LA PASIÓN EN ARAMEO (SIB-LÄ´-THÄ)

                                     ¿FUE ASÍ?

 

Conferencia  del Prof. Dr. D. Carlos Alonso Fontela, del Depto de Estudios Hebreos y Arameos. Facultad de Filología U.C.M./ Aula A-20. Día: 26.06.04. 11,30 horas.

 

El estreno cinematográfico de la Pasión de Cristo en versión supuestamente original (latina y aramea) subtitulada vino precedido por una notable curiosidad periodística.

Ya desde antes del estreno, que tuvo lugar en España durante la pasada Semana Santa, la prensa se dirigió a nuestro Departamento de Estudios Hebreos y Arameos de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid para buscar “expertos” en arameo o incluso “arameo-hablantes”.

Como nosotros no somos críticos de cine y se insistía tanto en el factor arameo, nos pareció evidente que se buscaba nuestra opinión filológica; pero darla de forma apresurada no nos era fácil en aquel momento. Habríamos tenido que hacer no pocas precisiones, incompatibles con  la concisión y las prisas periodísticas.

Así, por ejemplo,  habría que explicar que en la parte oriental del imperio romano la lengua oficial era el griego, y no el latín; y que esto era debido a que, por la helenización que se produjo tras la conquista de Oriente por Alejandro el Magno, allá por el 330 a.C., la lengua griega fue desplazando gradualmente al arameo, que era una de las lenguas más extendidas en el Imperio Persa derrotado por el ejército greco-macedonio. La lengua aramea, a su vez, se había difundido entre  muchos pueblos que en origen no eran arameo hablantes, por lo que muchos judíos empleaban el arameo en vez del hebreo. De aquí que no resulte demasiado sorprendente la creencia de que la lengua materna de Jesucristo hubiera sido el arameo.

 Ahora bien, habría que decir que los textos más antiguos del relato de la Pasión de Cristo son los Evangelios conservados en griego, por lo que cabría pensar que ésta sería la lengua más adecuada, y  además la más fiel a la revelación canónica, si se quería utilizar una lengua exótica en la banda sonora de esta película. La  retro-traducción del texto griego del Nuevo Testamento al arameo judeo-palestinense del s. I d.C. es más que azarosa, y siempre se tratará de una restitución o reconstrucción conjetural.

¿Por qué, pues, usar el latín y el arameo?

Empecemos por el latín. El uso del latín se podría justificar porque era la lengua del ejército romano, la lengua del derecho romano y la lengua de la inscripción de Cesarea  de Poncio Pilatos, prefecto de Judea ( ...[Po]ntius Pilatus [Praef]ectus Iuda[ea]e) entre los años 26-36 d.C. Además la versión latina del relato de la Pasión se encuentra en la Biblia Vulgata que es la canónica para los católicos latinos. Por otra parte, el latín es una lengua bien conocida  y documentada, lo que hace que no presente tantas dificultades para su adaptación a la banda sonora de una película como puede presentar el arameo. Así que por mí, que no soy latinista, podría pasar el uso del latín, aunque sea con pronunciación italianizante ( oír el latín Ecce homo! , nuestro eccehomo españolísimo de toda la vida,  pronunciado “eche homo” resulta chocante, pero no presenta mayor problema).

Pero ¿por qué el arameo?

La respuesta requiere  una explicación algo más extensa.

El arameo, también llamado caldeo y siríaco o siriaco por los autores greco-romanos,  es la mejor denominación (por ser la más antigua , la más autóctona y la más precisa) para una lengua semítica que se difundió extraordinariamente, ya desde finales del segundo milenio antes de Cristo, con motivo de la expansión y los sucesivos asentamientos de diversas tribus nómadas o semi-nómadas arameo-hablantes, que ocuparon tierras cultivables que en la actualidad corresponderían  a partes de Iraq,  zona sur de Turquía, Siria, norte de Israel  y parte de Jordania.

  El Imperio Neo-asirio, cuya lengua oficial era el acadio, utilizó también la lengua aramea para las relaciones internacionales y para la administración de los territorios arameos reconquistados a partir del s. VIII a. C.

 La misma política  de uso del arameo como segunda lengua siguieron los sucesivos imperios que dominaron el Próximo Oriente en la Antigüedad: el Imperio Neo-babilónico (o Caldeo), desde finales del s. VII a.C. a finales del VI a.C., y el Imperio Persa Aqueménida (o Medo-Persa), desde finales del s.VI a.C. a finales del s. IV a.C.

  Esta es la razón de que la lengua aramea  se difundiese tanto entre  muchos pueblos que en origen no eran arameo-hablantes.

 Así, por ejemplo, entre los judíos, la misma Biblia Hebrea, además del hebreo, usa el arameo en algunas pequeñas secciones: En Gén 31,47,  dos palabras en una glosa erudita y tendenciosa sobre el territorio de Gal‘ad; en Jer 10, 11, un versículo completo que contiene una breve glosa introductoria y un verso contra los dioses que no son el Creador; y  ya disponemos de textos algo más extensos en Esd 4, 8-6,18 y 7, 12-26, diversas glosas y documentación referida a la reconstrucción de Jerusalén (murallas, templo y altar), así como en Dan 2, 4b –7,28, donde se conservan textos literarios, algunos de ellos bien conocidos, como, por ejemplo, la estatua gigante con los pies de barro, el banquete de Baltasar, Daniel en el foso de los leones, y el Apocalipsis de las cuatro bestias con la visión del Anciano de los días ( ‘attîq yômayya’) y del  personaje enigmático, que es como un hijo de hombre  ( ke-bar-’enâsh),  que venía (’âteh hªvah)  con las nubes del cielo (‘im ‘ªnanê shmayyâ’), y al que se le dio poder,  gloria y  reino (v-leh yhîb sholt.ân vîqâr u-malkû)  en Dan 7,13s.

 La penetración del arameo en Judea, y con más razón en Galilea, en tiempos de Jesús, el Cristo o Mesías de los cristianos, es bien conocida ya desde antiguo. El historiador judío Flavio Josefo (s. I d.C.), autor de la Guerra de los Judíos, dice que antes de la versión griega  había escrito esta obra “en mi lengua materna para los bárbaros de las regiones superiores” (Guerra I, 3) con el fin declarado de que “los partos, los babilonios, los árabes más lejanos, nuestros congéneres del otro lado del Éufrates (esto es, los judíos de Babilonia) y los adiabenos conociesen con exactitud a través de mi obra cómo empezó la guerra (...) y cómo llegó a su fin...” (Guerra I,  6).

 De las palabras de Josefo se desprende que esa “lengua materna” no podía ser el hebreo sino el arameo, y además un buen arameo literario, común al público culto de los numerosos pueblos, naciones y lenguas citados.

El mismo Nuevo Testamento (N.T.) conserva en griego algunas palabras claramente arameas puestas en boca de Jesús :

’Abbá (Marc 14,36)=“Padre”; talithà koúm[i] (Marc 5,41) = “¡niña, levanta(te)!”; ’Elôì ’Elôì lemà (var. lamà, limà) sabakhtháni (Marc 15,34) o ’Êlì ’Êlì lemà sabakhtháni (Mat 27, 46) = “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”( Es un cita bíblica: se trata de la versión aramea de la primera parte del Salmo 22, 1, ’Elî, ’Elî lamah ‘ªzabtáni); Mamônas (Mat 6,24, Luc 16, 3.9 y 11) = “La riqueza” (en el N.T. personificada; en Eclo 31,8, donde el griego pone “oro”, el hebreo pone mâmmôn, pero la forma del N.T. terminada en –â es aramea; en cambio la terminación –s es producto de la adaptación al griego, al igual que en el ejemplo siguiente),  Kêphâs (Juan 1, 42) = Pétros/ Petrus = “Pedro” ( lit. “la piedra”, se trata del apodo de Simón Bar-iônâ –  “hijo de Jona”,  en arameo en Mat 16, 17- , al que se llama en griego “el hijo de Juan” –‘o uìòs ’Iôánnou- en Juan 1,42), etc.

 

Por esta razón se piensa que la lengua materna de Jesús (Jesu Muttersprache) sería el arameo, y esta creencia  alcanzó tal popularidad que ha llegado a ser muy corriente en español la expresión de “jurar en arameo”,  que en origen sería muy irreverente, pues se trataría de jurar en la acepción de “echar votos y reniegos”, o sea blasfemar, con el agravante de hacerlo en arameo para que la blasfemia llegase más directamente al interesado, en este caso a Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad de acuerdo con  el misterio fundamental de la fe cristiana.

Así mismo,  por el reverente prestigio del arameo considerado como “la lengua de Cristo”, en el País Vasco Español ahora se llaman Kepasic-  los que en un vascuence más antiguo y  más auténtico se llamaban Petri /Betri o Pe(t)ru.

(v. L. Michelena, Apellidos Vascos, San Sebastián 1989 –4ª ed.- p.146, nº 520 y nº 521: Peru = “Pedro” > Perurena, Perugorría, Perutegui... Pet(i)ri = “Pedro” > Donapetiry, Donapetri (...) Betri de Gorritz , que aparece en un documento de Navarra de 1276, etc.)

 Este uso de onomástica aramea en el vascuence o eusquera del nacionalismo vasco, que hoy en día sólo pretende acentuar las diferencias entre los ciudadanos y las autonomías de España, para mí está claro, por paradójico que resulte, que tiene su origen  en el tradicionalismo español decimonónico más conservador, confesional y clerical, como lo demuestra la palabra aberzale, recientemente aceptada en el  Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), que consigna: “aberzale. (Del eusquera abertzale, patriota.)” Pues bien aquí tenemos la palabra aramea ’ab ( que es la forma base del ’Abbá evangélico de Marcos -Marc 14,36 -) =  “ (Dios) Padre”, a la que se aglutinan los elementos, estos sí vascuences,  (h)er(ri) = “pueblo”, y  tzale = “dedicado a algo”. La base del neologismo “euskadicharachero” es el aberrante aberri = literalmente,“pueblo de (Dios) Padre (’Ab)”, que ahora quieren que signifique “patria vasca”.  

Pensando, pues, y no sin fundamento, como hemos visto, que el arameo sería “la lengua materna de Jesucristo”, el productor y director de esta versión cinematográfica de “La Pasión de Cristo” ha realizado un costoso e ímprobo esfuerzo para  traducir al arameo el relato de la Crucifixión, pero la verdad es que la retro-traducción del texto griego del Nuevo Testamento al arameo judeo-palestinense del s. I d.C. es muy difícil, siempre será discutible y, mejor o peor lograda, siempre será una  reconstrucción conjetural.

Desde un punto de vista filológico, cuando se supone que en un texto dado en una lengua hay un original perdido en otra lengua, se puede intentar la retro-traducción con las debidas cautelas. Y esto también puede hacerse  cuando se sospeche que el autor o los autores de un texto, aunque  lo hayan redactado en la lengua conservada,  pudieran tener como primera lengua una distinta. Vamos a poner un ejemplo. Imaginemos, aunque no es así, que del famoso relato de la formación de la mujer a partir de la costilla de Adán (Gén 2, 23)  no se nos conservase el texto hebreo (lo que repito, no es el caso), y que sólo contásemos con una versión que, en traducción, diría: “A ésta (Eva) se la llamará mujer, porque de hombre fue tomada”.  Como no se entendería el razonamiento, se podría intentar la retro-traducción : “mujer” en hebreo es ’ishshâh, y “hombre” es ’îsh , lo que explicaría el sentido del pasaje como un juego de palabras de imposible o muy difícil traducción en otras lenguas (v. griego: gunê = mujer-esposa / ’andròs =  “de hombre-esposo”; latín: virago / de viro = español “varona”/ de varón...)

Otro ejemplo, esta vez real, aplicado a un pasaje neotestamentario bien conocido, la parábola de la viña y los renteros homicidas (Marc 12, 1-12). Como recordarán, en esta parábola los malos inquilinos, además de no pagar la renta, maltratan y llegan a matar a los servidores enviados por el propietario para cobrar. El dueño de la viña acaba por enviar  a su hijo, quien  es también asesinado. “¿Qué hará, entonces, el dueño de la viña? Llegará y acabará con los labradores y confiará su viña a otros. ¿Ni siquiera leísteis (en la Biblia, Salmo 118, 22) este texto: “ La piedra que desecharon los constructores, llegó a ser piedra angular...” En hebreo y en arameo la palabra griega líthos “piedra” puede ser ’ében, y de hecho lo es en el texto hebreo del Salmo 118,22. Para hijo ( en griego, uíós), la palabra  hebrea es ben, pero en arameo es bar, por lo que la relación hijo/ piedra (ben / ’ében) parece aludir en hipótesis y mediante una restitución conjetural a un juego de palabras presente en un supuesto original  que estaría formulado en hebreo,  y  no arameo. Este, y otros casos,  eran un indicio claro de que también se usaba el hebreo junto con el arameo por parte de la población judía en los tiempos de Cristo, cosa que hoy en día es notoria gracias a los descubrimientos de los manuscritos del Mar Muerto.

Pero volvamos al arameo judeo-palestinense del s. I d.C. Las fuentes para la restitución de este arameo son demasiado escasas. Se limitan a alguno de los manuscritos arameos del Mar Muerto de la zona de Qumrán y  a algunos epígrafes funerarios, en su mayor parte inscripciones en osarios de la zona de Jerusalén. Estas inscripciones, que son muy breves y, en general, repetitivas , aportan un vocabulario muy escaso.

Tal vez recuerden la inscripción de Y‘qvb br Yvsf ’h.vy d-Yshv‘ = “Jacob, hijo de José,  el hermano (lit su hermano) de Jesús ”. Este  epígrafe  alcanzó una gran notoriedad periodística a principios del curso 2002/2003, tras ser  publicada en BAR 28, 6 (2002), pero despertaba sospechas por no haber sido descubierto en excavaciones arqueológicas oficiales,  y, finalmente, con fecha 18.06.03, ha sido considerado “un falso” por la “Autoridad de Antigüedades de Israel”. Pero, aunque sea  falsa, es una buena imitación y da una idea de lo que son la mayoría de estas inscripciones, cuyo estudio, cuando son auténticas, es particularmente importante porque la costumbre funeraria de recoger los restos del difuntos en este tipo de enterramiento secundario tiene un marco temporal muy definido: comienza en el s.I a.C. y cesa con la toma de Jerusalén  por los romanos en el año 70 d.C.

Un mejor ejemplo de una inscripción auténtica y bastante representativa, podría ser: ’bvnh / Shm‘vn sb’/ Yhvsf brh  =Nuestro padre// Simón el viejo//José, su hijo.

(v. L.Y. RAHMANI: A Catalogue of Jewish Ossuaries in the Collections of the State of Israel, Jerusalén, 1994, p.77, nº 12) Como puede verse, una monótona relación de nombres propios y un vocabulario reducido del campo semántico de las relaciones familiares, y, por supuesto, escritura consonántica, sin anotación de las vocales.

Los textos literarios arameos de Qumrán, en especial el Apócrifo del Génesis (1Qap Gen ar), son algo más aprovechables, pero claramente insuficientes.

Se podría, y se suele,  recurrir a los textos arameos de Mar Muerto de la zona de En Gedî, en especial los despachos militares de   Simón bar/ben Kosiba (Simón bar Kosiba es más conocido como Bar Kokbâ’, “el hijo de la estrella”,  en clara alusión a “la estrella de Jacob” de la profecía de Balaam en Núm 24, 17), que ya son del s. II d.C. , pero también son muy breves y lacónicos. (v. Y. YADIN –J. C. GREENFIELD, - A.YARDENI- B. A. LEVINE, (editores):The Documents from the Bar Kokhba Period in the Cave of Letters..., Jerusalem,  2002) )

Para suplir todas estas deficiencias, se ha intentado recurrir  a las antiguas versiones de la Biblia al arameo. En el Renacimiento se dio gran predicamento a la versión Siriaca (AT y NT). Pero se trata de un dialecto arameo oriental de la zona de Edesa que no es anterior al  s. III /IVd.C.

 También ha sido y sigue siendo muy utilizado el Targum, o traducción aramea de la biblia hebrea para uso de los judíos que puede ser más o menos literal.  La palabra targum está recogida en el DRAE, donde se dice: “ tárgum –sic-. (Del caldeo –sic- targûm, interpretación.)m. Libro de los judíos, que contiene las glosas y paráfrasis caldeas –sic- de la Escritura.” Aunque mejor que el singular deberíamos usar el plural, targumes o targûmîn, pues existen varios.  Particularmente interesantes serían el Targum (Tg.) Fragmentario y el Tg. Neofiti al Pentateuco, que reflejarían mejor el arameo judeo-palestinense. Onqelos al Pentateuco y Jonatán a los Profetas sería tal vez demasiado literarios. El Tg. Pseudo-Jonatán al Pentateuco se considera híbrido y tardío. También parece demasiado tardío el Targum a los Hagiógrafos. Hay un  Tg. Samaritano al Pentateuco, pero también parece tardío,  y, además, las relaciones entre los samaritanos y los judíos no eran nada buenas en la Antigüedad, por lo que es preferible no juntarlos ni tan siquiera para una reconstrucción lingüística. Pero lo cierto es que el arameo de los targumes ha sufrido un largo y complicado proceso de copia, y  su datación presenta problemas. En   general, a excepción de Onquelos y Jonatán (y tal vez Neófiti),  serían bastante posteriores al s. III d.C. Con todo, a muchos nos parece que una buena opción para la reconstrucción del arameo literario judeo-palestinense del s. I d. C., además de los manuscritos del Mar Muerto y de los epígrafes funerarios ya mencionados, podría consistir en el uso del  Tg.Onqelos al Pentateuco y del Tg. Jonatán a los Profetas. Ahora bien, para un arameo judeo- palestinense no literario, y de un registro medio o bajo, podríamos recurrir  al Tg. Fragmentario y al Tg.Neofiti al Pentateuco, pues no es anormal encontrarse en lenguas que llegan a ser literarias en una fase más tardía  rasgos que ya se dan en el habla de la fase inmediatamente anterior, pero que se consideran dialectales o incluso vulgares y por ello no se ponen por escrito.

 Para la reconstrucción del arameo de la banda sonora de la película que comentamos, se ha usado como base el arameo de la Biblia Hebrea, lo que es regresivo porque se trata de un arameo de antes de Cristo. Este arameo se ha entrecruzado con los restos conservados en el Nuevo Testamento, que también es Biblia para los cristianos, y a todo ello se han añadido no pocos hebraísmos, más o menos adaptados al arameo, y palabras de dialectos arameos más tardíos.

 Así, por ejemplo, la  palabra que se emplea para designar la Pasión en la versión de Mel Gibson es “sib-lä´-thä  n. [Ancient Aramaic for “Passion”] The burden Crist suffered”. Ahora bien, sib-lä-thä no está documentado ni en arameo antiguo ni en el arameo judeo-palestinense. No se encuentra en los más antiguos documentos arameos (v. J. Hoftijzer – K. Jongeling, Dictionary of the North-West Semitic Inscriptions, Leiden. New York. Köln 1995), ni en arameo bíblico (v. cualquiera de los muchos diccionarios de las partes arameas de la Biblia Hebrea, por ejemplo E. Vogt, Lexicon Linguae Aramaicae Veteris Testamenti ducumentis antiquis illustratum, Roma 1971). No se encuentra en el arameo de Qumran ( v. M. ABEGG et alia, The Dead Sea Scrolls Concordance, Leiden- Boston 2003, vol II p. 888), ni en el de Bar Kokhba (v. Yigael Yadin, Jonas C.Greenfield, et alia, The Documents from the Bar Kokhba Period in the Cave of the Letters…, Jerusalem 2002, pp. 393-410: Glossary and Concordance); de hecho tampoco se encuentra en el “omni-comprensivo” diccionario de M. Jastrow , A Dictionary of the Targumim, the Talmud Babli and Yerushalmi, and the Midrashic Literature, London-New York 1903, donde se nos da sólo la entrada hebrea (sibláh f. Pl. siblôt) con la acepción de “load”, “burden” (“peso”, “carga”). Tampoco aparece tal palabra en el M. Sokoloff, A Dictionary of Jewish Palestinian Aramaic of the Byzantine Period, 2ª ed. Bar Ilan 2002.

En el arameo judeo-babilonio tampoco existe tal palabra (cf. M. Sokoloff , A Dictionary

of Jewish Babylonian Aramaic of the Talmudic and Geonic Periods, Bar Ilan 2002), pero sí aparece en mandeo (sibla = “carga”, “burden” en E.S. Drower-R. Macuch, A Mandaic Dictionary, Oxford 1963), y, en el dialecto arameo samaritano (siblah =  “trabajo duro”, “‘abodah qashah”, “hard labor” en  A. Tal, A Dictionary of Samaritan Aramaic, Leiden, Boston, Köln, 2000). En ambos casos, en mi modesta opinión, es muy posible que se trate  de hebraismos. En  algún manuscrito samaritano aparece la forma sblvt, que es claramente hebrea por la terminación –vt = -ôt; en otros casos sblt puede ser arameo, pero está documentada en traducciones  bíblicas de  la palabra hebrea siblôt.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que, a pesar de las tradicionales  malas relaciones entre judíos (de Judea, de Galilea y de la Diáspora) y samaritanos (judíos de Samaría), el judaísmo samaritano recibe su Pentateuco y muchas tradiciones del judaísmo “judío”. Los mandeos, por su parte, eran  una secta judía gnóstica, originaria al parecer de Transjordania y emigrada a Mesopotamia, por lo que, como sucede con los samaritanos, no es raro el influjo hebreo en su arameo. En cualquier caso, recordemos que el significado de esta palabra es: “trabajo/s duro/s” y/o “carga/s”.

Esta palabra supuestamente aramea utilizada ahora, en pleno siglo XXI, “sib-lä´-thä “ –sic- , en mi opinión, se habría obtenido a partir de un original hebreo bíblico siblôt adaptado al arameo (presenta los morfemas  arameos de femenino plural –ât , y la terminación del artículo determinado o estado enfático –â’ , en vez del artículo hebreo prefijado ha-, y de la terminación hebrea de femenino plural -ôt).  El nombre  hebreo siblôt, femenino plural de sibláh, se traduce por “carga” y “trabajos forzados” (v. L. Alonso Schoekel, Diccionario Bíblico Hebreo-Español, Valencia 1990), y se puede añadir “trabajo penoso”( v. J. Targarona Borras, Diccionario Hebreo / Español, Barcelona 1995).

Esta palabra es de la raíz trilítera sbl = “llevar (un peso)”, “transportar”, “cargar”, “sostener”, “sobrellevar”, “soportar”, “sufrir”, “tolerar”... , y debemos considerar que esta raíz  pertenece al acervo léxico del semítico común, pues se encuentra en acadio, arameo y etiópico, además de en hebreo. En acadio, en especial en Mari, esta raíz se relaciona con el trabajo... En el arameo oficial,  “transportar (p. ej. carga un asno)”, “llevar (p. ej. pan y agua)”, de donde pasa a: “mantener”, “cuidar de alguién (p. ej. de un anciano)”. En arameo bíblico, en un único caso un tanto dudoso, parece significar “mantener (los cimientos del altar del Templo de Jerusalén en su sitio)”, pero otros prefieren “levantar” o “poner” o “consolidar” (los cimientos). En el arameo judeo-palestinense, “transportar”, “cargar” “soportar” (p. ej. el peso de los pecados, o los problemas), pero en arameo judeo-babilónico el verbo recibe la  acepción primera de “sufrir” (p. ej. una enfermedad o una pérdida), y una segunda acepción de “regalar por esponsales” (cf. acadio: shûbultu: “regalo”, y siriaco: seblûnê’: “regalos de boda”). En siriaco además de “cargar” y “transportar (especialmente, el grano)”, significa: “soportar”, “sufrir con paciencia” (p. ej. h.ashe’ da-sbal mshîh.ä’, los sufrimientos que soportó el Mesías (o Cristo)”,  y en forma intensiva ( pa‘el): “enviar un regalo de boda”.

En la Biblia Hebrea (Éx 6,6) aparece la forma  sibt (mitsráyim) = “las cargas (de  Egipto)”, que, según creo, es el pasaje que se tuvo presente para la reconstrucción aramea que nos ocupa. Las antiguas versiones judeo-arameas a este pasaje lo interpretan, como parece lógico, en clave laboral. Así el Tg. Onq. Éx 6,6: dh.ôq pûlh.an (mitsrâ’ê) = “opresión del trabajo (de los egipcios)”, que es igual a la traducción del Tg. Pseudo-Jonatán, y el Tg. Neof. I Éx 6,6 nyr sh‘bvdhvn  (d-mtsryy)=  “el yugo de la esclavización (de los egipcios)”.  Es decir que el arameo judío entiende esta palabra hebrea como “opresión laboral” o “yugo esclavista”, y no como “pasión” o “sufrimiento”. En realidad, siblâtâ’ más que “Pasión de Cristo” sería “ Explotación de Cristo”.

Por todo lo dicho,  me temo que la respuesta al interrogante que daba título a esta conferencia, “La Pasión en Arameo ¿Fue así?, ha de ser negativa. No fue exactamente así, pero eso, realmente, no importa. Si alguien quiere, en la medida de lo posible, oír un buen arameo y aprenderlo, debería dirigirse a un centro especializado, como, por ejemplo, nuestro Departamento de Estudios Hebreos y Arameos. Pero si lo que quiere es ir al cine, debe mantener la esperanza de que va a ver una buena película, que le va a entretener y, en la medida de lo posible, le va a instruir y hacer de él una persona mejor y más satifecha. A fin de cuentas el cine es, o debería de ser, arte; la séptima de las artes, si no he contado mal, aunque muchas veces no lo parezca.  Juzgar una película  con criterios filológicos es algo que no debe hacerse. Como dice el proverbio arameo del s. V a.C.: “ No enseñes a un árabe el mar o a un sidonio el desierto, porque sus trabajos son diferentes” ( v. E. Martínez Borobio, “Libro Arameo de Ajicar” en  A. Díez Macho – A. Piñero Sáenz (eds.), Apócrifos del Antiguo Testamento, tomo III, 2002 (2ª ed.), p.256. v. A Cowley, Aramaic Papyri of the Fifth Century B.C., Oxford 1923, reimpresión de Osnabrück 1967, nº 208: [’l th]h.vy l-‘rby ym’ v-l-tsydny b[r’] // ky ‘bydthm pryshh).

 

P.S. El Herodes de la película era Herodes Antipas, Tetrarca de Galilea, y, aunque era hijo del rey Herodes el Grande (que reinó del 37- 4 a.C., por nombramiento del Senado Romano de fecha 40 a.C.),  nunca fue rey (malkâ’).