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Hiper (del griego: “por encima”, “más allá” y,
de ahí, “el mayor grado”, “el exceso”) y texto
(del latín: “tejido”, “lo que se está trenzado”)
conforman el término que designa un nuevo concepto de textualidad
en soporte digital. El hipertexto se concibe como una
red heterogénea
que integra unidades de información, espacios textuales o áreas
discursivas (textos escritos, en principio, pero también orales o
no verbales, como imágenes o gráficos, sonidos, etc.) unidas
mediante enlaces (también denominados hipervínculos, nodos
o lexías). El proceso de lectura-escritura del hipertexto es fundamentalmente
lineal, pero se caracteriza tanto por su no secuencialidad, como por la libertad
de movimientos que permite al usuario, debido a su estructura reticular,
más o menos amplia según el número de enlaces propuestos.
El hipertexto presupone un sistema de representación gráfica
sobre el que actúan diferentes factores:
- Factores materiales: desde el lenguaje informático utilizado a la
disposición espacial del texto en la pantalla, desde la condición
efímera y la volatilidad de los materiales, hasta la velocidad del
cambio en los sistemas informáticos.
- Factores estructurales como son los grados de apertura del texto que vienen
dados en función del número de enlaces, de sus posibilidades
de navegación, interactividad, etc., el tipo de interfaz empleado,
o la procedencia y originalidad del contenido.
- Factores humanos, puesto que el usuario es más que un receptor y puede
participar, en función del grado de apertura del hipertexto, en la
lectura e incluso en la escritura del texto según la interactividad
propuesta.
- Factores conceptuales, por cuanto que los elementos multimedia y la pluralidad
de emisión genera cruces y cuestiona categorías.
Estos factores propician un complejo modelo cognitivo nuevo. Frente al entusiasmo
de los primeros teóricos del hipertexto, fascinados por la disolución
de las fronteras entre autor y lector y por las posibilidades de una aparente
ruptura de la linealidad narrativa, en los últimos años vemos
nacer interrogantes sobre la función social del hipertexto que no
dejan de generar desasosiego:
- En la configuración de las identidades, por la deslocalización
de los interlocutores en su diálogo y la desestabilización
de la autoría debido a la carencia de emplazamiento físico
determinado que conduce a la desterritorialización del hipertexto,
algo que el libro tradicional suplía por su carácter fijo e
inmodificable.
- En la configuración de los sistemas, por cuanto que la cibercultura
está produciendo desplazamientos que cuestionan las fronteras entre
géneros y los principios del canon, mientras el traslado a nuevos
soportes por parte de los nuevos monjes que somos conlleva modificación
de la memoria histórica y exige nuevas responsabilidades sociales.
- En el proceso de enseñanza-aprendizaje, pues el uso de hipertexto
implica el abandono de la relación de verticalidad maestro-discípulo,
basada en la autoridad, para pasar a una relación horizontal, caracterizada
por una didáctica cooperativa translocal
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