INVESTIGACIÓN EDUCATIVA
La investigación generalmente se considera como uno de los motores más
potentes para el avance científico o aplicado del campo disciplinar de que se trate. Sin embargo, a pesar de los años que se lleva investigando en
Educación, se suele afirmar que los resultados de esta actividad han tenido poca relevancia para la actividad formativa de los docentes de los distintos
niveles de enseñanza, para la formación de los futuros docentes y, por ende, para el incremento del rendimiento de los sistemas y programas educativos. Por
otro lado, el mundo educativo parece mostrarse bastante receptivo ante propuestas educativas cuyo nivel de calidad no ha sido debidamente establecido. Todo
ello deja un margen muy amplio a los políticos de la educación quienes pueden imponer métodos, procedimientos y sistemas educativos cuya calidad de diseño
y de resultados está aún sin contrastar.
A pesar de todo esto, decir que los esfuerzos de la investigación educativa han sido muy productivos no sería un afirmación correcta; otra cuestión diferente
pero relacionada, es si los resultados de estos esfuerzos han influido positivamente en la práctica educativa en la medida y con la rapidez esperadas. A
este respecto posiblemente la investigación educativa deba realizar un esfuerzo especial para identificar la mejor vía para que su trabajo no se quede en los
cajones de las mesas ministeriales o universitarias y además responda a las necesidades de los profesionales de la educación. Posiblemente las disputas
epistemológicas impidan un clima sosegado que permita prestar la debida atención a los problemas que se presentan a la práctica educativa. Por otra parte,
la investigación educativa necesita producir resultados que sean creíbles y en cierto modo “útiles”, para los usuarios del sistema educativo; resultados sólidos,
es decir, que no se confundan con modas pasajeras, resultados que además sean contrastables, verificables. Por ello la investigación educativa ha de responder
a los cánones de la ciencia normativa. Y ha de buscar, junto a una solidez metodológica, una aplicabilidad mayor que la que hoy parece asignársele.
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EVALUACIÓN EDUCATIVA
La evaluación es hoy en día una característica inherente a toda actividad humana intencional.
La Evaluación Educativa Sistemática, es la valoración que de los contextos, entradas, procesos y productos educativos, se realiza sobre la base de medidas previas, medidas
objetivas, precisas, fiables y válidas en cierto grado.
En este sentido, la evaluación educativa es una potente herramienta al servicio de los procesos de diagnóstico, valoración, mejora y cambio implicados en toda actividad educativa
intencional. Su objetivo, la elaboración de juicios de valor para la toma de decisiones; sean estas sumativas o formativas y siempre orientadas a la consecución de un grado cada vez
mayor de calidad de los procesos, servicios, programas, instituciones y tareas educativas.
En esta línea, hoy es impensable considerar cualquier actividad educativa sistemática e intencional, definida por objetivos y medidas y en cualquier contexto, sin recurrir a la
Evaluación, que en este sentido, se convierte en un proceso o fase de todo sistema operativo, vinculado a los restantes elementos del mismo y comprometido con la optimización de la
actividad educativa de que se trate, en alguna de sus partes o en su conjunto.
Asistimos en la actualidad, a la generalización de su uso, a la ampliación de su objeto, a la innovación de sus métodos y en general, a la reflexión sobre sus contenidos,
procedimientos, procesos y aplicaciones, intentando por otro lado no confundirla con la investigación educativa. Aunque comparta muchos procesos y métodos, su objetivo es diferente; la
evaluación se dirige a la toma de decisiones (del tipo que sea); la investigación a la acumulación de conocimiento generalizable, a la obtención de conclusiones, más o menos aplicables
(a corto, medio o largo plazo).
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DIAGNÓSTICO-ORIENTACIÓN
Las materias de Orientación
y al Diagnóstico son fundamentales en la formación del psicopedagogo y pedagogo. El diagnóstico aporta
conocimiento, riguroso y técnico, de las realidades educativas y la orientación se sirve y apoya en este
conocimiento para tratarlas o intervenir con conocimiento de causa. Es decir, se conoce para orientar; y se
orienta desde el conocimiento previamente recabado.
Ambas materias deben ser entendidas como un medio de calidad educativa que consiste en proporcionar al proceso
educativo de un alumno una intervención psicopedagógica especializada y técnica, que realiza un experto o
especialista, el orientador o psicopedagogo. Son, también, un medio de individualización educativa, procurando
adaptar la educación a las posibilidades y limitaciones de cada alumno. Son, a su vez, un medio de prevención,
compensación y normalización del alumnado.
Cuatro son fundamentalmente los campos a los que sirven la orientación-diagnóstico:
a) Apoyo a los procesos de enseñanza aprendizaje del alumnado y los centros
b) Atención a la diversidad del alumnado
c) Tratamiento de alumnos con necesidades educativas especiales
d) Orientación académica, profesional, personal y familiar del alumnado.
Difícilmente se puede entender hoy un sistema educativo, medianamente cualificado, que no incluya la orientación
y el diagnóstico para cumplir eficazmente con los objetivos educativos. Ambos pueden ser contemplados y estudiados
como concepto, como disciplina, como práctica profesional. Ambos están entrando con un verdadero ímpetu en los
actuales centros educativos a través de los departamentos de orientación y las redes tutoriales, así como desde la
atención que prestan los equipos interdisciplinares de sector o zona geográfica.
Estas disciplinas estudian los modelos y formas de intervención psicopedagógica, así como las técnicas y
procedimientos que avalan su eficacia. más
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ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD
El sistema educativo español promueve un modelo de escuela comprensiva, mediante el cual todos los alumnos, hasta los 16 años,
deben estudiar un programa común. Sin embargo, las diferencias entre los estudiantes se hacen cada vez más patentes, interfiriendo
en la eficacia del sistema escolar. Por esta razón, la atención a la diversidad es uno de los principios que el sistema educativo
español introduce para la mejora de la calidad educativa.
Cuando hablamos de diversidad, nos estamos refiriendo a aquellas características de los estudiantes que interfieren, positiva o
negativamente, en los procesos y resultados educativos y que, en consecuencia, el sistema o el programa educativo deberá tener
en cuenta para diseñar acciones adecuadas, no discriminatorias. Entre las diferencias que la investigación educativa respalda,
podemos citar la edad, el sexo, la cultura, las aptitudes cognitivas, los estilos de aprendizaje, las estrategias metacognitivas,
la motivación de logro, la auto-percepción, los conocimientos previos, los intereses, las actitudes y las conductas de aprendizaje.
De todas formas, deberíamos ser conscientes de que la diversidad educativa también se encuentra en los métodos, estilos, estrategias
y recursos educativos implementados en las aulas.
La atención a la diversidad no debe entenderse como adaptación a los estudiantes con necesidades educativas especiales o con problemas
de aprendizaje. Por el contrario, debe ser concebida desde un enfoque adaptativo o inclusivo, el cual defiende que cada estudiante es
diferente y que, como tal, debe ser educativamente atendido para que logre, de una forma más eficaz y eficiente, los objetivos planificados.
Se podrían enumerar diferentes maneras de atender la diversidad en la escuela, todas ellas importantes y adecuadas, dependiendo de en qué
contexto se van a aplicar y con qué recursos se cuenta. Así, se podría hablar de un modelo selectivo, aquel que cuenta sólo con una
vía de formación y que, en consecuencia, selecciona a los estudiantes que tienen mayor probabilidad de lograr los objetivos.
Un modelo compensatorio, cuando a los estudiantes que presentan desigualdad por sus características familiares o personales,
se les ofrece una alternativa que les prepare y ponga al nivel adecuado, antes de seguir la vía ordinaria. Un modelo de desarrollo de la
individualidad, el cual pretende desarrollar los talentos específicos de cada estudiante. Y un modelo de adaptación a las necesidades de
los estudiantes, cuando se ofrecen varias vías alternativas y complementarias ajustadas a las características de los estudiantes para
conseguir unos mismos resultados.
La diversidad del estudiante se puede abordar desde dos perspectivas: el diseño instructivo y la investigación educativa. Ambas parten de un
mismo supuesto: ningún método es eficaz para todos los estudiantes. En el primer caso, la tarea de un diseñador educativo será la
de desarrollar diferentes vías, métodos o estrategias que se ajusten a las características relevantes de los estudiantes para facilitarles el
logro de los objetivos planificados. En el caso de la investigación educativa, se deberán introducir las diferencias de los estudiantes en los
diseños de investigación para intentar explicar los resultados educativos en función del ajuste de los métodos educativos utilizados. Esto último
es lo que realiza la metodología ATI, centrada en el estudio de la interacción entre aptitudes (es decir, diferencias individuales que correlacionen
significativamente con el aprendizaje y/o resultados educativos) y tratamientos (es decir, modos o estrategias de diferente nivel de estructura y directividad).
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