“Lo que convierte a la fotografía en una extraña invención
-con consecuencias imprevisibles -es que su materia prima fundamental
sea la luz y el tiempo”. John Berger: Otra manera de contar
(1982).
El objeto de mi intervención va a ser abordar el estudio de la
fotografía como documento en su acepción más amplia. Desde la teoría
y práctica de la Documentación trataremos de establecer las bases
del tratamiento integral del objeto fotográfico con vistas a su
inclusión en procesos conservadores e informativos o documentales.
Consideramos que el procesamiento adecuado de las imágenes en los
archivos fotográficos puede ser de gran ayuda a los investigadores,
sociólogos, economistas o historiadores que necesiten las imágenes
como testimonios valiosos de aspectos distintos de la historia.
La imagen fotográfica juega un importante papel en la
transmisión, conservación y visualización de las actividades políticas,
sociales, científicas o
culturales de la humanidad, de
tal manera que se erige en verdadero
documento social. Si los periódicos constituyen una fuente histórica
básica para la comprensión de los avatares de la humanidad durante
los últimos siglos, la fotografía, sea la de prensa, la profesional
o, incluso, la fotografía de aficionado, representa, con el cine y la
televisión, la memoria visual de los siglos XIX y XX
y es un medio de representación y comunicación fundamental.
Por ello, desde la perspectiva de las Ciencias de la Información y la
Documentación se debe asumir responsabilidad en la conservación y
gestión de un patrimonio documental útil e informativo que, por muy
diversas razones, no siempre ha sido bien tratado. El Diccionario de
la Real Academia Española dice que la fotografía es “el arte de fijar y reproducir por medio de
reacciones químicas, en superficies convenientemente preparadas, las
imágenes recogidas en el fondo de una cámara oscura” y define imagen como “figura,
representación, semejanza y apariencia de una cosa”. Lo cierto
es que por medio de la fotografía algo o alguien situado en un
momento dado ante el objetivo de una cámara pasa a ser registrado en
un soporte que permitirá su difusión, colección o exhibición.
La fotografía no es una copia fiel de la realidad, no es sólo
una reproducción de algo que existe o
ha existido. La fotografía es una representación icónica
mucho más codificada de lo que habitualmente se admite.
Y aunque se acuñen frases que pasan a ser
estereotipos que la definen como la “cristalización del
instante visual”, el “certificado de presencia” o la
“reproducción no mediatizada”, lo cierto es que la
fotografía se separa mucho de la realidad o, incluso, de la percepción
humana de la realidad: En primer lugar, la fotografía elimina
cualquier información (sonora, táctil, gustativa, olfativa) no
susceptible de ser reproducida por medios ópticos. Además, reduce la
tridimensionalidad característica del mundo real a la
bidimensionalidad propia del plano, remarcada por el cuadro, elegido
por el fotógrafo, como límite infranqueable y con una remarcable
alteración de la escala de representación. La fotografía, salvo
mediante recursos convencionales de lenguaje visual, no reproduce el
movimiento, más aún, detiene el tiempo y, además, elimina o altera
el color. Es decir, que
consideramos a la fotografía como un documento integrado por soporte
e información transmisor de un mensaje codificado que exige un
esfuerzo decodificador por parte del destinatario. Por todo ello hay
que insistir en que cuando analizamos fotografías no analizamos la
realidad sino una representación de la realidad, si bien es cierto
que se trata de una representación que percibimos muy fiel pese a los
códigos.
Ahora bien, dejando al margen las fotos manipuladas o trucadas,
lo que sí puede afirmarse es que lo que aparece en una fotografía
estuvo ante el objetivo de la cámara, la fotografía es lo que fue,
lo que existió en un momento dado. Desde nuestra perspectiva
documentalista esta dimensión testimonial e histórica es enormemente
importante, es lo que confiere a la fotografía su función de memoria
individual y colectiva. Como señala Gubern
“el prestigio documental de la fotografía, y también su
dimensión mágica, surgida de la extrema fidelidad al objeto
fotografiado, radican en su realismo esencial”.
Ya en 1859 Charles Baudelaire, en su crítica a la fotografía
como sustituta de la obra de arte, destacaba la dimensión documental
de la fotografía al escribir que ésta debía regresar “a su
verdadero deber, que consiste en ser la sirvienta de las ciencias y de
las artes (...) Que enriquezca rápidamente el álbum del viajero y de
a sus ojos la precisión que faltaría a su memoria; que adorne la
biblioteca del naturalista, exagere los animales microscópicos, hasta
que fortifique con algunos informes las hipótesis del astrónomo; que
sea en fin secretaria y libro de notas de quien tenga necesidad en su
profesión de una absoluta exactitud
material (...) que salve del olvido las carcomidas ruinas, los
libros, las estampas y los manuscritos que devora el tiempo, las cosas
preciosas cuya forma va a desaparecer y que reclaman un lugar en los
archivos de nuestra memoria...”
Para comprender la dimensión documental de la fotografía es
preciso analizar la relación que ésta establece con la realidad,
puesto que ésta es el objeto de representación. Las imágenes, y
como tal la fotografía, establecen tres modos de relación con el
mundo:
El modo simbólico, presente
desde los orígenes de la humanidad en la utilización de la imagen
como símbolo mágico o religioso y después con muchos otros
objetivos indicadores. Los
bisontes de Altamira o las Venus prehistóricas son ejemplos
primitivos característicos, y
esa misma relación se establece ahora con muchos símbolos
religiosos, políticos o deportivos.
El modo epistémico, según
el cual la imagen aporta informaciones (de carácter visual) sobre el
mundo cuyo conocimiento permite así abordar incluso en sus aspectos
no visuales. Es una función
general de conocimiento y la fotografía cumple de este modo una función
mediadora; el fotógrafo nos sustituye o mejor nos representa en el
lugar del hecho, es nuestros ojos e incorpora lo no vivido a nuestra
memoria. Esta función de conocimiento y mediación
es especialmente significativa en la fotografía documental, en
la fotografía de prensa o en la fotografía científica. Y algo más
de un año después del acontecimiento más visual y visualizado de la
historia se hace especialmente evidente.
El modo estético, pues la imagen está destinada a complacer
al espectador, a proporcionarle sensaciones específicas.
Es una noción indisoluble, o casi, de la de arte, hasta el
punto de que se confunden: ¿son arte todas las imágenes?
Ciertamente la fotografía participa de los tres modos de
relación con el mundo y aunque el modo epistémico pueda resultar el
más accesible al procesamiento documental clásico lo cierto es que
la dimensión simbólica y la dimensión estética no deben ser
soslayadas. De hecho, muchas fotografías cambian por diversas razones
su modo de relación. Así,
la fotografía del soldado republicano español de Robert Capa, un
icono de la Guerra Civil española. Y casi como consecuencia
de estos modos de relación con la realidad surgen distintos
tipos de imágenes. Sin ánimo de
establecer tipologías, siempre excluyentes, discutibles, queremos señalar
algunas características de la fotografía documental:
Fotografía documental: Fotografía
creada con intención de documentar todo tipo de entes, acciones o
instancias. Miguel Ángel Yáñez, historiador sevillano de la
fotografía, define el documentalismo fotográfico o
fotodocumentalismo, como
aquella cualidad de algo pasado, objetivamente registrada y
mostrable al espectador en soporte fotográfico, y que encierra
potencialidad para testimoniar, instruir e informar sobre ese algo.
Su objetivo es testimoniar, instruir, informar de forma objetiva sobre
lo que representa. Para Yáñez, la estructura de la fotografía
documental tiene tres núcleos compositivos: El
factor ético implícito en el hecho de buscar la verdad
mediante la testificación de la realidad. El factor documentogénico,
o el poder de despertar el interés del espectador por el simple paso
del tiempo, surge de una comparación inconsciente entre el mundo que
le ha tocado vivir y el del tiempo representado en la imagen. Este
factor se puede ver afectado por la temática del documento o por los
análisis sobre su significación que se pongan en práctica. El
tercer factor es el objetivismo, sólo atemperado por las
decisiones técnicas y compositivas del fotógrafo. Dentro de esta
categoría se sitúa claramente la fotografía de reproducción de
obras de arte y patrimonio artesanal o antropológico. También la
fotografía de documentación profesional y científica para
disciplinas diversas: arqueología, arquitectura, ingeniería,
industria, astronomía, antropología; o la fotografía institucional
al servicio de empresas u organismos o, incluso, la fotografía para
catálogo comercial.
La fotografía periodística, sin
embargo, no es exactamente fotografía documental: Nace con voluntad
comunicativa y mediadora y pretende testimoniar y notificar los
acontecimientos reales, reflejados e interpretados visualmente por un
fotógrafo, por medio de un mensaje visual que se sumará al mensaje
verbo-icónico del resto del periódico, especialmente al mensaje
textual que constituye la noticia. No tiene la cualidad objetiva del
fotodocumentalismo pues el componente editorial del periódico va a
pesar mucho en el momento de la selección del tema, del enfoque, de
la imagen elegida para publicar, pero sobre todo, del enfoque de la
noticia y del correspondiente pie de foto que conducirá nuestra
lectura.
La fotografía privada, el retrato,
la fotografía familiar son imágenes comunes, más o menos
estandarizadas, de individuos privados para uso privado. Aunque por
propia esencia, desde sus orígenes, es una fotografía marcadamente
social pues viene a certificar la posición del individuo en la
sociedad alienando visualmente su personalidad y transformándolo en
estereotipo. Quizás en la actualidad ha evolucionado hacia una
certificación de la extensión visual del individuo y aunque ahora
las fotografías son aparentemente más personales en realidad todos
tenemos las mismas.
Las fronteras entre estas categorías son evidentemente muy
difusas: Las fotografías
del brasileño Sebastiao Salgado son obras realizadas para su
publicación en el periódico, pero son objeto de exposición y de
publicación en libros y son consideradas obras de arte. Las fotografías
privadas antiguas tienen un marcado carácter documental. La fotografía
científica pasa a ser publicada en el periódico muchas veces.
Alguien puede señalar que la fotografía de modas o la fotografía
publicitaria es fotografía artística. Y sin duda puede aparecer la
fotografía documental como la más fiable fuente histórica, pero en
la fotografía privada, por ejemplo en los retratos de familia, están muchas de las claves que nos permiten comprender
determinados aspectos de las relaciones sociales, familiares y de género
en una sociedad.
Las Ciencias de la Información y Documentación y sus
procesos y técnicas tienen una gran trascendencia en la fotografía.
La Documentación, como Ciencia, se ocupa del documento como objeto y
como contenido o información y la fotografía, tanto o más que los
documentos textuales, necesita
ese enfoque. Una fotografía es un objeto que hay que conservar,
cuidar, almacenar, restaurar, tocar: Se estropea con facilidad, le
afectan muchos elementos externos y, además, la inextricable unión
entre soporte y contenido hacen que el deterioro de aquel repercuta
sobre la percepción y buena interpretación de éste. Una reproducción
en un libro o en una revista o a través de una pantalla de ordenador
de un daguerrotipo no es ni remotamente un daguerrotipo y aunque con
una intención de difusión bien sea con fines científicos, didácticos,
de entretenimiento o de información admitamos esta contemplación
amputada del documento debemos ser muy conscientes de esta amputación.
Probablemente la fotografía digital va a trastocar nuestra concepción
del hecho fotográfico porque va a romper la dependencia del objeto y
el contenido, va a cambiar nuestra idea de la fotografía instantánea
definitivamente fijada en un papel o en una diapositiva. ¿Dejaremos
de coleccionar fotos para tener un banco de imágenes en nuestro
ordenador doméstico? Es difícil predecirlo porque el objeto fotográfico
juega un papel importante en nuestra actual civilización y
especialmente es inseparable de algunos aspectos propios de nuestra cultura como el turismo o la crianza y
cuidado de la infancia en el contexto familiar. Las fotografías están
en nuestros hogares en álbumes, enmarcadas en la pared o encima de
una cómoda, en las estanterías, pinchadas en un tablón o en
nuestras carteras. Nos recuerdan cómo éramos en nuestros mejores
momentos, las fechas señaladas que han marcado nuestras vidas, los
rostros de los que están y de los que se fueron. Son nuestra memoria
familiar y personal.
La naturaleza, los retratos, los cuerpos desnudos, las guerras
y conflictos sociales, las catástrofes, los monumentos, el niño en
su primera comunión, el arte, la actividad política, la moda, los
deportes, la publicidad, la ciencia, la historia, el último modelo de
lavadora en un catálogo comercial, la foto artística, la foto de satélite
meteorológico, el mundo entero está fotografiado por aficionados y
profesionales que contribuyen con su aportación a llenar nuestras
vidas de imágenes, a
fijar en dos dimensiones la
realidad haciéndola memorizable, clasificable, archivable,
manipulable, transportable, transmisible, recortable o reproducible...
De esta manera se publica en periódicos, revistas, libros, carteles o
en páginas web, y también entra en fototecas, archivos, bancos de imágenes,
colecciones, ficheros o álbumes. No todas las fotografías se
coleccionan o se conservan pero muchas de ellas entran a formar parte
de esa memoria cultural que es necesario preservar.
Lo que se sitúa ante la cámara, una vez efectuado el
disparo que abre el obturador y realizados los procesos técnico que
permitan obtener la fotografía, pasa a formar parte de un sistema de
organización de conocimiento e información y puede ser almacenado y
clasificado en esquemas que van, en palabras de Susan Sontag,
“desde el orden toscamente cronológico de las series de
instantáneas familiares hasta las tenaces acumulaciones y meticulosas
catalogaciones necesarias para la utilización de la fotografía en
predicciones meteorológicas, astronomía, microbiología, geología,
investigaciones policiales, educación, diagnóstico médico,
reconocimiento militar e historia del arte”.
Pero aunque muchas colecciones de fotografías tienen, desde
los comienzos de la historia de la fotografía,
precisamente este origen, servir de memoria personal no es la
función única de la colección de fotografías y cada género ha
dado lugar a colecciones o conjuntos específicos.
En la consideración de la fotografía
como objeto de análisis será preciso estudiar todos sus atributos,
entendiendo este término
como cualquier tipo de característica, componente o propiedad del
objeto que pueda ser representado en un sistema de procesamiento de
información. Los atributos no se limitan a las características
puramente visuales e incluyen también respuestas cognitivas,
afectivas o interpretativas y otras que describen sus características
espaciales, semánticas, simbólicas o emocionales. Así, habrá que
tratar sus atributos morfológicos y materiales, soporte físico,
emulsión, estado de conservación; sus atributos de origen o biográficos,
autor, escuela, publicación o exhibición; sus atributos temáticos
o de contenido, es decir, lo que la fotografía trata, lo que
“dice” y cómo lo dice, pues la forma de la expresión puede ser
de gran trascendencia en la recepción; sus atributos relacionales,
pues los documentos fotográficos establecen entre sí y con otros
documentos relaciones necesarias para su comprensión.
Nos detendremos especialmente en los atributos temáticos, quizás
la principal preocupación de cualquier fototeca y en los
relacionales, por su especial importancia respecto al valor documental
de la fotografía.
No siempre es fácil determinar el tema de una fotografía y
muchas veces será vista por distintas personas de forma diferente,
por lo que propondremos metodologías adecuadas para su interrogación
completa y objetivable. Pero habrá aspectos difícilmente objetivos.
Junto a los tiempos clásicos de la fotografía, el de la creación y
el de la representación, aparece un nuevo tiempo que trata de
establecer la relación entre uno, otro y el propio objeto fotográfico.
Es el tiempo del tratamiento documental en el que la imagen puede ser
considerada neutra, objetiva, despojada de su orientación primera,
tratando de preservar todos los significados posibles o bien pude
mantener exclusivamente su primer significado evitando cualquier
interpretación. Ambas posturas tienen ventajas e inconvenientes. Lo
denotado por la fotografía deberá ser considerado y tratado
objetivamente, lo connotado, lo simbólico, lo sugerido por la
fotografía deberá ser cuidadosamente estudiado y preservado.
Lo cierto es que una fotografía tiene multitud de lecturas, a
veces tantas como lectores, pero algunas serán mentirosas, falaces o
manipuladoras. El analista tiene dos posibilidades no excluyentes:
Buscar en la fotografía lo que el autor quería expresar o buscar en
la fotografía lo que ésta dice, independientemente de las
intenciones del autor. En este segundo caso se articula la oposición
entre: Buscar en la
fotografía lo que dice con referencia a su misma coherencia
contextual y a la situación de los sistemas de significación a los
que se remite; o buscar en la fotografía lo que el lector encuentra
con referencia a sus propios sistemas de significación y/o con
referencia a sus deseos, pulsiones o arbitrios.
La opción primera, basada en la relación imagen /
contexto, perseguiría cierta objetividad y parece la más apropiada
para el documentalista que, apoyado en otras fuentes, se dispone a
analizar la imagen para introducirla en un sistema documental. La opción
segunda, ciertamente subjetiva, se puede aplicar al ilustrador que
escoge imágenes para crear nuevos documentos.
Existe, sin embargo, un riesgo en la utilización de
fotografías como recurso de ilustración cambiando o reinterpretando
el significado original, especialmente cuando en la fotografía
aparecen personas. Es conocido el caso, recogido por Giselle Freund,
de una fotografía de Robert Doisneau en la que aparece una mujer
joven junto a un hombre maduro en la barra de un bar con unas copas de
vino frente a ellos. Esta foto había aparecido en una revista en un
reportaje ilustrado sobre las tascas de París y además había pasado
a formar parte del fondo documental de una agencia fotográfica. Poco
después la foto reaparece en un periódico para ilustrar un artículo
contra el alcoholismo, hecho que indigna a los personajes de la
fotografía. Y, algún tiempo después, la foto resurge en una revista
sensacionalista con el titular "Prostitución en los Campos Elíseos",
provocando una denuncia del personaje fotografiado contra la revista,
la agencia y el fotógrafo.
En cuanto a los atributos relacionales, debemos atender,
al menos, a los siguientes: La relación entre una fotografía y un
texto, como un pie de foto o noticia; la relación entre una fotografía
y una serie o reportaje y la relación entre una fotografía y una
colección.
¿Cuál
es el papel del texto? En la relación semiótica que se establece
entre el referente fotografiado, la propia fotografía, el lector y el
pie de foto, éste juega un papel especialmente importante para el
proceso de documentación fotográfica. El pie de foto, junto a otros
textos que acompañen a la fotografía, es un texto que puede provenir
del fotógrafo, de la agencia que emite la fotografía, del medio que
la publica o del documentalista y constituye parte del mensaje a
analizar. El texto unido a la imagen produce efectos que son a la vez
lingüísticos y narrativos, que se confunden entre sí.
Efectos lingüísticos:
La palabra aporta cierto número de informaciones que la imagen es
incapaz de vehicular:
Ø
Sirve de guía al lector para optar entre los
significados posibles de una acción representada visualmente.
Ø
Da un sentido ideológico, de tal manera que ofrece
un juicio sobre lo que la imagen no puede presentar de un modo
asertivo; así pues, da consignas al lector para que éste interprete
lo que está viendo de una manera o de otra.
Ø
Nombra lo que la imagen no puede mostrar: Los
lugares, el tiempo, los personajes, etc.
Efectos narrativos:
El texto ayuda a la construcción de la historia de la cual la
fotografía es instante reflejado. Esto es paradigmático en las
fotonovelas, pero también es característico del pié de foto en
muchas fotografías de prensa.
Ø
El texto contribuye a reconstruir el universo
representado situando la fotografía en unas coordenadas
espacio-temporales precisas, construyendo los caracteres de los
personajes y ofreciendo un cuadro de interpretación dentro del cual
lo que nos presenta la foto se hace verosímil.
Ø
El texto resume algo como parte de algo mucho más
extenso, es decir, trata de superar el problema de la detención del
tiempo característico de la fotografía para construir una narración
de la cual forma parte representativa la propia foto. Se construyen
con esta intención pies de foto cuya extensión y complejidad los
transforma en verdaderas noticias.
El valor informativo y documental del texto, a partir de
estos efectos narrativos y lingüísticos, es enorme, de tal manera
que constituye realmente parte inseparable del documento fotográfico
en su representación y, sobre todo, en su recuperación, porque por
su especificidad lingüística son más fácilmente tratables en
sistemas de recuperación documental. Ahora bien, no se nos escapa que
precisamente estos efectos de potenciación del significado han sido
utilizados para manipular la recepción de la imagen, para conducir la
lectura en un sentido o
en otro. Tampoco el hecho de que a veces estos textos han sido
escritos a posteriori, por personas ajenas al momento de la fotografía
y que quizás, involuntariamente, no han acertado a expresar datos
exactos. Es obvio, por tanto, que la ficha de representación de cada
fotografía incluirá, una vez aplicado unos criterios de corrección
y evaluación crítica, todo éste material textual tratado y
repartido convenientemente en los diversos campos que la ficha de
representación tenga previstos: Títulos construidos, pie de foto,
resumen analítico.
Otro atributo relacional importante, especialmente dentro
de la fotografía documental, es el que se establece por la
pertenencia de la fotografía a una serie o reportaje. Cualquier
fotógrafo sabe que casi nunca haces una sola fotografía de algo; más
bien lo rodeas, lo exploras y lo representas desde distintos ángulos
y con varios enfoques. Luego, quizás, eliges una fotografía y la
haces pública. Pero en el archivo queda el resto. Muchas fotografías
antiguas, por diferentes razones, están desgajadas de su serie
original, y si queremos comprenderlas mejor como portadoras de
información es importante conocer el resto de fotografías tomadas.
Los principales problemas de la conservación de la memoria
plasmada en documentos fotográficos son los siguientes:
Selección y constitución del fondo.
Constituir un fondo fotográfico, organizar documentación
fotográfica, implica en primer lugar conocer el entorno en el que se
va a trabajar. Lo más importante es conocer el objetivo inicial de la
colección, el uso que se quiera dar al fondo y los límites jurídicos
y administrativos que afectan a las fotografías. No es lo mismo
organizar la fototeca de una empresa automovilística que la de una
editorial especializada en libros escolares o la de un periódico,
aunque alguna fotografía concreta podría estar en las tres. Tampoco
se puede comparar una colección de daguerrotipos con una colección
de diapositivas y, desde luego, las características del fondo fotográfico
de un museo son muy diferentes a las de un banco de imágenes de carácter
comercial. Cada entorno determina unas líneas de actuación que además
se ven afectadas por las estructuras disponibles en cuanto a equipos técnicos
(laboratorios, equipos de transmisión y reproducción,
almacenamiento, digitalización, etc.) y en cuanto a personal y
presupuesto.
Una vez determinados los objetivos de la colección documental,
se establece un proceso de investigación y búsqueda
encaminado a definir los fondos que integrarán la fototeca: fondos
previamente existentes (archivos, colecciones privadas, fondos cedidos
a bibliotecas), fondos que habrá que localizar, encargar y adquirir
(bancos de imágenes, fototecas especializadas) o fondos generados por
la actividad de la propia institución (fototecas de medios de
comunicación). Si se trata de constituir un fondo nuevo se evaluarán
las posibles demandas de los usuarios y clientes; se identificarán
otros fondos de imágenes existentes sobre el mismo tema o con
objetivos similares; se estudiarán las fuentes de procedencia de las
fotos; los soportes utilizados y el volumen del fondo con previsión
de crecimiento a cierto plazo; se determinará con claridad la
cobertura temática y se definirán las condiciones de uso y explotación.
Almacenamiento y conservación:
Problemas de conservación material, de volumen, de seguridad.
Recuperación y restauración: Las fotografías son documentos cuyo
soporte material presenta estructuras físico-químicas muy complejas
y además muy variadas. Desde que Nicephore Niepce realiza la primera
fotografía en 1826 se han utilizado muchos materiales y
procedimientos fotográficos que, por un proceso natural, se
deterioran con el uso o simplemente por el paso del tiempo. Ahora
bien, el proceso de deterioro se puede detener si no totalmente sí de
tal manera que sea más lento, aplicando unas normas de conservación,
un mobiliario y unos elementos de protección
adecuados para cada tipo de material. Algunos materiales
deteriorados se pueden restaurar y, aunque algunos procesos son
irreversibles, se pueden aplicar soluciones que restituyan la imagen y
que se acerquen a lo que la fotografía objeto de cuidado era en su
origen. Hay que buscar el grado óptimo de preservación del documento
a partir del cual se detenga en la medida de lo posible su deterioro.
Digitalización. La digitalización de fotografías es una de
las tareas que toda fototeca está estudiando o ha comenzado a
realizar en la actualidad. Pero va a ser una actividad característica
de una determinada coyuntura porque, en poco tiempo, no habrá ya
fotografías que digitalizar. No garantiza que el deterioro de las imágenes
continúe pero ayuda a ralentizarlo porque ya no es tan necesario
acceder físicamente a los originales. Por otra parte, la digitalización
suele ir orientada a la difusión en un nuevo medio de alcance mundial
como es la WWW. Con la digitalización se pretende crear un sistema
automático integrado de recuperación y difusión de información que
mejore las características de conservación, tratamiento y acceso.
Si queremos poner en marcha un
proyecto de digitalización atenderemos
a las siguientes fases: la definición de objetivos del proyecto, la selección de sistema de captura, proceso y
almacenamiento, la definición del sistema de recuperación requerido
y de las fases de implantación, la definición del sistema de
coordinación del proceso de captura digital con el proceso de
descripción documental, la definición del sistema de almacenamiento,
proceso y acceso
requerido y el estudio de los recursos y tiempo disponibles junto con
la viabilidad del proyecto. Y
buscando siempre, a ser posible, la experiencia y la cooperación con
otras fototecas. Y, sin duda, la elección de herramientas y
soluciones normalizadoras.
Análisis documental: Indización,
Clasificación y
recuperación: Cómo debemos analizar los documentos para
garantizar su oportuna recuperación. Todos los documentos
audiovisuales plantean un problema de representación: Su contenido,
información o mensaje está expresado mediante un lenguaje no
escrito. En unos casos se trata de imagen fija, en otros es imagen móvil
y a esta se le puede añadir el sonido. El proceso de análisis
documental tiene como objetivo obtener representaciones de los
documentos que hagan posible su recuperación y estas representaciones
se expresan en un lenguaje escrito. Por tanto hay un problema de
traducción o de transcodificación
al tratar de representar imagen fija o imagen y sonido por
medio de texto. El proceso de análisis comenzará por un proceso de
lectura e interpretación y selección de significados que una vez
expresados en lenguaje textual podrán ser normalizados mediante un
lenguaje documental. Se han propuesto distintos modelos de lectura:
El modelo iconológico, a
partir de los estudios de Erwin Panofsky, define tres niveles de
lectura, la descripción preiconográfica, que estudia el contenido
temático natural o primario; el análisis iconográfico, que estudia
el contenido secundario o convencional; y la interpretación iconológica,
sobre el significado intrínseco o contenido.
Los modelos lingüísticos
son varios: Un primer modelo lingüístico simple que estudia
la denotación, la connotación y el contexto de cada imagen y que
permite obtener representaciones de lo que se ve, de lo que sugiere y
del contexto en el que se sitúa puede
ser un buen punto de partida. A partir de ahí se han
desarrollado otros más pormenorizados orientados a proponer una
estrategia de interrogación que facilite la lectura al
documentalista. Así tenemos un modelo categorial basado en la gramática
de casos, que propone
hacer explícita la acción principal de la fotografía para, a partir
de ella, estudiar los casos gramaticales que la rodean: Agente o
agentes o bien Objetos que la protagonizan o sufren; Instrumentos
utilizados en la acción; Modo de realización de la acción; Causas
de la acción y, finalmente, lugar y tiempo. Este modelo tiene
aplicaciones interesantes, especialmente en fotografía de prensa,
donde es necesario tratar muchas imágenes en poco tiempo, pues
propone una estrategia de interrogación muy próxima a la estructura
del propio discurso periodístico.
El
modelo conceptual-semántico propuesto por Jorgensen y otros, estudia
dos niveles de análisis, en primer lugar, niveles sintácticos
relacionados con la percepción, como la estructura o la composición;
y niveles semánticos relacionados con el tema o contenido visual. Lo
más interesante de su propuesta es la distinción entre elementos genéricos
y específicos.
A partir del estudio de demandas de información visual
propuestas por usuarios no expertos la misma autora ha propuesto un modelo
semántico que define un conjunto de diez clases y atributos de
gran interés por su exhaustividad para el tratamiento de contenido de
las imágenes: Objetos concretos, Estados del ser, Seres vivos,
Información histórico artística, Elementos perceptuales, Color,
Situación, Descriptores, Conceptos abstractos e Historia.
Frente a los muy subjetivos métodos humanos de análisis
de contenido se presenta un método automático que se denomina Recuperación
de imágenes basada en el contenido (Content-based Image
Retrieval) que utiliza características puramente visuales,
objetivables, de la imagen. El método actúa procesando un vector
representativo de las características visuales de la imagen y la
similitud entre imágenes es procesada comparando los vectores
representativos de cada imagen. El resultado de este proceso es un
nivel cuantificado de similitud que mide la "distancia
visual" entre dos imágenes, representadas por sus vectores en un
espacio de representación. Las tres características de coincidencia
visual más utilizadas son el color, la forma y la textura. En nuestro
campo de actuación no parece ofrecer una utilidad práctica en el análisis
pero sí en la explotación de los resultados al agrupar imágenes por
características visuales similares.
Los
modelos de análisis vistos hasta aquí de forma somera nos dan pistas
para abordar el tratamiento documental de la fotografía. Pero el
modelo en sí no es suficiente y falta transformarlo en una estrategia
de representación normalizada, tanto desde un punto de vista formal
como lingüístico. En efecto, los resultados del proceso de análisis
tienen que plasmarse en una ficha de representación en un determinado
formato; los resultados más relacionados con el contenido, con la
materia, tienen que procesarse en un lenguaje documental: No hay un
lenguaje documental único para la imagen, pero sí varios muy
extendidos como el Art and Architecture Thesaurus (AAT), el Thesaurus
for Graphic Materials (TGM) de la Biblioteca del Congreso de los
Estados Unidos o ICONCLASS, sistema de clasificación decimal muy
orientado a las representaciones artísticas desde una vertiente
iconológica. En francés, destaca el Thesaurus Iconographique de
Garnier, cuya estrategia de representación, introduciendo sintaxis en
la frase de descriptores es sumamente interesante.
Puede verse aplicado en las bases de datos de arte del
Ministerio de Cultura francés.
La
idea sobre la que actualmente estamos trabajando, y
que ya ha tenido su plasmación en una obra concreta para tratar imágenes
de televisión, es la de un tesauro de estructura no temática sino
epistemológica cuyas facetas principales sean las siguientes.
a) Fenómeno. Acción natural que escapa a la acción del ser
humano y acontecimientos no provocados por el ser humano. Ejemplo:
Lluvia, Erupción volcánica.
b) Actividad. Acción provocada por el ser humano.
b1) Acontecimiento.
Denominación genérica de sucesos provocados por el hombre de gran
relevancia o resonancia que afectan directa o indirectamente a los
seres humanos.
b2) Funciones.
Campo de la actividad profesional
b3) Disciplina.
Rama del conocimiento, arte, ciencia, tecnología.
b4) Técnicas.
c) Materiales. Sustancias naturales o producidas
artificialmente. Incluye energía.
d) Agente. Describe personas, seres vivos y grupos de ambos
por su actividad, sus características físicas y culturales, rol o
condiciones social.
d1) Colectivo.
Instituciones, organizaciones o colectivos humanos o con representación
humana. En general, entidades complejas creadas por seres vivos.
d2) Individual.
Seres humanos, (con sus profesiones, roles y ocupaciones personales),
microorganismos, vegetales y animales.
e) Objeto. Cosas inanimadas, visibles o tangibles resultado
de la actividad humana.
e1) Objeto
inmueble. Espacios y construcciones y sus clases, partes,
componentes y dependencias. Ejemplos: valla, ciudad, jardín, edificio
inteligente
e2) Objeto
mueble. Cosas materiales, instrumentos y artefactos. Agrupaciones
de objetos y sistemas, componentes y géneros de objetos según su
forma y función, formatos de comunicación y documentos. Ejemplos:
sistema de comunicación, fragmento, antena parabólica. vehículo,
mural, catapulta.
f) Estructura. Conceptos teóricos, abstracciones, elementos
intangibles estáticos y teorías que componen o describen los
sistemas socioeconómicos, sociopolíticos e ideológico.
g) Atributos. Características, cualidades y propiedades de
agentes, acciones, objetos, materiales y estructuras.
Difundir y publicar:
Cómo poner los documentos a disposición de quien los necesite y
cuando los necesite. Aunque se trate de documentos delicados,
las fotografías conservadas deben ser accesibles, pueden ser
publicables o reproducibles con fines didácticos, científicos o
informativos. Es conveniente estudiar las condiciones de utilización
y los problemas de carácter jurídico o administrativo que suscita la
fotografía. ¿Cómo coordinar el acceso a usuarios especializados
junto a una difusión masiva?
Pero en el momento actual, los
depositarios de acervos fotográficos deben pensar en trabajar de
forma cooperativa en la
construcción de fototecas virtuales, que enlacen fondos dispersos y
que permitan garantizar un acceso eficaz tanto para los profesionales
de la documentación, como a investigadores o a todo tipo de usuarios
finales. Los altos costes de los procesos de automatización de
acervos, el desarrollo de las herramientas intelectuales, como los
procedimientos de representación, indización o clasificación, la
elección de máquinas y programas informáticos adecuados, el diseño
de interfaces de interrogación comprensibles y capaces son razones más
que suficientes para afirmar que sumar esfuerzos permitirá obtener
mejores resultados. Esto no garantizará que a las imágenes se les dé
un uso adecuado, pero ahorrará muchos esfuerzos a investigadores y
usuarios y restituirá unos registros de conocimiento perdidos por
considerar a las fotografías como obras únicas. Permitirá
establecer un nuevo tipo de relaciones entre imágenes que pueden ser de gran utilidad para los investigadores y son los que
se establezcan a posteriori, al recuperarlas del sistema documental.
Relaciones o hiperenlaces que permitan agrupar imágenes por razones
de autoría, de localización espacial o temporal o de temática. Quizás una de las claves para tratar a la fotografía como fuente histórica
sea que se considere preferentemente como objeto portador de información
a la serie, al reportaje y no a la fotografía única. Es decir, que
se estudie en su contexto visual y textual. Y esto es una especial
responsabilidad para las fototecas.