Madrid siglos XIX y XX

En esta web se encuentran los trabajos realizados por los alumnos de la asignatura Historia de Madrid en la edad contemporánea.

Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1998-1999,

impartida por Luis Enrique Otero Carvajal, profesor titular de Historia Contemporánea de la UCM.

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La vida de los cafés madrileños durante el primer tercio del siglo XX

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Realizada por:

Antonio Bóveda León

Mar Gaisse Herrero

Montse Gómez García

 

Indice

 

I.- Introducción

II.- La vida bohemia

III.- Los Cafés en la Generación del ‘98

Mapa de los cafés madrileños

IV.- Los Cafés en la Generación del ‘14

V.- Los Cafés en la Generación del ’27; La República de las Letras

VI.- Revistas que nacen de la riqueza tertuliana

VII.- Bibliografía

I.- Introducción

En la Península Arábiga aparecieron los primeros lugares públicos que servían café, bebida con un origen legendario conocida como néctar o vino de los árabes. A comienzos del siglo XVII, Venecia introdujo los cafés en Europa que se extendieron por Italia, Austria y Francia.

En España la introducción del café considerándolo tanto como consumición como por establecimiento, estuvo unido a la mentalidad ilustrada del siglo XVIII. Junto a los Salones y los Clubes, los Cafés fueron medios de difusión de ideas ilustradas y científicas y lugares de sociabilidad que respondían a las nuevas costumbres y demandas de las altas clases sociales españolas.

El antecedente de los cafés españoles parece estar en los mentideros, remontándonos para ello al siglo XVII, pero el antecedente más claro es la botillería. A diferencia de ésta, el Café tuvo a comienzos del siglo XIX un carácter más permanente y no transitorio. A. Bonet los define como: "centros de reunión y discusión que acaban convirtiéndose en verdaderos Clubes con gran influencia en la opinión pública y en los Gobiernos".

A mediados del siglo XIX se produjeron varios cambios en los Cafés: se reconstruyeron los viejos y se construyeron nuevos Cafés por influencia de París, fueron el marco idóneo para la burguesía y se abrieron a las mujeres. Después en los años noventa del mismo siglo se dejó sentir la influencia del modernismo en las estructuras de los Cafés, predominando ahora la arquitectura de hierro y la uniformidad espacial.

En esta página nos acercamos a la época de mayor esplendor de los Cafés madrileños, fines del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Este esplendor vino dado por la aparición por estos Cafés de las figuras de la llamada Edad de Plata de la literatura española, la Generación de 1898 tal y como la definía el propio Azorín el 19 de Mayo de 1910 en el "ABC" definiéndola generación de 1896 y posteriormente en 1913 como del ‘98, que germinó en el Café de Madrid, sito en la Calle de Alcalá.

Las posteriores generaciones de 1914 con figuras como Ramón Gómez de la Serna o Juan Ramón Jiménez y las de 1927 o del ‘30 según algunos autores con Federico García Lorca, Dámaso Alonso contribuyeron a este resplandor de los Cafés madrileños que en nada tienen que envidiar a los de París, sirviendo de marco de referencia para los Cafés de provincia.

II.- La vida bohemia

 Parte importante del pensamiento y del sentimiento de los contertulios venía de un grupo de tertulianos amantes de la vida bohemia.

Para ellos era el único recurso ante la situación de hostilidad del medio social que según ellos sufrían. Atravesaban por todo tipo de penurias, hambre frío...

Solían dormir en los Cafés o en los bancos o en la calle durante el verano y en el invierno tenían que ingeniárselas para cubrirse en soportales, casas de cartón, debajo de los puentes... sin más capital que lo justo para un café y una media tostada durante todo el día que en algunos casos pasaban a engrosar un cifra de débitos en el café.

El escaso trabajo que les venía de su vocación como escritores o artistas les reportaba pocas perras gordas con los que poder malvivir. Dependían de los escasos recursos que les enviaban las familias como en el caso de Cornutty, francés amante de la obra de Paul Verlaine, empeñado en escribir sus naderías dolorosas. También Bargiela vivía de los envíos familiares, sobre todo por el empeño que tenía su padre en que aprobara las oposiciones a la carrera consular, que siempre suspendía, hasta que aprobó una de las muchas a las que se presentó y desapareció. Esto da pie a entender la vida bohemia como una doble forma, el que lo es por necesidad y el que lo es por amor a la vida bohemia. Entre estos estaba P. Iglesias Hermida que sobrevivía gracias a la ayuda de su protector José Bergamín y de los escasos artículos que escribía en los periódicos que podía.

La vida bohemia fue siempre recurso de la autoridad para buscar entre ellos a agitadores, rebeldes, subversivos y lo peor que se podía ser en la época para la autoridad: anarquista. Julio Camba, periodista gallego fue detenido por su presunta relación con Mateo Morral, autor del intento de regicidio en la boda real de Alfonso XIII, siendo detenido con cargos falsos. Otro que fue tomado por anarquista fue el autor de un cuento que ganó un premio en el periódico "El Liberal", desde su catre de la prisión de Ocaña. Detenido por lanzar vivas a la República, el culto agente de la ley lo tomó por anarquista y fue mandado apresar, cuando para sorpresa de todos empuñó un arma y se lió a tiros. Detenido unos días después fue encarcelado, siendo excarcelado tras la concesión de su premio y nombrado por este periódico corresponsal en Marruecos donde continuó con su vida bohemia.

Pero no todos los tertulianos se daban a la vida bohemia, muchos fueron personajes importantes, e incluso, influyentes en la época, como Marañón, Ramón y Cajal, Manuel Azaña, el consagrado Juan Ramón Jiménez, Ramiro de Maeztu...

La fórmula del protector y la venta de pequeños artículos o libros, escribir en revistas que ellos mismos producían en los Cafés e, incluso, trabajar para otros escritores consagrados era práctica habitual entre los bohemios, pero no la única. Otros, en cambio, se dedicaban al engaño y al timo entre sus propios compañeros de tertulia y con extraños, para sacar un poco de allí, engañar a otro por aquí y sacar pingües beneficios que les permitían una vida más sosegada. En otros casos empujados por la compasión de algún personaje influyente pasaban a engrosar la lista de funcionarios de la corrupta administración, que no tenían nada que hacer más que cobrar cada final de mes.

 

 

 III.- Los Cafés en la Generación del ‘98

Esta Generación es la primera de las tres que le darían la gran época de esplendor a las tertulias en los Cafés. Se discutía de arte, literatura, política, según le conviniese al público que acudía a participar en las tertulias. Estas nunca eran fijas, al menos en esta primera fase. Eran tertulias desenfadadas, donde no había establecido un día para acudir ni un tema sobre el que hablar, todo era espontáneo, eran menos ritualizados que en las generaciones posteriores, eran más cotidianas, más del presente, del día a día. En palabras de algún bohemio se atacaba la vida frívola y estúpida de la sociedad española.

Los personajes

Entre los personajes que frecuentaban estas tertulias de finales del siglo XIX y principios del XX encontramos en primer término a Ramón María del Valle-Inclán, quien perdió la mano en una disputa en el Café de la Montaña con D. Manuel Bueno; a Rubén Darío, Azorín, Unamuno, Benavente, Alberto Insúa, Antonio y Manuel Machado, Rafael Urbano, José Nogales, Luis París, Ricardo Catarinéu, Luis Bellon, Nilo Fabra, López del Castillo, Félix Méndez, Ciges Aparicio, Enrique Díez-Canedo, Antonio Zozaya, Enrique Mesa, Constantino Román Salamero, Pedro Mata, Enrique Gómez Mesa, Pedro de Répide, Bernardo G. de Candamo, Pablo Ruiz Picasso, Ramiro de Maeztu, Enrique Cornuty, Julio Camba, Abelardo Corvino, Enguita...

Los Cafés

Los más concurridos eran:

punto05.JPG (3724 bytes) El Café de Madrid, en la calle Alcalá, en la acera de los impares, según se salía de Sol, donde germinó la generación del ‘98;

punto05.JPG (3724 bytes) La Horchatería Candela, también en esta calle, lugar de paso cuando se salía del café Madrid;

punto05.JPG (3724 bytes) El Nuevo Café de Levante en la acera izquierda de la calle del Arenal, según se entra por Sol. Café de melómanos donde se daban las más importantes tertulias literarias y artísticas...

punto05.JPG (3724 bytes) El Café de Fornos fue otro Café de importancia en estos primeros años del siglo XX. Situado en la esquina entre Alcalá y Peligros, fue fundado por un sirviente del Marqués de Salamanca. Aquí Vital Aza reunía en torno suyo a un grupo de contertulios. Frecuentado por políticos, literatos y artistas cerró sus puertas en 1908. Su composición según nos la describe A. Bonet: "contaba con elegantes gabinetes reservados y salas que como acordeones se ampliaban para banquetes. Era un local solemne, patricio y serio, de cocina y tono europeizantes. Decorado con pinturas de Sala, Gomar y Plasencia entre otros, tenía muebles de caoba y sus muros estaban cubiertos por grandes espejos".

De todos ellos quizás el más importante sea el Nuevo Café de Levante. Desde los últimos años del siglo XIX hasta la guerra europea, este fue el centro de reunión de tertulias más importante de Madrid, al que no dejaban de acudir desde figuras ya consagradas, escritores caídos en el olvido, hasta jóvenes promesas de la literatura. Todos acudían allí para dar a conocer sus obras y pensamientos. En palabras de Valle-Inclán "el Café de levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias".

Mapa de los cafés madrileños

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IV.- Los Cafés en la Generación del ‘14

Esta fase se inicia con la aparición de fenómenos nuevos que caracterizan una nueva vida de los Cafés.

A las generaciones anteriores se sumaron los nuevos hombres de la Generación del ‘14 que vienen a engrosar y enriquecer las tertulias. Aparecen las primeras tertulias sabatinas, semanales, donde se reúnen de forma establecida por un calendario como demostraban las reuniones del Café del Pombo. Aun así, permanecían las tertulias esporádicas al modo tradicional. Los Cafés se multiplicaron por el centro de Madrid y las tertulias se ampliaron.

Otro fenómeno que influyó en las tertulias es la guerra europea que dividió los bandos de los contertulios entre germanófilos y aliadófilos, prevaleciendo estos últimos. Esto supuso la irrupción en las tertulias de la discusión política que supondría el fin del Cafés como el de Levante.

El tercer fenómeno fue la aparición de nuevas corrientes literarias durante y tras la guerra que supusieron un nuevo modo de expresar la realidad reflejada en la literatura y un enriquecimiento en la discusión de las tertulias literarias.

Los personajes

A los personajes de la generación anterior hay que sumar otros que ya participaron con éstos en algunas tertulias y otros nombres nuevos que empezaron a pesar entre el mundo literario e intelectual de la época. A los anteriores que siguen apareciendo en las tertulias se suman Romero de Torres, Anselmo de Miguel Nieto, Victorio Macho, los Zubiarre, Arteta, López Mezquita, Darío de Regoyos, Ciro Bayo, Corpus Barga, Bargiela, Palomero, Amado Nervo, Rusiñol, Zuloaga, el mexicano Ribera, Viladrich, Julio Antonio, Mateo Inurria, Piñole, Silverio Lanza o Juan Bautista Amorós que es su verdadero nombre, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala, Antonio Espina, José Bergamín, Eugenio d’Ors, Ortega y Gasset, Eugenio Noel, José María Cossío, doctor Hernando, Manuel Azaña, Camón Aznar, Cansinos Assens, Tomás Borrás, Salvador Bartolozzi, Melchor Fernández Almagro, Manuel Abril, Gustavo de Maeztu, Jardiel Poncela, C. González-Ruano, C. Fernández Cuenca, Federico Carlos Sáinz de Robles, Quiroga Pla, Hidalgo de Caviedes, Manuel Galán, Ciria Escalante...

Los Cafés

Aparecen muchos y nuevos Cafés con tertulias en la que se reunían por afinidades, tanto literarias como personales incluso, ideológicas. Entre estos cafés aparecen dos con más importancia por la concurrencia de tertulianos:

punto05.JPG (3724 bytes) El Café de Gato Negro, en la calle del Príncipe junto al teatro de la Comedia, donde Jacinto Benavente tenía su tertulia. Fue el Café modernista más sobresaliente. En el muro exterior figuraba el nombre del Café. Tenía el techo bajo y poca iluminación que entraba a través de un ventanal de la fachada, con grandes divanes y, al fondo, un postizo que por las noches se abría y comunicaba el Café con el Teatro.

punto05.JPG (3724 bytes) Antiguo Café y Botillería de Pombo, en la calle Carretas, donde Ramón Gómez de la Serna instauró la tertulia más importante y más seguida de Madrid y donde en su nacimiento se prohibió hablar de la guerra, sirviendo como refugio de todos aquellos que se hartaron de otros Cafés donde sólo se hablaba de eso. Se estableció los sábados por la noche, después de la hora de cenar. En el viejo sótano se reunían incluso hasta las 3:00 de la madrugada. La luz que alumbraba el Café era de gas, sin calefacción, decorado por espejos con anchos marcos, algunos de caoba y otros dorados. La imagen de la Virgen del Carmen figuraba como patrona. En las tertulias se sentaban sobre una larga mesa, todos con sombreros de copa. Al fondo una escalera de caracol. Un buzón donde dejar las cartas a Ramón Gómez de la Serna. Divanes rojos, banquetas de terciopelo y cortinillas en la puerta completaban la ornamentación del espacio.

La tertulia de Pombo fue asentándose paso a paso durante sus dos primeros años de vida, se recreció durante la guerra y, al término de ésta, entró en su sazón, que culminaría con la gran influencia que tuvo en la segunda década del siglo y primeros años treinta.

En esta gran eclosión de Cafés en medio del fragor tertuliano aparecen ahora otros muchos Cafés que tuvieron un desarrollo de importantes tertulias:

punto05.JPG (3724 bytes) En la calle de Alcalá encontramos el Café Colonial, cerca a la Puerta del Sol, donde se daban cita un público variadísimo destacando la presencia de pintores, artistas y poetas extranjeros llegados a España con la guerra de 1914; el Café Universal al principio de la calle junto a la Puerta del Sol; el Café Oriental; El Café de Correos; el Café Sevilla; el Café Inglés, entre Alcalá y Arlaban; El Café Suizo, en la esquina de Alcalá con la Carrera de San Jerónimo, hoy sede del Banco Bilbao/Vizcaya; El Café de Lion; La Maison Doré o Café Lepanto; El Café Marfil, esquina Cedaceros, donde pasó Benavente sus últimos días como tertuliano; el Café Negresco, considerado como Café de barrio; Café de Fornos, pasado Virgen de los Peligros, donde se reunía una tertulia cosmopolita compuesta por artistas, escritores, actores y actrices, toreros, futbolistas; La Granja del Henar, donde Ortega y Gasset tenía su tertulia.

punto05.JPG (3724 bytes) En la Puerta del Sol estaba el Café Imperial, con sus 71 veladores de cristal y 80 mesas de mármol de Italia, 600 sillas de tapicería y mesas de billar de caoba, un ropero con 100 docenas de manteles, además de 100 cucharones para la cerveza; El Café de la Montaña, donde Valle-Inclán tendría el trágico accidente con Manuel Bueno en el que perdería la mano, solucionado por un homenaje a ambos por los contertulios; El Café de Lisboa; el Café de Levante, que perdería su influencia.

punto05.JPG (3724 bytes) En la calle Sevilla, aparecen el Café la Ballena Alegre donde se reunirían entre otros José Antonio Primo de Rivera y sus secuaces; El Café León, donde se daban tertulias de eruditos y periodistas.

punto05.JPG (3724 bytes) En otras calles aparecen otros cafés, pero en menor número como el Café Flor en Arenal; el Buffet Italiano y el Café Lhardy en la Carrera de San Jerónimo; El Café Puerto Rico en Carretas; el Café Español, frente al Teatro Real, en la plaza de Isabel II; El Café del Prado en la calle del Prado, amplio, con veladores de mármol, divanes y espejos, donde acudía también Menéndez Pelayo; Café del Espejo, en la esquina de la Plaza del Ángel; El Café de Platerías en la calle Mayor; El Café Varela en la calle Preciados; El Café de San Bernardo entre las calles Estudiantil y Libresca con la de las Beatas; El Café Castilla en la calle Infantas; los Cafés Nacional y San Isidro en la calle Toledo.

punto05.JPG (3724 bytes) Además de estos Cafés se encuentran los denominados Cafés de barrio como el Café de San Millán, frecuentado por las clases populares, comerciantes ambulantes, mozos de mulas, arrieros, y por gente de clase media; los Cafés Negresco y granja del Henar eran considerados de barrio por su lejanía del centro pese a estar en la calle Alcalá; el Café del Norte, entre la Red de San Luis y la calle Hortaleza; el Café Oriente, después llamado Café Social de Oriente, entre las calles de Atocha y Drumen; El Café Bilbao, entre Carranza y la Glorieta de Bilbao; el Café Europeo y enfrente el Café Comercial, donde se reunían las jóvenes promesas, en la calle Fuencarral; en el barrio de Salamanca el Café Jorge Juan; El Café Roma y la Cervecería el Águila.

Los años de la Dictadura no pusieron en peligro la vitalidad de los Cafés, pero se oían desde allí voces que se alzaban contra el régimen Primorriverista. Valle-Inclán recogió el testimonio del gran inconformista y se dedicó a vociferar en los Cafés contra la situación política, contra el Dictador e incluso contra el Rey, siendo finalmente detenido. Las tertulias se volvieron cada vez más políticas, y es que la sociedad del momento vivió grandes convulsiones políticas y sociales que imprimían en las tertulias y en la literatura del momento. Esto hizo que algunos desertasen, mientras otros, pensando en que la vitalidad de las tertulias residía en su continuidad, no se pararon ante la adversa situación de ausencia de constitucionalidad y clamaron a voces la vuelta al marco constitucional. Esto hizo que muchos tertulianos participasen en varias tertulias cuyo mayor ejemplo es Melchor Fernández Almagro.

V.- Los Cafés en la Generación del ‘27; La República de las Letras.

Esta Generación nace tras el homenaje a Góngora, hecho por 10 poetas, en el Ateneo de Sevilla. Para algunos generación del ‘25 y para otros del ‘30. Pedro Salinas en su ensayo Nueve o Diez poetas recordó los que integran esta generación: Alberti, Lorca, Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Aleixandre, Cernuda, Altolaguirre, Emilio Prados y Pedro Salinas. Muchos de ellos han pasado por las modas vanguardistas, en algunos casos excéntricas, moderaron sus posiciones literarias buscando la pureza estética a medio camino entre lo español y lo universal. Mostraron una veneración por las fórmulas populares, apreciándose un amor por los clásicos, Garcilaso, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, Fray Luis, Quevedo, Bécquer y los más recientes Unamuno, A. Machado, R. Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez... Pretendían una renovación de la lírica.

El peso de estos poetas y otros prosistas como Ramón J. Sender se hizo cada vez más patente en el mundo tertuliano.

La Dictadura Primorriverista tocó a su fin dando paso al Gobierno de transición de Berenguer. Retornaron los exiliados y se respiraba un entusiasmo en las tertulias cafeteriles. Posteriormente con el advenimiento de la II República encontramos como muchos personajes tertulianos adquirieron poder político o participaban de instituciones políticas o culturales, dando paso a lo que algunos autores han denominado la República de las Letras.

Los personajes

Entre los citados por las generaciones anteriores, aparecieron los poetas del ‘27, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, R. Alberti, F. García Lorca, V. Aleixandre, Manuel Prado, L. Cernuda, Manuel Altolaguirre, Gerardo Diego, Jorge Guillén, y otros personajes como Ramón J. Sender, Carranque de Ríos, Jarnés, Arderius, Ernesto Giménez Caballero, Lóriga, Díaz Morales, Luciano de Taxonera, Fernando de la Quadra Salcedo, Luis Antonio de Vega, Luis Álvarez, Miguel Pérez Ferrero, Arturo Soria, el nieto del Arquitecto, Marqués de Hoyos y Vicent, Pepito Zamora, José Francés, Manchón, Echea, Ribas, Sáenz de Tejada, Xaudaró, Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro, Calvo Sotelo, Eugenio Montes, Jesús Suevos, el doctor Oliver Pascual, Ramón Pastor y Mendívil, Alfonso García Valdecasas, Santiago Esteban de la Mora, Ignacio Sánchez Mejías, Manuel de Falla, Xavier Zubiri, Eugenio Imaz, Juan Chabás, César M. Arconada, Díez-Canedo, Antonio de Obregón, Salazar Chapela, Luis de Tapia, Pérez Zúñiga, Ricardo García López conocido por su seudónimo K-Hito, Miguel Mihura, Samuel Ros, Eduardo Ugarte, Arturo Ruiz Castillo, Cocteau, Ehremburg, Papini, Marichalar, Max Aub, Xavier Bóveda...

Los Cafés

El Café Español es ahora frecuentado por los Machado; Los del Café Europeo y Comercial se pasaron al Café Gijón, que tomó fama desde principios de siglo y su influencia creció hasta llegar a tener su punto culminante en la postguerra. El Café de Pombo siguió siendo el principal foco de atracción de tertulianos antiguos y aquellos que aparecen por primera vez. En la Cervecería de Correos comenzaban a reunirse los jóvenes poetas del ‘27 y fue donde Lorca tuvo sus reuniones con los poetas y los antiguos compañeros de la Residencia de Estudiantes; En el Jorge Juan se reunía M. Fernández. Almagro y José Francés quien capitaneaba la tertulia; En el Roma era el doctor Marañón junto con la Junta del Ateneo que él presidía, quienes preparaban proclamas contra la monarquía agonizante; En el Café Lion se daban varias tertulias, la primera con personajes como Bergamín, Ignacio Sánchez Mejías, verdadero impulsor de las tertulias, Melchor Fernández Almagro, entre otros; en la segunda se reunían la tertulia del banco azul, pues estaba formada por hombres del Gobierno de la República; la tercera era la de Pittaluga, Guillermo de Torre, Obregon, Francisco Ayala, entre otros; por último la tertulia que dirigía de vez en cuando Valle-Inclán, con Anselmo Miguel Nieto, Salvador Pascual, Penagos...

El 14 de abril de 1931 muchos de los tertulianos se convirtieron en padres de la patria en el Senado o en el Congreso, es el caso de Azaña o Calvo Sotelo.

Los años de la República estuvieron señalados por un florecer cultural. Mientras los del ‘98 culminaron su obra y empezaron a desaparecer de las tertulias, la generación del ‘14 mantenían una actividad política a la que sólo se resistió Ramón Gómez de la Serna. La generación del ‘27 prosiguió el fragor tertuliano.

Las Misiones Pedagógicas, inspiradas por la Institución Libre de Enseñanza, comenzaron a funcionar con el deseo de llevar la cultura no sólo a la calle, sino también a pueblos y ciudades de España, llevándose consigo el ambiente cafeteril. En estas Misiones fueron dos tertulianos los principales actores, Alejandro Casona y Eduardo Vicente. Con el Ministerio de Fernández de los Ríos, en Instrucción Pública, Lorca y Ugarte montaron La Barraca, para llevar a los pueblos la cultura que hasta entonces sólo era accesible en Madrid o Barcelona.

Así llegamos al advenimiento de la guerra que supuso un trauma para la cultura española, el exilio de una parte muy importante de los intelectuales y hombres de letras de España y de las tertulias cafeteriles. De este modo se apreciaron tertulias al principio de la guerra, pues no era demasiado preocupante la situación, pero a medida que avanzó éstas se pierden, las tertulias se politizaron, al igual que los tertulianos que en su mayoría tomaron partido. En la Zona nacional se pretendió continuar con las tertulias de Café, pero con un público más empobrecido culturalmente.

Finalmente se apreció una recuperación del esplendor de las tertulias tras la guerra en 1945 con la generación del mismo nombre y posteriormente con la generación de los sesenta, que ya se dejaron caer por el Madrid republicano en los Cafés de Sol, Alcalá, Prado...

VI.- Revistas que nacen de la riqueza tertuliana.

No hubo ninguna tertulia que en algún momento no pensase en sacar a la luz una revista propia de los tertulianos que allí se reunían, semanal, quincenal, o de periodo indeterminado, caso del Café del Pombo, que no se hizo porque Ramón Gómez de la Serna no quiso.

Durante los años veinte y primeros treinta se registró un auge de las revistas literarias y artísticas, donde los consagrados y las jóvenes promesas encontraron perfecta tribuna donde darse a conocer y donde exponer sus opiniones e ideas artísticas y literarias.

Aparecieron revistas como El Nuevo Mercurio, Helios, Renacimiento, Germinal, Prometeo, Vida Nueva, Alma Española, La Revista Nueva, España, anteriores al periodo de auge donde las expresiones literarias se confundieron con el sentimiento político que las empujó a ser publicadas.

Las dos más importantes son España y La Revista Nueva, como vehículos de expresión literaria, artística y de pensamiento.

La Revista Nueva estuvo coordinada por Luis Ruiz Contreras y ayudado por Silverio Lanza, Palomero y Fuente. Luis Ruiz Contreras, era crítico teatral y traductor de Anatole France, Maupassant, Goncourt y Gourmont, vecino del Barrio de Salamanca y autor de artículos para el diario Pueblo tras la guerra civil. Allí escribieron Baroja, Azorín, Valle-Inclán entre otros.

La revista España nació en 1914 fundada por Ortega y Gasset, que desde hacía 4 años era catedrático de Metafísica de la Universidad de Madrid, sustituyendo a Nicolás Salmerón. Llevó a sus hojas importantes hombres de lo que él denominó la España Real, destacando Ramiro de Maeztu, Ramón Pérez de Ayala, Eugenio d’Ors, Manuel Azaña, Martínez Sierra, Benavente o Valle-Inclán. Tomada como el antecedente de la Revista de Occidente que fundaría el propio Ortega en 1923. Ortega era hombre de importante altura filosófica que reflejó fielmente y según sus pensamientos la España del momento. Inspiró periódicos como el Sol de gran calidad y perfeccionó su trabajo con la Revista de Occidente. Tertuliano de la Granja del Henar, su presencia concedía a la tertulia un aire de cátedra a la que se venía a escuchar más que a conversar. El primitivo lugar donde se redactaba la revista era la librería de Calpe, hoy Casa del Libro, para trasladarse después a su domicilio en la calle Braganza.

En cuanto a la revista Prometeo tuvo una corta existencia, de 1908 a 1912, es posiblemente la primera revista de vanguardias de Madrid. Estuvo dirigida por Javier Gómez de la Serna y en la que pronto se vería la influencia del joven Ramón. Entre sus colaboradores se encontraban Cansinos Assens, Manuel Abril, Cipriano Rivas Cheriff, Gabriel Miró.

La Revista Pluma estuvo ideada por Manuel Azaña y se editó por primera vez en el mes de junio de 1920 con treinta y ocho números, importante cifra para la época. La redacción de la revista se hacía en la calle Hermosilla, nº 24, en el domicilio de Azaña. A pesar de la prosa eficaz de D. Manuel su triunfo como literato se le negó en rotundo. Su obra más importante fue el monográfico de 1923 sobre Valle-Inclán.

Otra serie de revistas vanguardistas fueron apareciendo elaboradas en su mayoría en los propios cafés. Los Quijotes, del impresor Linera; Cervantes, de Villaespesa; Cosmópolis de Cansinos Assens y Guillermo de Torre quienes dieron doctrina al movimiento ultra, y la sección Literaturas novísimas, en la revista dirigida por Guillermo de Torre, director también de la efímera revista Reflector; Grecia nacida en Sevilla, donde se publicó el manifiesto ultra, firmado por Xavier Bóveda, César A. Comet, Fernando Iglesias Caballero, Pedro Garfia, Rivas Panedas y Aroca. Aquí publicó Guillermo de Torre su Manifiesto Vertical. Reapareció después de 1920 en Madrid y tuvo gran influencia en los movimientos vanguardistas; Tableros, dirigida por Isaac del Vando Villar; Vértices de Manuel de la Peña; Tobogán de Manuel de la Peña y César González-Ruano; Parábola de Eduardo Ontañón; Horizonte de Garfia y Rivas Panedas; Plural de César A. Comet, entre muchas otras.

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Aparecían en los Cafés de la Puerta del Sol más tarde por su lejanía de donde se publicaban, pero eran leídas con avidez por el público, sobre todo en el Colonial donde Cansinos Assens y Guillermo de Torre promocionaban todo lo que fuese nuevo.

En el Café de Lion apareció la revista "Cruz y Raya. Revista de afirmación y negación", que llegó a adquirir tanta importancia como La Revista de Occidente. Nació el 15 de abril de 1933 y tuvo durante tres años una influencia decisiva en los hombres y mujeres de la generación del ‘27. Estuvo dirigida por José Bergamín y formando parte del consejo de dirección buena parte de sus contertulios. Como secretario Eugenio Imaz. Su vida sería hasta la guerra civil y llegó a crear su propia editorial.

Otra revista de importancia fue La Gaceta Literaria, dirigida por Ernesto Giménez Caballero. Hombre poco dado a las tertulias de Café se reunía en la terraza de su casa con un grupo de amigos, en la calle Canarias, donde vivía y se imprimía la revista. En verano de 1926 se preparó la publicidad que anunciaba la publicación que saldría con gran expectación entre el conjunto tertuliano de Madrid, en enero de 1927, agotándose los ejemplares. En el local de la Unión Ibero Americana se situaba la redacción a la que acudían gran cantidad de autores que dejaban sus tertulias a media tarde para dirigirse a este edificio con sus escritos. La editorial CIAP, dirigida por Pedro Sáinz Rodríguez, tomó los derechos y contrató a los mejores escritores de la época, dejando hueco para los nuevos literatos y las nuevas corrientes, entre los cuales apareció Ramiro Ledesma Ramos, de tendencias fascistas, que rompió la cohesión de grupo, provocando disensiones que hicieron que Giménez Caballero acabase la publicación, iniciando otra en su lugar, el Robinson Literario, en la que sólo escribía él. Esto supuso la ruina de CIAP y por tanto la de la revista y los escritores que estaban en nómina como Valle-Inclán o Julio Camba.

Entre los escritores del humor de mayor prestigio se encontraban Luis de Tapia, Pérez Zúñiga, Julio Camba, Ramón Gómez de la Serna y Fernández Flórez. Precedente de éstos es la revista Buen Humor, dirigida por Sileno, redactada en el Café Jorge Juan, donde tenía lugar la tertulia de artistas de José Francés. Aparecieron los humoristas gráficos como K-Hito, seudónimo de Ricardo García López, de gran popularidad a finales de los años veinte. Este fundó su propia revista, Gutiérrez, acogiendo en sus páginas a maestros del dibujo y escritores de la llamada generación de Hollywood. Entre sus colaboradores aparecían Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, Antonio de Lara, Antonio Robles o Antoniorrobles, Díaz Casariego, Paco y José López Rubio, Antonio de Lara... Tuvo una espléndida acogida, ganándose la ovación de Ramón Gómez de la Serna. La continuación estaba asegurada por los jóvenes llegados desde provincias para presentarse ante el mundo del humor, como Samuel Ros, habiendo trasladado su tertulia a la Granja del Henar.

La revista Buen Humor significó el despegue y el abandono del chascarrillo y Gutiérrez fue el preludio del humor novísimo, humor del absurdo que alcanzaría su apogeo en fechas posteriores.

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Por último, como colofón de todas estas revistas, de mayor o menor alcance, generalmente de corta duración, salvo algunos casos, todas ellas íntimamente ligadas a las tertulias cafeteriles, aparecía en la II República, la República de la Letras, una editorial, Plutarco, decidida a hacer un Almanaque Literario de 1935, que estuviese dirigido por Guillermo de Torre y Miguel Pérez Ferrero entre otros, que constituye un gran documento para valorar el estado de las Letras en España. En él, se conmemoró el segundo centenario de la muerte de Lope de Vega, el cincuentenario del Romanticismo y el centenario del Ateneo de Madrid, con homenajes a Unamuno y Santiago Ramón y Cajal. Para esta obra se pensó en una posible continuación en el tiempo, con publicaciones anuales, pero se vio truncada por la sublevación militar de Mola, del 18 de julio de 1936, dejándose de publicar.

VII.- Bibliografía.

punto05.JPG (3724 bytes) AGROMAYOR, L.: Tiendas de Madrid. Madrid, 1990.

punto05.JPG (3724 bytes) ALVAREZ SIERRA, J.: "Las tertulias médicas de antaño", en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo I, Madrid, 1966.

punto05.JPG (3724 bytes) BONET CORREA, A.: "Los cafés históricos", Discursos leídos ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 13 de diciembre de 1987.

punto05.JPG (3724 bytes) ESPINA, A.: Tertulias de Madrid, Madrid, 1995.

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