Diego Arribas



NATURRAREZA I
Nymphaea rubra erecta
(Nenúfar rojo vertical)
Diego Arribas. 2009




NATURRAREZA II
Pueritia protectum loci
(Infancia protegida)
Diego Arribas, 2009

El bosque o la vida

Si hay algo que no soportan los pigmeos, no es que les miren por encima del hombro, algo que ya tienen asumido, sino que se carguen sus árboles.

En el bosque de Ndoqui, al norte del Congo, vive una de las últimas tribus de pigmeos del continente africano, los mbendjele. Supervivientes de una de las etnias más primitivas de la Tierra, este grupo seminómada ha tenido que aprender a convivir con la actividad industrial maderera, desde que la empresa multinacional CIB, “Congolaise Industrielle des Bois”, se instalara en su territorio, hace ya cuarenta años, para explotar sus ricos recursos forestales.

Desde entonces, la suerte de ejemplares milenarios de sapelli, iroko, limballi, sipo o wengué, está en manos del consejo de administración de la CIB y del índice nikkei. La musicalidad de los nombres de estos árboles bien podría ser la base de un cántico tribal, que estaría acompañado por una penetrante percusión sincopada, procedente del corazón hueco de uno de estos titanes del reino vegetal. Sin embargo, la única música que rompe la harmonía sonora de este bosque del trópico africano, es la procedente de las motosierras de los leñadores.

Cuando la actividad maderera comenzó a tomar proporciones alarmantes para los mbendjele, una representación de la tribu se plantó frente al ingeniero jefe de la explotación.

- No podemos seguir así. Talar nuestros árboles es cortar nuestra vida. Los árboles son más importantes que nosotros. No podemos vivir sin ellos. No hubiéramos nacido aquí si ellos no hubieran estado ya antes que nuestros antepasados. En ellos encontramos nuestro alimento, nuestra protección, nuestra continuidad. Necesitamos proteger los árboles para protegernos a nosotros mismos.

A los responsables de la CIB se les planteaba el reto de compaginar la explotación de los recursos del bosque con el respeto a quienes lo habitaban… Después de varias consultas a los superiores, la solución a las demandas de los mbendjele vino de la mano de la tecnología. La empresa facilitó a los pigmeos pequeños ordenadores portátiles, del tamaño de una consola “Game Boy”, y GPS con programas que permiten determinar qué árboles no debían ser talados.

La solicitud de “indulto” se centraba en dos tipos de árboles. Uno corresponde a los “árboles sagrados”, en los que las mujeres de la tribu realizan sus ritos de fertilidad. Cada niño está vinculado a un árbol desde su nacimiento: protegiendo al árbol aseguran que el niño nacerá bien y crecerá sano. El otro tipo de árbol es el “árbol de orugas”, uno de sus alimentos favoritos.

Los mbendjele marcan los árboles seleccionados con pintura blanca y, a su vez, lo señalan en el ordenador. Los equipos tienen el teclado adaptado. Una vez detectado el árbol que hay que preservar, teclean el pictograma correspondiente, de forma que su localización exacta, hecha automáticamente por GPS, queda registrada. A partir de estos datos, la CIB elabora un mapa del bosque en el que aparecen todos los árboles “intocables”. Éstos, son los que se respetan.

Protegiendo estos árboles, los pigmeos aseguran no sólo su supervivencia, sino la del bosque de Ndoqui, un frágil ecosistema que da refugio a una gran diversidad de animales y plantas endémicas, algunas en peligro de extinción, como el chimpancé bonobo o la rara especie de nenúfar Nymphaea rubra erecta.