Madrid siglos XIX y XX

En esta web se encuentran los trabajos realizados por los alumnos de la asignatura Historia de Madrid en la edad contemporánea.

Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1998-1999,

impartida por Luis Enrique Otero Carvajal, profesor titular de Historia Contemporánea de la UCM.

wb00850_.gif (324 bytes)

Bienvenidos

wb00850_.gif (324 bytes)

libros10ab.JPG (8821 bytes)

principal historia ciencia telecomunicaciones mundo actual historia España historia Madrid publicaciones taller historia

La evolución urbanística de Madrid, 1898-1936

madrid74.jpg (32560 bytes)

Web optimizado para su visión a 800x600

Realizada por:

José Antonio Fernández González

José Alfredo González González

Roberto Linares Valdés

Daniel Rodrigo Sanmartín

Indice

Introducción

Interior, Ensanche y extrarradio

El problema de la vivienda

La insuficiencia de la práctica municipal

Bibliografía

INTRODUCCIÓN.

La presente página pretende presentar una visión de carácter general del desarrollo urbanístico de la ciudad de Madrid a lo largo del primer tercio del siglo XX, es decir, desde la ultima reorganización urbanística del siglo XIX (1898) hasta el inicio de la Guerra Civil en 1936. A lo largo de todo el trabajo hemos pretendido hacer hincapié en aquellos problemas que a nuestro juicio han resultado ser más relevantes en el desarrollo posterior de Madrid, y que, por tanto, han tenido más influencia en la configuración actual de la ciudad.

El primer apartado esta dedicado a la explicación de los diferentes problemas que representa la división administrativa y territorial de la capital en los inicios del siglo XX, con la explicación de lo que en la documentación administrativa de la ciudad significa conceptos tales como Interior, Ensanche y Extrarradio, conceptos que son consecuencia de la Legislación urbanística del siglo XIX, asimismo haremos referencia a los problemas que la actuación política en este sentido provocara en la situación de la ciudad y de los que viven en ella.

En segundo lugar, prestaremos especial atención a uno de los principales factores que influyeron en la configuración del paisaje de la ciudad, como la construcción de viviendas, y la legislación expedida al respecto. Es indudable la influencia que tiene la estimulación de la construcción de nuevos espacios en la configuración de una ciudad moderna, por tanto haremos especial mención a la legislación que al respecto emitieron las autoridades consistoriales. En Madrid el desarrollo de la vivienda, en la mayoría de las ocasiones aleatorio, resultó especialmente relevante en el desarrollo de la vida de la capital.

Por último, haremos referencia a las acciones llevadas a cabo por las autoridades consistoriales en materia de urbanismo, destacaremos ante todo como la practica municipal, en la mayoría de los casos, resultó insuficiente para paliar el desarrollo anárquico de la ciudad en el periodo tratado, en muchos de los casos no fue por la ausencia de proyectos dignos de tener en cuenta sino porque muchos de ellos no fueron llevados a la practica, no gozaron de la estabilidad política necesaria para su continuidad o simplemente resultaron ser meras intervenciones aisladas sin un marco adecuado de ámbito general, dotando a la ciudad de un verdadero Plan General de Urbanismo. Consideramos especialmente relevante el hecho de que la legislación urbanística del periodo resultó ser el producto de una actuación en la que la planificación global no fue una de las características principales.

INTERIOR, ENSANCHE Y EXTRARRADIO.

Como consecuencia de la legislación urbanística del siglo XIX Madrid quedó dividido en tres zonas administrativas y fiscales: el Interior, el Ensanche y el Extrarradio. Cada una de estas zonas queda descrita en la "Información sobre la Ciudad", editada en 1929 por el Ayuntamiento de Madrid, en esta fuente se describe la extensión de la zona Interior como sigue: << El núcleo central (viejo Madrid), que iniciándose en el actual emplazamiento del Palacio Real, llega a ocupar, por extensiones sucesivas la superficie de 7.775.276 metros cuadrados, estando limitado este recinto, denominado Interior por la calle de Alcalá (desde la Plaza de la Independencia), Avenida de Menéndez Pelayo, calle del Pacifico, Paseo de Atocha, glorieta y ronda del mismo nombre, Rondas de Valencia y de Toledo y parte de la de Segovia, Cuesta de las Descargas, calle de Segovia, paseo alto de la Virgen del Puerto, paseo de la Florida, calle del Marques de Urquijo (cruzando el paseo de Rosales), calle de la Princesa, Ronda del Conde Duque, calle de Santa Cruz de Marcenado, Ronda Vieja y pasando por el Hospital de la Princesa a la calle de San Bernardo, glorieta de Quevedo, calle de Carranza a las de Sagasta y Génova, plaza de Colon, cruza por ultimo el paseo de la Castellana a las calles de Goya y Serrano, hasta volver a la Plaza de la Independencia.>>

En cuanto a la extensión del Ensanche este se configuró en el primer tercio del siglo XX como una zona intermedia y marginal ya que gran parte de su territorio se encontraba sin edificar, sus referencias en la documentación administrativa de Madrid de la época la describen de la manera siguiente: << Tal núcleo central, insuficiente para alojar a la población a principios del s. XIX, en el que ya por algunas partes se extendía, es ampliado por el proyecto cuyo autor fue el Ingeniero municipal señor Alvarez de Castro (año 1860). La superficie afectada por esta parte de la población llamada Ensanche, es de 15.164.734 metros cuadrados. Comprende el Ensanche desde el limite fijado para el Interior hasta el contorno que, partiendo de la Plaza de Manuel Becerra, sigue por las calles del Doctor Esquerdo y Pedro Bosch a la plaza de Italia, continuando hasta el río Manzanares; por este llega al vado de Migas Calientes, y subiendo por la calle de Federico Chueca, se prolonga por la Avenida de Reina Victoria, calles de Raimundo Fernández Villaverde, de Joaquín Costa y de Francisco Silvela al punto de origen, que es la Plaza de Manuel Becerra.>>

Una característica importante que se tradujo de esta división administrativa fue el hecho de que la existencia de distritos dió lugar a que solo el distrito de Hospicio fuese el único Interior, mientras que los otros ocho eran mixtos en grado triple, esto fue debido a la división administrativa realizada en el año 1898 en la que Madrid quedó dividido en diez distritos con diez barrios cada uno, esta configuración fue cambiando con el paso de los años según se produjeron las distintas ampliaciones de la ciudad hasta el inicio de la Guerra Civil.

DIVISIÓN EN DISTRITOS Y BARRIOS DE MADRID EN 1898
I.- CENTRO II.- HOSPICIO III.- CHAMBERÍ IV.- BUENAVISTA V.- CONGRESO

Carmen
Constitución
Correos
Estrella
Jardines
Muñoz Torrero
Puerta del Sol
San Luis
San Martín
Tudescos

Apodaca
Bilbao
Campoamor
Colon
Góngora
Hernán Cortes
Jesús del Valle
San Onofrio
San Pablo
Las Torres

Alfonso X
Balmes
Cardenal Cisneros
Cuatro Caminos
Dos de Mayo
Hipódromo
Luchana
Monteleón
Sandoval
Trafalgar

Almirante
Biblioteca
Conde de Aranda
Fernando el Santo
Goya
Guindalera
Marqués  Salamanca
Las Mercedes
Monasterio
Prosperidad

Alameda
Cañizares
Cervantes
Floridablanca
Gutemberg
Plaza de Toros
Príncipe
Retiro
San Carlos
Santa María

VI.- HOSPITAL VII.- INCLUSA VIII.- LATINA IX.- PALACIO X.- UNIVERSIDAD

Argumosa

Delicias

Doctor Fourquet

Jesús y María

Lavapiés

Ministriles

Pacífico

Primavera

Sta. Mª de la Cabeza

Torrecilla

Amazonas

Cabestreros

Caravaca

Duque de Alba

Gasómetro

Huerta del Bayo

Marqués de Comillas

Miguel Servet

Peñuelas

Rastro

Aguas

Alfonso VI

Arganzuela

Ayuntamiento

Calatrava

Cava

Humilladero

Imperial

San Francisco

San Isidro

Alamo

Argüelles

Carlos III

Casa de Campo

Espejo

Isabel II

Moncloa

Montaña

Quintana

Senado

Amaniel

Bellas Vistas

Conde Duque

Conde de Toreno

Guzman el Bueno

Lozoya

Minas

Quiñones

Santa Lucía

Vallehermoso

Como hemos dicho antes esta división propiciaba la aparición de distritos de carácter mixto, sin embargo, además del desorden que esto provocaba la consecuencia más importante era la multiplicidad de jurisdicciones, ya que por entonces la zona del Ensanche gozaba de una gran autonomía dentro del termino municipal, hasta el extremo de que tenia su Presupuesto especial y una plantilla de personal propio, tanto técnico como administrativo, todo ello provocó una profunda falta de coordinación y las zonas del Interior y del Extrarradio quedaron como compartimentos estancos, sin que existiera en el Ayuntamiento una visión unitaria de los problemas comunes.

El resto del término, que abarcaba una extensión de 43.816.482 metros cuadrados se denomina Extrarradio. Al final del siglo XIX, Vicálvaro cedió terrenos a Madrid para la construcción del Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. La superficie aumentó a 68,42 kms cuadrados y el incremento quedó incorporado al Extrarradio (45,48 Kms.cuadrados).

La actividad urbanística del primer tercio del siglo, hasta la Segunda República, fue más burocrática que efectiva y subrayó la preocupación que entre los poderes públicos producirá el desarrollo de los Extrarradios. Esta actividad administrativa comenzó en 1902 con la creación de una Comisión especial para la Reforma del suelo y subsuelo de Madrid, en 1905 se organizó una Junta Consultiva, en 1907 se creó una sección de la Dirección de Vías Publicas para realizar estudios de urbanización del Extrarradio, en 1909 el arquitecto Nuñez Granes presentó un proyecto que fue aprobado en 1916, pero cuya ejecución quedo pendiente de una Ley de urbanización que no se llego a promulgar. En 1922 no obstante se acordó reformar el proyecto de Nuñez Granes, en 1924 se aprobó el Estatuto Municipal y en 1929 el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso de carácter internacional para la reforma del Interior y urbanización del Extrarradio.

23a.jpg (131712 bytes)

En cuanto a la forma de urbanización de las distintas zonas esta se realizó según la "Información de la Ciudad" ya mencionada: "Las características del Interior de Madrid se distinguen por la irregularidad en los trazados de sus calles, debido a las sucesivas ampliaciones que se hicieron de los primitivos núcleos, que por insuficiencia se aumentaban en superficie, estableciendo dos sentidos de agregacion: uno concéntrico, que correspondía a dichas ampliaciones, y otro, radial, dependiente de los caminos, carreteras veredas, etc., que afluían a la capital (...). El trazado de calles del Ensanche responde al tipo de cuadricula frecuente en la época en que se proyecto. La urbanización del Extrarradio es caótica y no pertenece a principio alguno de previsión."

A principios de siglo el extrarradio fue la zona en la que más se construyó: en 1908 contaba con 2.809 edificaciones, un quinquenio más tarde su número se elevaba a 4.269 con un aumento de 1.370, mientras que en el Ensanche fue de 1.048. En el trienio 1913-15, el Ayuntamiento concedió 1.570 licencias de construcción en el Interior, 2.481 en el Ensanche y 5.680 en el extrarradio. Nuñez Granes señalaba como en 1907 había 2.781 edificaciones en el extrarradio (el 20,2% del total municipal) en los que vivían 44.292 personas, tan sólo el 7,4% de la población madrileña, y es que el extrarradio estaba constituido también por un gran número de edificaciones que no eran viviendas.

A principios de siglo la población de cada distrito rondaba los 50.000 habitantes, como consecuencia de la reorganización administrativa antes mencionada, pero ya en 1915 Centro, que había perdido población, tenía 47.000, y Chamberí y Buenavista superaba los 70.000. Estas diferencias se fueron agrandando con el paso de los años, los distritos del Norte fueron los que alcanzaron un mayor número de población. A mediados de la década de los treinta Madrid había sobrepasado el millón de habitantes contra toda previsión. La tasa de crecimiento en la primera mitad de siglo era considerablemente superior a la de la última mitad del siglo anterior (132,1% y 81,0% respectivamente), estamos ante uno de los periodos de la Historia de Madrid en que el crecimiento fue mayor.

En el tema de la densidad de población hay que tener en cuenta las 1.165 Ha que representan los parques y jardines municipales, además de la Casa de Campo, sobre todo en el distrito de Palacio. En la Información de la ciudad de 1929, se dice que en esa fecha había 20,33 metros cuadrados de parques y jardines por habitante, cantidad inferior a los 25 que determinaba el Estatuto Municipal vigente en aquellos años.

Siguiendo la tendencia del ultimo cuarto de siglo pasado, el distrito Centro siguió perdiendo población, junto con Hospicio formaron el núcleo de la zona interior, la que alcanzó más altas densidades. El resto de distritos incluyendo los del Sur, crecieron por el Ensanche y los extrarradios, más que por la zona interior que les correspondió.

El Ensanche de Castro no llegó a abarcar la totalidad del Término Municipal de Madrid, y este hecho dio lugar a la formación de tres tipos de extrarradios, siendo Madrid la ciudad española más rica en esta forma de producción espacial. El primer extrarradio fue el que se localizó dentro del término municipal, colindante con el borde del Ensanche, que el plan Castro había configurado como una avenida arbolada (barrio de Cuatro Caminos en el Norte y en el Este los de Madrid moderno, Guindalera y Prosperidad). El segundo tipo fue el extrarradio que se desarrolló en los pueblos colindantes, en los que no exisió ninguna forma de planeamiento (Carabancheles, Vallecas, Chamartín de la Rosa y otros). El tercer tipo participó de los dos anteriores, fueron extrarradios situados en el borde exterior del término municipal de Madrid, apoyándose en las vías que unían los pueblos con la capital (Tetuán de las Victorias, Puente de Vallecas y Puente de Toledo).

119a.jpg (36505 bytes)

A finales del siglo pasado y principios del siglo XX se produjeron otras formas de crecimiento residencial distintas de ensanches y extrarradios: fueron las colonias de hoteles en su mayoría de pequeño tamaño, surgieron como una nueva forma de solucionar los problemas de la escasez de vivienda para la clase obrera, este fue uno de los principales problemas a solucionar por parte del Ayuntamiento. Nacieron estas colonias en los espacios que dejaba libre el crecimiento tentacular de los extrarradios, llegando a tener gran importancia urbana al representar una zona de transición entre la ciudad y el medio rural circundante.

EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA.

La escasez de vivienda fue uno de los principales problemas del Madrid del primer tercio del siglo XX, sin embargo este problema se vio agravado para la clase obrera con menos recursos económicos para acceder a una vivienda, y que esta cumpla los mínimos requisitos de habitabilidad. Este ultimo punto se vio acentuado por el hecho de que todavía bien entrado el siglo XX Madrid carecía de una política sanitaria, lo que se tradujo en la existencia de viviendas insalubres repartidas por toda la ciudad, para Chicote y Riego estas se encuentran <<unas veces aisladamente; otras, formando agrupaciones, islotes, y otras, barriadas enteras. Además, en no pocas casas, cuyas condiciones pueden clasificarse no ya de aceptables, sino de excelentes, las buhardillas, las viviendas de los porteros y las destinadas a la servidumbre, además de sus reducidas dimensiones, están, en lo general, privadas en absoluto de luz solar y ventilación>>. Pese a todo, este no es un problema nuevo ya que las malas condiciones de las viviendas construidas fueron heredadas de la centuria anterior, a lo que había que añadir la construcción de características lamentables que se estaban llevando a cabo en los extrarradios, sin ninguna normativa, por otro lado la situación en el Ensanche y el Interior no era más alentadora, donde la falta de rigidez de las normas constructivas provocaba la existencia de una gran mayoría de habitáculos en malas condiciones.

Hasta 1911, en que el Instituto de Reformas Sociales formuló la"Ley de Casas Baratas", que contenía algunas condiciones higiénicas que debían de reunir las nuevas edificaciones, no existía prohibición alguna sobre habitar las viviendas insalubres, ni la obligación de efectuar en estos trabajos de saneamiento conducentes a hacerlas habitables. Dentro de esta ley se pretende establecer la expropiación forzosa por causa de insalubridad de la casa, sin embargo no se hizo nada al respecto por parte del Ayuntamiento. Anteriormente solo existían una serie de disposiciones generales (bandos, circulares,...) acerca del saneamiento y salubridad de las viviendas, pero casi todas coincidían en considerar como una de las causas más importantes de la insalubridad, las malas condiciones de las redes de desagüe y a ello se ciñieron las Reglamentaciones: "hondamente preocupada esta Alcaldía por la abrumadora cifra de mortalidad que acusan las estadísticas, se propone, en la medida de lo posible, combatir con cuantos medios estén a su alcance, las causas que han convertido a la capital de España, en una población insana, cuando por sus condiciones topográficas y climatológicas, no debiera serlo en tan alto grado; y siendo una de las causas que origina el daño, quizás la principal, las malas condiciones que en sus redes de desagüe se observan en la casi totalidad de sus edificaciones...". Por otra parte, en 1905, se estableció que "al solicitar toda obra de construcción o de reforma, así radiquen las fincas en el Interior o en el Ensanche, como en el Extrarradio, se determinara en los planos... la disposición de los retretes, su ventilación directa e independiente de las bajadas de aguas pluviales, las bajadas de aguas sucias, detallando los sifones y desagües". Y todavía, cuando en 1911 el Ayuntamiento quiso establecer lo que consideró las condiciones necesarias para regular el saneamiento de las viviendas, todas las actuaciones giraron en torno a la instalación mas optima de las redes de desagüe. El grave estado de insalubridad de la ciudad fue debido en gran parte a las malas condiciones de muchos de los cuartos destinados a vivienda que no reunían las mínimas condiciones de habitabilidad.

Todo esto contribuyó a que la mortalidad, aunque fuese disminuyendo en el transcurso de todo el siglo XX, no lo hiciese del mismo modo en todo el conjunto de la ciudad. En el periodo que abarca 1904-1910, la tasa de mortalidad en Madrid es de un 27,02%, sin embargo no todos los distritos se comportaban de la misma manera.

Distritos Tasa de mortalidad

Inclusa
Hospital
Latina
Universidad
Chamberí
Congreso
Palacio
Centro
Hospicio
Buenavista

41,3
34,6
30,6
30,0
26,9
23,6
22,9
20,6
20,0
19,1

Eran los distritos meridionales, junto con el de Universidad, los que presentaban mayor tasa de mortalidad ya que se trató de sectores con muy altas densidades de población, así como de unas características en materia de vivienda bastante deficientes. Por el contrario los de Centro, Hospicio y Buenavista, donde la habitabilidad de las casas es mejor, aunque, como en el caso del de Centro presentaba una alta densidad de edificación y de población, la mortalidad presentó índices menores.

Los barrios cuya mortalidad fue mayor (más del 35%) se encontraban localizados preferentemente al Sur de la ciudad, tanto en los sectores del Interior, como en el Ensanche y el Extrarradio.

En el núcleo interior alcanzó la máxima mortalidad el barrio de Cabestreros, entre las calles de Embajadores y Mesón de Paredes, ya que en él estaba localizada la Inclusa (tasa de 101,9 %), el barrio del doctor Fourquet le seguía en importancia con una tasa de 82,4 %, elevada ya que allí se encuentra el Hospital Provincial. Son también los barrios del Ensanche Sur (Imperial, Peñuelas, Gasómetro, Santa María de la Cabeza), los que acusaban una elevada mortalidad, al tratarse el sector del Ensanche de peores características residenciales donde abundaban elementos nocivos y repulsores de la residencia de calidad y que por ello fueron ocupados por la clase social de escasos recursos económicos, que era víctima de una mortalidad elevada.

Por el contrario los barrios que sostenían una mortalidad más baja (menos del 20%) se encontraban localizados en el sector más central del núcleo interior, donde las reformas realizadas en sus edificios así como las edificaciones de nueva planta en los bordes del núcleo, dotaban a este sector de mejores condiciones de habitabilidad, sin embargo la mayoría de las normas relativas a la mejora interior y saneamiento, procedía de la Ley especial del 18 de Marzo de 1895.

Pese a todo, el principal problema de la ciudad de Madrid siguió siendo la escasez de la vivienda, ya que en el transcurso de los treinta primeros años de siglo la población se incrementó en un 68,85, mientras que las viviendas lo hicieron en un valor menor, el 59%. Paradójicamente siempre existió el problema de la escasez de alojamientos para las clases menos pudientes, sin embargo había, paralelamente a esto, un superávit de viviendas de calidad que se encontraban vacías, debido a los altos precios de los alquileres. Si en el conjunto del periodo (1900-1930) el incremento de la población fue mayor que el del parque inmobiliario, esto se debió principalmente a la reducción experimentada en la construcción de viviendas a partir de los quince primeros años:

Años aumento viviendas Incremento aumento Población Incremento

1900-1915
1915-1930

37.095

28.168

33% (100=1900)
19% (100=1915)

84.091

280.153

15% (100=1900)

45% (100=1915)

Así pues, el ritmo de aumento se invirtió a partir de 1915 como consecuencia de la crisis económica que afectó al ramo de la construcción. Esto supuso un agravamiento en las condiciones de habitabilidad de gran parte de la población, llegándose a un grado de ocupación medio de 5,11 habitantes por vivienda.

26a.jpg (33607 bytes)

La crisis de edificación experimentada en estos años vino motivada por la elevación de los precios de todos los elementos que intervenían en la construcción: materiales, suelo, mano de obra,... por lo que los propietarios se mostraban reacios a edificar sobre todo viviendas económicas ya que las ganancias en este negocio eran muy reducidas y preferían o bien tener inmovilizado el solar que progresivamente iba aumentando de precio, radicando el negocio en esa operación, la especulación sobre los solares o bien edificar viviendas de lujo con altos alquileres que les proporcionase beneficios más crecidos.

Ante esto la situación de gran parte de la población ante el problema de la vivienda fue grave puesto que le era imposible instalarse en el Interior o en el Ensanche de la ciudad, donde los suelos y los alquileres eran excesivamente altos para sus posibilidades, viéndose por tanto forzada a hacerlo en el Extrarradio, en el que, aunque el valor del suelo también aumentó paralelamente lo hizo en menor medida, con el consiguiente precio más económico de los alquileres. Sin embargo muchos de los sectores más humildes ni siquiera pudieron instalarse en el Extrarradio sino que tuvieron que hacerlo fuera de los límites del Término Municipal. Esto dio como resultado la formación de barriadas en los términos municipales que rodeaban al de Madrid: Chamartín, Vallecas, Canillas, Vicálvaro, Carabanchel Bajo... que crecieron a expensas del de Madrid.

El valor del suelo experimentó un desmesurado aumento en estos años, de un 80% en el Interior entre 1902 y 1920 y de un 450% en el Ensanche. La resistencia de los propietarios a edificar, sobre todo en el Ensanche, donde la mayoría de los solares se encontraban sin edificar, motivó la promulgación de medidas para obligar a construir: aumentar los impuestos sobre los solares que continuaban sin edificar, con diferente tributación según los sectores, y la concesión de exención total de arbitrios municipales y del coste de licencias a las construcciones que en ellos se levantasen. Incluso se llegó a establecer la expropiación forzosa. Sin embargo, como en la mayoría de las ocasiones, la política municipal en materia de urbanismo no resultó suficiente para promocionar la construcción de viviendas de un precio asequible, mientras que la mayoría de los propietarios optaban por la construcción de viviendas de lujo, que eran las únicas que les aseguraban la existencia de cuantiosos beneficios.

En la década de los años veinte, ante la reducida representación que tuvieron las viviendas de alquileres más económicos, los traslados que les afectaron son muy escasos. Por otra parte el alto costo de los alquileres no sólo perjudicaba a la clase más débil económicamente, sino también a la clase media que se vio obligada a cambiar de residencia.

La disposición restrictiva sobre el aumento de los alquileres, dictada en 1920, contuvo en parte el alza de los precios, pero ante esto los propietarios se negaron a reparar los desperfectos de sus fincas, y como los inquilinos carecían de la capacidad económica para hacerlo, se produjo un déficit en las indispensables condiciones de habitabilidad. La relación existente entre el precio de los solares y el de los inquilinos fue muy defendida por los lideres políticos del socialismo, que vieron en el alza de los precios de los solares la causa principal del aumento de los alquileres.

27c.jpg (29711 bytes)

El Extrarradio, lugar de asentamiento obligado para la mayor parte de la población de bajos recursos, mostró diferenciaciones internas en el valor del suelo ya que varios factores contribuyeron en el precio: la cercanía al Ensanche, a las vías de comunicación, a la existencia de núcleos ya ocupados, etc. generalmente los valores mas bajos se encuentraban en el Extrarradio sur.

En consecuencia, el ritmo de la edificación no fue homogéneo en los primeros treinta años de siglo como tampoco su distribución espacial debido a múltiples causas: las consecuencias económicas de la crisis a partir de 1915, las disposiciones dictadas por el Ayuntamiento en variadas ocasiones así como por la estrategia de los propietarios del suelo que controlaban el espacio a edificar.

Fue a partir de 1915 cuando se comenzó a observar una disminución del ritmo de la edificación tanto en obras de nueva planta como en remodelaciones. Durante estos años la subida del precio de los materiales y de la mano de obra incrementó la edificación de lujo pues era la única que permitía ganancias ante esta situación, mientras que por el contrario las construcciones económicas disminuyeron enormemente. A partir de 1915 el ritmo de aumento de la edificación decreció notoriamente y no se recuperó hasta la segunda mitad de la década de los años veinte, llevando el mayor peso de las edificaciones el sector del Extrarradio. Pese al aumento de viviendas experimentado en la ciudad, ni se solucionó el problema del alojamiento para una gran parte de la población ni las características de las viviendas existentes eran las mas adecuadas. En 1927 el 28,34% de las viviendas contaban con menos de cuatro habitaciones, volumen que no pudo satisfacer apenas las necesidades de una familia de tamaño medio. Muchas de estas viviendas de escaso numero de habitaciones formaron parte de las llamadas casas de vecindad que abundaban por los sectores más abundantes de la ciudad.

28a.jpg (108561 bytes)

Este problema, tratado hasta ahora como el principal de la política urbanística del Ayuntamiento de Madrid en el primer tercio del siglo XX, llevó al Consistorio a la promulgación de la Ley de 12 de Junio de 1911, siendo elaboradas las bases de dicha ley por la Comisión del Instituto de Reformas Sociales. Fue entonces cuando, por primera vez, la iniciativa oficial intervino en la construcción de viviendas para la clase obrera. Tres principios sirvieron de base a la Ley de 1911: las exenciones tributarias, el fomento del crédito y la subvención directa. Apenas tuvo eficacia en la práctica el fomento del crédito ya que ni las Cajas de Ahorro y Montes de Piedad, igual que el Banco Hipotecario, que hubiesen podido destinar parte de sus capitales a préstamos a las sociedades cooperativas y a particulares que quisieren construir casas baratas, hicieron uso de esta ley. Tampoco las Sociedades Cooperativas respondieron con mucho entusiasmo a los auxilios que la ley les otorgaba, pues la Legislación de 1911 era en extremo complicada y no resultaba factible para muchas de las sociedades emprender la construcción ya que la gran mayoría estaban compuestas por un reducido número de socios y debido a los escasos medios con que contaban no podían responder a las exigencias que la ley les imponía para beneficiarse de sus auxilios. Por otra parte, la ayuda que el Estado podía prestar mediante la cesión gratuita de terrenos o parcelas que le perteneciesen todavía en 1920 no se había llevado a la práctica, por lo que las Sociedades Cooperativas no tenían mas remedio que comprar los terrenos para poder edificar.

Ante la complejidades que entrañaba la Ley de 1911 y la escasa actividad constructora realizada a su amparo, en 1921 y 1922 se dictaron nuevas leyes y reglamentos sobre casas baratas. La Ley de 1921 estableció para el fomento de la edificación los medios siguientes:

punto05.JPG (3724 bytes) Autorizaciones al Estado y a organismos locales no sólo a ceder gratuitamente terrenos, sino también para arrendar, dar a censo o vender este tipo de casas.

punto05.JPG (3724 bytes) Aumento de las exenciones tributarias y préstamos del Estado, establecidos ya en la ley anterior.

punto05.JPG (3724 bytes) Garantías de renta a los propietarios de casas edificadas para alquilarlas. Esto quedó sin aplicar al no solicitarlo ningún constructor.

punto05.JPG (3724 bytes) Abono de intereses, de préstamos y obligaciones y subvención directa. Además se ampliaron los beneficios de la Ley a todo tipo de entidades constructoras.

Aunque con esta ley se tuvo mas éxito que con la anterior de 1911, en 1925 se debió reformar las ordenanzas en este sentido. En general se mantuvieron las disposiciones anteriores pero se sustituyeron las subvenciones estatales, que poco éxito habían tenido, por primas a la construcción, consistentes en un tanto por ciento del valor del terreno y de la edificación, que se entregarían una vez terminadas las casas.

El resultado en general de la Legislación sobre casas baratas no tuvo el éxito esperado. Sin embargo surgieron otras cuestiones ligadas a como debían de realizarse este tipo de casas, entre ellas la polémica sobre la conveniencia de hacer casas unifamiliares o plurifamiliares. La legislación sobre casas baratas daba opción a los dos tipos, aunque se marcaban una serie de características, se estipuló la relación que debía existir entre la superficie edificada y la libre, también los servicios obligatorios que debían reunir las casas y además en las plurifamiliares de más de cuatro plantas fue obligatoria la instalación de calefacción central y ascensor.

Hasta los años treinta la mayoría de las casas baratas se construyeron en forma de viviendas plurifamiliares, formándose conjuntos mas o menos grandes, denominados a veces "colonias". Otra modalidad seguida fue la vivienda unifamiliar adosada y carente de jardín, a la que se doto de un patio trasero mancomunado. Ya en la década de los años veinte el sistema seguido generalmente en la construcción de este tipo de casas, tal como era la casa unifamiliar, evolucionó hacia la edificación plurifamiliar, para remediar la localización de estas viviendas en lugares alejados del resto de la ciudad.

Se atribuía el resultado del fracaso de esta legislación no a la intención de esta ley sino a su articulado y desarrollo, siendo una de las causas la avaricia de la actividad privada que entró a formar parte en la construcción de este tipo de casas, que para obtener la ganancia fácil se decidieron por proyectos realizados por personas incompetentes así como por la utilización de materiales de escasa calidad. A esto cabría añadir la localización inadecuada de muchas de estas barriadas, sin la infraestructura necesaria y alejadas de las principales vías de comunicación.

LA INSUFICIENCIA DE LA PRACTICA MUNICIPAL.

Es especialmente mencionable el hecho de que, aunque se veía la necesidad de la existencia de un plan que ordenase y reglamentase la extensión del Extrarradio, no se llegó a aprobar ninguno de los varios proyectos que se formularon. Fue con el gobierno de la República cuando se aprobaron dos planes al respecto: el Plan de Extensión de Madrid, redactado en 1931 y aprobado en 1933, y el Plan Comarcal de Madrid de 1936, aunque el comienzo de la Guerra Civil impidió su puesta en práctica.

El Plan de Extensión acometió como principal problema, y de mayor urgencia, el disponer de un proyecto definitivo de urbanización del Extrarradio y extensión de Madrid, que permitiera fijar el trazado viario y ordenar las construcciones en las zonas periféricas. Se planteó la necesidad de poner en marcha la redacción de unas ordenanzas municipales para regular la aplicación del Plan. Apareció como imprescindible la zonificación de la ciudad, la creación de unas ordenanzas de uso según las zonas, lo que constituyó un concepto nuevo en las ordenanzas españolas. Unas ordenanzas sobre volumen y un reglamento de construcción también se estimaban necesarios.

Cabe destacar la figura de Zuazo, cuyas ideas imperaron en la preguerra llevándose a efecto en algún momento. Este arquitecto presentó un proyecto, en colaboración con el arquitecto alemán Jansen, en 1929, al Concurso Internacional para la ordenación de Madrid, al que se califica como el primero entre los presentados, aunque el concurso se declaró desierto. Elemento fundamental del Plan es el eje Norte-Sur que habría de actuar como elemento central de la extensión de la ciudad hacia al Norte, prolongando el Paseo de la Castellana, ya propuesto anteriormente por Nuñez Granes, por lo que el Ayuntamiento le encargo la realización del proyecto de prolongación del sector norte. Instaurada la República, Zuazo se convirtió en la figura más importante en materia de urbanismo, poniendo en marcha durante estos años la apertura de la Castellana y siendo interrumpida por la llegada de la Guerra Civil, momento en el que Zuazo se ausento de España.

Durante los treinta primeros años de siglo la edificación del Interior y del Ensanche se vino rigiendo por las viejas ordenanzas del pasado siglo, produciéndose solamente pequeñas modificaciones en las que aparecieron mezclados conceptos y disposiciones que afectaban no sólo a la edificación, sino también a otros asuntos como los concernientes a la reglamentación municipal, policía urbana, limpieza, vigilancia... Las modificaciones realizadas sólo contribuían a densificar el espacio en mayor medida, como ya se ha comentado en el apartado anterior.

Bibliografía

punto05.JPG (3724 bytes) BAHAMONDE MAGRO, A. y OTERO CARVAJAL, L.E.: La sociedad madrileña durante la Restauración, 1876-1931. Vol. I. Madrid, Alfoz-Comunidad Autónoma de Madrid, 1989.
punto05.JPG (3724 bytes) BRANDIS, D.: El paisaje residencial en Madrid. Bilbao, MOPU, 1983.
punto05.JPG (3724 bytes) FERNANDEZ, A. (dir.): Historia de Madrid. Madrid, Universidad Complutense, 1993.
punto05.JPG (3724 bytes) MAURE RUBIO, L.: Anteproyecto del trazado viario y urbanización de Madrid, Zuazo-Jansen, 1929-1930. Madrid, C.O.A.M., 1986.

wpe1.jpg (1766 bytes)

                                                                        0071casa.jpg (5577 bytes)0072l.JPG (4866 bytes)0071u.jpg (4691 bytes)0071r.jpg (5073 bytes)