Madrid siglos XIX y XX

En esta web se encuentran los trabajos realizados por los alumnos de la asignatura Historia de Madrid en la edad contemporánea.

Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1998-1999,

impartida por Luis Enrique Otero Carvajal, profesor titular de Historia Contemporánea de la UCM.

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Bienvenidos

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La Gran Vía

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Realizada por:

Enrique Herrero Heras (Universidad Complutense)

Marisol Martínez (Universidad San Diego)

Antonio Pareja Sanz (Universidad Complutense)

Indice

INTRODUCCIÓN

EL PROYECTO DE URBANISMO

Los Prolegómenos.

Urbanización de la Avenida B o calle del Conde de Peñalver.

Urbanización del Bulevar o calle de Pi i Margall.

Urbanización de la Avenida A o calle Eduardo Dato.

LA EVOLUCIÓN DE LOS COMERCIOS

De Alcalá a la Red de San Luis.

De la Red de San Luis a la Plaza del Callao.

De la Plaza del Callao a la Plaza de España.

LOS CINEMATÓGRAFOS.

BIBLIOGRAFÍA.

1.- INTRODUCCIÓN

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La Gran Vía, una de las avenidas más importantes del Madrid actual, es una creación de relativa reciente factura. Como veremos más adelante, el proyecto nació a principios de este siglo XX con motivaciones diversas, aunque la principal fue la de dotar de comunicaciones a la próspera parte noroeste de la ciudad con el centro de la misma.

La construcción de la Gran Vía se inserta en la preocupación por conseguir una viabilidad adecuada en Madrid, que movió durante toda la segunda mitad del siglo pasado a buscar aquellos trazados que pudieran solucionar el problema que se venía planteando, dada la transformación económica y demográfica producida en el Madrid de aquellos años. Lo que instó a pensar en un ensanche de la Villa hizo que se propusieran, bien privada bien oficialmente, proyectos de grandes vías que enlazaran puntos vitales dentro del casco antiguo o de éste con el ensanche.

Es indudable la importancia de la Gran Vía, ya que se ha convertido en uno de los sectores urbanos más relevantes, punto neurálgico dentro del mundo financiero y comercial matritense. Basta con darse un paseo por la zona, por ejemplo, bajando el tramo entre la Plaza del Callao y la Plaza de España para darse cuenta de este hecho. Múltiples comercios, bancos, oficinas, etc., se alinean a ambos lados de la calle, otorgando, por consiguiente, una imagen de prosperidad que se ve realzada por la majestuosidad de algunos edificios, tales como el de Telefónica, inaugurado en el año 1929.

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El lado turístico de la Gran Vía tampoco es nada desdeñable, ya que se halla sita en ese fundamental eje que configura la Plaza de España, la Puerta del Sol y el conjunto monumental de la zona del Prado, con el Museo del mismo nombre o el Parque del Retiro a la cabeza.

Como también podremos comprobar más adelante, la edificación de la avenida no estuvo exenta de vicisitudes, debido en gran parte a la ingente cantidad de estructuras para demoler y la amplia distancia que supone, como bien sabemos a causa de línea de autobús 133, recorrer el tramo que nos ocupa. Dichas dificultades para hacer realidad tan acariciado proyecto fueron debidas entre otras razones a la sempiterna escasez presupuestaria del Ayuntamiento de Madrid y a la debilidad de la demanda. Desde 1862, año en el que Carlos Velasco pergeñó el primer proyecto, y 1926, fecha de inicio de los derribos correspondientes al último de los tramos (Avenida A o calle de Eduardo Dato), transcurrieron 64 largos años, que nos informan de las dificultades que tuvo que afrontar la realización de una operación urbanística imprescindible para el crecimiento que Madrid venía registrando desde la segunda mitad del siglo XIX.

Nuestro propósito es, por tanto, ofrecer al lector de este trabajo una visión breve y clara, somera pero instructiva, de la génesis y desarrollo hasta hoy de lo que es una de las más importantes arterias de nuestra ciudad, ubicada en el corazón mismo de la urbe. Para ello, aportaremos también un repertorio fotográfico de gran utilidad y que ofrecerá una evolución visual del crecimiento de la Gran Vía.

2.- EL PROYECTO DE URBANISMO

A) Los Prolegómenos.

Una de las obras de mayor envergadura urbana del S. XX en Madrid ha sido, sin duda, la realización de la Gran Vía. Su génesis resulta bastante curiosa. Su denominación, tal y como aparece en la documentación del proyecto era «prolongación de la Calle Preciados y su enlace con Alcalá», ya que tenía su antecedente en un proyecto de 1862 sobre tal prolongación para la cual se habían adquirido por entonces un total de 35 solares (ó 31 según otros autores).

Sería por 1886 cuando se consideró por primera vez la posibilidad de trazar una Gran Vía que tuviese su punto de partida en la calle de Alcalá frente a San José y que desembocara, al igual que todas las anteriormente proyectadas, en la plaza de San Marcial. La presentación de proyecto tan vasto correría a cargo del arquitecto D. Carlos Velasco, y a él se ofrecieron tres posibilidades de trazado:

1.- En línea recta en los dos puntos extremos.

2.- En dos líneas, una por la calle de los Reyes y otra cruzando por la del Pez, Puebla, San Onofre, Infantas y Torres a la de Alcalá.

3.- Intermedio a los anteriores trazados, se dispondrían en tres alineaciones: la primera desde Alcalá directamente a la corredera de San Pablo, en San Antonio de los Portugueses; la segunda en ángulo de 175º 18´ con la anterior llegar hasta la calle del Álamo; la tercera, formando otro ángulo de 125º, hasta terminar en la plaza de San Marcial en su confluencia con la calle de Leganitos.

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Velasco decidió que ésta era la alineación más conveniente para su proyecto de trazar una Gran Vía, a la que habría de proporcionar las siguientes características:

punto05.JPG (3724 bytes) Ancho de 25 metros (y no 30 como las de otras obras de ensanche, por considerar necesarias otras calles paralelas como Pez, Puebla e Infantas), sobre todo para mejorar la canalización del tráfico hacia otros puntos del casco antiguo.

punto05.JPG (3724 bytes) Formación de glorietas circulares en las confluencias, como la situada entre Gran Vía y Alcalá, la construida entre la nueva vía y la Corredera de San Pablo (ésta de forma elíptica), la plaza cuadrangular de los Mostenses o la situada en la Plaza de Leganitos, con un radio de 50 metros.

punto05.JPG (3724 bytes) La necesidad de expropiar 334 edificios en 30 manzanas, algunos de ellos tan relevantes como parte de la Iglesia de San José, los conventos de Nuestra Señora de la Presentación o el Teatro Lara.

punto05.JPG (3724 bytes) La desaparición de calles total o parcialmente, como la de San Miguel y de la Reina, la eliminación de la calle Nao y de parte de la Ballesta y la supresión de un tramo de la calle de la Cruz Verde entre la Gran Vía y la Luna.

Un aspecto anecdótico en el diseño de esta obra fue la pretensión del autor de pavimentar la calzada con madera y las aceras con enlosado, o la proyección de otra gran vía de disposición norte-sur que enlazara con la descrita, de forma que uniera la plaza de la Cebada con la calle de Fuencarral, a la altura del Tribunal de Cuentas.

Este trazado de Velasco fue el último de los intentos de trazar una gran vía en el siglo XIX. Y deberíamos decir el último de los intentos fallidos, porque si bien fue aprobada la memoria y plano en un principio por el Ayuntamiento el 3 de marzo de 1886, se indicaba en la resolución que "...ello no creaba compromiso alguno para la Corporación Municipal".

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El proceso de asignación y permiso de las obras fue casi más costoso para todos que la propia construcción. Una primera tentativa se produjo el 15 de ese mismo mes, cuando el Alcalde Presidente, Conde de Romanones, propuso la formación de una Comisión que estudiara la viabilidad de las expropiaciones forzosas, de acuerdo con la solicitud presentada por Claude Peret. Pero como quiera que éste no presentara el depósito, la solicitud fue denegada. Poco más tarde intentaría retomar el proyecto una empresa francesa, a la que también se le denegó el permiso por tacharse de inadecuadas sus pretensiones. Con la misma fecha se acordó solicitar del Gobierno la Ley de Expropiación a fin de declarar de utilidad pública la ejecución de dicha gran vía. Sin embargo, durante los ocho años siguientes quedó en suspenso el expediente, con la sola excepción del informe emitido en 1888 por el Consejo de Estado, y hasta que la viuda del señor Velasco reclamó el 14 de junio de 1894 la declaración de utilidad pública del proyecto, aunque sus peticiones hubieron de ser renovadas el 25 de marzo de 1895 y el 15 de noviembre de 1898, solicitando estas veces que se considerara aquél acogido a la recién promulgada Ley para Saneamiento, Reforma y Ensanche Interior de las grandes poblaciones de 18 de marzo de 1895. Por fin, la resolución a este estancamiento llegó con la Real Orden de 27 de abril de 1901, donde se especificaba lo siguiente:

punto05.JPG (3724 bytes) El proyecto se ajustaba a la Nueva Ley.

punto05.JPG (3724 bytes) La autorización no establecía sin embargo, privilegio alguno para este proyecto con respecto a cualquier otro.

La causa de tales retrasos se debía a que la mayor parte de las causas se resolvían por tercería, esto es, que a falta de acuerdo entre los arquitectos de las dos partes, Ayuntamiento y propietarios, debía ser nombrado un tercer facultativo que dirimiera la cuestión. En vista de ello, el Alcalde Presidente dispuso en agosto de 1898 que se realizara por los arquitectos municipales A. Octavio y F. López de Salaberry el estudio del proyecto completo, estudio que fue remitido a su vez por estos con fecha de 26 de octubre del mismo año, y que proponía la estructuración de la obra en los tres tramos que veremos más tarde: Avenida A (Plaza de san Marcial-Callao), Bulevar (Callao-Red de San Luis) y Avenida B (Red de San Luis-Alcalá), con una longitud total de 1316 metros y con un ancho, respectivamente de 25 metros, salvo el bulevar que tendría 35 metros. La zona afectada tenía 141.510 metros cuadrados, compuestos de 101.409 metros cuadrados de propiedades edificadas o no, y de 40.101 metros cuadrados de vía pública.

Se elevó la propuesta el 27 de enero de 1899 a la superioridad y se concedió la autorización para el estudio definitivo por Real Orden, de 27 de enero de 1899. Se dio término al proyecto el 2 de julio de 1901, tras la concesión de la prórroga establecida también en Real Orden de 26 de enero de 1901. El trazado de la Gran Vía se justificaba en función de los siguientes puntos:

punto05.JPG (3724 bytes) Descongestionar la Puerta del Sol, centro neurálgico de la Villa y paso obligado por la disposición radial del viario.

punto05.JPG (3724 bytes) Restablecer comunicación entre los prósperos barrios de Argüelles y Salamanca a través del Centro.

punto05.JPG (3724 bytes) Hacer desaparecer calles y casas insalubres, lóbregas y antihigiénicas.

punto05.JPG (3724 bytes) Enlazar las estaciones de ferrocarril de Príncipe Pío y Atocha, acortando considerablemente las distancias, a la vez que se mejoraba la circulación excesiva por los sitios más céntricos.

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El primitivo contrato de construcción de la Gran Vía, que tanto admiró a los madrileños en 1910, poco acostumbrados a obras formidables, comprendía los trabajos siguientes: demolición: 312 casas; nivelación: 44 lotes de terreno; desenlosar: 8856 metros de aceras; deshacer: 26.365 metros cuadrados de empedrado y adoquinado; quitar: 14335 metros lineales de cañerías de agua y de gas, y 274 farolas; transportar y nivelar: 61.799 metros cúbicos de escombros y 31.997 de terraplén; enlosar: 18.777 metros cuadrados de acera; adoquinar: con granito, 35.616 metros cuadrado; asfaltar: 11.373 metros cuadrados; alcantarillar: 2.502 metros lineales; canalizar: 1.315 metros lineales para las aguas, el gas y la electricidad; colocar: 1.316 metros lineales de tubos de fundición para conducir el agua; disponer: 7.024 metros lineales de tubo de plomo; organizar: 174 sumideros de incendios y tomas de aguas; distribuir: 219 farolas a gas y 66 lámparas de arco voltaico con sus candelabros.

En consecuencia, el área afectada habría de tener 142.647,03 metros2 en donde existirían 358 fincas y 48 vías públicas. Tal proyecto fue aprobado definitivamente por Real Orden de 21 de agosto de 1904, incluyendo una cláusula que luego fue utilizada: la posibilidad de suprimir el Bulevar, si así se estimaba conveniente. Se fijaba el plazo de ejecución de las obras en un período de 8 años, a realizar escalonadamente en 4 sectores, pues la Avenida A se dividía en dos por la calle San Bernardo, dada su extensión.

La nueva urbanización suponía la formación de 32 nuevas manzanas, (70899 metros2), quedando el resto destinado a los tres tramos de vía principal y a las embocaduras de las calles afluentes a la misma.

A pesar de haber sido aprobado el proyecto en 1904, se dilató el inicio de las obras por haber quedado sin adjudicar las varias subastas que tuvieron lugar. Al final, Martín Albert Silber propuso modificar las bases de modo que el Ayuntamiento se hiciera cargo de las expropiaciones y que en vez de por subasta las obras se concedieran por concurso. En 1909 se aprueba la modificación y, un año más tarde, se le otorga la escritura de adjudicación al propio Albert. En el mismo 1910, y por la esquina de calle Alcalá, es decir por la llamada Avenida B, dan comienzo las obras de construcción.

B) Urbanización de la Avenida B o calle del Conde de Peñalver.

Va de la calle de la Montera a la de Alcalá, barrio de Jardines y de las Torres, distritos del Centro y del Hospicio, plazas de San Luis y San José.

Así se llamó al primer trozo de la Gran Vía situada entre la calle de Alcalá y la Plaza de España, y llevó por título el nombre del alcalde que firmó el inicio de las obras,a quien se pretendía perpeturar con tal recuerdo. De hecho, en el edificio de la Gran Peña, que hacía esquina a la calle del Marqués de Valleiglesias, figura una lápida en la que se puede leer :

"Avenida de Conde de Peñalver. Primera vía de la reforma urbana a cuya realización dedicó todas sus iniciativas don Nicolás de Peñalver y Zamora, siendo alcalde de Madrid. Homenaje del pueblo. MCMXVI".

Este primer tramo se realizó entre 1910 y mayo de 1917, haciéndose la entrega provisional de las obras el 16 de junio del siguiente año y las definitivas el 18 de julio de 1924.

En este sector se demolieron 67 fincas y desaparecieron las calles de San Miguel totalmente, ya que la nueva avenida seguía su trazado, y otras nueve parcialmente: Víctor Hugo, Marqués de Valdeiglesias, Montera, Red de San Luis, Hortaleza, Fuencarral, Clavel, Caballero de Gracia y Alcalá (Plazuela de la Paja). Entre los edificios afectados merecen ser destacados el antiguo colegio de niñas de Leganés, denominado así en honor a uno de sus principales protectores, el general Espínola, Marqués de Leganés; el palacio Masserano, lugar donde vivó Víctor Hugo niño, que luego albergó la famosa fonda Geneys, de moda en los años 30 del siglo pasado, y posterior sede de «El Heraldo de Madrid»; el palacio de la duquesa de Sevillano; la casa Astrearena; la casa del Ataúd, por lo estrecho de su fachada entre Caballero de Gracia y San Miguel, etc.

La nueva urbanización se constituyó en 6 manzanas (A-E), en una de las cuales se incluyó el único edificio que pervivió, el Oratorio de Caballero de Gracia adaptado a la alineación de la avenida. Los nuevos inmuebles se construyeron entre 1909 y 1918, a excepción del edificio del Círculo Mercantil, concluido en 1924.

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La dirección de la actual avenida Conde de Peñalver es la misma que la antigua calle de San Miguel, desaparecida precisamente por la aparición de esta vía, que, a pesar de los eternos descontentos, es amplia, bella y digna de una gran ciudad. La calle de San Miguel arrancaba ya de la calle de Hortaleza, pues la parte final de calle de la Montera, llamada generalmente Red de San Luis, ha quedado actualmente dilatada.

Tomaba su nombre de un humilladero que había sobre los Caños de Alcalá, dedicado a San Hermenegildo, y en el que también se veneraba una imagen de San Miguel Arcángel, a quien en su día hacían una gran fiesta, que se llamaba de las Vendimias. Posteriormente se fundó el convento del Carmen Descalzo, cuya Iglesia es actualmente la de san José, y se derribó el humilladero, dándose al convento el nombre de San Hermenegildo, y a la calle inmediata el de San Miguel, cuya efigie fue colocada en una capilla del vecino templo conventual de los Carmelitas.

La Avenida de Conde de Peñalver, construida ya en su totalidad, presenta un golpe de vista suntuoso, aunque no siempre sus edificios respondan al mejor gusto artístico. Llamada desde un principio a ser una vía comercial, todos sus edificios tienen una planta baja dedicada a establecimientos y oficinas, y en algunos la mayor parte de los pisos, y hasta la casa entera, como se hizo en Madrid al implantar los grandes almacenes al estilo de París y otras grandes capitales europeas.

El café, esa institución tan madrileña y tan del siglo XIX, tuvo su nacimiento en esta calle, donde hay establecidos dos de ellos y un hotel de viajeros pone su nota de cosmopolitismo en el tráfico de la avenida.

Aunque nueva, esta avenida ya tiene alguna anécdota; en la esquina de Víctor Hugo hubo, apenas construido el primer trozo de la Gran Vía, un restaurante donde con frecuencia se celebraban banquetes literarios. Y sucedió que, por culpa de la especial disposición del salón, coincidieron en una comida de honor un rector de universidad y un crítico. Nada más comenzar la discordia entre ambos se libró una batalla sirviendo de proyectiles todo tipo de platos, fuentes, fruteros, vasos y botellas, hasta tal punto que fue necesario la intervención de las fuerzas de orden público.

C) Urbanización del Bulevar o calle de Pi i Margall.

De la calle de la Montera a la Plaza del Callao, barrios de San Luis, del Carmen y de Tudescos, distrito del Centro, Plazas de San Luis y san Martín.

Este segundo tramo se realizó entre septiembre de 1917 y principios de 1921, haciéndose la entrega provisional el 1 de julio del mismo año y la definitiva el 20 de agosto de 1927. Con muy buen acuerdo, no frecuente en esta clase de determinaciones municipales, se dio a este segundo trozo de la Gran Vía el nombre de Avenida de Pi i Margall.

Esta avenida ancha constituye el segundo trozo de la llamada Gran Vía, y aparece ya abierta al tránsito, muy frecuentada por numeroso pasaje y embellecida por monumentales edificios, entre los que hay hoteles para viajeros, amplios comercios, grandes almacenes y un teatro, el Fontalba.

Pronto fue advertido que el Bulevar suponía un impedimento para el tráfico, por lo que en febrero de 1921 se decidió anularlo. En este sector, se demolieron 125 fincas, y desaparecieron las siguientes calles: Jacometrezo totalmente, pues la Avenida seguía su trazado, y así como las de San Jacinto, Leones, y Travesía del Desengaño. Parcialmente quedaron afectadas las calles de Tres Cruces, Desengaño, Abada, Mesonero Romanos, Chinchilla, Horno de la Mata y su travesía, Hita, Valverde, Carmen, Hilario Peñasco, Salud y Plaza de Callao. En total, cuatro calles desaparecidas y trece reformadas.

Del proyecto resultaron doce nuevas manzanas (F-O), cuyos edificios, algunos de indudable valor arquitectónico, fueron obra de Zuazo, Muguruza, y Antonio Palacios. Estas insignes y cualificadas construcciones quedaron completadas en 1929 con la conclusión de la Telefónica.

La nueva vía seguía la línea de la antigua calle Jacometrezo, antes citada, de la que sólo queda conservado el nombre tradicional en el breve trozo que media entre la Plaza del Callao y el comienzo de la calle de Tudescos. Aquel terreno fue en un parte, propiedad de D. Juan de la Victoria Bracamonte, fundador de la puebla que llevó su nombre, y en otra pertenecía a las eras del monasterio de San Martín. Jocobo de Trezzo, el gran lapidario y escultor, vivió en esta calle, donde tuvo su casa, construida por Juan de Herrera, entre las calles de las Tres Cruces y la de la Salud.

Dice Pedro de Répide: "Era la de Jacometrezo una calle sórdida y estrecha, abundante en casas hospitalarias de toda especie, desde el pupilaje estudiantil hasta los tugurios venustos, una confusa sucesión de tiendas sombrías, casas de empeño, peluquerías, etc. Sin duda, uno de los lugares más pintorescos y animados del Madrid del pasado siglo".

D) Urbanización de la Avenida A o calle Eduardo Dato.

Por Decreto de la Alcaldía Presidencia de 15 de febrero de 1925, se dispuso el siguiente día 16 como fecha de comienzo de las obras del tercer y último tramo de la Gran Vía, que se denominaba de Eduardo Dato. Como en los dos anteriores trayectos, se empezó por la demolición de las casas que se iban adquiriendo por el Ayuntamiento y los solares propiedad del mismo, en la parte más próxima a la Plaza del Callao y unión con la calle Pi i Margall. El avance de los derribos a mediados de 1926, permitió comenzar el desmonte en la desembocadura del segundo tramo de la Gran Vía. En julio se procedió al levantamiento de las aceras y empedrado de las calles transversales afectadas: de Ceres, Tudescos, Silva y Callejón del Perro, así como al levantamiento de las tuberías de conducción del agua y tendido eléctrico; en la tercera semana del mismo se comenzó a hacer lo propio en las de Jacometrezo, San Bernardo, Peralta, Travesía de Altamira, Flor Baja y Plaza de los Mostenses, siguiéndose por la de Federico Balart, Santa Margarita y San Cipriano.

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Durante el mes de agosto se hizo el vallado de los solares resultantes y se cortó el tránsito entre la Plaza del Callao y San Bernardo para proceder al levantamiento de planos, a fin de señalar las rasantes y obras de urbanización. Hecho esto, se comenzó a principios de septiembre el desmonte de tierras necesario para abrir la nueva vía entre Callao y Tudescos. Mientras tanto, quedó finalizado el levantamiento del pavimento afectado entre las vías de Callao y San Bernardo en la segunda semana del mismo septiembre.

Avanzó la obra de desmonte hasta la calle de Ceres desde Callao a principios de octubre, llegando en los primeros días de enero de 1927 hasta la de San Bernardo. En febrero siguiente estaban ya concluidas todas las demoliciones entre ésta última y la Plaza del Callao, quedando descombrados todos los solares de este sector. Mientras tanto, continuaban las demoliciones del otro hasta la Plaza de Leganitos, concluidos los cuales se procedió a comienzos de diciembre al vallado de los nuevos solares en las calles de Flor Baja, Isabel la Católica, Leganitos, Eguiluz, San Cipriano y Plaza de los Mostenses, junto al levantamiento de los pavimentos aún existentes en las mismas.

3.- LA EVOLUCIÓN DE LOS COMERCIOS.

A) De Alcalá a la Red de San Luis.

La Gran Vía, al hacer desaparecer muchas calles pequeñas del antiguo centro de Madrid, también vino a sustituir unas formas de vida y, cómo no, de actividad comercial. No faltó la polémica entre los partidarios de la nueva avenida y los que deseaban conservar las estrechas y retorcidas calles que hasta entonces existían. Son dos concepciones, dos mundos sociales que se enfrentaron.

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A partir de la segunda década del presente siglo, la Gran Vía vino a representar la versión madrileña de lo que podemos llamar calle-escaparate, que se había desarrollado en otros países europeos en la segunda mitad del siglo XIX, al calor de las transformaciones en los métodos comerciales, que daban mayor importancia a la conquista del cliente a través de un escaparate grande y atractivo. Se pueden citar los ejemplos de la Rue de la Paix, en París; Regents Street en Londres y Leipzigerstrasse en Berlín, o la Galleria Vittorio Emmannuelle, en Milán. En los años veinte destacaron, sobre todo las joyerías, las camiserías de lujo, los tapiceros, los comerciantes de seda y modistos en general.

En el caso de Madrid, la apertura de esta nueva avenida, en el centro de la ciudad, significó un paso más en el progresivo desplazamiento hasta el Nordeste, que se había ido operando en la localización del principal núcleo comercial, desde la Plaza Mayor, Concepción Jerónima, Atocha, etc., hasta alcanzar la Puerta del Sol, Montera, Carrera de San Jerónimo y el primer trozo de Alcalá. Aparece así un nuevo espacio de gran interés comercial, sobre todo en lo que se refiere al comercio de lujo.

La Guerra Civil, que trastornó toda la vida española, alteró también naturalmente, la vida comercial en la Gran Vía. En este tramo, bastantes establecimientos permanecieron abiertos durante la Guerra y alguno ha conservado los impactos de metralla en la fachada.

La mayoría de los testimonios coinciden en señalar la época de 1940-1960 como la de mayor auge de este primer tramo de la Gran Vía, especializado en el comercio de lujo, pudiéndose situar en la década de los sesenta el comienzo de su declive. Después de la Guerra, los dos primeros tramos de la Gran Vía (desde Alcalá a la Plaza del Callao) son el principal punto de atracción por su abundancia en cines, cafeterías, etc., y se constituye en el paseo de moda en el centro de Madrid. Esta animación continuó atrayendo a los mejores establecimientos, que a través de sus escaparates competían por captar la atención del público. Otro factor importante en el desarrollo comercial de la Gran Vía es el turismo, sobre todo el internacional. No obstante, el oscurecimiento de este tramo es hoy notorio y ha perdido parte del esplendor que poseía hace cuarenta años.

B) De la Red de San Luis a la Plaza del Callao.

Considerado como el mejor tramo de la nueva Gran Vía, la Avenida Pi i Margall se diferenciaba por su mayor anchura con respecto al primero y por su llanura con respecto a aquel y al tercero. De hecho, este tramo no tiene pendiente y será dos años después de la conclusión del pavimento (1922) cuando se la dote de alumbrado público.

Probablemente, fue esta vía una de las más importantes de su tiempo, no sólo por su situación, sino por las perspectivas de construcción que sobre ella se planearon : la suntuosidad de sus edificios, la anchura de sus aceras y el propósito de verla levantada como un lugar de comunicación, recreo, comercio y esparcimiento. Sin embargo, aunque estos proyectos no vieron jamás la luz, pueden ser significativos del espíritu comercial con el que fueron diseñados.

Su ubicación en el centro, su cercanía a la Puerta del Sol y, sobre todo, la apertura de la estación de Metro de la Gran Vía correspondiente a la Línea 1, se constituyeron como acicates del continuo trasiego que acompañó a la calle desde el momento mismo de su inauguración. Precisamente lo concurrido de la zona, junto con ese afán comercial a semejanza de las principales capitales europeas, propició su elección como lugar idóneo para establecer los primeros grandes almacenes de la ciudad.

Aparte de los grandes almacenes, este tramo de la Gran Vía se caracterizó, en los años veinte, por la presencia de dos tipos de comercio : el de las compañías de seguros, que adquieren, además, en propiedad, la mayor parte de los edificios, y los establecimientros de maquinaria, si bien estos últimos desaparecerán de la geografía de la calle a medida que la ciudad experimentaba una expansión.

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De lleno ya en los años treinta, apareció uno de los fenómenos más representativos de esta calle. En enero de 1934, y a pesar del fracaso de algunos grandes almacenes de la vía, quedó constituido un nuevo proyecto comercial : el SEPU o Sociedad Española de Precios Únicos, que basó su éxito en la venta de un surtido de artículos reducido, de fácil manejo, susceptible de venderse en grandes cantidades y con un precio de venta al público al alcance de prácticamente todos los bolsillos.

En los años cuarenta, el tramo continuo consolidándose comercialmente, gracias sobre todo al rejuvenecimiento de gran parte de sus tiendas, que modificaron su aspecto y sus técnicas para adecuarse al mercado de la posguerra. Tanto es así, que los años cincuenta y sesenta fueron los del gran esplendor para el comercio de la Gran Vía, debido en buena parte, como ya explicamos antes, al turismo que se asienta en los hoteles de la zona.

En la época del llamado desarrollismo, en el decenio de los sesenta del siglo XX, cuando España comienza a dar los primeros pasos por la senda de la sociedad de consumo, la Gran Vía fue uno de los puntos nodales del crecimiento y prosperidad de los grandes almacenes. En los alrededores de la plaza del Callao se ubicaron los dos símbolos emblemáticos de la sociedad de consumo: Galerías Preciados y El Corte Inglés. En la actualidad, este tramo mantiene todo lo que entonces tuvo de espíritu comercial y continua constituyendo una de las principales avenidas de la capital.

 

C) De la Plaza del Callao a la Plaza de España.

Ya hemos indicado más arriba que la urbanización de esta sección fue la de mayor complejidad, como lo demuestra el que se comenzara a construir durante la dictadura de Primo de Rivera, y no se concluyera hasta el final de la Guerra Civil. Esto provoca que, incluso, se generaran listas de espera entre comerciantes ávidos de conseguir los permisos necesarios para establecerse y abrir sus negocios.

Destacaron en estos primeros momentos los comercios de tejidos y, especialmente, el gremio de libreros con la Sociedad General Española de Librería, acompañados de las primeras agencias de viajes y nuevos locales dedicados a la maquinaria y a automóviles, sin olvidar el aumento paulatino y silencioso de cafés, bares, restaurantes y tertulias.

La Guerra Civil provocó un parón estrepitoso de la actividad de la zona, nada extraño si tenemos en cuenta que fue ésta una de las áreas consideradas de guerra por su proximidad al frente, lo que obligó incluso a algunos comerciantes a tapiar los escaparates de sus establecimientos.

La posguerra trajo consigo el incremento de los edificios circundantes, que ocupaba una clientela de alto poder adquisitivo, proveniente, en general, de aquellos países con los que España todavía mantenía relaciones. De esa forma se entiende el auge y la prosperidad del sector hotelero durante los años de la autarquía.

Para finalizar, y considerando la Gran Vía, no como un elemento autónomo y aislado, sino como un ente de vida propia, se puede constatar un desplazamiento del interés comercial, como si la aparición sucesiva de los tramos invitara a los anteriores a mantener con éstos cierta rivalidad por el negocio. Asímismo, la consolidación como punto comercial de la Gran Vía, se ha revelado en el eslabón que ha facilitado el desarrollo de otras zonas. Un ejemplo de ello es la calle de la Princesa, si bien el fomento de estas otras áreas ha repercutido inevitablemente en perjuicio de la propia Gran Vía.

El paso del tiempo, su ubicación y su belleza hacen de ella uno de los lugares más frecuentados por los madrileños y por visitantes que se asoman a nuestra capital, Madrid.

 4.- LOS CINEMATÓGRAFOS.

A pesar de ser uno de los edificios más importantes de Madrid, no cuenta con edificios de talla arquitectónica desde los últimos cincuenta años. Prácticamente todos fueron construidos antes de la Guerra Civil; y a eso no escapan los locales dedicados al cine. El esquema arquitectónico era, usualmente, realizado para cubrir las necesidades tanto del teatro como del cine. Desde un punto de vista estilístico la Gran Vía está compuesta de una amalgama de edificios inconexos en cuanto a composición externa. No obstante, hoy en día la imagen que tenemos de esta zona de la Gran Vía es coherente.

Centrándonos en los edificios que albergan salas de cine, un primer ejemplo se encuentra en el "Palacio de la Música", encargado a Secundino Zuazo, que dirigió la obra entre 1924-28, y que hoy se alza a la altura de la Gran Vía nº 35. Cabe decir sobre este edificio que es en su exterior, bastante frío y árido a la vista, y más hoy, ya que esta fachada esta oculta por enormes carteles que anuncian los estrenos.

Por esa misma época, Pedro Muguruza fue encargado para levantar lo que es hoy el "Palacio de la Prensa", sito en la calle Gran Vía nº 46. Este arquitecto importa el nuevo estilo americano, donde cuenta más la plurifuncionalidad que el edificio en sí mismo, ya que en esta nueva construcción no sólo existe un cine, sino también oficinas y locales comerciales.

El siguiente mecanógrafo que nos llama la atención es el "Cine Callao", situado en la plaza del mismo nombre y construido entre 1926 y 1927 por Luis Gutiérrez Soto. Su dificultad principal residía en la excesiva estrechez y longitud del solar. Exteriormente la fachada presenta una serie de titubeos propios del vacilante momento artísitico que atravesaba España en esa época, a la vez que el hormigón de la mole confería un aspecto bastante tosco al edificio en general.

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Completamente opuesto es el edificio "Colisevm" (Gran Vía nº 78, proyectado por Jacinto Guerrero entre 1931 y 1933). De nuevo, la plurifuncionalidad es la nota dominante, ya que la sala de proyección también podía ser transformada en sala de conciertos. El material empleado es de nuevo hormigón, habiéndose proyectado con esqueleto metálico el edificio de pisos. Pero donde el edificio se nos presenta más novedoso es, quizá, en su aspecto exterior, que debía ser similar a los grandes rascacielos neoyorquinos del momento. Renunciando conscientemente a cualquier tentación historicista, mirándose en la modernidad del próximo, espacial y temporalmente, edificio de la Telefónica. Este edificio eclipsó a otros como el "Cine Rialto" (1926-30, Gran Vía 54), el "Cine Avenida" (1927-28, Gran Vía, 37) el "Cine Imperial" (1933-35, Gran Vía, 32).

Siguiendo esta misma línea, fue construído el edificio Carrión, más tarde "Capitol", (1931-33, en Gran Vía, 41), promovida por Enrique Carrión y diseñado por Luis Martínez-Feduchi y Vicente Eced. Este este edificio multifuncional satisfizo múltiples necesidades (oficinas, residencias, apartamentos...), acordes todas ellas con los nuevos ritmos de la población. Ambos arquitectos idearon un edificio de 16 plantas, que habilitaba estancias para todo tipo de oficios; entre ellos el cine que fue relegado al fondo del solar, y construído con materiales como el mármol y el granito. Lo verdaderamente importante de este cine Capitol es la excelente armonía que guarda con respecto al Paseo de la Castellana. Los edificios diseñados para albergar la sede del nuevo arte, que en los años treinta ya había conquistado el imaginario social, marcaron con su impronta, tanto arquitectónica como funcional,   el perfil de la Gran Vía como la gran avenida que introducía a la capital en los caminos de la modernidad.

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Por último, mencionar uno de los edificos más espectaculares construídos en los años 40, bajo la tutela de la Compañía Inmobiliaria Metropolitana, y obra de Julián y Joaquín Otamendi. Sito en el número 76 de esta avenida, albergaba el "Teatrocinema Lope de Vega", característico por su gran aforo y por un escenario que permitía el desenvolvimiento escénico múltiple.

Para finalizar, habremos de citar los más que modestos cines "Rex" y "Gran Vía", sin olvidarnos del estrambótico y retórico "Cine Pompeya", llamado así, tal vez, por el acusado estilo de su ornamentación exterior.

Así pues, y volviendo al comentario inicial, la conclusión principal es que el cine de hoy ha de verse todavía en los edificios levantados por nuestros abuelos antes de la Guerra Civil, aunque, ¿no tiene eso un cierto encanto?. Bien es verdad que aunque en la mayoría de los casos conservan las fachadas originales, interiormente han sufrido importantes tranformaciones interiores para adecuarse a la nueva demanda, con la división de las grandes salas en otras más reducidas, a través de la constitución de los multicines.

De lo dicho hasta aqui, es fácil colegir la importancia que la Gran Vía, como proyecto urbanístico, ha tenido en la definición del Madrid del siglo XX. De hecho, puede ser considerado como una de las grandes reformas urbanas que han transformado la ciudad en el siglo XX, impregnando con su personalidad al conjunto de la capital y proyectando su influencia en posteriores proyectos de reforma y ampliación de la urbe, especialmente en el caso del Paseo de la Castellana.

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