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La
Junta para Ampliación de Estudios, 1907-1936
1. MADRID, FOCO DE
ATRACCIÓN CULTURAL.
A lo largo del siglo XIX, Madrid se
consolida como espacio productor de cultura, donde, según Jesús A. Martínez Martín, "convergen
productor e instrumentos de difusión". Durante los siglos anteriores, continúa
señalando Martínez Martín, la capitalidad constituyó un polo de atracción para todos
aquellos hombres de cultura en busca de protección o mecenazgo en la Corte. No obstante,
este panorama se diversificaría y ensancharía al ritmo del contacto con el mundo
cultural europeo. Se inició de esta forma un proceso de desacralización del saber que
arrastraría consigo la crisis del modelo de cultura oficial. Aunque esto no implicó su
desaparición, sino un proceso de transformación y reorientación, pues el liberalismo
incrementó las vías del debate cultural, impulsando procesos de asociacionismo que
acabaron cuajando en diversas instituciones privadas. Es Madrid como capital la que atrae
a la intelectualidad española y la ciudad se consolida como escaparate de la cultura
nacional.
Más allá de estas características, en torno a la década
de los ochenta y noventa del siglo XIX comienza a gestarse en Madrid lo que se ha llamado
Edad de Plata de la cultura española. Es en esos momentos cuando tiene lugar la
inauguración de los nuevos locales del Ateneo de Madrid, al frente de cuya presidencia se
encuentra Antonio Cánovas del Castillo. Asimismo, entre 1884 y 1885 se publican los dos
volúmenes de La Regenta y en 1886 y 1887 aparece Fortunata y Jacinta de Galdós. Por otro
lado, durante esos años también aparece en España El origen de las Especies de Darwin.
Se inaugura de esta forma una etapa en la vida cultural española y madrileña que se
prolongó hasta el estallido de la Guerra Civil y en la que, tal y como ha señalado Luis
Enrique Otero Carvajal, "hablar de Madrid como el centro de creación cultural y
científica de la España del momento no es una exageración. La propia estructura de la
Universidad española de la época, hacía de Madrid el centro de la ciencia oficial,
posición acrecentada por la localización en la capital de las diferentes Reales
Academias y otros organismos oficiales". Además, en Madrid se situaban todas
aquellas instituciones no oficiales en las cuales se debatían los grandes temas del
país: el Ateneo o la Institución Libre de Enseñanza, pieza esencial en la renovación
cultural y en la aparición de la Junta para Ampliación de Estudios. Todos los
intelectuales de la época sintieron la llamada de Madrid.
La atracción que Madrid ejerció sobre el mundo de las
letras y las ciencias fue irresistible y a lo largo del siglo XIX esta tendencia no hizo
sino acrecentarse. Con el nuevo siglo aparece el intelectual ligado a Madrid, pues en la
ciudad encuentran todos los órganos y atributos de poder: desde un periódico a una
editorial, pasando por las cátedras, etc. Esto les otorga y convierte en protagonistas,
permitiéndoles actuar también en la vida política del país, transformándose en muchos
casos en la conciencia crítica y suplicante de una renovación, con especial incidencia y
reiteración a raíz del desastre del 98. Esa conciencia crítica lleva consigo una idea
de compromiso, palpable en la búsqueda de la renovación y regeneración de España. Poco
a poco se reconocerán como grupo coherente y pronto la crítica se convierte en
oposición política, que en el caso de algunos de ellos, como es Ortega, desemboca en su
intento de crear un partido político de la intelectualidad, la Alianza al Servicio de la
República, fundado el 10 de febrero de 1931.
2. LA EDAD DE PLATA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA: LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE
ESTUDIOS E INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS.
A lo largo de los primeros decenios del siglo XX asistimos
en España a un despegue de la aletargada y paupérrima ciencia que se practicaba. Este
florecimiento tuvo en Madrid su centro por excelencia y en ello jugó un papel destacado
la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), quien agrupó sus principales instituciones
dedicadas a la investigación y estudio en la capital. No quiero entrar en la discusión
que en torno a si el concepto de Edad de Plata de la ciencia española es o no adecuado
para definir esta época, pues, por otra parte me parece un debate bizantino. Sin embargo,
lo que si voy a abordar es la extendida opinión que existe acerca del carácter
centralista de la Junta, pues además es una cuestión que se amolda a este trabajo. No
obstante, abordaré este punto en el último capítulo de este trabajo, pues ahora quiero
poner de relieve cual fue la actividad que la Junta llevó a cabo en sus centros y que
significado tuvo aquello para la ciudad de Madrid.
2.1. Los orígenes de la
Junta para Ampliación de Estudios.
En 1898 España perdió la guerra
que con Estados Unidos mantuvo por sus últimas colonias. La derrota dio lugar a un
período de reflexión y crítica que ya venía prolongándose desde 1868 y que ahora se
agudizó al introducirse la noción de Desastre. De la mano de éste se renovó la
polémica sobre la ciencia en España y se multiplicaron las manifestaciones acerca de que
habíamos sido derrotados "en el laboratorio y en las oficinas, pero no en el mar
o en la tierra". La consecuencia inmediata fue la creación del Ministerio de
Instrucción Pública y Bellas Artes el día 28 de abril de 1900, institución que
patrocinó la fundación de la JAE siete años después.
Francisco J. Laporta, A. Ruiz Miguel, Virgilio Zapatero y
Javier Solana han señalado que a finales del siglo XIX y comienzos del XX el panorama era
este: "una concepción del mundo desdeñosa de la ciencia y un sistema educativo
débil, que se dirige a una exigua minoría del país y no es capaz de suministrar los
rudimentos de una información apta para provocar un desenvolvimiento económico".
En este mismo sentido se pronuncia Julio Ruiz Berrio cuando señala que "junto a
esas minorías de poder económico existían las minorías intelectuales, aunque en la
mayor parte de las ocasiones coincidían". Por tanto, según Laporta sería
ahora cuando "se va a transformar en tema central de nuestra literatura crítica
el análisis de nuestra postración a la luz de lo que acontece en las naciones más
avanzadas. El origen de las ideas que darán posteriormente lugar al nacimiento de la
Junta para Ampliación de Estudios ha de encontrarse sin duda en este tema central".
Los
acontecimientos de 1898 provocaron que un debate que se podía remontar a 1868 adquiriese
una importancia vital dentro de las preocupaciones sociales del momento. En este contexto
fue donde pudo triunfar el ideario de la Institución Libre de Enseñanza, ya que
Francisco Giner de los Ríos, director de la misma, ofreció su versión del atraso
científico español al señalar como causante la falta de contacto con Europa. La
solución para Giner y todos los institucionistas era el envío de pensionados a otros
países, pero esto no podía ser de por sí suficiente. Era, además, necesario que
aquellas "excursiones al extranjero" fuesen guiadas por personas
preparadas. La Junta quiso por ello convertirse en órgano educador y no solo expendedor
de viajes. Asimismo se piensa en traer maestros extranjeros para enseñar en España. Este
planteamiento general de "europeización funciona en el 98, en el
regeneracionismo, y, hasta cierto punto en los pedagogos de la Institución Libre de
Enseñanza, como una alternativa global a la situación, uno de cuyos puntos de programa
sería el envío de pensionados al extranjero".
Fue en este contexto en el que la Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas nació por un Real Decreto del 11 de enero de 1907, publicado
en la Gaceta el 18 del mismo mes, bajo el gobierno liberal de Vega Armijo y con Amalio
Gimeno como ministro de Instrucción Pública. La Junta comenzó a funcionar en un modesto
piso de la plaza de Bilbao, en el número 6, para luego trasladarse a la calle Almagro y
de aquí a la calle Medinaceli.
2.2. Organización
interna, objetivos y medios de la Junta.
Formentín Ibáñez y Villegas Sanz
señalan que "el aparato burocrático en que se apoyaba la JAE no fue nada
complejo. La clave de su éxito y de su buen funcionamiento se basó en la elección de
personas preparadas y de confianza que fueron capaces de llevar a cabo las misiones
encomendadas". El 27 de enero de 1907, dieciséis días después del nacimiento
de la Junta se aprobó un reglamento que concedía amplia autonomía a la misma y en él
se especificaron sus bases constitutivas. El organigrama de la JAE quedó diseñado de la
forma siguiente:
JUNTA PLENA: formada por 21 vocales y el secretario.
COMISIÓN EJECUTIVA O DIRECTIVA: presidente, dos vicepresidentes, dos vocales y
secretario.
SECRETARÍA: secretario, vicesecretario y personal administrativo.
Tal y como señalan Formentín Ibáñez y Villegas Sanz, las dos
primeras tenían un carácter decisorio-deliberante, mientras la secretaría ejecutaba el
trabajo de organización y gestión de todos los asuntos. Por otro lado la Junta contó
con gran autonomía e independencia de funciones en el orden técnico y pedagógico. De
esta forma se entiende la facultad que tenía para designar pensionados, crear nuevos
centros y nombrar sus directores, así como para adquirir y poseer bienes, y elegir nuevos
vocales. Ya en 1907, desde sus comienzos, la presidencia estuvo encarnada en la persona de
Santiago Ramón y Cajal, mientras la secretaría recayó en José Castillejo.
La historiografía ha subrayado la autonomía e
independencia con que nació la Junta pese a ser un organismo de naturaleza oficial creado
por el Ministerio de Instrucción Pública. Junto a ello la Junta procuró huir de la
excesiva burocratización y complejidad administrativa, siguiendo con ello un criterio ya
marcado por los institucionistas y que consistió en evitar que la labor de la JAE se
perdiera entre la burocracia administrativa. Finalmente, junto a la autonomía y la escasa
complejidad administrativa, los distintos autores han destacado el espíritu de
neutralidad política con el que nació la JAE y que mantuvo a lo largo de toda su
existencia. La mejor prueba de esta última característica fue la variedad de ideologías
que se recogieron en la composición de vocales de la Junta, quienes oscilaron desde los
elementos más conservadores a otros más liberales.
La JAE no nació de la nada, sino que en su creación es posible
apreciar unos objetivos claros y unos medios para lograrlos. Ha sido Sánchez Ron quien
mejor recogió los objetivos de la Junta, expresados ya en el decreto fundacional: formar
al personal docente futuro y dar al actual los mejores medios para acercarse a las
naciones más cultas. Los medios fueron las pensiones, conociéndose a la JAE por ello
como "Junta de Pensiones". En general, la historiografía ha puesto el
acento en el hecho de que la Junta nació con dos objetivos claves: la renovación
pedagógica (en especial del cuerpo docente) y la provisión de pensiones para elevar el
nivel cultural de España y colocar al país al nivel de los más adelantados en Europa.
En este mismo sentido, la mayor parte de los autores consultados han destacado como
elementos fundamentales aquellas las instituciones dedicadas a la investigación (Centro
de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales y Asociación de
Laboratorios) y los centros de docencia (Residencia de Estudiantes, Instituto-Escuela y
Escuela de Párvulos de Simancas). Estos debían ser los lugares de destino donde acabaran
los pensionados con el fin de no perder lo aprendido fuera. Las pensiones y los centros
(tanto educativos como de investigación) fueron los instrumentos a los que acudió la
Junta para elevar el nivel educativo del país, provocar la renovación pedagógica del
cuerpo docente y con ello colocar a España entre las naciones más adelantadas.
De esta forma, Madrid contó a comienzos de siglo con una institución
oficial cuya necesidad parecía indudable y la equiparaba a las ciudades más modernas de
Europa (Berlín, Viena, París o Londres). Sin duda, la Junta era el complemento ideal a
la Universidad, aunque lo cierto es que las relaciones entre ambas no fueron todo lo
cordiales y complementarias que hubiese sido deseable, pues la Universidad se sintió
amenazada por una nueva institución que venía a ocuparse de algunas facetas que habían
sido tradicionalmente suyas, pese a que bajo su régimen no habían encontrado el
desarrollo que debieran.
2.3. Las iniciativas
educativas e investigadoras de la Junta en Madrid.
Las aspiraciones regeneracionistas
se materializaron en toda una serie de instituciones y centros que la JAE patrocinó a lo
largo de su no muy dilatada existencia. Entre las iniciativas de carácter educativo
destacaron la Residencia de Estudiantes y el Instituto-Escuela, pero no carecieron tampoco
de importancia en el terreno de la investigación científica el Centro de Estudios
Históricos o el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales. En cualquier caso,
todos ellos tuvieron como sede la ciudad de Madrid y no fue un fútil capricho, sino que
respondió a una concepción heredada de la propia Institución Libre de Enseñanza.
2.3.1. LA RESIDENCIA DE
ESTUDIANTES.
"La
Residencia de Estudiantes es García Lorca, Dalí o Buñuel, pero no es sólo eso, y ni
siquiera eso es lo fundamental. Si lo es (...) la coherente vertebración interna de un
proyecto residencial en el que nada se deja a la improvisación, en el que la rigurosa
fidelidad a una idea liberal y corporativa de Universidad permitió lograr un clima
intelectual, cultural y social tan brillante como infrecuente en los ambientes
universitarios españoles de la época". Estas palabras de Pérez-Villanueva
creo que expresan muy bien lo que pretendieron los hombres de la Junta al crear la
Residencia y es que en la crítica que el reformismo regeneracionista dedicó al estado de
la educación en España se plantea de forma recurrente la necesidad de instituciones
residenciales, en especial en los niveles de enseñanza superior, siempre teniendo en
mente la situación y modelo de Inglaterra.
La Residencia de Estudiantes se colocó bajo la tutela de la Junta para
Ampliación de Estudios y ello, según Pérez-Villanueva, como consecuencia de uno de los
dos objetivos que ésta se había planteado: "provocar una corriente de
comunicación científica y pedagógica con el extranjero, y agrupar en núcleos de
trabajo intenso y desinteresado los elementos disponibles en el país". La "Resi"
(que así fue conocida familiarmente) fue creada, junto con su Patronato, por un Real
Decreto firmado el 6 de mayo de 1910, aparecido el 8 de ese mismo mes en la Gaceta,
teniendo como director a Alberto Jiménez Fraud. Ese año fue el mismo en que también se
crearon el Centro de Estudios Históricos, el Instituto Nacional de Ciencias y la Escuela
Española en Roma. Esto, según Pérez-Villanueva, "pone de manifiesto la
importancia concedida por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas a la institución residencial, que surge así al mismo tiempo que las
principales creaciones de la corporación, como parte integrante de su proyecto
global". La historiografía en general ha insistido en el hecho de que el
nacimiento de la Residencia respondía a un intento de conseguir una educación total en
el estudiante y no la mera instrucción en unas materias, lo cual era parte integrante de
las ideas educativas que los institucionistas y José Castillejo tenían. Pero asimismo,
los distintos autores han recogido una idea que guió a los impulsores de la Residencia:
rescatar a los estudiantes del sórdido ambiente de las casas de huéspedes o pensiones,
donde en ningún modo se daban las condiciones adecuadas para el estudio. En este mismo
sentido se ha manifestado Miguel Aullé Salvador cuando señalaba en 1925 que las
residencias fueron desconocidas en España hasta pocos años antes y su consecuencia
había sido la situación lamentable en que se veía el estudiante español, falto de
apoyo a una edad clave. Nacía, de este modo, una institución residencial que pretendía
recuperar la tradición de los Colegios Mayores en España, incorporando la moderna
organización y nueva vitalidad de los colleges ingleses. Incluso algunos autores han
apuntado a Oxford y Cambridge como modelos de inspiración inmediata. En cualquier caso,
ha sido García de Valdeavellano el primero en subrayar que la Residencia vino a ser un
complemento de la Universidad o Escuelas Técnicas donde se formaban los estudiantes, pero
que no eran capaces de otorgar a los mismos una formación completa: convivencia con
profesores, laboratorios para investigar, biblioteca, lecturas, conferencias, actividades
deportivas, sesiones de música, es decir, una educación total y humana.
El primer curso en la Residencia de Estudiantes se
inauguró el 1 de octubre de 1910 en el número 14 de la calle Fortuny en Madrid. La
decisión de elegir Madrid como ciudad donde situar la Residencia de Estudiantes
respondió, según Pérez-Villanueva Tovar, a su condición de capital del Estado,
disponer de medios para el desarrollo científico y cultural, y también a la presencia de
la Universidad Central. Esta ubicación no es más que parte de la concepción global de
la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, la cual sitúa sus
principales centros y a ella misma en Madrid. No obstante, esta centralización levantó
protestas en algunas provincias, a lo que Santiago Ramón y Cajal respondió que era mejor
concentrar todos los esfuerzos donde hubiera recursos y personal capacitado, pudiéndose
ver día a día los logros conseguidos y poder hacer rectificaciones. Pero además,
Pérez-Villanueva nos dice que detrás de todo este panorama se encuentra una de las ideas
de la Institución Libre de Enseñanza: concentrar la reforma para luego extenderla. En
cualquier caso, la Junta no hizo sino seguir "pautas ya iniciadas por sus
inspiradores", ya que los institucionistas se habían agrupado en Madrid para
concentrar fuerzas.
Pero
si descendemos a niveles más concretos, la elección de la calle Fortuny respondió a
varias motivaciones. En primer lugar, el ambiente de limpieza y tranquilidad en el que se
desenvolvía esta zona de Madrid, haciéndola apta para el estudio, conforme a las ideas
que habían guiado a los institucionistas. Asimismo, en segundo lugar, en la misma zona de
Madrid se encontraba la Institución Libre de Enseñanza y el International Institute for
Girls in Spain, del que más adelante la Residencia adquiere edificios y con quien la
Junta mantendrá una estrecha colaboración. Para Pérez-Villanueva no es casualidad, sino
que viene a poner de manifiesto la convergencia de las ideas institucionistas sobre los
lugares idóneos para ejercitar el estudio y significa que la Residencia de Estudiantes
quiere seguir el modelo ensayado por la Institución Libre de Enseñanza. El 6 de julio de
1912 la Junta para Ampliación de Estudios aprueba un proyecto de ensanche de la
Residencia y el 14 de noviembre de ese mismo año se solicita al Ministerio de
Instrucción Pública el Paseo del Rey en la Moncloa para edificar nuevos pabellones. Por
ello, a partir de enero de 1913 se inician nuevas diligencias para conseguir otros
terrenos en los Altos del Hipódromo, cuya elección responde a las mismas
características que ya habíamos visto en Fortuny, es decir, tranquilidad, aislamiento y
ambiente adecuado para el estudio.
"La nueva Residencia se concibe desde el primer momento como
un conjunto de edificios independientes y de proporciones reducidas, (...) que explicita
el horror sentido por sus responsables hacia la aglomeración de los internados".
Asimismo, este sistema de pequeños edificios separados ofrecía la ventaja de poder
escalonar la construcción de acuerdo a las posibilidades económicas de la Junta. Las
obras de construcción las dirigió el arquitecto Antonio Flórez y antes de 1914 se
habían terminado los dos edificios destinados a dormitorios. Asimismo ese año se inicia
también un tercer pabellón para laboratorios, pero que también contendrá dormitorios y
otros servicios. En 1915 Antonio Flórez se desvincula de la Residencia y la Junta
encuentra un sucesor en Francisco Javier de Luque, quien fue el encargado de levantar un
cuarto edificio, el llamado posteriormente Transatlántico, ya que disponía de un balcón
corrido que le asemejaba a esa figura, finalizado en 1916 y a él se trasladaron los
distintos laboratorios. También se acondicionó el exterior vallándolo, ajardinándolo y
levantando campos de tenis y fútbol. En 1916 se construyó un edificio independiente para
biblioteca y el 10 de abril de ese mismo año se envía también un anteproyecto para un
quinto pabellón que el Ministerio rechaza por muy costoso, por lo que se hace una segunda
propuesta más modesta que será aceptada el 31 de agosto, quedando listo en febrero de
1917. En los años siguientes, las fuertes inversiones en Fortuny, donde se había
instalado la Residencia de Señoritas una vez que el grupo universitario se trasladó a
los Altos del Hipódromo, hicieron que en este último sólo se hicieran obras de
reparación y mantenimiento. Aparte de esto no se volvieron a hacer obras importantes
hasta 1923, en que se inició un sexto pabellón, terminado en 1924.
Sáenz de la Calzada fue quien puso de relieve el temor que
Alberto Jiménez Fraud tenía de que "alguien comprara los extensos terrenos que
rodeaban a la Residencia de Estudiantes y edificara enormes construcciones privando a los
residentes de la paz que necesita el estudio". No obstante, los temores cesaron
cuando en 1926 se llevó a cabo una ampliación donde se construyó el Instituto-Escuela y
el Instituto Nacional de Física y Química. Asimismo, en 1928, el Ministerio de
Instrucción Pública llevó a cabo la compra de nuevos terrenos alrededor de la
Residencia, los cuales permitieron ensanchar ésta y los dos nuevos Institutos. En esta
ampliación la Residencia decidió complementar las construcciones deportivas, algunas de
las cuales no llegaron a realizarse (frontón y piscina). Finalmente, en 1933 se llevaría
a cabo una última ampliación, encargada a Carlos Arniches y Martín Domínguez, a
través de un edificio que se conocería como Auditorium (destinado a sala de
conferencias, conciertos, biblioteca y cursos).
2.3.2. EL
INSTITUO-ESCUELA DE MADRID.
La
Junta para Ampliación de Estudios creó el Instituto-Escuela en 1918 por un Real Decreto
del 10 de mayo. Según Luis Palacios Bañuelos "para la Junta suponía dar un
paso más en sus intenciones de ir cubriendo todo el terreno educativo desde los jardines
de infancia hasta el final de los estudios universitarios". El político que
acogió la idea fue Santiago Alba, entonces ministro de Instrucción Pública. En
cualquier caso, el Instituto-Escuela fue un ensayo pedagógico, pues en él se aplicaron
nuevos planes de estudios, nuevos medios y métodos educativos y se experimentó la
aplicación de nuevas técnicas en la enseñanza. No puede, por ello, resultarnos extraño
que Antonio Moreno y José Manuel Sánchez Ron lo hayan calificado de "laboratorio
pedagógico". Entre las novedades más destacadas que introdujo este nuevo
centro cobran especial significado la ausencia de exámenes para superar los cursos, se
procuró favorecer la coeducación, se evitaron los libros de textos, se potenció la
enseñanza de idiomas y el contacto con la naturaleza o la cultura a través de
excursiones a museos de Madrid o poblaciones cercanas.
Una característica que acompañó al Instituto-Escuela durante toda su
historia fue la dispersión de edificios. La historiografía ha considerado esta
fragmentación como un aspecto negativo que se prolongó a lo largo de la existencia del
centro educativo. Además, esta dispersión impidió que se lograran algunos de los
ideales que guiaron el funcionamiento del Instituto-Escuela, en especial el de
coeducación, ya que los grupos de niños y niñas se vieron forzados a estar aislados
unos de otros. Como señala Elvira Ontañón, la cuestión de los locales y las
dificultades económicas fueron una constante en la vida del Instituto-Escuela, opinión
que comparte el resto de la historiografía consultada.
El Instituto-Escuela nació ocupando el local que el Instituto
Internacional tenía en Miguel Ángel 8. Se trataba de un edificio muy lujoso construido
con los materiales más selectos al estilo de los edificios públicos norteamericanos.
Contaba con cinco pisos en total y el Instituto-Escuela permaneció en él hasta 1928,
pero, en 1919, un contrato que firmó la Junta con el Instituto Internacional estableció
que los edificios debían destinarse únicamente a la educación de niñas y mujeres. La
solución que la Junta encontró fue llevar a los niños a un pabellón de la Residencia
de Estudiantes en la calle del Pinar y lograr que el Instituto Internacional permitiera a
los niños pequeños quedarse mientras se encontraban más edificios. Esto generó la
sensación de provisionalidad y escisión en el centro. En 1921 se hicieron obras en el
pabellón de la Residencia de Estudiantes para ampliarlo y acoger allí todas las clases
de la sección de niños del Bachillerato, incluso las de Miguel Ángel 8, pero las
dificultades siguieron siendo enormes. Por ello, la Junta presentó al Ministerio el 29 de
enero de 1921 un plan de edificaciones en los terrenos del Olivar de Atocha. Hacia 1925
comenzó a construirse el nuevo edificio en las proximidades del Retiro, inaugurándose en
el curso 1928-29. Se levantó en un terreno elevado y saludable, alejado de los grandes
núcleos de población. Pero en 1928 el Instituto Internacional se negó a prorrogar el
contrato de Miguel Ángel 8, por lo que se vieron en la obligación de enviar a los niños
al nuevo edificio y a las niñas al local de la calle del Pinar, medida que se aprobó el
17 de agosto de 1928. Finalmente, la Junta encargó a Arniches y Martín Domínguez la
construcción de los edificios del Instituto-Escuela en los Altos del Hipódromo en tres
pabellones (el de Primaria en 1933, Biblioteca y Auditorio en 1931-33, y el de
Bachillerato en 1931).
2.3.3. EL CENTRO DE
ESTUDIOS HISTÓRICOS.
Con
el fin de cumplir lo que en el Real Decreto de creación de la Junta se refería al
fomento de la investigación en España y el patrocinio de instituciones capaces de evitar
la dispersión de fuerzas, el 18 de marzo de 1910 veía la luz el Centro de Estudios
Históricos, cuyo presidente fue Ramón Menéndez Pidal desde 1915. Se trataba de una
institución dedicada a estudios históricos, pero entendiendo por éstos, tal y como
señala Francisco Abad, las ciencias humanas en general. Las funciones a las que tenía
que atender, conforme a lo redactado en el Real Decreto, era: en primer lugar, investigar
las fuentes, preparando ediciones críticas de documentos inéditos o defectuosamente
publicados; en segundo lugar, organizar misiones científicas, excavaciones,
exploraciones, etc.; en tercer lugar, iniciar en la investigación a algunos alumnos para
que tomen parte de las tareas anteriores; en cuarto lugar, comunicarse con los pensionados
en estudios históricos para ayudarles y recoger sus iniciativas, y, en quinto lugar,
formar una biblioteca y establecer intercambios con centros análogos extranjeros.
El Centro de Estudios Históricos tuvo varias sedes a lo largo de su
historia. Su ubicación inicial fue en el Palacio de Biblioteca y Museos, utilizando parte
del local que ocupó el Museo de Ciencias Naturales. La estancia en esta sede se prolongó
desde 1910 a 1919 y Justo Formentín Ibáñez nos dice que aunque conectado con la
Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico, era un lugar inadecuado porque pronto las
distintas secciones del Centro comenzarían a crecer y no habría suficiente espacio, lo
que generó una gran incomodidad para trabajar. Por ello, el Centro de Estudios
Históricos se trasladó a la calle Almagro 26. Pero en el año 1931 se instaló en su
destino definitivo, la calle Duque de Medinaceli 4, lo que había sido el Palacio del
Hielo y del Automóvil, edificio hasta entonces utilizado como sede de deportes de
patinaje sobre hielo, juegos en general y exposición de automóviles, así como lugar de
ocio o sala de fiestas. Fue el arquitecto Muguruza el encargado de llevar a cabo los
planos para la reforma del edificio, con el fin de que éste se adaptase a las nuevas
necesidades. Este mismo autor también señala que la Junta pensó o tuvo interés en
trasladar el Centro de Estudios Históricos a un edificio autónomo en los Altos del
Hipódromo. Aunque estos planes se llevaron a cabo, las obras se iniciaron en 1935,
preveyéndose su ejecución en varios años, algo que hizo imposible la guerra.
El Centro de Estudios Históricos no fue una institución homogénea
que se dedicara a una labor en concreto, sino que estuvo constituido por diversas
secciones, las cuales tampoco fueron permanentes, sino que variaron a lo largo de los
años. Las principales secciones fueron las siguientes: Filología, dirigida por Menéndez
Pidal; Arqueología, dirigida por Manuel Gómez Moreno; Arte, dirigida por Elías Tormo;
Derecho, al frente de la cual estuvo Eduardo de Hinojosa; Instituto de Estudios
Medievales, dirigido por Sánchez Albornoz; Historia, cuya cabeza era Rafael Altamira;
Filosofía árabe, dirigida por Miguel Asín Palacios; Instituciones árabes, con Julián
Ribera a la cabeza; Filosofía contemporánea, dirigida por Ortega y Gasset; Archivo de
Literatura contemporánea, al frente de la cual se encontraba Pedro Salinas; Estudios
hispanoamericanos, dirigida por Américo Castro.
2.3.4. EL INSTITUTO
NACIONAL DE CIENCIAS FÍSICO-NATURALES.
El Instituto Nacional de Ciencias
Físico-Naturales nació por un Real Decreto de 27 de mayo de 1910. El presidente del
centro fue Santiago Ramón y Cajal, mientras Blas Cabrera ocupaba el puesto de secretario.
Su objetivo, de acuerdo a lo que se recoge en el Real Decreto según Sánchez Ron, era
agrupar a todas aquellas instituciones, museos, laboratorios y demás centros que se
dedicaban al fomento de las investigaciones científicas bajo una sola dirección, sin que
por ello perdieran su propia personalidad.
La
Junta para Ampliación de Estudios incorporó al Instituto Nacional de Ciencias una serie
de establecimientos que ya existían y éstos fueron los siguientes según nos informa
Sánchez Ron : el Museo Nacional de Ciencias Naturales (dirigido por Ignacio
Bolívar), Museo de Antropología (al frente del cual estaba Manuel Antón y Ferrándiz),
Jardín Botánico (dirigido por Apolinar Gredilla), Estación Biológica de Santander y el
Laboratorio de Investigaciones Biológicas (con Santiago Ramón y Cajal a su cabeza), que
más tarde, en 1920, se convertiría en el Instituto Cajal. No obstante, la Junta creó
también nuevos laboratorios, centros, etc. que se incorporarían al Instituto Nacional de
Ciencias. Éstos fueron: el conjunto de laboratorios que nacieron en la Residencia de
Estudiantes; la Estación Alpina de Guadarrama (desde 1910-11); la Misión Biológica de
Galicia; trabajos de Ciencias Naturales que, según Sánchez Ron, "la Junta
sostenía (...) dedicados principalmente a la formación práctica de estudiantes, en el
Museo Nacional de Ciencias y el Jardín Botánico"; asimismo encontramos la
Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, creada en 1912, con el
marqués de Cerralbo, el conde de la Vega del Sella y Eduardo Hernández Pacheco como
figuras más destacadas. Finalmente, se encuentra el Laboratorio de Investigaciones
Físicas, dirigido por Blas Cabrera y fundado en 1910. Agrupados en este laboratorio se
hallaban una gran variedad de secciones al frente de las cuales podemos ver a las más
destacadas figuras de nuestras ciencias en esos años. No obstante, lo más interesante en
torno al Laboratorio de Investigaciones Físicas tuvo lugar entre 1923 y 1932, cuando la
Junta para Ampliación de Estudios y la Fundación Rockefeller negociaron con vistas a la
creación de un instituto dedicado a investigaciones en Física y Química, fruto de lo
cual será la aportación que en 1923 la Fundación hizo de 420.000 dólares para
construir lo que se llamó Instituto Nacional de Física y Química en los Altos del
Hipódromo. Este vino a sustituir al Laboratorio de Investigaciones Físicas, aunque Blas
Cabrera fue también su director.
3. LA JUNTA PARA
AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS EN MADRID.
Existe una idea extendida que acusa
a la Junta para Ampliación de Estudios de ser una institución centralista, de agrupar
sus principales instituciones en Madrid, y que ello coadyuvó consigo consecuencias
negativas para la misma. La concepción general es que la labor de la Junta fue
sobresaliente, pero Alfredo Baratas Díaz señaló que "la evidencia de estos
logros no debe enmascarar algunas limitaciones en la actividad de la Junta. La primera es
su centralismo: la actividad de la Junta se desarrolló básicamente en Madrid".
Aunque Baratas Días no especifica cuales son concretamente las desventajas del
agrupamiento madrileño, lo cierto es que no hace sino moverse en la misma línea de otros
autores como Sánchez Ron o Pérez Villanueva. Pero al abordar una cuestión como esta no
podemos hacerlo desde los actuales parámetros peyorativos que se le conceden al
centralismo, pues dadas las condiciones en que se encontraba la España de aquel momento,
¿existía acaso otra posibilidad?
Lejos
de ver en este agrupamiento un factor negativo, más bien parece que aquello constituyó
una medida forzosa y, a la vez, también voluntariamente buscada para asegurar algún
éxito a la empresa que se había iniciado. En primer lugar, se trata de una medida
forzada por las circunstancias, pues si de alguna limitación pecó la Junta, esa fue de
presupuesto y la adjudicación de éste dependía del gobierno y más concretamente del
Ministerio de Instrucción Pública. Una prueba de ello es la inestabilidad que muchas de
las instituciones que dependieron de ella mostraron a la hora de fijar su residencia y el
caso del Centro de Estudios Históricos, junto con el Instituto-Escuela fueron
paradigmáticos. La causa está, sobre todo, en la necesidad que tuvo la Junta de acudir a
alquileres de locales para que sus centros pedagógicos y de investigación pudiesen
ponerse en funcionamiento, medida que trajo cierta inestabilidad cuando el contratista se
negaba a renovar el alquiler, situación a la que se tuvo que enfrentar la Junta más de
una vez. Para la JAE fue muy difícil responder inmediatamente a las necesidades de local
que le planteaban, pues no disponía de numerario para acceder a la compra de una
residencia fija. No debe extrañarnos, por tanto, que la Junta sólo fuese capaz de
mantener una corta lista de instituciones funcionando al mismo tiempo. Si esto era así,
hubiese resultado bastante torpe e ineficaz dispersar esas instituciones, muchas de ellas
complementarias, por toda la geografía nacional.
Por otra parte, y aquí entra en juego el factor correspondiente a la
búsqueda del éxito, si alguna ciudad reunía los requisitos para agrupar esas
instituciones y hacerlas mínimamente rentables, esa ciudad era Madrid. La capital
constituyó foco de atracción para las figuras más señeras de nuestra intelectualidad y
ciencia, además de contar con la única Universidad en la que podía cursarse el
doctorado. Los objetivos de la Junta eran procurar que aquellos estudiantes que querían
especializarse y ser motor de nuestra ciencia contasen con los recursos adecuados. No
hubiese sido una postura inteligente repartir las diferentes instituciones por el país.
En aquellos momentos, sólo Barcelona estaba en condiciones de competir con Madrid en la
oferta de recursos y posibilidades, e incluso ni siquiera al mismo nivel, pero es que
además, Barcelona contaba ya con instituciones de parecida naturaleza a la de la Junta:
el Instituto de Estudios Catalanes, a lo que hay que añadir el servicio que esta
institución estaba rindiendo ya a otros intereses, al nacionalismo catalán.
A todo ello hay que agregar la idea institucionista según la cual el
éxito de una reforma como la iniciada por la Junta reposaba en el contacto y apoyo de
todas aquellas actividades orientadas a la misma. Así que por mucho que nos esforcemos
resulta muy complicado encontrar en la España de aquellos años una ciudad que reúna los
medios, las características, las ventajas y, en especial, los individuos que Madrid
ofrecía para que la labor de la Junta lograse obtener el fruto deseado. En cualquier
caso, la realidad fue que la Residencia de Estudiantes, el Centro de Estudios Históricos
y el resto de organismos dependientes de la Junta constituyeron un éxito y reunieron en
torno a ellos a las principales figuras de nuestras letras y ciencias, por lo que Madrid,
sede de aquel conjunto, se benefició de sus logros gracias a que contaba con las
condiciones necesarias.
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INDICE DE FOTOGRAFIAS
Atleta
rubio. Emblema, en SAENZ DE LA CALZADA, M.: La Residencia de Estudiantes (1910-1936)
, CSIC, Madrid, 1986, p. 144.
Alberto
Jimenez Fraud en Fortuny, 14 en SAENZ DE LA CALZADA: Op cit, p.48.
Fortuny, 14, en SAENZ DE LA CALZADA,M: Op cit, p. 47.
Visita
de Alfonso XIII a Fortuny, 14, en PEREZ VILLANUEVA TOVAR,I.: Op cit, p. 49.
Cerro
de los Chopos, Pinar 21, en SAENZ DE LA CALZADA,M.: Op cit, p.58.
La
profanación del Tenorio, en SAENZ DE LA CALZADA,M.:Op cit, p.104.
Sala de
Conferencias, en SAENZ DE LA CALZADA,M.: Op cit, p.101.
Sumario
y primera página del Número I Revista Residencia,1926, en Residencia de Estudiantes,
(Madrid) 1 (1926).
Equipo
deportivo de Residentes, SAENZ DE LA CALZADA,M.: Op cit, p.78.
Laboratorio de la Residencia, en PEREZ VILLANUEVA TOVAR,I.: Op cit, p. 209.
Edificios de la Residencia, en SAENZ DE LA CALZADA,M.: Op cit, p. 90.
Residentes desde el Transatlántico, en SAENZ DE LA CALZADA,M.: Op cit, p. 123.
Unamuno
en los jardines de la Residencia, en Residencia de Estudiantes.
Lorca y
Dalí en el Transatlántico en SAENZ DE LA CALZADA,M: Op cit, p. 124.
Residencia en la Actualidad, en TUSON,V. Y LAZARO,F.: Literatura del siglo XX,
Anaya, Madrid , 1989,p.229.

  
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