el mundo en forma satírica y a través de caricaturas. En general el joven de esta edad tiene
todas las capacidades motoras y de observación desarrolladas como las de un
adulto, pero su enorme autocrítica las inhibe en numerosas ocasiones.
La decisión
A partir de los
13 o 14 años, Lowenfeld afirma que
les llega el momento de elegir cuál de todas las
actividades que conoce desea dominar mejor, qué técnica va
a perfeccionar y para qué lo va a hacer.
En esta etapa se afirma plenamente la diferenciación, ya perceptible
con anterioridad, de dos tipos creativos bien diferenciados. El tipo háptico
y el tipo visual.
El
sujeto de tipo visual contempla las cosas
del exterior,
considera primero el conjunto, analiza después los detalles, para finalmente
sintetizar sus impresiones parciales en un nuevo todo; es un observador
atento y se comporta como espectador
admirativo. Esos sujetos comienzan generalmente su dibujo por un
contorno del objeto a representar, dibujo que enriquecen después con numerosos
detalles.
El tipo háptico, menos preocupado por la experiencia visual, es esencialmente
emocional: se proyecta en su dibujo, en el cual participa como actor, y
allí expresa las numerosas impresiones
sensoriales, kinestésicas y táctiles que lo animan. Poco
preocupado por el respeto a las impresiones visuales, las interpreta al capricho de sus sentimientos, la imagen visual es corregida en función de factores personales,
y las proporciones del dibujo, por ejemplo, pueden estar determinadas por el
valor emocional de los objetos.
En
realidad estamos ante una manifestación de la existencia del estilo gráfico que
encontramos en la historia del arte. El tipo visual
privilegia las apariencias,
se relaciona con el impresionismo.
El tipo háptico privilegia el lugar del yo, se relaciona con la
escuela expresionista.
Para
finalizar, diremos que Piaget, al
estudiar el raciocinio de los niños, descubrió que hay estadios en el desarrollo
que se pueden ligar estrechamente con las etapas que analiza Lowenfeld. La primera etapa, dura hasta los 2 años y ha sido llamada por Piaget como el período "sensoriomotor", luego le sucede
el "preoperacional",
que se prolonga hasta cerca de los 7 años, seguido por la etapa de las "operaciones
concretas", que se extiende aproximadamente hasta los 11
años. Los trabajos de Piaget vienen a demostrar que no se le
hace ningún bien al niño criticándole los dibujos u otras creaciones. Si se considera necesario cambiar la forma de un trabajo
ejecutado por un niño, debemos primero, cambiar en él sus conceptos.(LOWENFELD,1972)
Una de las cualidades de los trabajos de Lowenfeld, es haber descrito la evolución del dibujo de una manera
muy pragmática, sin desdeñar ni las cuestiones concretas ni los aspectos pedagógicos que encuentra
quien se interese en la educación del niño. Habla de materiales y técnicas
apropiadas para cada etapa. Propone actitudes a seguir por los maestros
y padres para favorecer el correcto desarrollo de sus niños. Los cuestionarios
que propone para juzgar las cualidades y aptitudes del niño dibujante, son originales y constituyen una herramienta que
obliga a los educadores, a reflexionar sobre el porqué y el cómo de la
representación artística.
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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
ACERETE, D.: 1974, Objetivos y didáctica de la educación
plástica, Kapelusz, Buenos
Aires.
LOWENFELD, V.:1958, El niño y su arte, Kapelusz, Buenos Aires.
LOWENFELD, V. y BRITTAIN, W.: 1972, Desarrollo de la capacidad
creadora. Kapelusz, Buenos
Aires, [1º ed.,1961]
READ, H.: 1959, Educación por el arte, Paidós, Buenos Aires, [1º ed., 1943]
WALLON, P. y Otros: 1992, El dibujo del niño, Siglo XXI, Madrid, [1º ed., 1990]
WIDLÖCHER, D.: 1988, Los dibujos de los niños, Herder,
Barcelona, [1º ed., 1965]
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