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Etimológicamente, nación es el acto o efecto de nacer. El
significado más común de este término es un tropo mediante
el cual la nación pasa a designar el
territorio donde viven ciudadanos
regidos por leyes comunes. Una nación puede ser descrita como una
comunidad de individuos que comparten la creencia de tener una misma patria,
la experiencia de unas tradiciones comunes y la elaboración de una
trayectoria histórica. Pero la diversidad de
comunidades,
territorios,
etnias e
idiomas convergentes en uno o diferentes espacios ha generado siempre
conflictos nacionales.
El nacionalismo europeo basado en el deseo de unos individuos de afirmar
su unidad y su independencia frente a otras comunidades, nació en
el siglo XIX, heredando ideas que habían surgido previamente. El concepto
de nación ha ido evolucionando desde planteamientos decimonónicos
a otros más abiertos y multiculturales.
Configurar una nación y crear una literatura son procesos simultáneos
y, por tanto, la concepción del análisis y la crítica
literaria evolucionan al compás de otros conceptos fundamentales a
la hora de organizar históricamente el conocimiento humano y, por
ende, la historiografía literaria.
La literatura nacional, la literatura universal e incluso la comparada muestran
que una concepción tradicional de la literatura se asienta en las
bases ideológicas de la fragmentación de las diferentes nacionalidades.
Lo que se pretende ahora es abrir el viejo paradigma nacional a todas las
posibles relecturas que nos sirvan para la elaboración y comprensión
de tiempos plurales. Así es posible desencorsetar el concepto de nación
con el fin de diseminar y entrelazar la
heterogeneidad de
razas,
lenguas,
religiones,
géneros y principios éticos y estéticos.
Los términos “literaturas hispánicas” y “literaturas
europeas”, con un sonoro plural, permiten poner de manifiesto la necesidad
de unos estudios que acojan a todas las literaturas, más allá de
las estratificaciones nacionalistas universitarias con el fin de transgredir
fronteras y crear comunidades de
lectura y de diálogo. En el ámbito
multicultural y multilingüístico de este siglo las reflexiones
teóricas han de intentar explicar la nación como comunidad
imaginada, como geografía de la lectura y como artefacto cultural
para representar nuevos mapas literarios donde se entrecrucen la diversidad
de espacios geográficos, políticos, sociales y culturales.
En la era de la globalización, las
disemiNaciones literarias nos nacen,
pues, a cuantos mundos seamos capaces de imaginar.
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