Madrid siglos XIX y XX

En esta web se encuentran los trabajos realizados por los alumnos de la asignatura Historia de Madrid en la edad contemporánea.

Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1998-1999,

impartida por Luis Enrique Otero Carvajal, profesor titular de Historia Contemporánea de la UCM.

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El Teatro Real de Madrid, 1850-1998

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Realizada por:

Vicente Bermejo López

Rosa María Valiente Moreno-Cid

 

Indice

 

Antecedentes, 1708-1850.

La creación del Teatro Real, 1850-1868.

El Teatro Real en la segunda mitad del siglo XIX.

El Real en la primera mitad del siglo XX.

Su transformación como sala de conciertos, 1966-1988.

La reapertura del Teatro Real como treatro de la ópera, 1988-1998.

Bibliografía.

El teatro español tropezó siempre con numerosas trabas y fue mal mirado por la Iglesia. Solo Madrid gozaba de cierta libertad. Se debe tener en cuenta que dependiendo del monarca que estuviera en el poder o del gusto de sus mujeres hacia la música se presagiaba un lanzamiento en positivo o en negativo del mundo teatral. Así no debemos olvidar que el gran Farinelli fue protegido de Fernando VI y Bárbara de Braganza y que Carlos III no tuvo protegidos porque no le interesaba la música. Prefería la caza.

La reina Isabel II fue la verdadera promotora del Teatro Real. Gracias a la inclinación y devoción que sentía hacia la música, cualidad heredada de su madre Doña María Cristina, la joven reina Isabel promovió la construcción en Madrid de un coliseo digno de la corte. Esto impulsó las obras del Teatro Real que debía edificarse sobre unos solares y terrenos conocidos como los Caños del Peral a principios del siglo XVIII, pero los contratiempos propios de la política y la sociedad de la época paralizaron numerosas veces la construcción de tan esperado recinto:

Antecedentes, 1708-1850.

punto05.JPG (3724 bytes) 1708: el Ayuntamiento de Madrid otorgó permiso para construir un teatro en el solar de unos lavaderos públicos conocidos como "los Caños del Peral". Permiso otorgado a la Compañía italiana de Bartoli.
punto05.JPG (3724 bytes) 1735: Derribo de dicho teatro
punto05.JPG (3724 bytes) 1738: Nuevo coliseo auspiciado por Fernando V y sostenido con mecenazgo privado.
punto05.JPG (3724 bytes) 1746: Reaperturas ocasionales del teatro para celebrar bailes de máscaras.
punto05.JPG (3724 bytes) 1816: Se derribó el Teatro de los Caños del Peral que amenaza ruina.
punto05.JPG (3724 bytes) 1817: Comienzo de las obras de la Plaza de Oriente.
punto05.JPG (3724 bytes) 1818: Antonio López Aguado recibe el encargo de realizar un nuevo proyecto.
punto05.JPG (3724 bytes) 1820: Se acabaron los fondos del Estado y el Teatro Real sufrió un parón en su construcción. No se puede olvidar que el 1 de Enero de 1820 se produjo en Cabezas de San Juan el levantamiento de Rafael de Riego y del coronel Antonio Quintana. Aunque no fue esta causa la que produjo la paralización de las obras sino una Real Orden del 14 de Julio de punto05.JPG (3724 bytes) 1820. Este parón duraró poco tiempo, porque en noviembre de ese mismo año se reanudaron las obras.
punto05.JPG (3724 bytes) 1823: El teatro sufrió un nuevo parón de 8 años de duración nuevamente por la escasez de fondos.
punto05.JPG (3724 bytes) 1826: Se creó un impuesto sobre alcornoques para financiar las obras
punto05.JPG (3724 bytes) 1831: Continuaron las obras. El 27 de Julio de 1831 murió don Antonio López Aguado la construcción del teatro pasó a manos del aparejador don Diego Bolón al que sucedió don Custodio Moreno.
punto05.JPG (3724 bytes) En 1836 cuando se hizo público que el salón de bailes estaba acabado, distintos empresarios lo solicitaron para celebrar bailes de máscaras en cuaresma. El primero de los bailes se celebró el 22 de Enero de 1836. Costaba 50 reales por persona entrar en dicho baile. Para esta ocasión se tuvo que engalanar el salón, y así fue pintado el techo y tapizadas las paredes de seda azul cristina. Se cubrieron los huecos de los balcones y puertas con colgaduras en ese mismo color. El salón se iluminó con 30 lámpara de arañas, cuatro grandes candelabros y numerosos aparejos que engalanaban el salón y se hacían tener un aspecto insuperable.

punto05.JPG (3724 bytes) 1837: Nueva paralización de las obras que durará 13 años. Durante esos el futuro Teatro Real será depósito de pólvora, sede de la Guerra Civil, Congresos de los diputados y salón de Baile.
punto05.JPG (3724 bytes) 1838: La propiedad del Teatro pasó de la Corona al Estado.
punto05.JPG (3724 bytes) 1841: Bajo la dirección de Custodio Moreno se realizaron obras en el Salón de Bailes en dependencias anejas apara adaptarlo como sede del Congreso de los diputados porque se había declarado la ruina del convento del Espíritu Santo, sede de la Cámara.

punto05.JPG (3724 bytes) En 1845, ante las numerosas paralizaciones que habían sufrido las obras, y el incuestionable alargamiento de las obras, el banquero José Salamanca, conocido como el marqués de Salamanca propuso al Estado concluir a sus expensas las obras del teatro de la Plaza de Oriente, sin embargo a pesar de las ganas por concluir el proyecto, la propuesta sería rechazada.

La creación del Teatro Real, 1850-1868.

No sería hasta el 7 de mayo de 1850, cuando en una Real Orden se manifiesta el deseo de impulsar las obras del Teatro Real y se constata que dichas obras deben estar terminadas en un plazo de seis meses. Así el Teatro Real, estaría dispuesto para la inauguración que deberían coincidir con el cumpleaños de Isabel II.

Los arquitectos para dicha obra serían Don Antonio López Aguado y Don Custodio Moreno, encargados de crear un magnífico edificio con forma hexagonal irregular. Su principal fachada en forma circular, miraría a la plaza de Oriente y la otra fachada de menor empaque recaía sobre la plaza de Isabel II. En la decoración interior trabajaron los artistas más importantes de la época: Lucar, Bravo, Tegeo, etc… Al Real no podía faltarle nada, así tendría un gran tocador para recomponer los peinados de las señoras ilustres, existía en su interior además una floristería donde el público podía comprar los ramos que tirarían a los divos más aplaudidos. Disponía de confitería, café, salón de bailes. Anecdóticamente se olvidaron de instalar un guardarropa y la noche de la inauguración falló la calefacción. Pero no parecía importar ante un evento tan esperado.

La noche de la inauguración el Real se llenó de la flor y nata de la sociedad madrileña gente de vida alegre, despreocupada y bulliciosa, la favorita, de Donizatti fue la ópera elegida para tan importante acto, venía representándose en Madrid desde 1843 y aseguraba su éxito. La Alboni, de voz refinada y con gran fuerza brilló por sí sola, dando al acto inaugural el esplendor esperado. Para esta primera temporada se contrató a los artistas de más renombre: la triple Frezzolini, la soprano Gardoni, el barítono Barriolliet y Ronconi. El maestro Michele Rochele sería el encargado de dirigir la orquesta y don Joaquin Espín sería el maestro de Coros.

Los gastos que tenía el teatro Real eran muy elevados y la corona no podía sufragar todo. Una 447 personas rezaban en la nómina del teatro. Cada función diaria venía a salir por un millón veinte mil reales y a la corona las obras del Real ya le habían costado más de 42 millones de reales, para intentar sufragar los gastos, el Real fue una empresa de carácter privado que impuso unos precios que oscilaban entre los 8 y 100 reales. A la aristocracia madrileña no parecía importarle los levados precios de los palcos, a los que acudían con fluidez a divertirse, a presumir de sus galas y a ser vistos.

La segunda temporada se inició con la representación de la ópera de Donizetti, Los Mártires, fue una temporada breve con tan solo 69 representaciones en las que Verdi comenzará a hacerse hueco dentro de un coliseo que le mimará plenamente. Económicamente la temporada fue un fracaso, con unos escasos beneficios, la compañía tuvo que hacerse en marzo de 1852. Por lo que se refiere a la danza escénica, España desde el romanticismo triunfante había contado con bailarines importantes que universalizaban la coreografía nacional. Así los boleros, fandangos y minués afandangados invadieron las escenas de otros países, sin embargo este tipo de bailes tan famosos fuera de nuestras fronteras nunca entraron en el Real.

Las temporadas siguientes dieron un promedio de 120 representaciones cada una donde nuevamente Verdi encabezada con su encanto arrollador. Pero el Real era algo más que un coliseo para la ópera. En Septiembre de 1854 el teatro sirvió para una asamblea política en la que el Joven Emilio Castelar pronunció su primer discurso importante. Ya se veían en el mismo sus grandes dotes como orador. Malas temporadas en el ámbito económico fueron las de 1854-55 y 1855-56. A pesar de ello dos nuevas obras se estrenaron que causaron gran arraigo entre el público y que llegaría a representarse más de 350 veces hasta 1925, cuando se produjo su cierre. Dichas ópera fueron "El Rigolletto" e "Il Trovatore".

Con la Revolución de 1854, la de O’Donnel, el Teatro Real se convirtió en Cortes. Ante estos acontecimientos políticos, la ópera quedó despoblada. En este contexto el 1 de Febrero de 1855 se estrenó "la Traviata" de Verdi. El año 1855, afectó al Real notablemente. Tras el verano del Cólera el empresario debió rebajar los precios de las localidades para intentar llevar el teatro, lo que supuso un descalabro económico.

Durante la etapa correspondiente a los años 1857/8, sufrió nuestro país inquietudes políticas representadas por la crisis ministeriales, se produjo la caída de Narváez, que llenaba un año y cuatro días en el poder y dio paso a un bienio de marcada tendencia liberal impuesto por el triunfo de Vicálvaro. Sería la época dorada de Verdi, que se impuso con sus óperas, aunque tampoco dejaron de sonar las óperas de Bellíni, Donizetti y Rossini, Temístocles, Solera ni la música del Maestro Arrieta.

Poco a poco el teatro se iría recuperando de su crisis, las aglomeraciones eran tan impresionantes que tuvieron que numerar las localidades. Esto era algo inusual tanto en España como en el extranjero. A partir de 1857 por una Orden Real los ministros de la Corona tenían a su disposición un palco en el Teatro Real. Con esto se aprecia la importancia que estaba causando El Real en la vida política. Por otra parte, se crearon óperas que se representaban para conmemorar acontecimientos señalados como los nacimientos de los infantes. Así sucedió con la función del 28 de Noviembre de 1857 cuando nació el infante don Alfonso.

En la temporada de 1858/59 se produjo la primera quiebra del Teatro Real y a continuación se nombró una comisión para buscar un nuevo empresario. Antes del comienzo de esta temporada se produjo un hecho importante al nombrar conservador del Teatro Real al arquitecto Andrés Coello. Al año siguiente tuvo una enorme repercusión la llegada del tenor Mario, que fue muy admirado tanto en el teatro como por la crítica por lo que aparecía continuadamente en la prensa del momento. Además dos nuevos divos se instalaron en la constelación del Real: la Borghi, Manio y el más duradero y casi perdurable Tamberlick.

En 1860 se realizaron obras en la galería de palcos bajo la dirección del conservador Andrés Coello. Se juntaron los tabiques de separación entre palcos y también otro tabique que los rodeaba lo que permitió ampliar en una fila nueva de 54 asientos y habilitar espacio para que se pudiera asistir a las representaciones de pie. Se suprimió también la fila 16 del patio de butacas, lo que permitió ampliar la separación entre las filas que pasó de 18 pulgadas a 21 y ¾.

En 1863 llegó a España para asistir al teatro el admirado Verdi, que acudió al Real al estreno de "La Forza del Destino": llegó a Madrid desde la primera quincena del mes de enero para dirigir los ensayos y asistir al estreno Madrileño que se produciría tres meses antes del estreno mundial en San Petersburgo al que también asistió Verdi y solo 15 días después de la primera función italiana de esta ópera. El éxito fue enorme. Verdi durante su estancia en Madrid se alojó en la Plaza de Oriente número 6, en el hostal de Nobile Cataldi, residencia habitual de los artistas líricos.

Hasta ahora la numeración de las filas tan solo se había realizado en las partes más ilustres del teatro. Esto se solucionó cuando en el mes de enero de 1865 la numeración de las butacas llegó también al paraíso. En 1866 la epidemia del cólera estuvo a punto de interrumpir las funciones. Peor suerte corrió el Real en abril de 1867 cuando un incendio afectó gravemente al conservatorio situado en la zona anexa al teatro. Decorados, el salón, la estatua de Isabel II, entre otros efectos se dañaron o se quemaron. Nunca se supieron las causas reales de dicho incendio.

Los daños totales en el Conservatorio ascendieron a 20.000 duros, el órgano magnífico quedó reducido a cenizas, ardieron varios pianos se destruyó el decorado, el mobiliario y varios retratos. Hubo pérdidas en la biblioteca y en el archivo, aunque se salvaron gran parte de los documentos. Las funciones en el Real se pudieron reiniciar el 30 de abril, tan solo diez días después del incendio.

El Teatro Real en la segunda mitad del siglo XIX.

Con la llegada de la Revolución y el gobierno del general Prim en 1868 se notó una caída en el número de representaciones y una sucesión sin fin de empresario. La nota más apreciada es que a pesar de las dificultades las representaciones continuaron. Lo que ocurrió es que la capital de España estaba sin corte ni nobleza y a falta de un rey,  la temporada de ópera había perdido una parte fundamental de su público natural. En esta época y con la caída de la reina el Teatro Real pasó a llamarse Teatro Nacional de la Ópera.

El 11 de octubre de 1868 el Teatro nacional de la Ópera se preparaba para dar la bienvenida al nuevo régimen con la misma pompa que tuviera las celebraciones regias. Se dio una función en honor al ejército libertador, se cantó "Guillermo Tell" y la "Muta di Poortici" además de una romanza inventada para la ocasión llamada "La España Libre".

La asistencia al teatro bajó porque los aristócratas isabelinos abandonaron sus abonos lo que supuso un verdadero descalabro para el empresario y por otra parte mencionar que la inestabilidad política no es un punto de apoyo para que no se produzcan representaciones, lo que sí ocurre es que algunas de las representaciones iban en favor de los caídos en guerra, o los soldados que se levantaron, etc. … Durante la temporada 70/71 con Amadeo de Saboya se estrenó la versión operística de Marina de Arrieta, que fue la primera obra operística cantada en español en el teatro. Los aristócratas recibieron mal al nuevo rey y siguieron ausentes de sus abonos. Como anécdota podría contarse como les damas portaban en el cabello y los escotes una flor de lis en señal de protesta.

Tras el alzamiento del general Martínez Campos y la vuelta a la Monarquía con Alfonso XII el Real recuperó su nombre y la asistencia mayoritaria de los abonados. También con motivo de la Restauración se hacieron reformas en el real: pintaron los antepechos, doraron pinturas y adornos, empapelaron pasillos, se restauraron el techo y el telón, se renovaron los candelabros de gas y arreglaron las tuberías del agua.

Poco a poco la Ópera francesa, fue ganando adeptos al mismo tiempo que la llamada "escuela verista" italiana, y Wagner preparaba su camino hacia el estrellato. En 1878 llegaba un nuevo empresario: José Fernando Rovirá, en cuyo contrato de arriendo se estipulaba una cantidad para realizar obras en el teatro. Lo que se hizo fue remozar el interior del teatro, se reforzó la iluminación de gas, se suprimió la araña central para mejorar la visibilidad desde el paraíso y se sustituyó por puntos de luz en los laterales. También se restauró el techo pintado por líneas y se rechazó el proyecto de Francisco Sans y Fernando Valls. Se pintó un nuevo telón por el pintor Fernando Valls que necesitó 300 varas de lienzo. Le colocaron cortinajes, alfombras y espejos y los muros se tapizaron de tela roja.

En 1880 se sustituyeron las cañerías de terracota por otras de hierro. En ese mismo año el arquitecto conservador del Teatro Real comunicó al Ministro de Hacienda que ante el aumento de los efectos que se guardaban en el teatro era conveniente construir un almacén nuevo para guardar las decoraciones y que sirviera al mismo tiempo como taller, de repintado de las mismas, taller de carpintería y otros usos, para evitar que las decoraciones fueran a los talleres privados de los artistas. Después de distintas vacilaciones en cuanto a su ubicación y, la aprobación de la propuesta, se construyó en la manzana 16 del barrio de Moncloa. Las obras no empezaron hasta 1884.

En la temporada 1881/82 se produjo una gran hostilidad del público hacia Rovira, el motivo fue un aumento en los precios que oscilaba entre el 20 y el 30%, que produjo una verdadera huelga del espectador y una baja masiva los abonos. En 1882 hubo una propuesta de la Compañía General de Electricidad al Teatro Real para iluminarlo con 1200 focos de incandescencia por el mismo dinero, 9000 duros que costaba al teatro la iluminación por gas.

En 1883 la epidemia que azotó a Italia retrasó el comienzo de la temporada al ser la mayoría de los cantantes procedente de Milán, sin embargo tras un breve retraso, la temporada siguió su curso normal.

En 1884 se produjo una de las obras más espectaculares del teatro, la construcción de la nueva fachada de la plaza de Oriente por el arquitecto Joaquín de la Concha Alcalde. De dicha fachada en la actualidad no queda prácticamente nada, pero si existe una fotografía de la misma.

En el Teatro Real se instaló en el mes de diciembre un aparato telefónico para el uso del Rey. Este será completado con una compleja red telefónica que se instalará posteriormente para que las óperas pudieran ser oídas desde casa por aquellas personas que por incapacidad no puedan acudir al teatro.

La temporada 85/6 fue la última de la etapa alfonsina, en esta ocurren pocas novedades, es importante anotar que Wagner continuaba ganando adeptos. A partir de esta temporada y durante años, tuvo el Real un llamado "Palco de los Sabios", el 18 del segundo piso, que no era sino un palco frecuentado por artistas. Así este palco viene a denotarnos la monopolización que se hacía de ellos, pues no solo el rey tendría su palco privado, sino que nobles, ministros, y ahora artistas contaban con dichos palcos.

En la etapa de la regencia, la reina María Cristina era una auténtica melómana y asidua al palco real en distintas óperas y conciertos, aunque dejó durante el periodo de luto de asistir a los mismos. La estricta moralidad y rigidez de la regente quedó impregnada también en el Real. Durante los primeros 8 años de la regencia, estaba en la empresa el Conde de Michelene, siendo estos los más brillantes del teatro en esta etapa. También durante estos años hasta 1893 llevó la batuta uno de los mejores directores de orquesta que tuvo el Teatro Real: Don Luigi Mancinelli.

En 1888 se produjo un acontecimiento de gran importancia porque se dotó de alumbrado eléctrico a todas las dependencias del teatro. Por estos años legó al real la "Carmen" de Bizet. El público protestó en nombre de las púdicas convenciones reinantes.

Durante la temporada 93/94 la descomposición política del fin de siglo había dado ya comienzo y se dejaba sentir en el Real: los crímenes sociales habían abierto su siniestro espectáculo, la bomba del Liceo de Barcelona, salpicaba el terror al coliseo de Madrid, la guerra de África……

En 1896 por una suspensión de pagos el teatro tuvo que cerrar. Don Juan Manuel Araco tomó la dirección del Real y lo recibió el 26 de enero del mismo año. En junio el Teatro fue a parar a manos de Rafael Conde porque el anterior empresario no tenía la documentación que le acreditaba y se hizo cargo del teatro de palabra. Así la temporada del 95/96, empezó con retraso.

Durante la temporada 96/97 se inauguró ya con un curiosos sistema de audiciones telefónica que permitía a los incapacitados escuchar las Óperas desde casa.

El wagnerismo se iba consolidando y el Real prosiguió sus funciones y el frívolo despliegue de su lujoso aparato social sin apenas darse cuenta de que enormes desgracias: asesinato de Cánovas, la voladura del Maine, sangría en Cuba. En definitiva la penosa decadencia y derrota del país.

Sin embargo dichos acontecimientos de fin de siglo, generalizados a todos los países, no empañarían, la continuación de las temporadas operísticas. Así en 1899, se estreno "la Walkyria" de Wagner, en versión española, con gran éxito de los apasionados y la correspondiente dosis de crítica negativa.

El Real en la primera mitad del siglo XX.

La andadura en la historia del Teatro Real, por lo que a su historia se refiere, es muy sinuosa si nos referimos al siglo XX. Si mantuvo una continuidad operística, marcada siempre por los déficit presupuestarios y por las pérdidas económicas que acarreaba el ser empresario del teatro real en el siglo XIX, en el siglo veinte y durante su primera mitad, la continuidad es la misma.

El inicio de este proceso de decadencia que nos lleva al cierre que se produjo en 1925, por las malas condiciones en las que se encuentra el Teatro de la ópera, unido al agrietamiento progresivo producido en el teatro, por los materiales utilizados en su construcción, y la existencia de corrientes subterráneas, se inició ya en 1900, ya que en ese año nadie se quiso hacer cargo del Teatro Real como empresario. Las graves pérdidas que suscitó ser empresario del mismo hizo que los grandes inversores mostraran recelosos a hacerse cargo de la gran empresa que era el Teatro Real. Por esa razón durante el periodo en el que no hay ningún postor por el Teatro Real, el gobierno se tuvo que hacer cargo del mismo, para que las temporadas operísticas no fueran suspendidas, suponiendo grandes desembolsos para las arcas nacionales.

Por fin en 1902, el empresario Arana se hizo cargo del Teatro Real, y prometió elevar los niveles de los cantantes y devolver esplendor al teatro, que tras los años anteriores lo había perdido, suponiendo que el público asistente al mismo fuera crítico con el empresario, e incluso se produjo un descenso de la asistencia a la ópera. Fue uno de los pocos empresarios que obtuvo beneficios importantes haciéndose cargo del Teatro Real.

Hasta la Primera Guerra Mundial, numerosos acontecimientos son dignos de señalar, como fue la función que se hizo por el matrimonio del Rey Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg. Esta función, siguió la tónica de celebraciones de determinados acontecimientos a través de funciones en el Teatro Real que habían sido muy característicos en el siglo XIX, cuando se producían bodas reales, o cuando se producía alguna victoria militar, e incluso las funciones realizadas con fines benéficos.

Entre los años 1913-1914, se introdujeron mejoras fundamentales en la calefacción y en la ventilación del teatro. Para la sala, el foyer y el escenario se usaba aire calentado por vapor y en las otras dependencias del edificio se usaron radiadores de agua caliente.

Con la llegada de la Primera guerra Mundial, la calidad operística decayó, a pesar de que España se declaró neutral y de que la temporada operística en España no se cerró como consecuencia de la guerra. Sin embargo ni los suministros, ni los movimientos de artista estaban garantizados. Además muchos Divos extranjeros, sobre todo italianos, que eran los que más trabajaban en el Teatro Real, si se vieron como soldados en los frentes de guerra, no pudieron hacer frente a sus posibles compromisos profesionales.

Pero no todo fue negativo en este periodo de guerra, pues lo que sí se produjo es una proliferación de obras españolas. Si desde la inauguración del teatro Real los empresarios se habían mostrado reticentes a montar óperas españolas, y aquellas que se montaban, contaban con muy poco presupuesto, por lo que el montaje era realmente precario (lo que favorecía las óperas extranjeras) durante este periodo, las óperas españolas fueron relativamente aceptadas en el marco del Real las óperas que contaban con un mejor montaje y una mejor preparación.

Además en 1916 llegan los ballets rusos al teatro. Los ballets serían otra de las representaciones habituales en el Teatro Real, y que gozaban de gran aplauso. Así el 26 de mayo de 1916, llegan los ballets rusos, la mítica compañía Diághilev. El director era el no menos famoso Ernest Ansermet. En todo momento el Ballet Ruso gozó del apoyo del rey Alfonso XIII, que no se perdió ninguna de las actuaciones del mismo, e incluso fue recibido varias veces en palacio dicho ballet.

En este año el empresario del Teatro Real sería una Junta de Patronato, porque ningún empresario se quiso hacer cargo del Real. Así Dato, el duque de Alba, el duque de Tamames, entre otros , fueron los que se encargaron de llevar a buen fin la temporada. No habrá empresario hasta la temporada 1917/18, haciéndose cargo del Real durante esa época de vació la junta de Patronato. Esto suscitó numerosas protestas de los empresarios que tenían los otros teatros de ópera de Madrid, pues a ellos se les dio el control y monopolio de las óperas españolas, como al teatro de la Zarzuela.

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, la situación volvió a la normalidad, tras la excepcionalidad que provocó dicha guerra. Dicha normalidad, se interrumpió, no por el cese de funciones, sino por un acontecimiento político español, y es el pronunciamiento del General Primo de Ribera el día 14 del mes de Septiembre de 1923, acabando con el Régimen Constitucional e iniciando un Directorio Militar.

Durante este Directorio Militar, se iniciaron una serie de reformas. Se rehizo completamente el Paraíso y las localidades altas suprimiendo los bancos corridos y colocando butacas para todos los espectadores, se reformó también el foso de la orquesta, la batería de luces y la concha. La prensa señaló que el primer día después de la reforma muchos espectadores de palcos y butacas subieron al paraíso por primera vez para ver como había quedado después de las obras.

Sin embargo dichas reformas no impidieron que el Teatro fuera cerrado en 1925. El día 6 de diciembre de 1923, la Gaceta de Madrid, anunciaba ya que el teatro estaba asentado sobre bases totalmente inestables y por ello las obras de consolidación y reparación eran costosas.

Estas noticias divulgadas por la Gaceta, sin embargo, a la par de numerosas polémicas, no supusieron que el teatro no continuase con sus representaciones. Así la normalidad por lo que se refiere a las representaciones sería la tónica dominante. Fue el 30 de Octubre cuando se elevó un informe sobre la situación del teatro al Ministerio y el día 6 de Noviembre se publica una Real Orden de desalojo del teatro del Conservatorio y Declamación, con todas sus dependencias. La base de su cierre estaba en la aparición de dos grietas transversales que hacían peligrar la mole del Teatro Real. Se especulaba que era por las obras del metro que se estaban realizando debajo del mismo.

Pero sin embargo el gobierno puso de manifiesto que el deterioro del Teatro se debía a la poca consistencia de los cimientos del Teatro, construido con materiales poco adecuados, y que se veían afectados por el paso de corrientes subterráneas por debajo del mismo Teatro.

A partir del cierre del Teatro empezó un periodo hasta su posterior apertura en el que todo tipo de especulaciones y acontecimientos rodearon al emblema operístico que había sido durante mucho tiempo el Teatro Real. Así se crearon corrientes de opinión favorables, a su demolición, y otras favorables de la reforma del edificio. La Gran Temporada Operística más o menos continuada se ve interrumpida por tanto por ese deterioro de la Ópera. Madrid se queda sin representaciones en el Liceo.

A partir de su cierre en 1925, las iniciativas para la remodelación del Teatro Real no faltaron. Además el gobierno no dejó abandonado el teatro y encargó a Flórez Urdanpilleta la remodelación y reconstrucción del Teatro Real. Sobre lo que pudo ser la primitiva fachada de origen, obra de Aguado y Custodio Moreno, elevó una superestructura gigantes, entre dos torreones neogriegos, y una arquitectura entre ellos.

Sus intenciones fueron buenas, y en ningún momento el arquitecto habló de suspensión de las obras de reconstrucción, y su deseo de reapertura inmediata estaba en su mente, pero sin embargo no sería hasta 1966 cuando se abrió el Teatro Real pero no como teatro de la ópera sino como sala de conciertos, después de una dilatada etapa en la que se sucedieron arquitectos y proyectos de reformas.

La guerra civil española aportó un granito más al deterioro del propio Real, ya que se convirtió en polvorín, y estalló, lo que afectó gravemente a las estructuras del Teatro. No era la primera vez que el Teatro Real se convirtió en polvorín durante una guerra.

Tras la etapa de Flores las obras de este teatro se fueron dilatando por dificultades económicas, por problemas técnicos, por el agua que todavía, según parece, seguía transcurriendo desde la calle Arenal por cauces subterráneos y por muchas otras dificultades, que provocaron continuos retrasos en las obras, demorando su reapertura hasta 1966, reconvertido en sala de conciertos, perdiendo su función como teatro de la ópera.

Su transformación como sala de conciertos, 1966-1988.

Una vez finalizada la guerra Civil, en 1939, las esperanza de acometer las obras de remodelación no se perdieron y se iniciaron nuevamente las obras de reconstrucción del teatro Real. Las obras fueron encargadas a dos arquitectos, a Diego Méndez y a Luis Moya, que realizaron unas reformas que han sido mantenidas hasta nuestros días, al menos en el aspecto externo. Con ellos se mantienen las fachadas Isabel II, las fachadas laterales, las columnatas jónicas de ritmo apretado, que coronan el edificio antiguo y se mantienen también los pabellones en forma de torres, o templetes de carácter greco-oriental. Lo que se hizo es cambiar un poco la figura del gran cuerpo de los laterales del escenario, y lo que se modificó fue, la fachada a la Plaza de Oriente.

En los años 60 del siglo XX, los anteriores arquitectos no continuaron con las obras. Son los años, en que se produjo una propuesta por parte de la Fundación Juan March, de acometer las obras de un nuevo Teatro de la Ópera, para lo que se programó un concurso.

La propuesta se publicó en 1962, y los proyectos debieron presentarse en dicha año. El nuevo edificio de la ópera se ubicaría en unos terrenos de la Castellana, en lo que es la actual Azca de Madrid. Finalmente, después de que numerosos proyectos fueran presentados, la victoria del concurso fue para un grupo de arquitectos polacos, a pesar de que no respondía ninguno de los proyectos presentados al ideal que tenía la Fundación, sobre lo que habría de ser el nuevo teatro de la Ópera.

Esto supuso, que en definitiva, el Teatro Real, el ancestral Teatro de la ópera, o bien sería, abandonado, o bien reconvertido para cumplir otras funciones que no eran la de ser sede la ópera. Se inició toda una polémica en torno a que hacer con el Teatro Real, si demolerlo o reconvertirlo. Así en 1964, aunque la paralización de las obras del nuevo teatro Real auspiciado por la Fundación Juan March era evidente, no era alarmante, pues se pensaba que su construcción se iba a llevar acabo, aunque luego no fuera así.

Como se iba a contar con un nuevo Teatro de la ópera, se tomó una decisión, que consistió en transformar el Teatro real en Sala de Conciertos, así la capital contaría, con los dos edificios emblemático de la capital de un país, de los cuales había carecido durante mucho tiempo, que eran el Teatro de la ópera de la Fundación Juan March y de una sala de conciertos.

Anterior a esta decisión existía un proyecto sobre conversión del Teatro Real en Conservatorio y la Escuela de Arte Dramático. No sería problemático meter en dicho proyecto la conversión de la sala de la ópera en sala de conciertos. Así el proyecto fue aprobado, pero tras la nueva inundación del teatro, el 1 de Noviembre de 1965, el Ministerio de Educación y Ciencia dio un plazo de un año para la finalización de las obras, las cuales fueron encargadas a Manuel González Valcárcel.

González Valcárcel salvó el escenario y no tocó la torre, para preservar en un futuro las posibilidades del teatro como edificio que albergara nuevamente las representaciones operísiticas. Recibió en numerosas ocasiones la orden expresa desde el Ministerio de cegar con cemento el foso del teatro para inutilizar definitivamente el Real como Teatro de Ópera, y fue una decisión suya el no hacerlo.

La inauguración del Teatro Real como Sala de Conciertos se produjo el 13 de octubre de 1966. Asistieron a dicha inauguración, el general Franco y su mujer, que ocupaban el Palco Real, y toda la jerarquía del régimen. En lugar destacado estaban también los entonces príncipes de España don Juan Carlos y doña Sofía, acompañados por la madre y la hermana de doña Sofía, la reina Federica de Grecia y la princesa Irene. Actuaron la Orquesta Nacional de España y el Orfeón Donostiarra, con Rafael Frühbeck de Burgos y los solistas Isabel Penagos, Norma Procter, Heinz Hoppe y Victor de Narké. Interpretaron la suite Homenajes de Falla y la Novena Sinfonía de Beethoven.

Se había perforado el suelo del foyer, eliminando la sala del primer piso, se había sustituido la decoración de la sala y se había construido la caja acústica del escenario. El aforo era de 2.125 localidades, el escenario tenía 552 metros cuadrados y había un órgano con 5.500 tubos, construido por Ramón González de Amezúa. Se colocaron dos arañas de bronce y cristal, en el vestíbulo principal y en la sala de butacas, de 2700 y 2100 kilos de peso, realizadas por Pedro Tendero en la Fábrica de Cristal de la Granja.

Al mismo tiempo que se inauguró el Teatro Real, se instaló en el edificio el Real Conservatorio y la Real escuela de Arte Dramático, con entrada por la plaza de Isabel II. Dicho conservatorio y escuela permanecerían hasta que se produjeron las obras de reconversión del Real en Teatro de la Ópera en 1991.

Así Madrid ya tenía una sala de conciertos. Solo faltaba que comenzaran las obras para la construcción del nuevo teatro de la ópera. Pero dichas obras nunca se empezaron. La Fundación aportaría al proyecto una cantidad significativa, pero necesitaba también de las arcas del Estado para acometer el proyecto. Por eso, como las arcas del estado nunca dieron ningún tipo de financiación a dicho proyecto, el mismo no se realizó.

A partir de 1966, se inician 22 años de conciertos que concluirían en 1988, con el inicio de las obras de reconstrucción del Teatro Real como Teatro de la ópera. Durante estos 22 años toda una serie de conciertos se realizaron en la capital. Numerosas Orquestas sinfónicas de otros países actuaron en el Real, a la par que lo más significativo durante esta época son las llamada óperas cantadas. Los distintos divos y divas españoles interpretaban óperas, pero sin escenografía ni decorado, en el Real.

Además también es importante mencionar que los conciertos beneficios, siguiendo la tónica de periodos anteriores se siguieron realizando, y se hizo tradición interpretar la "Pasión según San Mateo" en Semana Santa, proveniente esa tradición de 1963.

Tras esos 22 años de conciertos, en 1978/79 ya se contempló en el Plan de Inversiones Públicas para el bienio, por primera vez la construcción en Madrid de un auditorio de nueva planta y la reconversión del Teatro Real en teatro de ópera. Primero había que construir el auditorio para que se dejara libre el Teatro de la ópera para su reconversión. El proyecto de construcción del nuevo Auditorio Nacional, apareció en 1980. A partir de aquí comenzó la construcción del nuevo auditorio Nacional.

Las obras del nuevo auditorio finalizaron en 1988, y el último concierto del Teatro Real como Sala de conciertos se representó el 13 de octubre, en cuya función se realizó el mismo programa de la inauguración del año 1966: Homenajes de Falla y la Novena Sinfonía de Beethoven.

La reapertura del Teatro Real como teatro de la ópera, 1988-1998.

Mientras tanto una semana después del último concierto en el Teatro Real, se inauguró, el Auditorio Nacional de Música, con un concierto en el que se interpretó la Atlántida de Manuel de Falla. Los principales cantantes fueron Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Vicente Sardinero y Miguel Ángel Zapatero.

A partir de la inauguración del Auditorio Nacional, se inicio el desalojo del Teatro Real por parte de la Orquesta y Coros Nacionales, a la Joven Orquesta Nacional de España, al Ballet Lírico Nacional, a la Escuela Superior de Danza, al Ballet Nacional de España, al Real Conservatorio Superior de Música, al Centro de documentación Música y la Escuela de Arte Dramático, para que se iniciaran las obras de remodelación del Teatro Real para convertirlo, como había sido durante un largo periodo en Teatro de la Ópera.

Las obras de remodelación del teatro se encargaron a Valcárcel. Dichas obras no pudieron comenzar hasta bien 1991. Se aludía, a que los desalojos de los distintos centros que allí tenían su sede no se habían producido todos. La Escuela de Arte Dramático se negó a desalojar el edificio hasta que le asignaran uno nuevo para la realización de sus clases.

Por fin en 1991 pudieron dar comienzo las obras, así lo que se había previsto para el año 1992, no podría llevarse a cabo. Pero al fin y al cabo las obras habían empezado al fin, desde 1988.

Las competencias y entramado administrativo sí quedaron atados mucho antes de que finalizara las obras del Teatro. Así después de numerosos trámites, la financiación del Teatro, por lo que a espectáculos se refiere se llevaría a cabo por la comunidad y por el Ministerio de Cultura. El Ayuntamiento no sería copartícipe como empresario pero si aportaría una pequeña cantidad anual.

A la sucesión de acontecimientos que han entristecido y bañado de lágrimas el Teatro Real, ha de apuntarse otra más, pues si las obras habían empezado, al poco tiempo de empezar el arquitecto muere y se hace cargo de la obra su hijo, Jaime González Valcárcel y Miguel Verdú Belmonte, que iniciaran toda una rivalidad con el nuevo arquitecto designado para la finalización de las obras: Francisco Rodríguez Partearroyo. Dicha rivalidad se debió a que gran parte de la concepción que tenía el anterior arquitecto fallecido, sobre como remodelarlo, se vino a bajo, pues Partearroyo introdujo todo un nuevo proyecto,, sobre todo desde un punto de vista interior, que se corresponde con lo que es hoy el recién inaugurado Teatro Real.

De Francisco Rodríguez Partearroyo es toda la cubierta del Teatro Real que soluciona problemas acústicos, y también permite un mayor aprovechamiento del espacio, creándose en otro a ellos lo que son salas de ensayo, e instalaciones de carácter administrativo.

Una vez que el contencioso entre los arquitectos pareció más o menos solucionarse, la construcción del aparato técnico comenzó en 1992, encargándose a la U.T.E Wagner-Biró/ Thyssen Boetticher.

El grueso de la maquinaria escénica cuenta con 18 plataformas con movimiento vertical y cuatro con movimiento horizontal, lo que permite tener montada a la vez varías escenografías. El escenario posee 1.430 metros cuadrados abiertos a la sala mediante una boca de 18x24 metros, a lo que hay que añadir una compleja y sofisticada constitución técnica completa la renovación del edificio.

A la inauguración del Teatro le preceden toda una cantidad de fechas, incumplidas para dicha inauguración, añadiéndose a este marasmo de fechas, desperfectos que eran causados por las propias obras como el que sufrió la lámpara que colgaba de la Sala de espectadores, cuando se calló al suelo, teniendo que ser restaurada.

Por fin, 1997 sería el año de inauguración del Teatro Real, muy esperada, después de un largo periodo de reconstrucción, en la que toda una serie de abatares jalonaron la obra, como los anteriormente citados, la muerte del arquitecto Valcárcel y la caída de la lámpara central de la sal de espectadores, teniendo que ser restaurada.

Sin embargo, la espera había valido la pena. Se había hecho del Teatro un lugar magnífico. Así ya en su primera temporada, se había realizado una producción propia: "Divinas Palabras" con el tenor Plácido Domingo.

Por fin, el Teatro de la ópera volvía a abrir sus puertas para cumplir la función para la que se había creado hacía prácticamente siglo y medio: SER EL TEATRO DE LA ÓPERA.

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No quisiéramos terminar esta página sin agradecer la colaboración que nos han prestado María Garcés y Juan Merchán (jefe de prensa) del Teatro Real.

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