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La identidad es la suma de elementos culturales, socio-políticos,
afectivos y de lenguaje que conforman un ser humano en su multidimensionalidad.
La identidad se desarrolla a partir de una
red inconsciente (como el cogito
de Lacan: existo, soy, donde no pienso), y en parte consciente (como Kant
ancló la conciencia moral en el yo inteligible del sujeto individual),
de identificaciones (la interiorización de aspectos del
otro que transforman
la estructura imaginaria del yo), de representaciones (imágenes mentales
percibidas de la realidad, de forma que la identidad evolucione si hay adaptación
en el espacio-tiempo, y no se fosilice en estereotipos) y de valores (criterios
de lo ideal en una sociedad dada, pues en la construcción de su identidad,
los actores deben poder disponer de referencias espirituales, religiosas
o no, y no ser determinados por ellas).
La identidad es, por tanto, un proceso histórico y cambiante, dinámico.
La persona sólo desarrolla un centro interior en la medida en que
a la vez se extraña de sí en relaciones interpersonales comunicativamente
establecidas, y que está sometido, en consecuencia, a condiciones
particulares de interacción y
comunicación en tres dimensiones
: como individuo (la personalidad), como grupo (la socialidad) y como comunidad
(la culturalidad). Esta diversidad de espacios sociales y de tiempos aumenta
la complejidad de la identidad haciéndola tan multipolar,
transcultural
y multisistémica como el mundo en que vivimos.
La función principal de la identidad es ser una fuente de creación
del sentido del entorno. Memoria y señas de
identidad se desarrollan
por medio de las lenguas en un medio socio-cultural. Con ellas se interpreta
el caos de la realidad y, al mismo tiempo, el propio caos de cada lengua,
su sistema. La cultura es el elemento regulador del sistema porque crea representaciones
de la realidad. La forma de tratar las palabras del otro nos muestra cómo
las sociedades se definen a sí mismas. Así, el mestizaje porta
la marca de la ambigüedad y de la ambivalencia.
Y es que desde una perspectiva pragmática, el sujeto humano está ya
en un mundo en el que el discurso funciona socialmente como un conjunto de
prácticas discursivas. Puesto que el poder atraviesa el
discurso y
la construcción de la identidad, la conciencia “de sí mismo”,
su formación y su modificación, estarían implicadas
en las políticas del discurso.
Nuestro planteamiento didáctico tiene en cuenta, tanto el desarrollo
en red, como la complejidad. Pretende hacer más comprensibles, por
una parte, los procesos inconscientes del yo imaginario dentro de una perspectiva
propedéutica y formativa, y por otra, a nivel epistémico, los
procesos del cambio de representaciones a través del análisis
comparativo de literaturas y culturas. Así se proporcionan los elementos
para conocer mejor las identificaciones propias y ajenas y los valores en
los distintos tiempos y espacios de las diferentes culturas y de sus literaturas: éstas
permiten juzgar las relaciones dialécticas entre el ideal del yo,
la realidad y los valores sociales.
Nuestro enfoque se orienta hacia el futuro, es decir, hacia una identidad
terrena que es en esencia comparativa en la comprensión de las semejanzas
y de las diferencias. DE esta forma, tratamos de participar en la necesaria
convergencia entre las distintas disciplinas que conforman el campo de las
ciencias y las humanidades, con el fin de contribuir a un mejor conocimiento
de esa complejidad que llamamos humanidad.
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