Madrid siglos XIX y XX

En esta web se encuentran los trabajos realizados por los alumnos de la asignatura Historia de Madrid en la edad contemporánea.

Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1998-1999,

impartida por Luis Enrique Otero Carvajal, profesor titular de Historia Contemporánea de la UCM.

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Bienvenidos

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El Paseo del Prado

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Realizada por:

Manuel Carlos Cazalla Moreno

César Jodra Fernández

Saúl López Nieto

Patricia Mejías Sánchez

Indice

Notas de la evolución histórica del Prado.

El jardín botánico

El museo del Prado

Museo Thyssen-Bornemisza

El monumento a los héroes del 2 de mayo

La bolsa de comercio

El Banco de España

El palacio de Correos y Telecomunicaciones

Hotel Ritz

Hotel Palace

Hotel NH Nacional

Ministerio de Sanidad

Bibliografía

NOTAS DE LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PRADO.

En esta página pretendemos dar una visión general de la evolución del Paseo del Prado, destacando la formación de sus edificios, construcciones y monumentos mas significativos, una mirada concisa de uno de los espacios mas significativos de la capital y con mayor concentración de los emblemas de la ciudad.

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El espacio que actualmente ocupa el Paseo del Prado, en concreto el tramo comprendido entre la puerta de Atocha y las Cuatro Fuentes, era hasta el siglo XVIII una alameda, lindante con algunas huertas y con un barranco que daba lecho al arroyo de Valnegral, que venia descubierto desde los pinares del camino de Maudes, donde con posterioridad se situó el Jardín Botánico. Con anterioridad en la zona eran escasas las construcciones que podemos destacar, entre los antecedentes mas significativos antes de las grandes transformaciones de finales del XVIII podemos destacar la construcción de un estanque en tiempos de Felipe II, en concreto en el año 1569, estanque donde el monarca ordeno recrear un simulacro de la toma de un castillo con la construcción de ocho galeras para recreo de la reina. Dentro de las anécdotas de la zona del Prado también podemos señalar aquella en que la condesa de Alba fue desnudada por los alguaciles por contravenir la pragmática que prohibía el uso del guarda-infante, suceso ocurrido en tiempos de Felipe IV.

Pero el surguir auténtico del Paseo del Prado como marco urbano de la ciudad de Madrid no se dio hasta el reinado de Carlos III, momento en el que se inició la transformación de la zona y su acondicionamiento como una de las principales vías de la capital. Bajo este reinado se dio paso al proyecto del ingeniero José Hermosilla para nivelar el terreno del Prado en sus tres partes, llamadas de San Fermín, San Jerónimo y de Atocha, con este proyecto se construyó una mina que encauzaba las aguas del arroyo, desde la puerta de Recoletos a la de Atocha, obra que se complementó con la construcción de un colector en Atocha, todo lo cual permitió alisar el terreno del Prado.

También durante el reinado de Carlos III se situó en la zona el Jardín Botánico, jardín de antigua presencia en la capital y que sufrió varios traslados. Fue Felipe II, quien a instancia del medico Andrés Laguna creó el primer jardín botánico de España, junto al palacio de Aranjuez, siendo el pionero de toda Europa. Después Fernando VI instalo en la capital el jardín botánico, lo situó en el soto de Migas Calientes, a las orillas del Manzanares. Pero la continua ampliación del botánico llevó en tiempos de Carlos III a trasladar el jardín a su actual emplazamiento, al llamado Prado viejo en julio de 1774. El recinto fue adornado con una elegante verja construida por Francisco Arrillaga y por Pedro José de Muñoz, ornamento completado en su parte central por una sencilla portada clásica de granito donde una inscripción indica que la obra fue realizado por el rey Carlos. Al fondo del paseo que comienza en al puerta que da al Prado hay una elegante portada con cuatro columnas de orden dórico, que da ingreso a la cátedra de Botánica, existiendo otro invernadero de plantas tropicales arrimado a la parte del muro que da a la calle de Espalter. También encuadran el recinto la biblioteca y el herbario, donde se reúnen mas de treinta mil especies distintas. Dentro del botánico también podemos señalar dos estatuas, una dedicada a Cavanilles y la otra a Lagasca, situadas en una de las avenidas como tributo a estos grandes botánicos españoles. A fines del siglo XIX la extensión del Botánico se vio reducida ante la privación del extenso pinar que llegaba hasta el paseo de Atocha, pinar donde se abrió la calle Claudio Moyano y donde se edifico el ministerio de Fomento.

moyano.JPG (26015 bytes)Al otro lado del Botánico y contiguo a la Platería de Martínez hubo durante mucho tiempo desde fines del reinado de Fernando VII hasta los últimos años de Isabel II, un famoso espectáculo conocido como el Diorama, espacioso edificio en cuya parte principal estaba reproducido el interior del templo de San Lorenzo del El Escorial. Había además en los salones altos y bajos del edificio otras vistas también en diorama, como la del Coro de los Capuchinos de Roma y la del panteón del mismo Escorial. Había también como curiosidad en el edificio un salón de física recreativa y coronaba el edificio un belvedere oriental desde el que se podía contemplar las cercanías de Madrid. Este mirador existe actualmente coronando una de las ultimas casas de la calle de Moratín, antes San Juan.

Desde mediados del siglo XIX el embellecimiento continuado del paseo hizo que este se convirtiese en zona favorita de paseo de las clases altas de la capital. Fue en esta misma época cuando una parte del paseo del Prado recibe especial denominación, se trata de la calzada inmediata a las casas desde la esquina de la calle de Atocha a la de la plaza de Neptuno, donde entonces estaba el palacio de Medinaceli, tramo que desde mediados de siglo recibió el nombre de calle de Trajineros.

Entre las partes del paseo que enriquecen su belleza podemos también destacar la plazuela de las Cuatro Fuentes, fontanas proyectadas en 1781 por Ventura Rodríguez. En la misma zona hay que destacar en la esquina de la calle Lope de Vega un curioso edificio construido por el capitalista Xifré, se trata de un bellísimo palacio árabe que desde su construcción ha pasado por diversas manos y ocupaciones, desde delegación de México a almacén y tienda de venta de muebles. Pasada la calle de Lope de Vega podemos destacar una casa donde en 1872 Albareda tenia la redacción del periódico "El Debate", donde escribían notables personajes como Benito Pérez Galdos. Dentro de la misma zona también podemos destacar, esquina a la plaza de Neptuno, un palacete de estilo barroco mandado construir por el conde de Casal, un edificio emblemático de la capital que se levanta sobre lo que anteriormente fue el palacio de Lerma y después de Medinaceli.

En los jardines que bordean la calle de Trajineros se alza un pequeño monumento dedicado al doctor Alejandro San Martín, obra de Miguel Blay. Al otro lado y tras el paseo limitado por una línea de anchurosos bancos de granito colocados a finales del reinado de Fernando VII se alza un frondoso jardín en que unos hermosos ejemplares de cedros ocultan la vista de la magnífica fachada del museo del Prado. Ante el vestíbulo del museo se levanta la estatua de Velázquez, obra realizada por Aniceto Marinas y financiada por iniciativa del Circulo de Bellas Artes, obra que fue inaugurada en junio de 1899 con la presencia de Alfonso XIII. El museo propiamente es un palacio de magnifica traza neoclásica que presenta al lado del paseo su principal fachada con una elegante columnata. La construcción de la obra más emblemática del paseo sufrió un agitado recorrido, fue el mismo Carlos III quien dispuso la construcción de un museo de ciencias naturales para complementar la reforma y embellecimiento del paseo del Prado, obra diseñada y dirigida por el arquitecto Juan de Villanueva. La obra iniciada por Carlos III se alargo durante todo el reinado de su hijo y su terminación fue imposibilitada por las interferencias provocadas por la guerra de la Independencia, lo que provoco su abandono y su paulatina destrucción, proceso que finalmente fue detenido por el rey Fernando VII por influencia de su segunda mujer, Isabel de Braganza. Gracias a esta iniciativa real se reconstruyó el edificio, momento en el que se comenzó a poner en practica la idea de instalar en el edificio un Museo de Pintura y Escultura, reuniendo las obras de arte mas considerables procedentes de los reales sitios, así finalmente el proyecto vio la luz el 19 de noviembre de 1819, pronto el museo aumentaba sus tres iniciales salas con otras nuevas reservadas a pintura italiana, alemana, francesa, flamenca y holandesa, finalmente se abrió también para las colecciones de esculturas, ampliaciones que son una constante de la historia del museo. Enumerar los conocidos fondos del museo no es propósito de estas notas, no obstante es de destacar que junto al más conocido fondo de pinturas tenemos que situar una interesante colección de escultura y de objetos de exquisita belleza como el Tesoro del Delfín aportada por Felipe V.

Delante de donde a principios des siglo XVII levanto el duque de Lerma su palacio, . se construyó una plaza de toros de efímera duración. Palacio que luego seria de los duques de Medinaceli y actualmente en los terrenos que ocupaba se encuentra el Palace Hotel

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Cuando el Prado cobró verdadera solemnidad fue a partir de la inauguración del real sitio del Buen Retiro. En la misma zona se levantaba los jardines de los duques de Maceda, los condes de Monterrey y los del marques de Carpio, jardines que con el tiempo darían paso al palacio de Villahermosa, la iglesia de San Fermín y el palacio de Alcañices, correspondientes éstos últimos después al Banco de España, calle de la Greda, casa del conde de la Patilla y palacio de los marqueses de Retortillo.

Un elemento destacado de la ornamentación del paseo son sus fuentes, elementos ya recogidos por el proyecto de José Hermosilla en tiempos de Carlos III, fontanas entre las que podemos destacar a de la Alcachofa situada al final del Botánico y que actualmente se encuentra en el Retiro, la de las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Cibeles y sobre todo la de Apolo, también llamada la de las Cuatro Estaciones, que ocupa el centro del que se llamo el Salón del Prado, fuente diseñada por Ventura Rodríguez y ejecutada por Manuel Alvarez.

El Salón del Prado en la época del romanticismo es descrito como un paralelógramo rectángulo de amplia superficie cerca de la Carrera de San Jerónimo y de la calle de Alcalá que se separa del paseo de coches por un antepecho de hierro bronceado. El Salón tenia tres paseos, que venían a ser privativos de las tres clases sociales, así la gente distinguida paseaba por el sitio amplio y despejado cerca de los coches, el pueblo llano paseaba por la arboleda próxima a San Fermín, y por ultimo se reservaba un estrecho espacio limitado por una serie de bancos que daba al paseo de carruajes, lugar llamado París por estar reservado a la más selecta concurrencia. Este espacio fue uno de los puntos de reunión de los madrileños en los reinados de Fernando VII y de Isabel II, zona de paseo que fue abandonada cuando el Salón fue trasformado en jardín, iniciativa llevado a cabo por el alcalde de la capital el marqués de Lerma en 1904, privando así a los madrileños de uno de sus espacios preferidos de diversión y esparcimiento.

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Contiguo a la verja de los Jardines del Buen Retiro estuvo hacia 1885 y hasta 1924 el famoso teatro Felipe, construcción de madera que cumplía el papel de coliseo veraniego, siendo además famoso por ser uno de los centros más destacados en la representación del mal llamado genero chico. En las paredes de este teatro autores como Chueca, Valverde o Barbieri hicieron populares la música de obras como "La Gran Vía" o "De Madrid a París". En sus últimos días este teatro sirvió como centro sanitario y alojamiento de un Museo de cera.

Detrás del Felipe hubo un teatrillo de fantoches llamado Eden Theatre que no permaneció tanto tiempo como el otro guiñol de la zona, el situado en el solar del Tívoli, al desaparecer el Circo Hipódromo.

Entre los edificios del paseo y allá donde se levantaba el palacio de Maceda se construyó el palacio de Villahermosa en 1806. Por su parte en el jardín de los condes de Monterrey se edificó en 1746 la iglesia de San Fermín, muy popular por su reloj que permitía la interpretación de variadas piezas musicales, divirtiendo así a la concurrencia del paseo.

Hasta la calle de Alcalá, y volviendo por ella, se extendía el palacio de marqués del Carpio, luego de Alcañices, y el espacio ocupado por estos últimos edificios es el que corresponde a la prolongación de las calles del Sordo y de la Greda y a la casa de Retortillo, en la que tuvo su segunda instalación la Sociedad de Autores Españoles, la del conde de la Patilla y el Banco de España. Este último ocupa uno de los más hermosos palacios del moderno Madrid, de dilatada construcción que en sus líneas fundamentales aparece inspirada por el arte del Renacimiento. Los autores de los planos fueron Eduardo de Adaro y Severiano Sáinz de la Lastra, quienes iniciaron la construcción del edificio en julio de 1884 con una ceremonia donde asistió el rey Alfonso XII.

salonprado2a.JPG (41900 bytes)En la otra parte, llamada el paseo de las Víctimas, por ser la que tiene a su lado el obelisco de la Lealtad, se pueden destacar edificios de relativa reciente construcción como en Hotel Ritz, que se levanta sobre el terreno del antiguo jardín Tívoli, armonizando con el edificio de la Bolsa, además vemos alzarse en el solar de la Huerta de San Juan, convertida en parque de espectáculos con el nombre Jardines del Buen Retiro, el hermoso edificio del palacio de Correos y Telecomunicaciones y el nuevo ministerio de Marina. El palacio de Correos y Telecomunicaciones abre al Prado su parte más significativa, la galería de los buzones, formada por un amplio soportal, entre cuyos pilares penden unas solemnes y decorativas farolas.

El Prado, tal como quedo después de su formación definitiva, según la idea del conde de Aranda y la traza de Hermosilla, ha sido la vía augusta de las grandes paradas y las procesiones cívicas, de las cuales podemos destacar en el siglo pasado algunas celebraciones como las que se dieron por la proclamación de Carlos IV, siendo estas celebraciones las primeras oficiales en el paseo. Ligado a la realeza también se pueden destacar la entrada de Fernando VII en marzo de 1808 o la mascarada real que se celebro con motivo de la boda del monarca con María Cristina, a lo que podemos unir la festividades que celebraron la jura de la princesa Isabel o la de su boda.

Con estas anotaciones hemos pretendido realizar una introducción antes de pasar a abordar de forma mas concreta y detenida los lugares más destacados y significativos del Paseo del Prado.

EL JARDÍN BÓTANICO

Carolus.III.PP.Botanices instaurator cirium salutati et oblectamento Anno MDCCLXXXI. Carlos III. Padre de la patria, restaurador de la botánica para salud y recreo de sus vasallos, año de 1781. Leyenda grabada en la puerta del Rey del Jardín Botánico. Reza la leyenda que fue grabada en el frontispicio de la Puerta del Rey, que mira al Paseo del Prado.

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El 25 de julio de 1774 se decidió el traslado del Jardín Botánico existente a las afueras de Madrid, en el Sitio de Migas Calientes (El Pardo) al actual Paseo del Prado.

"La propuesta del Duque de Losada el 23 de febrero de 1773 a S.M el Rey se materializó en la compra de esos terrenos (Prado Viejo de Atocha) expresamente, para edificar el nuevo Jardín y la Casa de Reales Estudios de Botánica"

El traslado del Jardín Botánico formó parte de la gran reforma urbanística emprendida en 1766 durante el reinado de Carlos III. El proyecto se encargo al Arquitecto Real, Francisco Sabatini. Sus propuestas no llegaron a plasmarse, pero ejercieron una gran influencia en las obras definitivas. "Decidió aterrazar el terreno en tres niveles, para salvar la pendiente, y eligió como diseño para el cuerpo del Jardín las formas de un óvalo insertado en un trapecio y éste sobre un cuadrilátero..."

Cada terraza o nivel serviría para distintas funciones y así nos describen el las Propuestas para un Madrid Soñado: "El primer piso...supone la parte más funcional y científica del recinto. Alberga el edificio destinado a laboratorio químico y lugar donde se impartiría enseñanza... En el segundo y tercer nivel del recinto, se desarrollo el jardín propiamente dicho. Organiza los espacios a partir de parterres similares a los dispuestos en palacios y otras construcciones... Se ha dicho que los espacios presentan una articulación fragmentada como síntoma de un Barroco decadente"

Las primeras explanaciones comenzaron en mayo de 1776 y posteriormente la construcción de la puerta principal o Puerta Real, según el diseño de Sabatini. Sánchez Pescador presentó un proyecto para el cerramiento del Jardín Botánico fechado el 30 de junio de 1850, se trata del diseño de una verja. "A partir de éste sistema de enrejado se intentaba integrar la naturaleza en el paseo...buscaba ornar el propio enclave periférico. A su vez, la verja serviría de mirador desde el Paseo..." A partir de 1780 se hizo cargo de las obras el arquitecto Juan de Villanueva quien modificó el trazado del jardín creando una obra más acorde con las ideas neoclásicas de este nuevo arquitecto. La inauguración del Jardín se efectuó probablemente en septiembre de 1781. En la construcción definitiva debieron de influir los profesores del Jardín, especialmente las ideas aportadas por Camisero Gómez Ortega. La implantación de la botánica en Madrid llegó de la mano de Joseph Hortega (1761), Juan Minuart (1693-1768) y Joseph Quer (1695-1764). "Por real orden de Fernando VII de 17 de octubre de 1755, se crea un Jardín Real en la Huerta de Migas Calientes"

Bot1.jpg (26470 bytes)Con la fundación del jardín de Migas Calientes se dio un gran avance en la implantación de la enseñanza de la botánica en Madrid como nueva ciencia. En ellos se albergó la colección de plantas de Joseph Quer. Las enseñanzas en el nuevo Jardín del Prado experimentaron un gran avance con respecto a las anteriores. La vida científica de la nueva institución fue organizada por Gómez Ortega. Las plantaciones, las enseñanzas, las demostraciones públicas, los herbarios, la biblioteca, las publicaciones y las expediciones científicas estuvieron promovidas por él.

Hacia 1851, fue Mariano de la Paz Graells, prestigioso zoólogo, quien ascendió a la dirección del Jardín, acometió reformas de envergadura en él, instaló un zoológico para la aclimatación de animales que fue suprimido en 1896, consiguió recursos para edificar una estructura caliente que se conoce en la actualidad como "estufa de Graells" o "estufa de las palmas", reafirmó la terraza alta y se cambió su trazado. "Se plantaron variados arbustos y se interrumpió el eje principal del Jardín al colocar en el centro del plano un estanque con una fuente de granito rematada por un busto en bronce dedicado a Lineo"

Tras la proclamación de la primera República se nombró a Miguel Comeiro Penide como director del centro. En la mitad de su mandato, hacia 1882, se produjeron una serie de recortes: "En 1882 el gobierno decidió segregar una parcela al Jardín para construir la escuela de Artes y Oficios (en la actualidad Ministerio de Agricultura). La superficie se redujo a 8 hectáreas, 9 áreas y 60 centiciáreas. Por esta segregación se perdieron 360 árboles. Cuatro años después el 12 de mayo de 1886, un violento ciclón derribó 560 árboles...Fue el mayor ciclón acaecido en la historia del Jardín. En 1893, se abre la cuesta de los libreros –Claudio Moyano- y se pierden nuevamente 270 árboles y un extremo del cuerpo principal del Jardín"

En el primer tercio del siglo XX se abrieron nuevas instalaciones –se adecuó el "Pabellón de Villanueva" para albergar el aula de botánica y la biblioteca, se construyó una planta nueva sobre los invernáculos..., en definitiva, se dotó al Jardín de todos los espacios necesarios para hacer una investigación acorde con la que se venía haciendo en otros centros similares. Actualmente en el Pabellón de Villanueva se realizan exposiciones temporales sobre las plantas, y parece que aún prevalece una orden del Carlos III mediante la cual el Jardín tiene la obligación de surtir gratuitamente de plantas medicinales a todo aquel que lo necesite.

EL MUSEO DEL PRADO

Nuestra renombrada pinacoteca no fue concebida en su origen como tal, sino que el edificio de Juan de Villanueva de 1785 fue diseñado, en principio, para albergar un Gabinete de Historia Nacional y Academia Ciencias. Esta creación se enmarca dentro del ambiente ilustrado de la época de Carlos III, en cuyo reinado, como ya hemos visto, se habían promovido la creación del Salón del Prado y, junto a él, la del Real Jardín Botánico. Al norte de dicho lugar se decidió la ubicación del edificio de Villanueva que debía albergar una Academia de Ciencias, un Museo de exposición y un salón de Juntas..

museoprado2a.JPG (59281 bytes)El arquitecto Pedro Moleón entiende "el edificio completo como tres edificio distintos... los tres concebidos con total independencia de uso y también de imagen exterior, los tres de accesos diferenciados y manejando un vocabulario formal, figurativo y espacial propios". Pero a su vez distinguía un "rasgo común entre ellas; ambas son en realidad dos fondos de saco con sendas rotondas en el extremo opuesto a sus entradas respectivas; ... un itinerario de ida y vuelta... dos circuitos paralelos...articulan con su propia geometría el recorrido que nos devuelven al punto de partida."

La Academia de Ciencias se encontraba en la planta baja y tenía su acceso en el lado sur, es decir, frente a la entrada del Jardín Botánico. Al entrar dos escaleras laterales conducían a sendos corredores paralelos al eje del Paseo, dejando entre medias dos grandes espacios rectangulares para trabajo y estudio, y muriendo en una rotonda final sin acceso. El Museo estaba en la actual planta alta y se accedía a él mediante la puerta norte a través de una rampa. Su planta se superponía a la de la Academia, por lo que lo primero que nos encontrábamos era una rotonda con varias puertas. A pesar de que se nos mostraran varios caminos alternativos, el autor nos indicaba la dirección poniendo un arco de medio punto en el acceso a la galería interior, igual que el que nos conducía a la rotonda, componiendo así una "bóveda virtual" que nos lleva al interior.

Visto así el edificio "no es tanto un gran frente dilatado linealmente y con poco espesor", sino dos pequeñas fachadas para dos edificios que se desarrollan en profundidad. Moleón opina que "así entendemos...la ausencia de una gran escalera interior... porque no es necesaria" ya que "la rampa...original...justificaba al falta de una gran escalera interior...".

Por último Villanueva proyectó un Aula Magna como "lugar de la asamblea de la comunidad académica" a la que se accedía desde el lado del Prado. Así "el pórtico dórico se entiende no tanto como la entrada principal del edificio cuanto como la entrada propia y particular de la sala basilical". Esta composición basilical de la Sala de Juntas "nos remite a los modelos romanos incluso por el destino civil que se hacía de estos espacios como lugares de reunión y discusión pública". Su interior refleja una dialéctica en el uso de los órdenes común a todo el edificio: "Así el único orden propio del Aula Magna que no tiene traslación a otros puntos es el dórico del pórtico de acceso -como queriéndose diferenciar con este signo de identidad-. En el interior del espacio (que pertenece al Museo)... encontramos, en el proyecto de Villanueva, cuatro columnas jónicas(nunca realizadas)..., sin cortar la perspectiva de la galería al estar rehundidas en la articulación del muro. Finalmente el orden que suponemos se elige para el interior del Salón de Juntas es el corintio de fustes acanalados...".

Al ser el orden corintio el que se encuentra en la fachada sur, se produce aquí "un caso especial en el entendimiento de los órdenes..." porque "efectivamente, la galería corintia forma parte del frente sur donde se sitúa la entrada a la Academia de Ciencias y , sin embargo, el corintio es un orden que hemos vinculado al Salón de Juntas (Aula Magna). Ambas instituciones tienen un espacio común, aparte del propio Salón,..., en el que coinciden los recorridos y se entrelazan la Academia y el Aula Magna". Sin embargo, este proyecto tan complejo no llegó a concluirse. Por iniciativa del conde de Floridablanca, secretario de Estado de Carlos III, Villanueva presentó su proyecto al rey en 1785, y ese mismo año empieza con la cimentación, que finalizó en 1788, el mismo año en el que sube al poder Carlos IV.

Diez años más tarde ya estaban construidas las fachadas del edificio, a excepción de la del extremo sur, y en 1808 el edificio ya tenía todos los accesos de las tres fachadas principales y las salas interiores, pero ese año, el de la invasión napoleónica, las tropas francesas utilizaron el edificio como cuartel de la caballería y el plomo de las cubiertas para las municiones. El año siguiente se suprimieron los conventos y órdenes religiosas y se incautaron sus bienes, y se propuso la creación de un Museo Josefino, cuya ubicación se decidió, en un principio, en el convento de las Salesas Reales, y después en el palacio de Buenavista, sin llegar a realizarse.

En 1811 murió Villanueva y empezó a barajarse la posibilidad de alojar el Museo Josefino en el ruinoso Gabinete de Historia Natural, pero no fue hasta 1818, reinando Fernando VII, cuando se decidió emplear el edificio de Villanueva para albergar obras de arte. El arquitecto encargado de consolidar el conjunto y prácticamente "construirlo", fue Antonio López Aguado, empezando por cubrir la rotonda de acceso norte que dará lugar a las tres primeras salas de exposición del Museo. En 1819 se inauguró oficialmente el Real Museo de Pinturas, pero las obras continuaron a lo largo de los años siguientes cerrándose el recorrido lineal de lo que iba a ser el Museo de Ciencias Naturales, en 1826.

En los años siguientes se continuaron abriendo al público nuevas salas de exposición, incluyendo una sala dedicada a la escultura en 1829. Durante la década de los treinta la atención se centro en la decoración de la fachada del Prado, con los medallones de retratos de artistas españoles (del escultor Ramón Barba) o las esculturas alegóricas para hornacinas (de Valeriano Salvatierra), ambas intervenciones en la arquería baja, incluyendo un proyecto no realizado para colocar un grupo de esculturas en el pórtico dórico (del escultor Manuel Hermoso). En 1838 empezó la etapa de los directores artistas con José de Madrazo, el cual se preocupó de dotar al Museo de una estructura administrativa inspirada en el reglamento del Louvre. Con él se siguieron realizando reformas inaugurándose salas, como el Salón de la Reina Isabel de Braganza, construido por Narciso Pascual y Colomer en el inacabado cuerpo absidial de Villanueva, o la que albergaba el Tesoro del Delfín, que ya se exponía en 1843.

En 1857 José de Madrazo dimitió, al parecer por las dificultades económicas que tuvo para llevar a cabo sus iniciativas. Le sucedió por un breve espacio de tiempo Juan Antonio de Rivera, y después Federico de Madrazo. Con éste último, el Museo pasó al Patrimonio de la corona en 1865, es decir, prácticamente se nacionalizó, tres años después la reina Isabel II fue destronada, y el Real Museo pasó a llamarse Museo Nacional de Pintura.

En 1871 se inauguró el monumento a Murillo (copia de un bronce de Sabino de Medina) que da nombre a la Plaza de Murillo frente al Botánico. En 1873 Francisco Jarreño presentó los proyectos para el encargo de realizar una escalera en el acceso norte y destruir la primitiva rampa de Villanueva, uno de los elementos de interrelación entre el edificio y el entorno natural del Paseo. En 1889 se colocó otra de las estatuas representativas del Prado: la estatua de Velázquez, realizada por Aniceto Marinas con motivo del centenario del nacimiento del pintor.

Prado1.jpg (21336 bytes)Entrando ya en el siglo XX se acometieron las primeras obras de ampliación del Museo mediante la adición de una crujía paralela a la galería principal, en la fachada oriental. Esta reforma la iniciaría en 1914 Fernando Arbós y la continuó en 1916 Amós Salvador. Con la conclusión de esta nueva obra en 1920, se crearon 23 nuevas salas de exposición. Ese mismo año el Museo Nacional de Pintura y Escultura tomó el nombre de Museo Nacional del Prado. En 1944 la escalera norte de Jarreño fue derribada para la construcción de una nueva escalera de Pedro Muguruza, que supuso la creación de una nueva entrada bajo el primitivo acceso norte. En 1946 se instaló la última de las tres esculturas exteriores del Museo: el monumento a Goya (de Mariano Benlliure) en la fachada norte.

En la segunda mitad de siglo se produjo la sustitución de los materiales combustibles de todo el edificio, y se inició la segunda ampliación del Museo, con los arquitectos Chueca Goitia y Manuel Llorente, consistente en añadir una nueva crujía en contacto con la de Arbós, cuyas ventanas se transformaron en nichos o en puertas para acceder a la construcción de Chueca y Llorente, que se inauguró en 1964. Con esta nueva ampliación se creó el laberíntico recorrido que preside actualmente la visita del Museo.

El arquitecto Pedro Moleón cree que la solución para la ampliación la dio el propio autor "... reproduciendo...el modo en el que Villanueva acopla el cuerpo absidial en el centro de la composición general del Museo", es decir, añadir cuerpos de planta basilical perpendiculares a la fachada del Paseo.

En la década de los 80, ese espacio basilical de Villanueva, fue recuperado como salón de Actos según el plano de José María García de Paredes, con un aforo de 400 personas. La última gran reforma es la que actualmente está siendo llevada a cabo para la remodelación de las cubiertas según un proyecto de los arquitectos Dionisio Hernández y Rafael Olalquiaga, consistente en unificar las diversas ampliaciones del Museo en su fachada oriental mediante lucernarios paralelos a la sala basilical de Villanueva. También hay propuestas para recuperar la independencia del acceso norte eliminando la escalera de Muguruza, recuperando la antigua rampa, aunque aún no haya sido aprobada ninguna. Quizá esta sea la siguiente reforma a la que el Museo, siempre en obras, se vea sometido.

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

En la Carrera de San Jerónimo, esquina a la Plaza de Cánovas del Castillo, se encontraba el Palacio de Villahermosa, construido por Alessandro Pico della Mirandola, en el que intervino el arquitecto Francisco Sánchez. En la revista Arquitectura viva, en una monografía dedicada a Rafael Moneo se nos informa: "En 1771, el palacio pasó a manos del Duque de Villahermosa, quien encargó proyectos de reforma a Manuel Martínez Rodríguez y a Silvestre Pérez. Aunque se conservan dibujos de las propuestas de reforma, éstas no se llevaron a cabo. Fue Antonio López Aguado quien finalmente se encargó de la reforma y hay quien hace responsable de las fachadas actuales. Cabe suponer que en esta primera fase se remodelaría el palacio viejo de la Carrera de San Jerónimo, cuya fachada se puede calificar de modesta y rigurosa."

Actualmente no conocemos la planta original del palacio pues tras sucesivas intervenciones ha quedado transformado por completo. "Tras la Guerra de la Independencia bajo la dirección de López Aguado se cambió la orientación del acceso principal, a la fachada norte, que pasó a ser la más importante; a ella se accedía a través de un generoso jardín". La fachada contiene un cuerpo central tripartito enmarcado con pilastras y rematado con un frontón; pero ésta, no concuerda exactamente con la planta: "El eje establecido por el cuerpo tripartito no organiza el sistema de muros del edificio que atiende a la directiz dominante de El Prado, y aunque nunca se planteó el acceso desde éste, la planta, con una escalera monumental en el centro escoltada por dos patios, parece estar concebida como si así fuera".

Durante los años cuarenta de nuestro siglo se instaló en el palacio una sucursal bancaria, responsable del derribo de sus muros. En 1973 adquirió la propiedad la Banca López-Quesada que realizó una transformación del edificio bajo la dirección del arquitecto Moreno Barberá: "Eliminaron el sistema de muros interiores, construyeron tres sótanos, y se modificó la cubierta" Tan solo se conservaron las fachadas, aunque también transformadas. El acceso principal del palacio volvió a la carrera de San Jerónimo y en la fachada norte, sobre la calle Zorrilla, se creó un patio cubierto en planta baja. A poco de terminadas las obras, la Banca López-Quesada entró en una grave crisis financiera y en 1980 terminó comprándolo en Banco de España.

Posteriormente en Barón Thyssen pensó en el lugar como sitio para ceder su colección; "Cuando se iniciaron las conversaciones con el Barón Thyssen para la cesión temporal de la colección, el palacio se convirtió en una baza importante por parte del gobierno español; al término de las mismas, la suerte estuvo echada".

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Se hIcieron por lo tanto unas nuevas reformas estructurales en el edificio que albergó una colección de casi 800 cuadros. Se trató de hacer un museo que se adaptase a la arquitectura del palacio por lo que se buscó recuperar una arquitectura próxima a la original: "Primeramente se consideró que el acceso principal debía producirse desde el jardín de la calle Zorrilla. Tanto la voluntad de recuperar la fachada norte, como la de dotar al museo de una entrada tranquila, abogaban en favor de esta decisión...La nueva planta arranca de lo que fue un episodio postrero en la evolución del palacio, la fachada norte. La frontalidad de dicha fachada le corresponde ahora la profundidad de una galería cenitalmente iluminada, que se convierte en un vacío en el primer piso, y en un patio en el segundo... Se respetó estrictamente el sistema de muros en la fachada norte, sobre el jardín... se proyectaron toda una serie de muros perpendiculares a ella -origen de las consiguientes salas- ; y se intervino en la fachada de la Carrera de San Jerónimo donde se produce una dilatada crujía que da lugar a una amplia sala. El sistema de muros se completa con una crujía medianera, que cierra la construcción generada por las fachadas y da como resultado un espacio abierto, un patio que adquiere la condición de centro." Según esta explicación y la visión que produce el actual Museo Thyssen en el espectador, cabe decir que los vacíos que se producen en el anterior sistema se relacionan con los vanos que hay en las fachadas, todo ello crea un conjunto de geometría absolutamente contenida.

EL MONUMENTO A LOS HÉROES DEL DOS DE MAYO

Este monumento fue uno de los pocos aprobados en el trienio liberal de Fernando VII (1820-1823) que llegó a realizarse, quizá por su significado de lucha contra el ejército invasor de Napoleón. Este tipo de monumentos ya habían sido realizados anteriormente en España, pero como obras de arquitectura efímera. Fues en las Cortes de Cádiz de 1812 cuando se aprobó como obra permanente, y se ratificó en Madrid en 1814, señalándose en el artículo segundo como "en el terreno donde actualmente yacen las víctimas del dos de mayo, contiguo al salón del Prado, se cierre con verjas y árboles y en su centro se levante una sencilla pirámide que trasmita a la posteridad la memoria de los leales y tomase el nombre de campo de la lealtad". Pero ese año no pudo realizarse por la suspensión de la Constitución, por lo que tuvo que esperar a que los constitucionales subiesen al poder en 1820, y en 1821 se pidiese a Antonio López Aguado, arquitecto mayor de Madrid, que elaborase "diseños de la pirámide y obelisco" que debía colocarse en el Salón del Prado según la constitución de 1814.

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Finalmente , a pesar de haber sido pedida a López Aguado, la obra se sacó a concurso público ese mismo año dándose libertad para su invención. El ganador fue Isidro González Velázquez con un diseño de obelisco, a pesar de haber sido presentado fuera del plazo, aprovechando uno de los bocetos que realizó en 1819 para el catafalco de Isabel de Braganza. El mismo autor explicaba en una carta que acompañaba a sus proyectos que el obelisco podía ser un símbolo funerario a la vez que triunfal. Esto era muy importante en relación con el lugar que el monumento iba a ocupar.

El lugar era el mismo en el que se habían producido los acontecimientos pero si la obra quería entenderse como monumento funerario, no podía estar en un lugar tan bullicioso como el Paseo del Prado, sino apartado de éste. Sin embargo como exaltación del valor del pueblo madrileño tenía que poder ser visto por todos.

Eligiéndose, como puede verse hoy en día, el segundo argumento, se entendió la obra como un monumento didáctico o, más exactamente, ejemplificador de la actitud patriótica de Madrid, totalmente ajena a ningún contenido político que pudiera provocar intervenciones posteriores por desavenencias ideológicas.

De las esculturas alegóricas se encargó Estaban de Agredo, aunque las terminaron José Tomás, Francisco Pérez Valle, Sabino Medina y Elías Vallejo, en unos 20 años. La inauguración se realizó en 1840. La Plaza de la Lealtad fue el primer espacio definido en el nuevo barrio de los Jerónimos que, aunque para algunos no tenga continuidad con el Paseo del Prado, recuerda en varios aspectos al proyecto de Ventura Rodríguez de realizar un pórtico semicircular en este lado del Paseo.

LA BOLSA DE COMERCIO

Desde su fundación en 1831, la Bolsa había pasado de un convento a otro, hasta que en el último tercio del siglo XIX se vio la oportunidad de dotar a Madrid de un edificio de las misma categoría que los edificios de las bolsas europeas. El solar en el que se decidió su ubicación había estado antes ocupado por el Cuartel de Artillería del Buen Retiro, cuyo derribo es un símbolo manifiesto del poder que el capital estaba adquiriendo.

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Fue realizado por Enrique María Repullés y Vargas, quien ganó el concurso convocado por las obras de Comercio de 1884. Él ya conocía el funcionamiento del edificio (algo trascendental para su distribución) porque había intervenido en la Calle de la Bolsa (hoy Plaza de Benavente), además fue el sustituto del arquitecto real de Palacio, Narciso Pascual y Colomer. Éste le facilitaría el conocimiento de los planos de Villanueva para el observatorio astronómico. De esta obra de Villanueva, Repullés tomaría el pórtico hexástilo, de orden corintio, y de otra gran obra del arquitecto de Carlos III, el Museo del Prado, tomaría la planta absidial a la que se accede por el centro del frente que mira al Paseo. En estos mismos años su gran rival, el arquitecto E. Adaró, se ocupaba del Banco de España, enfrentándose a un problema algo similar al de Repullés; una parcela irregular. "Ambos proyectos desarrollaban el eje oblicuo, insertando en él los diferentes espacios, hasta llegar al volumen principal..., en la Bolsa lo señala la gran sala de Contratación"

Por otra parte, el edificio de Repullés debía responder al entorno ilustrado creado por Carlos III en el Salón del Prado, y adecuarse a la forzosa glorieta creada por el Monumento a los Héroes del 2 de Mayo. Lo que el arquitecto realizó finalmente fue una gran columnata (terminada en 1893) que precedía a un pórtico con arquerías, "creando una larga fachada...para crear la ilusión de un conjunto edificado mucho mayor de lo permitido"

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Desde los laterales del pórtico se accede a dos alas en forma de V, que albergan las oficinas, y desde la parte central, a través de la columnata gigante, se llega al Salón de Contratación, una gran sala con el extremo norte curvo, flanqueada por un deambulatorio en la planta baja, y con dos alturas creadas por la superposición de arquerías de medio punto. De los arcos inferiores cuelgan actualmente los monitores que informan de los movimientos bursátiles.

La decoración interior empieza en la segunda planta y es muy curioso el motivo que emplea en las enjutas de los arcos; el caduceo (símbolo de Mercurio, dios del comercio) bajo los escudos de los países con los que España mantenía más relación.

Para cubrir esta gran sala empleó un arranque de bóveda con lunetos, en los que abrió ventanas semicirculares y adornó con los escudos y alegorías de distintas ciudades españolas, y apoyada sobre los lunetos, una vidriero plana en el techo "soportada por una de las más atrevidas estructuras metálicas de la época".

Alberto Darias Príncipe cree que el "magnífico salón ... sirvió a más de un arquitecto de provincia para inspirarse..." y que "la Bolsa de Madrid está emparentada con el edificio que con la misma finalidad levantara Von Hausen años antes en Viena". Si esto es así, tendríamos en este edificio, además de un ejemplo de arquitectura historicista, un precedente de las influencias de la secesión que inspirarán muchos edificios en Europa y , en especial, uno que se realizará más adelante: el edificio de Correos.

EL BANCO DE ESPAÑA

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En "El Madrid de ayer y el Madrid de hoy" se nos dice: "El edificio del Banco de España está construido sobre el solar del palacio del Marqués de Alcañices, duque de sesto, y algunos terrenos anexos, entre ellos, el correspondiente a la capilla de San Fermín de los Navarros"

Hilario Peñasco y D. Carlos Cambronero, añaden: "Antes era una capilla bajo la advocación de San Fermín construida por la congregación de Naturales del reino de Navarra. Se abrió al culto el 24 de septiembre de 1746, contenía esculturas de Mena y Salvador."

Las obras del Banco de España comenzaron en 1882, "aunque la primera piedra simbólica no se colocó hasta el 4 de Julio de 1884, al comenzar a levantarse la cuesta inferior de los sótanos"

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El edificio se construyó con un estilo de tendencia renacentista con elementos franceses. Las fachadas se desarrollan dentro de los modelos venecianos del Renacimento y podría asemejarse al Palacio Corner en el Gran Canal de Venecia y Villa Garzoni de Pontecasale, ambas, obras de Sansovino (1460-1529). El carácter veneciano tan sólo se rompe en las cubiertas, donde utiliza mansardas de influencia francesa. La obra estuvo dirigida por los arquitectos Eduardo Adaro y Severiano Sainz de Lastra.

En "Madrid"- Paseo del Prado-Barajas- se considera "Uno de los edificios modernos más notables de Madrid y en su tiempo, a la altura de los mejores europeos"

Entre 1930-1935 se produjo una ampliación por la calle de Alcalá que ha absorbido toda la manzana. Se llamó de España en 1874 y Echegaray lo convirtió en único banco de emisión en 1874. En su interior alberga pinturas de Goya, Mengs, Maella y Vicente López entre otros.

EL PALACIO DE CORREOS Y TELECOMUNICACIONES

"Nuestra Señora de las Telecomunicaciones"; así llamaron los madrileños al actual edificio de Correos que se encuentra en la Plaza de Cibeles.

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Pero Correos no siempre estuvo ubicado en esta histórica y significativa plaza,antes estuvo en otro lugar de, al menos, igual relevancia: la Puerta del Sol. En 1847 el edificio que Marquet realizó para Correos "tuvo que ceder parte del inmueble al Ministerio de Gobernación, hasta que finalmente, Correos hubo de trasladarse a la Casa de Postas. Hubo diversos proyectos desde entonces para un nuevo edificio de Correos,..., para el solar del convento de la Trinidad en la calle de Atocha" A pesar de las críticas que recibió este emplazamiento en 1902 aún no había sido descartado, y en 1903 se pensó en llevar a cabo un proyecto de Carrasco y Saldaña, que finalmente fue desechado.

El "Diario de las Cortes" de 1904 publicó una lista de edificios en estado ruinoso, entre los que figuraba el de Correos. Por fin, ese mismo año, se aprobó un proyecto "sobre un edificio de Correos entre la Plaza de Castelar, el Salón del Prado y las Calles de Montalbán y Alcalá". En los escasos dos meses en los que se abrió el concurso para adjudicar la obra, tan sólo se presentaron tres proyectos. De éstos el elegido fue el de Palacios y Otamendi, aunque "la Academia de San Fernando pidió que se hicieran algunas reformas en él". El edificio en cuestión debía responder a cuatro características principales: servir para varias generaciones, estar comunicado por varias, amplias y cómodas vías, simplificar las condiciones postales, y asumir cinco funciones -Correos, Telégrafos, Teléfonos, Caja Postal de Ahorros, y Dirección General de Comunicaciones-. En 1907 empezó a vaciarse el terreno que antes pertenecía a los jardines del Buen Retiro, y fue inaugurado oficialmente en enero de 1919.

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Uno de los rasgos más interesantes del edificio es el emplazamiento privilegiado que ocupa, rodeado por una serie de construcciones de gran valor histórico, artístico y simbólico, como lo era el Paseo del Prado de Carlos III, que albergaba numerosos edificios públicos y oficiales de gran categoría, a parte de arquitectónica, o los palacios de la burguesía isabelina en el Paseo de Recoletos. Esta importante ubicación fue potenciada por los autores "que hacen del nuevo edificio un espectáculo arquitectónico y un hito en el paisaje de Madrid"

La obra consta de dos grandes edificios unidos por dos pasadizos a través de los cuales se accede a un patio continuo en forma de L, como si se tratase de una calle interior, formando un todo pentagonal por la necesidad de adecuarse a la forma del solar. Este patio tendrá una misión múltiple; por un lado servir de acceso a vehículos, y por otro, iluminar y ventilar el interior del edificio.

En el interior se siguió un criterio funcional basado en la fluidez; los buzones del Paseo del Prado, daban directamente a la mesa de sellar, siguiendo en línea recta todos los pasos hasta el patio de coches. Pero la genialidad de los autores se puede contemplar también desde el exterior, en el que logran manifestar el progreso y modernización de España. Muchos historiadores relacionan este aspecto con la desconfianza generada por la tragedia del 98, y encuentran en este argumento la justificación del uso de ciertos elementos histórico-nacionalistas para la elaboración de la fachada del edificio, como son los remates neo-platerescos de las torres que articulan el conjunto, además de señalar el lugar de unión de los bloques laterales con el central, o "el recuerdo de la época de Carlos V,..., en las pseudo-águilas imperiales y pseudo-escudos, en cuyo reinado,..., se organizó el "servicio de Correos", o en el interior "los corredores altos que comunican las distintas plantas, salvando los tramos centrales, que parecen aludir a las tribunas de las iglesias medievales"

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Sin embargo, estos elementos son tan sólo unas de las múltiples referencias que se encuentran en un conjunto, acertadamente calificado como híbrido, pues en él existen detalles que enlazan con el arte vienés de fin de siglo, como "el detalle de las cartelas vacías enmarcadas por guirnaldas y coronas, la tendencia a la geometrización, ... figuras femeninas y aterradores monstruos de un mundo de fábula en un edificio "simbolista"", o la influencia de autores como Wagner al utilizar "como soporte el hierro, enmascarado,..., en las partes públicas,..., a la vista en todas las otras dependencias...".

También es destacable el hecho de que el esquema exterior se repita al interior pero totalmente desornamentado, lo que ha sido entendido como "el sentido prerracionalista que alienta en las obras de Palacios y Otamendi", sentido que al parecer ya había aparecido en construcciones madrileñas de tipo industrial o funcional, con "fachadas de apilastrados gigantes".

Por último señalar la influencia de la arquitectura francesa del XIX de Viollet-le-Duc en la que aparecen detalles que también vemos en Correos: "estrechamiento de arcos (en la juntura)..., gran parte de las molduraciones,... el concepto de lo monumental y decorativo en la articulación de la piedra y el hierro visto... la gran sala del público... (de) planta trebolada...".

Como hemos mencionado al principio el proyecto fue modificado en parte por decisión de la Real Academia de San Fernando. Una de las modificaciones consistió en elevar la torre central mediante un cuerpo cúbico con ventanas termales. Es en esta torre donde el deseo de los autores de crear un hito urbano se manifiesta con mayor claridad, "símbolo del Madrid moderno, como una mitificación o exaltación del carácter fabril,..., de estilizadas referencias historicistas,..., (como) la torre iluminada o el edificio faro", transformando el entorno urbano y articulándolo con la imponente monumentalidad de este conjunto europeo, pero de propiedad nacional.

HOTEL RITZ

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Es el primero de los grandes hoteles de lujo construidos en Madrid, para responder a la necesidad que tenía nuestra capital, en los albores del XX, de albergar a los ricos visitantes europeos, que llegaban principalmente a las estaciones de Príncipe Pío, Atocha y Delicias. Esta carestía se puso especialmente de relieve con motivo de las "fiestas de la coronación" de 1902, fecha en que la Casa Miró y Trepa de Barcelona ya propuso elevar un Gran Hotel en el Paseo del Prado, según proyecto de E.Ferrés, en el cual lo ocasional del pretexto venía acentuado por el hecho de que "según opinión de sus constructores, el edificio, podría utilizarse una vez pasada las fiestas para Casa de Correos y Telégrafos...". Esto no llegó a realizarse pero sería la causa de la construcción de un gran hotel en los jardines del antiguo Tívoli.

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En 1908 se creó el Ritz, pero rápidamente le siguió el Palace, y después otros muchos, pero especialmente significativo son estos dos hoteles que aún conservan el carácter elitista con el que fueron edificados.

El Ritz está situado en la Plaza de la Lealtad, al igual que la Bolsa, frente a la Plaza de Neptuno. La sede de esta cadena estaba en Picadilly, Londres, representada por un edificio de estructura metálica muy osada. Sin embargo, el Ritz madrileño construido por Charles Mewes, seguramente por la serenidad que imponía su ubicación junto al Paseo del Prado, es una obra neoclasicista de influencia francesa.

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"Mewes organizó el Ritz con sencillas fachadas sin balcones, dejando las ventanas en el plano vertical de los muros, al modo francés, basando el éxito del edificio en la perfecta proporción de los huecos y en la acentuación de las esquinas con cúpulas empizarradas, características de la arquitectura parisina de principios de siglo".

Eran los años en los que Madrid quería imitar a Francia con su arquitectura y , claro exponente de esto, son los hoteles del Ritz y del Palace. Actualmente el Ritz es uno de los hoteles más elegantes de la ciudad, no sólo por su magnífica arquitectura, sino también por el entorno del Prado que aumenta, aún más, su magnificiencia.

Como anécdota, Ramón Guerra nos cuenta sobre los hoteles de Madrid construidos en estas dos primeras décadas de siglo: "Durante la primera Guerra Mundial estarían ocupados por espías de todos los países en conflicto, que buscaban aprovisionamiento de materias primas. La neutralidad española propició un auge espectacular de negocios fulgurantes y millonarios, que se fraguaban en los bares y salones del Palace y el Ritz"

 

 

 

 

HOTEL PALACE

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El Hotel Palace bordea junto a su compañero el Hotel Ritz, la Plaza de Cánovas del Castillo, ambos colocan a Madrid en un alto lugar en cuanto a alojamientos.

En la planta baja del Palace que da a la plaza se hallaban anteriormente los despachos de billetes de la compañía de aviación Iberia que han sido sustituidos por un lujoso centro comercial llamado la Ruleta del Palace.

En la "Guía de Madrid" se nos dice; "En 1910 se solicitó la licencia de construccion de un palacio-hotel que ocupara toda la manzano por Don Luis Sagresa en representación de la S.A de Bruselas <Palace-Hotel Madrid>. Lo firma el arquitecto español Eduardo Ferrer y Puig y la compañía belga Leon Monnoyer et Fils. El proyecto belga lo autoriza y lo adapta el arquitecto español"

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La planta del hotel se sitúa en el perímetro de la parcela que es trapezoidal, se crean torres articulando las calles en torno a un gran patio central. "Tratado en la planta baja como un conjunto se salones y galerías cubiertas que conducen al gran hall o salón de invierno, foco y punto se referencia de las circulaciones del hotel. es una de las primeras obras de Madrid en que se emplea hormigón armado"

Ángel Urrutia en su obra "Arquitectura española del siglo.XX" añade: "El hormigón es un material muy utilizado en el siglo XX que levantó una viva polémica en los comienzos de siglo, no tanto por construir una estructura sino por ser colocado en bruto, a cara vista, pretendiendo ofrecer posibilidades estéticas, por ello es característico que el edificio del Palace incorpore a su estructura este material, salvo en las cubiertas del patio que se realizaron de estructura metálica"

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Se han sucedido distintas reformas en el edificio; "En 1925, Martín Domínguez realiza reformas para la instalación de un nuevo bar, derribándose además el escenario central de la cervecería. En la primera planta se hacen algunos obras de división de salones e instalación de aseos"

Podemos ver en el edificio un ejemplo de la arquitectura franco-belga de la época implantado en Madrid, siguiendo la tendencia mundial de ese tipo de establecimientos de lujo. Fue premio del Ayuntamiento de Madrid al edificio mejor construido en 1914.

 

 

 

HOTEL NH NACIONAL

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El hotel Nacional se inauguró en febrero de 1933, fue construido en estilo neoclásico y permaneció cerrado durante más o menos 20 años a finales de los `60. El propietario de este edificio vendió la planta baja / que hace esquina /, la antigua cafetería del Hotel, a la empresa multinacional Mc Donals y más tarde vendió el resto de la construcción a la cadena de hoteles NH.

La reforma duró dos años, el 25 de junio de 1997 se abrió al público habiendo dirigido los planos el arquitecto Gerardo Mingo, presente habitualmente en todas las reformas de los hoteles de la cadena NH. Lo único que se conserva de la antigua edificación es la fachada, y al interior la gran escalera y las cristaleras del actual Hall, muy similares a las que encontramos en el "Salón de Té" del Palace.

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Las reformas que hoy contiene el Hotel NH Nacional, se refieren a los garajes, que se han hecho con la misma estructura y planta que los anteriores salones y simplemente se han añadido algunas columnas más. En la primera planta hoy encontramos las salas para reuniones, las cocinas y el restaurante, antiguamente en esta planta había enormes salones de baile para la aristocracia de Madrid.

En planta, el edificio se divide actualmente en dos cuerpos que forman un sólo rectángulo separados por dos patios interiores correspondientes a cada una de las dos cristaleras conservadas. Alrededor de estos patios se sitúan las 214 habitaciones, las siete suites esquinadas, las 60 plazas de garage y el ático en la planta superior, de la época del edificio original.

El estilo de la fachada del hotel concuerda ciertamente con algunas obras que vemos a lo largo del Paseo del Prado, como la del Palace o la del edificio Plus Ultra, es interesante además observar el contraste entre este exterior de influencias francesas con la funcionalidad y modernidad del interior del edificio.

MINISTERIO DE SANIDAD

Situado en el Paseo del Prado nº18, la casa sindical, dejó de serlo en 1978 pasando a ser la que hoy conocemos como Ministerio de Sanidad y Consumo, aunque hay que decir que sus aspectos arquitectónicos se conservan íntegros, tal y como fueron concebidos.

El concurso para la ejecución de la casa sindical se remonta a 1949. "El primitivo proyecto sindical fue realizado por Francisco Cabrero quien ganó el concurso convocado por el Ministerio de Trabajo para realizar este simbólico edificio del Régimen frente al Museo del Prado de Juan de Villanueva. A la hora de realizar la obra se cambiaron algunos elementos con la colaboración de Rafael Aburto, autor del contiguo diario Pueblo".

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A primera vista es mucha la contención formal de la edificación; distintos autores ven en esta construcción algo del clasicismo desnudo y abstracto del racionalismo italiano propio de la era de Musolini. "... lo más llamativo que uno nota al acercarse es que aunque el lenguaje clásico se ha usado de un modo desnudo y abstracto, el edificio tiene una extraordinaria presencia física. En parte, ésta en una cualidad provocada por la simetría de su composición y por su estructura atrevida y huesuda, pero más concretamente, deriva del tratamiento dado a las materiales de revestimiento"

Se nos habla de un granito gris que recubre el basamento, los frentes de los pabellones y las columnatas..."y las piedras están dispuestas de modo que parezcan arcos planos estructurales y no simples recubrimientos de un entramado de acero y hormigón"

Pero no podemos olvidarnos del valor del ladrillo que contrasta con la dureza de la piedra, éste recubre la mayor parte del edificio sin ninguna pretensión estructural, simplemente enmascara la superficie como se haría con baldosines. No obstante hay un remarcamiento de los planos horizontales que distinguen los sucesivos pisos y crean una especie de "maciza jaula" donde se insertan las ventanas.

"Profundamente remetidas respecto a esta maciza jaula de ladrillo, las esbeltas carpinterías de acero de las ventanas- con bastidores que se alargan ingrávidamente, empotrándose directamente en la fábrica, sin alféizares ni dinteles- aportan una delicadeza sorprendente." Bucharan nos ofrece a lo largo de todo el texto una visión de la Casa Sindical como un edificio complejo y contradictorio: "clásico, pero abstracto, entramado estructural moderno de gran escala, pero con elementos tradicionales de pequeña escala usados como revestimiento; piedra fría y dura frente a un ladrillo más suave y cálido..."

De nuevo hay diferencias: la fachada delantera y la trasera: "Pese que las fachadas delantera y trasera son bastante diferentes (otro contraste), desde el nivel de la calle ambas sugieren una organización clásica compuesta de un bloque en E en la parte posterior y de una U de mayor tamaño en la anterior, articulado todo ello en torno a la torre central. Aunque la planta está inteligentemente ideada para dar esa impresión, en realidad carece de dicha disciplina clásica. Por el contrario , es pragmática y moderna en lo que se refiere a sus adaptaciones al solar y a que garantiza luz en todas sus partes. Pero pese a que la configuración de la planta y la torre es esencialmente moderna, ni el contraste de las fachadas ni su expresión clásica son espúreos. Lo que consigue es el decoro preciso y adecuado para un edificio de prestigio en un emplazamiento de prestigio"

Con otras palabras explica Ramón Guerra de la Vega la visión que este edificio sindical produce: "El solar era irregular, lo que hacía difícil un proyecto simétrico tal como parecía corresponder a las características de monumentalidad y clasicismo que el tema comportaba. La solución se encontró en el patio abierto de entrada, flanqueado por dos alas bajas y presidido por una torre central de 16 plantas... La ausencia de cubiertas inclinadas confiere a la fachada correspondiente al Prado, el singular aspecto de una fortaleza, con una gran "torre de homenaje" coronando el conjunto y materializando la perspectiva desde lejanos puntos de la ciudad. El pórtico de granito, que paralelo al Paseo del Prado, une las dos alas del patio define la escala humana que sin este elemento quedaría perdida en un imponente muro de ladrillo."

Tras haber "paseado" frente al actual Ministerio de Sanidad y haber entendido un complejo sistema de "contrastes" tanto al exterior como al interior por medio de lecturas, llego a la conclusión de que el racionalismo que se nos presenta puede ser a la vez moderno y clásico y en algún sentido medieval por el temor que inspira la gran "fábrica de ladrillo" contrastando con el emplazamiento que le rodea.

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