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"En 1968 el planeta se inflamó. Parecía que surgía una consigna universal. Tanto en París como en Berlín, en Roma o en Turín, la calle y los adoquines se convirtieron en símbolos de una generación rebelde. We want the world and we want it now ("Queremos el mundo y lo queremos ahora"), cantaba Jim Morrison. Sucedió hace [veinticinco] años." Daniel Cohn-Bendit. En los últimos veinticinco años toda una serie de fenómenos sociales y políticos han llamado la atención de los medios de comunicación, politólogos y sociólogos: la irrupción en la escena pública de las sociedades industrialmente avanzadas de los llamados nuevos movimientos sociales, en referencia a los movimientos feminista, ecologista y pacifista, así como de nuevas organizaciones políticas cuyo espectro abarca los denominados partidos de nueva izquierda y los partidos verdes. Con el calificativo de nuevos movimientos y nuevos partidos se ha querido poner de manifiesto desde los propios actores sociales y desde los investigadores la distancia que los separa de las formas, métodos y objetivos de los tradicionales movimientos sociales y partidos surgidos al calor del desarrollo de las sociedades industriales, particularmente respecto del movimiento obrero y de la izquierda tradicional en su doble vertiente socialdemócrata y comunista. En cualquier caso, las posiciones distan de ser uniformes sobre el alcance, dimensión y continuidad de dichos fenómenos. Nuevos movimientos para una nueva sociedad. Los movimientos sociales tradicionales surgidos con la sociedad industrial, en particular el movimiento obrero, nacieron y se desarrollaron sobre una base clasista, que respondía a la estructura social característica de las sociedades industriales desde su nacimiento hasta mediados del siglo XX. Dicha estructura social se caracterizaba por una clara polarización en función de los posiciones económicas y sociales que ocupaban los distintos grupos. Las transformaciones en los modos, las costumbres y las cosmovisiones asociadas al nacimiento de la sociedad industrial coadyuvaron a la formación de los distintos movimientos sociales a lo largo del siglo XIX. Resistencias e innovaciones contribuyeron a configurar las formas de respuesta social del conflicto.
En contraposición, los nuevos movimientos sociales se nutren de activistas y simpatías de todos los sectores de la estructura de las sociedades industrialmente avanzadas. Sus discursos, mensajes y demandas van dirigidas al conjunto de la sociedad y no a ningún grupo en particular en función de la posición que ocupa social y económicamente. Se caracterizan por el carácter global de sus reivindicaciones y, a la vez, por el carácter particular de los objetivos y propuestas. Actúan más en la dirección de provocar cambios globales en la escala de valores que de provocar alteraciones en las bases funcionales del sistema político. Los movimientos ecologistas y por la paz reclutan efectivos y simpatías de un arco difuso de la estructura social. El movimiento feminista obtiene apoyos sobre la base de la desigualdad de las mujeres como género, obteniendo apoyo de las mujeres independientemente de su posición en la estructura social. Por otra parte, el sistema social de los países industrialmente avanzados ha mostrado una gran flexibilidad a la hora de incorporar algunas de las demandas de estos movimientos. A ello ha contribuido la cristalización de la democracia como el sistema político asociado a las sociedades del bienestar. El juego político del sistema de partidos se fundamenta en la conquista de mayorías sociales, obligando a los partidos a presentar programas y actuar en conformidad con los valores y reivindicaciones predominantes en la sociedad. De tal manera que, cuando un determinado valor o demanda es asumida por un amplio sector de la población, este nuevo valor o demanda es incorporada por el sistema político. Este carácter magmático de las sociedades del bienestar ha permitido incorporar progresivamente reivindicaciones y valores de los movimientos sociales, ofreciendo salidas consensuales a las contradicciones presentes en la estructura social, imposibilitando o, al menos, debilitando la confrontación radical entre grupos en favor de procesos de ósmosis social. Esta porosidad de la sociedad ha influido en la dinámica de los nuevos movimientos sociales, el pluralismo de la sociedad ha encontrado traducción en dichos movimientos, la herencia antiautoritaria de las revueltas del sesentayocho ha empujado en la misma dirección, por lo que la cohesión se ha centrado en la asunción y defensa de nuevos valores y no en el ámbito organizativo, donde han primado los mecanismos de democracia de base y descentralización, mostrando los grupos dinamizadores una fuerte inestabilidad compatible con la permanencia de los nuevos movimientos sociales. La flexibilidad organizativa, con la consiguiente entrada y salida permanente de activistas, responde al carácter difuso del apoyo social que obtienen, en concordancia con los ciclos de movilización y desmovilización que les caracterizan. Sus formas de actuación tratan de optimizar los mecanismos de las sociedades mediáticas. Las campañas son pensadas y organizadas para obtener la mayor repercusión en los mass-media e influir desde ahí a la opinión pública. El espacio del conflicto se desplaza desde el centro de trabajo -la fábrica- a la calle y a los medios de comunicación, en función del carácter global de sus reivindicaciones y de las transformaciones socioculturales asociadas al papel dominante de los mass-media. La configuración de las sociedades del bienestar. Antes de analizar y describir los fenómenos sociales y políticos de los nuevos movimientos y partidos conviene que situemos el contexto histórico-social en el que surgieron: las sociedades del bienestar del decenio de los sesenta. El largo ciclo alcista registrado por la economía internacional tras la segunda guerra mundial, que permitió la rápida reconstrucción de las economías y sociedades europeo occidentales, alimentada por el Plan Marshall, generó un contexto económico favorable para el rápido desarrollo de las sociedades del bienestar. Junto al excepcional ciclo económico de los decenios de los cincuenta y sesenta, los Estados del bienestar fueron posibles por el cambio de los postulados teóricos y prácticos de las políticas económicas puestas en marcha tras la guerra: el keynesianismo, cuyo acento en las políticas de demanda, impulsadas por el estado, pretendía garantizar un crecimiento económico sostenido. Ello fue factible por la combinación de dos grandes factores sociopolíticos en la posguerra: el espíritu de la resistencia en los países aliados y en la Italia posfascista y el estallido de la guerra fría. En efecto, entre 1944 y 1952, las medidas económicas adoptadas por los gobiernos de Gran Bretaña, Francia e Italia, gobernados en el primer caso por los laboristas y en los otros por amplias, aunque breves, coaliciones de unidad nacional, en las que participaban las fuerzas políticas antifascistas, incluidos los partidos comunistas, sentaron las bases de lo que posteriormente serían los estados del bienestar en Europa occidental, mediante la combinación de políticas nacionalizadoras de los servicios básicos; la extensión de las prestaciones sociales hasta su universalización, particularmente en los ámbitos de la sanidad, la enseñanza y las pensiones y, finalmente, una amplia política nacionalizadora que hizo surgir un potente sector público. Además, la creciente tensión entre los dos bloques que se perfilaban tras los acuerdos de Yalta y Postdam, liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética, estalló explícitamente con la crisis de Berlín (1948), poniendo a la orden del día la exclusión de los partidos comunistas occidentales de los gobiernos, particularmente en Francia e Italia donde eran dos de las grandes fuerzas políticas de la posguerra. El conflicto Este-Oeste exigía la unión sin fisuras del bloque occidental, organizado desde 1949 en la Alianza Atlántica (OTAN).
Crecimiento económico, sistemas democráticos y paz social terminaron por cristalizar un amplísimo consenso social en torno a los Estados del bienestar, que permitieron la extensión y consolidación de la sociedad de consumo que había iniciado su despegue en los Estados Unidos en el periodo de entreguerras. En las sociedades industrialmente avanzadas el pleno empleo y la elevación de los niveles materiales de vida transformaron radicalmente los modos y las costumbres. Frente a las predicciones marxistas de una creciente polarización social ligada a las leyes del desarrollo del capitalismo surgió y se consolidó una sociedad de clases medias, de la mano de los procesos de terciarización y del crecimiento sostenido de los ingresos, tanto directos como indirectos, de los trabajadores asalariados, a través de la cualificación de la mano de obra y la acción de los sindicatos. La sociedad de consumo desactivó el carácter revolucionario del conflicto entre capital y trabajo que había acompañado a las anteriores etapas del desarrollo de la sociedad industrial. La elevación de los niveles de vida, el creciente consumismo asociado al desarrollo de la sociedad de los mass media, la generalización de los sistemas educativos con la consiguiente masificación de la Universidad y la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo transformaron los valores de la sociedad, particularmente de las jóvenes generaciones nacidas tras la guerra y educadas en el contexto de las sociedades opulentas. El bienestar material parecía una conquista irrevocable. El horizonte aparecía preñado de promesas de la mano del desarrollo científico-técnico. Nuevos productos inundaban los mercados, nuevas oportunidades surgían por doquier y la sociedad del ocio parecía una realidad al alcance de la mano. Sin embargo, a mediados del decenio de los felices sesenta un malestar comenzaba a corroer a determinados sectores de las sociedades del bienestar, particularmente entre los jóvenes que empezaban a mostrar síntomas de rebeldía, encontrando sus primeras manifestaciones en la fascinación que sentían por los nuevos ritmos musicales del pop y el rock and roll. Jóvenes rebeldes que se identificaban con los nuevos mitos cinematográficos: James Dean y Marlon Brando. Que escuchaban la música de Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones, Janis Joplin o Jimmy Hendrix. Que comenzaban a leer a Jack Kerouac y daban los primeros pasos en el viaje iniciático de las sustancias alucinógenas: la maría y el LSD. Eran los teddy boys británicos, los Hell´s Angels californianos, los blousons noirs franceses, los Halbstarken alemanes o, más en general, los mods y los rockers.
La feliz inocencia de los años sesenta comenzó a quebrarse en los Estados Unidos con los asesinatos del presidente Kennedy en 1963 y de Martin Luther King el 4 de abril de 1968. Estados Unidos inició en 1964, con la excusa del incidente naval del golfo de Tonkin, la intervención masiva en Vietnam. La oposición a la guerra de Vietnam fue creciendo en los campus universitarios estadounidenses entre 1964 y 1969, oposición en la que los mass media y especialmente la televisión con sus crudas imágenes de la guerra desempeñaron un papel de primer orden. En Europa se sucedían acontecimientos similares. Fueron las vísperas del mayo del 68.
El radicalismo político que proliferaba en los campus universitarios no resultaba la única manifestación de las transformaciones que se estaban produciendo entre las jóvenes generaciones de las sociedades del bienestar. Antes del mayo del 68 el cambio de valores mostraba evidencias en la liberalización de las costumbres, especialmente en las relaciones entre los sexos, que daría lugar a lo que se ha dado en llamar la liberación sexual, en paralelo al nuevo papel que las mujeres reivindicaban en la sociedad, al calor de su incorporación masiva al mundo del trabajo, poniendo en cuestión los tradicionales roles asignados a la mujer como esposa y madre de familia. Autonomía e independencia de la mujer y, por tanto, reivindicación de su propio cuerpo y de su sexualidad. Alain Touraine, ha llamado la atención sobre los componentes presentes en las movilizaciones contra la segregación de sexos, donde la libertad sexual era el elemento más visible de una constelación de motivaciones difusas que giraban en torno a la reivindicación de la autonomía personal y de la universidad respecto de las estructuras normativas impuestas desde arriba por la administración educativa. La liberación sexual en los campus universitarios de los Estados Unidos y Europa alcanzó en los primeros sesenta un creciente potencial movilizador y subversivo contra las estructuras y los valores dominantes. Los escritos del psicoanalista Wilhelm Reich sobre sexualidad y represión alcanzaron una notable popularidad en los medios universitarios. De esta forma, el movimiento de liberación sexual engarzó de forma natural con las otras manifestaciones de la rebeldía juvenil que eclosionaron en el mayo del 68. Los prolegómenos del Mayo del 68. En este sentido, 1956 resulta una fecha paradigmática, la represión de la revolución húngara por los tanques soviéticos y el reconocimiento de los crímenes del stalinismo en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) significaron un punto de ruptura con el modelo político e ideológico representado por la Unión Soviética para algunos sectores de la izquierda occidental, que dejaron de sentirse atraídos por los partidos comunistas estrechamente vinculados a Moscú. La ruptura chino-soviética, iniciada en 1956 a raíz del XX Congreso del PCUS y consumada en 1963, condujo a algunos sectores de la izquierda europea, en los años sesenta, a mirar hacia China de la mano de las corrientes tercermundistas que fueron creciendo como consecuencia de los procesos de descolonización y los consiguientes conflictos con las antiguas potencias coloniales y con los Estados Unidos, fruto de la confrontación Este-Oeste. Cuba, Argelia y Vietnam se convirtieron para sectores de la izquierda y de juventud occidental en puntos de referencia obligados, a través de los cuales se canalizó el malestar respecto de los valores y usos de las sociedades del bienestar. Es el momento del esplendor de la antipsiquiatría, del triunfo de la escuela de Francfort de la mano de Marcuse y su crítica del hombre unidimensional de la sociedad de consumo. Movimiento intelectual que floreció de la mano del mayo del 68, donde nuevos actores sociales emergieron al primer plano de la actualidad: los jóvenes rebeldes, el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, el hippismo, la contracultura, lo underground, el rock and roll y el culto a los nuevos paraísos escapistas ofrecidos por la droga. Revolución de las costumbres y los valores, que con el estallido de la crisis de los setenta se conjugó con la crisis de la ideología del Progreso. La guerra de Argelia, iniciada el 1 de noviembre de 1954 con la insurrección del Frente de Liberación Nacional (FLN), dividió profundamente a la sociedad francesa y con ella a los sectores de la izquierda ante la incomprensión del problema por parte de socialistas y comunistas. Las primeras manifestaciones contrarias a la política de los gobiernos de la IV República tuvieron lugar por parte de los reservistas llamados a filas para participar en la represión de los independentistas argelinos. Fueron algunos sectores de lo que posteriormente sería la Nouvelle Gauche -Nueva Izquierda- quienes se hicieron eco y prestaron apoyo a los sentimientos y demandas de los reservistas contrarios a participar en una guerra que no comprendían.
Con ello nacía el tercermundismo como alternativa de una izquierda no conformista desengañada de la izquierda tradicional por sus posturas acomodaticias con el orden surgido tras la segunda guerra mundial. Argelia y después la Cuba de Fidel y el Che, Vietnam y Al-Fatah fueron los puntales simbólicos del pensamiento tercermundista que floreció en los años sesenta entre la izquierda revolucionaria francesa y, en general, occidental. La sala de la Mutualité, en la Rive Gauche parisina, volvía a ser el escenario de la protesta, esta vez de la nouvelle gauche, el 27 de octubre de 1960 se concentraron varios miles de personas contra la guerra, convocadas por la Union National des Étudiants de France (UNEF), a la que se adhirió el recién creado Partido Socialista Unificado (PSU) y la oposición del PCF. En abril de 1960 en el congreso de Lyon, se había formado una nueva mayoría en la UNEF, en la que los miembros de la incipiente nueva izquierda contaban claramente con las preferencias estudiantiles, a ello contribuyó el protagonismo estudiantil en el movimiento contra de la guerra de Argelia. La firma del tratado de Evian el 22 de marzo de 1962 por el que se reconocía la independencia de Argelia puso fin a este movimiento, pero había sentado las bases políticas y sociales sobre las que se desarrollaría la nueva izquierda francesa. En Gran Bretaña se fundaba el 15 de enero de 1958 la Campaña para el Desarme Nuclear (CND), impulsada entre otros por Bertrand Russel, Michael Foot y Kingsley Martin, director del semanario New Statesman. El principal instrumento público de la Campaña fueron las marchas de Aldermaston, iniciadas el 4 de abril de 1958, dando origen a nuevas formas de movilización social que desde entonces proliferarían en los nuevos movimientos sociales, particularmente en el movimiento por la paz de los años ochenta. La composición social de los participantes en la marcha reveló desde sus inicios los sectores sociales que alimentaran desde los años sesenta los nuevos movimientos sociales y los nuevos partidos que han surgido en las sociedades del bienestar en los últimos treinta y cinco años: profesores, estudiantes, empleados públicos y del sector servicios. Reflejo de las profundas alteraciones que la estructura social de los países de capitalismo avanzado venían registrando tras la segunda guerra mundial con la construcción de los estados del bienestar y la consolidación de la sociedad de consumo. El tradicional conflicto entre capital y trabajo comenzaba a compartir el escenario del conflicto social con otras manifestaciones en la que entraban en juego nuevos agentes sociales, nuevos valores y nuevas formas de actuar política y socialmente ajenas al tradicional movimiento obrero. En el invierno de 1960-61 se constituyó en Gran Bretaña el Comité de los Cien, que propugnaba la desobediencia civil no violenta, bajo la presidencia de Bertrand Russell. El apogeo de las marchas de Aldermaston se alcanzó en 1961 cuando participaron cerca de 150.000 personas. En la CND participaban numerosos militantes laboristas, junto a miembros de la incipiente nueva izquierda aglutinados en torno a la revista New Left Review dirigida por Stuart Hall. En el momento de mayor auge, 1960-1961, la CND logró influir circunstancialmente en el programa laborista, que optó por las tesis unilateralistas en el Conferencia de Scarborough de octubre de 1960, venciendo las resistencias de las Trade Unions. La conferencia de Blackpool de 1961 rechazó definitivamente las tesis unilateralistas, las razones de este abandono se encontraban en el carácter de partido de gobierno del laborismo. La conquista de una mayoría social resultaba incompatible con una política exterior al margen de las decisiones de la OTAN, en un contexto internacional marcado por la guerra fría. Dentro de la nueva izquierda británica también se producían incomprensiones respecto del significado y alcance de la CND, sobre todo entre los marxistas británicos más apegados a la tradición como el historiador Perry Anderson, que consideraban a la CND incapaz de hacer frente a los desafíos de transformación de la sociedad británica al centrarse sólo en el tema de la paz y el unilateralismo, atrapados en los análisis estructuralistas que ponían el acento en el conflicto de clases. El triunfo electoral de los laboristas liderados por Harold Wilson en noviembre de 1964 representó el ocaso de la nueva izquierda británica y de la CND, afectada por la firma de los acuerdos de no-proliferación nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética, dentro del nuevo clima producido con la llegada de Nikita Jrushov y la política de coexistencia pacifica. 1964 representa también el punto de arranque de los nuevos temas de movilización de la nueva izquierda británica con la creación del Institute for Workers´Control dirigido por Ken Coates, la Vietnam Solidarity Campaign y la revista The Spokesman animados por la Fundación Bertrand Russell. En la República Federal de Alemania (RFA) el 29 de enero de 1955 se hacia público un manifiesto en contra del rearme de la RFA, aprobado en la conferencia de Londres de 1954, a raíz de la cual la RFA se incorporaba a la OTAN. Dicha manifestación fue impulsada por el Partido Socialdemócrata alemán (SPD) y los sindicatos (DGB), así como por representantes de las iglesias protestantes. Meses antes se había producido la declaración de Göttingen, firmada por 18 premios Nobel, en contra de la nuclearización de Alemania. El 25 de marzo de 1958 el Bundestag -Parlamento- aprobó con la oposición del SPD la incorporación de armamento nuclear táctico en el ejército alemán, en este contexto nació el 23 de marzo de 1958 el movimiento Lucha contra la Muerte Atómica, con postulados similares a la Campaña por el Desarme Nuclear (CND) británica, a través de un manifiesto firmado por cuarenta personalidades del mundo político, sindical, universitario y religioso. Al igual que sucediera en Gran Bretaña con las marchas de Aldermaston, en la RFA las marchas de Pascua se convirtieron en la principal manifestación pública del movimiento Lucha contra la Muerte Atómica. La colaboración del SPD fue corta, pues tras el revés electoral de 1957 los socialdemócratas alemanes iniciaron un proceso de reorientación ideológica y política destinado a convertirle en un partido de gobierno en concordancia con las transformaciones sociales, económicas y culturales que se estaban produciendo con la edificación del estado del bienestar, que culminaría en el congreso de Bad Godesberg de 1959. En este trayecto las posturas en pro del desarme del SPD fueron abandonadas. En noviembre de 1961 se oficializaba la ruptura entre el SPD y su organización estudiantil Sozialisticher Deutscher Studentenbund (SDS). A pesar de ello el movimiento antiatómico de la RFA continuo su singladura, alcanzando su mayor éxito en 1967 cuando decenas de miles de personas participaron en la marcha de Pascua. La retirada del SPD favoreció el desarrollo de la nueva izquierda alemana, que se aglutinaría en torno a la Oposición Extraparlamentaria (APO) en los años sesenta. Vietnam polo de la protesta estudiantil.
Vietnam fue entre 1966 y 1968 el principal punto de referencia de las nuevas izquierdas occidentales. El 17 de abril de 1965 tuvo lugar en Washington la primera protesta masiva contra la guerra de Vietnam, organizada por el Students for a Democratic Society (SDS). En octubre más de 100.000 estudiantes norteamericanos participaron en el Vietnam-Day en contra de la guerra. En noviembre de 1966 decenas de miles de personas se manifestaban en Washington contra la guerra de Vietnam. El 21 de octubre de 1967 el Pentágono era asediado por decenas de miles de personas. En noviembre de 1969 cientos de miles de personas se manifestaron en varias ciudades de los Estados Unidos contra la guerra de Vietnam. Fue el momento de mayor apogeo del movimiento contra la guerra de Vietnam y de mayor expansión del SDS.
En París se celebraron el 28 de noviembre de 1966 las seis horas con Vietnam, convocadas por un comité en el que estaba presente Jean Paul Sartre. En Gran Bretaña, la primera manifestación organizada por la Vietnam Solidarity Campaign -VSC- tuvo lugar el 22 de octubre de 1967, en los mismos días que tenía lugar la marcha sobre Washington en contra de la guerra. La oposición a la intervención norteamericana en Vietnam se extendió como un reguero de pólvora en las universidades europeas, convirtiéndose en el caldo de cultivo propicio para el nacimiento y desarrollo de múltiples grupos de extrema izquierda, con un fuerte componente trosquista y maoísta, que terminaron por germinar la llamada nueva izquierda. Las posiciones tercermundistas de los estudiantes alemanes encontraron una primera manifestación significativa con la protesta de los estudiantes berlineses en diciembre de 1967 por la visita del primer ministro congoleño Moisés Tshombé, responsable del asesinato del líder africanista Patricio Lumumba. Fue, sin embargo, la guerra de Vietnam la que catalizó la solidaridad con el Tercer Mundo de los estudiantes alemanes, como ocurrió en el resto de los países occidentales. En febrero de 1968 se celebró la manifestación internacional de Berlín, en la que confluyeron universitarios de varios países europeos, entre los que se encontraban Daniel Cohn-Bendit y Alain Krivine, dirigente del incipiente movimiento trosquista francés. La contracultura, vanguardia de los nuevos valores. En Holanda hicieron su aparición en 1965 los provos, de marcado carácter antiautoritario y anticonsumista, partidarios de la acción directa. Su presentación pública tuvo lugar en marzo de 1966 mediante la organización de un happening de protesta por los fastos del matrimonio de la reina Beatriz. Sus acciones más significativas se desarrollaron dentro de los denominados planes blancos, mediante los cuales pretendían ofrecer alternativas a la sociedad de consumo, como la libre utilización de las bicicletas blancas frente al uso y abuso del automóvil en la ciudad. El objeto de sus actividades fue definido con claridad por Bernard de Vries: "Nos gustaría poder transformar la sociedad, pero no tenemos fuerzas suficientes para ello. Únicamente estamos capacitados para provocar una discusión de una amplitud sin precedentes". El 13 de mayo de 1967 un happening -reunión- celebrado en Amsterdam decidió poner fin al movimiento provo. Tras mayo de 1968 hicieron su aparición durante un corto lapso de tiempo, 1970-1971, los kabouters que desde posiciones libertarias adoptaban la crítica izquierdista del orden social imperante y del hippismo incorporaban la no-violencia y la revolución de la vida cotidiana, en el intento de fundamentar una contracultura alternativa a la sociedad consumista. El 11 de junio de 1965 se celebró un happening en el Albert Hall de Londres que reunió a lo más florido del underground británico e internacional, entre los que se encontraban Ernst Jandl, Harry Fainlight, Adrian Mitchell, Dan Richter, Mike Horovitz o Allan Ginsberg. En marzo de 1966 se inauguró la London Free School impulsada por John Hopkins. A finales de 1966 un club londinense se convertiría en el punto de referencia del underground: el UFO, desde el que partió el semanario International Times y donde actuaron grupos que pronto alcanzarían fama mundial como los Pink Floyd. Al UFO le sucedió el Arts Laboratory fundado por Jim Haynes en junio de 1967 en el centro de Londres, donde se concitaron las más diversas expresiones artísticas del movimiento contracultural. Revistas como OZ y Frendz aparecieron por estas fechas, y en julio de 1967 Allan Ginsberg impulsó una reunión en Hyde Park en favor de la legalización de la marihuana. El movimiento hippy estaba en pleno apogeo y junto con la proliferación de locales y revistas, que convirtieron a Londres en la capital europea del underground, se iniciaron las ocupaciones de casas con la colaboración del London Squatters Committees. En el verano de ese año, 1967, tuvo lugar el congreso internacional sobre Dialéctica de la Liberación, organizado por el Institute of Phenomenological Studies a través de los más destacados representantes de la antipsiquiatría: Joseph Berke, David Cooper, Ronald Laing y Leon Redler. La Oposición Extraparlamentaria alemana -Ausserparlamentarische Opposition-, APO, se constituyó por la confluencia de organizaciones y movimientos que mostraban su oposición a los derroteros que la política oficial tomaba en los ámbitos de las libertades y los derechos ciudadanos, liderada por los grandes partidos y cristalizada en la Gran Coalición de cristianodemócratas y socialdemócratas el 1 de diciembre de 1966. Integraban la APO desde organizaciones juveniles como la LSD -liberal-, la SHB y el AUSS -estudiantes socialdemócratas-, HSU -estudiantes radicales-, además del SDS que constituyó el grupo más influyente, junto con organizaciones como el Argument-Club, los Amigos del Periodismo, los Ça ira o los Republikanische Club, a los que se unieron grupos de pacifistas que habían participado en las movilizaciones contra la nuclearización de Alemania de los años anteriores, amén de comunistas, trosquistas, sindicalistas de izquierda e intelectuales. La revista Karsbuch, dirigida por el escritor Hans Magnus Enzesberger terminó por convertirse en el órgano de expresión no orgánico de la APO. Intelectuales como Peter Weiss, Reiman Lenz, Erich Fried u Oskar Negt contribuyeron a dotar de solvencia las propuestas de la APO. El SDS, donde Rudi Dutschke era una de sus figuras más conocidas, había recibido las influencias de la escuela de Francfort, desde Adorno y Horkheimer a Marcuse pasando por Erich Fromm y Wilhem Reich, de Karl Korsch, Rosa Luxemburgo o el consejista Anton Pannekoek. La muerte en Berlín del estudiante de teología Benno Ohnesorg como consecuencia de la actuación de la policía frente a una manifestación en protesta por la visita del Sha de Persia el 2 de junio de 1967, generó un movimiento de protesta en los siguientes días en el que participaron decenas de miles de jóvenes en toda la República Federal. En este contexto de movilizaciones estudiantiles tuvo lugar el congreso La universidad en una democracia donde se enfrentaron las concepciones divergentes de Habermas y Dutschke sobre el papel de la acción directa. En octubre de 1967 se reiniciaron las movilizaciones de los estudiantes en diversas ciudades de la RFA, prolongándose hasta principios de 1968. El 17 de febrero miles de personas se manifestaron en Berlín contra la guerra de Vietnam, coincidiendo con un Congreso Internacional sobre Vietnam, en el que participaron Rudi Dutschke, K. D. Wolff, presidente del SDS, Peter Weiss y Erich Fried entre otros. El 11 de abril Dutschke sufrió un atentado que provocó una nueva oleada de manifestaciones contra el grupo editorial Springer, acusado de fomentar el odio contra las organizaciones que impulsaban o apoyaban las movilizaciones que recorrían la RFA en esos meses, alcanzando su clímax el 1 de mayo cuando miles de personas participaron en la manifestación convocada por la APO en Berlín. La campaña contra las leyes de excepción alcanzó uno de sus momentos culminantes en la primavera de 1968, cuando el debate parlamentario estaba a punto de concluir con la aprobación de una legislación fuertemente restrictiva de los derechos y libertades individuales y colectivas en la RFA. Las manifestaciones se sucedían en las ciudades alemanas protagonizadas por los estudiantes. Finalmente, el 29 de mayo el Bundestag aprobó las leyes de excepción con el apoyo del SPD. A partir de este momento se inicio el declive de las movilizaciones y de la APO. En Italia, 1967 fue el momento también del nacimiento de un nuevo movimiento estudiantil caracterizado por el antiautoritarismo, el asamblearismo y el recurso a la acción directa. El 8 de febrero fue ocupada la Facultad de la Sapienza en Pisa, los motivos residían en la oposición a la ley de reforma universitaria que se estaba discutiendo en aquellos momentos por el Parlamento. El movimiento se extendió al resto de las universidades italianas. En noviembre de 1967 la facultad de ciencias sociales de Trento estaba en huelga. A lo largo de ese curso académico las movilizaciones, basadas en ocupaciones y manifestaciones alcanzaron a la mayoría de las universidades. En marzo, a las movilizaciones universitarias se añadieron la de los estudiantes de enseñanzas medias. Durante ese curso se confrontaron en el seno del movimiento estudiantil italiano las tesis antiautoritarias, lideradas por los estudiantes de Trento y Turín, con las tendencias obreristas dominantes en Pisa y las marxistas-leninistas de Nápoles. Esta división respondía a los diferentes planteamientos que se estaban abriendo camino en Europa dentro de la nueva izquierda entre las tesis de inspiración leninista o maoísta y las antiautoritarias con un fuerte componente libertario.
El 3 de mayo de 1968 la Sorbona de París bullía por la agitación estudiantil. Dos días antes los estudiantes de Nanterre habían intentado participar en la manifestación obrera. El 2 de mayo la universidad de Nanterre fue cerrada por las autoridades, a la vez que se abría un expediente a Daniel Cohn-Bendit, portavoz más conocido del Mouvement 22 mars. Al día siguiente los estudiantes se concentraron en el patio de la Sorbona para protestar contra el cierre y por la comparecencia de ocho estudiantes ante el consejo de disciplina. El rector llamó a la policía y el edificio fue desalojado. Los estudiantes invadieron el Barrio Latino y en la noche del 3 al 4 de mayo las calles se llenaron de barricadas y enfrentamientos con la policía. Había nacido el mayo del 68.
Entre el 3 y el 11 de mayo la revuelta se extendió a lo largo y ancho de las calles del Barrio Latino. Fue un movimiento espontáneo, motivado por la acción de las autoridades académicas y de la policía. A partir del 6 de mayo la UNEF y el sindicato de la enseñanza superior SNE-sup, así como el movimiento de acción universitario y los primeros comités de acción, comenzaron a dirigir y organizar el movimiento. Durante todo el día París estuvo ocupado por las manifestaciones estudiantiles. Los comités de acción de enseñanza media declararon la huelga en los liceos. Tras una noche de enfrentamientos con la policía, una manifestación de más de 50.000 personas recorrió el centro de París desde el Barrio Latino hasta l´Etoile. A lo largo de estos días los portavoces más significados del movimiento estudiantil fueron Jacques Sauvageot, de la UNEF, Alain Geismar, del SNE-sup, y Cohn-Bendit, del 22 de marzo. Las reivindicaciones de estos primeros días se centraban en la liberación de los estudiantes encarcelados, la reapertura de la Sorbona y la retirada de la policía del Barrio Latino
Ante la persistencia de la agitación estudiantil, el 13 de mayo las grandes centrales sindicales: CGT, FEN, SNE-sup, FO, CFDT y CGC llamaron a la huelga general bajo el lema "alto a la represión, libertad, democracia, viva la unión de obreros y estudiantes", llamamiento apoyado por el PCF, la FGDS y el PSU. Ese día cientos de miles de personas se manifestaron por el centro de París. Aquella noche en un mitin, Cohn Bendit declaraba "¡me ha divertido bastante desfilar junto a los crápulas estalinistas!". Frase que podría sintetizar la ambivalencia del mayo del 68 entre las reivindicaciones y las formas de actuación de los estudiantes y las pretensiones de la izquierda tradicional, que no dejaba de mirar con un fuerte recelo la ocupación de la calle por estudiantes no encuadrados bajo su disciplina. El 14 de mayo, los obreros de la Sud-Aviation de Nantes ocuparon la fábrica. Se abría una nueva dinámica en la que sectores del mundo obrero se incorporaban a la revuelta inaugurada por los estudiantes. El 16 de mayo una concentración de los trabajadores de Renault-Billancourt marcaba el punto de inflexión en la dimensión del movimiento de protesta. Las huelgas y ocupaciones dejaron de ser exclusivamente patrimonio de los estudiantes para extenderse también al mundo fabril.
El 20 de mayo Francia se encontraba paralizada, hasta el extremo de llegar a escasear los artículos de primera necesidad, la gasolina y el suministro eléctrico. Durante esos días se produjo un auténtico vacío de poder. De Gaulle, el gobierno y los partidos tradicionales, incluido el PCF, estaban desbordados por una situación cuyas raíces y dimensiones no llegaban a comprender. El 23 de mayo, Cohn-Bendit fue expulsado de Francia bajo la excusa de su origen alemán. Simultáneamente, las dos grandes centrales sindicales la CGT y la CFDT, presentaron un programa común, que trataba de reconducir la revuelta a las dimensiones de una protesta normalizada, centrado en toda una serie de reivindicaciones salariales y laborales. A pesar de ello la revuelta todavía no fue desactivada. El 25 de mayo, sindicatos, organizaciones empresariales y gobierno firmaron los acuerdos de Grenelle, que recogían mejoras salariales, la aprobación de un salario mínimo garantizado y el reconocimiento de ciertos derechos sindicales. Dichos acuerdos fueron inicialmente rechazados por los trabajadores en huelga. Se ponía de manifiesto la fractura entre las organizaciones obreras tradicionales y un movimiento en el que habían participado a su pesar, y siempre a remolque de los acontecimientos. El 29 de mayo, la CGT convocó una manifestación bajo el lema "por un cambio político de progreso social y de democracia". Al día siguiente, De Gaulle disolvía la Asamblea Nacional y convocaba elecciones, con el objeto de salir del impasse provocado por el vacío de poder, reto que fue aceptado por la izquierda tradicional. Ese mismo día los gaullistas salían a la calle, manifestándose por los Campos Elíseos. A partir de este momento la situación empezó a normalizarse. El 12 de junio se prohibieron todas las manifestaciones y los grupos de la extrema izquierda fueron disueltos por decreto. El 16 de junio, los estudiantes volvieron a las aulas de la Sorbona. El 23 se celebraron las elecciones, resueltas con una clara derrota de la izquierda y el triunfo de los gaullistas y sus aliados. Con ello finalizaba el mayo del 68 francés.
Francia había estado al borde del abismo. Mayo del 68 había actuado como el crisol en el que se fundieron todos los síntomas del malestar que arrastraba la sociedad francesa. De una parte, la nueva conciencia social de determinados sectores de las nuevas clases medias atraídas por las tesis tercermundistas que habían ido cristalizando desde el conflicto de Argelia y que habían encontrado su proyección en la guerra de Vietnam. De otra, el creciente distanciamiento de amplios sectores de la sociedad francesa, respecto del régimen paternalista y con acendrados ribetes autoritarios del general De Gaulle; pero también el alejamiento respecto de una izquierda tradicional, representada paradigmáticamente por el PCF, anclada en una posición acomodaticia donde se combinaban sin solución de continuidad una retórica de la transformación social con la plena aceptación del estatus político y social. Además, los nuevos valores asociados a la sociedad del bienestar, representados por las demandas de aspiraciones de unos universitarios masificados, hijos de las clases medias, que habían nacido y crecido en la floreciente sociedad de consumo, representaban una ruptura generacional que cuestionaba no sólo el orden social sino también el discurso y la práctica de la izquierda tradicional. Mayo del 68 fracasó como revolución, pero transformó la sociedad francesa. Cuestiones tales como el reconocimiento de los derechos de la mujer, la liberalización de las costumbres, la democratización de las relaciones sociales y generacionales, la destrucción del autoritarismo en la enseñanza... cristalizaron en las calles de París.
Paralelamente, al otro lado del telón de acero soplaban vientos que amenazaban con cuartear el rígido edificio del totalitarismo soviético y su influencia en Europa oriental. La controversia chino-soviética, pronto convertida en abierto enfrentamiento ideológico-político, halló eco en los países de Europa del Este. De una parte, afianzando la autonomía yugoslava, al ampliar el margen de maniobra de Tito, embarcado en el proyecto del no-alineamiento. De otra, favoreciendo la creciente autonomía respecto de Moscú de Albania y Rumania, que anclados en la ortodoxia estalinista se distanciaban del Moscú de Kruschov. Se abrían camino los discursos sobre la vía nacional al socialismo para reivindicar la autonomía, incluso la independencia, respecto de Moscú establecida desde los tiempos de la III Internacional, reafirmada en tiempos de Stalin y consolidada mediante la presencia de los tanques soviéticos en Europa tras la II Guerra Mundial. Hungría en 1956 había representado la más evidente prueba del vasallaje impuesto por la Unión Soviética. Las reformas de Gomulka en Polonia se habían estrellado contra los estrechos y altos muros del socialismo real.
A pesar de ello, Checoslovaquia representaba una esperanza para aquellos que confiaban en reformar desde dentro los regímenes de democracias populares, mediante la construcción de un socialismo de rostro humano. Las tímidas reformas iniciadas por Novotny en 1963 pronto fueron desbordadas. La elección de Alexander Dubcek como secretario del Partido Comunista Checoslovaco, en enero de 1968, significó el triunfo de los sectores reformistas, que encontraron un fuerte apoyo social, al iniciar un ambicioso proceso de democratización. En abril se eliminaba la censura de prensa y radio, se reconocía el derecho de huelga, la libertad de movimientos de las personas, el pluralismo político y se ponían en marcha toda una serie de medidas descentralizadoras de la economía y la administración. Nacía la primavera de Praga. La restauración de las libertades civiles y políticas por Dubcek fue vista con temor y aprensión por los burócratas de la Europa oriental, sobre todo en Polonia y la República Democrática Alemana que temían el contagio social de los aires de libertad que recorrían Praga. El rumbo de los acontecimientos llevó de la preocupación al rechazo en Moscú, temeroso de que Checoslovaquia rompiera los vínculos con el Pacto de Varsovia y el bloque del Este. La noche del 21 de agosto tropas soviéticas, polacas, alemanas democráticas, húngaras y búlgaras ocupaban Checoslovaquia. La resistencia popular fue vencida rápidamente por los tanques soviéticos, poniendo fin de manera sangrienta a la Primavera de Praga. Los sucesos de 1968, tanto del mayo francés como de Checoslovaquia, dejaron importantes secuelas en la izquierda occidental a corto y medio plazo. En los partidos comunistas occidentales acentuaron el distanciamiento respecto de Moscú, particularmente del PCI y del PCE, dando lugar al eurocomunismo, que mediante la fórmula del compromiso histórico trataban, respectivamente, de abrir las puertas a un gobierno con los democristianos en Italia y articular un amplio acuerdo político capaz de poner fin a la dictadura franquista. La plena aceptación del marco democrático significaba la definitiva renuncia a la estrategia revolucionaria abierta por los bolcheviques en 1917, con ello no sólo se alejaban del modelo soviético también trataban de responder a las transformaciones acaecidas en las sociedades industrialmente avanzadas, mediante la teoría de la revolución científico-técnica.
A pesar de ello, amplios sectores sociales comprometidos en los movimientos del sesentayocho mostraron abiertamente sus recelos respecto de los partidos comunistas occidentales por la combinación de varios factores: la invasión de Checoslovaquia representó la definitiva ruptura con el modelo soviético para la nueva izquierda; mientras que las vacilaciones y tibieza, cuando no abierta hostilidad, con las revueltas del 68 de dichos partidos les alejaron de los grupos más comprometidos. A corto plazo, condujo a una reafirmación en los postulados del izquierdismo, basados generalmente en el marxismo-leninismo, el trotskismo o el maoísmo. El fracaso de las revoluciones del 68 respondió, a juicio de los grupos izquierdistas, a la ausencia de una organización capaz de dirigir el proceso revolucionario, dada la traición de la izquierda tradicional. Por ello, la tarea del momento residía en construir el partido de la revolución. En Francia, miembros de la disuelta Unión de Juventudes Comunistas (marxista-leninista) -UJC (m-l)-, del movimiento 22 de Marzo y del movimiento estudiantil fundaron la Gauche Prolétarienne, que contó con las simpatías de Sartre y Maurice Clavel, hasta que el 25 de junio de 1970 fue prohibida por el Gobierno; los trotskistas se reorganizaron en la Ligue Communiste liderada por Alain Krivine, la Alliance des Jeunes pour le Socialisme (AJS) y Lutte Ouvrière; en abril de 1973 aparecía, bajo la dirección de Sartre, el periódico Libération que trataba de expresar las sensibilidades crecidas al calor del Mayo del 68. En la República Federal Alemana, la Oposición Extraparlamentaria (APO) y el SDS entraron en crisis tras el fin de las movilizaciones contra las leyes de excepción y el triunfo electoral del SPD en 1969, dando lugar a un proceso de disgregación sólo superado en los años ochenta con la aparición de los Verdes -Die Grünen-. En Italia, desde 1966 existía el PCI (m-l) de tendencia maoísta, al que se añadió la Unione dei Comunisti Italiani (marxisti-leninisti) desde 1968; pero la experiencia más interesante se remontaba a los Quaderni Rossi impulsados por Rainiero Panzieri, que dio lugar en 1964 a la revista Classe Operaia, de la que surgió el grupo Potere Operaio en 1967; en 1968 aparecía en Milán Avanguardia Operaia, animadora de los Comitati Unitari di Base (CUB), que se presento a las elecciones locales de 1975 en unión del PDUP bajo el nombre de Democrazia Proletaria; en Turín nació en 1969 Lotta Continua; finalmente, en 1969 un grupo de disidentes del PCI creó la revista Il Manifesto, entre los que se encontraban Rossana Rossanda, Luigi Pintor, Massimo Caprara, Lucio Magri y Luciana Castellina. La nueva izquierda italiana de los años setenta fue la más sugerente y renovadora de los grupos surgidos tras las cenizas de las revueltas del sesentayocho, animando y, en muchos casos, anticipando los planteamientos, de los nuevos movimientos sociales de los setenta y ochenta, como el feminismo, el ecologismo y el pacifismo. A medio plazo, el izquierdismo se reveló como un camino que miraba más hacia el pasado que hacia el futuro. Su fracaso se manifestó en la permanente fragmentación de unos grupos que difícilmente salían de la marginalidad política y social. La frustración de las esperanzas en el pronto estallido de la revolución llevó a algunos, influidos por la mitificación de las luchas guerrilleras del Tercer Mundo, a postular estrategias de guerrilla urbana que desembocaron en varios países en la formación de grupos terroristas, como las Brigadas Rojas en Italia o el RAF -fracción del ejército rojo- en la República Federal Alemana, durante los años setenta. Mayo del 68 dejó tras de sí un poso ambivalente. En el decenio de los setenta varios factores confluyeron en el declive temporal de las protestas que habían atravesado las sociedades opulentas. De una parte, la derrota de las revueltas del 68, más aparente que real por lo que se refiere a determinados aspectos de los nuevos valores postmaterialistas de las que eran portadoras, provocó un reflujo de la dinámica de la protesta de los sesenta, manifestado en la progresiva marginalidad de los grupos herederos del sesentayocho. De otra, el cambio de las expectativas, fruto del estallido de la crisis de los setenta, que puso en cuestión el optimismo en un crecimiento sostenido a raíz de la publicación del primer informe del Club de Roma en 1972, bajo el paradigmático título los límites del crecimiento. Un año más tarde la primera crisis del petróleo resquebrajaría la fe en un Progreso material ilimitado, ofreciendo fuertes argumentos al incipiente movimiento ecologista. La independencia económica adquirida por las mujeres y la elevación de sus niveles educativos coadyuvaron de manera decisiva a la ampliación del apoyo social de los movimientos en pro de la igualdad de los derechos de la mujer, nacidos en los lustros finales del siglo XIX y representados paradigmáticamente por las sufragistas. De hecho, el movimiento de la mujer que cristaliza en los años sesenta representa un cambio cualitativo respecto del discurso, el eco y apoyo social de los movimientos sufragistas.
El movimiento feminista actúa en un doble plano: la demanda de la igualdad entre los sexos, mediante modificaciones en el orden jurídico y político que hagan factible dicha igualdad, a través de las campañas en favor del divorcio, del derecho de aborto, de la igualdad de salarios, la no-discriminación por razones de sexo..., que desembocarán en los ochenta en la reivindicación de políticas de discriminación positiva -establecimiento de cuotas para las mujeres en todos los planos de la vida social- destinadas a corregir en la práctica la tradicional discriminación de la mujer, progresivamente eliminada en el orden jurídico; de otro lado, el discurso feminista al desarrollar una crítica global a la sociedad patriarcal se dirige desde la reivindicación de la autonomía e independencia de las mujeres a la defensa de nuevos valores asociados a la feminidad para plantear un cambio sustantivo en las formas de organización y relación social. En 1949 Simone de Beauvoir publicó Le deuxième sexe -el segundo sexo-, obra inaugural del feminismo de la segunda mitad del siglo XX. El 18 de agosto de 1960 se inicio en los Estados Unidos la comercialización de la píldora anticonceptiva, que puso en manos de las mujeres un instrumento básico en el control de su sexualidad. En 1963 Betty Friedan publicaba The feminine mystique -la mística de la feminidad-, obra básica con la de Beauvoir en la fundamentación del discurso feminista, en años posteriores le seguirán The dialectic of sex -la dialéctica del sexo- de Shulamith Firestone (1970), The female eunuch -el eunuco hembra- de Germaine Greer (1970), Women´s estate -la condición de la mujer- de Juliet Mitchell (1971), Sexual politics -Política sexual- de Kate Millet (1971), The politics of women´s liberation -la política de la liberación de la mujer- de Jo Freeman (1975), por sólo citar algunos de los más relevantes títulos de una abundantísima literatura que dotó de contenidos teóricos y argumentos al movimiento feminista. En mayo de 1966 se creó en Italia la Liga para la Institución del Divorcio, en diciembre tuvo lugar la primera manifestación masiva en favor del divorcio en Italia (Roma). Este mismo año, 1966, ve la luz la National Organization of Women, presidida por Betty Friedan, que persigue el reconocimiento legal de la igualdad de los derechos entre los sexos mediante la combinación de manifestaciones y actos públicos y su funcionamiento como lobby destinado a presionar a las instituciones -Gobierno, Congreso, Tribunal Supremo y Estados federados- en favor de los derechos de la mujer en los Estados Unidos, pronto contó con decenas de miles de afiliadas.
Ese mismo mes de diciembre de 1975 entraron en vigor en Gran Bretaña la Sex Discrimination Act y la Equal Pay Act que reconocen la igualdad absoluta de ambos sexos. Del 6 al 9 de diciembre se celebraron en Madrid las Primeras Jornadas Nacionales por la liberación de la Mujer, era la presentación pública del movimiento feminista en España, que mantendrá un creciente protagonismo social hasta 1983. En 1975 tuvo lugar en Islandia la primera huelga general de mujeres, que logra paralizar al país. El 12 de abril de 1981 se aprobó en España la ley de divorcio y en febrero de 1983 el gobierno socialista presentó al Parlamento la ley de despenalización del aborto, se iniciaba con ello el declive de las movilizaciones del movimiento feminista, una vez reconocidas legalmente sus principales reivindicaciones.
La crisis de los setenta, los crecientes problemas de contaminación medioambiental, la quiebra de la ideología del Progreso, la masificación urbana y el consiguiente empeoramiento de la calidad de vida, accidentes como los de Seveso en Italia (1976) y de Harrisburg en Estados Unidos (1979), dieron alas y argumentos al movimiento ecologista, que desde posiciones marginales fue ampliando su base social, despertando una nueva sensibilidad en los países industrializados, hasta el punto de llegar a condicionar la acción de los gobiernos. Los inicios del movimiento ecologista en Estados Unidos tuvieron lugar con el gran apagón, noviembre de 1963, que dejo sin electricidad a gran parte del norte de los Estados Unidos y del sur de Canadá, sobre el que Barry Commoner basó su obra Ciencia y Supervivencia, aparecida en 1966, uno de los primeros textos en los que se denuncia la espiral productivista asociada al optimismo tecnológico. El 18 de enero de 1967 se produjo una de las primeras catástrofes ecológicas de la segunda mitad del siglo XX, el naufragio del petrolero Torrey Canyon frente a las costas de Bretaña, provocando una de las primeras mareas negras en el Canal de la Mancha. En 1969 David Brower fundó Amigos de la Tierra -Friends of the Earth-, una de las primeras organizaciones ecologistas de carácter mundial. Un año más tarde funcionaban en Estados Unidos más de tres mil organizaciones ambientalistas y ecologistas.
Ese mismo año, 1969, la National Academy of Sciences de los Estados Unidos publicaba el informe Resources and Man -los recursos y el hombre-, primero de los informes procedentes de la comunidad científica que alerta sobre la limitación de los recursos y la explosión demográfica. En febrero de 1970 los matrimonios Bohlen y Stowe trataron de impedir una explosión nuclear estadounidense en Amchitka -Alaska- prevista para 1971, fundaron para ello el grupo No Hagáis Olas, que botó un barco bajo el nombre de Greenpeace el 15 de septiembre de 1971, con ello nació Greenpeace. El 22 de abril de 1970 varios millones de personas participaron en Estados Unidos en el Earth Day -Día de la Tierra-, las repercusiones de la afirmación de la conciencia ambientalista en la sociedad norteamericana llevó a la creación por el gobierno de la Agencia de Protección del Medio Ambiente. El 12 de abril de 1971 varios centenares de personas se manifestaron frente a la central nuclear en construcción de Fessenheim -Alsacia-. Fue el inicio del movimiento antinuclear francés. El 11 de mayo de ese año 2.200 científicos de todo el mundo se dirigieron a la ONU alertando sobre la degradación del medio ambiente, es el Mensaje de Menton que proclamaba "Vivimos en un sistema cerrado, totalmente dependientes de la Tierra y unos de otros, y eso durante toda nuestra vida y durante la de las generaciones que vendrán". El eco del movimiento ecologista comenzó a alcanzar una resonancia internacional, rebasando los límites de los grupos activistas para instalarse en la conciencia de la opinión pública, especialmente en los países industrialmente avanzados, donde la degradación del medio ambiente comienza a deteriorar los niveles de calidad de vida. En 1972 aparece el primer informe del Club de Roma sobre los límites del crecimiento.
En abril de 1972 se fundó en Tasmania -Australia- el primer partido ecologista, el United Tasmania Group, al que le seguirá un mes más tarde el Values Party de Nueva Zelanda. En junio de 1972 se celebró en Estocolmo la primera Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente Humano, organizada por la ONU, que dio lugar a la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con sede en Nairobi. El 14 de julio se desarrollaba la primera gran manifestación contra la ampliación de la base militar de Larzac en Francia, convirtiéndose en los siguientes años en punto de referencia y confluencia del movimiento ecologista y pacifista francés, mostrando los puntos de contacto de ambos movimientos, compartiendo en muchos casos activistas y base social. En febrero de 1975 centenares de activistas antinucleares ocuparon los terrenos donde se proyectaba construir la central nuclear de Whyl -cerca de Friburgo, en la República Federal Alemana-, tras un inicial desalojo por la policía, la ocupación se prolongó por espacio de ocho meses, un tribunal paralizó el inicio de las obras el 21 de marzo y el 14 de marzo de 1977 era descartada definitivamente su construcción, con la ocupación de Whyl arrancaba con fuerza el movimiento antinuclear alemán. El 22 de marzo de 1975 se produce el primer accidente grave -conocido- en una central nuclear, en Browns Ferry -Alabama, Estados Unidos-. Desde ese año el carácter antinuclear del movimiento ecologista tendió a cobrar un creciente protagonismo hasta lograr la paralización de los programas nucleares en la mayoría de los países industrializados tras los accidentes de Harrisburg y Chernóbil. Esa primavera de 1975 registró una continua movilización contra la nuclearización del Rhin en la que participaron ciudadanos alemanes y franceses, expresión del carácter internacional del movimiento antinuclear. El 10 de julio de 1976 se produjo la catástrofe de Seveso -Italia-, una nube de dioxina contaminó la zona, obligando al desalojo de una amplia zona de la región norte de Milán. El 30 de octubre de ese año varios miles de personas ocuparon los terrenos destinados a la construcción de la central nuclear de Brokdorf -Slesvig-Holstein, RFA-. La batalla de Brokdorf se prolongó durante varios meses, con continuos desalojos y ocupaciones en los que participaron miles de personas. El 30 de julio miles de franceses se manifestaron contra el supergenerador nuclear Superphénix, la intervención de la policía provocó la muerte del ecologista Vital Michalon, fue el momento álgido del movimiento antinuclear francés que desde entonces inició su declive. El 24 de septiembre fueron miles de alemanes federales los que se manifiestaron contra el supergenerador de Kalkar.
El 16 de marzo de 1978 el petrolero Amoco-Cadiz vertía frente a las costas bretonas 230.000 toneladas de crudo. En junio de ese año se celebró en Albany -Estados Unidos- el Congreso de Mujeres sobre el Medio Ambiente, síntoma del acercamiento del feminismo a la problemática ecologista, ratificado por la publicación de las obras de Susan Griffin, Woman and Nature. The Roaring Inside Her, y Mary Daly, Gyn-Ecology: The Metaethics of Radical Feminism. El 5 de noviembre de 1978, el movimiento antinuclear austríaco lograba la paralización del programa nuclear en un referéndum. Unos meses más tarde, el 28 de marzo de 1979, ocurría el accidente en la central nuclear de Three Mile Island -Harrisburg-, la gravedad y repercusión del acontecimiento paralizó el programa nuclear norteamericano. Tres días más tarde, el 31 de marzo, decenas de miles de alemanes federales se manifiestaban en contra de la planta de reprocesamiento nuclear de Gorleben. El 9 de diciembre se celebra en Bruselas una manifestación contra la instalación de los euromisiles en Europa -misiles nucleares de alcance medio-. Era el inicio del nuevo movimiento pacifista europeo que cristalizó en la formación en 1980 de la Campaña Europea por el Desarme Nuclear (END), en la que se evidenciaban las estrechas relaciones entre el movimiento antinuclear y el movimiento por la paz de los años ochenta. El incremento de la sensibilidad medioambientalista por la opinión pública mundial se tradujo en la aprobación el 5 de marzo de 1980 de la Estrategia Mundial de la Conservación de la Naturaleza, elaborado por la UICN, el PNUMA y el WWF. Ese mismo mes un referéndum obligaba al gobierno a programar el abandono de la energía nuclear para el año 2010 en Suecia. 1980 fue el año de la publicación del Informe Global 2000. Report to the President of the U.S., encargado por el presidente James Carter al Departamento de Estado y al Consejo de Calidad Ambiental, sus conclusiones eran aún más alarmantes si cabe que las del primer informe del Club de Roma sobre los límites del crecimiento. A estas alturas, los argumentos del movimiento ecologista difícilmente podían ser obviados por la opinión pública y los gobiernos, la sensibilidad medioambiental se extendía como una mancha de aceite entre las poblaciones de los países industrialmente avanzados, la ecología y el conservacionismo dejaron de ser patrimonio exclusivo del movimiento ecologista, sus demandas empezaron a encontrar eco en los partidos tradicionales, que barnizaron sus programas y discursos de un tenue color verde con el que atraer a un electorado cada vez más sensibilizado por la degradación del medio ambiente.
1981 fue el año en el que se anunció por científicos británicos que desde 1970 se reproducía cada primavera un agujero en la capa de ozono en la Antártida, provocado por la acción de los CFC -gases clorofluorocarbonados-, en 1990 se confirmaba que otro agujero en la capa de ozono se producía en el Polo Norte. En mayo de 1984, la conferencia de Nairobi, convocada por el PNUMA, alertaba sobre los procesos de desertización provocados por la acción humana. En junio de 1984, tras las elecciones europeas, se formó el grupo Arcoiris que aglutinaba a los europarlamentarios verdes de la CEE. En Octubre de ese año se reunió por primera vez la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, creada por la Asamblea General de la ONU de 1983, bajo la presidencia de la primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, sus trabajos desembocaron en 1987 en el Informe Nuestro futuro común, que proponía la adopción de un programa mundial para hacer posible un desarrollo sostenible. El 3 de diciembre de 1984 un escape de la multinacional Union Carbide en Bhopal -India- provocó la muerte inmediata a 2.000 personas y lesiones de diversa consideración a otras 200.000. Evidencia de las crecientes dificultades para las producciones de riesgo en los países industrializados y la estrategia de las transnacionales de trasladar las mismas hacia los países del Tercer Mundo, menos estrictos en lo referente a las normativas y controles gubernamentales y sociales sobre los procesos industriales de riesgo. El accidente de Bhopal y los agujeros de la capa de ozono planteaban en toda su crudeza el carácter mundial de la conservación del medio ambiente, confirmado dramáticamente por el accidente de Chernóbil.
En marzo de 1985 se celebró en París una conferencia mundial sobre la deforestación -cada año desaparecen diez millones de hectáreas de superficie arbolada-, a estas alturas nadie negaba los efectos de la lluvia ácida en los países industrializados, en ese año la mitad de los bosques de la República Federal Alemana se encuentraban afectados por las emisiones sulfurosas -lluvia ácida-. El 10 de julio de 1985 los servicios secretos franceses hundieron en Auckland -Australia- el barco Rainbow Warrior, de Greenpeace, cuando protestaba por las explosiones nucleares francesas en el Pacífico. El 26 de abril de 1986, el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil -Ucrania- estalló, fundiéndose el núcleo del reactor, 140.000 personas tuvieron que ser evacuadas y, en 1990, 640.000 se encontraban bajo control médico debido a las emisiones radiactivas, 30.000 km2 de territorio serán baldíos durante al menos dos generaciones, la nube radiactiva se extendió por el territorio occidental de la URSS alcanzando a Europa occidental. En junio de ese año cuatro mil mujeres finlandesas iniciaron una huelga de embarazos por la que renunciaban a tener hijos hasta que el gobierno abandonara el programa nuclear. Chernóbil representó el golpe de muerte para los procesos de nuclearización, las moratorias nucleares se extendieron a lo largo y ancho de Europa.
En mayo de 1988, la reproducción anormal de un alga, provocada por los vertidos de azufre y fósforo, causó la muerte de millones de peces en las costas de Suecia y Noruega, la contaminación de los mares Báltico y del Norte causaron la aniquilación de buena parte de su vida animal. En junio la NASA presentó pruebas sobre los primeros síntomas del efecto invernadero -recalentamiento del planeta consecuencia de las emisiones de gases a la atmósfera, principalmente CO2-. El 22 de diciembre de 1988, sicarios de los terratenientes de Acre -Brasil- asesinaron a Chico Mendes, dirigente sindical y ecologista de los seringueiros por su defensa del Amazonas. El 24 de marzo de 1989, el petrolero Exxon Valdez provocó una marea negra de cerca de 20.000 km2 en Alaska. El 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente bajo el lema Alerta mundial, la Tierra se calienta, propuesto por la ONU para llamar la atención sobre el efecto invernadero. Los efectos medioambientales de la guerra del Golfo -1992-, con el incendio de los pozos petrolíferos de Kuwait, han significado una de las mayores catástrofes de la segunda mitad del siglo XX. Tras la caída del muro de Berlín se ha conocido la situación catastrófica del medio ambiente en la Unión Soviética y los países de Europa del este. El caso de la destrucción del lago Baikal es paradigmática al respecto, Chernóbil no fue sino la confirmación de la regla: el absoluto desprecio por el medio ambiente de las burocracias gerontocráticas de estos países. El desastre de las instalaciones petrolíferas en los territorios de la antigua Unión Soviética se puso en evidencia en los meses de septiembre-octubre de 1994, cuyos escapes, situados entre 65.000 y 200.000 toneladas de crudo, amenazaron el Artico con una catástrofe de dimensiones mayores a la sucedida con el Exxon Valdez en Alaska. En junio de 1992 se celebró la Segunda Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente en Rio de Janeiro, convocada por la ONU, la presencia masiva de jefes de Estado y de gobierno simbolizaba la creciente preocupación de la opinión pública mundial sobre el deterioro del medio ambiente, sus conclusiones aunque no llegaban a comprometer a los gobiernos con las medidas propuestas por el informe Brundtland Nuestro futuro común apuntaban en la dirección de perseguir un desarrollo sostenible, las voces de los países del Tercer Mundo se dejaron hacer oír para que este fuera compatible con la mejora de la situación de sus poblaciones. El nuevo movimiento por la paz que recorrió Europa en el decenio de los ochenta se fundamentó en el peligro de una guerra nuclear limitada, con escenario en Europa, a raíz de la doble decisión de la Unión Soviética y los Estados Unidos de fabricar misiles de alcance medio, con un radio de acción comprendido entre los 500 y 2000 kms., los SS-20 y los Pershing 2 y Cruise: los euromisiles. En 1976 se iniciaba por parte de la Unión Soviética la producción de misiles SS-20. En junio de 1979, Estados Unidos aprobaba el programa de construcción de los sistemas móviles de misiles MX. El 9 de diciembre de ese año se celebró en Bruselas la primera manifestación masiva en contra de la instalación de misiles de alcance medio en Europa Occidental. Tres días después, el 12 de diciembre, la OTAN adoptaba la llamada doble decisión por la que se acordó la instalación en Europa occidental de los misiles de alcance medio.
El 4 de noviembre de 1980 Ronald Reagan fue elegido presidente de los Estados Unidos, la carrera de armamentos conoció un espectacular acelerón. El 15 y 16 de noviembre de 1980 varios centenares de pacifistas aprobaron el llamamiento de Krefeld -Alemania occidental- contra el estacionamiento de los euromisiles, en seis meses se habían recogido 800.000 firmas en la RFA. Ese año dos médicos, uno norteamericano y otro soviético, fundaron la Organización Internacional de Médicos para Evitar la Guerra Nuclear, cinco años después contaba con 135.000 miembros en 41 países.
En ese año, entre 1980 y 1981, la CND -Campaña por el Desarme Nuclear- británica paso de 3.000 a 300.000 miembros. El 5 de junio de 1982 se celebró en París una gran manifestación contra la visita del presidente Reagan, convocada por el Comité pour le Désarmament Nucléaire en Europe y el Mouvement pour le Désarmament, la Paix et la Liberté, a pesar de ello el movimiento por la paz francés no logro el arraigo y la capacidad movilizadora alcanzado en otros países europeos. El 10 de junio, coincidiendo con la visita de Ronald Reagan a Alemania Federal, se manifestaron cientos de miles de personas en Bonn contra el rearme del Oeste y del Este. En julio de 1982 se celebró en Bruselas la primera Convención de la END, en los años siguientes tuvieron lugar en Berlín, Perugia, Amsterdam, París, Coventry, Lund, Vitoria, Helsinki-Tallín y Moscú. En octubre de 1982 los socialistas españoles obtuvieron una abrumadora mayoría absoluta, durante la campaña electoral el PSOE se había manifestado en contra de la forma en que el gobierno de Calvo-Sotelo -UCD- había decidido la entrada de España en la OTAN, comprometiéndose a celebrar un referéndum sobre el tema. El compromiso electoral del PSOE marcó el despegue del movimiento por la paz en España, polarizado en torno al desmantelamiento de las bases norteamericanas en territorio español y el No a la OTAN. Las marchas a la base hispano-norteamericana de Torrejón de Ardoz se convertieron en punto de referencia obligado de la trayectoria del movimiento por la paz en España, que pivotó en torno a tres grandes corrientes: la representada por las Comisiones Anti-Otan, impulsadas por el Movimiento Comunista y la Liga Comunista Revolucionaria -prácticamente las dos únicas organizaciones de la izquierda del PCE sobrevivientes de los años setenta-; los grupos pacifistas y antimilitaristas no simplemente anti-Otan, como el Movimiento de Objeción de Conciencia y los grupos aglutinados alrededor de la revista En pie de paz, nacida en 1986; y, finalmente, el polo articulado en torno al Partido Comunista de España, cuya actividad se inicio más tardíamente debido a la aguda crisis interna en la que se encontraba sumido el PCE desde 1981, materializado en la Mesa por el Referéndum reconvertida, una vez convocado por el gobierno socialista, en Plataforma Cívica por la Salida de la OTAN, que represento el inicio de la recuperación del PCE y su nueva orientación, con la llegada a la Secretaría General de Gerardo Iglesias, que culminó tras el referéndum de marzo de 1986 en la constitución de Izquierda Unida. Estos tres polos se coordinaron, no sin problemas y desavenencias, en la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas (CEOP). En 1983, Estados Unidos puso en marcha la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), relanzando la carrera de armamentos y agravando la tensión Este-Oeste. En el verano de 1984, durante la Convención de Perugia de la END, se creo la Red Europea para el Diálogo Este-Oeste, por la que el movimiento por la paz de Europa occidental, en pleno auge, estrechaba sus relaciones con los grupos independientes de los países del Este y la URSS. El 11 de marzo de 1985 Mijail Gorbachov era elegido Secretario General del PCUS, se iniciaba la perestroika y la glasnost que pondría en marcha un proceso de reformas que culminó con el desmantelamiento de los regímenes de socialismo real en Europa oriental y la desaparición de la Unión Soviética, así como a un continuado proceso de distensión que puso fin a la guerra fría. El 12 de marzo de 1986, triunfó la permanencia de España en la OTAN, a pesar de ello 6.829.329 personas -39,84%-votaron por la salida de la Alianza Atlántica. La actividad del movimiento por la salida de la OTAN en los meses previos al referéndum logró revitalizar el tejido social, miles de personas se incorporaron a cientos de grupos, decenas de miles participaron en manifestaciones en las principales ciudades españolas entre 1984 y marzo de 1986 -como la del 3 de junio de 1984 en Madrid o las del 10 de noviembre de 1985 en las principales ciudades españolas-. El 12 de marzo marcó el punto de inflexión de la influencia, apoyo social y capacidad movilizadora del movimiento por la paz en España. El triunfo del SI inició el declive del movimiento, evidenciando su marcado carácter antiatlantista alimentado por el tradicional sentimiento antinorteamericano cristalizado en la sensibilidad de la izquierda sociológica. En cualquier caso, la campaña por la salida de la OTAN impulsó el proceso de renovación de la izquierda del PSOE con el nacimiento de Izquierda Unida y, además, dejó un rescoldo que se avivó con el estallido de la guerra del Golfo Pérsico, constituyendo el antecedente inmediato desde el que ha progresado de manera imparable la objeción de conciencia y la insumisión, hasta el punto de poner en cuestión la viabilidad del modelo de ejército, basado en su carácter de servicio obligatorio, siendo en la actualidad el movimiento de objeción de conciencia español el más potente del mundo. El 2 de marzo de 1987 Gorbachov ofreció un acuerdo para la eliminación de los euromisiles, renunciando a su vinculación con la paralización por los EE.UU. de la SDI -guerra de las galaxias-. El acuerdo se firmó en Washington el 8 de diciembre de 1987. Se inicio a partir de entonces el declive del movimiento por la paz europeo, bien es verdad que por la consecución de sus principales objetivos tras el fin de la guerra fría: la eliminación del peligro de una guerra nuclear en el futuro próximo y la democratización de los países del Este y la antigua Unión Soviética. Los años posteriores a las revueltas de mayo del 68 condujeron a la cristalización de una variada gama de organizaciones izquierdistas, que pretendían encarnar los valores de la protesta y corregir las, a su juicio, insuficiencias de la revolución fracasada: la ausencia de una estrategia revolucionaria y de una vanguardia organizada capaz de dirigir el asalto a los nuevos palacios de invierno. Tras los primeros años setenta estas organizaciones izquierdistas vieron erosionado su limitado apoyo social. Los nuevos valores que impregnaron los sesentayocho casaban mal con las estrategias de inspiración marxista-leninista. Los nuevos movimientos sociales que cristalizaron a lo largo de los setenta fueron el caldo de cultivo para nuevas formas de expresión política: los partidos verdes. Su ideario se nutría de las tesis antiautoritarias y anticonsumistas que habían florecido en los sesenta, además se alimentó de los postulados de los movimientos feminista, ecologista y pacifista. El primer partido ecologista del mundo fue fundado en abril de 1972 en Tasmania (Australia):el United Tasmania Group. En diciembre de ese año se creó en el cantón suizo de Vaud la primera lista electoral verde el Mouvement Populaire pour l´Environnement, con el objetivo declarado de impedir la construcción de una autopista en la orilla del lago Neuchâtel, obteniendo el 17,8% de los sufragios y ocho escaños. La autopista no se construyó. En enero de 1973 hizó su aparición en Gran Bretaña el People´s Party, que en 1975 paso a llamarse Ecology Party y en 1985 Green Party; en Suecia surgieron listas municipales verdes que dieron lugar en septiembre de 1981 a la fundación del Miljöpartiet.En las elecciones presidenciales francesas de 1974 se presento por vez primera una candidatura ecologista, la de René Dumont, que obtuvo 340.000 votos. En 1978 se creaba el Grüne Partei Zurich que obtuvo un diputado nacional en las elecciones de 1979. Ese año representantes de una lista verde entraron en el parlamento regional de Bremen -Alemania Federal-. En enero de 1980 se fundaban Die Grünen -Los Verdes- en Alemania Federal. En las elecciones de 1981 la coalición de los verdes belgas -ECOLO, verdes valones, y AGALEV, verdes flamencos- con el 4,8% obtuvo cuatro diputados. En 1982 nacían dos partidos verdes en Austria -la Alternative Liste Öesterreichs (Lista Alternativa de Austria) y la Vereinte Grüne Öesterreichs (Unión Verde Austríaca)-, en 1986 entraron en el Parlamento al obtener el 4,8% de los votos. En las elecciones federales de marzo de 1983 Die Grünen con el 5,6% de los votos lograron 27 diputados en el Bundestag. 1983 es también el año de la creación del partido verde danés. En 1984 hicieron su aparición en Francia Les Verts. En las elecciones europeas de junio de 1984 entraron con fuerza en la eurocámara, obteniendo 3.383.000 sufragios -el 3,1% de los votos totales- y doce escaños -siete de los verdes alemanes, dos de los belgas, dos de los holandeses (Acuerdo Verde Progresista) y uno italiano- que constituyeron con formaciones de la nueva izquierda el grupo Arcoiris con veinte europarlamentarios. En junio de 1987 la Lista Verde lograba en Italia trece diputados con el 2,5% de los votos. Las elecciones europeas de junio de 1989 mostraron la consolidación en Europa de los verdes como movimiento político: el Green Party británico alcanzó el 15% de los votos -ningún escaño dado el sistema electoral mayoritario-, Les Verts franceses el 10,6% y nueve escaños, Die Grünen alemanes el 8,8% y ocho escaños, la Lista Verdi y Arcobaleno italianos el 8,2% y cinco escaños, los Groen Links holandeses el 7% y dos escaños, ECOLO el 16,1% en Valonia y AGALEV el 8,4% en Flandes y tres escaños para los verdes belgas, y finalmente una eurodiputada verde portuguesa. En total los verdes europeos obtuvieron en 1989 veintiocho escaños, formando un grupo parlamentario propio en la eurocámara. En las elecciones al Parlamento europeo de junio de 1994 los verdes obtuvieron 22 escaños, doce alemanes, tres italianos, tres belgas, un holandés, un danés, un irlandés y un luxemburgués. La trayectoria de Die Grünen alemanes simboliza el ideario, la problemática política y organizativa de los verdes como movimiento político. Sus orígenes se sitúan en los nuevos valores defendidos por los nuevos movimientos sociales, su práctica política se ha alimentado de las formas y contenidos de los movimientos, sus militantes se han nutrido de los activistas de los movimientos, su estructura organizativa se ha desenvuelto en la difícil compatibilización de las formas antiautoritarias, antiburocráticas y asamblearias propugnadas por dichos movimientos y, tras su acceso a las instituciones, la adopción de estrategias institucionales, parlamentarias y de gobierno, capaces de combinar objetivos globales, de horizonte temporal de largo plazo, con propuestas concretas, situadas en el corto plazo, que obligan al establecimiento de alianzas, transacciones y actuaciones gradualistas. La combinación entre el largo y corto plazo ha generado importantes convulsiones en los verdes, expresadas en el enfrentamiento entre realos -realistas- y fundis -fundamentalistas-. La evolución de Die Grünen es paradigmática en este sentido. Su fundación se produce por la convergencia de ecologistas, feministas y pacifistas, con miembros procedentes de la nueva izquierda y socialdemócratas desengañados, presentes en muchas ocasiones en los nuevos movimientos sociales, alternativos -okupas, libertarios, espontaneístas- y cristianos progresistas de las diferentes iglesias. En muchas ocasiones, una misma persona respondía simultáneamente a varias de estas orientaciones. Sus antecedentes inmediatos se sitúan en la creación y progresiva consolidación de listas ecologistas y alternativas en el ámbito local y regional entre 1976 y 1980, actuando como catalizadores las elecciones al Parlamento Europeo de 1979 y al Bundestag en 1980. Los días 12 y 13 de enero de 1980 tuvo lugar en Karlsruhe el congreso fundacional de Die Grünen. En el congreso programático de marzo de 1980 en Sarrebruck se definio la política del nuevo partido como ecológica, social, democrática de base y no-violenta, dándose los primeros enfrentamientos entre los sectores más radicales y más pragmáticos en torno a las cuestiones económicas y de la mujer, los más moderados fueron derrotados eligiéndose una presidencia federal integrada por Petra Kelly, Haussleiter y Norbert Mann. La entrada en el Bundestag en marzo de 1983 convirtió a Die Grünen en un fenómeno político a escala europea. Los resultados obtenidos en el estado de Hesse en 1983 les convirtieron en la llave de la gobernabilidad, la decisión de los verdes de Hesse de aportar su voto para la aprobación de los presupuestos del gobierno socialdemócrata abrió las puertas por primera vez a la asunción de responsabilidades dentro del sistema de gobierno. Los crecientes éxitos electorales de Die Grünen, con la consiguiente entrada en los parlamentos regionales y federal, plantearon una constelación de contradicciones entre la lógica de la representación de base y la lógica de la competición electoral, la exigencia de políticas substantivas -de las reivindicaciones básicas del ideario del partido- y la adopción de políticas parlamentarias -propuestas concretas y gradualistas-, que terminó desembocando en una abierta crisis en la asamblea federal de Hamburgo -diciembre de 1984- entre realos y fundis. Rudolf Bahro uno de máximos exponentes del sector fundi más radical abandono la organización.
En la asamblea federal extraordinaria de Hagen -junio de 1985- se aprobó la posibilidad de formar coaliciones de gobierno por vez primera, algunos meses después en el estado de Hesse se formó el primer gobierno rojiverde -coalición entre los socialdemócratas y los verdes- en vigor hasta febrero de 1987, Joschka Fischer se convirtió en ministro de Medio Ambiente y Energía. El 16 de marzo de 1989 cristalizaba en Berlín occidental la tercera experiencia de coalición rojiverde que finalizo en el otoño de 1990 dadas las diferencias en la acción política entre socialdemócratas y verdes. Tras las elecciones de Hesse, en 1989, se volvió a formar una coalición rojiverde, en la que Cohn-Bendit por los verdes entro en el gobierno municipal de Francfort. En 1989, en la asamblea federal de Duisburg, los realos se impusieron a los fundis, produciéndose una serie de abandonos del sector fundi como los de Rainer Trampert, Thomas Ebermann o Regina Michalik. La caída del muro de Berlín y la unificación alemana capitalizada por el canciller Kohl provocó una caída circunstancial de Die Grünen en las elecciones del 2 de diciembre de 1990, al obtener sólo ocho escaños y gracias a su alianza con la Bündnis 90 -Alianza 90-. Los resultados de las elecciones de octubre de 1994, con el 7,3% de los votos y 49 escaños de la formación Bündnis 90/Die Grünen mostró la consolidación de los verdes en el sistema de partidos alemán. Las elecciones regionales sucedidas entre 1991 y 1994 así lo confirmaron. Dando lugar a la formación de gobiernos rojiverdes en Hesse -8,8% votos en enero de 1991- y Bremen -11,4% en septiembre de 1991-, también con los liberales; y obteniendo el 7,2% de los votos en Hamburgo -junio de 1991-, el 9,5% en Baden-Wurttemberg -abril de 1992-, el 13,3% en Berlín junto con Bündnis 90 -mayo de 1992-, el 11% en Hesse -marzo de 1993-, el 10,3% en Slesvig-Holstein -marzo de 1994-, el 7,4% en Baja Sajonia -marzo de 1994-. Tras la caída electoral de diciembre de 1990 la influencia de los realos se afianzó en Die Grünen, en los congresos de Neumünster y Colonia celebrados en 1991, donde se aprobó la abolición de la rotación de los cargos parlamentarios y el reforzamiento de la presidencia federal. La mayoría articulada en torno a la corriente realo y al Linkes Forum -situados en una posición equidistante de realos y fundis- terminó por desplazar a los fundis, que continuaron abandonando el partido, como el grupo de Jutta Ditfurth. En mayo de 1993 se fusionaban en una misma organización Die Grünen y la Bündnis 90, con ello Bündnis 90/Die Grünen se consolidaban como partido, dejando atrás las divisiones internas entre realos y fundis que habían convulsionado a la organización. Los estudios sociológicos realizados sobre la base social de los nuevos movimientos sociales y los partidos verdes han revelado que su composición se alimenta fundamentalmente de las nuevas clases medias urbanas: jóvenes, mujeres, universitarios, profesionales del sector público -en especial del mundo de la enseñanza y de los servicios sociales-. Una base social con un nivel educativo sensiblemente superior a la media de las sociedades industrialmente avanzadas. Dichos resultados no deben extrañar si consideramos los nuevos valores enarbolados por los nuevos movimientos sociales y los partidos verdes. Nuevos valores asociados a lo que se ha dado en llamar valores postmaterialistas, queriendo significar con ello que las preocupaciones y motivaciones de los activistas, simpatizantes y votantes se deslizan más hacia las problemáticas asociadas a la calidad de vida, la igualdad en los comportamientos entre sexos, la degradación del medio ambiente, la democratización de las relaciones sociales y el pacifismo que hacia la problemática relacionada con los niveles de ingreso, motor tradicional del movimiento obrero. Los resultados de las últimas elecciones al Parlamento europeo -junio de 1994- permiten realizar algunas interesantes apreciaciones. Es en los países más avanzados industrialmente y con sociedades del bienestar más desarrolladas donde los partidos verdes han logrado una mayor implantación. El grupo parlamentario verde en Bruselas se nutre de miembros procedentes de Alemania, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Italia e Irlanda. Mientras que en aquellos países europeo-occidentales con procesos de industrialización más tardía y con estados del bienestar menos desarrollados son todavía los partidos comunistas, algunos de ellos sometidos a fuertes procesos de reconversión, los que polarizan la articulación política de los sectores sociales representados por los nuevos movimientos sociales, así el grupo confederal de la Izquierda Unitaria Europea, formado por 28 eurodiputados, está integrado por miembros de España, Grecia, Portugal, Italia -Refundación Comunista- y Francia -PCF-. La anomalía viene representada por Francia, no tanto por la presencia del PCF como por la ausencia de los verdes, motivada por las divisiones internas de los verdes franceses que les llevaron a presentar dos candidaturas y al desastre electoral. En otras palabras, la persistencia del tradicional conflicto clasista es todavía fuerte en estas sociedades, además en los casos de España, Grecia y Portugal la existencia de regímenes dictatoriales tras la segunda guerra mundial marcaron pautas diferenciales respecto de la evolución de los países europeo-occidentales, dado el compromiso con la lucha democrática de los respectivos partidos comunistas. Si consideramos el caso de Alemania oriental y los resultados cosechados por el PDS, el partido heredero de la tradición comunista -4,4% de los votos totales de la Alemania unificada concentrados en el territorio oriental, donde llega a superar en numerosas circunscripciones el 20% de los votos, y 30 escaños- dicha apreciación cobra un nuevo valor.
Tanto los nuevos movimientos sociales como los partidos verdes representan una crítica ilustrada y universalista de la modernidad, tal como se ha configurado en la civilización occidental a lo largo de los siglos XIX y XX, articulada en torno a la ideología del Progreso, asociada a los procesos de racionalización técnica, económica, política y cultural. Generando nuevas cosmovisiones que tratan de superar, incorporando algunos de sus valores centrales, la tradición liberal, que polarizó el conflicto sociopolítico de los siglos XVIII y XIX, y del movimiento obrero, que paulatinamente hegemonizó el conflicto social entre 1871 y 1939. Esbozando un nuevo esquema de racionalidad que pretende superar los efectos perversos de los procesos de modernización, asumiendo los mensajes emancipatorios y liberadores de las tradiciones liberal -libertad y derechos humanos- y socialista -igualdad y solidaridad- en un nuevo contexto universalista que comprende al conjunto de la humanidad -de ahí el hincapié en la eliminación de las desigualdades Norte-Sur, la demanda de un nuevo orden económico internacional- y a las relaciones entre la humanidad y el planeta -respeto del medio ambiente, políticas ecológicas, anticonsumismo, solidaridad intergeneracional-, mediante los nuevos valores incorporados por el feminismo, el ecologismo y el pacifismo. Esta nueva cosmovisión trata de evitar el carácter omnicomprensivo de las anteriores racionalizaciones de la civilización occidental, que derivaban en un marcado etnocentrismo, tanto en sus versiones revolucionarias como reformistas, mediante la construcción de sistemas totalizadores y cerrados que hacían de Occidente la pauta y vanguardia del progreso de la humanidad, legitimando sus pretensiones de dominio mundial. La ausencia de una alternativa global, sistemática y totalizadora no sería pues una manifestación de la inmadurez y juventud de los nuevos movimientos y partidos como de la asunción consciente de un pluralismo en el que los valores y aportaciones de las diversas civilizaciones y cosmovisiones actuarían en igualdad de condiciones sobre la base del reconocimiento mutuo y no sobre la base de la dialéctica del dominio. AGUIRRE, M. y TAIBO, C.: El acuerdo de los euromisiles. De Reikiavik a Washington. Iepala-CIP, Madrid, 1988. BARNEY, G. O. (dir.): El mundo en el año 2000. En los albores del siglo XXI. Informe técnico. Tecnos, Madrid, 1982. COHN-BENDIT, D.: La revolución y nosotros, que la quisimos tanto. Anagrama, Barcelona, 1987. COMISION MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DEL DESARROLLO: Nuestro futuro común. Alianza, Madrid, 1989. CONSEJO DE LA CALIDAD AMBIENTAL y DEPARTAMENTO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS: Futuro global. Tiempo de actuar. Informe. Siglo XXI, Madrid, 1984. DALTON, R. J. y KUECHLER, M. (comp.): Los nuevos movimientos sociales. Ed. Alfons el Magnànim, Valencia, 1992. EVANS, R. J.: Las feministas. Siglo XXI, Madrid, 1980. FRANKEL, B.: Los utópicos postindustriales. Ed. Alfons el Magnànim, Valencia, 1989. INGLEHART, R.: El cambio cultural en las sociedades industriales avanzadas. CIS-Siglo XXI, Madrid, 1991. KELLY, P.: Luchar por la esperanza. Sin violencia hacia un futuro verde. Debate, Madrid, 1984. MEADOWS, D. H. y MEADOWS, D. L.: Los límites del crecimiento. FCE, México, 1973. MEADOWS, D. H.; MEADOWS, D. L. y RANDERS, J.: Más allá de los límites del crecimiento. El pais-Aguilar, Madrid, 1992. MITCHELL, J.: La condición de la mujer. Anagrama, Barcelona, 1977. OFFE, C.: Partidos políticos y nuevos movimientos sociales. Sistema, Madrid, 1992. REICHMANN, J.: Los verdes alemanes. Ed. Comares, Granada, 1994. REICHMANN, J. y FERNANDEZ BUEY, F.: Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales. Paidós, Barcelona, 1994. SCANLON, G.: "Orígenes y evolución del movimiento feminista contemporáneo", en AA.VV.: El feminismo en España: dos siglos de historia. Ed. Pablo Iglesias, Madrid, 1988. TEODORI, M.: Las nuevas izquierdas europeas (1956-1976). 3 vols. Blume, Barcelona, 1978. THOMPSON, E. P.: Opción cero. Crítica, Barcelona, 1983. THOMPSON, E. P.; MYRDAL, A.; SACRISTAN, M. y otros: Protesta y sobrevive. Blume, Barcelona, 1983.
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